9:45 de la mañana. Sumika tenía vestido un pantalón vaquero azul, una camiseta azul oscuro y sus zapatillas. Llevaba un bolso pequeño y colgado del hombro para guardar sus pertenencias y el sueldo que iba a obtener en su trabajo.

Estaba caminando en su ruta para ir a la licorería Aoi para trabajar allí. No obstante, seguía pensando en la madrugada que había pasado hace horas... sobre todo con el entrenamiento de karate, que era insólito.

¿Y si el no haber practicado karate durante años había hecho que su espíritu de lucha creciese de una manera sobrenatural? ¿Y si el estar viviendo con Kazama le había hecho subir la adrenalina que había descargado en el saco de entrenamiento? ¿Y si el entrenamiento le ha hecho a Sumika ser menos linda que antes?

Demasiadas preguntas han hecho que a Sumika le vuele el tiempo. Había llegado a la licorería antes de lo pensado.

"¡Murasame-saaaan!" La voz de Azusa se escuchaba de alguna parte "¡Aquí arribaaa!"

Sumika levantó la vista y veía a Azusa asomándose por la ventana del primer piso del edificio, "¡Hola, Azusa!"

"Ve al lado izquierdo del edificio y párate ante la primera puerta que te encuentres. Enseguida te abro." Y dicho esto, Azusa no se dejó ver por la ventana.

"Ah, sí. La puerta de propietarios. Ya se me olvidaba de esto." Sumika pensó y se limitó a hacer lo que le había dicho Azusa.

Al detenerse ante la puerta, sólo esperaba unos segundos hasta que Azusa le abrió.

"Buenos días, Murasame-san." Azusa saludó "Pasa, pasa."

"Buenos días, Azusa." Sumika dijo mientras entró "Pero llámame mejor Sumika; cada vez que me llamas Murasame-san busco a otra persona."

"¡Je, je! ¿Te han dicho alguna vez que eres graciosa, Sumika?"

"Bueno, me han llamado de todo, pero graciosa nunca..." Sumika decidió entonces cambiar de tema "¿Cuándo empiezo?"

"Será empezamos, Sumika. Empezaremos en exactamente 6 minutos."

"Bueno, ¿tienes algo de beber por aquí?"

"¡Sí, por supuesto! Ven conmigo, no nos quedemos en la puerta todo el rato."

"Sí, va a ser lo mejor, y así me siento en una silla a descansar un poco."

Azusa, acompañada de Sumika, se dirigió a la cocina -que estaba justo al lado de la entrada para propietarios- para abrir la nevera, sacar una botella de zumo de piña, abrir un mueble y sacar dos vasos y luego sirviera éstos en la mesa de la cocina: uno para Azusa y otro para Sumika.

"¡Anda, de sabor a piña, de mis favoritas!" Sumika exclamó, mientras cogía su vaso.

"¿En serio? ¡Qué casualidad, también es mi sabor favorito!" Azusa respondió.

"Pues vaya una casualidad..." Sumika tomó un pequeño trago de su zumo "¿Sabes qué tengo que hacer exactamente en mi trabajo?"

"Bueno, sólo tendrás que ayudar a mi padre a recoger las cajas de bebidas de su furgón, luego cuando termines tendrás que llenar algunas estanterías de botellas y luego ponerles el precio... Hasta ahí me parece que ya está."

"¿Ponerles el precio?" Dudó Sumika "¿Y cómo sabré qué precio tengo que ponerle a cada botella?"

"No te preocupes por ello, te daré una lista de precios para que lo veas y le echas un ojo de vez en cuando, ¿sí?"

"Bueno, supongo que con eso basta."

"Oye, Sumika, ¿qué tal te va con... con quien tú ya sabes?" Azusa cambió de tema repentinamente.

"Sin novedad todavía..." Sumika captó la pregunta.

"¿No quieres que te ayude?"

"Pues... Sinceramente no sé si podrás ayudarme dándome consejos o actuar-actuar. ¿Comprendes lo que digo?"

"Un poco... ¿Seguro que no necesitas ayuda?"

"No, por ahora no, pero gracias por el ofrecimiento."

"Ya... Bueno si necesitas cualquier clase de ayuda ya sabes a quién llamar."

"De acuerdo. No lo dudaré."

De pronto, una mujer de cabellos largos oscuros entró a la cocina. Es la madre de Azusa.

"Hola, Azusa; buenos días, Sumika. Esperábamos tu llegada." Dijo ella.

"Hola, mamá." Azusa respondió.

"Buenos días, señora Aoi." Sumika se presentó, aunque de forma obvia "Vengo a trabajar aquí."

"Lo sé." La señora Aoi miró en su reloj de muñeca y después dijo "Tendremos un minuto exacto para que el furgón llegue de la bodega. Terminen vuestras bebidas, chicas."

"¡Hala, es verdad! ¡Se me olvidó por completo el zumo de piña!" Azusa se alarmó un poco y bebió de unos cuantos tragos rápidos todo el contenido de su vaso, y Sumika hizo lo mismo -aunque ésta despacio, porque estuvo a punto de acabarla anteriormente.

"Venga, no atragantarse, que tampoco hay demasiada prisa."


Mucho más tarde, Sumika, Azusa y sus padres estaban comenzando a trabajar. Sumika y el señor Aoi llevaban las cajas de botellas de alcohol a una habitación un tanto apartada -se podría decir que era para que los clientes no vayan ahí-, Azusa se ocupaba de atender a la clientela y la señora Aoi estaba calculando los beneficios y pérdidas del negocio.

En un momento dado, Sumika tuvo la siguiente conversación con el señor Aoi mientras estaban trabajando:

"Señor Aoi, muchas gracias por ofrecerme este trabajo, no sé qué haría yo sin ustedes." Sumika agradeció.

"De nada, Sumika. Aunque debo decir que deberías darle esas gracias a Azusa, fue quien tuvo esa idea." El señor Aoi respondió.

"Anda, es verdad... Ella fue quien hizo la sugerencia..."

Cuando estaba cogiendo una caja del furgón, fijó su vista en su amiga Azusa, quien estaba atendiendo a un cliente.

"Me alegro de que Azusa y tú os hicisteis amigas." El señor Aoi se dio cuenta de la mirada que Sumika estaba clavando a Azusa.

"¿Eh...? Bueno, supongo, aunque tampoco fue para tanto..."

"No, en serio. Ella no tuvo muchas amigas que compartieran los mismos gustos que ella misma."

"¿...en serio?" La cara de Sumika expresó asombro.

"Sí. Cada vez que Azusa pidió ayuda a alguien para realizar un doujinshi fue rechazada. Pero tú eres diferente. Aceptaste ayudarla y fuiste y eres su mejor amiga."

"Vaya... Me siento afortunada..." Sumika quedó un poco ruborizada al escuchar esa frase, no estaba acostumbrada a recibir "halagos" peliculeros.

"Ay, ya estoy de nuevo con las batallitas. Sigamos trabajando, ¿vale?"

"De acuerdo, vale..."


Más tarde, cuando terminó con las cajas, Sumika cogió una pequeña máquina que consistía en una "pistola" del cual ajustaba el precio y a la hora de poner el precio en un artículo, se disparaba sobre él y así era como se ponían los precios.

El señor Aoi le enseñaba a manejar la máquina, pero nada más; le hubiese encantado ayudar a Sumika, pero en realidad sólo hay una máquina de ésas. No hubo otra. Sin embargo, Sumika parecía apañárselas por sí misma con la pistolita, porque estaba haciendo bien lo que es poner el precio a las bebidas.

En otro momento dado, Azusa y Sumika tuvieron la siguiente conversación:

"Oye, Sumika, ¿qué te parece el yo-yo que te regalé?" Azusa preguntó.

"Pues lo utilizo apenas, me imagino que debe ser porque ya no estoy teniendo... ya sabes, esos sueños." Sumika respondió, en voz baja esto último.

"Entonces eso significa que estás mejorando. ¡Me alegro por ti!"

"Je, si yo te contara..." Sumika hacía una referencia a lo que pasó esa madrugada en su dojo.

"¿Eh? ¿Qué pasó?"

"Pues... Básicamente pasé la madrugada practicando en mi dojo..."

"¿Eh? ¿Pero no lo habías dejado?"

"Y fue cierto, lo que pasa es que... No sé, había tenido una especie de presentimiento o algo así..."

"¿Un presentimiento?"

"Da igual. Mira, estaba practicando y, de cualquier manera, mi fuerza y rapidez habían aumentado."

"Qué dices..."

"Lo que oyes. Rapidez porque estaba haciendo muchas combinaciones de puñetazos y patadas; y fuerza porque al terminar había mandado el saco de golpear al otro lado del dojo."

"¿De verdad?"

"En verdad te lo digo. Han pasado varios años sin practicar karate y apenas sin hacer ejercicio e inexplicablemente soy más rápida y fuerte."

"Vaya, Sumika... No sé qué decir..."

"Y temo que haya perdido algo de "lindura" en mí. ¿Tú qué crees, Azusa? ¿Sigo siendo tan linda como antes?"

Azusa examinó enseguida a Sumika arriba abajo varias veces, y dio con su conclusión:

"Yo creo que eres muy linda, Sumika."

Sumika se ruborizó, pero a la vez sentía una sensación de alivio, "Ah... ¿De verdad?"

"Claro que sí. Además, no dudo en que Kazama piense que eres muy linda."

"Vaya... Muchas gracias, Azusa." Sumika respondió "Me acabas de quitar un gran peso de encima."

"Bueno, sigamos con lo nuestro, que se están acercando clientes. ¿Sí?"

"Sí, me parece bien."

En cuanto esos clientes entraron, Sumika y Azusa reconocieron a esos clientes. Eran Tomoe y Miyako.

"Hombre, mira quién andan por aquí." Miyako dijo "La besucona y la sosa."

"¡¿Besucona? ¡Pues tú eres una bajita!" Sumika exclamó.

"¡¿Bajita yo?"

"Miyako, querida, no muestres hostilidad a las trabajadoras de esta licorería." Tomoe dijo con intenciones de paz.

"¿A qué vinisteis aquí, chicas?" Azusa preguntó, intrigada.

"A saludaros. Me dijo un pajarito que Sumika-kun está trabajando aquí."

"¿Y ya está? Espero que no os quedéis mucho tiempo aquí. Existe una reputación que hay que mantener aquí, saben." Sumika dijo.

"No. Sólo tengo que daros un aviso grave por parte del club de chicas. ¡He visto a Kiyori cogida de la mano de un varón!"

Sumika enseguida pensó en Kiyori y en Akemiya. Probablemente hayan dado el siguiente paso desde la amistad. Pensó también que era mejor no decir que ella misma actuó de ángel Cupido, porque probablemente Tomoe o Miyako se pelearía con Sumika por "convencer" a Kiyori a pasarse al bando de los heterosexuales siendo consciente de estar en el club de chicas. No obstante, decidió actuar, omitiendo aquellos detalles.

"Saben, Kiyori fue hetero desde el principio." Sumika dijo.

"¿Qué insinúas, Sumika-kun?" Tomoe preguntó "¡Ella se nos unió hace casi un mes!"

"Porque probablemente le estabais insistiendo demasiado que ella se unió porque sí. Ella tiene el derecho de escoger a quien quiera. ¿No crees?"

En situaciones normales, Tomoe se saldría con una réplica ingeniosa, pero esta vez se dio cuenta que Sumika tenía razón. Además, ella dijo que el género no era importante en una persona amada hace muchísimo tiempo.

(Nota del autor: referencia al capítulo 8 del anime "Murmullo".)

"Veo que tienes razón, Sumika-kun." Admitió Tomoe "Esta vez has ganado. Kiyori no estará en el club. Eso valdría, ¿no?"

"Sí. Eso vale." Sumika respondió.

"Al menos cuento con el consuelo de que el club está siendo aceptado en varios institutos y tenemos a nuevas reclutas."

"Bueno, ¿habéis acabado ya? Sumika y yo tenemos cosas que hacer..." Azusa dijo.

"Tienes razón. Ya Miyako y yo nos vamos."

"Vale. ¡Hasta luego, sosas!" Miyako dijo con tono burlón.

"Hasta luego, plana." Sumika dijo.

"¡¿PLANA YO?"

Mientras Tomoe le llevó por una mano a Miyako abandonando la licorería de los Aoi, Miyako no paró de lanzarle a Sumika insultos indescriptibles y palabrotas. Sumika y Azusa se quedaron tranquilas en cuanto dejaron de verlas por ese día.

"Sumika, creo que deberías replantearte esa amistad con ellas..." Azusa dijo, después de unos segundos interminables de silencio.

"Ellas están en el club, Kazama también, y si me enemisto de ellas, me echarían del club y tendré menos posibilidades de... ya sabes qué." Sumika explicó.

"Ah, ya..." Azusa respondió, y después de otros segundos de silencio, dijo "Bueno, sigamos con esto, que ya estamos terminando."

"Vale."


Mucho después, a las 3:10 horas de la tarde, Sumika estaba regresando a su casa, teniendo a su amiga Azusa como compañía.

"Ganaste mucho dinero con el extra, ¡buen trabajo, Sumika-chan!" Azusa dijo.

"Claro que sí, y es gracias a ti por..." Sumika iba a responder, pero se detuvo un instante "Un segundo, ¿qué me acabas de llamar?"

"Sumika-chan. Pensé que sólo "Sumika" resultaría soso, así que decidí llamarte así a partir de ahora."

"Sumika-chan..." Sumika repitió ese nombre un par de veces... "Me gusta; no tanto como el "Sumi-chan" de Kazama, pero me gusta."

"Me alegra saber que te gusta." Azusa sonrió.

"Ya..." Sumika sonrió también.

Un par de minutos después llegaron a casa de Sumika.

"Bueno, Azusa. Gracias por acompañarme a mi casa." Sumika dijo.

"Tranquila, el placer ha sido mío." Azusa dijo.

"Nos vemos mañana, ¿no?"

"Claro, mañana."

"Eso, o nos veremos en el chat en nuestros teléfonos móviles."

"Sí, eso sí..."

Se quedaron en silencio durante unos cuantos segundos. Las dos no tenían nada que decir. Y de pronto Azusa se quedó ruborizada.

"Bueno, ¡hasta luego, Sumika-chan!" Azusa se despidió todavía ruborizada.

"¡Hasta luego, Azusa!"

Azusa dio la vuelta y corrió en ruta hacia su casa. Sumika entró a su casa y lo primero que vio fue a Kazama justamente.

"¡Anda, hola, Kazama!" Sumika saludó.

"¡Hola, Sumi-chan! Llegas justo a tiempo, la comida está lista en un par de minutos." Kazama dijo, sonriendo como de costumbre con su dulce voz.

"De acuerdo, Kazama. Ya me quito las cosas, los pongo en mi habitación y ya te ayudo."

"¡Vale, Sumi-chan!"

Después de aquello, a Sumika le pasaron los días muy rápido.