Titulo: Anhelo
Categoría: Romance/General
Pareja: Ichiruki
Spoilers: AU
CAPITULO 10
"Adelante."
Byakuya ni siquiera levanto la mirada de sus documentos. Sabía muy bien quien era su invitado, no solo porque él ya se había anunciado la noche anterior, cuando solicito una reunión, sino que había escuchado ese estilo de tocar la puerta durante muchos años. Para ser un doctor, Isshin podía ser algo inmaduro.
"Buenos días, espero no estar interrumpiendo." Comento Isshin, aun sabiendo que no lo hacía. Si el tuviera algo importante que hacer, no le habría dado ni un minuto de su tiempo.
"En lo absoluto. Toma asiento por favor." Byakuya aparto los papeles que había estado revisando antes de enfocar toda su atención en la persona frente a él. "Bien, de que deseas hablar conmigo?"
Isshin solo sonrió. Como siempre, tan directo. Realmente no había cambiado desde que lo conoció. "Vengo a hablar del tema que tocamos pocos días después de tu llegada, Byakuya. Sobre Rukia." Intentando ocultar su decepción al ver que él no le seguía la corriente, continuó. "Sobre el interés de mi hijo de casarse con ella."
"Interés que me dijiste que no existía." Le recordó el hombre joven, intentando disimular su fastidio. Realmente no le gustaba hablar sobre el hecho de que Rukia pronto se casaría. Solo lo hacía más real y aun no estaba listo para aceptarlo, a pesar de que era inevitable. "O me vas a decir que eso ha cambiado?"
"Exactamente." Isshin podía ver porque Byakuya no estaba tan emocionado como el, después de todo, estaba seguro que él sentía que iba a perder a su hermana, aunque dudaba que eso alguna vez sucediera. "Hable con Kaien sobre Rukia y después de pensarlo, me confeso que le gustaría obtener tu permiso para poder cortejarla y casarse con ella."
"Tan simple como eso?" Pregunto sin inmutarse por un momento por las noticias que le estaban comunicando. "No será que tal vez tus palabras hicieron que tu hijo cambie de parecer?" Su voz esta vez tenía un tono de acusación.
La carcajada que siguió a esa declaración dejo entrever que el hombre mayor no se había ofendido. "Como siempre, tan desconfiado. No te culpo, obviamente, tienes toda la razón de serlo. Sin embargo, repetiré las palabras que me dijo mi hijo: Tú no tienes tanta influencia en mí para obligarme a hacer algo que no quiero. Fue todo decisión de Kaien, Byakuya. Te lo aseguro. Por mucho que lo quiera, jamás forzaría a nadie a hacer algo que no deseen."
"Me parece demasiado conveniente, Isshin, y eso no puedes negarlo."
El mencionado solo suspiro, mientras asentía. "Lo sé. Pero créeme, no me habría atrevido a venir a hablar contigo si es que no creyera en la sinceridad de mi hijo. No fue una decisión apresurada, te lo puedo asegurar. Sé que Kaien lo pensó muy bien antes de decidirse a hablar conmigo. El matrimonio no es un tema que pueda tomarse a la ligera."
Byakuya observo fijamente al hombre frente a él, mientras tomaba en consideración sus palabras. Kaien y Rukia. Cualquiera hubiera estado feliz con la propuesta, lo sabía él. Kaien, a pesar de su falta de respeto a sus mayores, sería un buen partido para su hermana. Rukia lo había conocido toda su vida y ambos se llevaban muy bien, además de la poca diferencia de edad entre los dos. Si su hermana se casara con él, estaría cuidada y protegida, y él no sentiría tanto el pesar por perderla. Con alguien como Kaien tal vez Rukia podría ser feliz. Sin embargo…
"Si es que Kaien esta tan interesado porque es que no ha venido contigo? Su regreso no esta tan lejano." Si bien era normal la presencia de Isshin en la conversación, la ausencia del pretendiente era demasiado notoria.
Isshin sonrió, sabiendo que Byakuya estaba empezando a considerar su propuesta. "El me pidió que hablara en su nombre, porque si bien el desea tu permiso para cortejar a Rukia quiere que sea ella quien decida si es que lo acepta como esposo o no. Una vez que ella lo acepte, vendremos a realizar la pedida de mano como debe ser"
Byakuya solo lo miro fríamente. "El que va a tomar la decisión soy yo. Rukia ha confiado en mi opinión para decidir quién será su esposo." Era algo que todos sabían. Quien decidía quien se integraba a la familia Kuchiki sería el, la cabeza de la misma.
"Lo sé, pero Kaien prácticamente ha visto crecer a Rukia y no quiere que ella se vea forzada a aceptarlo si en verdad no lo desea. Él no quiere que ella se arrepienta. Es por eso que también me pidió que ella no se enterara de esta conversación".
"Te lo repito Isshin. Rukia ha puesto todo en mis manos, sabe muy bien que yo solo deseo lo mejor para ella. Sé muy bien que esperas una respuesta afirmativa, pero tengo que pensarlo muy bien. Te dejare saber mi decisión tan pronto como sea posible."
Isshin asintió, sonriendo, sabiendo que no podía pedir más de él. Kaien ya se encargaría de que Rukia le diera su respuesta, de seguro ella se sinceraría con él. "Es lo único que te pido Byakuya, que consideres la proposición de mi hijo. Nada nos complacería más." Él se puso de pie de inmediato, dando por terminada su misión. Ahora todo quedaba en las manos de la familia Kuchiki. "Bueno, es todo lo que quería decir. Gracias por escucharme."
Los hombres se despidieron cortésmente, y Byakuya vio a Isshin salir de su oficina antes de volver a sentarse frente a su escritorio, dejando escapar un suspiro. Observo a su lado donde todavía podía ver la carta que había leído tan solo momentos antes. La visita de Isshin no había podido ser más oportuna.
Al parecer, se les estaba acabando el tiempo.
Él dudo un momento antes de dar un paso más.
Allí, en la amplia sala, acostada en el sillón más grande, estaba Rukia.
Sola.
"Oh, eres tú." Le dijo ella, dándose cuenta de su presencia. "Llegas tarde."
Realmente a él ya no le gustaba mucho visitar la mansión Kuchiki. No solo los empleados lo recibían con demasiado afecto, comentando acerca de que tan poco lo veían últimamente, sino que no podía evitar ponerse a pensar de todo lo que había vivido en esa casa, con la muchacha que ahora lo detestaba. Era demasiado.
"Hubo un problema en el almacén y con Kaien ausente soy yo el que debe solucionarlo." Le contesto él, acercándose más y sentándose en el asiento más pequeño. "Donde están Karin y Yuzu?" Pregunto, mirando hacia los lados. No había rastros de la presencia de las niñas.
Rukia suspiro, apartando el libro que estaba leyendo. Típico de Ichigo en darse cuenta de la ausencia de sus hermanas mucho después de su llegada. "Están en mi habitación, tomando una siesta. Tardaste demasiado, y ellas estaban agotadas. Vas a tener que esperarlas y lamentablemente soy tu única compañía." Ella le dio una sonrisa malévola.
El solo rodó sus ojos. "Podría haber sido peor. Podrían ser tú y tu hermano," Se burló el, sintiéndose de algún modo relajado, aunque sabía que debería ser todo lo contrario, después de todo, cuando había sido la última vez que Rukia y el habían estado completamente solos, sin la presencia de alguien más? Él no podía recordarlo.
"Ja. Ya quisieras que mi hermano te diera unos minutos de su tiempo." Incorporándose abruptamente, ella estiro su mano para coger una campanilla que estaba en la mesita de al lado. "Puedo ofrecerte algo, pasteles, un refresco?" Que Ichigo fuera odioso no era excusa para ser maleducada.
"Tonta, no te muevas así" Le recrimino el, acercándose y sentándose a su lado. Ella era tan pequeña que apenas ocupaba la mitad del sofá donde estaba sentada. "Vas a hacer que tu tobillo se hinche más."
Ella le dio una sonrisa dulce, aunque fingida. "Oh, estas preocupado por mí? Que amable."
Resoplando, él la miro fijamente. "Estoy preocupado por mí! Si no te recuperas de una vez voy a tener que seguir siendo el chaperón de mis hermanas!. Al viejo no le gusta que ellas vayan solas en el carruaje, aunque sea a visitarte."
Rukia solo se recostó en los cojines tras de ella, mirando al techo mientras cruzaba los brazos, olvidándose por completo de los pasteles. Ella odiaba ser una molestia. "Bueno, disculpa entonces, por hacerte perder el tiempo." Sabía muy bien lo ocupado que siempre andaba su hermano, así que suponía que Ichigo también lo estaba.
Ichigo solo miro a los lados, incomodo. Al parecer sus palabras habían sido más rudas de lo que él había querido, y habían afectado a Rukia. Ella podía ser todo lo engreída y malcriada que quisiera con él, pero nunca había dudado en disculparse si lo hubiera considerado necesario. Eso siempre no hacía sino demostrarle a Ichigo que ella a veces era más madura que él. Suspirando, y casi mecánicamente, el comenzó a levantar su vestido, intentando llegar a su tobillo lastimado.
"Idiota, que haces?!" El rostro de Rukia se puso completamente rojo, mientras se reincorporaba de prisa. Estirando sus manos, intento jalar su vestido hasta sus pies. Que le pasaba a Ichigo?
No fue sino hasta ver el rostro de ella, que el comprendió como lucia eso. "Nada, nada, no estoy haciendo nada!" Contesto apresuradamente, sintiendo también su cara incendiarse. Sus manos se habían movido casi sin pensarlo y había olvidado decirle que iba a ver su tobillo. Estuvo a punto de soltarla, pero se dio cuenta de que eso la haría creer que realmente había tenido otras ideas. Frunciendo el ceño a pesar del calor en sus mejillas, el continuo. "Solo quiero ver cómo está tu tobillo, conociéndote, seguro que no seguiste las indicaciones del viejo." El intento sonar lo más fastidiado posible, haciendo todo a su alcance para evitar que se notara el temblor de sus manos. Siempre le sucedía lo mismo! Siempre cuando Rukia estaba a su lado actuaba sin pensar! El no aprendía la lección.
"Si lo he hecho!" Le replico ella al instante, mientras alejaba sus manos, sintiéndose más relajada. Realmente, había sido una tonta por pensar otra cosa. No solo Ichigo no era ese tipo de persona, sino que la detestaba lo suficiente como para no querer estar cerca de ella más tiempo de lo necesario. "Ten cuidado, no vaya a ser que tú lo empeores!" Su voz tenía un tono de advertencia.
"Si, si," Fue lo único que dijo el, mientras tomaba su pie en sus manos. Ella estaba descalza y sus pies eran tan pequeños que sus manos los cubrían completamente. Con cuidado, empezó a remover el vendaje que cubría la zona lastimada. Al descubrirlo por entero, noto que el moretón había disminuido un poco. "Intenta no mantenerlo inmovilizado." El levanto la mirada abruptamente. "No quiere decir que te pongas a caminar de acá para allá, tan solo no estes todo el día en cama, e intenta moverte lentamente." El intento reflejar la seriedad de sus palabras en su tono. Aunque dudaba que eso le importara a Rukia, ella casi siempre creía que todo lo que decía era tonterías.
"Qué curioso, nunca imagine que tu interés por la medicina se despertaría alguna día, Kurosaki."
Las dos personas en el sofá dirigieron su mirada a la entrada, donde al lado de la muchacha del servicio, estaban Uryuu Ishida y Orihime Inoue, ambos mirándolos fijamente. Mientras la joven lucia nerviosa, Uryuu tenía una sonrisa burlona en sus labios.
"La señorita Inoue y el señor Ishida." Los anuncio la muchacha que atendió la puerta, antes de inclinar la cabeza y retirarse.
"Uryuu! Finalmente llegaste." La voz de Rukia no oculto su alegría. "Orihime," Dirigió su atención a la muchacha. "Conoces a Uryuu?"
La joven de cabellos largos lucio avergonzada de tener la atención de todos sobre ella. "Ehh…no, ….yo solo.." Ella tartamudeo.
"Acabamos de conocernos en la puerta." Termino de responder el muchacho. "Mil disculpas, Rukia, no pude avisar de mi llegada, aunque no creo estar interrumpiendo algo, o si?" El miro fijamente a Ichigo.
"Claro que no!" Contesto este, casi como si lo hubieran atrapado haciendo algo malo. "Que paso Uryuu, finalmente aburriste a todos en Europa que decidieron enviarte de regreso?" Ichigo le ofreció una media sonrisa. No lo iba admitir nunca, pero había extrañado a su siempre serio amigo.
"Ignoren a Ichigo, por favor." Rukia agito sus manos en su dirección, como si estuviera alejando a un insecto, no notando la mirada que él le estaba dando. "No interrumpes nada, Uryuu. Ahora, déjenme presentarlos." A ella le encantaba presentar a las personas, y más si eran amigos suyos. "Uryuu, ella es la señorita Orihime Inoue, llego a Karakura casi un año después de tu partida y es una gran amiga mía. Orihime, él es Uryuu Ishida, estudia medicina en Europa y es amigo nuestro, pero especialmente de Ichigo." Ella añadió lo último con una risita, sabiendo lo mucho que Ichigo negaba eso.
Ichigo solo resoplo. "Él no es mi amigo." El lucia más como un niño que como un hombre de veinte años.
Uryuu se dirigió a la muchacha al lado de él con una pequeña sonrisa. "Un placer conocerla, señorita Inoue."
Orihime asintió vigorosamente, "Igualmente, joven Ishida, un placer conocerlo." Ella observo a Rukia, quien seguía sentada, con Ichigo a sus pies. Era normal que una señorita y un joven estuvieran en esa posición? Qué clase de relación tenían que estaban confortables presentándose así ante otras personas? La idea de todo eso la deprimió.
"Por favor, tomen asiento." Su anfitriona les pidió, observando que todos estaban esperando sus indicaciones.
Orihime tomo el asiento que antes había sido ocupado por Ichigo, mientras Uryuu se acercó al sofá más grande. "Serias tan amable de permitirme observar el tobillo de Rukia?. Quiero decir, sería mejor si alguien con experiencia en medicina lo hiciera, no crees?" El ajusto sus gafas, mientras sonreía ligeramente. "Por supuesto, si es que no te molesta."
Ichigo solo se paró de golpe, casi chocándose con él. Que significaba esa sonrisa? "Por supuesto que no!" Dando largos pasos, él se dirigió al asiento al otro lado del salón, sentándose y mirándolos con el ceño fruncido.
Uryuu solo se sentó, observando a Rukia rodar sus ojos por la actitud de Ichigo. Realmente, era gracioso el verlo enojarse por cualquier cosa, especialmente cuando se trataba de la muchacha de cabellos oscuros. Con cuidado, empezó a tantear el tobillo lastimado, esta vez dándole una sonrisa sincera. "Que sucedió? Sabía que la cabeza de Ichigo era dura, pero no tanto."
Rukia solo sonrió, y fue Orihime quien contesto por ella. "Oh, no, no fue eso!" Ella lucio algo escandalizada por la idea de Rukia golpeando a Ichigo, y le dio una mirada al muchacho de cabello naranja, quien no se dio cuenta. "Rukia se cayó del árbol en la casa del joven Ichigo. Todavía te duele mucho, Rukia?" Su preocupación era evidente.
"Casi nada," Contesto. "Tan solo me fastidia un poco."
"Y va a seguir así por algunos días. Verán, cuando uno sufre este tipo de injurias…"
Ichigo solo los miro, sintiéndose aburrido de repente. Al parecer, esta sería una tarde larga.
Ella se movió lentamente, intentando controlar las muletas.
Realmente había sido una exageración de parte de su hermano el conseguirlas, pero no pudo negarse. Al parecer a él no le agradaba mucho el verla saltando de un lado a otro en un pie, y si bien hubiera sido fácil el ordenar que la cargaran cada vez que quisiera ir a algún lugar, Rukia se había muerto de la vergüenza de tan solo imaginárselo. Así que Byakuya había sido claro. O las muletas, o reposo absoluto y Rukia no tuvo otra opción que aceptarlo. A pesar de que eran algo grandes para ella.
Sus invitados se habían marchado poco después de la cena, algo que ella agradeció porque su hermano había anunciado que llegaría tarde y cenar sola no era algo que le gustara. Había sido una tarde amena, conversando con Uryuu acerca de su estadía en Europa y contándole las novedades del pueblo. Orihime también la había ayudado, y sus comentarios habían hecho sonreír a los presentes, divertidos con las anécdotas graciosas de la muchacha.
Bueno, excepto a Ichigo, pero él siempre estaba enojado.
Avanzando un poco más, finalmente llego a la oficina de su hermano. Todavía no era su hora de dormir, y ya se había cansado de leer y bordar, y las personas del servicio estaban ocupadas como para hacerle compañía, así que decidió realizar algunos dibujos antes de pedir ayuda para subir a su habitación. Lamentablemente, el único lugar que tenía papel y lápices en el primer piso era la oficina de su hermano, así que no tuvo otra opción que dirigirse allí. Aunque el camino le pareció más largo que de costumbre.
Todo sea en nombre de los conejos.
Finalmente, después de mucho esfuerzo, ella entro con cuidado a la oficina, dejando sus muletas apoyadas al lado de la puerta. No quería arriesgarse a romper algo por no saber usarlas bien. Dando pequeños saltos y agarrándose de lo que tuviera cerca, ella se dirigió al escritorio, intentando recordar donde guardaba su hermano los papeles que utilizaba para realizar cuentas, sabiendo que no notaria si es que faltaban algunas hojas. Recordando que se encontraban en el último cajón, ella se sentó en la silla, para poder tomarlas con más facilidad, cuando algo llamo su atención.
Una carta abierta.
Con el sello de la familia Kuchiki.
Ella solo dudo unos segundos antes de empezar a leer.
Estimado Byakuya,
Te escribo la presente misiva, esperando que el viaje de regreso haya sido prospero. Han pasado tan solo algunas semanas desde tu partida, pero aun así, tu ausencia es notoria. A pesar del tiempo transcurrido, todavía no logro comprender como la cabeza de la familia Kuchiki no puede llamar su hogar a esta mansión, que acogió a tu padre, abuelo y todos los grandes hombres que te preceden; supongo que debe ser porque no puedo acostumbrarme a como los tiempos cambian. No es fácil para mí el romper tradiciones. Culpo de ello a mi avanzada edad.
Tal vez fue por la prisa en que realizaste tu partida, o por todas las personas queriendo un minuto de tu tiempo, pero creo que nuestra conversación no tuvo un final satisfactorio. Tal vez las palabras que use no fueron de tu agrado, y por eso me disculpo, sin embargo, mantengo mi posición sobre el tema tratado. Sé que no supe expresar muy bien mis motivos, pero también fue en parte tu responsabilidad, por no haberme dado la oportunidad de hacerlo. Después de todo, una boda en nuestra familia no es algo que pueda acordarse en tan solo unas palabras, motivo por el cual, te escribo la presente carta, esperando que las noticias que tengo te complazcan tanto como a mí.
He recibido una comunicación de parte del distinguido señor de quien te hable, informándome que su llegada al país es cuestión de semanas, y que se encuentra ansioso de por fin llegar a conocerlos a ti y a tu hermana. Ha quedado encantado con ella, ya que, aunque no la conoce personalmente, las noticias de sus cualidades y buenas costumbres, además de su belleza, han sido lo suficientemente satisfactorias como para despertar su interés. Como ya te lo había explicado, este distinguido señor perdió a su primera esposa y su pequeño hijo a causa del crudo invierno azoto su país hace ya algunos años atrás. La tristeza que esto le causo no hizo nada sino aumentar su deseo de formar una familia una vez más, y tiene la esperanza que eso se pueda realizar pronto, uniéndose a nuestra clan.
Sé muy bien que esto va en contra de lo que tú has expresado que quieres para tu hermana, pero te recuerdo que el tiempo ha transcurrido sin que hayas tomado una decisión. Por nuestra parte todos los arreglos están realizados, pero al seguir esperando tu respuesta, los miembros mayores de la familia hemos decidido en tomar cartas en el asunto, tomando en consideración la reputación de nuestro buen nombre. No es nuestra intención el intentar disminuir tu autoridad, pero estamos seguros de que comprenderás lo beneficioso de esta unión una vez que podamos discutirlo en persona. Es por eso que te informo de mi visita a Karakura, en la cual me estará acompañando el distinguido señor de quien te hable.
Esperando que te encuentres bien de salud, me despido de ti sin más que decirte.
Masae Kuchiki.
Rukia coloco la carta en su sitio, intentando dejarla tal y como la había encontrado.
Masae Kuchiki.
El llamarla la matriarca de la familia hubiera sido un exceso, pero el desestimar su importancia sería un error. No solo era quien se encargaba de la educación de las muchachas del clan, sino que también se enorgullecía de haber arreglado matrimonios que habían traído beneficios para la familia. Y al parecer ya había encontrado un marido para ella.
Su hermano no lo aprobaría, estaba segura, pero el negarse causaría un conflicto en la familia y lo último que Rukia quería era que Byakuya se viera afectado por su culpa. Además, con que excusa podría negarse? A pesar de los esfuerzos de su hermano, Rukia no había sido capaz de encontrar a alguien de su agrado para tomarlo como esposo, y dudaba que alguna vez lo hiciera. Realmente, ella no tenía otra opción sino aceptarlo.
Era su obligación.
Kaien no pudo evitar el dar un suspiro de tranquilidad. Finalmente había encontrado algunas viviendas.
Él había salido de la posada en la que se había hospedado ni bien el sol se asomó por el horizonte. El problema del traslado de mercadería no se solucionaría hasta el día siguiente, así que el decidió intentar descubrir otra ruta más hacia el este, buscando así nuevos pueblos donde ofrecer la mercadería. Si bien Byakuya se interesaba más en las ciudades grandes, le había dado a Kaien la libertad para expandir su ruta tal y como quisiera, con tal que no descuidara los contratos ya existentes; y Kaien no iba a desperdiciar esa oportunidad. Aunque dudaba que pudiera hacer mucho si es que seguía perdido como ahora.
Las casas estaban tan solo al lado del camino, sin ningún orden en sí, y él pudo deducir que no era el pueblo que estaba buscando. Todo lucia desolado. Sin embargo, estaba seguro que alguien podría ayudarlo a poder ubicarse. Estuvo a punto de tocar la primera puerta que vio, cuando de repente a lo lejos, una risa femenina llamo su atención. Era melodiosa y denotaba alegría. Quien diría que alguien podría reír de ese modo en un lugar que parecía tan triste?
Sin dudarlo, empezó a avanzar, siguiendo el agradable sonido que parecía estar llamándolo.
Tal vez podría ayudarlo a encontrar su camino.
Continuara...
Muchas gracias por sus reviews andyantopia, NekoMimiR, yocel y KattytoNebel. Ojala este capitulo les haya gustado.
Nada mas, cuidense...
