NdA: Ok, ya vamos al lío. No he podido responder reviews porque ando justita de tiempo, pero lo intentaré cuando regrese por aquí. Era eso o publicar. Mis disculpas y agradecimientos a todos los que leéis esta locura de fic por vuestra bendita paciencia.
---
Y se hizo la luz
La última clase de la mañana del jueves acaba de finalizar y los hambrientos alumnos salen en estampida camino al Gran Comedor. El olor a pavo en salsa con patatas asadas los guía a su destino y lo haría aunque no supieran ni dónde se encuentran.
James guarda el libro de Transformaciones distraído, su mirada perdida en algún punto de la gran pizarra. Apenas se ha mandado notas con Sirius durante las dos horas con McGonagall que acaban de tener, algo que podría considerarse un acto de madurez de no ser porque estamos hablando de James Potter. En la puerta le esperan Sirius y Peter, el primero entretenido transformando los pantalones de Quejicus en una falta escocesa y el segundo riendo la gracia. Remus habla con Lily, aún en su sitio, seguramente sobre deberes o alguna cosa igual de poco interesante. No quiere parecer un crío frente a Lily, pero se está cansando de esperarle.
—Ey, Lunático.
Aunque su llamada es casi suave, la pelirroja pega un saltito. Se recompone en seguida, suspira, se aparta el pelo de la cara muy dignamente y se despide con un cortés "Potter" antes de encaminarse hacia Sirius, con la evidente intención de reprenderle por su actitud. Bien, eso entretendrá al Pulgas mientras él se confabula con Remus.
Lo intenta un par de veces con tacto pero finalmente, en vista de sus pocas ganas de moverse, opta por secuestrarle. Tiene que esquivar el combate verbal entre Sirius y Lily y sortear a un furioso Snape con falda, todo para arrastrar al hombre lobo hasta el aula en desuso del primer piso, más conocida como el "aula de magreos". Remus da un repaso al lugar y toma asiento elegantemente en uno de los polvorientos pupitres.
—Tu poco sutil propuesta me halaga, James, pero lamento decir que pienso llegar virgen al matrimonio.
Oyéndole hablar, tono burlón y expresión insolente, James no tarda en llegar a la conclusión de que Remus pasa demasiado tiempo con Sirius. Mucho más de lo conveniente. Apunta en su lista de prioridades evitar que Lunático se transforme en Canuto por el bien de su salud mental y procede a abordar el tema, porque, francamente, tiene hambre y ese sitio huele raro.
En pocos minutos le ha resumido a su lupino amigo la investigación secreta que está llevando a cabo.
Generalmente, Remus es un ser parco en emociones. Es rara la vez que de su expresión pueda concluirse qué está pensando, pero James le conoce mejor que nadie y tiene constancia de que cuanto más hermético es su gesto, más le interesa el tema. Así que deduce que este asunto no le es del todo indiferente. Mejor.
—A ver si lo entiendo. Sirius no quería acompañarte a Hogsmeade en una doble cita cuyo único y absurdo propósito era que Lily te viera con otra chica. Y de ahí tú deduces que le pasa algo raro. ¿De verdad es eso de lo que estamos hablando?
James gruñe. Va a ser más difícil de lo que pensaba. Maldito hombre lobo y su maldita lógica omnipresente. Lo vuelve a intentar, recordándose que necesita su ayuda y para ello debe conservarlo vivo.
—Estamos hablando de Sirius ¿vale? Y no es porque no quisiera venir conmigo, eso sólo es lo que me llevó a darme cuenta del gran misterio. Lleva un montón de tiempo sin tener citas y…
—Sirius no tiene citas.
Bien. Ahora es cuando empieza a preguntarse si esos dos no han intercambiado personalidades o algo, porque no es normal.
—¡Ese no es el punto! —Sabe que está perdiendo la paciencia y no puede culparse—. El punto es que ya no se ve con chicas, no hay escapaditas nocturnas, ni coqueteos en los pasillos, ni bragas anónimas diseminadas por el cuarto.
Ahora sí. Ahora Remus por fin parece ligeramente impresionado.
—¿No?
—¡No!
Parece que se lo piensa. Hace memoria. Buen chico. Al cabo de un rato, pregunta con genuina curiosidad.
—¿Cuál es tu teoría?
James se crece. Sonríe. Toma aire y explica su impecable razonamiento. Al acabar se cruza de brazos, evidentemente satisfecho consigo mismo. Ahora sólo queda que Remus le aplauda por su audacia y que entre los dos planeen cómo desenmascarar a la chica misteriosa.
A menos que Remus no le aplauda y diga algo como:
—Es la cosa más tonta que he oído, y eso que he sufrido la incontinencia verbal de Sirius borracho.
Antes de darle tiempo para indignarse como es debido, el licántropo listillo continúa.
—Primero: no sabes si lo de la repentina abstinencia es cierto. Supón por un momento que simplemente haya decidido llevarlo con un poco más de discreción. Segundo: si Sirius tuviera novia, no tendría razón para ocultarlo. ¿Cuándo has visto a Sirius Black avergonzado por algo?
Hum. Buen punto.
—Pero entonces¿qué es? —se pregunta más a sí mismo que a Remus, pero de pronto algo se le ilumina, porque su expresión pasa a ser de asombro total—. Oh, Merlín. —Está pálido. No se ve pero seguro que se ha puesto pálido. Demonios, el descubrimiento lo amerita—. ¿Crees que sea posible? —Remus le mira con toda la evidencia de no entender de qué rayos le está hablando—. No, no creo que… Pero es la única explicación que… ¿Tú crees…?
—Creo que tienes cara de haber visto un grim y no me estoy enterando de nada. Así que o me dices eso tan increíble o me voy a comer.
No le importa su impaciencia. Nada importa en realidad. El cielo se le ha abierto y por fin ha visto lo que debió comprender desde el principio. Remus pregunta qué es lo que le da vergüenza a Sirius. Y es una muy buena pregunta. Sobre todo porque las respuestas son más bien escasas. Contables con los dedos de una mano. Dos, en concreto. Una es su familia y todo lo relacionado con el apellido que le marca desde que nació. Sirius odia todo lo Black, no quiere hablar de ello, no quiere ni oírlo mencionar. Se avergüenza de ser uno de ellos.
Pero la única cosa que se le ocurre a parte de eso es…
—Que venga Morgana y lo vea —sentencia James, aún aturdido por la magnitud de aquello—. El chucho se ha enamorado.
Es increíble. Es un hecho histórico. Es una locura. Mira a Remus esperando verle, como mínimo, a punto de desmayarse. Luego recuerda que Remus es una estatua de piedra y que esperar reacciones humanas en él es una estupidez.
—¿No vas a decir nada? —pregunta al cabo de un interminable minuto, durante el cual el licántropo apenas ha dado señales de vida. Lupin puede resultar muy irritante cuando quiere.
Y entonces ocurre. Ahí, delante de sus narices, pero es tan sutil que apenas llega a captarlo un segundo. La sonrisa es tan leve que resulta imperceptible, lo que en realidad delata al imperturbable hombre lobo son sus ojos. Esa chispa de diversión, el brillo efímero. Una especie de ternura fugaz. Nada definible, de hecho, pero James lo capta en seguida como una señal inequívoca de que: a) no debe andar alejado de la verdad y, sobre todo, b) el cabrón del lobo traidor está metido en el ajo. Demasiado tarde para incluirlo en su conspiración porque el muy capullo ya está confabulado con El Pulgas.
Acabáramos.
Si antes se sentía curioso y ligeramente irritado por no saber de qué va todo eso, ahora James se encuentra ofendido. Es el jodido mejor amigo Sirius, coño. Pero parece que va a ser el último en enterarse del maldito misterio de la chica desconocida.
Bueno, siempre le quedará Peter. Colagusano puede no resultar un gran socio en cuanto a lógica se refiere, pero nadie es mejor que él para husmear y recoger pruebas. Además, es su último aliado posible. Claro que si descubre que Peter también está metido en el rollo, sólo le quedará suicidarse dejando una trágica nota para Lily y sus futuros hijos no concebidos. Será dramático y terrible y Gryffindor no volverá a ganar la Copa de Quidditch y McGonagall llorará desconsolada y arrepentida de todas las veces que le ha castigado y se proclamará el día oficial de James Potter en Hogwarts con placa y todo, donde futuras generaciones irán a venerarle por los siglos de los siglos, amén.
---
NdA: Espero que os haya gustado y me dejéis reviews, que ando un poco depresiva (será el comienzo del curso o algo). Nos vemos en el siguiente y que Brenda Ponce os bendiga a todos.
