Cap 10: Amor de gatos, a voces por los tejados.
-¿Las tienes? -susurró ansioso, como un drogadicto que busca su dosis diaria de estupefacientes.
-Sí, son estas -su acompañante desvió la mirada hacia los laterales comprobando que ningún transeúnte en la calle los observara. Solo tras cerciorarse, metió una mano en el bolsillo de la bata blanca y, disimuladamente, ofreció el frasco de plástico traslúcido a su compañero, pronunciando con el mismo tono confidencial-. Mira lo que me obligas a hacer, robar en mi propio trabajo. Y yo, ilusa de mi, pensaba que esa llamada telefónica sería para algo que nos beneficiara a los dos ¿Sabes que con este ya me debes dos favores? -formó una conspiradora mueca divertida-. Y quiero comenzar a cobrarlos.
El aludido refunfuñó apático recogiendo el fármaco.
–Lo que no pensaba es que a la mínima ocasión me lo echaras en cara. Puestos a refrescar la memoria yo iba a salir ganando.
El rostro de la joven se inclinó apesadumbrado comprendiendo la ironía de esas palabras. Sin duda se refería a la infidelidad que tuvo con Itachi. No, ciertamente ella no era nadie para reprochar ni exigir nada.
-Sabes que lo siento mucho. Yo no quería… -quiso hablar, pero su compañero se adelantó.
-No importa. Comprendo por qué lo hiciste. Yo fui el que te forzó a esa situación -pronunció con una calma impropia en él.
Las horas muertas le habían dejado pensar con claridad en los últimos acontecimientos. Y por fin lo tenía claro. Se había mentalizado a cambiar su comportamiento después de todos los sermones recibidos por sus compañeros y sus propias reprimendas mentales. Y para comenzar debía dar el primer paso, zanjar todos los asuntos con ella. Por mucho que hubiera evitado el tema meses atrás.
-No tengo nada que reprocharte -admitió sereno.
Se metió el frasco en el bolsillo del pantalón y, evasivo, se apartó unos pasos. Inconscientemente volvía a esquivar las conversaciones no gratas.
-Sí, sí tienes mucho que reprenderme. Yo no me porte bien, fue un error demasiado grande, no medí las consecuencias Sasuke-kun -lo nombró reteniéndolo con calma de la chaqueta-. Siempre he querido pedirte perdón por aquello, aunque las veces que lo he intentado no me lo ponías fácil.. –sonrió tristemente-. No me siento orgullosa de mis errores, pero no puedo cambiar el pasado. No puedo borrar aquel encuentro con tu hermano -pronunció con un sentimiento de asfixia sobre su pecho-. Por eso si decides seguir odiándome yo… yo… lo comprenderé.
Sasuke dejó escapar un pesado suspiro.
-Sakura -se frotó los parpados con energía., olvídalo. No te odié antes y no te odio ahora. Me lo merecía. Yo fui el que no se portó bien contigo. No fui totalmente sincero –conforme hablaba un extraño peso de carga, hasta ahora mantenido, se iba diluyendo en un placentero alivio-. Ahora somos amigos, y eso es lo que importa.
Una hermosa sonrisa brotó sobre los labios de la joven, que inmensamente feliz, afirmaba efusivamente con la cabeza.
-Me alegro tanto de poder volver a hablar contigo como en los viejos tiempos. Sin tensión ni culpabilidad –una gran sonrisa la iluminaba-. Si tú quieres podríamos, quiero decir, tú y yo… de nuevo -las mejillas se le tiñeron de un rojo llamativo mientras, nerviosa, se frotaba un mechón de su cabello rosado-. Te prometo que no volverá a suceder algo como aquello. Quiero que vuelvas a confiar en mí.
-Sakura, no es eso -interrumpió negando tranquilamente con el rostro calmado-. Realmente yo no estoy interesado.
Sabía que, si algún día terminaba tratando este tema con la joven, se le presentaría este tipo de situación comprometida en la que le pidiera una segunda oportunidad. Y aún sabiéndolo de antemano, no había logrado encontrar las palabras adecuadas para hacerle entender que sentía un gran afecto por ella, pero nunca había sido un sentimiento de amor.
-¿Interesado… en mí?
-Exacto -volvió a murmurar concluyente.
El rostro iluminado que hasta ahora había mantenido la joven, se fue esfumando, dejando entrever una clara decepción en los ojos verdes, al tiempo que murmuraba una precipitada disculpa comprendiendo lo que iba a decir.
-Claro, no pasa nada –las palabras se le atascaban en la garganta. Intentó sonreír pero era demasiado forzado, los ojos acuosos, las lágrimas amenazaban con descender en cascadas por el terso rostro–. Lo... lo comprendo. Desde el primer día que lo vi, lo supe –la voz le tembló y un nudo se le formó en la garganta ante el evidente nombre-. Naruto.
Sasuke le sostuvo la mirada sin refutar o afirmar la insinuación.
-Lo siento –pronunció finalmente-. Me tengo que ir.
-Está bien –suspiró consternada -. Pero recuerda lo que te dije de los efectos secundarios. Si las pastillas no le hacen efecto, le doblaran el celo.
-Lo sé, pero es un riesgo que tengo que correr –le dio la espalda dando por finalizada la conversación y comenzando a caminar calle adelante, pero antes de desaparecer por completo volvió a girar el rostro por encima del hombro, tomándose su tiempo para pronunciar -. Sakura, gracias.
Así debían comenzar los buenos cambios.
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Por su integridad psíquica, ni conocía ni quería conocer todas las amistades de su hermano mayor. Pero para su suerte, habían sido varias las veces que, por fuerzas mayores, había tenido que visitar la casa de la playa del amigo con complejo de pez, llamado Kisame.
Se detuvo frente a la puerta, nervioso, meditando cada palabra de la elaborada excusa que iba a pronunciar nada más traspasar el umbral.
Cuando le abriera diría: "No vengo por gusto, tengo excusa. He venido a traer las pastillas" No, no, eso sonaba demasiado cruel y forzado. Mejor algo como "Estaba preocupado y vine a traerle esto" No, no, eso iba a desmontar su fachada insensible y despreocupada lograda con los años. Y si dijera algo como "Estúpido hermano mayor, sigues siendo igual de irresponsable. Te has olvidado las pastillas de la bola de pelos" Sí, eso era preciso, convincente y perfecto.
Segundos después de recapacitar en sus pensamientos, intentó arrancarse parte del cuero cabelludo a tirones por gilipollas. ¿No se había mentalizado a cambiar? Entonces ¿Por qué tenía que buscar una excusa para entrar, coger al gato y llevárselo de nuevo a su casa?
Remordimientos de una sufrida conciencia.
Se armó de valor elevando una mano que fue a golpear en dos toques la madera de la puerta. Esperó paciente recibir una respuesta pero traspasados unos segundos nadie contestó. Volvió a elevar el brazo pero antes de golpear con los nudillos escuchó extraños gritos desde el interior…
-¡Sujétalo con fuerza, merluza con patas!
-¡Y qué te crees que estoy haciendo! Pero este gato tiene demasiada fuerza ¡No para de resistirse!
-¡Date prisa, Kisame! A este paso me va a dejar como un colador.
-¡Dale un cojín! ¡Dale un cojín con el que pueda saciarse!
Un mal presentimiento le invadió. ¿Qué demonios estaba ocurriendo ahí dentro? Sasuke volvió a golpear la puerta pero esta vez con violencia, sin recibir respuesta. Dio un vistazo rápido a la fachada de la casa. Algunas ventanas delanteras estaban abiertas, pero protegidas con rejas, imposibles de franquear. Fue entonces cuando recordó el pequeño muro que disponía la casa en la zona del jardín. Bordeó la vivienda hasta encontrarlo. Trepó por la desaliñada enredadera hasta finalmente poder colarse por la parte trasera del domicilio.
Entró como un remolino que lleva el viento, rápido y desbocado. Una vez ubicado en el salón, confirmó que su mal presentimiento era cierto.
-¿A qué estás jugando, Itachi? –preguntó viendo la imagen que los tres chicos le ofrecían.
Su hermano mayor se encontraba tumbado en el suelo, con las ropas desgarradas y varios arañazos por la cara y brazos. Naruto ocupaba la posición central. Subido encima de las posaderas de Itachi le mordía el cuello con rabia mientras se intentaba liberar del agarre que sufrían sus brazos por el tercero en discordia, Kisame, que de pie frente a los otros dos, tironeaba del neko intentando controlarlo.
-¡Sujétale la piernas! –gritó este último-. ¡No puedo controlarlo!
Asombrado, Sasuke se mantuvo estático, sin mover un músculo, cerciorándose de que ese no era el neko que abandonó horas atrás. La imagen era sobrecogedora.
-¡No te quedes como un pasmarote mirando y ayúdanos, Sasuke! –le indicó su hermano revolviéndose en el suelo.
-¡GRRROOAAGGHH! –el neko se revolvió en dirección a Kisame, que de un fuerte puñetazo, quedó noqueado en el suelo varios metros atrás. Naruto estaba fuera de control, igual que aquella vez que le asaltó en su cuarto. De nuevo tenía el cabello erizado, los ojos rojos y profundizadas las marcas de sus mejillas. Se fijó en las garras que tenía por manos, como las de una bestia, que agarradas a las ropas de su hermano mayor, tironeaban y destrozaban todo a su paso.
Desde debajo, el mayor giró el cuerpo en dirección al rubio, e impulsándose con las manos y los pies sobre el pecho del neko consiguió hacerlo retroceder hasta separarlo de todo contacto en un brusco empujón. Itachi se levantó atropelladamente en dirección a Sasuke.
-Pero ¿Qué demonios le has hecho? –preguntó aturdido Sasuke viendo como el neko se palpaba el vientre, tosía y gruñía recuperando fuerzas-. Te lo dejo un día y así me lo encuentro ¡Eres un irresponsable!
-¡Cállate, estúpido ototo! –bramó enfurecido-. Yo que iba a saber que durante el celo se transformaba en un salvaje y violento semental ¡Este gato solo piensa en penetrar algo!
Y aunque su cerebro pensaba las palabras "Igual que tú" su boca no se movía de la impresión. Naruto se había vuelto a levantar y jadeaba fuertemente mientras se tocaba con total descaro la entrepierna sobre el pantalón una y otra vez.
-Joder con el minino -masculló Itachi recuperando el aliento-. Lo que está claro es que va a continuar así hasta que no consiga tirarse a algo o a alguien -desvió la mirada picara hacia su hermano-. ¿Qué? ¿Te pone la idea de ser un uke pasivo por unos minutos?
-Ni de coña. Hay otro remedio –pronunció sacando del bolsillo el frasco de pastillas-. Sujétalo por detrás todo lo que puedas. Necesito que se trague esto.
La curiosa mirada de Itachi observó el frasco traslucido con ahínco.
-¿Y qué es eso?
-El antídoto.
-¡Ahh, claro! Un antídoto para el celo -se palpó las sienes con fuerza antes de explotar malhumorado-. ¡Y por qué cojones no me dijiste que me llevara el dichoso antídoto cuando me fui de casa con él!
Pero el neko no estaba en sus cabales razonables de escuchar con tranquilidad la discusión entre los dos jóvenes. Una vez recuperado del golpe, avanzó rápido y firme con la mirada fija en Itachi, que nada más verlo venir, se puso en guardia. Cuando casi se iba a abalanzar se agachó lo suficiente como para evadir el ataque del neko y sin que pudiera reaccionar le asió el antebrazo derecho y lo hizo girar en una llave de autodefensa hasta conseguir que le diera la espalda, momento en el que aprovechó para inmovilizarle los brazos por detrás.
-¡Hazlo ahora, Sasuke! –informó reteniéndolo.
Abrió el bote y acercó una pastilla a la boca del neko, que nervioso, se agitaba con movimientos bruscos, mostrando los dientes feroces. Era difícil continuar, cuando acercaba la mano, Naruto intentaba morderla.
-¡Cálmate, usuratonkachi! –le gritó dándole una bofetada que le cruzó el rostro a un extremo.
El neko dejó de revolverse durante unos instantes y lentamente alzó de nuevo la mirada impregnada de rabia, dejándola fija en el menor de los Uchihas. Su siguiente presa.
Con un gruñido amenazador y las fuerzas renovadas, se agitó en dirección a Sasuke, llevándose consigo a Itachi, que por detrás, no podía retener el agarre de la fuerza que desplegaba Naruto. Sasuke cayó de espalda contra el suelo, tirando en el proceso el frasco de pastillas, que tras caer, esparció por toda la superficie el antídoto contra el celo. Intentó moverse pero era imposible. Estaba completamente inmovilizado por el neko, que subido encima de él, desgarraba toda la camisa con sus zarpas. Por un momento pensó que sería su fin.
-¡Naruto! –le gritó intentando controlarlo-. ¡Para, dobe! –pero el neko seguía destrozándole las ropas en dirección a la pelvis. Le abrió la cremallera del pantalón y Sasuke se estremeció-. ¡Gato del demonio, estate quieto de una vez! –no supo bien si lo que hizo fue para controlarlo o motivado por sus más profundos sentimientos. Sasuke le cogió con ambas manos la cara y lo acercó en un movimiento rudo hacia la suya, propinándole un demandante beso en los labios.
Al principio dio la impresión de que lo había calmado, el neko ya no se revolvía ni intentaba desvestirlo, sino que estático encima de él, se dejaba besar sosegado. Segundos después, comenzó a colaborar. Se acomodó acostado por completo rozando a lo largo todo el cuerpo del moreno, correspondiendo a los insaciables besos que ahora el neko demandaba ansioso. Sasuke notó presión sobre su entrepierna y poco después el inicio del vaivén de caderas que Naruto frotaba sin pudor contra las suyas. Estaba muy duro. Una ola de calor lo azotó internamente. Abrió la boca para inhalar todo el aire que comenzaba a faltarle, pero eso sólo dejó entrar la hambrienta lengua de su compañero, que comenzó a devorarlo sin contemplación. El roce continuo de sus entrepiernas, los besos apasionados y el abrasante cuerpo de Naruto sobre él comenzaban a hacer estragos en sus hormonas. Sobre todo en la ingle que se contraría en espasmos de placer, los que si no frenaba a tiempo, le iban a crear una protuberante erección.
Naruto hizo presión con la pelvis y los restregones se hicieron más intensos. Demasiado tarde, ya se había empalmado. Ahora dudaba si aquello había sido una buena idea.
Sasuke alargó una mano, tanteando el suelo hasta dar con una de las tantas pastillas a su alrededor. Aunque le doblaran el celo, la cosa no podía ir peor de lo que ya estaba. Tenía que hacérsela tragar como fuera. Con la mano libre hizo presión en el pecho del neko, intentando apartarlo de la adicción que al parecer sufría de sus labios. Cuando lo consiguió se metió el mismo la pastilla en la boca y dejó caer de nuevo el peso de Naruto sobre él. Tal y como había imaginado, el rubio volvió a besarlo con mayor énfasis. Fue en ese momento cuando logró traspasarle el antídoto de boca en boca y forzarlo a tragársela.
El neko se apartó tosiendo varias veces como atragantado, pero al poco tiempo se estabilizó. Ahora su rostro se mostraba tranquilo y lo mejor de todo era que los ojos rojos comenzaban a cambiar de color a su habitual azul cielo, los que poco a poco se iban cerrando como dormido. Segundos después, Naruto cayó inconsciente sobre el pecho del moreno, presa de un profundo cansancio. Por fin todo había pasado. El antídoto hacía efecto. Sasuke cerró los ojos y suspiró aliviado abrazando la espalda del neko que volvía a ronronear sereno contra él.
-No me lo digas -escuchó pronunciar cerca a su hermano mayor. Entreabrió un ojo, lo justo para ver la cabeza inclinada de Itachi sobre ellos dos, sonriendo viciosamente-. Le has dado tal morreo que se ha quedado sin aire… no esperaba menos de mi estúpido hermano menor.
Un tic nervioso se instaló en su ojo derecho y una pequeña vena palpitante sobre su frente.
-Cállate nii-san -murmuró agotado-, cállate.
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Desconocía por completo dónde se encontraba, y por primera vez en su vida, pretendía seguir ignorándolo. Culpa de ello se debía a la comodidad bajo su cuerpo y los agradables escalofríos que sufría su nuca, demasiado placenteros para ser reales. A su nariz comenzaba a llegarle un aroma de sobra conocido. Se revolvió girando el cuerpo para el lado contrario, acurrucándose como gato que era en busca de calor y dejó de notar las caricias en su pelo. Adormecido, abrió un ojo perezoso buscando la causa que había dejado de acariciarle cálidamente y se encontró con las tapas de un libro abiertas de par en par sostenidas en el aire.
Parpadeó confuso varias veces, hasta centrar por completo la vista. A ese libro lo sostenían unas manos pálidas, a las que le seguían unos brazos cubiertos por una camiseta de manga larga azul oscura. Descendió la mirada fijándose en el cuerpo, uno muy familiar. Su mirada continuó bajando hasta llegar al pantalón negro de algodón, desde donde reposaba su cabeza dorada encima de las piernas del individuo.
-¿Sasuke? –preguntó en un susurro el neko desorientado.
El libro se hizo a un lado revelando un rostro hermoso y calmado que lo miraba afable.
-Por fin despiertas, dobe -pronunció cerrando el libro que dejó a un lado de la cama-. Llevas dos días durmiendo con fiebre muy alta –indicó con un deje de preocupación en la voz, posando una mano sobre la frente del neko-. Parece que ya se te ha bajado del todo. ¿Cómo te encuentras?
-Bien –murmuró acomodando mejor el cuello sobre las piernas de su compañero cerrando los ojos. Si era todo un sueño, no quería despertar-. Muy bien.
Sasuke sonrió de medio lado cruzando los brazos a la altura de su pecho. Ya sabía que acurrucado en su regazo se encontraba más que bien.
-Me refiero a tu celo, usuratonkachi –afirmó burlón.
Naruto alzó un poco la cabeza desviando la mirada al pantalón de pijama que vestía, cerciorándose que no había ningún bulto comprometedor ni síntomas de reacción hormonal interna.
-En reposo -volvió a murmurar con voz cansada. La turbia mirada se desvió al recinto que ocupaba desde la cama, uno de sobra conocido; el cuarto de Sasuke-. ¿Qué hago aquí?
-Estas en casa –le respondió suavemente.
-¿En casa? –dubitativo, alzó la mirada hacia el moreno que afirmaba calmado con el rostro-. En casa -volvió a murmurar adormecido, analizando inconscientemente las palabras. Algo contradictorio, él no tenía un hogar. Lo último que recordaba era haber salido de allí con Itachi.
Maldición, esto no era un sueño.
Se incorporó sentándose con un movimiento rápido que aturdió sus sentidos y le produjo un dolor de cabeza horrible. Adolorido se llevó ambas manos a las sienes. Todo le daba vueltas.
-Pero yo me fui de aquí con tu hermano y estaba en casa del chico que olía a pescado, y luego entré al baño, y no recuerdo nada más ttebayo.
-Olvídalo. Eso no debió pasar –impuso Sasuke con seriedad.
-Pero sí que pasó -susurró recordando todas y cada una de las imágenes con claridad. Lo que ocurrió con él en el baño y su fría personalidad minutos después frente a su hermano. Hasta que terminó por salir de aquella casa con el corazón destrozado. Después, no recordaba cómo había vuelto a llegar allí.
-Te he dicho que lo olvides –aseveró rotundo-. Hemos llegado a un acuerdo. De ahora en adelante vivirás aquí conmigo.
Los expresivos ojos del rubio se abrieron de par en par sorprendido por las palabras.
-¿Co… contigo? –preguntó alzando una ceja extrañado-. ¿En tu casa?
-Sí.
-¿Por qué? –inquirió confuso-. Me has echado muchas veces a la calle. Está claro que no me soportas, siempre te hago enfadar y solo te causo problemas -aseveró-. La llegada de Itachi fue tu salvación, esperabas que me fuera con él y con ello sacarme a patadas de tu vida. Entonces, ¿Por qué quieres que me quede ahora?
-Ahora es distinto –musitó Sasuke.
El estado de confusión del neko cada vez era más profundo.
-¿Ahora es distinto? –preguntó irónico-. ¿Y qué es distinto si se puede saber? –cuestionó ceñudo esperando una respuesta que no llegó-. ¿Qué ha cambiado de ayer a hoy? ¿Ahora te doy pena y antes no? Si te crees que voy de victima por la vida es que no me conoces en absoluto. No necesito tu compasión, ni tu casa –enfadado, se deslizó por la cama hasta quedar sentado en el borde, dándole la espalda-. Estoy harto de vosotros, de que creáis que podéis manejarme como una marioneta sin sentimientos de un lado para otro. ¡Yo no soy de nadie, te enteras! –gritó girando el rostro contraído por la rabia.
Sasuke estaba a punto de perder la paciencia con la que hasta ahora lo estaba tratando. Pero todo lo que decía el neko era cierto, y él se había propuesto cambiar.
-No volverás a ser de nadie –pronunció con nerviosos movimientos de sus manos-. De ahora en adelante eres libre de irte o quedarte.
-¡Pues claro que soy libre! –se levantó de la cama, airoso-. Libre de mandarte a la mierda que es lo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo.
Avanzó seguro de si mismo hacia la puerta sin volver a mirar atrás. La rabia y la ira lo impulsaban y era su tabla de salvación. Ahora estaba dolido y nada lo detendría. Ni siquiera el gran sentimiento que Sasuke le despertaba.
No. No se quedaría con él. No volvería a sufrir por un amor no correspondido. Lo mejor era huir…
-Quédate conmigo -escuchó pronunciar al moreno en un susurro.
Se detuvo antes de traspasar la puerta del dormitorio, cerrando fuertemente los puños. Notó un nudo asfixiarle la garganta y como las lágrimas se deslizaron lentamente por su rostro.
-¿Por qué? –insistió en un susurro lastimoso-. ¿Por qué me haces esto? ¿Te divierte jugar con mis sentimientos? Fuiste a buscarme a casa de Gaara, exigiendo que volviera contigo, entraste en el baño por tu propia voluntad sometiéndome a tu antojo y después… nada, tan sólo tu maldita indiferencia. ¿Es ese el precio que tengo que pagar porque sepas que me gustas? Primero quieres que me vaya y ahora que me quede, pero ¿hasta cuándo? ¿Hasta que te vuelvas a cansar de mi? ¿Cuánto tiempo es eso? ¿Dos, tres, cuatro días? –con los puños se frotó las mejillas eliminando todo rastro de debilidad, sus lágrimas-. La culpa es mía, por pensar que me correspondías. Aún sabiendo que no se puede forzar al amor cuando el sentimiento no es mutuo.
Naruto alcanzó a ver como unos brazos se deslizaban a su alrededor cruzándose a mitad de su pecho en un abrazo. Calor en su espalda. Sasuke estaba tras él.
-Basta –susurró el moreno contra su oído cálidamente-. No sé lo que quiero de ti, ni lo que ha hecho que tú te fijes en alguien como yo. Pero lo único que tengo claro es que necesito tenerte cerca –confesó a media voz apretándolo contra su pecho-. Que me hagas enfadar, gruñir y gritar por haber comido ramen tres veces seguidas. Entrar en casa después de un día agotador y ver tu sonrisa. Notar tu calor y oírte ronronear en mi cama, a mi lado – Naruto cerró fuertemente los ojos aturdido por las palabras-. No tengo derecho a pedirte que te quedes, pero sin ti no puedo…
Vivir.
Las lágrimas volvieron a surcar la piel morena del neko mientras colocaba las manos encima de las de Sasuke.
-Idiota -murmuró Naruto con voz quebrada-. Mira que te cuesta confesar lo que sientes si me lo hubieras dicho desde el principio -con un suspiro el rubio se dio la vuelta quedando frente a Sasuke.
El moreno posó sus manos en las mejillas del neko, y tiernamente deslizó los dedos borrando toda huella de humedad en sus ojos. Naruto se abrazó desesperado a la cintura, elevando el rostro que ofrecía con ansia sus labios entreabiertos, los que Sasuke aceptó gustoso en un largo y delicado beso al que le siguieron muchos más osados y ardientes.
No es que entre ellos estuviera todo hablado. Pero ese podría ser un buen comienzo.
-Ejem. ¿Interrumpo algo? –los sobresaltó una voz cercana a ellos y de sobra conocida.
Sasuke se separó sofocado mirando ceñudo a la puerta del dormitorio, donde un Itachi divertido se lamía los labios con mirada libidinosa.
-Estaba pensando en dormir otra vez en mi cuarto esta noche, pero me voy a encontrar muy solo. Y ya que Naruto se ha despertado y todavía no se ha tomado la medicación para el celo -insinuó el mayor de los Uchihas-. Podríamos compartir tu cama los tres. Juntitos y apretados.
De un empujón los tiró a los dos en el lecho y saltó encima de ellos.
-¿Pero qué hace tu hermano aquí? –preguntó Naruto intentando liberarse de las garras pervertidas del mayor.
-Es una larga historia -siseó entre dientes Sasuke despertando su aura asesina.
Durante el acuerdo su hermano se lo había dejado claro. Si quería tener a Naruto a su lado debía ser con sus pros y sus contras. No tuvo más remedio que aceptar el dos por uno. Itachi también se quedaba en su casa a vivir.
-Mmm, que culito tienes Naruto-kun. ¿No te apetece un quiqui siestero?
-¡Degenerado, no me toques ese rabo! ¡Meouw!
-¡Itachi! ¡Como me vueltas a manosear te capo! ¡A los hermanos no se les pone la mano encima! ¡Esto es incesto!
Continuará…
