Hola de nuevo^^he vuelto a editar el primer capitulo y el resto de capítulos, notaréis un cambios muy significativo en la protagonista, tanto como un cambio de nombre y un poco físicamente, el motivo es que nunca pretendí ser yo la protagonista de la historia (pese a ponerle mi nombre) pero si que quería que tuviera algo de mi personalidad, aunque como un buen personaje a ido evolucionando hasta adquirir una personalidad propia
La letra en cursiva es para flashback, pensamientos y/o palabras concretas
Hacía ya más de una hora que navegaba y el sol había salido por completo, arañando con sus rayos la superficie del mar. Tenía calor, mucho calor, se había recogido su castaña melena en una cola para evitarlo en la medida de lo posible.
La pequeña barca se movía por el vaivén de las olas, producidas por las corrientes.
—Maldita sea mi suerte— murmuró la castaña entre dientes mientras se recostaba.
Entrelazando sus dedos a través de la coleta, adquirió una posición en la que podía contemplar el océano y estar cómoda.
Apenas tenía provisiones. Todavía le quedaba un poco de comida que le fue suministrada por Sanji y, aquella misma mañana, había "tomado prestado" de algunos puestos y casas, una poca más; pero era insuficiente para abastecerla durante una larga travesía, sin contar el hecho de que no tenía material para sanar sus heridas o cambiarse las vendas.
Cerró los ojos para intentar evadir un poco el dolor del abdomen, al hacerlo una tormenta de distorsionados recuerdos se desató: dolor, sufrimiento, lágrimas, promesas rotas y el eco de una niña que llamaba a su madre...demasiado. Era demasiado. Se llevó la mano a la cabeza, ¿por qué?¿Qué era aquello tan doloroso que había olvidado?¿Qué era lo que su mente se negaba a recordar? Imágenes difusas se anteponían unas a otra, borrosas.
Abrió los ojos abrumada, no era capaz de rellenar aquel vació en su mente, un espacio oscuro que duraba tres años, ¿qué había hecho todo ese tiempo?¿Dónde había estado? Tampoco recordaba mucho de su infancia y apenas recordaba a sus padres. Debían ser buenas personas porque él siempre le habló muy bien de ellos, de su padre, según le contó fueron grandes amigos.
Amigos...aquella palabra no significaba nada para ella, no tenía amigos y si los tuvo alguna vez no lo recordaba.
—Ashia, ¿qué ha sido de ti?— preguntó a la nada cuando rememoró la última vez que la vio. A ella era la única que podía llamar amiga pero hacía tanto tiempo que no la veía, incluso ignoraba si seguía viva o no.
Un sonido, más bien una voz, captó su atención. La conocía, demasiado bien para su gusto, notaba que se acercaba; no obstante no se movió de su sitio.
Con lo grande que es el mar, ¿cómo es que siempre me acabo encontrando con ellos?
—Hola— saludó con una enorme sonrisa el capitán de aquel barco para luego reír con una risa peculiar.—¡Qué coincidencia! ¿Verdad?— le miré de soslayo, estaba empezando a creer en las coincidencias. Por algún motivo y pese a que no le veía, intuí que en el rostro del ex-cazarrecompensas se había dibujado una sonrisa de medio lado.
—No creo en las coincidencias.
—Pero admitirás que no es muy normal que nos hayamos encontrado contigo tantas veces- intervino Nami a lo que la castaña se encogió de hombros.
—¡Oh, dulce mellorine!¿Te encuentras mejor?
Naira entendió que se refería a la herida de su abdomen, pues no tenía ninguna otra que fuera de tan considerable gravedad: —Sí— respondió escueta, ¿para qué necesitarían saber más?
—Deberías subir al barco, se acerca una tormenta y en tu estado, y teniendo en cuenta el "barco" que llevas, no es muy conveniente que te enfrentes a ella— de nuevo, la mugiwara de naranja cabello habló. La joven de ojos púrpuras miró al cielo, ahora se percataba de que se había levantado una fuerte brisa y, si miraba al frente, podía ver como oscuros nubarrones se acercaban.
Por mucho que le costara aceptarlo ella tenía razón, el bote no aguantaría una tormenta y no quería repetir la experiencia de la última vez. Contiendo un gruñido y un quejido se incorporó para subir al barco de Sombrero de Paja, esperaba que le lanzaran unas escaleras para subir; mas no fue así. Luffy estiró su brazo rodeándola, aunque parecía un chico despistado tuvo el suficiente cuidado de no tocar la herida para subirla a bordo, posteriormente hizo lo mismo con el escaso equipaje que llevaba y ató su bote al barco.
—Es un placer tenerte de nuevo con nosotros, mellorine— Sanji se acercó a ella haciendo una referencia mientras le tendía una rosa, algo que la castaña ignoró.
No quería ni debía entablar relación alguna con ellos, suficiente era ya que les debía la vida; sin embargo había una pequeña parte de ella, muy débil todavía, que intentaba rebelarse contra eso. Ahora que sabía que la Marina volvía a quererla entre ellos debía ser más cuidadosa, no tanto para que no la encontraran como para que ellos acabaran encarcelados y no entendía como aquello le preocupaba tanto. No los conocía, apenas sabía de sus vidas y, aún así, no le agradaba la idea de que por ser piratas fueran a la cárcel y sabía como las gastaba Dokoj, el capitán que se encontró en la taberna, si les veía con ella. Sería la oportunidad perfecta para que se deshiciera de la oji-púrpura como siempre había querido y eso era algo que la chica no podía permitir.
La tormenta llegó tal y como predijo Nami, el barco -cuyo nombre supo que era Going Merry- soportó bastante bien la tormenta, cosa que no se podría decir de su bote.
—Debería comprar botes más resistentes— se lamentó tras ver los vestigios que quedaban, apenas un par de tablas y el mástil que estaba atado.
No le quedó más remedio que pasar con ellos varias noches hasta que llegaron a la isla siguiente. Un pequeño islote con un pueblo que vivía de la completamente redondo, la vegetación era escasa pero se podía apreciar como una montaña se levaba en el centro. Las casas era blancas con una fachada simple, en el centro estaba la plaza que era presidida por una casa con varios pisos, le recordó a la de Kaya pero esta era más pequeña.
Desembarcaron en el puerto, los lugareños al ver la bandera pirata ,que ondeaba en los más alto, se acobardaron huyendo de allí y refugiándose en sus casas. Por donde quiera que pasaban oír puertas y ventanas cerrarse, algo que les llamó la atención ya que en las anteriores islas no tenían ese miedo por los piratas. Caminaron por las desiertas calles, hasta llegar el centro del pueblo donde observaron la casa que se alzaba antes ellos.
—¿Quién vivirá ahí?— preguntó Usopp.
—Ni idea— respondió Naira, ciertamente era así. Conocía la isa, Peñontun se llamaba; sin embargo no sabía de la existencia de aquella casa, lo que le hizo pensar que debió ser construida poco tiempo atrás.
Las puertas se abrieron alentándoles, de su interior salió una muchacha joven de rostro serio, tapado parcialmente con una máscara y mirada penetrante. Tenía un cabello añil y dos rubíes por ojos, que parecía atravesar a todo aquel que osara mirarle a los ojos.
—¿Sois los piratas que han estado atemorizando a mi pueblo?— su voz era fría y calmada, algo que hacía estremecerse al narizotas y la navegante.
—Mellorine— el cocinero se acercó a ella para soltar alguno de sus elogios; no obstante, antes de que pudiera hacerlo, un golpe le detuvo en seco, inesperado y tan fuerte que le hizo tambalearse.
—Sanji— gritó el tirador ganándose una dura mirada por parte de la desconocida.
—¿Por qué has hecho eso?— inquirió la oji-castaña.
—Ese es el trato que merecen los piratas, no sabéis más que destruir y robar, arrebatando las vidas de los demás— habló con furia. Paseo su mirada entre ellos hasta clavarse que la joven de corta y castaña melena. Mirándose de hito en hito ambas, les pareció que ya se conocían de antes pero era tan borroso y lejano que ninguna estaba segura de que así fuera.
Luffy forzó su rostro en una mueca de enfado, no soportaba que hicieran daño a su tripulación, el morocho de cabello rizado se mantenía tras Zorro, que al igual que su anónima compañera, mantenía un rostro impasible. El joven de la ceja rizada volvió con sus nakamas, situándose a la diestra de la Gata Ladrona que mostraba en su cara una mezcla de miedo y enfado. Pensaba igual que la chica que se hallaba delante de ellos con respecto a los piratas, lo que le hizo preguntarse si sus historias serían parecidas.
—¿Qué habéis venido a hacer aquí?
—Solo queríamos abastecernos para continuar nuestro viaje, no hemos hecho nada a nadie.
—Podéis volver por donde habéis venido, no se os dará nada de este pueblo.
—¿Y si no queremos?— retó el espadachín ganándose una soberbia sonrisa por parte de la misteriosa joven. Se llevó la mano al bolsillo poniendo en guardia a todos; mas lo único que sacó fue una simple bola, confusos por no saber que era aquello y creyéndolo inofensivo bajaron la guarida. Solo la fotógrafa, que al igual que un rayo que ilumina las noches de tormenta un recuerdo le hizo saber que era aquello,supo ver el peligro.
—Cuidado— avisó, ya tarde cuando, le lanzaron aquella esfera, siendo la única que consiguió esquivar la pequeña nube de humo que se formó a su alrededor dejando a todos inconscientes tras disiparse. Solo conocía una persona que supiera hacer aquello, alguien que se defendía con venenos y potentes somníferos—Ashia—murmuró.
—Sabía que eras tú...Naira— la sonrisa que antes adornaba su rostro se borró— No me puedo creer que pertenezcas a una sucia banda de piratas, después de todo el mal que causaron, del daño que me hicieron a mí y... a Ryo. ¡Me has traicionado!— gritó furiosa— Nunca te culpé por abandonarme, por dejarme sola porque sabía que siempre quisiste marcharte y pensaba que era para hacerte más fuerte no para acabar siendo un pirata.
—Te equivocas, no sabes lo que dices...—intentó explicarse— Me dijeron que habías muerto en aquella explosión y que tu cuerpo quedó hecho cenizas, por eso me marché nunca te hubiera abandonado.
—¡Cállate!— vociferó— Si eso es cierto,¿qué has estado haciendo estos años?¿Por qué estas con ellos?
—Si sabes porque quería marcharme sabrás que he estado haciendo estos años y el hecho de que esté con ellos es pura coincidencia.
—Tú nunca creíste en las coincidencias.
—Lo sé.
—Entonces es que mientes.
—No, déjame explicártelo— antes de de que pudiera añadir algo más la muchacha de ojos escarlatas se abalanzó sobre ella atacando constantemente, recibió una fuerte patada en el abdomen que le hizo caer de rodillas a causa del dolor.
Ashia aprovechó ese momento para lanzar otra de sus esferas sumiéndola en un profundo sueño.
Despertó en un lugar oscuro, frío y húmedo que no tardó en reconocer como una celda. No había ventanas, por lo que la luz era inexistente, tardó un poco en poder ver. Se sentía mareada y débil, sin obviar el hecho de que ahora le dolía mucho más su herida debido al golpe sufrido. Manteniéndose apoyada en la pared se levantó y miró a su alrededor reconociendo a la banda de Sombrero de Paja, eran los únicos que habían, todos estaban despiertos y, pudo notar, algo mareados.
—¿Qué es lo que ha pasado?— preguntó un temeroso Usopp
—Aquellas esferas contenía un somnífero, nos han dormido a todos. Como comprobáis estamos encerrados pero no sé donde.
—¿Quién era ella?— el marino-así llamado por el cocinero- se mantenía sentado en el suelo, con ambas manos tras la nuca.
—Ashia— todas las miradas, o así lo creyó, se clavaron en ellas— Sí, la conozco— contestó a la pregunta que interiormente se hacían— Y mucho me temo que o salimos de aquí rápido o lo harán nuestros cuerpos sin vida.
Continuará...
