Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.

Capítulo 10: ¿El príncipe rojo o el villano?

Nozomi rodó los ojos con desgano mientras que devoraba lo último que quedaba de su emparedado. La hora del almuerzo era, sin lugar a dudas, el peor momento para oír el sinfín de explicaciones que Kagome se prestaba a establecer. El aire en la atmósfera era denso y estaba cargado de nubes, y a pesar de todo el cielo se esforzaba por clarear. Debajo de las ramas de un viejo roble, ambas debatían acerca de lo ocurrido.

-Yo.. no quise hacerlo, no sé cómo reaccionar ahora.-

-No te parece suficiente? Tuvieron su momento romántico, las cosas irán fluyendo solas después de todo.- Le explicó la pelicorta dándose un respiro.

Kagome se mordió el labio inferior insegura, y qué si ella no quería que fluyeran? Era muy precipitado pensar en algo así tan pronto. Después de todo sólo había sido un beso.
-No, no fue así esta vez.- Se dijo. Aquello fue una notoria muestra de afecto, un gesto apasionado. Algo que sobrepasaba el concepto de simple beso. Y efectivamente, ante una situación tan comprometedora, no sabía cómo responder.
No estaba segura de poder albergar algo así en su interior. Ren era un buen chico, era atento y despreocupado al mismo tiempo, pero había cuestiones sin resolver.

-Claro que primero tendrás que vértelas con el humor de Bankotsu..- Objetó nuevamente su amiga como leyéndole el pensamiento. – Vaya escena montaron esos dos en la fiesta…-

Nozomi se apartó un mechón de cabello del rostro y la miró a los ojos. Aquella misma acción le recordó a Ren y sus dóciles caricias, distintas de las fervientes impuestas por el moreno.

-Hay algo que te remuerde la conciencia, cierto?- Añadió. Kagome asintió con la cabeza, su interlocutora se puso de pie y se sacudió los bajos de la falda. –El príncipe rojo o el villano de cabello trenzado, vaya dilema.-

-No pensarás que estoy reconsiderando a Bankotsu, cierto?- Se defendió la pelilarga frunciendo el ceño.

-Por qué más dudarías entonces? No puedes negarlo, ese problemático chico te vuelve loca.- Nozomi soltó una risita.

Tras volver a clases y proseguir con la cargada rutina, Kagome apenas tuvo tiempo de pensar nuevamente en ello. Tomó nota, hizo las preguntas necesarias y apuntó el nombre de un nuevo libro.
Al volver a casa se dirigió directamente hacia la tienda para hacerse con él. El local simulaba una vieja casona de estilo tradicional con varios arreglos modernos en su interior, era amplio y fresco. La multitud interminable de libros parecía corromper por completo las paredes. Un lugar de ensueño.


La puerta hizo un ruido seco al cerrarse tras de sí, la entrada vidriada de aquel resplandeciente edificio estaba igual de impoluta que siempre. Bankotsu le dio un último vistazo a su alrededor, se metió las manos en los bolsillos y se alejó del inmueble.
Sus resignados pasos resonaban en el asfalto mientras que avanzaba entre la multitud. Aquel no había sido un buen día, tampoco el anterior, ni el anterior. A decir verdad, últimamente sus días eran de lo peor.

Luego de tanto reflexionar y adentrarse en sus cavilaciones, se había decidido por ir personalmente con Kazuma y pedir el cambio de compañero. Era una decisión difícil y probablemente le costaría caro, pero obtener a un acuerdo entre ambos se había vuelto imposible. Al llegar se encontró con su ausencia, que según los custodios, se debía a asuntos urgentes. De modo que su nuevo recorrido se volcó a deambular por las calles de Tokio sin rumbo fijo.

Aquí y allá, varios grupos reducidos de trabajadores y estudiantes atestaban las calles. Las jóvenes de secundaria pasaban a su lado soltando carcajadas escandalosas, meciendo las faldas de sus respectivos uniformes. Aquello le recordó inmediatamente a la entonces –provocativa- vestimenta que siempre llevaba la joven sacerdotisa. Una minifalda corta de color verde y una camisa con una pañoleta roja, extraña y perjudicialmente sugestiva.

Minutos más tarde no creyó que sus evocaciones se matizarían de realidad, pero al ver aquellos profundos ojos color café y esa cabellera azabache mecerse entre la multitud lo entendió.
Lucía pensativa y disuelta, su cuerpo reaccionaba instintivamente como si se tratase de un piloto automático y en un santiamén la vio desaparecer tras la entrada de un comercio de estilo tradicional.

El moreno la siguió sin pensárselo dos veces, allí dentro no había mucha gente pero sí la cantidad suficiente como para camuflarse entre los demás. Ella, ajena a la situación, rebuscaba entre las gigantescas estanterías algo de su interés. A pesar de llevar consigo un ejemplar que acababa de encontrar. El tacto de sus dedos acariciaba la cubierta de éste con delicadeza mientras que su otra mano investigaba a los no tan cercanos. Cómo se sentiría aquello en el propio ser, en la piel propia? Le hubiese fascinado saberlo.

Qué estoy haciendo? Es una estupidez- Se dijo a sí mismo. Estaba allí, de pie como un idiota, contemplando como ella acariciaba un soberbio libro de textos y se embelesaba con los demás. Aquello no tenía sentido alguno, de hecho sonaba de lo más patético. Bankotsu se apretó el puente de la nariz exasperado, y cuando finalmente tomó la iniciativa de abandonar el lugar se vio imposibilitado.

-Bankotsu?- La dueña de aquella indeseable voz ahora pronunciaba su nombre, algo asombrada por el encuentro "fortuito".

-Oh, eres tú.- Se dignó a responder viéndola de medio lado.

-Qué haces aquí?- Quiso saber sin obtener respuesta alguna.

Kagome lo examinó más de cerca, en su rostro aún permanecían las marcas que recordaban al pleito ocasionado en la fiesta. Algún que otro rasguño y magulladura podía observarse con sólo prestarle la mínima atención. Apartó la vista en seguida, sintiéndose culpable y llena de remordimientos.

-.. Cómo te sientes?- Adjudicó esta vez en voz baja. El moreno se volvió hacia ella y levantó una ceja en señal de desprecio.

-Cómo te sentiste tú? Te trataron bien de regreso a casa?-

Ella se quedó atónita por unos segundos, sin saber que responder. La mejilla de Ren rozando la suya, sus dulces caricias… Aquel par de profundos ojos verdes volvían a sus recuerdos inevitablemente. Apretó los ojos y exhaló un largo suspiro, tratando de recomponer su estado, estabilizando sus emociones.

-No pasó nada entre nosotros si es lo que te preocupa.- Se decidió a responderle. El moreno clavó sus ojos en los de su interlocutora, sin lograr hallar en ellos una sola pizca de inestabilidad. No flaqueó en ningún momento.

Kagome rodó los ojos, todo aquel asunto se había tornado un juego de niños. Ahora mentía ante él, y para qué? Al fin y al cabo no tenía por qué rendirle cuentas a nadie. Suspiró sin más y le dio la espalda decidida a marcharse. Irritado, Bankotsu la sujetó del brazo, obligándola a volverse.

-Aléjate de él, no es bueno para ti. Créeme.- Volvió a advertirle. Ella frunció el ceño.

-Y quién lo es entonces? … Tú?-

Bankotsu curvó sus labios en una media sonrisa, y acercándose más al lóbulo de su oreja logró susurrarle. –Así es.-


La ciudad se bañaba con los últimos rayos de sol del día, la tarde había transcurrido dándole paso al crepúsculo. El viento mecía las retorcidas ramas de los árboles con fiereza y desapego.
Un silencio sepulcral invadía el diminuto apartamento, en donde la pelilarga había pasado horas y horas releyendo los interminables capítulos de aquel nuevo apunte.

El encuentro con Bankotsu había logrado magullar su conciencia y hacerla reflexionar sobre sus palabras durante un buen rato. –Qué le hace pensar que él es mejor que Ren? Era ridículo oír aquellas palabras. – Arrogante, mujeriego y sinvergüenza. Por supuesto, nadie mejor partido que él. Se repetía constantemente con rabia.

Aun así, luego de tanto darle vueltas al asunto, había conseguido una óptima concentración enfocada en sus estudios. Cuando la noche cayó por completo ya contaba con más de la mitad del apunte leído.
Kagome miró la hora, se desperezó en la silla y se preparó un café para ponerle fin a sus lecciones del día. Más tarde habría tiempo para la cena.

El sonido de su móvil rompiendo con la calma la tomó por sorpresa, estaba a punto de entrar a la ducha cuando recibió un mensaje de Ren. –Estoy volviendo de casa de Kou, quieres hacer algo?-
Era la primera vez que volvía a hablar con él luego de lo sucedido al regreso de la fiesta, luego ninguno había dicho ni hecho nada, ni siquiera se habían enviado un mensaje. Qué debía hacer entonces? -El príncipe rojo o el villano de cabello trenzado?-

-Demonios Nozomi..- Dijo en voz alta recordando las palabras de su amiga. –No. Esto no es ninguna competencia, definitivamente no hay razones por las cuales considerar a Bankotsu. El solo juega conmigo.- Agregó poniéndose firme. No perdería el tiempo en aquel arrogante mercenario, después de todo ella no le importaba en lo más mínimo. Era una más del montón en su lista.

Respondió al muchacho y se dio un baño rápido. Mientras se enjabonaba a conciencia agradeció el haber leído aquella cantidad formidable de páginas, de lo contrario habría tenido que quedarse en casa. A las nueve en punto sonó el timbre, Kagome recogió sus cosas y bajó con ligereza. Llevaba un montgomery amarronado con una camiseta gris, una pollera tableada negra y unas medias del mismo color. Un atuendo arreglado pero desapercibido, sin nada que objetar.

Al encontrarse en la entrada, se miraron a los ojos durante unos segundos sin objetar nada. El pelirrojo no tenía un cigarrillo en la boca ni tampoco hizo ademán de sacarse uno del bolsillo, aquello la extrañó de sobremanera. Con el rostro algo enrojecido lo saludó, parecía una niña de secundario. Sin más preámbulos subieron al auto, y al colocar la llave y dar arranque Ren se volvió hacia ella.

-No has cenado, verdad?- Kagome negó con la cabeza.

El transcurso fue silencioso, el muchacho manejaba sin apartar la vista del camino. En el ambiente podía percibirse un aire evidente de inquietud. Era extraño reencontrarse luego de lo sucedido, más que nada porque no habían vuelto a tocar el tema. Como transcurrirían las cosas de allí en adelante? No lo sabían, al parecer lo dejarían en manos del azar.

El coche se detuvo delante de unos autos estacionados. A pocos metros podía distinguirse un bar de cartel anaranjado y negro, era el único en la cuadra. A pesar del desgaste de la fachada no estaba nada mal.

-La comida aquí es fantástica.- Le anunció cerrando la puerta tras de sí.

-Parece un buen lugar.- Le respondió ella con una sonrisa.

Ambos cruzaron la calle y se adentraron en él, se ubicaron en una de las mesas del fondo y aguardaron a la llegada del mesero. Las paredes tenían ladrillo a la vista y estaban adornadas con cuadros de distintos artistas del cine y algún que otro graffiti. Múltiples lamparillas de luz tenue colgaban del techo por sectores. Aquel lugar parecía estar diseñado por alguien como él, rebelde y con un toque personal auténtico.

La camarera apareció minutos más tarde, tomándose su debido tiempo para anotar la orden y echarle varias ojeadas evidentes al pelirrojo. Era una chica de cabello largo y castaño con algún que otro tatuaje en sus brazos, llevaba mucho maquillaje y daba la impresión de que jamás titubeaba ante nada. Al verla, su compañero se sobresaltó y tensó su mandíbula, ella clavó su mirada en ambos y luego dirigió toda su atención nuevamente hacia él. Parecía no importarle que Kagome estuviera allí delante suyo.

-Cómo has estado?- Le preguntó finalmente con una media sonrisa.

-Ocupado.- Le respondió el con un aire tajante. –Podrías tomarnos la orden ya?- Kagome los observaba en silencio.

-Aún sigues molesto conmigo? Vamos, no seas tan duro…- Insistió. –Ha pasado mucho tiempo…-

-Ya basta.- La interrumpió con fastidio. –Estás molestando a mi acompañante.- La mujer se volvió hacia la citada frunciendo el ceño y luego soltó una carcajada reprimida.

- Es broma cierto? Pero si es solo una niña, mírala!- Ren apretó los ojos y se puso de pie al instante.

-No eres ni la mitad de mujer de lo que es ella.- Le dijo viéndola directamente a los ojos. Tomó a Kagome de la mano y comenzó a caminar en dirección a la salida.

-Sabes? Souichiro… está aquí ahora.- Agregó para ver como su oyente se quedaba petrificado. - Hace poco que es el nuevo dueño.-

-Debí imaginar que seguías con ese infeliz. Me das lástima.-

Aun con su mano firmemente sujeta a la de él, la joven de cabello azabache lo siguió atravesando el portal. Pero al llegar a la calle su marcha fue detenida por un puñetazo, obligándolos a separarse. Un hombre de unos cuarenta años yacía de pie a pocos centímetros, tenía el cabello negro y corto. Ren, quien ahora se reincorporaba del suelo, se volvió rápidamente hacia ella.

-Ocúltate detrás de los autos hasta que yo te lo diga, sin peros.- Le dijo apartándola a un lado. El rostro de la joven se tiñó de desesperación e incertidumbre, no sabía que estaba pasando ni quienes eran esas personas.

El pelinegro lo había aprisionado contra uno de los paredones estrechos contiguos al local y lo golpeaba incesantemente en la boca del estómago. Kagome apretó los ojos conteniendo las lágrimas, no podía quedarse allí inmóvil sin hacer nada. Cogió su móvil y marcó el primer número en su lista de llamadas, luego de tres tonos atendieron.

-Bankotsu, Ren está… El está siendo gravemente herido!- Dijo haciendo un esfuerzo por que su voz dejase de temblar. –Por favor, ayúdalo... no sé cuánto tiempo más pueda aguantar.. yo..-

-Kagome, tranquilízate demonios!- La interrumpió con sobresalto, estaba logrando ponerlo igual de nervioso. –Dime la dirección exacta de donde te encuentras.- Después de tomar nota el moreno colgó el teléfono, se reincorporó de un salto de la cama y se vistió con lo primero que encontró. Luego desapareció tras el umbral de la puerta.

Mientras que corría desesperado por las calles pensó que tal vez ya era hora de aprender a conducir. Después de todo, la adaptación a aquella época no había sido tan tortuosa y el tener un vehículo le facilitaría el traslado.

Luego de unos minutos se detuvo para llenarse los pulmones de aire, dando grandes bocanadas. -No pasó nada entre nosotros si es lo que te preocupa.- Recordó de súbito.

-Mentirosa.- Exclamó.


La pelea transcurría delante de los ojos de Kagome, quien aguardaba con pánico detrás de los automóviles a la llegada del moreno. No quiso llegar a esos extremos pero no se le ocurrió llamar a nadie más… después de todo ellos dos se conocían, para bien o para mal.

-Vaya, pero si eres aún más cobarde de lo que parece.- La voz familiar de aquella mujer la hizo sobresaltarse. –Que inútil.- La castaña se aferró de su camiseta para atraerla más hacia ella y la jaló del pelo obligándola a verla.

-P-Por qué haces esto?- Le cuestionó Kagome con dolor.

-Para que conozcas cuál es tu lugar querida… todos debemos saberlo.- Le respondió con desdén.

-Qué me dices del tuyo?- Le susurró Bankotsu al oído para luego aventarla hacia un lado con violencia. –Aléjate de ella Arale.- Su oyente se reincorporó con dificultad y observó, indignada, como el moreno socorría a la joven.

-Estas herida?- Quiso saber. La pelilarga negó con la cabeza. -Arale- Bankotsu también? Quien es ella? Se preguntó. –Que bien. Tu y yo tenemos que hablar.- Agregó para luego irse.

Luego de encargarse de la detestable mujer, corrió en dirección a su compañero. El pelirrojo a penas se sorprendió de su intervención, sabía que Kagome acudiría a él de inmediato. El moreno no supo exactamente si lo hacía por ella, por Ren o simplemente por mantener su integridad. Aun así no objetó nada, aquel hombre era un hueso duro de roer y les había traído molestias desde hacía tiempo, se había transformado en un asunto pendiente para ambos.
Cuando el problema se acrecentó no les quedó otra alternativa más que huir. La situación se había salido de control, varios subordinados del atacante habían salido a socorrerlo.

Una camioneta negra con vidrios polarizados apareció por ellos en aquel instante. Sus compañeros llegaron gracias a la llamada que el moreno había realizado antes de adentrarse en la escena.
Las puertas traseras del vehículo se abrieron y los tres subieron en un santiamén. Una vez dentro, Ren se desplomó en el suelo.

-Está agotado y tiene varias heridas, será mejor que lo lleven con un médico.- Les informó Bankotsu. – Esto fue obra de Souichiro.- Los hombres asintieron en silencio.

Antes de trasladarlo la camioneta hizo una parada en el viejo edificio del mercenario.

-A donde la llevamos a ella?- Quiso saber uno de ellos.

-Ella se viene conmigo.- Afirmó.

-Qué?!- Exclamó Kagome, pero antes de podes objetar algo ya se encontraba fuera del vehículo y observaba como éste se alejaba de su vista. El introdujo una llave metálica en la puerta y ambos se adentraron.

-Es peligroso que andes rondando por allí luego de lo que pasó.- Le explicó mientras que ascendían por los escalones. –Además, te dije que teníamos que hablar.- Añadió. Ella asintió con la cabeza.

El apartamento estaba silencioso e igual de sobrio que siempre. El moreno cerró con llave y arrojó el manojo en la mesada de la cocina, sacó dos sopas instantáneas de la alacena y puso agua a hervir. La pelilarga se recargó sobre una de las paredes y se apretó el puente de la nariz con cansancio. Luego de verter el líquido dentro de los recipientes se lo devoraron sin más. A Kagome no le importaba si no se trataba de algo gustoso, incluso llegó a creer que solo engullía para tener algo en el estómago.

-Y bien, qué me dices de ahora de Ren? Un buen partido eh?- Comenzó a decir el joven mientras que desechaba los recipientes vacíos.

-Por favor, no empieces con eso ahora.- Lo frenó con hastío.

-Sí. Y vas a tener que escucharme.- Adjudicó volviéndose sobre sus talones. - Ese tipo solo sirve para meterse en problemas y si sigues con él solo lograrás hacerte daño.-

-Qué sabes tú de eso? Ni siquiera estuviste presente… él no lo buscó.- Ahora fue ella quien se puso firme y lo miró a los ojos.- Aquel tipo salió de la nada!- Bankotsu solo suspiró.

-Sabes lo que conlleva nuestro trabajo a estas alturas, cierto? Hay zonas y cercanías por las que no debemos rondar. Lo saben todos y cada uno de los miembros.- Le explicó. –Así que ya deja de defenderlo, él sabía perfectamente lo que hacía.-

-Tal vez solo quiso ser amable conmigo.- Dijo ella cruzándose de brazos.

-Amable? Eso es ridículo. Tiene mal genio y mal carácter.- Al oír sus palabras Kagome frunció el ceño.

-Tú eres exactamente ig-

-Yo jamás pondría en riesgo tu vida por una estupidez.- Se adelantó a decir.

La muchacha se quedó inmóvil al oír aquellos vocablos cargados de intensidad. Sus dos párpados bajaron y subieron despacio de manera reflexiva, tratando de asimilar aquello que la había sacudido por completo. Luego sobrevino una mirada profunda que se clavó en ella, una mirada azulina, penetrante, que la había agitado desde raíz, con ojos poderosos, inmaculados, seguros de lo que deseaban. Aquella era una sensación que carecía de explicación alguna.

Bankotsu la besó con delicadeza, saboreándolo, cayendo en la cuenta de que catar nuevamente aquellos suaves y exquisitos labios era algo que estaba deseando hacía tiempo. Sus lenguas se entrelazaron una y otra vez, como abrazadas a un dulce recuerdo. Era, sin lugar a dudas, una sensación magnífica. Sus manos se entrelazaron y permanecieron conectadas durante unos minutos, hasta que él se aferró de su cintura, concibiendo la atractiva complexión física de la muchacha. La sangre se agolpó en las mejillas de Kagome, quien además sentía los desbocados latidos de su corazón.


Bueno personas, que tal a todas, como están? Lamento ausentarme pero hace poco conseguí un trabajo a medio tiempo que resultó quitarme un poco de espacio personal. Estoy en pleno proceso de adaptación, espero que vaya todo bien. Igualmente estoy a full escribiendo, me puse las pilas para traerles en breve el siguiente!
Tengo que admitir que el nombre del capítulo es un poco ridículo pero estuve jodiendo con que quería que ese fuese su nombre si o si... pequeños rayes mentales xD
Lo dejé en un momento clave ehh, prometo actualizar con algo de pasión(?(?(?(? Vieron que tierno se puso Ban? Nos mostró finalmente su lado más caballeroso y protector. Un amor 3

Alessia de Piscis Sos mi lectora más divertida jajaaja, "que le muela los dientes a Ren" ella quiere ver correr sangre! Bueno, quien sabe..
rogue85 Ren tiene sus cositas tambien muajaja
fattyamp Gracias! Espero hayas disfrutado el capi :)

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