¡Hola a todos!
¡Estoy de vuelta!
Sé que he roto la costumbre de una actualización semanal y lo siento. Pero tengo una buena excusa para eso. Este capítulo requirió ciertas adaptaciones y preferí buscar un beta que revisara mi trabajo.
¡Mil gracias, Odisea! La agarré en medio de un viaje, y aun así se ocupó de corregirlo.
La buena noticia, sin embargo, es que tengo varios capítulos bastante avanzados, así que las próximas actualizaciones no deberían tomar demasiado tiempo.
Si les interesa, al pie de mi perfil iré haciendo aclaraciones sobre las siguientes actualizaciones.
Muchas gracias por comentar el capítulo anterior: Paladium, J. S. Armstrong y Leixandra Aymar.
Y bien, eso es todo. ¡Disfruten la lectura!
Capítulo 10: El primer paso.
A la mañana siguiente, cuando despertó, Lily descubrió que estaba sola en la casa. Llamó varias veces a Severus y recorrió las distintas habitaciones, pero no había ni rastro de él. Finalmente, encontró una nota en la mesa de la cocina, escrita con su prolija caligrafía.
"Lily", decía. "He ido al Ministerio de la Magia como te prometí. Siéntete como en tu casa. Hay comida en la cocina, toallas y sábanas limpias en el armario del baño, y también ropa limpia en el que está bajo las escaleras. Todo lo que esté bajo este techo, es tuyo. Volveré antes del anochecer. No salgas; podría ser peligroso. Severus."
Lily dobló la nota por la mitad y volvió a depositarla en la mesa distraídamente. Ropa limpia, pensó. ¿Él también habría notado el mal olor? Usaba la misma ropa desde que había llegado allí y su vestido había comenzado a desprender un olor no demasiado agradable… ni qué decir de su ropa interior. Ahora que el pánico inicial estaba comenzando a desaparecer, empezaba a notar todas las cosas que había descuidado los últimos tres días: descanso, alimentación e higiene personal. Finalmente estaba recobrando la voluntad y la fuerza para recomponerse.
Pasó la primera hora del día dándose un baño caliente, que hizo milagros con el olor, pero que no pudo hacer nada con la dolorosa tensión de su cuello. No podía relajarse sabiendo todo lo que debería hacer antes que las cosas comenzaran a marchar bien nuevamente. Se sumergió un poco más en el agua caliente, soñando que estaba sola en mar abierto, sin tierra a la vista, sintiendo que se hundía cada vez más en las olas.
A continuación, Lily asaltó el armario que Severus había mencionado en la nota, buscando la ropa limpia. Descubrió una adorable colección de vestidos negros y más vestidos negros, que evidentemente habían pertenecido a la madre de Severus, Eileen. Lily no conseguía nada que le quedara realmente bien, ya que aquellos vestidos habían sido hechos para alguien mucho más alto y delgado que ella. Tras una larga y exhaustiva búsqueda, finalmente encontró un vestido ceñido que podía utilizar sin dejar de respirar. El vestido hubiera lucido decente (elegante, incluso) si hubiera sido usado por una misteriosa heroína de una historia de terror gótica, o por Lady Macbeth, o incluso por una versión femenina de Severus (imaginarse aquello la hizo reír por primera vez en días). Pero lucía terrible en Lily. El vestido era muy oscuro, muy serio, muy ajustado y muy formal para alguien como ella. Aun así, tendría que ser ese, porque la alternativa era la desnudez o la falta de respiración.
Pasaron las horas, sin señal de Severus. A pesar de los nervios y la inquietud, procuró mantenerse ocupada recorriendo la casa con el vestido de Eileen Snape como si fuera el fantasma de la señora, mientras inspeccionaba aquella casa que conocía tan bien desde el exterior, pero a la que muy pocas veces había entrado. Severus nunca había estado de acuerdo con mostrarle el lugar en el que vivía, y Lily sabía por qué: el matrimonio de sus padres estaba acabado y su casa se había convertido en un campo de batalla. Sus padres no sabían, o no les importaba, lo mucho que podía afectarle a su hijo el odio que se respiraba allí dentro. En los siguiente años, Severus había comenzando a rechazar violentamente todo aquello que le recordaba a su infeliz familia. Probablemente, aquella era la razón principal por la cual Severus siempre había querido irse de allí; alejarse de la casa, de sus padres, de sus raíces, de sí mismo. Alejarse, hacia lo más alto, lo más lejano, lo más profundo. Hacia allí era adonde su camino había conducido siempre; hacia los extremos de todo lugar. Lo que Lily no lograba entender era qué estaba haciendo en aquella vieja casa veinte años después de que jurara largarse de allí.
Sin embargo, la casa lucía bastante acogedora por dentro; ciertamente, mucho más de como solía lucir en el pasado. Severus había cambiado algunas cosas para adaptarlas a su estilo, aunque aún se veía poco amueblada y los colores eran los mismos. Aún irradiaba cierta desolación, pero también tenía algo elegante y atrayente. De alguna manera, a Lily le gustaba. Le gustaba la pintura desconchada, las rasgaduras de la alfombra y las grietas en el techo, tanto como le gustaban los libros antiguos y polvorientos en las estanterías de la sala, el anticuado botiquín de pociones de su estudio o el pequeño jardín de hierbas mágicas que había dispuesto en un costado de la cocina. Algunas personas se rodeaban de cosas hermosas, pero Severus no era uno de ellos. Él se rodeaba de aquellas cosas que le fascinaban, las cuales, al menos para Lily, tenían una belleza propia.
Alrededor de las seis (cuando Lily estaba tan inmersa estudiando los pequeños detalles de la casa que olvidó que estaba angustiada por la espera) Severus finalmente llegó. Ella escuchó que la llamaba desde la puerta, de modo que se apresuró a ir con él, encontrándolo en el descanso de la escalera. Parecía increíblemente aliviado de verla, como si hubiera pensado que ella estaría muerta o que se habría ido en su ausencia. Aun así, la sonrisa en su rostro desapareció rápidamente cuando notó lo que ella estaba usando.
–¿Y bien? –preguntó Lily impacientemente, poniendo los brazos en jarra.
–Te queda bien –replicó, sonando sincero.
Lily frunció el ceño.
–Me refiero a qué pasó en el Ministerio –aclaró.
–Como dije, el Ministerio es un caos –dijo Severus, sacudiendo la cabeza, intentando volver a la realidad–. Han capturado o matado a la mayor parte del personal original y hechizado al resto con la maldición Imperius. No necesito decir que hay menos cerebros que personas trabajando en todo el edificio. Han invertido tanto tiempo y energía en detectar y eliminar a los hijos de muggles y a aquellos que los apoyan, que han descuidado por completo la protección ante un posible ataque silencioso desde el interior. Pude ir y venir como quise y nadie pareció desconfiar ante mis preguntas sobre el Departamento de Misterios. Creyeron todas mis mentiras gracias a mi reputación y mi alto rango.
–Puedo creer eso. Los Mortífagos nunca me parecieron demasiado listos –dijo Lily. No se lo diría, pero aún le molestaba inmensamente pensar en Severus como un Mortífago de alto rango, aunque fuera uno redimido–. Dime, ¿qué averiguaste?
–Sólo esto –comenzó Severus–. Es todo lo que conseguí de los archivos del Departamento de Misterios. El arco es lo último que queda de las ruinas de un antiguo templo druida, que solía estar en el mismo lugar en el que luego fue construido el Ministerio. Se cree que el templo fue construido alrededor de dos mil años atrás, cuando el ejército romano invadió Gran Bretaña, pero fue quemado unos siglos después durante la invasión vikinga. Los druidas fueron asesinados, o bien los echaron de allí, por lo que se llevaron la mayor parte de sus secretos con ellos. El Ministerio de la Magia fue construido sobre las ruinas del antiguo templo, pero el pasadizo nunca fue destruido, porque se descubrió que el arco era mucho más de lo que parecía. Aparentemente, trae la muerte a todo aquel que lo atraviesa, y algunos afirman que pueden escucharse extraños susurros provenientes del otro lado de él. Se creía (y aún se cree) que el arco está maldito, o que es sagrado. Como sea, nadie se ha atrevido a remover un solo ladrillo. Nadie sabe realmente qué es este arco o para qué era utilizado por los druidas.
–Pero yo lo atravesé y no morí –dijo Lily–. ¿Es esa la respuesta, entonces? Atravesar el arco no mata a la gente, ¡sino que la transporta a través del tiempo!
Severus sopesó sus palabras, pero luego negó con la cabeza.
–No. No lo creo. Mata. Debería matar. No sé por qué has sobrevivido.
–¿Cómo lo sabes? –insistió Lily–. Quizás las personas que caminaron o cayeron en él sólo están perdidas en un tiempo que no les corresponde, como yo.
–Porque puedo nombrarte a una persona que cayó en él y murió –dijo Severus, misteriosamente–. Tú también lo conoces.
–¿Quién? –preguntó Lily tímidamente, temiendo la respuesta.
–Sirius Black.
Severus le hizo un relato breve pero detallado de la noche en que Sirius había muerto: Había estado luchando contra Bellatrix Lestrange, Bellatrix lo había alcanzado con un hechizo aturdidor, el cual había provocado que cayera hacia atrás, atravesando el arco, tras lo cual jamás se lo había vuelto a ver. Severus no había estado presente cuando aquello había sucedido, pero conocía la historia lo suficientemente bien como para saber sin ningún lugar a dudas que había sido la caída a través del arco lo que había puesto fin a la vida de Sirius, y no el hechizo de Bellatrix.
La historia dejó a Lily en silencio por varios minutos. Intentó tragar para librarse de la sequedad que sentía en la garganta, pero no logró deshacerse de ella. Ya sabía sobre el destino de Sirius; era una de las primeras cosas que le había preguntado a Severus la noche anterior. Pero escuchar que había muerto en batalla, era muy diferente a escuchar cómo había muerto en batalla. Con un pequeño hechizo, una caída fatal. La vida de un ser humano, y un hombre maravilloso, desaparecía en tan sólo segundos.
No importa, se dijo a sí misma una vez más. Voy a rescatarte, Sirius. No temas. Voy a rescatarlos a todos. Sólo denme tiempo. Pensaré en algo.
–Entonces, ¿de qué se trata todo esto? –preguntó, desilusionada–. ¿Por qué el arco tomó la vida de Sirius y perdonó la mía? No hice ni dije nada especial. Sólo caminé a través de él. ¿Por qué él y no yo?
–No lo sé. Podría haber sido algo que hiciste sin darte cuenta. Podría haber sido cómo lo hiciste. O cuándo. Podría haber sido quién eres. Podría haber sido el color de tus medias. O podría no haber sido absolutamente nada.
Qué raro, pensó Lily, que la línea que separaba la muerte de la oportunidad fuera tan delgada.
–Bien, contéstame esto. ¿Por qué la magia tiene que ser siempre tan misteriosa? Supongo que es mi trabajo empezar a desentrañar todas estas opciones –dijo, absolutamente determinada a armar el rompecabezas en que había sido atrapada–. Sev, voy a necesitar cada libro sobre magia druida que haya sido escrito. ¿Es posible?
Severus se encogió de hombros de manera neutral.
–Tengo libre acceso a la biblioteca de Hogwarts y regresaré allí mañana por la mañana. Te traeré todo lo que necesites cuando vuelva.
–¡Excelente! –replicó Lily, triunfante–. ¡Podría besarte, Severus!
Pero no lo hizo. En lugar de eso, subió las escaleras y desapareció dentro de su cuarto, tarareando triunfante, emocionada, ignorando por completo cuánto tiempo permaneció Severus de pie en el lugar en que ella lo había dejado, hasta que abandonó finalmente la esperanza de recibir realmente ese beso.
27/02/2012 4:58 p.m.
