Los personajes de esta historia pertenece a la gran Naoko® y está basada en la novela pasión de una noche de alex ryder.

Penúltimo Capítulo

La habitación estaba a oscuras. Durante más de quince minutos Serena estuvo inmóvil, mirando por la ventana, observando con tristeza cómo el cielo se oscurecía y teñía de púrpura mientras iban apareciendo las estrellas una a una. Hizo caso omiso del ruido de la puerta al abrirse y de la suave luz que penetró por ella desde el pasillo. Luego, volvió a cerrarse y oyó el ruido de una bandeja al dejarla sobre una mesa. Por fin Darién encendió la luz.

He traído vino y sándwiches de pollo frío por si te apetece tomar algo esta noche.
Serena siguió mirando por la ventana. No deseaba volver a enfrentarse a él ni tener otra discusión, aunque sabía que, más pronto o más tarde, sería inevitable.
No tenías que haberte molestado contestó cansada, no tengo hambre.
Ni tampoco parece que estés muy contenta. No importa. Un par de vasos de vino lo arreglarán.

Otra vez volvía a la carga, pensó amargamente Serena. Suponía, con toda su arrogancia, que sólo necesitaba chasquear los dedos para que ella se rindiera a sus pies. Bueno, pues eso se había acabado, se dijo. Nunca debería haber dejado que las cosas llegaran hasta esos extremos. Pero aún no era demasiado tarde. Estaba cansada de bailar al son que él tocaba. Se volvió lentamente, con expresión resignada pero resuelta, y dijo:
Puedes quedarte con la cama si lo deseas. Yo dormiré en el sofá. Preferiría cambiarme de habitación, pero no quiero causar problemas al personal del hotel a estas horas.

Darién la escrutó impasible y luego se encogió de hombros.
Olvídate del personal del hotel, es su trabajo. Ese problema puede arreglarse. Llamaré inmediatamente a recepción si eso es lo que quieres. Estarán encantados de ocupar otra habitación dijo sirviendo dos copas de vino y ofreciéndole una. Así que piensas que todas mis amenazas no son más que fanfarronadas, ¿no es eso?
Serena tomó el vaso que él le ofrecía y lo miró desafiante.

Puede que sí o puede que no, ya no me importa. En cuanto vuelva a Reino lunar mañana, voy a hacer lo que tenía que haber hecho cuando apareciste tú. Voy a contar la verdad. Le voy a contar a todo el mundo lo estúpida que fui metiéndome a la cama contigo en nuestra primera cita se mordió el labio. Eso les hará daño a mis padres, pero es inevitable. Después, les contaré que traté de vengarme cuando tú no volviste a llamarme y que viniste aquí a hacerme chantaje.

Es una forma de salir del apuro asintió. Quiero decir que es más probable que te crean a ti que a mí, que soy un extraño.

Serena pudo ver el destello divertido de sus ojos, como si estuviera burlándose de ella en silencio.

Lo que quieres decir es que lo más probable es que crean la verdad.
Te sorprendería comprobar lo ciegas que están algunas personas ante la verdad, Serena continuó él irónico. Incluso tú misma. Es más fácil juzgar a una persona por su reputación que por sus actos.
Bueno, yo te he conocido personalmente, y desde luego tus actos hacen gala de tu reputación. Mi desdicha ha sido conocerte antes de saber quién eras dijo pasando por delante de él y dejando la copa sobre una mesa. Será mejor que llames al servicio de habitaciones y que pidas un par de sábanas limpias.

No será necesario sonrió. Te olvidas de que soy un caballero. Si lo dices en serio, puedes quedarte con la cama. Yo dormiré en el sofá añadió dando un paso hacia ella y poniendo las manos cuidadosamente sobre sus hombros. Aunque la verdad es que espero que no lleguemos a eso. Estoy seguro de que podemos zanjar nuestras diferencias.

Serena sintió que se le hacía un nudo en el estómago y que su cuerpo temblaba ante aquel leve contacto.
No... no vas a hacerme cambiar de opinión, Darién.

Sus labios se inclinaron delicadamente sobre los de ella y por un momento Serena sintió que la cabeza le daba vueltas. Luego encontró la fuerza para resistirse y apartarse a un lado.

No gimió. Déjame, maldito seas.

Pero Darién no la soltó. Apretó su abrazo y de nuevo su boca volvió a buscar la de ella. Aquella vez el beso fue más fuerte... más exigente... Serena luchó contra la tentación de rendirse allí mismo, en ese instante. Trató de poner la mente en blanco y de no responder con su cuerpo al contacto, pero era como tratar de ignorar el calor ardiente del sol en verano. Podía sentir la fuerza imperiosa de su deseo mientras la apretaba contra su cuerpo musculoso. Con un último esfuerzo consiguió soltarse. Acalorada y sin aliento, se alejó de él.

No... no está bien, Darién. No voy a rendirme. Esta vez no. Por una vez en mi vida voy a hacer algo bien.

A la escasa luz de la lámpara de la mesilla era difícil saber qué estaba pensando él por su expresión, pero no parecía haber ni rastro de enojo ni de derrota en su voz cuando contestó en voz baja:

No puedes ganar contra la fuerza impetuosa de tu propia sexualidad, Serena. ¿Quieres besarme otra vez y comprobarlo?

Su corazón latía aceleradamente. Un beso más y él habría ganado. Ambos lo sabían.
No... por... por favor apártate de mí.

Hubo un silencio tenso, y luego ella lo observó mientras se quitaba la chaqueta y se aflojaba el nudo de la corbata. No se atrevería, pensó indignada. ¿O sí? Darién tomó el vaso de la mesa y se lo ofreció.

Tómate esto -ordenó en voz baja. Tú y yo vamos a tener una larga charla.
El vino no va a ayudarte contestó ella aceptando el vaso con renuencia. Ni hablar tampoco. Ya te he dicho que estoy decidida.
A pesar de todo quizá pueda hacerte cambiar de idea, Serena dijo con una expresión en su mirada que ella nunca había visto.

¿Sería sinceridad?, se preguntó. Quizá fuera sólo un engaño de los sentidos a causa de la escasa luz.
Bueno, inténtalo, pero vas a malgastar el tiempo. De todos modos, se está haciendo tarde y estoy cansada, así que di lo que tengas que decir y acabemos de una vez.
Supón que te digo que estoy enamorado de ti sugirió en voz baja y ronca.
No seas ridículo contestó ella irónica. No sabes cuándo rendirte, ¿verdad?
¿Y qué dirías si te dijera que quiero dedicar mi vida entera a ti y sólo a ti, Serena? volvió a preguntar alargando una mano para acariciar su pelo. Quiero que tengamos hijos para verlos crecer juntos. Y quiero que envejezcamos juntos.

Serena sintió que sus dedos temblaban haciendo vibrar al vaso, pero su voz sonó firme.
No te creería contestó pensando que él era capaz de cualquier cosa con tal de llevársela a la cama. No pensarías que iba a creer ni una sola palabra de lo que me dijeras, ¿no?
Esta vez es diferente dijo en voz baja pero resuelta. Nunca en mi vida había hablado tan en serio. En cuanto volvamos a Reino lunar le voy a pedir a tu padre que me conceda tu mano. Así es como funcionan las cosas aquí, ¿no es cierto? Y luego iremos a ver al reverendo Hino para arreglarlo todo y celebrar la mayor boda que se haya visto nunca.

Serena sintió un nudo en la garganta. Sus ojos se humedecieron. ¿Por qué le hacía eso?, se preguntó desesperada. ¿Es que no se daba cuenta de todo el daño que le había causado? ¿Qué clase de satisfacción sacaba él del hecho de verla en ese trance emocional?

Lo siento, Darién. Aunque te creyera, tú serías él último hombre sobre la faz de la tierra con el que desearía casarme. Soy una de esas chicas chapadas a la antigua que piensan que un marido y una mujer se deben lealtad mutuamente. Ni aún con tu mejor voluntad serías capaz de mantener tus promesas se encogió de hombros como lamentándose. No te estoy condenando, dejaré que tu conciencia se encargue de eso. Si esa es la forma en que quieres vivir tu vida, adelante, pero tendrás que vivir sin mí.

Otra vez suspiró. Me estás juzgando por mi reputación.
No enteramente le recordó. He tenido experiencia de primera mano de los métodos que utilizas con las mujeres. Fui una de tus víctimas, ¿recuerdas?
Y desde luego la más bella sonrió.
¡Basta! ¡Cállate ya! exclamó furiosa. Hace tiempo que tus falsos halagos no me afectan.
Sí... añadió él mirándola pensativo. A cualquiera le costaría creer en mi tan cacareada reputación, pero tú estás por completo convencida. Bueno, la culpa es mía dijo sonriendo y estirando los brazos. Lo único que puedo hacer es arrojarme a tu merced.

¿Te refieres a la misma merced que demostraste conmigo y con las otras mujeres? ¿A aquellas que obtuvieron precisamente lo que se merecían, según tus propias palabras?
No estoy intentando disculparme por lo que hice... excepto por lo que te hice a ti.

La respuesta que Serena iba darle se silenció al oír aquello. Lo miró dubitativa.
Espero que no estés tratando de insultar ahora mi inteligencia contándome una excusa para tu comportamiento. ¿O es que vas a jurarme con la mano en el pecho que de pronto has comprendido tu error y que lo lamentas?

No te contaré excusas, te contaré mis razones contestó él con gravedad. Sólo te pido que me escuches y que me des la oportunidad de explicarme.

Serena dio un trago de vino. Lo miraba con escepticismo por encima del borde del vaso. Aquella iba a ser una buena historia, se dijo. Iba a explicarle por qué había seducido y luego abandonado a todas esas mujeres. Probablemente estaría acostumbrado a interpretar esa escena. Y probablemente también llevara en el bolsillo la «Guía para seducir e inventar excusas plausibles». Sin embargo, se dijo, ¡qué diablos!, al menos se reiría un rato.

Adelante, te escucho.

Pov Serena:

Los ojos de Darién parecieron brillar de sorpresa. Luego adoptó una mirada sombría y se volvió para mirar por la ventana el cielo nocturno. Serena lo observó con un cinismo justificado. Era mucho más fácil mentir dando la espalda y escondiendo la cara. No sabía por qué había accedido a perder el tiempo de ese modo.

Darién permaneció en silencio unos instantes interminables, mirando a las estrellas. Buscaba inspiración, de eso no cabía duda. Tenía que inventarse alguna historia que ablandase su corazón y derribase sus defensas. Bueno, se dijo, si pretendía conseguirlo, tendría que ser una verdadera obra de arte.

Cuando por fin habló, lo hizo en una voz tan baja que Serena tuvo que esforzarse por escucharlo.

Fue en una noche despejada y llena de estrellas, igual que ésta, cuando recibí una llamada telefónica de la policía... de nuevo volvió a caer en el silencio, pero por fin se dio la vuelta y continuó. Será mejor que empiece por el principio añadió a modo de disculpa.
Podía empezar por donde quisiera, pensó Serena. De cualquier modo, el resultado sería el mismo.
Cuando tenía veinte años, mi madre, viuda, volvió a casarse y yo tuve un hermanastro Helios sólo tenía diez. Era un gran chico. Siempre estaba riéndose y jugando con todo. Nos hicimos inseparables.

Gemí para sí misma. Recordaba que Luna le había contado que su hermanastro había muerto y que a Darién le había costado tiempo superarlo. Así que se trataba de inspirar en ella lástima. ¿Por qué si no iba a contarle esa historia? ¿Qué tenía que ver con la situación en la que se encontraban?, se preguntó.

Hubo un accidente continuó Darién. Helios se chocó contra el pilar de un puente cuando iba conduciendo a gran velocidad. Gracias a Dios nadie más se vio envuelto en aquello, pero yo nunca comprendí cómo podía haber ocurrido. Para empezar, Helios era una de las grandes promesas de este país como piloto de carreras, y no iba borracho. Además, según la policía, no había nada en el coche que pudiera haber fallado.
Darién se pasó una mano cansada por la frente como si estuviera reviviendo aquel momento de pesar.

Escucha... yo... siento lo de tu hermano, de verdad que... Pero...
Déjame terminar, ¿quieres?

Di marcha atrás ante la respuesta ligeramente molesta de Darién y me mordí el labio. Las cosas no iban exactamente como la había esperado. Su voz sonó firme desde ese momento, como al borde del enfado.

Se suponía que el funeral iba a ser un acto familiar, pero una chica se coló y se sentó al final de la iglesia. Había estado llorando. Se acercó a mí después del servicio y me dijo que sabía toda la verdad sobre el accidente. Yo la llevé a tomar café y escuché una de las historias más horribles que jamás haya tenido que oír.
Darién volvió a hacer una pausa, y me se asustó al ver la expresión de su semblante. Era fría, de ira.

Según parece en la noche del accidente Helios había ido a una fiesta en Chelsea continuó amargamente... Estaba harto de las típicas mujeres que van siempre a esas fiestas, ya sabes, de ésas que están por el día en los cafés y en los bares. Se sientan a copuchentear. Su única meta en la vida es cazar a un marido rico para poder seguir manteniendo el estilo de vida al que están acostumbradas.

Lo seguía mirándolo. Era toda oídos. Era extraño, pensé. Sabía exactamente a qué tipo de mujeres se estaba refiriendo. Eran como aquellas dos que estaban sentadas en el café en la mesa de al lado el día en que Luna me invitó a comer

.
Según esa chica, Helios había rechazado a un par de amigas cuando la situación se le hizo violenta, así que ellas decidieron darle una lección. Mientras estaba bailando le pusieron una droga en la bebida. Pensaron que sería divertido que el guapo y ambicioso corredor de carreras se chocara contra algo y le quitaran el permiso de conducir.

Pero eso es... eso es... terrible exclame horrorizada.
Sí... asintió Darién amargamente, eso es exactamente lo que pensé. Supongo que ni siquiera se plantearon que estaban jugando con su vida.
Y la chica que te lo contó, ¿era una de ellas?
Me juró que no lo era. Y yo la creí. Sin embargo lo había visto todo desde el principio, le remordía la conciencia. Nunca he llegado a averiguar realmente quién le puso la droga, pero desde mi punto de vista todas esas mujeres eran responsables. Lo que sí me dio aquella chica fue una lista con los nombres de las mujeres que solían entrar en ese tipo de juegos y que estuvieron en esa fiesta.

Los Winston no son los únicos capaces de vengarse, Serena. A eso era a lo que me refería cuando te dije que tú y yo nos parecíamos. Aquellas mujeres habían utilizado a mi hermano para divertirse, así que yo decidí utilizarlas a ellas.

¿Te refieres a... seguía sin comprender... a acostarte con ellas?
¿Qué otra cosa si no? se encogió de hombros. Ellas no tenían ni idea de que Helios era mi hermanastro. Yo era... para decirlo con las mismas palabras que utilizaron los periódicos, «el soltero más codiciado de Londres». Y Dios sabe que, si alguna conseguía que yo le pusiera un anillo en el dedo, iba a ser rica para el resto de su vida. Así que las engatusaba... tomaba de ellas lo que quería, y luego buscaba a otra volvió a encogerse de hombros. Era mi forma de humillarlas. Teniendo en cuenta lo que le habían hecho a Helios, aún salían bien paradas hizo una pausa y la miró con ojos interrogativos. Supongo que no apruebas mi conducta.

Trate de pensar en una respuesta que darle, pero de pronto la horrible verdad de todo lo ocurrido apareció ante ella de golpe. Trague fuerte y abrí mucho los ojos.

¿Y esa fue la razón por la que me escogiste a mí? ¡Pensaste que yo era... una de ellas!
Tú no estabas en la lista comentó haciendo un gesto como de contrición, pero interpretaste tu papel muy convincentemente. Hasta me hiciste creer que frecuentabas las fiestas de Chelsea. Luego me confesaste que las habías imitado. Pensaste, en tu inocencia, que a mí me atraían ese tipo de chicas.

Me senté al borde de la cama y sentí que la cabeza me daba vueltas. Nadie podía inventarse una historia como ésa en un momento de apuro. Y desde luego sonaba a verdadera. Él tenía razón. Yo había caído en su propia trampa.

Está bien... conteste por fin mirando para arriba suspicaz. Te creo. ¿Pero qué me dices de todo lo demás? En aquel momento tú no me amabas, y tampoco me amabas cuando viniste a Reino lunar a chantajearme. ¿Y qué me dices de los recortes de periódico que te has traído, de los que están en tu maleta? Dijiste que se los ibas a enseñar a todo el mundo.

Fue una fanfarronada admitió. Una amenaza falsa. Sólo tenía uno, y tú lo tiraste en el puerto, ¿recuerdas? Si quieres, puedes rebuscar en mi equipaje en cuanto volvamos.

Lo haré, puedes apostar tu vida a que lo haré. Mi corazón deseaba desesperadamente creerlo, pero mi mente seguía confusa. Así que en eso me mentiste. ¿Cómo puedo saber que no me estás mintiendo ahora, cuando me dices que estás enamorado de mí?

Tendrás que creer en mi palabra, Serena contestó Darién con voz suplicante. La decisión es tuya.

¡Vaya! sacudí la cabeza llena de frustración. Tienes una forma muy extraña de tratar a las personas que dices que amas. ¿Tienes idea de la angustia que he pasado? Nadie hace una cosa así a alguien a quien ama.
Fin Pov

Darién se acercó y tiró de ella suavemente para que se levantara. Después de besarla con ternura en la frente, miró en sus ojos llenos de preocupación y se explicó:

Cuando llegué aquí por primera vez esperaba encontrarme con la chica rica y estúpida que había salido conmigo en Londres. Pensaba vengarme de ella por lo de Trixie Trotter dijo tomando su rostro entre las manos y besándola levemente en la boca antes de continuar: Pero te encontré a ti. Y fuiste como el aire dulce y fresco de la mañana después de la hipocresía de las mujeres con las que me había visto envuelto. No pude hacer otra cosa más que enamorarme locamente de ti.

Los ojos de Serena escrutaron desesperados su rostro. Tenía el corazón en un puño.
Si... si eso es verdad... ¿por qué no me lo dijiste en ese momento en lugar de... de atormentarme como lo hiciste?

Darién suspiró con disgusto y luego asintió.

Sí... eso lo hice mal. Pero tú estabas tan en contra de mí desde el principio, en casa de tus padres, que decidí jugar a ser el villano que creías que era. Pensé que al final te darías cuenta de la verdad y que los dos nos reiríamos. No supe ver la intensidad de tu ira hacia mí. Luego las cosas comenzaron a complicarse, se me fueron de las manos. Y cada vez que intentaba arreglarlas y contarte la verdad, tú te revolvías contra mí con esa lengua viperina. Debería haberte tapado esa linda boquita y haberte gritado la verdad al oído.
Darién... dijo Serena sintiendo que sus piernas comenzaban a temblar. ¿De verdad quieres casarte conmigo?

Una vez más, él la besó en la boca, luego mordisqueó su oreja y susurró:

Más que cualquier otra cosa en este mundo o en el otro, cariño. No me había dado cuenta de lo vacía que estaba mi vida hasta este momento. Te lo he dicho, cariño. Comenzaremos los preparativos para la boda en cuanto volvamos.

Serena se puso tensa al notar que Darién deslizaba las manos por dentro de su blusa. Quería creerlo, pero no sabía si atreverse. ¿En cuántos oídos más habría él susurrado esas mismas palabras?, se preguntó. Sus manos se deslizaron hasta envolver y acariciar sus pechos. Tenía que tomar una decisión antes de qué fuera demasiado tarde. Él estaba comenzando a derribar sus defensas.

Hizo un esfuerzo por protestar, pero los labios de Darién se inclinaron sobre los de ella una vez más y Serena abrió la boca para recibirlos. La sangre se agolpaba caliente en sus oídos. Darién le desabrochó el sujetador y ella tembló de placer mientras sus manos se curvaban siguiendo el contorno de la silueta. Podía sentir los fuertes latidos de su corazón contra ella, su fragancia limpia y masculina le embotaba los sentidos. Desabrochó la blusa a toda prisa y la abrió inclinándose sobre sus pechos para besar uno de los pezones.

Serena se arqueó, dejando que un gemido escapara de su garganta ante el placer insoportable de sentir aquellos dientes mordisqueándola con suavidad. Elevó los brazos para tocar su cabeza, enredando los dedos en el cabello oscuro y masculino. Apenas se dio cuenta de que él desabrochaba la cremallera de su pantalón y lo deslizaba por las caderas. Luego, su mano le quemó la piel mientras le acariciaba el vientre y se introducía por dentro de sus bragas.

¡Dios! Eres preciosa, cariño susurró en su oído. Ninguna mujer me había hecho sentirme así.

Aquellas palabras interrumpieron el hechizo y la hicieron recordar. Sin embargo trató de olvidarlas. Nada iba a echar a perder aquel momento, se dijo. Pero la memoria era tenaz, y de pronto no pudo pensar en otra cosa. Aquellas habían sido exactamente las mismas palabras que le había dicho en Londres.

De repente las dudas sobre él volvieron a su mente haciéndola enfermar. En Londres esas palabras habían estado vacías. ,¿Cómo podía saber que no lo estaban también en ese momento?, se .preguntó. ¿Es que se estaba mostrando excesivamente cauta, o estaba a punto de cometer por segunda vez el mayor error de su vida? Su mente enfebrecida daba vueltas mientras él seguía explorándola. Serena se mordió el labio con fuerza. Había una forma de averiguar la verdad. Le iba a costar un enorme esfuerzo de voluntad, pero tenía que saber la verdad. Si él volvía a engañarla, nunca conseguiría sobreponerse.

Suavemente se soltó y dio un paso atrás. Consciente y cohibida ante su estado de semidesnudez, volvió a ponerse las bragas y se sentó al borde de la cama.
Lo... lo siento, Darién. No quiero ir más allá. Esta noche no.

Su voz había sonado lastimera. Los ojos de Darién brillaban de deseo. Frunció el ceño y preguntó con voz espesa:
¿Qué ocurre? Sé que tú me deseas tanto como yo.
No ocurre nada tragó. Es sólo que... que le falló la voz. Tienes razón. Lo deseo. Créeme, cariño, es cierto que te deseo. Pero no puedo ...no puedo. Aún no.

Darién se arrodilló a su lado, tomó su mano y escrutó su rostro con verdadera preocupación.

No te sentirás mal, ¿verdad?
No sacudió la cabeza, no es nada de eso.
Entonces cuéntame dijo Darién apretando su mano.
No... no lo entenderías. Sólo pensarías que soy una infantil.
¿Y por qué no dejas que sea yo quien lo decida? frunció el ceño.

Serena volvió a morderse el labio y luego respiró hondo.

Cuando hicimos el amor en Londres... fue la primera vez para mí. Yo... yo siempre me he sentido culpable por ello.

Darién interrumpió le declaración de Serena -¿Eras virgen? Pero en el momento de entrar no sentí ninguna barrera y tampoco sangraste. ¿Qué acaso andas mucho a caballo?, pregunto Darién con cinismo. -movió la cabeza y solo atinaba a pensar porque me quiere engañar de esa manera-, Serena, no me importa si hubo otros antes, no soy quien para reclamar, lo que importa es que yo quiero ser el último.

Serena trago saliva, se mordió el labio y siguió con su explicación.

Darién, te puede ser difícil creer, pero cuando tenía 14 años tuve un accidente automovilístico el cual me dejo varios días hospitalizada, cuando me hicieron limpieza vaginal, la enfermera me comento que tenia himen complaciente, menudo regalo que me dio la naturaleza ¿No?.

¿Himen Complaciente?

Si quiere decir que es muy elástico que no se rompe con la penetración, incluso hay mujeres que se le llega a romper una vez que han tenido a su primer hijo.

- Serena, yo no me di cuenta de verdad amor perdóname, Darién apretó su puño con fuerza y se notaba su frustración.

No, no te disculpes, cariño

Serena bajó la vista con solemnidad y continuo su confesión, Me había prometido a mí misma que.... Siempre me juré a mí misma que me conservaría virgen para mi marido, hasta la noche de bodas lo miró con ojos implorantes. Sé que es una locura pero creo que... que me sentiría mejor si al menos esta vez pudiera esperar hasta... hasta nuestra noche de bodas.

Por un momento, Darién se quedó en silencio, luego se levantó y ella lo miró despacio para ver su reacción. La frustración se reflejaba en las líneas tensas de su rostro, pero eso era de esperar, se dijo. No era el único que se sentía así, aunque en su caso era ella misma quien se infligía aquel castigo. Sin embargo no estaba enfadado, no había en él el menor atisbo de que fuera a atacarla para derribar sus defensas.

Lo... lo siento, cariño murmuró.

-¿Crees que soy una estúpida?

Darién parecía una torre delante de ella, y por un momento la expresión de sus ojos fue de verdadera decepción. Luego, increíblemente, sonrió.

Creo que eres tú misma, Serena. La chica más maravillosa que nunca haya creado Dios contestó ofreciéndole la mano para que se pusiera en pie. Y ahora ve a lavarte los dientes mientras yo te robo una manta de la cama.

La habitación brillaba a la luz de la luna. Serena llevaba sin dormir un par de horas y, a juzgar por los ruidos que provenían del sofá, a Darién le ocurría lo mismo. Había estado pensando una y otra vez en la historia que le había contado, buscando algo incoherente... cualquier pista que pudiera hacerle sospechar que todo aquello no era más que un engaño... Pero todo parecía encajar.

Yació tumbada durante otra media hora más. Al día siguiente, se dijo, conocería con seguridad la verdad. Cerró los ojos. Era inútil. No, se dijo. Sabía la verdad, estaba segura. Se levantó apoyándose en un codo y lo llamó en voz baja.
Darién... ¿estás despierto?
Tras un breve silencio, él contestó.
Sí.
Serena se mordió el labio, luego volvió a recostarse y se quedó mirando al techo. .
Siento mucho lo de... lo de aquella noche en Cardini.
Por un momento no hubo respuesta. Luego lo oyó reír suavemente y por fin contestó:
Olvídalo.
No... no puedo. Tu reputación, los negocios... no tenía derecho a... a arruinarla de la forma en que lo hice.
No lo hiciste. Llamé al periódico al día siguiente. Les expliqué que Trixie Trotter era una empleada a la que tuve que echar por deshonesta y que evidentemente quería arreglar cuentas conmigo. Por supuesto les dije que era un caballero y que no quería desvelar nombres. El editor fue tan amable que se comprometió a publicarlo al día siguiente.

La primera reacción de Serena ante aquella confesión fue la de enfadarse. Había mentido para justificarse. Luego se quedó pensando en ello y decidió no decir nada. Después de todo, se dijo, si el periódico no publicaba aquella excusa, podría haberle causado graves contratiempos.
Entonces se le ocurrió otra idea.
Pero entonces, si tu reputación está intacta, no hay impedimento alguno para que vuelvas a Londres y continúes con tu vida de antes, ¿no?
Ninguno, Serena. Excepto que preferiría pasar el resto de mi vida contigo.

Serena permaneció tendida en la oscuridad durante unos cuantos minutos más. Luego volvió a murmurar:
Darién...
Todavía estoy despierto.
Tengo frío, cariño, y tú también debes tenerlo. Creo que sería mejor que te trajeras tu manta aquí, así podríamos darnos calor el uno al otro.

Al principio creyó que Darién no iba a responder y contuvo el aliento. Si la rechazaba, no se sentiría capaz de mirarlo a los ojos a la mañana siguiente. ¿Acaso había cometido otro de sus tremendos errores?, se preguntó.

Al fin oyó el crujido del sofá y lo vio levantarse y caminar hacia ella. Desnudo, a la luz de la luna, su figura era esplendorosa. Serena apartó la sábana a un lado y abrió los brazos para recibirlo.

Darién se tumbó a su lado y sus cuerpos se enlazaron mientras él le susurraba en el oído:
Nunca más volverás a sentir frío, cariño. Es una promesa.

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¿Qué les pareció el chap? ¿Se aclararon sus interrogantes? , más de laguna estar molesta por lo rápido q serena perdono a Darién, se que lo querían hacer sufrir un poco más, pero encuentro que el motivo de Darién era válido, entre nos no se como Sere aguanto tanto, si tuviera a Darién al frente uff.

Niñas el ultimo chap se demorara un poco, la razón, la gran bruja gamberrie yumi kamagatha me está ayudando con el final, ya se imaginaran ….

Cariños a todas las niñas, muchas gracias por los rws y lindo mensajes.

Capítulo dedicado a :

Cherrie SA, PrIncEsS MoOn-LigHt, xsiempredarien, memoriesofkagome, emeraude serenity y sailor lady

Queda poco muy poquito

xoxo