- Hola Aly- Escribió Sir Antropólogo- ¿Cómo estas hoy, mi nubecita?
- Un poco aburrida… ¿Y tú?
Samuel sonrió. Durante esa semana posterior a la fiesta, luego del gordo abusivo y su ataque de pánico, ambos detenidos por él, Aliza había sumado preocupación por él. Y él amaba aún más el hecho de que le preguntara como estaba.
- También un poco aburrido. Aunque hablar contigo me va a quitar el aburrimiento.
- Jeje.
"Jeje" Cuatro letras que lo hicieron mirar la pantalla como si fuese una declaración de amor.
- Aly, linda ¿Te gustan los videojuegos?- Preguntó por curiosidad.
- Sí.
- ¿En serio?
- Sí. ¿Por qué lo preguntas?
- Porque hoy iba a comprar una consola, ya sabes, para entrenar y ganarle a Elena. Si me acompañas, puedo comprar algún juego que me recomiendes y competir un poco contigo ¿Qué me dices?
- No lo sé…
- ¿Y si después de comprarlo te invito a mirar edificios?
- ¿Cómo cuáles? La Catedral de San Luis ya me la sé de memoria.
- Como la mansión Van Benthuysen-Elms, la mansión Magnolia y el Distrito Garden… ¿Las conoces?
Él sabía la respuesta obvia. Eran edificios coloniales, arquitectónicamente bellos y antiguos, era obvio que ella los conociera.
- Si- Escribió ella- Pero solo por fotos. Nunca he ido.
- Si me acompañas hoy, te llevaré. Podrás verlos cara a cara, y conmigo. Di que sí… ¿Por favor?
- Eres demasiado insistente.
- Lo sé. Te amo.
Un momento de pausa se había instaurado. Ella estaba pensando.
- ¿Sabes que lo hago porque me gusta ayudarte?- Volvió a escribir él- Y por qué me encanta ver como poco a poco vas mejorándote a ti misma.
- Si, Sam, Si… Iremos… Solo deja de ser tan faldero.
- No soy faldero, solamente te amo.
- Si recuperara capacidades sociales cada vez que me lo has dicho, ahora mismo podría liderar un continente.
- De nada.
Luego de pasar a buscarla, ambos fueron a la tienda, donde, si bien Amily no estaba cómoda, al menos no tenía que interactuar con nadie. Ella solamente se quedó apartada, dejándolo comprar tranquilamente la consola, mientras miraba una estantería llena de videojuegos.
Poco después Samuel se le acercó, parándose al lado.
- ¿Y bien? ¿Qué sugieres?- Preguntó él.
- Depende que estés buscando.
- Algo divertido… Vamos, tú dime. Compraré varios de todos modos.
- Me habías dicho que te gustaban las motos… Así que- Ella tomó uno- Este.
Él miró el juego, uno de carreras, con todo tipo de vehículos.
- ¿Te gustan las carreras?- Sonrió él.
- En virtual… Sí. Ni se te ocurra acelerar demasiado conmigo en el auto, porque no volveré a hablarte.
Samuel rio fuerte. Había pensado hacer exactamente eso.
- ¿Estabas pensando hacerlo?- Lo miró.
- No puedo mentirte- Rio, cerrando los ojos- Si, totalmente.
- Idiota- Lo codeó, levemente.
- Vamos- La golpeó delicadamente con el videojuego- ¿Qué otro?
- No sé- Intentó ignorarlo.
- Aly- La empujó despacio- No te dejaré en paz hasta que elijas dos más.
- ¿Dos? Ajjj…- Miró la estantería.
- Tú también vas a jugar.
- Bueno, te gusta pensar también- Pensó ella, tomando otro- Este es fiel a su estilo, no sé si pudiste jugar el original, hace años.
- ¿Carmen Sandiego?- Se sorprendió- ¡Por Dios! ¡Me había olvidado de que este juego existía! ¡Por los cielos que habré robado fichas para jugarlo!
- Sutil. Es la nueva versión. Bastante nueva.
- Eres un genio ¿Lo sabes?- La miró, enamoradamente- ¿Lo sabes?
- Tengo problemas en el ámbito de la sociabilización, en términos de coeficiente intelectual, estoy perfectamente.
- Lo sabes- Se le acercó un poco más- ¿Puedo besar tu mejilla?
- No.
- ¿Puedo por favor, besar levemente tu mejilla?
- Levemente- Lo miró de reojo.
Él se agacho imperceptiblemente, para poder besar largamente su mejilla cálida, blanda y suave.
- Dijiste levemente- Ella lo miró, una vez que la soltó.
- No es mi culpa, eres como un malvavisco… Adoro los malvaviscos…
- A mí no me gustan- Acomodó sus enormes lentes.
- Lo sé, mi burbujita. La única cosa dulce que comes tiene que tener chocolate.
Aliza negó. Ese hombre se acordaba de todo.
Las mansiones y el Distrito Garden fueron lugares que la abstrajeron del todo. No necesitaba un guía turístico o un folleto, ella sabía perfectamente todo lo que había, aunque eso no evitó que se quedara horas mirándolo todo.
Y Drake se quedó mirándola a ella. Le gustaba verla concentrada en su profundo interés arquitectónico, estudiando algún que otro ángulo, o dibujando entre sus papeles por alguna idea que se le había escapado entre la mente, algún diseño para retomar, algún estilo.
- ¿Crees que debería ir al psicólogo?- Le preguntó ella, de improvisto, dibujando.
- Puede ser bueno, si…- Pensó él- Quizás pueda ayudarte con cosas que yo no sé…
- Aunque…- Se detuvo, mirando la construcción- Me daría ansiedad hablar con un psicólogo.
- ¿Quieres que te acompañe?
- No- Volvió a dibujar- Es hora de que empiece a hacerme responsable de mi cerebro. Gracias de todos modos.
- Es bueno que tengas esa mentalidad Aly- Frotó suavemente su brazo.
- Bueno… Es una nueva mentalidad. Mentalidad positiva. No la uso hace años.
- ¿Por qué no?
- Porque los depresivos no tenemos mentalidad positiva, obviamente. Sino no sería depresión.
- Linda- Se acercó un poco más, preocupado- ¿Tienes depresión? ¿Por qué no me lo dijiste?
- Tenía depresión. Tenía. No tengo. No te lo dije por mi obvio Asperger. No le diría a un desconocido que tengo depresión. No te lo hubiese dicho en su momento.
- No entiendo… ¿Tenias depresión cuando nos conocimos?
- Sí.
- ¿Tienes depresión ahora?
- No.
- Eso es un alivio- Suspiró Samuel- Es muy difícil salir de una depresión. ¿Qué tratamiento tomaste?
- Ninguno- Amily cerró suavemente su cuaderno de dibujo- Bueno, sí, uno…
- ¿Cuál?
- Adivina.
Aliza palmeó suavemente el ancho brazo de Samuel. Él brilló en una amplia sonrisa. Ella le estaba dejando en claro que él había ayudado para que saliera de su depresión. La estaba curando de cosas que él ni quiera sabía que tenía. Por un momento se sintió como un enorme ángel guardián, orgulloso de sí mismo e increíblemente feliz por ella.
