Presente de nuevo.
Si, por fin no paso tanto tiempo para publicar este capitulo; doy gracias, irónicamente, a que no tuve Internet por dos días. Que cosas de la vida, ¿no?
Doy gracias a kaoru1777 por sus reviews. Me anima saber que te gusta mi historia y te aseguro que sera diferente de la historia de la que me inspire. Y para ello, descartare a Optimus como pareja; aun así quedan varios, aunque me estoy inclinando hacia cierto personaje.
Dejo una advertencia (no se preocupen, esta historia no tendrá lemon ni escenas muy fuertes, pero si tendrá cosas algo sugerentes, porque todos conocemos como son las películas, aunque no abusare de ellas): en futuras escenas, al escribirlas, me puse modo fangirl intensa, así que algunas parecerán sacadas de algún anime shojo (lei muchos xD). Pido disculpas si alguno los siente muy raro, es solo que no pude controlarme.
En fin, vayamos con el capitulo.
Viene lo bueno. Viene lo bueno. Viene lo bueno.
Ya falta muy poco para la verdadera acción dentro de la película y la inclusión de personajes importantes de la historia (y una de las potenciales parejas de Cordelia).
Publico esta historia sin fines de lucro, Transformers pertenece a Hasbro y no se quien más; escribo esto para mi entretenimiento, para no aburrirme hasta la muerte, amo Transformers, Optimus Prime y desde secundaria se que los narvales existen, contrario a mis compañeros que pensaban que eran ficticios (pobres ilusos xD).
Capitulo 10
Me quede de pie frente al espejo, sin poder mirarme, tratando de procesar el hecho de que se fue la luz. Después de un momento, al notar que no regresaba y no regresaría por sabrá cuanto tiempo, recordé que podía usar la iluminación de la pantalla de mi teléfono para darme luz. Busque en el bolsillo interior de mi cazadora el teléfono, encontrando también las llaves de mi casa y algunos billetes. Con todo lo ocurrido en el día, olvide completamente que las llevaba conmigo. Lo saque de mi cazadora y encendí la pantalla. No era suficiente luz para alumbrar todo el baño, pero si la necesaria para ser capaz de mirarme al espejo y limpiarme. Abrí el grifo y remoje un poco el papel con agua; empecé limpiando primero la tierra de mis mejillas. Con las mejillas limpias, tome más papel, remojándolo y repitiendo el proceso en mi frente, limpiando con cuidado los raspones. Me revise el rostro al terminar, en caso de que pasara algo por alto, y trate de remover un poco del delineador deslavado. Tuve mucho cuidado, no quería terminar pareciendo un mapache si me equivocaba.
Termine de limpiarme el rostro cuando escuche a los padres de Sam llamarlo. Oí las pisadas pasando por enfrente de la puerta del baño. Me alarme ante la posibilidad de que ambos vieran a los Autobots. Eso sería un desastre. Agarre todos los papeles y los tire a la papelera; desbloquee la puerta y salí al pasillo, dejando que la pantalla del celular se apagara por sí solo. Observe a Judy y Ron tocar la puerta de Sam.
-¿Hay alguien ahí?- pregunto Ron.
Me acerque a ellos, esperando que mi aparición le diera algo de tiempo a Sam. Judy noto mi presencia, girándose a verme sorprendida. Fue ahí que note el bate de beisbol en sus manos.
-Cordelia, no te había visto. ¿Dónde estabas?
-En el baño, limpiándome- respondí -. Termine muy sucia después de ayudar a mi abuelo en el rancho.
-¿Por qué está cerrado?- Ron siguió hablándole a su hijo -. Conoces mis reglas: No hay puertas cerradas.
Ron sostenía una linterna, iluminando la puerta y una parte del pasillo.
-Hijo, empezara a contar si no abres la puerta- Judy intento convencerlo.
-Cinco- comenzó a contar su padre.
Judy hizo un gesto de fastidio, claramente frustrada. Me estaba quebrando la cabeza en un intento de retrasar la entrada de los padres de Sam a su habitación, pero no se me ocurría nada.
-Cuatro- siguió el conteo -. Tirare la puerta- advirtió.
-Ya está contando- le dijo su madre.
-Quizás se está bañando- sugerí, en un intento de distraerlos-; los dos terminamos muy sucios.
-Ya se ha bañado antes sin tener que cerrar la puerta- Judy desestimo mi idea, luego se enfoco de nuevo en la puerta-. Abre la puerta.
-Tres- continúo Ron-. Dos.
-Está contando- volvió a decir la madre de Sam.
Me estaba mordiendo los nudillos de la desesperación. No se me ocurría nada para detenerlos.
-Judy, Cordelia, apártense- nos pidió.
Me estaba preparando para saltar encima de Ron o fingir estar enferma; cuando se abrió la puerta lo suficiente para que Sam se asomara y no dejarnos ver adentro. Sentí mi cuerpo relajarse.
-¿Qué pasa?- pregunto, luego miro el bate en las manos de su madre-. ¿Eso para qué?
-¿Con quién hablas?- Ron lo cuestiono.
-Contigo.
-Estas sudando- aporto Judy-. Y sucio.
-Soy un niño, un adolescente- intento explicar.
-Estábamos trabajando en el rancho de mi abuelo- repetí la mentira que le dije a Ron-. Y fue bastante pesado.
Judy sacudió la cabeza, no creyéndonos mucho, y Ron intento asomarse al interior del cuarto de Sam.
-Oímos voces y ruidos, y creí que tal vez...-Ron no la dejo terminar.
-No me importa lo que creías- dijo a la vez que empujaba la puerta y entraba-. ¿Qué era esa luz?
-¿Luz? ¿Cuál luz?- Sam siguió a su padre, intentando bloquearlo para que no avanzara más-. No había ninguna luz.
-Había una luz- replico Ron.
-Tú eres él que trae la luz.
-Una luz que salía por debajo de la puerta.
Judy y yo entramos, observándolos discutir. En momentos como esos era cuando notaba lo mucho que Sam y su padre se parecían.
-Era solamente el reflejo- al ver que no funciono intento otra táctica: ser intimidado por sus padres-. Oigan no pueden irrumpir así en mi cuarto. Deben tocar, deben comunicarse.
Judy y Ron se miraron por un momento y volvieron a ver Sam. Podía sentir la tensión creciendo, así que no me metí en su discusión.
-Hijo, tocamos cómo cinco veces.
-Es cierto- confirmo Judy.
-No tocaron, estaban gritándome- sus padres se miraban incrédulos por su aparente berrinche-. Esto es represión. Lo que están haciendo es arruinar mi vida.
-Sam, te estás escuchando muy dramático-esperaba que mi comentario lo tranquilizara.
-Ya tranquilízate, hijo- Judy intento calmar los ánimos también-. Estas muy a la defensiva- su rostro se volvió cauteloso-. ¿Qué? ¿Te estabas masturbando?
La discusión se detuvo por completo. Sentí mi rostro calentarse de nuevo y me lleve ambas manos a la boca para detener mi risa avergonzada. Sam y Ron la miraron con incredulidad.
-¡Judy!- chille.
-Judy- comenzó su esposo.
-No, mamá, no, no me masturbo- aclaro Sam.
Me reí más fuerte, sintiendo lagrimas formarse en mis ojos.
-Ese tema no te corresponde- le explico Ron.
-Mira a Cordelia, mamá- Sam me señalo-. Ya la traumaste de por vida.
-Es entre padre e hijo- aclaro su padre.
-Entre padre e hijo- concordó Sam.
Judy intento excusarse. Ante la mención de Sam sobre mí, se giro a verme.
-Lo lamento, cariño; después te compensare por el trauma.
Me limite a asentir y tratar de calmarme. Judy regreso a mirar a su esposo e hijo, quienes la seguían regañando.
-No tienes que decir la palabra si te hace sentir incomodo- trato de arreglarlo-. Puedes decirle "la hora feliz de Sam"
Y mis esfuerzos por dejar de reír no sirvieron. Tuve que recargarme en la pared para no caerme. Ambos hombres repitieron la frase, sin creérselo. Toda la situación se estaba volviendo incomoda.
-O "mi tiempo especial conmigo mismo"- continuo.
-Judy, basta.
-Mamá, no.
-Lo siento, fue una noche rara- se excuso-. Creo que tome demasiado vino.
Mientras recuperaba el aliento, observe como el padre de Sam entraba al baño y lo revisaba.
-Papa, no- Sam intento detenerlo.
-Te digo que vimos una luz- su voz salía desde el baño-. No sé de dónde pero era una luz.
El suelo volvió a temblar, sacudiendo la casa. Se escucho a Ron gritar desde el baño. Se escucho una explosión desde afuera y las luces regresaron. Ron salió del baño unos momentos después, al notar que no hubo otro temblor. Fuera del baño continuo con su búsqueda y Judy noto por primera vez el desastre que era la habitación de su hijo después de revolverlo buscando los anteojos de su bisabuelo. Se giro a verlo, enfadada.
-Sam, que sucio tienes el piso- su tono era de regaño.
Ron se asomo por la ventana y miro el patio trasero. Me asuste por un momento, pensando en que vería los Autobots, pero su siguiente comentario me tranquilizo.
-Oh no- luego se giro a nosotros-, mira el jardín, quedo destruido.
-¿Qué?- pregunto alarmada su esposa.
Ron volvió a mirar por la ventana y un chasquido eléctrico llamo su atención.
-¡Ajá!- exclamo-. Judy, reporta la luz, se quemo un transformador. El poste de luz está desprendiendo chispas.
-Eso es malo- dije, recuperando el aliento.
-Mira eso, se arruino el jardín- siguió lamentándose-. Quedo destruido- y se alejo de la ventana.
Me dolían las costillas. Mientras me recuperaba por completo, observe a Ron quejarse de su jardín, además de él y Judy seguir tratando de convencer a Sam de decirles con quien charlaba. Hasta ese momento me acorde de Mikaela y me pregunte donde se había escondido.
-Te oímos hablando- Judy intento de nuevo hacerlo hablar-. Dinos con quien; Obviamente no fue Cordelia.
Y de una esquina, Mikaela se levando de detrás de una silla, con una tímida sonrisa. Los cuatro la miramos, los padres de Sam con sorpresa.
-Hola, soy Mikaela- se presento-, y bueno, soy amiga de Sam y Cordelia.
Vi los rostros de emoción de Ron y Judy; apreté los labios para no reírme de la cara consternada de Sam. Judy sacudió el brazo de su hijo con emoción y junto con su esposo suspiraron con satisfacción y alivio.
-Qué bonita estas- Judy la alabo. Luego se giro a su esposo-. Que preciosa esta.
Ron estiro un brazo para chocar el puño con su hijo, quien le respondió con reticencia. Ron se reía, aprobando a Sam por tener a Mikaela en su cuarto. Mikaela rio incomoda; quería darle un poco de comodidad, pero no estaba de ánimos para que los padres de Sam me incluyeran en su conversación. Luego Judy cayó en cuenta que Mikaela escucho toda la discusión,
-Ah, qué pena que hayas escuchado nuestra pequeña discusión familiar.
Mikaela mantuvo la sonrisa. Ron empezó a moverse para salir del cuarto; ahí aproveche para acercarme a Mikaela. Sam también aprovecho para dirigirse a su madre
-Mamá, ¿has visto mi mochila?- le pregunto.
-Está en la cocina.
Mikaela salió de detrás de la silla, yendo a mi lado al notar que me acercaba. Le di una sonrisa de disculpa, por toda la situación. Me sonrió de vuelta y ambas nos giramos para salir de la habitación de Sam. Ambos hombres ya habían salido, dejando a Judy junto con nosotras.
-Mikaela- repitió su nombre-, soy la madre de Sam. puedes llamarme Judy.
-Mucho gusto, Judy.
-Eres una chica muy bonita. No te había conocido antes, ¿verdad?
Mikaela se quedo callada un momento, tratando de encontrar algo que la sacara del pequeño apuro; así que decidí intervenir.
-No la conociste antes- atraje su atención-, es porque Mikaela y yo nos conocimos primero, y no fue hace mucho que la presente a Sam y nos empezamos a juntar los tres. No quisimos presentarla antes de estar seguros que nos lleváramos todos bien- me encogí de hombros-. Ya sabes cómo me llevo con Miles.
Ante mi explicación, Judy me dio un gesto de entendimiento. Sam había conocido a Miles en primer año y, por alguna razón que no nunca entendería, congeniaron; lo único malo fue que al presentarme a Miles, creyó que me interesaba a causa de mi timidez, convirtiéndolo en una constante y molesta piedra en mi zapato. Después Judy miro con más detenimiento a Mikaela, dándose cuenta de lo sucia que se veía.
-Mikaela, estas toda- dudo en cómo expresarse-, emm, llena de tierra. Puedes usar el baño del pasillo para limpiarte- le ofreció.
-No, está bien- intento rechazarla.
-No, querida, anda. Ve y límpiate un poco. Cordelia ya lo hizo, y nosotras siempre debemos vernos presentables- añadió con complicidad-. Deja que los hombres sean los sucios.
Mikaela me miro en busca de ayuda.
-Lo necesitas- le dije-. Deja que Judy te ayude, yo iré con Sam.
Me despedí de ambas y abandone la habitación, dejando a Mikaela con la madre de Sam. Esperaba que no se molestara mucho, pero estaba decidida a hacerle más fácil el camino a Sam para conquistar a Mikaela y uno de los pasos era conocer a los padres. Me pregunte si Sam estaría agradecido o traicionado por haberlo hecho. Baje las escaleras y entre a la cocina. Llegue justo cuando Sam revisaba su mochila; tenía una sudadera marrón colgada de uno de sus hombros. Sentí mi estomago gruñir de hambre y pase de largo a Sam, directo al refrigerador. Los padres de Sam no tenían problemas de alimentarme de vez en cuando. Abrí la puerta del refrigerador, mirando rápidamente todo y agarre una manzana. Cerré el refrigerador y me gire al mismo tiempo que Mikaela entraba a la cocina. Dejo su bolso sobre la encimera, acomodándose el cabello con una sonrisa. Sam estaba abriendo el estuche de los anteojos de su bisabuelo y los revisaba, asegurándose de que eran los mismos y se encontraban en buen estado.
-Tu mama que linda es- comento Mikaela.
-Entretengan a mis padres en lo que les entrego los anteojos- nos pidió.
-Bueno, ¿cómo quieres que los distraigamos?- pregunte.
-Arréglenselas- respondió-. No tiene que ser muy elaborado, solo lo suficiente para que pueda salir al jardín, entregarle los anteojos y asegurarme que se fueron por el callejón para que nadie los vea antes de volver a entrar.
-¿Y eso es todo?- pregunto Mikaela.
-Es todo- confirmo Sam-. Ya lo que pase después de que se vayan es asunto de ellos.
Nos quedamos un momento pensando que en pocos minutos todo terminaría. Los Autobots tendrían los anteojos y se marcharían, probablemente sin volvernos a encontrar en algún futuro. Aunque agradecía que todo terminara, me sentí un poco triste. Se notaba que eran buenos y era lamentable todo lo que habían pasado. Pero si al darles los anteojos les servían para mejorar su vida, entonces me aseguraría de que sucediera.
Después caí en la cuenta de un pequeño e insignificante detalle.
-Ya no tendrás auto, Sam- mencione.
Ambas lo miramos, esperando que reaccionara de forma exagerada. En su rostro pasaron diferentes emociones, hasta que se detuvo en la resignación
-No importa. De todos modos mis padres creen que me robaron el auto. No habrá diferencia si realmente desaparece.
Mikaela lo miro con un poco de admiración. Sonreí.
-Eso es muy maduro-dijo Mikaela.
-Sí, sí, maduro; así soy yo- balbuceo, dándose cuenta del cumplido de Mikaela-. Ya saben, distraigan a mis padre y yo les entrego los anteojos.
Ambas asentimos y justo cuando íbamos a movernos, notamos a varias personas con trajes negros y batas de laboratorio andando por el jardín trasero. Los tres nos apiñamos a las ventanas para mirarlos revisar las plantas, la fuente destruida y todo el lugar con extraños aparatos. Brincamos al escuchar el timbre sonar varias veces.
-¿Dónde están los Autobots?- lance la pregunta al aire.
A través de la ventana notamos que ninguno estaba a la vista; muy probablemente divisaron de lejos a los hombres y se retiraron. Escuchamos al padre de Sam abrir la puerta y hablar con alguien. Desde la cocina vimos a Judy mirar también al jardín por las ventanas de la sala.
La conversación de Ron con la otra persona que entro nos llegaba a ráfagas; algo sobre el auto de Sam y seguridad nacional. Los tres nos miramos alarmados, temiendo que estaban aquí en busca de los Autobots. Nos quedamos un rato más en la cocina, esperando a que no entraran y nos encontraran. La madre de Sam empezó a vociferar, molesta por las personas que arrancaban sus plantas y destrozaban el jardín más de lo que ya estaba. Judy y Ron se estaban molestando y cuando la madre de Sam se molestaba alguien pagaba las consecuencias. Tres voces se sobreponían, hasta que solo se escuchaba la de un hombre que no habíamos escuchado antes. Luego escuchamos claramente la amenaza de Judy.
-Mejor díganles que se salgan de mi patio o los voy a sacar a palos.
Sam guardo de nuevo los anteojos en el estuche y se los guardo en el bolsillo delantero de su pantalón; luego salió con prisa de la cocina, directo a la sala. Mikaela y yo lo seguimos. Al entrar en la sala, deteniéndonos cerca de la puerta principal, miramos a varios hombres con trajes negros dentro de la casa; uno de ellos revisaba los ojos de la madre de Sam con una pequeña linterna, el bate de beisbol, que Judy estaba usando antes, lo sostenía con su mano izquierda.
-¿Qué está pasando?- pregunto Sam.
El hombre que revisaba a su madre se giro en nuestra dirección. Era algo más joven que el padre de Sam, alto y esbelto, no tanto como Sam. Los rasgos de su rostro eran ligeramente de medio oriente, la piel de un tono entre el de Mikaela y el mío y el cabello oscuro y rizado recordado. Le dio el bate de beisbol a uno de sus compañeros. Nos dio una sonrisa muy profesional.
-¿Cómo estas, hijo?- su voz fue igual de profesional, llena de amabilidad practicada-. ¿Te llamas Sam?
Di un paso más cerca de Sam, en un intento de darle seguridad; y dármela a mí también. Estos hombres no me inspiraban confianza.
Simmons!
Alguien, aparte de mi, le caía mal en la primera película?
Es siguiente capitulo sera increíble, lo presiento.
Dejen review por favor; me gustaria conocer sus opiniones de Cordelia y mi historia (su historia).
*insertar aquí rugido de Tiranosaurio Rex
