Cuando tenes que seguir y te gusta, es mucho más fácil escribir poco y mucho.

Del japones Hiro todos los nombres y características físicas.

La conducta nivel Cero.

Ella estaba enfrente de mi casa, acababa de llegar, se saco los zapatos cerrando la puerta de su casa. La vi cansada, las luces apagadas salvo la de su habitación.

Cuando yo había llegado, salí corriendo a mi ventana para verla allí, no estaba. Tenía extras en su trabajo, me había dejado salir antes.

Los gatos ronroneaban.

Soy un idiota, la sigo detestando. Odia su vida de lujos, ¿por qué mujer? ¿por qué? Yo quisiera estar en un lugar.

Aunque no me quejo, los gatos trajeron pollo.

Vi por los binoculares sus expresiones de odio al escuchar algo que sucedía en el piso de abajo, Lucy parecía harta de ellos.

-¿Eso es lo que odias? Vamos a ver cuánto lo extrañas. –dije viendo un gato jugar con otro.

Apretando fuerte mis binoculares, me levante tirándolos en mi almohadón. Busque alguna campera de cuero, me la puse sobre mi ropa común y salí.

Cruce la calle sin problemas, era un barrio tranquilo. Me pare enfrente de un arbusto, busque algún objeto de la naturaleza duro y lo revolee rompiendo el vidrio de la planta baja.

Esas personas se asustaron y una cayó al suelo de culata, no sería la suerte quien los acompañará el día de hoy.

-Espero que lo hayan disfrutado.- Comente levantándome del suelo sacudiendo un pie, los mire a travez de mi fleco.

Pánico, a eso huele el lugar.

-¿Qué mierda rompieron esta vez? –escuche la voz de ella bajar por las escaleras, estaba todo oscuro por mi culpa.

Pude alcanzar un objeto punzante y me defendí del hombre que se estaba acercando a mi, este se desgarro en un grito tirando un golpe fallido. La mujer, en un acto de valentía, se levanto tirándome un zapato el cual me golpeó en el brazo tirando el agarre del cuchillo.

Tranquilo, me agaché para agarrarlo nuevamente, me acerqué a la mujer que temblaba agarrándola del cuello de su camisa levantándola del suelo. La mire fijo, lloraba.

-Que desperdicio, ojalá estuviera en su lugar.- le dije al degollarla, él gritó.

Corriendo hacia mi, se resbaló con el lustrado mármol del suelo. Ya ahí, me subí a su espalda agarrándole ambos brazos, se los até con un pedazo de la tela de su camisa.

Y después de todo el desastre, termine matándolos a ambos.

Ella no me vio, nunca lo hizo. En el suelo arrodillada manchándose de sangre, observaba todo.

Le hable.

-¿Qué haces? Vayamonos. – Me ignoro limpiando lo que yo había hecho.

-Nos fuimos. – declare, la lleve a su habitación, le saque la ropa, le puse una nueva y ella me seguía sin ver.

-Esto lo hice yo por vos, Lucy. – comente atándole las zapatillas.

-Sonríe al menos. – la vi a los ojos, su cabello dorado ante la luz del amanecer del sol.

Nos fuimos en mi auto esa mañana de viernes, y ella lo dijo con sus anteojos ocultando la mirada que nunca dirigió hacia mí ese día.

No me viste, ¿sabes quién soy?