Declaimer: La saga Crepúsculo le pertenece a Stephenie Meyer y su casa editorial, yo solo uso sus personajes para jugar un rato.
Capitulo beteado por Eliizaabeethh Rooblees, betas FFAD
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Capítulo 9: La cita.
Edward estaba sentado en su cama sin protestar, se lo había prometido a Alice, se había puesto en sus manos y como condición ella le pidió que no objetara nada, la dejó hacer todo lo que quiso. Luego de que saliera de la ducha, se dio cuenta de que su hermana tenía su atuendo preparado, solo debía vestirse; una vez que estuvo listo la chica le aplicó gel a su cabello para controlarlo un poco, solo lo necesario para darle un toque casual a su apariencia, no le tomó más de media hora dejarlo listo para su cita. Bella, por su parte, no podía decidirse por nada, estaba parada en frente del espejo solo en ropa interior con una mueca de disgusto en la cara mientras Rosalie la observaba divertida.
—Bella, estás haciendo una tormenta en un vaso de agua –intentó tranquilizarla su amiga–. Esto es simple, solo van a ir al cine, te verás hermosa con lo que sea que te pongas, no te apures.
—Siento que nada me queda bien –bufó la castaña.
—A ver –dijo Rose poniéndose pie para comenzar a hurgar en closet de Bella.
Comenzó a mover las perchas hacia un lado buscando lo que necesitaba, tomó unos jeans claros y los lanzó a la cama, continuó revolviendo los cajones, tomó dos blusas, una negra y otra marrón, arrogándolas a la cama, tomó el blazer negro que Bella ocupaba solo en ocasiones "especiales" y lo lanzó junto a todo lo demás, finalmente tomó dos pares de botas, unas negras y otras marrones.
—Muy bien, Isabella Swan, si decides ir con la blusa azul te pones las botas negras – indicó la rubia—. Pero si optas por la marrón te pones las botas marrones, ¿de acuerdo?
La castaña asintió y suspiró al mismo tiempo, luego de pensarlo unos minutos optó por la blusa marrón, en menos de 15 minutos estuvo vestida. Rosalie la maquilló sutilmente, le aplicó rímel en las pestañas, un poco de sombra color tierra en los ojos y un gloss transparente en los labios, le dejó el cabello suelto, solo le sugirió llevar un par de orquillas para apartárselo del rostro en caso de que ella lo encontrase necesario. Cuando faltaban diez minutos para las nueve, Bella estaba lista y sonriente.
—Muchas gracias, Rose, no sé qué habría hecho sin ti –agradeció la castaña sinceramente.
―De nada, Bells. –Sonrió Rose–. Debo irme, Edward debe estar por llegar, disfruta de tu cita. –Dicho esto, le guiñó un ojo y dejó a Bella sola en su cuarto.
La chica cogió su celular, sus llaves, el brillo de labios y bajó pocos minutos después de Rosalie, se sentó en el sofá de la sala a esperar que el timbre sonara, su padre tenía turno de noche esa semana, por lo cual solo estaba su madre y Kyle en casa, el hijo menor de los Swan, quien a esas horas ya se encontraba plácidamente dormido. Bella estuvo toda la tarde esperando que su madre le dijera algo en relación a su cita con Edward, pero no lo había hecho, dejándola algo desconcertada. Cuando el timbre sonó Bella se paró como un relámpago, pero su madre fue más rápida y cuando se acercó a la puerta, Edward ya estaba dentro de la casa saludando animadamente a su madre.
—Te ves muy guapo esta noche, Edward –halagó la señora Swan haciendo que Edward se sintiera algo incómodo.
Bella se quedó sin aliento al verlo. ¿Ya no está tan mal Edward perdedor Cullen, no es así, Isabella? La vocecilla en su cabeza había hecho acto de presencia logrando que la chica se perturbara aún más; mientras tanto, Edward no encontraba palabras para definir lo bella que se veía Isabella esa noche, ella era una chica linda, pero tenía algo que la hacía verse aún más linda.
—Déjalo tranquilo, mamá –bufó la chica–. Hola, Edward.
—Hola –saludó tímidamente el chico aún deslumbrado por el atuendo de su compañera.
—¿Nos vamos ya? –cuestionó la castaña queriendo salir de ahí lo más pronto posible.
—Te quiero de regreso en casa a las 12:00 am, Isabella, ni un minuto más –sentenció su madre mirándola fijamente.
—Seré puntual, señora Swan, lo prometo –señaló Edward haciendo sonreír a la mujer mientras le tendía la mano a Bella.
—Diviértanse –les dijo antes de cerrar la puerta.
Edward guió a Bella hasta su auto, le abrió la puerta y luego lo rodeó para subir él, no dijeron nada en el camino hacia el cine, pero no era para nada un silencio incómodo, se sentían a gusto solo con saber que estaban uno al lado del otro.
Al llegar al cine, Edward buscó un sitio donde aparcar, una vez que encontró un lugar a solo unos metro de la entrada estacionó su vehículo y procedió a bajarse de él, rodeó el auto para, como ya era su costumbre, abrirle la puerta a Bella, ella le sonrió tímidamente mientras bajaba y se dirigieron juntos hacia las boleterías para comprar sus entradas. A medida que se iban acercando, Bella se tensó, en la entrada había un grupo de al menos diez compañeros de instituto, si bien a ella no le importaba en lo más mínimo lo que opinaran de ella, temía por la reacción que tuvieran al verla junto a Edward, le preocupaba que gastaran alguna broma pesada que hiriera la sensibilidad híper desarrollada del chico que la flanqueaba. Edward notó la tensión en el cuerpo de su acompañante, pues llevaba una de sus manos en la espalda baja de la chica, se entristeció sin quererlo realmente, pero descubriendo con amargura que a la chica le avergonzaba que la vieran junto a él, estaba yendo hacia un lugar nada agradable cuando Isabella se paró en seco y se volteó a verlo.
—Solo ignóralos, Edward —pidió con amabilidad descolocando al chico—. No importa lo que ellos digan, no dejes que te afecte, ¿sí?
Edward no pudo hacer más que asentir con un corto movimiento de cabeza pero sonriendo involuntariamente, esa era la Bella que él sabía que estaba escondida en algún lugar. Para infundirle confianza, Bella pasó su brazo por la espalda de Edward quedando así unidos por un casi imperceptible abrazo, Edward sonrió ampliamente, rodeó los hombros de Bella y continuaron su camino.
Como lo había predicho la castaña, el grupo de chicos no tardó en reparar en ellos y en lo muy animados que parecían al estar juntos. Lauren Marolly, una chica de cabello claro y fríos ojos azules vio fijamente al acompañante de Isabella y descubrió con demasiado asombro que se trataba del nerd de su generación, ni más ni menos que Edward Cullen. Mirándolo así el chico no parecía un nerd; por su parte, Jessica Stanley hacía el mismo análisis hacia Edward, sí que se había estado escondiendo aquel chico, pensó con una leve sonrisa en sus labios. En el mismo grupo estaba James, quien abrió demasiado los ojos al ver a Bella, pero no se fijó en su acompañante, Mike Newton, un chico imprudente y necesitado de atención abrió la boca para dirigir toda la atención de James hacia Edward.
—¿Es ese el Friki Cullen? —preguntó enfatizando demasiado la palabra "Friki", James apretó los puños y miró al chico que rodeaba los hombros de Isabella al llegar a la boletería, no podía ser, no le cabía en la cabeza que ella lo hubiese rechazado para andar pegada a 'eso'.
Una vez que Edward y Bella tuvieran sus boletos en la mano se dirigieron hacia la entrada para hacer la fila, era un estreno, era obvio que habría una fila enorme esperando su turno. Fue ese el momento que los bravucones del instituto de Forks eligieron para comenzar a ametrallar a Edward, porque todos y cada uno de sus comentarios desdeñosos iban dirigidos a él, sabían que con Bella era mejor no meterse, por esa razón, que ella tanto odiaba, pero a las que más de alguna vez les había sacado provecho. Edward se prometió a sí mismo no dejar que los comentarios idiotas de aquellos chicos le arruinaran la noche, por lo que lucía relajado y totalmente ajeno a todo el barullo que estaban armando, solo preocupado por la amena conversación que estaba manteniendo con Bella. Ella, por su parte, quería voltearse y darle un puñetazo a alguno de esos cabezas de chorlito, tenía los dientes tan apretados que su mandíbula estaba sufriendo las consecuencias por tragarse todos los insultos que se le venían a la cabeza. Sin embargo, cuando oyó la voz de James recriminándole por haber elegido a Edward en lugar de él, no pudo soportarlo más.
— ¿Cómo es que prefieres salir con ese…? –James no concluyó la frase, no se le ocurría un apodo lo suficientemente hiriente para Edward–…intento de hombre en lugar de estar conmigo? ¿Te hizo alguna brujería o algo? Ahora entiendo a lo que te referías con que no lo comparas conmigo, porque no hay punto de comparación.
Edward sintió su corazón encogerse, mientras que Bella se encontraba roja de la furia.
—Tú lo has dicho, imbécil —gruñó—. Este —dijo Bella señalando a Edward–, intento de hombre como lo llamaste, tiene algo que tú no. –James se mofó de aquel comentario poniendo los ojos en blanco.
— ¿Qué será? —demandó saber cruzándose de brazos mientras la fila comenzaba a avanzar. Todos los chicos rodeaban a James, entretanto las chicas no le quitaban el ojo de encima a Edward.
—Cerebro —le informó Bella antes de voltearse arrastrando a Edward con ella para entrar a la sala.
—¿Me estás llamando idiota? —preguntó de vuelta el rubio echando humo por las orejas.
—Tus palabras, James, no las mías —se defendió Bella sin prestarle mayor atención.
Ellos entraron, así que no alcanzaron a oír las carcajadas de los supuestos amigos de James, acababa de ser humillado en público por la chica más popular de la escuela, una mancha imborrable en su currículum de galán barato por lo que Edward pagaría, aquello no se iba a quedar así.
Una vez al interior de la sala, ya cómoda en su asiento, Bella soltó el aire y decidió olvidar aquel incidente. Edward la miró de reojo y sonrió.
—Gracias —susurró cerca de su oído, haciendo a la chica temblar por el súbito escalofrío que le recorrió la columna al sentir su aliento tibio.
—De nada —murmuró fijando su vista en la pantalla, la película estaba por comenzar.
En los primeros minutos ninguno de los dos dijo nada, estaban concentrados en la pantalla, eso, hasta que dijeron en voz alta el nombre del protagonista.
—¿Hugo? —preguntaron los dos al mismo tiempo e intercambiaron una corta mirada.
Stefano Mancini, ese era el nombre del protagonista de aquella novela, no Hugo Olivera, ya tendrían tiempo cuando la película acabara de comentar qué les habían parecido los cambios, a ella le gustaba Step y aunque Mario Casas lo interpretaba bastante bien el hecho de que se llamara Hugo no acababa de agradarle.
Isabella soltó un profundo suspiro cuando H (Step para ella) y Babi se besaron por primera vez, no fue la única, claramente, pero ningún otro suspiro había llamado la atención de Edward. La miró durante unos segundos antes de volver su vista hacia la pantalla, de ahí en adelante Bella no dejó de soltar suspiros y una que otra maldición, Edward observaba con ojo crítico la película, debía hacer un par de resúmenes de literatura más tarde.
Una vez que terminó ambos chicos esperaron a que la sala se vaciara para salir. Eran cerca de las once de la noche, Edward consideró que era apropiado llevarla directamente a su casa para no llegar tarde, pero quería pasar algo más de tiempo junto a Bella. Sin saberlo, ella quería exactamente lo mismo, por eso estaba esperando que él le ofreciera ir por algo de comer. Cuando llegaron al auto Edward se detuvo antes de abrir la puerta.
—¿Quieres ir por algo de comer? —preguntó relajado, ella solo sonrió.
—Claro —aseguró–. Muero de hambre.
Cambiaron de dirección y se dirigieron a un pequeño restaurante de comida italiana que estaba a solo una cuadra del cine, al entrar pidieron una mesa para dos, luego les entregaron la carta y ambos comenzaron a decidir qué iban a pedir.
—Creo que pediré los ravioles al pesto —informó Bella.
—Yo quiero Fetuccini a la Boloñesa —indicó Edward—. ¿De beber?
—Una Coca cola, por favor —respondió Bella, Edward hizo una seña para que la camarera se acercara a tomar su orden.
—Ravioles al pesto y Fetuccini a la Boloñesa —pidió Edward amablemente—. Y dos Coca colas, por favor.
—Enseguida —respondió la camarera retirándose para solicitar su orden.
Edward dejó la carta a un lado y observó el rostro de Bella, pero fijó su vista en algún lugar en la frente de la chica, más no es sus ojos, trató de pensar con claridad y entablar una conversación normal, eso era lo que él quería.
—¿Qué te ha parecido la película? —preguntó al ver el ceño fruncido de la castaña.
—Ha estado bien –aseguró—. Dejando de lado el hecho de que han cambiado los nombres a varios personajes, considero que se acercó bastante al libro.
—Yo esperaba, sinceramente, algo mejor —expresó—. Quiero decir que, como película es buena, como adaptación, es pésima.
—¿Siempre eres tan duro con tus críticas? —argumentó Bella enarcando una ceja.
—No, no siempre. —Sonrió y suspiró al mismo tiempo—. Solo con lo que me interesa.
En ese momento llegó la camarera con su comida, puso los platos en frente de ellos y dos botellas de Coca cola, cada una con un vaso, una pequeña canasta con 4 bollitos de pan y un cuenco con una salsa extraña. Receta de la casa, había dicho la chica observar los rostros de ambos jóvenes.
Edward apenas contempló a la chica, mientras que Bella no le quitaba el ojo de encima, ella había visto ese tipo de miradas antes, la chica quería algo más que una orden de pasta por parte de Edward. Zorra, pensó cruzándose de brazos al ver cómo la chica se marchaba de ahí moviendo exageradamente sus caderas. Edward por su parte estaba totalmente exento de aquel momento, tomó su tenedor y se dispuso a comer, sin ser consciente de que Bella acababa de sufrir un repentino cambio de humor y estaba comenzando a cuestionarse algunas cosas. La chica pensaba en que tal vez ya era demasiado tarde para lograr repararlo, por decirlo así, todo lo que ella alguna vez le pudo haber hecho a Edward, siendo consciente o no, que tal vez alguien más ya estaba en el corazón de Edward, que probablemente con su nuevo aspecto (aunque francamente no hacía mucha diferencia para ella) tendría una fila de jovencitas detrás de él y lo segundo que pasaba por su mente era: ¿cuándo había comenzado ella a interesarse por Edward de esa manera? ¿En qué momento había cambiado? ¿Por qué no lo notó antes?
Ella estaba perdida por Jack, pero muy en su interior sabía que jamás iba a tener una oportunidad real con el chico, lo sabía aunque se negaba a asumirlo.
Edward se percató de que Bella no estaba comiendo, él ya se había acabado la mitad de sus Fetuccinis.
—Se te va a enfriar la comida —habló con voz suave sacando a la chica de sus cavilaciones.
— ¿Puedo preguntarte algo, Edward? —respondió Bella dejando a Edward algo desconcertado.
—Claro que sí —afirmó.
—¿Por qué nunca miras a los ojos a nadie? —cuestiona con algo de tristeza en la voz—. En particular, ¿por qué nunca me miras a mí a los ojos?
Aquella pregunta había cogido a Edward con la guardia baja, tomó un sorbo de su bebida pensando en cómo responderle a Bella, basado en su historial de desencuentros él estaba en todo su derecho de negarse a responder. Pero quería hacerlo, desde lo más profundo de su ser. Llenó sus pulmones de aire antes de comenzar a hablar.
—Te respondo si comienzas a comer. —Bella rodó los ojos mientras tomaba su tenedor—. Los ojos son expresivos, todas tus emociones, aunque no lo creas, se pueden ver en ellos. Le tengo miedo a mirar a la gente a los ojos porque nunca sabes qué es lo que vas a encontrar en ellos, si veo tristeza me entristezco porque me pregunto qué le habrá pasado para que esté triste, mi estado de ánimo cambia con solo mirar a una persona, puede que nunca mire a los ojos, pero soy muy bueno interpretando el lenguaje corporal. —Llegados a este punto él no podía detenerse, mientras Bella comía pausadamente, el siguió con su explicación—. Tengo la leve sensación de que él día que me enamore de alguien lo sabré con solo mirarla a los ojos, yo sé que en ellos voy a encontrar la respuesta, y que, con solo mirarme en sus ojos, sabré que es ella.
—Entonces… ¿No me miras a los ojos porque temes enamorarte de mí? —indagó Bella algo confundida, en su fuero interno quiso comenzar a darse de cabezazos por aquella pregunta. Edward sonrió de una forma muy particular, ella nunca le había visto aquella sonrisa, jamás, y ya tenía semanas observándolo sonreír. Si supieras, pensó el pelirrojo antes de hablar.
—No precisamente —indicó—. La razón por la que no te miro a los ojos es muy sencilla, Bella, cada vez que te miraba y tú me devolvías el gesto, solo veía desprecio, rabia, y hasta me atrevería a decir que algo de rencor, te pones tensa cada vez que yo estoy cerca —expresó mirando sus manos, a Bella se formó un inmenso nudo en la garganta al oírlo—. Yo sé que eres una chica buena, no considero que seas una mala persona, pero, ¿para qué iba a mirarte a los ojos si tú me odias? Con el tiempo dejé de intentarlo, porque lamentablemente tú fuiste la primera que confirmó mi teoría, todo lo que sientes, lo transmiten tus ojos.
La castaña bajó la vista para pestañar rápidamente, no podía permitir que Edward la viera llorar, no señor, aun así le era difícil poder articular palabra, tomó pequeños sorbos de su Coca cola para tratar de soltar un poco el nudo que le impedía respirar, luego de eso levantó la vista hacia Edward.
—¿No te la puse fácil, verdad? —preguntó nostálgica.
—No —confesó el chico—. Todavía no lo haces, solo recuerdo dos oportunidades en las que perfectamente al mirarte no había más que confusión, la primera, en la guerra de cosquillas con Kyle y la segunda, el día que te gané la apuesta que nos trajo hasta aquí.
Ambos dejaron su comida a medio terminar, pidieron la cuenta y salieron de aquel lugar. La caminata hasta el auto fue en completo silencio, Edward iba con las manos en los bolsillos de su pantalón, mientras que Bella las llevaba colgando por los costados de su cuerpo. Bella decidió que esperaría hasta que estuvieran de camino hacia su casa para hablar, aún estaba procesando todo lo que Edward le había dicho.
—Lo siento mucho —murmuró cuando llevaban al menos diez minutos de viaje—, de verdad lo lamento.
Edward asintió sin despegar sus ojos de la carretera, deslizó su dedo hacia la radio del auto y la encendió, necesitaba pensar mucho, acababa de revelarle gran parte de su intimidad a Bella, y no es que importara mucho, pues ya la había dejado entrar cuando la pilló oyéndolo tocar el piano. Aun así se preguntaba si había sido una buena idea, no quería que ella actuara por lástima, no podría resistirlo, eso lo devastaría.
Al llegar a la casa Swan Edward hizo todo su ritual, bajó del auto y le abrió la puerta a Bella, acompañándola hasta la puerta; del otro lado, Renée Swan estaba con la oreja pegada a la puerta.
—Muchas gracias, Edward. —Le sonrió Bella, disimulando a la perfección el nudo de su garganta que se negaba a irse—. Me divertí mucho, enserio.
—De nada —aceptó el muchacho—. Yo también me divertí.
La chica volvió a sonreír con más dificultad y se dispuso a entrar a su casa, no sin antes murmurar un casi imperceptible Buenas noches. Edward la observó hasta que ella estuvo al otro lado del umbral de la puerta y luego se giró para dirigirse a su auto. Renée salió de sala a la que se había dirigido para que su hija no la descubriera espiándola, pero su sonrisa se fue al piso cuando vio la expresión en el rostro de su nena. La joven dejó caer sus llaves y corrió a los brazos de su madre en donde se largó a llorar con una niña que acaba de perder su paleta. Renée acariciaba el cabello de su hija mientras le susurraba palabras de consuelo, cuando la notó algo más calmada trató de alejarla de su cuerpo para que pudiesen hablar, pero Bella solo se aferró más al cuerpo de su madre.
—¿Qué ocurre, cariño? —interrogó la mujer con voz suave.
—Todo es mi culpa, mamá. —Hipó la chica cerrando los ojos mientras otra ronda de lágrimas surcaba sus mejillas—. Le hice tanto daño.
—¿Qué es tu culpa, Bella? ¿A quién le hiciste daño? –Volvió a cuestionar, aunque tenía sus sospechas.
—Edward. —Fue todo lo que pudo pronunciar para luego seguir llorando en los brazos de su madre.
Renée sabía mejor nadie que Isabella tenía un carácter de los mil y un demonios, pero nunca la había visto así de afectada por algo, menos que ella misma se responsabilizara por todo. Se había perdido algunos detalles de la historia de su hija con Edward, y estaba dispuesta a averiguarlos.
De camino a su casa la música en el auto de Edward continuó, las primeras notas de una canción que él conocía muy bien comenzaron a sonar mientras él sonreía.
You've been on my mind, I grow fonder every day, Lose myself in time,
Just thinking of your face.
Suspiró mientras seguía conduciendo, tarareaba la canción de vez en cuando, al aparcar en su casa se miró a sí mismo en el espejo retrovisor de su auto antes de susurra una frase de la canción que acababa de terminar: "To prove I am the one who can walk that mile, Until the end starts". Bajó del auto para entrar a la casa y subió corriendo las escaleras hasta el cuarto de su hermana, Alice levantó la cabeza de su laptop y frunció las cejas.
— ¿Cómo te fue? —preguntó al ver la cara de Edward, nunca lo había visto así, incluso le parecía algo rudo. Al ver que su hermano no le respondía la chica volvió a hablar —: ¿Estás bien, Edward?
—Makeover. —Fue todo lo que mencionó el chico antes de irse a su propio cuarto.
Alice estaba en estado de shock, Edward había aceptado, algo había pasado en esa cita que lo había hecho ceder y, ella como su hermana y dicho sea de paso mejor amiga de Bella, tenía que averiguar qué fue lo que sucedió.
Tadá! ¿Qué les pareció?
Gracias a mi beta bella que no se demoró nada en tenerme listo el cap, y ahora, les comento algo que no les comenté cuando subí el capitulo anterior, actualizaré cada dos semanas y los días de actualización serán los días martes, hoy lo subí tardecito porque mi beba se enfermó y ha estado algo decaída u.u
Leti de mi corazón, es parte importante de esto, me ayudaste a sacar varios capítulos de esta historia, este es para ti, espero que te guste :)
Me cuentan que les ha parecido el capitulo (A mi me encantó :P )
Ya sabe, reviews, favoritos, followers, todo se agradece, millones de gracias por seguir aquí leyéndome.
Besitos.
Inny!
