FUE POR TI

El hospital se había hecho lo suficientemente grande para que Emma y Regina llevasen tres días evitándose sin apenas cruzarse una sola vez. Sin duda había ayudado el hecho de que las dos fuesen jefas de sus unidades, con lo que podían mover su plantilla a placer para librarse de un posible encuentro. Pero la realidad era que habían pasado tres días desde el beso en el almacén y desde entonces no habían vuelto a verse las caras.

Emma había querido romper aquella ley autoimpuesta de silencio varias veces, y acercarse a ella para pedirle explicaciones de lo sucedido. No entendía por qué Regina había recalcado tantas veces el hecho de que no se había aprovechado de ella, ni tampoco la reacción que había tenido tras el beso, donde el miedo parecía haberse apoderado de su cuerpo. Sin embargo su inseguridad la llevó a dejar las cosas como estaban. Era mucho más cómodo evitar a Regina, negarse a entenderla, que profundizar más en los sentimientos que se apoderaban de su propio cuerpo cuando tenía a la morena delante.

La pediatra, por su parte, vivía esos días con un constante malhumor que estaba comenzando a afectar a su trabajo. No dormía por las noches, no tenía apetito, y se pasaba las horas muertas reviviendo una y otra vez el momento vivido con Emma. Se negaba a aceptar lo que había sentido y para ella también era más fácil ignorar a la rubia que hacer frente a sus propios sentimientos.

Durante esos días, la imagen de Kate también había estado más presente que de costumbre, como lo estaba casi siempre que lograba algún acercamiento con Emma. No quería remover su pasado, no quería volver a la autocompasión de pensar en lo ocurrido, pero los sentimientos que despertaba Emma en ella la hacían recordar inevitablemente a la que un día fue la mujer de su vida.

-Últimamente piensas mucho en ella

La voz de su hermana la hizo salir de sus ensoñaciones y abrazó contra su pecho el marco de fotos que tenía en las manos, como si necesitase protegerlo. Zelena entró en su habitación y se sentó en la cama, justo a su lado, disfrutando por unos instantes del cómodo silencio que las envolvía. La pelirroja colocó entonces sus manos sobre las de su hermana, que poco a poco cedió el agarre hasta mostrarle su pequeño tesoro.

-Creo que no recuerdo una sola imagen suya sin esa sonrisa –Habló mientras observaba el rostro sonriente de las dos mujeres que posaban abrazadas

-¡Oh! Yo si la recuerdo…no veas como se ponía cuando estaba enfadada –Bromeó la morena con sus ojos fijos en el rostro de la rubia de la fotografía

-¿Qué te pasa Gina? –Cuestionó su hermana mirándola fijamente –Últimamente estás muy rara…más que de costumbre –terminó por bromear, sabiendo la dificultad de su hermana para expresar todo aquello que la atormentaba

-A veces la echo demasiado de menos –Comentó sincera, mirando a la pelirroja a los ojos –Además sabes que el ambiente navideño me irrita –Bromeó ella también

-Por una vez creo que te voy a dar la razón, a mí este año también me irrita el ambiente navideño –La pelirroja se dejó caer en la cama soltando un suspiro bajo la divertida mirada de su hermana

-Tú adoras la Navidad

-No cuando mamá se pone tan pesada…

-Creo que empezamos a entendernos –rio Regina –Yo ni siquiera hago el intento de cambiar mis guardias...estoy segura de que mamá llamaría a Gold para ordenarle que me diese la noche libre

-Tenlo por seguro –Soltó Zelena echándose a reír –A mí me tiene loca con el tema de Robin

-¿Sigue queriendo que venga a cenar con nosotros?

-Y eso que le he dicho que tiene guardia

-No dudes de que llame a Gold para eso también–bromeó la morena haciendo que su hermana soltase un largo suspiro

-Ya me veo cenando con Robin y Emma sentados en la mesa…

La sola mención del nombre de la rubia hizo que la sonrisa se esfumase del rostro de la pediatra, que volvió a centrar sus ojos en el cuadro que tenía en las manos, pasando las yemas de sus dedos por el rostro de la rubia que se veía en él.

-Deberíamos ir a trabajar –dijo levantándose de golpe, guardando la foto en uno de los cajones de su mesilla de noche –Nos espera una noche larga…


Emma entraba en el hospital con Robin a su lado, que llevaba todo el camino hablando de algo a lo que la rubia no le había puesto ni la más mínima atención. Se acercaron a la recepción y firmaron su parte de entrada con desgana, antes de internarse en los pasillos, camino de sus respectivos vestuarios.

-Odio las guardias de noche –soltó el rubio, que arrastraba sus pies con pesadez

-No te quejes, que hoy Zelena también trabaja y estoy segura de que os pasaréis las horas en la sala de descanso haciéndoos arrumacos

-Ahí tienes toda la razón –rio su amigo –Pero eso será posible si no tenemos un turno muy movidito

-Pues esperemos que no, porque yo estoy…

Sus palabras se quedaron suspendidas en el aire cuando vio al jefe del hospital acercándose a ellos con su inseparable bastón. Emma y Robin lo miraron sorprendidos, poco acostumbrados a que el hombre merodease por aquellos pasillos.

-Vístanse lo más rápido que puedan –dijo instantes antes de llegar a su altura –Ha habido un accidente múltiple en la entrada de la ciudad, los heridos están a punto de llegar

El hombre pasó como una exhalación, acercándose después a otros compañeros, que al igual que ellos se dirigían a los vestuarios, para informarles de la situación.

-Si antes lo digo… -Robin soltó un largo suspiro –Adiós a mi noche de arrumacos…

-Anda vamos a vestirnos -Emma empujó al rubio en dirección a los vestuarios –En unos minutos esto será en un completo caos…

Y como había predicho la enfermera, unos minutos más tarde comenzaban a llegar los primeros accidentados y con ellos el descontrol se apoderó de urgencias. Las camillas con heridos se agolpaban en cada rincón de los pasillos y el personal corría de un lado a otro con vendas, medicamentos, bolsas de sangre y un sinfín de máquinas. En la sala de espera también reinaba el desconcierto, con decenas de familiares desesperados en busca de información sobre los heridos.

-Los refuerzos comienzan a llegar –informó Zelena a su jefa, que intentaba organizar a los enfermeros que estaban disponibles esa noche

-Menos mal –soltó la rubia aliviada –Esta noche toda la ayuda es poca…

-Lo has hecho muy bien Emma –la animó su amiga frotándole cariñosamente la espalda –Poco a poco todo esto se irá controlando

-Espero que así sea porque...

-Swan, necesito una enfermera para quirófano

La voz grave de Regina a su espalda hizo que se girase con marcada lentitud. Era la primera vez que se veían después de haberse besado y, pese a la gravedad de la situación en ese momento, ninguna pudo evitar clavar sus ojos en la otra durante unos instantes.

-Zelena –La rubia rompió el contacto y se giró para mirar a su compañera -¿Estás libre para entrar?

-Voy a entrar con Gordon en quince minutos

Emma soltó un sonoro suspiro y se giró para mirar el cuadrante de sus enfermeras y comprobar que ninguna estaba libre en ese momento.

-¿Es grave? –preguntó a la pediatra sin separar sus ojos de la pizarra

-Es un niño de siete años Emma…si no lo operamos ya...puede que pierda la pierna

La rubia la miró consternada. Los casos en los que se veían involucrados niños siempre le había parecido los más difíciles, por eso admiraba tanto el trabajo de la pediatra.

-Entraré yo contigo

-Está bien –Regina esbozó una pequeña sonrisa –Consígueme un quirófano y llama a un traumatólogo mientras yo busco a sus padres

-Ahora mismo me pongo con ello


Llevaban más de tres horas metidos de lleno en aquella complicada operación. Las cosas en la zona de urgencias parecían volver poco a poco a la normalidad, contrastando con el interior del quirófano, donde se libraba una encarnizada lucha entre los diferentes equipos médicos que asistían a la operación.

Emma había localizado a Killian Jones, uno de los traumatólogos que se encontraba esa noche de guardia y que parecía discrepar en todas las decisiones que tomaban Regina y el médico encargado de la cirugía vascular. Desde que se habían encontrado, la enfermera pudo notar la palpable tensión que existía entre el doctor Jones y Regina, pero todo se acrecentó en el momento en el que el traumatólogo decidió que la opción más viable era amputar la pierna.

-No lo haremos –respondió la pediatra tajante mientras seguía asistiendo al cirujano vascular

-¡Mills es una auténtica locura!

-Mientras tengamos vasos receptores y el doctor Williams considere que son viables, no barajaré esa opción

Jones dio un paso atrás dejando el instrumental que tenía en sus manos sobre una de las bandejas. Regina lo miró desde su posición, sin descuidar su trabajo. Emma tenía clavados sus ojos en la morena, que parecía un volcán a punto de estallar.

-Estamos perdiendo el tiempo

-No lo daré por perdido si conseguimos que este niño salga de aquí con las dos piernas

-¿Has visto esa lesión arterial? –cuestionó apuntando la pierna del niño con su mano

-Williams la ha visto y ya ha dicho que es salvable

-No os queréis dar cuenta de que al final tendremos que amputar…solo estamos prolongando lo inevitable

-Y tú no te quieres dar cuenta de que es un niño de siete años –Soltó la morena elevando su tono de voz

El silencio se hizo en el quirófano durante unos instantes e incluso el cirujano vascular, que intervenía en ese momento, elevó sus ojos para observar a sus dos compañeros, que se encontraban uno a cada lado de la camilla retándose con la mirada.

-Sé de lo que hablo Millls –elevó también su voz el moreno –He visto esto cientos de veces, ¡Soy el traumatólogo encargado de esta operación!

-Pero este es mi paciente –Regina hablaba con seguridad en sus palabras, intentando no perder de nuevo la compostura –Aquí soy yo la que tomo las decisiones

-No me hagas reír…

-Fuera del quirófano –soltó Regina para sorpresa de todos los presentes

-¿Esto es algo personal verdad? –El moreno dirigió por un momento una mirada rápida a Emma, que Regina entendió perfectamente -¿Es por lo de aquel sábado?

-Tengo a un niño de siete años en la mesa de operaciones –habló Regina con la mandíbula completamente apretada, al igual que sus puños, que intentaban contener su creciente ira –No te lo repetiré más veces… ¡Fuera del quirófano!

El moreno miró a todos los presentes y dio unos pasos hacia atrás con lentitud, volviendo a clavar sus ojos claros en la pediatra.

-Esto no quedará así…

-Swan llame a otro traumatólogo –ordenó Regina desoyendo sus palabras, centrándose de nuevo en la operación


Tras varias horas de operación, el equipo que trabajaba en quirófano había conseguido salvar la pierna del pequeño y se felicitaba mutuamente. La alegría de salvar a un paciente se acrecentaba casi siempre que se trataba de un niño, y más en una noche tan dura como la que habían vivido.

-Le quedará una buena cicatriz –comentó una de las enfermeras mientras observaba como el médico acababa de cerrar el corte

-Será una herida de guerra, eso le gusta a las chicas –bromeó Regina haciendo que todos riesen

Emma la miraba completamente hipnotizada, sin poder esconder el orgullo que sentía de poder trabajar con alguien como ella.

-¿Acabas de cerrar tú James? –Dijo el cirujano vascular a uno de sus compañeros –Necesito estirar las piernas de una vez

El médico asintió y Williams y Regina abandonaron el quirófano para entrar en la sala de desinfección, donde comenzaron a quitarse la ropa desechable.

Emma dio varias órdenes a las enfermeras de la sala para que se ocupasen de preparar el postoperatorio del paciente. Luego salió por la misma puerta por la que lo habían hecho los dos médicos, que en ese momento lavaban sus manos dejando correr el agua de los grifos.

-La felicito Swan –dijo el hombre de pelo canoso regalándole una amplia sonrisa –Nunca había trabajado con usted pero ha sido un enorme placer

-El placer ha sido mío –Respondió la rubia sonrojándose ligeramente

-Y en cuanto a ti Gina –dijo el hombre de forma bastante cercana, acariciando la espalda de la morena –Gracias por defenderme ante el…indeseable –soltó poniendo una mueca de disgusto que hizo reír a las dos mujeres

-Te aseguro que eso sí que ha sido un placer

El hombre soltó una carcajada y luego se despidió de las dos mujeres para salir del quirófano tarareando una canción.

-Es un gran profesional –soltó Emma sin poder dejar de mirar la puerta por la que el hombre había desaparecido

-Tú también lo eres

La rubia hundió su mirada en los ojos avellana de la pediatra, permitiendo perderse en ellos durante unos segundos, después de tantos días sin poder observarlos. La había echado de menos, no tenía ninguna duda. Pese a lo insufrible que le parecía Regina Mills se había acostumbrado demasiado a ella.

-No digas eso –Emma rompió el contacto visual y se acercó al grifo para lavar sus manos –Tú sí que has estado increíble ahí dentro

-Solo he ayudado en lo que he podido…esta no es mi especialidad

-Pero has tomado decisiones importantes –Dijo aludiendo claramente al incidente con Jones –Eso a veces es más difícil que la propia intervención

-Todos hemos hecho un buen trabajo –Comentó Regina intentando zanjar el cruce de halagos –Y lo importante es que el niño está bien y hemos conseguido que no pierda su pierna

Emma asintió levemente. Por un momento sintió la imperiosa necesidad de volver a hablar con aquella mujer, de aclarar todos los problemas que las habían mantenido distanciadas los últimos días, pese a que quizás no fuese el mejor momento.

-Regina…

-Voy a hablar con sus padres –La interrumpió la morena deteniendo sus palabras –Llevamos muchas horas aquí dentro y estarán nerviosos

Emma volvió a asentir con una sonrisa un tanto forzada y la pediatra salió de la sala sin decir una sola palabra más.

Comenzó a caminar por los pasillos dirigiéndose a la sala de espera en la que había dejado a los padres del pequeño, pero Killian Jones la abordó de frente, parándose a pocos centímetros de ella. La morena dio un paso al lado intentando esquivarlo pero el médico imitó su movimiento como si estuviese frente a un espejo.

-No tengo tiempo para bailes Jones –soltó la morena irritada, intentando escabullirse, pero el hombre volvió a enfrentarla

-Yo tampoco Mills…lo único que necesito es que me aclares lo que ha pasado en ese quirófano –El hombre señaló la puerta por la que acababa de salir la morena –No me gusta que me echen de los quirófanos

-¿Quieres que te cuente lo que ha pasado en ese quirófano? –Cuestionó la morena mirándolo con desagrado –Muy bien…en ese quirófano acabamos de salvar a un pequeño de una posible amputación

-Ya sabes a lo que me refiero –dijo el hombre, que parecía turbado ante la idea de que al final hubiesen conseguido salvar la pierna del niño –Me has echado del quirófano

-Sí, lo he hecho…porque yo estaba al mando de esa operación –Habló sin titubeos –Ese niño era mi paciente –recalcó el posesivo –Y estaba segura de que le podíamos salvar la pierna, como así ha sido –La morena lo miró con suficiencia –Y si tienes alguna queja puedes hacérsela llegar al director del hospital, pero a mí déjame en paz

Regina dio un paso al frente intentando seguir su camino pero el moreno la agarró por el brazo volviendo a encararla.

-¿Todo esto es por la enfermerucha esa no? Por Swan… -dijo soltando su nombre con aversión

-No la metas en esto…

El rictus de Regina pareció congelado y sus puños se cerraron con fuerza, hasta que los nudillos le quedaron completamente blancos.

-Vaya, vaya… ¿Ya te la has follado? –cuestionó con una sonrisa que hizo crecer la ira de la morena

-Ni se te ocurra volver a mencionarla –amenazó acercándose a él con su dedo índice levantado

-¿Entonces es más que un simple polvo? –Rio el médico –No me digas que la señorita Swan ha hecho que por fin te olvides de tu novia muerta…

Tras aquellas palabras todo pareció precipitarse, ocurriendo tan rápido que ninguno de los presentes pudo controlarlo. Emma, que había salido del quirófano y se había quedado petrificada al oír la última frase del moreno, contempló como de un momento a otro la mano de Regina se movía rápida e impactaba con fuerza en el rostro de su compañero, que no tardó en devolverle el golpe.

-¡Regina! –gritó mientras corría hacia la morena intentando separarla

Varios compañeros se acercaron también a ellos intentando alejarlos a los dos, que se movían rabiosos tratando de soltarse de quien los agarraba.

-Regina tranquilízate –pidió Emma en su oído deseando calmarla

-¡Eso! ¡Llévate a la loca de tu novia de aquí! –chilló Killian mientras era arrastrado por sus compañeros al otro lado del pasillo


Regina se removía inquieta en la sala de curas mientras Emma intentaba desinfectarle con un algodón el pequeño corte que tenía en el labio.

-Déjame –pidió la morena en un gruñido mientras intentaba incorporarse –Es un corte insignificante...

-Usted no se va a mover de aquí hasta que acabe esta cura, doctora Mills –soltó la enfermera de forma autoritaria, colocando una mano en el pecho de la morena para que volviese a tumbarse en la camilla

La pediatra hizo un mohín infantil, cruzando sus brazos por encima de su pecho, pero finalmente claudicó ante la amenazante mirada de la rubia. Emma se disponía a seguir con la cura cuando la puerta se abrió de golpe dando paso a un huracán pelirrojo.

-¿Qué ha pasado? –Chilló la hermana de la morena acercándose a ellas -¿Qué coño te ha hecho ese malnacido?

-Zelena cálmate –pidió Regina intentando mover su labio lo menos posible

-¿Que me calme?

-Zelena por favor –intervino esta vez Emma, mirándola suplicante

-Quiero que me contéis lo que ha pasado…

-Lo haremos en cuanto acabe esta cura, si es que tu hermana me deja...

-¿Puedo hacérsela yo? –pidió a su jefa

Emma la miró dubitativa durante unos segundos, pero finalmente soltó un suspiro y dejó el instrumental sobre la bandeja, separándose de la camilla.

-Voy a por un analgésico –dijo antes de salir por la puerta –Lo vas a necesitar

La enfermera dejó a las dos hermanas en la sala de curas y se dirigió a la farmacia, donde cogió varias pastillas de un cajetín. Luego volvió sobre sus pasos, pero cuando estaba a punto de entrar de nuevo en la sala, escuchó su nombre a través de la puerta que había dejado ligeramente entreabierta.

-¿A Emma? –cuestionaba Zelena en tono de sorpresa

-Intentó aprovecharse de ella –dijo la pediatra consiguiendo que un escalofrío atravesase el cuerpo de la rubia –Emma estaba borracha y él intentó aprovecharse de la situación…primero la besó a la fuerza y luego no dejaba de insistirme en que se iban a ir juntos

-No me lo puedo creer… -escuchaba la voz de Zelena

-Pues creételo…tú y tu noviecito la dejasteis sola sabiendo cómo estaba –le reprochó la pediatra –Si no llego a estar allí no me quiero imaginar cómo habría acabado la noche Emma…

El silencio se instauró entre ellas, mientras cada una pensaba en las últimas palabras de la morena. Emma intentó tragarse el nudo que se había formado en su garganta y entró en la habitación llamando la atención de las dos mujeres.

-Traigo el analgésico

-Muy bien…la cura ya esta está lista –informó Zelena, separándose de la camilla para dejar que Emma se acercase con la pastilla en una mano y un botellín de agua en la otra

-Zelena, necesitan enfermera en el box –dijo la jefa de enfermeras mirando a la pelirroja -¿Puedes ir tú?

La joven miró por unos instantes a su hermana, que asintió levemente mientras le sonreía.

-Ve tranquila, yo no me moveré de aquí

-¡Más te vale! Ayudo en el box y vuelvo en unos minutos para que nos vayamos a casa –dijo la pelirroja antes de salir por la puerta sin dar opción a ninguna de rebatir sus palabras

-Te había dicho que a veces parece mi madre… -bromeó Regina, pero Emma seguía tan seria que consiguió llamar su atención -¿Pasa algo?

-Os he escuchado –Se sinceró en un hilo de voz

-¿Qué es lo que has escuchado exactamente?

-¿Le besé?

Emma mantenía su vista clavada en las baldosas blancas del suelo, avergonzada ante su propio comportamiento. No era capaz de mirar a Regina ahora que sabía la verdad de esa noche que la morena había escondido hasta entonces.

La pediatra se incorporó y se sentó en la camilla, quedando a escasos centímetros del cuerpo de la rubia.

-Mírame –pidió en un susurro –Emma mírame –La rubia alzó los ojos clavándolos en los suyos y Regina sintió de nuevo su cuerpo temblar

-Regina... –intentó articular una disculpa pero la morena la frenó, cogiéndola de la mano para acercarla un poco más a su cuerpo

Algo confundida, la rubia se dejó hacer colocándose entre las piernas de la pediatra, que las abrió ligeramente para hacerle sitio.

-Tú no has hecho nada malo –dijo mientras acariciaba su mejilla con las yemas de sus dedos –Killian Jones es el único culpable de todo esto…pero te aseguro que se ha llevado su merecido…Tengo un crochet con el que haría sombra a Muhammad Ali –Bromeó consiguiendo que Emma riese al fin

-¿Cómo lo consigues?

-¿El qué?

-Que a tu lado me sienta siempre tan segura y a la vez tan desarmada

Las sinceras palabras de la rubia hicieron que el corazón de Regina se acelerase y las caricias que prodigaba a su mejilla se intensificaron.

-No lo sé –contestó con la voz entrecortada –Pero tú consigues que yo sienta lo mismo

Emma dio un paso más hacia ella y se acercó poco a poco su rostro, con los ojos clavados en sus tentadores labios, que seguían luciendo igual de irresistibles pese al hematoma que adornaba uno de sus lados.

Cerraron los ojos al mismo tiempo pero, justo cuando ya sentían sus alientos rozarse, la puerta de la sala se abrió de golpe haciendo que Emma se separase como si acabase de recibir un calambrazo.

-¿Estás bien Regina? ¿Qué te ha hecho ese hijo de puta? Te juro que voy a matarlo…

Las dos mujeres soltaron un mismo soplido y miraron al hombre de cabellos rubios que acababa de interrumpirlas. Zelena entraba segundos después y se abrazaba a su novio de forma dramática, como si fuese ella misma la que acababa de sufrir el golpe.

Emma y Regina pusieron los ojos en blanco de manera casi simultánea y luego se miraron antes de soltar una fuerte carcajada.

-No sé si tu hermano me cae mejor o peor después de este momento salvador –soltó la morena irónica mientras se llevaba la mano a su labio para controlar el dolor que le propiciaban las risas