Capítulo 9

Familia disfuncional.

Escuchó el sonido de la alarma y estiró el brazo, dio un golpe a la mesa de noche y luego de palparla varias veces dio con el maldito aparato que no dejaba de sonar; desactivó la alarma y se quedó en cama, cubierta de pies a cabeza, no quería salirse del refugio que le proporcionaban las cobijas.

Después de unos minutos de necedad, aventó las cobijas y observó la luz que entraba en su habitación, cerró los ojos unos momentos, hizo un ligero puchero y luego se estiró, escuchando como tronaban algunos de sus huesos. Volteó a ver por la ventana y luego cerró los ojos de nuevo, se notaba que hacía un día hermoso y ella no estaba de humor como para salir a admirar el cielo azul y los estúpidos pajarillos cantando.

– ¡Hinata-chan! – Escuchó una voz cantarina y alegre, que provenía del pasillo. – ¡Ya llegué-eh!

Juntó las cejas, estaba de mal humor esa mañana y la aparente sobrecarga de alegría que emanaba de la voz de su hermana la fastidiaba aun más. Se frotó el rostro con las manos y fingió una sonrisa, justa a tiempo para ver a una castaña, despeinada, entrar a la habitación. Su sonrisa se volvió genuina al ver el rostro adormilado de Hanabi.

– ¿Te fue bien? – Preguntó, sabiendo la respuesta de antemano.

– Si, si, si, ¡SI! Y me pagaron aun mejor… ¡pero eso no importa! Es el día de los enamorados ¡y habrá una fiesta en la plaza!

La observó en silencio, sin entenderla, ¿en verdad era esa Hanabi? Sintió como la menor le daba palmadas en las mejillas y se deshizo de los molestos golpes con un movimiento de los brazos.

– ¡Hoy hace un día maravilloso! Anda a asearte, te espero para desayunar.

– Que rara eres…

– No me culpes por ser feliz… amargada.

Escuchó la puerta cerrarse y volvió a cubrirse con las cobijas, no entendía la emoción de Hanabi, cerró los ojos al recordar lo que su padre le había mencionado y se dejó caer en el futón, dejando salir un sonido de frustración. Se aseo y se alistó lo más rápido que pudo y antes de llegar al comedor se quedó quieta, cubriéndose el rostro con ambas manos, ¿A quien quería engañar? La idea de saber que hablaría sobre su prometido le hacía sentir pánico, planeaba casarse a los veintiocho y comenzar una familia a los treinta, no a los veintiuno o más tardar veintidós.

Salió de su habitación y caminó por el corredor, escuchando sus pasos y observando las imágenes que había en las paredes. La historia de ese clan. Acarició con cuidado una de las imágenes, sintiendo como rosaba la pintura con sus dedos, ahora que la recordaba, le fascinaba cada uno de esos dibujos. Regresó la mano a su costado y giró hacia el comedor, donde estaba Hanabi sentada, con mirada impaciente.

– ¡Vamos, estás muy lenta! – Se quejó con voz chillona, mientras golpeaba sus palmas contra la mesa. – Vamos, abuela ¡muévete!

Juntó las cejas y se sentó en su lugar. – Estás demasiado acelerada.

– Tu padre me regañó por ser feliz. – Dijo, al tiempo que tomaba un trocito de fruta con los dedos y se lo llevaba a la boca. – Ese señor…

Se rio al escuchar el tono con el que lo había dicho, parecía que se trataba de su esposa y no de su hija; tomó los palillos y comenzó a desayunar, ignorando la rapidez con la que Hanabi comenzaba a devorar el arroz, ese día estaba más alocada que de costumbre.

– ¿Qué pasó en mi ausencia? – Preguntó Hanabi de pronto. – Lo noté muy… ¿huraño, arisco? No se, algo de eso… dime, ¿que hizo la hija ejemplar?

Casi se atragantó con el bocado al escuchar la última pregunta, bajó los palillos y tomó un poco de té, para poder pasar el nudo que se le había formado con la comida, la lengua, el asombro y las palabras. Se limpió los labios con la servilleta y levantó la mirada, topándose con los ojos de Hanabi, llenos de expectación, incredulidad y duda.

– ¿A que te refieres? – Preguntó, haciéndose la desentendida.

Hanabi sonrió de lado y se recargó en la mesa. – Ah, claro, ahora no recuerdas.

Se le quedó viendo sin saber que decirle, sabía a que se refería, pero no quería hablar de eso, no con Hanabi… no sabía si ella también se indignaría.

– Ai-san y Hikari-chan me dijeron que está muy enojado y que no podía creer lo que habías hecho el otro día…

– Ah… – Sonrió nerviosa, se frotó el brazo derecho y observó a Hanabi unos segundos, antes de bajar la mirada. – N-No es nada…

Asintió lentamente y chasqueó la lengua. Sonrió y bajó la cara, Hinata ya no pudo saber que estaba planeando la menor.

– Claro… el enojo también puede generarse de manera espontánea. – Rodó la mirada. – No te creo nada. ¡Cuéntame!

Se inclinó un poco para atrás y repasó las probabilidades que tenía de zafarse de Hanabi; si la muchacha se decidía a obligarla por medio de la fuerza, era obvio que ganaría. Juntó las cejas, le avergonzaba pensar en eso, al principio no lo había visto como algo malo, pero ahora no sabía como tomarían las cosas.

– Yo traía puesta la… – Alargó un poco el sonido de la "a" y luego se quedó en silencio unos momentos. – L-La… camisa de S… Uchiha-sensei.

Hinata sintió que un extraño escalofrío le recorría toda la piel, al ver el rostro inexpresivo de Hanabi, que tomó un poco de té y luego acomodó su servilleta sobre su regazo. Dios, aquello la estaba matando y más al ver que la muchacha levantaba una ceja y apretaba los labios, para luego volver a su rostro inexpresivo.

– ¿Enserio?

Hinata asintió en silencio y suspiró. – ¿Estás enojada?

Había esperado de todo, una extraña fuga en la noche o tal vez haberse negado a aceptar ser la sucesora, también tenía en mente que hubiera abandonado sus entrenamientos o el tratamiento con Inoichi-san… pero llevar la ropa de Sasuke había sido algo que jamás le pasó por la mente, ni siquiera como una broma para una borrachera. Intentó sonreír pero la sonrisa que puso era una tan burlona que tuvo que llevarse las manos al rostro para cubrirla y que Hinata no adivinara sus pensamientos.

– ¡Por dios!

La sangre abandonó el cuerpo de Hinata y Hanabi estalló en carcajadas.

– ¡Sasuke no tiene esos gestos con nadie! Que extraño… – Gateó hasta el lugar de Hinata y le dio un golpecito en la cabeza. – ¡Que escondido te lo tenías! ¡Hinata y Sasuke sentados en un árbol, b-e-s-a-n-d-muak-muak-muak!

Sintió que las mejillas se le teñían, agachó la cara y la cubrió con sus manos, mientras escuchaba a Hanabi cantar una y otra vez su estúpida canción. Estuvo a punto de levantarse y abandonar a su hermana menor, cuando notó que la castaña se quedaba callada y rápidamente volvía a su lugar, tomó los palillos y empezó a jugar con ellos, notablemente nerviosa. Después de unos minutos, la puerta se deslizó y su padre entró al comedor.

– Hinata, acompáñame a la biblioteca.

¿Las había escuchado?

Asintió y se levantó despacio, de pronto sintió como si tuviera sobre sus hombros el peso de una enorme roca; suspiró despacio e ignoró por completo la demandante mirada que Hanabi le dedicaba a su padre. Logró ponerse de pie y siguió a su padre en completo silencio, pero antes de cerrar la puerta le envió una sonrisa a Hanabi, con la intención de calmarla, en cuanto la puerta se cerró, su rostro cambió por completo.

Caminó en silencio detrás de su padre, sabía a lo que iban a la biblioteca, pero no podía oponerse, prefería ser ella a que fuera Hanabi. Sintió que el corazón se le detenía en el momento en que entraron a la biblioteca, pero comenzó a entrar en pánico al escuchar que la puerta se cerraba; respiró profundo y observó a su padre.

– Hinata, sabes que pronto serás tú la cabeza de esta familia.

Asintió una sola vez mientras veía a su padre acomodar unas cosas en el enorme escritorio que había ahí dentro, al parecer eran simples papeles que estaban desperdigados por todo el mueble.

– Por eso debes casarte con alguien de la familia.

Asintió de nuevo y bajó la mirada, no quería verlo, no podría soportar su mirada en esos momentos.

– Ese hombre te acompañará a lo largo de tu vida, será quien te apoye en tus decisiones, el se encargará de protegerlos a todos si tu llegas a faltar… sabes a lo que me refiero. – Se giró para verla y se quedó serio al notar que ella parecía más una pequeña niña asustada que una joven de veintiún. – Tu esposo debe ser un hombre de sangre pura… una persona con la que puedas mejorar a las generaciones futuras.

Hinata sintió que el corazón se le encogía, eso era un enorme acto de crueldad que no sabía si soportaría por más tiempo, la estaban tratando como a un animal con pedigrí. Asintió un poco y apretó los puños, para que no se notara el temblor de sus manos, quería que todos la vieran como una mujer fuerte y decidida.

Las lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos, nublándole la mirada y amenazando con derramarse en sus mejillas en cualquier momento y levantó la mirada. Recordó a los jóvenes que vivían ahí, sin contar a Neji, el más joven era seis años mayor a ella y el segundo era nueve años mayor a ella; respiró profundo y rogó por que se tratará de uno de ellos dos.

– P-Padre…

Dejó de sentir los latidos de su acelerado corazón cuando su padre volteó a verla, esa mirada tan seria y fría la atormentaba, parecía que el hombre no sentía nada… nada de nada. Bajó la mirada y carraspeó.

– ¿Quién… será mi e-esposo? – Preguntó con miedo.

El hombre volteó a verla y luego sonrió un poco, su hija se veía tan decidida. – Tu esposo será Hayato, en cuanto vuelva de su misión podrán pasar a conocerse mejor.

Escuchó un fuerte portazo y volteó asustada hacia donde suponía estaba la puerta cerrada, ahí parada, con una mirada de asesina psicópata, estaba Hanabi; tenía las cejas bien juntas, su respiración era irregular, el cabello lo tenía un poco desaliñado, la mandíbula bien apretada y su mano izquierda aun en la puerta. Jamás la había visto tan fuera de si.

Escuchó un extraño chasquido y volteó a ver a su padre, el seguía tan serio como siempre, solo que sus puños ligeramente apretados denotaban el disgusto que sentía. Quiso calmar la situación, pero ya era demasiado tarde, una guerra se había desatado con un fuerte portazo y para detenerla uno de ellos tendría que perder o rendirse.

– Es de mala educa-…

– ¡No me diga que es educado y que no! – Espetó la joven con furia en la voz. – ¡Elegir el esposo de alguien es… ruin!

Hinata sintió que debía hacer algo, pero a la vez que no encajaba en esa discusión tan acalorada. Observó las cejas de su padre, lentamente se fueron juntando hasta que casi se convertían en una sola.

– Hanabi, vete a tu habitación.

Se cruzó de brazos y puso una extraña expresión seria en la que aun se podía apreciar su enojo. – No.

Demonios.

– ¿Acaso necesitas un correctivo?

La mueca de Hanabi se llenó de burla. – ¡Yo no soy quien necesita un escarmiento! No recuerda lo que decía cuando-…

– ¡A callar!

Gritó su padre. Hanabi pareció no inmutarse, pero Hinata sentía que todo el cuerpo le temblaba.

– No… Ya no voy a callar.

Sintió desesperación, no quería que de pronto comenzaran a pelear ahí, entonces si no sabría si podría detenerlos. Corrió hasta quedar frente a su padre y luego volteó a ver a Hanabi, tenía las piernas tan tensas que le dolían las rodillas y sus manos estaban tan desatendidas que se entretenían con cualquier cosa que tuvieran al alcance.

– Ha-Hanabi, hazle caso… onegai…

Hanabi se quedó en silencio y pasó de largo a Hinata con la mirada, para posarla sobre su padre. Señaló al hombre y apretó los dientes con fuerza antes de hablar.

– ¡Estoy harta de esta casa y sus estúpidas reglas! ¡Y estoy harta de usted! Y no voy a dejar que Hinata se case con Hayato.

La expresión de Hiashi se tornó dura. – Hanabi te lo advierto…

– Sabe que puedo detener la boda, todos en esta casa debemos estar de acuerdo… yo no lo estoy y Neji no lo estará.

Hinata dio dos pasos hacia atrás y se giró de modo que aun podía verlos a ambos, pero la imagen le daba miedo, al igual que la atmosfera que se había creado.

– Neji estará de acuerdo.

Hanabi de pronto cambió su semblante por uno lleno de incredulidad, luego uno de asombro y después uno con más ira que el anterior, caminó lo más rápido que pudo, tomó a Hinata de la mano y tiró de ella al tiempo que caminaba hacia la puerta. Hinata solo la siguió sin saber como reaccionar, se dejó guiar y manejar por la muchacha que con cuidado la sacó de la biblioteca, para luego pararse frente a ella de espalda; sintió que el corazón se le aceleraba de nuevo, Hanabi aun no terminaba con su pelea, por eso la había sacado de ahí.

– ¡Me repugna! No puedo creer que sea capaz de semejante atrocidad… ¡es un monstro!

La muchacha se giró y tiró de ella con delicadeza, caminaron por el pasillo en silencio, escuchando las palabras de Hiashi, que gritaba desde la biblioteca.

– ¡No te vas a llevar a Hinata y de esta casa no vuelves a salir!

Hanabi se giró, aun más molesta. – ¡No me va a decir que hacer!

Hinata observó la situación incrédula y luego caminó detrás de Hanabi, hasta llegar al jardín, ahí la castaña le soltó y caminó hasta donde tenían guardados los utensilios, se detuvo unos momentos y volteó a ver a Hinata, pero giró el rostro de inmediato. Hinata se quedó en silencio, estaba segura que había visto las mejillas de Hanabi empapadas en lágrimas. Se levantó sin hacer ruido y caminó lentamente a donde estaba su hermana menor.

– No dejaré que te haga eso… – Negó de manera extraña. – A ti no…

En cuanto llegó a donde estaba Hanabi la abrazó y como si hubiera sido una bomba, los sollozos de la pequeña comenzaron a escucharse, ahogados debido al abrazo. Hinata le acarició la cabeza, no quería verla llorar; sintió como se alejaba de ella y tomaba sus herramientas.

– Tranquila… ya pasó…

Asintió y caminó a donde había estado antes, se sentó y observó al frente, al extenso jardín que se iba perdiendo entre los árboles del bosque que estaba detrás de esa casa. Abrazó sus piernas y suspiró, tenía tantas ganas de perderse ahí el tiempo libre que le quedaba antes de ir con Inoichi a seguir el tratamiento.

Giró el rostro hacia la maceta que contenía unos brotes de Girasol que Hanabi cuidaba con su alma, protegiéndolos del frío y la lluvia. Sonrió nostálgica, esa era flor favorita de su madre. Sonrió un poco y volteó a ver a la adolescente, ya tenía la ropa sucia y tenía una enorme sonrisa al contemplar sus pequeños bebés, como solía decirles ella.

– Daré un paseo, necesito pensar.

Hanabi dejó escapar una risa y luego suspiró. – Recuerda que debes ir con Inoichi-san. – Caminó hasta donde estaba la regadera.

– No lo olvidé, descuida.

Caminó por el jardín en dirección al bosque, escuchando a Hanabi cantar versos de diferentes canciones. Caminó tranquila hasta que ya no escuchaba la voz de su hermana menor y al voltear no distinguió nada más que musgo, troncos, rocas, hojas y más hojas. Activó el Byakugan y vio animales que habitaban ese inmenso bosque, hacia atrás podía ver la casa y a Hanabi caminando por el jardín, cargando con ella la regadera. Al frente había árboles, al igual que a ambos lados. Desactivó su técnica y sonrió… solo estaban ella y el bosque.

Siguió caminando sin rumbo, no quería recordar lo de su futuro esposo en esos momentos. Bajó la mirada unos momentos y pateó una roca, era tan extraño, no extrañaba su vida en Londres, ni a Candy y sus locuras o a Edmond y su música cada domingo… pero le dolía recordarlos.

Se sentó y observó de nuevo el paisaje, se sentía tan libre en ese lugar. Se llevó las manos al rostro y dejó escapar un gruñido, pronto tendría que hacerse cargo del clan y conocer al hombre que la acompañaría toda la vida. Un hombre perteneciente al clan, de sangre pura y todo lo demás, pero tan solo pensar en el matrimonio le hacía sentir mal… en Londres eso no hubiera sido necesario. Bajó la mirada, prefería mil veces que Neji o Hanabi tomara su lugar.

Escuchó un crujido y activó el Byakugan. A unos metros de ahí estaba una ardilla, corriendo por el suelo. Se dio un golpe en la frente, estaba exagerando. Se fijó hacia donde estaba la casa, ya se había alejado demasiado, pero no tenía ganas de volver. Observó hacia su derecha, a un kilometro podía ver una cascada. Desactivó la técnica y se levantó, tal vez observar el agua caer le calmaría un poco y le ayudaría a pensar mejor.

Corrió por varios minutos, sin detenerse y sin que el aliento le faltara. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, los frutos de su entrenamiento eran realmente buenos y ya comenzaban a notarse, dio un salto y continuó su trayecto de rama en rama; su sonrisa creció un poco más, pero se desvaneció al recordar todas las veces en que Sasuke le había regañado por emocionarse y la manera tan cortante que en le decía que no era suficiente. Sacudió la cabeza y alejó toda idea negativa acerca de sus entrenamientos, solo se dedicaría a escuchar los sonidos del bosque y disfrutar de ese momento a solas, sin su padre observándola siempre.

Lentamente comenzó a disminuir la velocidad, hasta que se encontró caminando, hipnotizada por el sonido de agua corriendo cerca de ahí. Caminó rápidamente, hasta que escuchó algunas voces y se detuvo, por miedo a que fueran a pensar que estaba espiando. Subió a un árbol para poder irse sin hacer tanto alboroto y observó desde ahí al rubio que hacía su corazón palpitar, acompañado por Sakura.

Sonrió, tal vez podría vencer su estúpido miedo y dirigirle algunas palabras al rubio…después de todo no perdía nada con hablarle. Bajó lentamente por el árbol, se acomodó el pantalón y sacudió el polvo que había en el, respiró profundo y acomodó su cabello. Echó un vistazo antes de correr y observó como el rubio tomaba a la muchacha con delicadeza y luego le daba un beso en la frente, seguido de una hermosa flor.

Sintió un ligero dolor en el pecho, seguido de una desazón que desaparecieron rápidamente y negó un poco, jamás había tenido esperanza con el rubio. Empezó a dar algunos pasos hacia atrás, no quería ver eso, pero no podía dejar de verlo, era como si sus ojos hubieran sido pegados a la imagen. Sintió que chocaba con algo mullido para ser un árbol y quedó paralizada unos momentos al reconocer la presencia.

– ¿No te han dicho que es de mala educación espiar?

Separó los labios para hablar pero el los cubrió con una mano, la tomó por la cintura y la llevó a una parte más alta del árbol en el que había estado la muchacha, donde las copas de los demás los cubrían. La soltó y la recargó en el tronco. Escuchó al rubio llamar a Sakura y echó un vistazo, vio a Naruto correr detrás de ella, hasta que se perdieron bajo las copas de los árboles menos altos.

Se quedó viendo unos minutos, hasta que ya no los sentía tan cerca y luego bajó del árbol, seguido de la chica de ojos perlados. Siguió viendo al frente, esperando que el rubio no regresara, no quería que lo viera ahí con la Hyuuga y empezara con sus conclusiones apresuradas. Regresó la mirada hacia Hinata y se sintió extrañado al ver que sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Hinata sonrió, avergonzada al ver que Sasuke se quedaba serio y se limpió las lágrimas. Sasuke la observó y luego regresó la vista al frente, sintiendo un poco de empatía… pero solo un poco.

– Siempre ha sido un idiota.

Lo observó comenzar a caminar y corrió para alcanzarlo, ese hombre le intrigaba, siempre lo veía solo por ahí, rodeado de silencio y de esa aura tan extraña, lúgubre. No lo entendía y algunas dudas siempre la hacían quedarse minutos pensando en que pasaba por la mente de ese hombre.

Notaba el fastidio que le provocaban todas las personas que estaban ahí, desde Tsunade, hasta ella o Naruto, el no estaba feliz ahí… o por lo menos no estaba a gusto. Recordó lo que Kiba le había contado acerca del muchacho y apretó los labios; tenía algunas preguntas, pero a la vez tenía tanto miedo de molestarlo.

– ¿Por qué decidiste volver? – Se escuchó decir, aterrorizada de solo pensar que cara pondría el Uchiha.

Se detuvo y volteó a ver a Hinata, era la primera persona que se atrevía a preguntarle eso. ¿Qué demonios pasaba por la mente de esa niña de ojos claros? Nadie se había atrevido a preguntar por que pensaban que los descuartizaría con un simple movimiento de la muñeca. Regresó la mirada al frente y continuó con su andar.

– Eso no te importa.

Bajó el rostro y se mordió el labio, era el tipo de respuestas que había esperado. No podía creer que por un momento pensó que el llegaría a responderle, a confiarle algo que seguramente no le respondería ni a Naruto. Las palabras se amontonaban en su garganta y no podía tragarlas.

– Se que… te fuiste y que Naruto-kun y Sakura-san te buscaron sin cesar y…

– Conozco la historia.

Ha decir verdad, le sorprendía que ella se atreviera a hablarle un poco más, aunque le fastidiaba, no quería escuchar sus parloteos. Hinata observó la espalda de Sasuke, siempre que veía a las personas que más admiraba, las veía de espalda y muy pocas veces le tocaba verles al rostro.

– ¿Por qué volviste?

Bajó la mirada unos momentos, sorprendido. – Naruto y Sakura joden mucho.

Asintió un poco, entendiendo el punto de Sasuke y observó hacia atrás, el sonido del agua corriendo le llamaba demasiado la atención. Se detuvo y giró un poco el cuerpo, quedando de perfil. Dio unos cuantos pasos y observó a Sasuke alejarse de ahí, era de mala educación no despedirse ahí y en Londres… y seguramente lo sería en todos lados.

– Hasta el entrenamiento.

Corrió y se perdió entre los matorrales, dejando a Sasuke de espalda a donde había estado ella y con el rostro hacia su costado, para poder ver hacia atrás. Era la primera muchacha que no se empeñaba por hablarle, caminar junto a el o simplemente fastidiarlo. En realidad sentía que le había seguido por compromiso. Por primera vez en muchos años alguien le agradaba… por primera vez sentía curiosidad de conocer a una persona. Giró el rostro para despedirse de Hinata como era debido.

– Hasta el… – Observó el lugar vacío. –… entrenamiento.

Sonrió de medio lado, tal vez… las muchachas no eran todas odiosas. Sintió un movimiento a su derecha y comenzó a caminar, vio por el rabillo del ojo y se detuvo al ver que una liebre se atravesaba en su camino. La hizo a un lado con un ligero empujón y siguió caminando.

Sonrió de medio, Uchiha había caído en su trampa y eso era algo imperdonable para el. Se recargó en el tronco del árbol y observó hacia donde estaba la chica de ojos perlados; se sentó en la rama y movió las piernas en el aire. Recordó lo que Suigetsu había dicho: "Destruiremos a la hoja, pero para eso romperemos uno de sus pilares…"

El chico torció los labios y regresó la vista hacia la chica que jugaba con el agua. Parecía tan tranquila, ni siquiera se había dado cuenta que tenían días observándola desde lejos, memorizando cada movimiento, cada lugar visitado y sus horarios. Dejó salir un suspiro de cansancio y se deslizó por el tronco hasta quedar sentado en la rama más cercana al suelo, con una pierna colgando.

– Es un desperdicio tan grande… eres hermosa…

Sintió un fuerte golpe en la cabeza y se giró lo más rápido que pudo, para toparse con la mirada rosa y furiosa de Kohana, estaba cubierta de lodo y el cabello ya se le pegaba a la cara.

– No te enamores, tenemos órdenes de no acercarnos, patán.

Se encogió de hombros. – No me importa… pero bueno, si me dejan jugar un ratito con ella, podría ser más obediente.

Ambos sonrieron y desaparecieron, dejando el bosque completamente solo, con un susurro de tranquilidad inquebrantable.

Hinata sintió una extraña briza y activó el Byakugan, pero no había nadie cerca de ella, se encogió de hombros y lo desactivó, de seguro eran simples jugarretas del viento. Un calosfrió le recorrió la espalda, haciendo que se le erizara la piel y un frío extraño la invadiera. Se levantó y observó al bosque, no entendía porque se sentía así, pero esa sensación no le gustaba nada.


Respuestas a comentarios sin cuenta:

Hin123: Me alegra saber que te gustó mi historia :D eso quiere decir que voy bien. Esos dos los voy a describir mejor en los próximos capítulos, descuida(: Lo de la otra familia, es algo que no puedo revelar aun, lo siento u.u, pero hablaré de ellos en un capítulo :D Espero te guste este capítulo, no se que tan largo sea a comparación de los demás, pero las fechas no me permitieron más D: En fin, nos leemos :D PRÓSPERO AÑO NUEVO! Te envío un abrazo y doce uvas ;) jajajaja

Maribelteka: Gracias por tus comentarios, linda :D Bien, lo de si Hinata tuvo enamorados o no, si tuvo, estuvo ausente cinco años, una que otra ofertilla aparecieron(; pero estoy segura que habrá un capítulo en que la misma Hinata te cuente sobre ellos(: Muchas gracias por leerme y espero que te guste este capítulo(: PRÓSPERO AÑO NUEVO! te mando un abrazote y tus doce uvitas!

Hinamel: Estoy feliz de saber que te gustó el capítulo y el pasillo de los comentarios perves :B jajajaja, yo se que Tsunade se pasó, pero es que es culpa de los ancianos ¬¬ jajaja, pronto solucionaré es problema (; Gracias por leer :D te envío mis mejores deseos en este año nuevo, un enorme abrazo y tus doce uvas(:

MissLuppi: Yo se que hay cosas que no agradan, pero hay que meterle un poco de acción a la historia, además ese par de raros va a contribuir a que lo de Sasuke y Hinata crezca 3 jajajajaj Te mando un abrazo enorme y te deseo un PRÓSPERO AÑO NUEVO!

Fecha de publicación: Jueves 29 de Diciembre del 2011.