ADVERTENCIA, LEMON!
N/A: Eso es, LEMON, y creo que es algo que los que leen esta historia (y yo) han esperado ver. La historia de este capítulo es curiosa porque lo tengo listo desde septiembre, solo necesitaba que se diera el momento adecuado para poder incorporarlo a la historia. Espero que lo disfruten!
Aclaraciones:
—Diálogo
"Pensamiento"
Énfasis.
El brillo del monitor del computador ya le molestaba, no estaba seguro de cuanto llevaba sentado frente a aquella convexa pantalla, pero sabía que no era mucho tiempo. Le fastidiaba tener que escribir reportes, pues prefería relatarle oralmente lo sucedido al jefe, pero no se atrevía a desobedecer una orden suya y si no lo hacía se atrasaría nuevamente. Estaba convencido que jamás sería un buen secretario u oficinista, y agradecía profundamente por ser del tipo que trabajaba al aire libre, por decirlo de alguna forma.
Billy se reclinó hacía atrás en aquella cómoda silla y se cubrió la boca al bostezar, estaba algo cansado por haberse levantado tan temprano y por la pelea, la rápida ducha que había tomado al regresar no le había ayudado mucho. Con las manos al borde del escritorio tomó apenas impulso para alejarse un poco del mismo en la silla con rueditas. Rio apenas al ver como se había alejado más de lo que había planeado, y ya que se había distraído, obviamente iba a seguir haciendo el tonto de aquella forma.
Detuvo su infantil diversión al darse cuenta de que la habitación estaba en completo silencio. El sonido de la ducha era, en conjunto al que hacía el teclado cuando escribía, lo único que podía escucharse. El rubio cruzó los brazos tras la cabeza, mirando a la puerta del baño mientras recordaba cosas que ya debería haber olvidado hacía bastante. Inclinó el torso hacia adelante para ver la hora en el reloj del computador, había pasado más tiempo del que había creído. Yamazaki no solía demorar más de diez minutos al ducharse, y si tardaba era porque lo había arrastrado bajo el agua con él. Bufó en protesta al imaginar el cuerpo del otro contra el suyo aprisionándolo contra la pared, y apretó las piernas incómodamente.
El sonido de la puerta abriéndose lo tomó por sorpresa pero alcanzó a volver a lo que estaba haciendo, por lo que Yamazaki lo vio concentrado en escribir lo que sea que estuviera escribiendo. Billy se mordió los labios luchando contra el impulso de voltear a verlo, temblando apenas al sentir el ruido de sus pisadas un tanto alejadas de él. No pudo más con ello y aprovechó para mirarlo de reojo cuando escuchó que abría una gaveta del armario que estaba empotrado en la pared del otro lado de la habitación, a sabiendas que estaría dándole la espalda. Por suerte no se equivocó.
Yamazaki tenía una toalla a los hombros y los pantalones puestos, una costumbre que aparentemente no había perdido pues la recordaba. Había sacado un cinturón de la gaveta y ahora se lo ponía con lentitud, sin dejar de lado esa elegancia suya que lo caracterizaba y que tanto le atraía. La estrecha banda de cuero al tono con su pantalón negro, que parecía una serpiente de esas mortalmente venenosas, rodeaba su cintura guiada por sus dedos. Un escalofrío recorrió su cuerpo al escuchar el tintineo metálico de la hebilla, el sonido estaba grabado con un fuego pasional en su memoria, el mismo fuego que ahora hacía arder su interior de deseo. Se acomodó un poco en la silla para verlo mejor. Que desagradable era, ¿cómo podía sentir algo así después que él lo despreciara tantas veces durante tantos años? Mucho peor, ¿cómo es que podía sentir algo así después de haberle dicho a Gato que lo quería?
Las dudas solo traicionan.
Se estremeció al recordar aquello. Las dudas respecto a sus sentimientos no bastaban para desplazar su interés y hacerlo apartar la vista de la amplia espalda de su compañero, en la que pudo distinguir un par de marcas verticales de una tonalidad rojiza que resaltaban con la palidez de su piel. No necesitaba pensarlo demasiado para darse cuenta que aquellas marcas eran rasguños. Chasqueó la lengua con molestia al pensar en lo rápido que era para encamarse con cualquiera, y también frente a la interrogante si su compañía había sido un hombre o una mujer. La facilidad que Yamazaki tenía para encontrar a alguien dispuesto a lo que él quisiera le fastidiaba, más cuando lo contrastaba con su propia actitud, pues él había permanecido bastante tiempo sin compañía. Pero esa racha de soledad había terminado con Gato.
— ¿No sabes dónde está el puto peine? —dijo de repente, atontándolo con su profundo tono de voz, arrastrando las palabras, tal como él se hubiera arrastrado a sus pies en otra época.
— No tengo idea de donde están tus cosas —intentó sonar desinteresado, e incluso se demoró al contestarle para que no se diera cuenta que le estaba prestando atención.
Eligió no contestar para evitar el conflicto, por lo menos por esta vez. No iba a dejar pasar la oportunidad que se le presentaba: estaba solo con Billy y sabía que Gato estaría fuera un rato largo. No era como si le importara el joven en lo absoluto, incluso le habría dado gusto que lo viera sometiendo a Billy, haciéndolo suyo de forma violenta. Gato seguro se habría quedado inmóvil de la impresión, de la misma forma que lo había hecho cuando le dio una paliza al rubio en el lobby del hotel. Se relamió los labios frente a la idea de hacer sufrir al muchacho, y si de paso podía tomar a Billy de la correa y hacerlo sentar a su lado obedientemente, mucho mejor.
El rostro de la chica que había estado frecuentando vino a su mente. Su decepción habría sido inmensa al ver como hacía caso omiso a todo lo que le había dicho, pero realmente le importaban muy poco sus palabras. No le parecía que una prostituta de mala muerte era la adecuada para aconsejarlo, y aunque tal vez tuviera razón, no se sentía cómodo obedeciendo a alguien así.
Además, ya había tomado una decisión.
No iba a ponerse a buscar el peine en la habitación y como era un sujeto más bien practico, se pasó la mano por su húmedo cabello, acomodando los rubios mechones hacia atrás. No importaba que su peinado no estuviera tan prolijo, de todas formas iba a desarreglarse. Lo mismo sucedía con el cinturón que ni se molestó en abrochar.
Bostezó al girarse para después acercarse a él. Billy parecía muy concentrado con el teclado del computador, del cual no levantaba la vista ni siquiera para ver lo que llevaba escrito. Rio por lo bajo al verlo encorvado en su silla golpeando con los dedos esos pequeños cuadros de plástico, se veía un tanto ridículo, y no le encontraba fin aquella tonta tarea. Pero Billy seguro tenía sus motivos, siempre los tenía y siempre le resultaban ridículos. El nerviosismo que parecía sentir el rubio se hizo evidente cuando se recargó contra la pared al lado de la mesa del computador. Su reacción le dio gusto, sabía que aún tenía cierto poder sobre él e iba a aprovecharse de eso.
— ¿Qué tanto escribes? —preguntó casualmente, fingiendo interés.
— Un reporte para Geese —contesto incómodo, mientras seguía sin levantar la mirada.
— ¡Para el viejo!
Aquella sutil falta de respeto le molestó, no le gustaba que se dirigiera así a Geese, mucho menos ahora que también era su jefe. Levantó la vista para contestarle de mala gana pero no pudo articular palabra al verlo y simplemente se mordió los labios. Su compañero estaba recargado contra la pared bastante relajado, con la mano derecha en el bolsillo como acostumbraba. Se distrajo un momento observando los marcados músculos de su abdomen, y al mirar un poco más arriba sus ojos se encontraron con la cicatriz que le atravesaba el pecho en diagonal. Billy estaba seguro que su rostro estaba completamente ruborizado, podía sentirlo arder, pero se tranquilizó un poco al notar que Yamazaki no estaba viéndolo a la cara, sino que tenía la vista fija en el monitor.
Le habría gustado que Gato entrara por la puerta, que su presencia interrumpiera el incómodo ambiente tal como lo había hecho la noche anterior, pero eso no pasaría. Con bastante prisa se volvió a lo que estaba haciendo y tras guardar lo que llevaba escrito apagó la máquina.
— ¿Ya terminaste?
— ¿Qué mierda te importa? —dijo nervioso, su inseguro tono de su voz hizo sonreír a Yamazaki.
— Ahora ladras perro…ya eres todo un hombre, ¿no? —estiró el brazo y le quitó la bandana de la cabeza, para luego apartarse a sabiendas que Billy se levantaría para recuperarla.
Billy no era un sujeto muy brillante y como pudo predecir, el rubio se levantó rápidamente y con un par de pasos quedó frente a él. Le devolvió aquello que le pertenecía sin hacer problemas, le habría gustado hacerlo enfadar más, tanto como para que pudieran pelear. Nada lo ponía de tan buen humor para el sexo como una pelea. Billy suspiró y se guardó en el bolsillo de la chaqueta el cuadro de tela roja y amarilla. Yamazaki esperaba una respuesta un tanto más violenta por parte del inglés, y no pudo evitar sentirse decepcionado.
— Realmente eres una molestia… —murmuró sonriéndole apenas, pues aunque estuviera ligeramente fastidiado no estaba de humor para una discusión, mucho menos para una pelea. Levantó el puño para darle un ligero golpe en el brazo, sin imaginarse que aquella era la oportunidad por la cual el mayor estaba esperando.
Ahogó una queja por la sorpresa y el dolor cuando Yamazaki lo tomó sin cuidado por el antebrazo que tenía lastimado. Las mangas de su chaqueta cubrían hasta la mitad las vendas que protegían esa herida que le había infligido el propio Yamazaki hacia solo unos días y aun le dolía, y a pesar de que fuera su culpa, no esperaba que lo recordara. Fue asido con fuerza hacía él, facilitándole las cosas al no oponer resistencia alguna dado el desconcierto que le había provocado. Yamazaki sonrió ampliamente antes de besarlo sin mediar palabra.
Teniendo un brazo inmovilizado, intentó apartarlo con el otro, sin éxito. Aunque lo deseara inconscientemente, sabía que no estaba bien, e intentó forcejear para apartarlo. Yamazaki era bastante hábil para someterlo, para mantenerlo quieto, por lo que lo tomó por el otro brazo para que no pudiera apartarlo y presionó la rodilla contra su entrepierna, haciéndolo jadear con fuerza. Se apartó un instante para reír, satisfecho por lo que había logrado. Lamió sus labios para interrumpir lo que fuera que Billy estaba por decirle, luego lo besó bruscamente otra vez. Creyó que su victoria estaba asegurada al sentir como Billy se estremecía bajo suyo y como lentamente correspondió al beso, pero nunca imaginó que fuera a morderlo.
Gritó de rabia frente a lo que le había hecho y le escupió en la cara, furioso. Billy lo insultó e intentó zafarse de su agarre de nuevo, con más ímpetu esta vez pues sabía que después de eso tenía que largarse o por lo menos tomar su sansetsukon y darle un golpe en la cabeza. La sangre brotaba de la herida sin detenerse, deslizándose hasta su mentón y goteando al suelo, salpicando a los lados conforme Yamazaki se movía a causa de los forcejeos de Billy. Bufaba como un toro y en sus ojos se podía ver las profundidades del averno al cual se había condenado él solo, pero no podía permitirse demostrar que estaba un tanto asustado. Cuando por fin el mayor soltó su brazo sano, Billy se apresuró a tomarlo por la muñeca para intentar zafar el otro, pero el animal oprimía cada vez más fuerza sobre su debilitado antebrazo y estaba seguro que por la presión su herida se abriría. No estaba tan equivocado, pues pronto la venda se tiñó de rojo.
Billy volteó el rostro para gritarle algo cuando vio el puño del otro acercarse, ya era demasiado tarde para reaccionar. El golpe le dio de lleno en la cara y por la fuerza del mismo hizo que la volteara al lado que estaba antes de intentar faltarle el respeto de nuevo. Las lágrimas se agolparon en sus ojos involuntariamente por el dolor y se tambaleó por lo aturdido que estaba, por consiguiente dejó de luchar contra él. Yamazaki se sirvió de su súbita vulnerabilidad y lo agarró por los hombros para arrastrarlo hasta la cama que tenía más cerca, empujándolo para recostarlo. El rubio se quejó adolorido aunque intentó levantarse, pero Yamazaki no se lo permitió.
— ¡Cálmate de una puta vez! —dijo en cuanto lo tomó con fuerza por el cuello al inclinarse un poco sobre él, pero sin ahogarlo. Intentó hablarle con calma, pero su voz temblaba apenas por la furia, evidenciando su estado. Se relamió parte de la sangre de los labios y sonrió ampliamente, sus dientes manchados por el líquido rojo le daban un aspecto macabro.
— S-Suéltame… —balbuceó en lo que cerraba los ojos para no verlo y de paso evitar lloriquear. Tomó aire cuando el agarre en su cuello se aflojó y tembló nervioso al sentir como el mayor subía a la cama con él y se acomodaba entre sus piernas, no sin antes apartarlas repentinamente.
Sonrió orgulloso al tenerlo al fin como quería, le había costado trabajo pero había valido la pena. Limpió la sangre de su rostro con el dorso de la mano, pues no planeaba descuidarlo ni un instante solo para ir por la toalla que seguro habría dejado caer al suelo. Se había afligido al comienzo por no provocar una pelea, pero el rubio se había encargado de ello. Su sangre hervía y le clamaba seguir con la disputa, pero mayor era el deseo enfermo que lo invadía cada vez que lo veía, ahora más fuerte que nunca. Estaba completamente seguro que Billy no escaparía, ya no tenía como, y si el rubio seguía siendo el mismo de antes, tal vez le daba gusto estar bajo suyo.
¿Cómo es que siquiera se lo preguntaba? Por supuesto que Billy era el mismo que antes.
— Vamos a pasarla bien… —dijo en un susurro. Billy abrió los ojos para verlo, una expresión de miedo y duda se formó en su rostro e intentó alejarse aunque no pudiera cuando se inclinó sobre él, seguramente temía por otro golpe.
— ¡Déjame en paz, maldito infeliz! —contestó, ganando valor de quien sabe dónde para volver a la lucha por apartarlo. Lo empujó apenas y logró darle un golpe al mentón, la fuerza aplicada pareció reavivar el sangrado de su herida, algo que Yamazaki no tomó muy bien, sin quedarse atrás le dio otro golpe, esta vez con menos fuerza.
— ¡Infeliz! —Repitió con una sádica sonrisa en el rostro—. Me gusta más cuando me llamas por mi nombre, ¿o lo has olvidado?
"Cómo podría, jodido imbécil" pensó al estremecerse cuando le abrió la chaqueta con torpeza. No podría olvidar la forma en la que lo besaba, ni el peso de su cuerpo, jamás podría olvidar su nombre.
Verlo un tanto ausente no le gustaba en lo absoluto, quería que estuviera completamente consciente de lo que sucedía, quería que fuera como antes. Recordó la primera vez en la que Billy le había confesado lo que sentía por él, y decidió utilizar las palabras del joven en su contra. Con lo molesto que era respecto a los sentimientos, seguramente aun recordaba aquella charla, incluso mucho mejor que él.
— ¿Qué pasa contigo? —insistió en lo que apretaba su cadera, haciéndolo gemir aunque intentara acallar el sonido con su mano. No pudo contener la risa que le provocó esa actitud, al fin y al cabo, podía darse cuenta de que no le disgustaba del todo.
Intentó reprimirse, pensar en otra cosa, lo que fuera con tal de no responder a sus torpes caricias aunque prefería eso y no los golpes. Se sintió como un hipócrita al negarse a aceptar el hecho de que había querido que Yamazaki lo tocara de esa forma hacía bastante, después de todo hacía apenas unos momentos fantaseaba con la idea de tenerlo tan cerca como estaba ahora. No podría ganar, claro que no, Yamazaki lo conocía bastante bien y a diferencia de Gato, no tenía que indicarle nada.
¿Puedes sentir cuanto te quiero, Billy?
— ¡Apártate! ¡Déjame en paz! —le gritó, casi en un ruego. La idea de lastimar a Gato le aterraba, había logrado que cambiara esa actitud odiosa que tenía, había logrado que fueran amigos, había compartido un momento tan íntimo y placentero con él…no quería echar todo eso a la basura. Yamazaki, por supuesto, no le hizo caso y siguió con lo suyo. Gimió aunque no lo quisiera al sentir su lengua sobre su cuello, "no muerdas por favor, no muerdas" pensó temeroso. Su respiración se aceleró producto de la ansiedad e incertidumbre de no saber si Yamazaki iba a marcarlo para que la tortura de aquel momento se prolongara un par de días. No tuvo tanta suerte.
Estaba tan perturbado por la forma en que Yamazaki mordía sin cuidado la delicada piel de su cuello que no notó el momento en que había comenzado a tocar su entrepierna por sobre la ropa. Jadeó en lo que un abrupto escalofrío recorrió su cuerpo y movió las caderas por inercia, buscando más de ese contacto que paradójicamente intentaba rechazar.
— ¿Qué pasa contigo? —preguntó nuevamente, bastante dispuesto a continuar con el cruel plan que había ideado.
— ¡Quiero que me sueltes! ¡Déjame en paz!
— Ah, ¿pero es que no me quieres…Billy?
Se relajó al escuchar esas palabras, que resultaban dolorosamente familiares. El recuerdo que le había traído hacía unos días un sueño volvió a su mente, aquellas eran sus palabras. Aquello se lo había dicho después de confesar que se había enamorado de él. Le parecía poco probable que Yamazaki sintiera algo remotamente parecido, aunque le hubiera gustado.
Me gustas.
También le habría gustado tener la fuerza como para quitárselo de encima y correr a buscar a Gato, a quien sentía que traicionaba más con cada minuto que pasaba bajo Yamazaki. Era realmente desagradable, si lo intentara como si de verdad quisiera apartarlo, ya lo habría hecho.
"Mierda, claro que te quiero" pensó al morderse los labios para no decírselo en voz alta, de todas formas el otro pareció darse cuenta, con seguridad resultaba obvio. Ambos sabían cuál era la respuesta, lo sabían desde hace bastante.
Echó a reír cruelmente, ya lo tenía sometido física y mentalmente, tal y como le gustaba. Tener completo poder sobre Billy le facilitaba las cosas, podía decirle lo que le diera la gana, hacerle lo que le diera la gana. Y justamente iba a por ello. Yamazaki volvió a sus movimientos bruscos y arañó los costados de su torso, a forma de volverlo a la realidad con algo de dolor. Se inclinó para acallar las quejas de Billy con un profundo beso al cual el rubio correspondió al instante.
El asqueroso sabor de la sangre lo abrumó y aunque le desagradaba, no intentó apartarse esta vez. El brusco beso se sintió como el que le había dado en el lobby del hotel, luego de que hubieran estado peleando; curiosamente la situación resultaba un tanto similar. Entreabrió la boca para gemir cuando Yamazaki comenzó a acariciar su pecho ligeramente para bajar por su abdomen hasta su entrepierna. Lo abrazó por el cuello fuertemente al escuchar el sonido del cierre de su pantalón deslizarse hacia abajo, estaba poniéndose nervioso, pues sabía lo que le venía después.
— No tienes idea cuanto me pone verte tan nervioso… —le susurró al oído, su cálida respiración lo hizo estremecerse. Aquello no era del todo cierto, pues más que nada verlo nervioso lo fastidiaba un poco porque acababa por hacer las cosas más difíciles para ambos. Era un hábil mentiroso, con un par de palabras bonitas lo relajaría, Billy se dejaba embaucar con eso y además le daba gusto. Con una mano sobre su erección, continuó endulzándole el oído, arrancándole jadeos y murmullos inentendibles. No era tan imbécil como para negar lo mucho que le gustaba escucharlo así, al igual que le gustaba como el rubio rasguñaba su espalda o como se movía bajo suyo, por lo menos esa era la poca verdad que había en lo que le decía. Lo estaba disfrutando bastante pero ya estaba tardándose, por lo que se apartó de golpe, dispuesto a quitarle los pantalones de un tirón.
— Ryuji… —dijo en un suspiro y se cubrió el rostro con la mano, bastante apenado—, déjame en paz.
Quería largarse, simplemente no podía dejarse llevar si aún pensaba en Gato. La estrepitosa risa del otro lo desconcertó, seguramente no daba crédito a lo que oía. Yamazaki lo tomó por el brazo para apartarlo y así poder mirarlo a la cara al hablarle. La perversa sonrisa en su rostro no le pronosticaba nada bueno.
— ¿Y de verdad crees que te voy a dejar ir? —aunque estuviera sonriéndole, sabía que estaba molesto. Echó a reír nuevamente—: ¿Por qué negarte a algo que queremos los dos?
No tenía mucho sentido seguir negándose, el maldito tenía razón, como siempre. Lo conocía a la perfección, sabía lo que deseaba profundamente, no valía la pena seguir mintiéndole. Tal vez Gato podría perdonarlo, tal vez podría mantener el encuentro en secreto, ya encontraría algo con que zafar, un justificativo.
Asintió con la cabeza lentamente, aceptando lo que le decía y de alguna forma dándole el permiso que no necesitaba para continuar. Se estremeció al escuchar como Yamazaki reía entre dientes, victorioso. En un suspiro decidió que sería mejor dejar la mente en blanco y dejarse llevar por su instinto, ese que le clamaba por acercarse al otro y dejarse tomar como lo hacía ahora.
Sonrió, sabía que le iba a gustar.
Yamazaki se apartó un poco y sin mucho cuidado lo despojó de sus pantalones, Billy respondió a esto jadeando con fuerza y separando las piernas al instante. Su actitud lo hizo sonreír con gusto, le agradaba la forma en la que rubio se anticipaba a sus movimientos. Con una mano acarició su costado, bajando hasta la cadera donde presionó con fuerza para que gimiera. Mientras estaba en ello, acercó su otra mano a la boca para pasar la lengua sobre un par de sus dedos, y entonces preparar al rubio así estuviera listo para él. Introdujo el par de dedos mal lubricados en su interior de repente, haciéndolo gritar de dolor en lo que se aferraba con fuerza de las sábanas.
El dolor que sentía era llevadero, su cuerpo estaba acostumbrado a esa torpeza que era bien recibida. Pronto sus quejas se volvieron gemidos placenteros en lo que Yamazaki lo hacía temblar de gusto simplemente con sus dedos. Le habría fascinado poder tenerlo más cerca, poder susurrarle lo bien que lo hacía sentir, o poder rodear su cuello con los brazos para acercarlo tanto como para sentir el calor de su cuerpo.
Billy ahogó un gemido en cuanto quitó sus dedos y se estremeció al escuchar el sonido del cierre de su pantalón, acompañado por el metálico tintineo de la hebilla de su cinturón. Su perro respondía al estímulo de la misma manera en que lo recordaba, ¿qué mejor recompensa que darle lo que quería?
El mayor lo sostuvo con fuerza, clavando las uñas en sus caderas y lastimando su piel. Loco de deseo e incapaz de esperar un segundo más, lo penetró bruscamente haciéndolo gritar de nuevo. Billy arqueó su espalda y lloriqueó durante un corto momento, la intensa emoción y la excitación que tenía le permitían soportar el punzante dolor. Yamazaki no era muy paciente, por lo que empezó a moverse, embriagándolo con aquella pasión masoquista que tanto le gustaba y con bastante frecuencia extrañaba.
— ¿E-Esto querías…perro? —alcanzó a escuchar la voz entrecortada del otro por sobre sus propios gimoteos y asintió con la cabeza tembloroso.
Él también lo quería. Simplemente se sentía increíble. Billy era increíble. Estrecho como novato, cálido como adolescente, hábil como una ramera costosa. Sus gemidos y la forma necesitada en la que clamaba su nombre le hacían perder la razón y aumentar la rudeza con la que se lo estaba follando. El menor se revolvía de gusto, ya habiéndose acostumbrado al malestar que había sentido en un principio, también movía sus caderas llevando la contraria de sus embestidas, asegurando que estas fueran más profundas. Miró al muchacho a la cara y se encontró con la vista más bella que recordara: sus ojos cerrados con las pestañas humedecidas por las lágrimas, algunos mechones de cabello pegados a su frente perlada por el sudor, su mejillas rojas de rubor o por los golpes que le había dado, y a pesar de los vestigios de sangre en su rostro por haberlo mordido, el detalle que sobresalía era su sonrisa. Sin pensárselo dos veces soltó sus caderas para inclinarse y apoyarse sobre los codos para poder estar más cerca de él. Billy lo miró a los ojos, haciéndolo perderse en la profundidad de aquel azul nublado de excitación.
La lengua de Yamazaki le humedeció los labios antes de besarlo profundamente, mordisqueándolo y dejándolo sin aire. Lo abrazó por el cuello al apartarse apenas y le gimió al oído, pidiéndole que no se detuviera. Yamazaki se estremeció de golpe por su acción pero no se detuvo en aquel desenfrenado vaivén, sino que incluso continuó moviéndose de forma más brusca.
— T-Tócame…p-por favor…—le dijo suplicante y ahogó un jadeo al sentir como Yamazaki atendía a su pedido y lo masturbaba rápidamente. Enredó los dedos en su cabello, desordenándolo tal y como le gustaba, pero él mordió su cuello en evidente molestia. Se quejó de dolor pero fue acallado rápidamente con otro beso torpe.
No quería que parara, menos por su culpa, pero sabía que no soportaría mucho más. Intentó decírselo pero el mayor no le hizo mucho caso, incluso pareció reír de forma entrecortada, burlándose de lo rápido que era. Lo abrazó fuertemente, acercándose a su cuerpo tanto como había querido y exclamó su nombre al llegar a su orgasmo.
Lo detestaba, detestaba cuando hacía eso. Cuando se prendía a él de forma ridícula y no le permitía ver su bello rostro al llegar a su límite. Se revolvió violento haciendo que lo soltara para apartarlo apenas y poder verlo cuando él acabara. Disfrutó de sobremanera la última estocada, brusca y profunda, pero no más que ver la expresión de puro placer en la cara de Billy y saber que él era el causante de ello. Se apartó con algo de cuidado y se recostó a su lado, jadeante, pero sonriendo satisfecho de haberse quitado las ganas locas que traía desde hacía unos días. Billy se acurrucó junto a él y lejos de apartarlo, lo rodeó por los hombros con el brazo, manteniéndolo cerca. No le importaba si Billy confundía su actitud por algo romántico, de todas formas estaba casi seguro que el rubio saldría con una tontería así.
— Hey…—comenzó a decir pero lo interrumpió rápidamente.
— Cállate, no lo arruines —dijo con un leve tono de fastidio en su voz, mientras acariciaba casualmente su rostro con el dorso de la mano al pensar que la prostituta moralista tal vez tenía razón.
Tal vez lo quería un poco.
Hasta el próximo capítulo!
