** LOS SENTIMIENTOS DAN MUCHAS RESPUESTAS; PERO CUANDO NO SE ESTÁ SEGURO DE CUAL SENTIMIENTO SE TRATA, SOLAMENTE NOS DEJA MÁS PREGUNTAS **

«¡No puedo dejar de ser imprudente! Y qué con esto que siento… es algo que parece volverme violento, me siento traicionado, es algo que no quiero sentir… no sé por qué lo siento, no sé lo qué es. Puede ser posible que siga en la cama del hospital, en coma, y que todo esto sea simplemente una especie de sueño que comienza a volverse pesadilla, una infinita», razonaba resguardado en un cubículo de los baños.

Y es que tenía razones de sobra para sentirse mal. Ya había sido imprudente cuando entró al baño y vio a Blaine en una situación bochornosa; y ahora volvía a tener problemas con las puertas, había visto a África y Blaine besándose. Y no habría ningún problema si tan sólo hubiese sido eso, pero no fue así, él pudo haber salido y esperado para poder entrar y disculparse; pero la emoción que tuvo no fue pena ni arrepentimiento, había sido rabia, ver lo que estaba ocurriendo en ese consultorio le hizo de manera inconsciente cerrar fuertemente los puños y querer golpear, destrozar, acabar con… bueno, de eso no sabía la razón con precisión, y también desconocía la raíz de esas sensaciones.

Ya se le habían "bajado" las ganas de vengarse, e incluso con ello, no quería ver a nadie, es especial ninguno de ellos, pero sabía que no podía quedarse ahí por una o dos eternidades, ni siquiera por media. Ahí que aun contra su voluntad primaria, salió del baño ya que tuvo la ocurrencia de que alguien podría necesitar de ese cubículo más que él. Y en de momento él simplemente se estaba escondiendo, algo que no era de vida o muerte, al menos no instantánea.

Continuó divagando sin rumbo seguro por el hospital intentado evitar dirigirse al consultorio de Blaine, de todos modos no pararía de caminar.

• • •

Un beso es algo que puede provocar toda clase de sensaciones, desde animar, ilusionar, entristecer, hacer llorar… enojar.

Bueno, Blaine no estaba furioso, mejor dicho, se encontraba confundido y preocupado. África había entrado y sin previo aviso le había plantado tremendo beso y, como si la cosa no fuese ya de por si incomoda, Kurt los había visto y huyó del lugar. Y él no sabía qué hacer, decir, pensar, sentir. Habría sido un accidente, esa era una explicación "razonable" para él, pero ¿era tanta coincidencia que Kurt lo haya visto?

África no había dicho nada después del abrupto final que Blaine le había dado al beso, simplemente había salido. Con un gesto por medio del cuál no se podía decir que sentía, era una mezcla de todo; alegría, tristeza, enojo, duda, confusión…; y en verdad ni ella misma esperaba aquello, por una parte se alegraba que Kurt los hubiera visto y por otro lado la reacción del doctor no lograba interpretarla del todo. Hubiese querido que el momento hubiese durado más tiempo, pero ya que no había pasado así, ahora no sabía que hacer; el plan había sido besarlo y ver cómo lo tomaba, qué hacía, qué le decía… Pero las cosas habían cambiado y no tenía una explicación para la reacción que obtuvo.

Ninguno de los tres sabía qué hacer. Es más, no habían tenido contacto entre sí desde aquel momento, pero dado que los problemas son algo de lo que no podemos escapar, los primeros en verse fueron África y Blaine.

—Doctor, me avisaron que la hora de visita ya ha terminado y su amigo sigue rondando por ahí —comunicó tras esperar el mayor tiempo que pudo, era lo último que quería, alejarlo y para colmo unirlo con ese.

Blaine asintió con toda la seriedad digna de la profesión que ejercía y ya que ella no había dicho nada, él hizo lo mismo.

Y salió dejándole los expedientes.

—¿Es que acaso ese doctor no tiene memoria o qué? —se quejó al verlo irse sin decir nada.

«Bueno creo que mi teoría es correcta. Simplemente fue un accidente. Ahora habrá que ver la reacción de Kurt, no creo que reaccione como aquella ocasión cuando la prima del vecino se me insinuó… ese era el Kurt de antes, ahora quizás se alegre por mi…», iba preparándose para la situación.

Y para cuando lo vio no pudo más que frenarse de golpe. A la mente le acudía la ilusión de verlo celoso, enojado, furioso con él por haberlo traicionado. Al igual que sentía el instinto de querer disculparse, de pedirle perdón por esa traición. Gracias a ese momento de reflexión pudo recordar que quizá en algún momento ese hubiese sido el método, pero ahora solamente eran amigos y los amigos no se disculpaban por ese tipo de cosas, al menos no como él lo planeaba hacer.

Continuó el avance y ya que no sabía qué decir, al haberse acercado únicamente atinó a aclararse la garganta para denotar que estaba ahí.

—¡Oh! —espetó Kurt sorprendido, dándose la vuelta y viendo al doctor.

Y, como nunca, la tensión y nerviosismo se convirtió un grueso muro entre ellos. Ni siquiera Blaine, que siempre solía tener algo que decir, pudo pronunciar palabra alguna.

«Deberías decir que lo sientes. ¿Pero si notó tu reacción, querrá una explicación? Quizás sería mejor dejar que sea él quien hable primero… para saber lo que piensa sobre lo ocurrido», comenzó a decirse con la cabeza agachada.

«¡Que hable por favor! Quiero que me exprese el odio que siente por mí, que quiere matar a África por haberme besado, que desea engañarme para vengarse… ¡Que hable! Que me felicite, que termine con mis ilusiones y diga que se va, para que yo sea feliz con ella ¡Que no hable!», Blaine se encontraba en una lucha mental muy contradictoria.

Así pasaron lo que les pareció fueron horas, en silencio. Para ambos solamente existían mutuamente, no había gente a los alrededores, no existía el hospital, el universo entero había desaparecido. Por supuesto que la sensación estaba presente en ambos, pero con motivos totalmente diferentes.

—Se… —comenzó Blaine, pero tuvo que aclararse otra vez la garganta—. Se ha terminado la hora de visita, es mejor que vayas a mi… —vaciló—, no puedes estar vagando por aquí —corrigió.

Comenzaron a caminar rumbo al consultorio en silencio total y de camino encontraron a una pequeña niña que al parecer no quería separar de la hermana, ya que la iban a poner en una habitación con otra niña.

—¡No yo no quiero que mi hermana este con otra niña! —exigía, importándole poco la escena que estaba haciendo.

—Por favor, tu hermana no va a dejar de quererte por estar con otra niña, además tan sólo va a ser por un tiempo —le decía la madre.

La enfermera miró apenada a la madre, ya que estaban demorando en acomodar a la niña en la habitación, además del espectáculo que estaban montando.

—Lo siento, es que son muy unidas y mi hija es muy celosa con su hermana. No quiere que alguien más este cerca de ella —explicó la madre, claramente sin idea de que hacer.

«No quiere que alguien más este cerca… celos. CELOS», esa idea le resonó en la cabeza a Kurt.

En ese momento tuvo una gran revelación, a la pase que muchas más dudas.

—Disculpen —interrumpió Kurt, acercándose a la niña y colocándose de cuclillas mientras sonreía—. Hola, ¿quieres mucho a tu hermana? —preguntó con un tono de voz tan amable, a lo que la niña asintió—. ¿Y quieres que ella esté bien para que pueda jugar contigo, verdad? —la niña nuevamente asintió, ahora mucho más calmada—. Entonces, debes dejar que esté en esa habitación, no importa si hay otra niña, tu hermana te quiere y… tal vez la niña que está ahí, cuando se sienta bien podría ser una amiguita más con la que puedan jugar juntas —dijo convenciendo a la niña.

Ahora la pequeña casi acarreó a los enfermeros para que metieran a la niña enferma.

—Muchas gracias —le agradeció la madre que se apresuró a entrar.

Y pudo ver que tanto ella, la enfermera, enfermeros e incluso Blaine lo veían. Tan sólo espero a que las niñas estuvieran en la habitación y puso de pie para retomar el camino.

—Es sorprendente como lograste que esa niña se tranquilizara y accediera —confesó Blaine.

«Claro que no es de sorprenderse, él siempre tuvo un gran don de persuasión. Aunque no lo había visto usarlo para algo… algo que no fuese beneficio propio», reflexionó el doctor.

—No fue la gran cosa, no hice nada en realidad —respondió apenado.

«Definitivamente él no es Abdiel, al menos no el que yo creía conocer… aunque también cabe la posibilidad de que realmente no lo conociera tanto como pensaba», se respondió a las dudas.

De pronto a Kurt se le ocurrió una idea.

—¿Puedo utilizar tu portátil para buscar algo en internet? —le preguntó.

—Sí —respondió Blaine.

De lo ocurrido no hubo palabra alguna por ninguno de los tres involucrados. Fue así como paso la tarde y ellos volvieron al departamento. Y justo al llegar Kurt le pidió a Blaine que le permitiese la cocina después de que hiciera la cena. La curiosidad fue algo que ayudó.

En la cocina Abdiel trataba de realizar una receta, que a pesar de ser sencilla y guiándose de internet, estaba haciendo con mucha alegría. Se trataba de unos panquecillos con nuez. Que al cabo de una hora salieron calientitos del horno. A Blaine le llegaba un aroma dulzón, casi podía decir que era lo Kurt estaba preparando, pero no quería arruinar la sorpresa.

Una vez estuvo recalentada la comida, se sentaron a la mesa y comenzaron a comer. Hablando de cualquier cosa, excepto de lo ocurrido hace horas en el consultorio. Y aun así Blaine podía notar el nerviosismo de Kurt.

—¿Ya terminaste? —preguntó muy entusiasta el castaño.

Blaine disimuló la sonrisa que amenazaba con escaparsele—. Sí —tuvo que aclararse la garganta para pronunciar ese monosílabo.

—Entonces, déjame, yo voy por algo— se puso de por y tomó rumbo hacia la cocina.

Quitando el trozo de servitoalla con que cubrió los panquecillos mientras los dejaba enfriar, salió de la cocina con unos seis panques de nuez en una canastita.

—Toma. Come uno —ofreció, respirando profundo para continuar—. Son una forma de disculparme por…

—¡Están deliciosos! —le interrumpió Blaine, que no se resistió a tomar uno y probarlo.

Y de verdad estaban exquisitos, lo que resultó ser una grata sorpresa ya que era la primera vez que Kurt cocinaba.


Gracias por leer. Gracias por comentar. Gracias por sus favorite/follow.