Vale... VALE... VALE. AVISO, QUE EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR. Si queréis un final redondo, sin fisuras y que no os cause un odio visceral hacia mi persona... asumid que el capítulo final es el anterior, y no miréis este episodio. En caso contrario, seguís bajo vuestro propio riesgo. Como siempre, trailer al final.

gencastrom09, lo comprendo. A fin de cuentas son mis mejores deseos XD

Nah, Kykyo. No veo yo a Jenn muy por la labor, ella es muy posesiva con su Reginita.

Guest número 1... al igual no acaba... o sí, este es el finale, ¿No? XD

Diana, sí que es una suertuda XD. Pero se lo ha ganado.

¿De qué favores hablas, Shana? XD

Ragamuffin, en serio, no hace falta que leas este capítulo, en serio, me odiarás XD

Love... Tampoco soy tan... ¡Como que no lo harías tú! Y hazte cuenta, quiero mandarte MPs

Bueno Lyzz... el finale... si quieres leerlo XD

Bueno, fairytail108. No suelo escribir este tipo de cosas, pero creo que me aficionaré.


Regina Mills

Pizza fría para desayunar, en la cama y con una rubia cañón como compañía. Viendo el capítulo final que habíamos grabado y viendo como Twitter estallaba de felicidad por el nuevo final. Jennifer estaba tan contenta como yo. Y ya me lo había demostrado la noche anterior.

_ Bueno… ahora estoy sin trabajo._ Dijo Jenn, acomodándose en la cama._ Habrá que buscar otra serie en la que salir. Aunque bien podemos darnos un descanso… tengo unos ahorros.

_ A mí me gustaría salir en Doctor Who._ Reconocí, tumbándome en la cama y dando un bocado a mi pizza._ Es mi serie favorita.

_ Pero en Londres hace un frío…_ Se quejó ella.

_ Bueno… pero no querrás decepcionar a tu amorcito._ Dije, poniéndole ojitos.

_ Eres malvada, Regina._ Me dijo, entre risas._ Está bien, intentaré que salgamos en tu querida serie. Pero no te prometo nada.

_ Ah… cuanto te quiero, ricitos de oro._ Dije, dándole un beso en los labios.

_ Cómo me vuelvas a llamar así, te mato._ Me dijo, yo me reí._ No tiene gracia.

_ Vale cari… perdona._ Le dije, poniendo morritos.

Lana Parrilla

Abrí los ojos en aquella habitación de hotel. Había sido toda una locura y la verdad, era una suerte que a mi marido aquellas cosas le parecieran bien, porque podría haber roto mi matrimonio por culpa de aquella mujer. No sabía cómo habíamos pasado de hablar sobre cómo había seguido mis antiguos papeles a enrollarnos en mitad del estudio. Había sido una locura.

_ Buenos días, Lana._ Ely acababa de entrar en la sala, con una bandeja de desayuno en las manos._ ¿Te apetecen tostadas o cereales?

_ Tostadas están bien._ Dije, pasándome la mano con el pelo.

Unté la tostada de mermelada y me la llevé a los labios. No era la primera vez que terminaba haciendo algo así, pero aquello había sido un caos. Normalmente no dejaba que esas cosas influyesen en mi vida privada, que acaben pasando en el estudio.

_ Me encantó lo de anoche, Ely pero…_ Comencé a hablar.

_ No quieres que lo cuente por ahí, lo sé._ Dijo, llevándose un dedo a los labios._ Puedes estar tranquila, yo nunca te traicionaría, Lana.

Sonreí. Era una fan, después de todo. Y no parecía de esas fans locas que lo contarían a todos sus amigos. Me dejé caer en la cama, con una sonrisa satisfecha en los labios, y me eché a reír. Estaba contenta. Al final todo había salido como debía. Regina había demostrado que era una gran actriz, como yo ya sabía. Y el final de la serie había sido un éxito rotundo.

Ely se tumbó a mi lado, y me quedé mirándola. Las distancias estaban claras, pero sin embargo, no podía dejar de observarla. Aquella mujer me había hecho hacer cosas que no debía haber hecho. Y aunque no me avergonzaban, no dejaban de resultarme extrañas.

Regina Mills

_ Podrías haber comentado eso antes de que nos subiésemos al avión, sólo como sugerencia._ Dijo Jennifer, con una sonrisa gamberra en los labios.

_ ¡Tú cierra la ventana, maldita sea!_ Dije, bajando lo que podía parecerse más a una escotilla que una ventana a mis ojos._ No me da miedo volar, sólo las alturas, ¿Vale?

_ Muy propio de una reina con poderes mágicos._ Dijo, mientras ser servía una copa.

_ Ah, cállate._ Le dije.

No es como si los miedos tuviesen sentido después de todo. Podía ponerme racional, y decir que no me caería del avión. Podía decir que los aviones eran el medio de transporte más seguro del mundo, pero nada iba a aliviar esa sensación que sentía cada vez que observaba desde una gran altura. Menos ahora que había perdido casi treinta centímetros de altura y que todo parecía significativamente más grande, incluidas las caídas.

Me senté en mi asiento de aquel inmaculado jet privado que el estudio nos había prestado a pesar de haber terminado la serie porque… bueno, la reina malvada les "convenció". Iba a ser un viaje largo, desde luego. Y ya se me notaba tremendamente impaciente.

_ ¿Nunca has hecho un vuelo internacional?_ Me preguntó Jenn.

_ ¿Tanto se nota?_ Le pregunté.

_ Tienes demasiada adrenalina en el cuerpo, cielo._ Me dijo._ Deberías leer una revista, ver alguna película. Quizá dormir un poco, ya sabes.

_ ¿Sabes esos niños pequeños y cargantes que se impacientan y te pregunta cada diez minutos si ya hemos llegado?_ Pregunté, ajustándome el pantalón del traje.

_ ¿Qué pasa con ellos?_ Me preguntó.

_ Pues que… soy como ellos._ Dije, dejándome caer en el sofá._ No soporto esperar.

_ Bueno… tienes magia, ¿No?_ Me espetó._ Úsala. Buscaba algo para divertirte.

Ni se me había pasado por la cabeza, ahora podía tener lo que quisiera cuando quisiera. Me incorporé sobre el sofá e hice un movimiento de la mano, que provocó que una pequeña bruma negra apareciera en el suelo del avión. Jenn alzó una ceja inquisitiva, cuando se dio cuenta de lo que había hecho aparecer.

_ ¿Has usado tu magia para hacer aparecer una PS4?_ Me preguntó, alzando una ceja._ De verdad, eres increíble.

_ Déjame._ Me quejé._ Hace dos años que quiero una, ¿Sabes?

_ Bueno, vale. Cada uno a lo suyo._ Dijo, cruzándose de brazos.

_ De cruzarte los brazos nada, que vas a jugar conmigo._ Le dije, dándole el segundo mando.

_ Que no te confunda mi apariencia, yo no soy Emma Swan._ Me dijo, alzando una ceja._ No tengo ni idea de cómo se juega con esto.

_ Bueno, pues ahora va a aprender._ Le dije._ No irás a desobedecer a tu reina, ¿Verdad? Eso sería traición.

_ Lo que digo, eres insufrible._ Me contestó, pero, sin embargo, cogió el mando.

Unas cuantas horas y palizas jugando al Mortal Kombat más tarde…

_ Por fin salimos de allí._ Dije, abandonado el taxi que habíamos tomado tras bajar del avión.

_ Eras tú la que quería venir directamente._ Dijo Jennifer, bostezando.

Yo estaba nerviosa mientras avanzaba en dirección al estudio de la BBC. Participar en mi serie favorita sería para mí todo un orgullo. Conocer al casting, el merchandising. La falta de sueño que llevaba hasta el momento se desvaneció. Jennifer, en cambio, lanzó un largo bostezo mientras me cogía la mano y presentábamos nuestras credenciales al guardia de seguridad.

Jennifer Morrison

La verdad, ignoraba por completo el papel que tendríamos en aquella serie. Ni tan siquiera la seguía a expensas de un par de episodios. Pero Regina no dejaba de hablar sobre extraterrestres y cabinas azules. Si ella estaba feliz, yo estaba feliz. De eso no cabía ninguna duda. Una vez tuvimos acceso… Regina pareció convertirse en una espiral frenética que no paraba de observar a todo y a todos, preguntando sin parar. Juro que aunque no paraba de observarla la perdía de vista.

Pero cuando se detuvo ante lo que parecía uno de los sets, conseguí alcanzarla. La seguí ante lo que parecía un gigantesco set con forma de nave espacial, su interior, al menos. Una sala circular, con múltiples salidas, y un pillar de luz en el centro, que sostenía una consola con miles de botones.

_ Y esta es la… TARDIS. ¿Se llamaba así?_ Pregunté.

Sí, se llamaba así, dijo, tomando un pequeño objeto del panel de control. No sabría describirlo. Parecía un puntero láser glorificado a mi idea. Le dio al botón, y una lucecita verde iluminó la estancia.

_ He tenido que atravesar medio mundo para tocar esto._ Dijo, mirándolo.

_ Puedes quedártelo._ Dijo una voz, a nuestras espaldas._ Ya no usaremos ese en el nueva temporada.

El resto, me lo ahorro, la verdad. Porque ver a Regina como una fangirl loca ante el casting no tuvo desperdicio, pero me dejó a mí al margen. Tener un papel regular en esa serie iba a ser un poco duro para mí hasta que me acostumbrase.

Regina Mills

Había sido uno de los días más emocionantes de mi vida, en aquel mundo, al menos. Y por ello me acosté esperando que mi sueño no se viese interrumpido. Pero, sin embargo, mis peores temores se vieron cumplidos cuando el teléfono empezó a sonar a las once y veintiún minutos de la noche. Bostecé, pero lo cogí mientras Jennifer bufaba algo sobre que no eran horas, pero se estaba despertando tanto como yo. Lo tomé y contesté, a pesar de que el número no me sonaba de nada.

_ ¿Hola?_ Pregunté._ ¿Quién es?

_ ¿Regina?_ La voz no me sonaba en absoluto._ Menos mal que estás ahí. Creía que me iba a quedar atrapada aquí para siempre.

_ ¿Atrapado dónde? ¿Quién es?_ Insistí.

_ Soy yo, Ely. Bueno… antes lo era._ Se hizo un lío._ Mira… ¡Ha vuelto a pasar! ¿Vale?

_ ¿Qué ha vuelto a pasar?_ Pregunté, confusa.

_ Me he quedado atrapada en una serie yo también._ Me dijo._ Tienes que sacarme de aquí.

Bostecé, tratando de asumir todo lo que me había dicho. Por suerte para ella, mi magia seguía estando activa, de modo que no sería un problema para mí. Bostecé, más sonoramente, y le di un suave movimiento a Jennifer en el brazo para que se despertase.

_ Jenny, cariño. Tenemos que irnos de viaje._ Le dije.

_ Pero si acabamos de llegar a Londres._ Me dijo._ ¿Qué dices?

_ Parece que Ely ha terminado atrapada en una serie, como yo._ Le dije, sin más._ Hay que ir a sacarla.

_ Vaya, y lo dices como quién va a comprar el pan._ Dijo, desperezándose. Yo agité la mano y nos cambié de ropa. Cogí las cosas que había dejado en la mesilla y me dirigí al lavabo para desperezarme.

Jennifer se tomó algo más de tiempo que yo porque, parece que, para algunas cosas, sigo siendo un hombre. Me estaba concentrando, notando la magia circular por entre mis dedos. Jennifer se quedó callada mientras yo alzaba las manos, y de la nada, un enorme portal surgía. La magia era algo natural para mi cuerpo, eso estaba claro. Tan sólo había tenido que concentrarme fuertemente en Ely, y aquello había sucedido.

Jennifer Morrison

Atravesar el portal fue sencillo. Pero hasta ahí estaban las facilidades. Aparecimos en una gran explanada de lo que parecía un desierto sin más. Regina, sin embargo, parecía completamente concentrada. Su mirada enfocaba de un lado a otro. Se detuvo y señaló a la distancia, provocando que yo observase en esa dirección. Había un coche en llamas. Tragué saliva, siguiendo a Regina, que había comenzado a echar a andar. Junto al coche había dos personas inconscientes. Un hombre y una mujer. Los reconocí, y supe al instante dónde debíamos encontrarnos.

Regina, como si supiese exactamente lo que estaba pasando. Se acercó a la mujer, agachándose y sosteniéndola en sus brazos. La mujer tardó un poco en abrir los ojos, mirándola.

_ ¿Por qué has tardado tanto?_ Preguntó.

_ No te preocupes, Ely. Voy a sacarte de aquí._ Le dijo, tranquilamente._ De una manera o de otra.

_ ¿De una manera o de otra?_ Le pregunté._ Haz un portal y sácanos de aquí.

Regina negó, suspirando.

_ Mi magia no va a funcionar aquí, Jennifer._ Me mostró su mano, que por un momento pareció chispear, para luego quedarse como si nada._ Mi magia no tiene cabida en este mundo, en esta serie.

_ ¿Y eso se te ocurre ahora, Joder?_ Preguntó Ely, apoyándose en ella.

_ Tranquila, chiqui._ Dijo Regina._ Creo que las dos sabemos que aquí no hay magia pero… hay otros medios para cruzar mundos. Esto es ciencia ficción, ¿Cierto? Siempre quisiste estar aquí, ¿No es cierto?

_ Sí, claro. Pero no de esta manera._ Se quejó Ely, cojeando. Regina se rio.

_ Tranquila, todo tiene arreglo._ Regina estaba demasiado tranquila. ¿Qué sabía ella que yo no?

_ Jenny._ Me dijo, Regina._ ¿Puedes ocuparte?

Señaló con la cabeza al hombre que todavía estaba inconsciente en el suelo. Me había olvidado completamente de él. Bueno, al menos esta serie sí que solía verla de pequeña. Aunque dudaba que eso me ayudase especialmente. En especial cuando empecé a escuchar mucho ruido y cuando me quise dar cuenta, el cielo estaba lleno de helicópteros negros, y el desierto estaba siendo surcado por todoterrenos.

_ ¿Te has metido en un lío gordo, Ely?_ Le dije.

_ Puede que sí._ Se mordió el labio.

_ ¿Nadie te dijo que no te metieras en líos con el FBI, Ely?_ Regina negó con la cabeza.

_ Bueno, pero es que resulta que soy una agente._ Le recriminó, golpeándole el pecho con el dedo.

_ Eres una Scully adorable.

_ Quizá. Pero como Jennifer no consiga despertar a Mulder, tú vas a ser una reina muerta._ Le contestó ella, ofuscada.

Vale, lo admito, era toda una fan de Expediente X, pero aun así, llegar allí para morir de aquella manera no era precisamente mi primer objetivo en la vida.

_ ¿Soy la única a la que le importa que un puto ejército nos esté rodeando?_ Estallé, mientras ayudaba a despertarse a Mulder, que parecía confuso y desorientado.

_ Vale… de acuerdo._ Dijo Regina, buscando en sus bolsillos y sacando algo.

Lo reconocí al instante. ¡El puntero láser glorificado! ¿Por qué había traído eso? Ella, sin embargo, simplemente lo alzó y este se abrió en cuatro. Hubo en resplandor verde y luego, silencio. Silencio absoluto. Los motores se pararon. Después hubo un sonido de caída, y una gran explosión cuando los helicópteros, incapaces de mantenerse en el aire, cayeron al suelo.

_ ¿Qué es eso?_ Fue Mulder el que habló, observando el objeto que Regina llevaba en las manos._ ¡Tiene que ser tecnología alienígena!

_ Es un destornillador._ Dijo, encogiéndose de hombros.

_ Pero. Ese brillo y ese ruido y…_ Dije, atragantándome.

_ Es sónico._ Negó con la cabeza._ Vamos, tenemos algo de tiempo antes de que descubran que sus armas no funcionan y empiecen a correr.

Y corrimos, escapando de aquellos agentes. Aún había mucho que hacer. Pero lo cierto, es que yo lo que quería era volver a casa. Regina nos sacaría, eso estaba claro. Pero eso, era otra historia.

¿Fin?

Trailer

Primera Toma

La corte de la reina Blanca se reunía, una vez más, ante la gran audiencia de su palacio, para la celebración del nacimiento del que sería su segundo hijo. El niño se encontraba ya ante la pila, en el momento de gran expectación de todos los presentes cuando, de una patada, las puertas del salón se abrieron. Y un silencio incómodo se adueñó de la sala.

_ Siento llegar tarde._ Dijo una voz cargada de resentimiento._ La invitación debió perderse. No la recibí.

La recién llegada, sin embargo, estalló en una maquiavélica risa ante su propio chiste. Por supuesto que a ella no la habían invitado. Blancanieves y el príncipe no serían tan estúpidos. De hecho, ellos fantaseaban con la idea de que la mujer que acababa de entrar por la puerta no se enterase jamás de que su segundo hijo había nacido. La mujer, sin embargo, se adelantó. Ningún guardia osó moverse, nadie, de hecho, se sentía capaz de decir nada.

_ Porque… espero suponer bien al creer que me habéis invitado, Blancanieves._ El desprecio en la voz de la mujer, heló la sangre de la reina._ ¿No habréis negado a una mujer el conocer a su propio hermano, no es cierto?

Emma no sentía ningún apego por la mujer que tenía delante, a la que una vez llamó madre. Ni tampoco a su marido. No, ni mucho menos. Por el contrario, en su cabeza sólo había lugar para una persona. Y si había ido hacia allí, era por esa persona.

_ Así pues… os lo pregunto una última vez, madre._ La sonrisa de Emma se torció_ ¿Dónde está mi prometida?

_ Emma._ Blanca intenta ser razonable, pero sabía que era imposible.

_ ¿Dónde está Regina?_ El sonido de un trueno iluminó la estancia. Blanca no contestaba. Emma pareció perder la paciencia.

La mujer de cabello dorado extendió la mano, y una espada apareció entre sus dedos. La colocó sobre la garganta del bebé neonato, y miró a su madre fijamente a los ojos. Ella vio lo que ya muchos habían visto. Que era bien capaz de hacer lo que parecía que iba a hacer.

_ ¿Dónde está mi amor verdadero?_ Insistió.

_ ¡No lo sé, Emma!_ Exclamó Blancanieves._ La enviamos a un reino sin magia. A un lugar en el que no pudiese hacerte daño.

_ ¿Hacerme daño?_ Emma rió, una risa fría, que provocó que toda la alegría que pudiese haber en aquel evento terminase de disiparse._ Regina jamás me habría hecho daño. De ti… no puedo decir lo mismo.

Emma Swan se desvaneció, envuelta en una humareda negra, ante los ojos de sus padres, que sabían que estaban impotentes ante el poder de su primogénita.