Ichimatsu regresó a casa esa tarde de tan mal humor que nadie se atrevió a dirigirle la palabra. De inmediato subió al tejado, sin importar que estuviera helado allá arriba. Tenía escondida la carta en la bolsa de su suéter. Los chocolates los había tirado a la basura en cuanto la muchacha se perdió de vista.
De verdad intentó asimilar lo que había pasado. También intentaba pensar sin éxito en qué diablos iba a hacer…
-Supongo que… simplemente debería decírselo y ya. No es mi problema después de todo. -Pero cada vez que pensaba en eso, un terrible dolor invadía su pecho.
Sacó la ya maltrecha carta de su bolsillo… y con un frío estupor la abrió.
"Querido chico de San Valentín:
Quiero decirte que el día de ayer me impresionaste mucho. Me conmovió tu caballerosidad. Creo que eres una persona a quien me gustaría conocer mejor.
No es mucho pero por medio de ésta carta quiero expresarte mis sentimientos. Sé que es repentino pero quiero decirte que… me gustas.
Quisiera poder llegar a gustarte también, si me das la oportunidad, y… me gustaría mucho escuchar tu respuesta.
Si aceptas, te estaré esperando mañana en éste mismo lugar a las 6:00 pm. Si no te veo, entenderé que me has rechazado.
Atte: Una chica a la que le regalaste una rosa."
Ichimatsu aplastó con fuerza la carta en su mano.
-¡Tch!… - No quiso pensar mucho al respecto. Aquella chica parecía hablar muy en serio.
-Qué estupidez. Enamorarse de Kusomatsu sólo por una insignificante cortesía… -Un gesto de absoluta seriedad invadió su rostro. No sabía qué pensar. ¿Karamatsu merecía ésta oportunidad? ¿Y por qué sentía unos irrefrenables deseos de no decirle nada de la carta?
-¿Ichimatsu? - Éste saltó del susto.
De inmediato se guardó la arrugada carta en uno de los bolsillos de su suéter, y también la segunda mano en el otro para coincidir. -¿Karamatsu?… Maldita sea mi suerte. -Pensó con desasosiego.
-¿Te pasa algo, hermano? -
-No… Sólo quería estar aquí. - Enseguida su hermano mayor se sentó a su lado.
-Maldición… -
-Hey, mira lo que traje. – Sonrió con amplitud, mostrándole la caja de chocolates que él mismo le había regalado ayer. -¿Te gustaría comerlos ahora? - Karamatsu notó a su hermano menor más decaído de lo normal. Quiso creer que eso lo animaría.
Ichimatsu miró al joven de cejas fruncidas, luego a los chocolates, y de nuevo a él.
-… Ah, bien. - Ésto hizo sonreír al mayor, que quiso entregarle la caja. Pero en vez de eso miró cómo Ichimatsu abría su boca. -Dame uno entonces. -
-¿Eh? -
-No quiero sacar las manos, tengo frío. - Era por eso y porque no quería que se escuchara ni un poco el pedazo de papel que tenía arrugado en su mano.
Un poco confundido, Karamatsu sacó un chocolate de la caja y se lo puso en la boca a Ichimatsu, que lo masticó sin más.
-¿Está bueno, verdad? -
-Hmjm. - Contestó aún con la boca llena. Su hermano mayor sonreía.
-Dame otro. -
-Bien. - Se lo dio enseguida, también en la boca. -Y dime, ¿cómo era la chica que te regaló éstos chocolates? ¿Era linda? - Esa pregunta hizo que Ichimatsu se atragantara con el caramelo. Empezó a toser.
-¡Ichimatsu! ¿Estás bien? -
Aún tosiendo, respondió que sí.
-Tranquilo, si no quieres decirlo ahora está bien. Te entiendo, my brother, seguro que quieres atesorar los sentimientos de la bella señorita, ¿no es así? – Sus ojos brillaron mirando al cielo. Ichimatsu torció la boca y tenso su mandíbula.
-¡Tch! Haces que me den náuseas, Kusomatsu. – Lo miró con desprecio.
-Ok, ok. I'm sorry. -
Hubo algunos minutos de silencio.
-Oye… Karamatsu… -
-Dime. -
-Vamos, sólo entrégale la estúpida carta. –Se exigió, estrujándola todavía más en su puño cerrado. -Vamos… ¡dásela de una vez! ¡Hazlo! -
-¿Ichimatsu? - Miró el mayor preocupado, su hermano menor parecía sudar como si estuviera nervioso.
-… Dame otro chocolate. -
-¿Ah?… Sí, está bien. -
Ambos hermanos se quedaron un rato más en el tejado. Ichimatsu no le dijo nada sobre la carta.
•••
Aquella noche fue terrible para el cuarto Matsuno. A su lado dormía Karamatsu como siempre, aunque ésta vez éste le daba la espalda. Verlo tan tranquilo ahí junto a él le ponía los nervios de punta.
Recién estaba pensando en lo estúpido que se debió haber visto exigiendo chocolates como si fuera un niño, pero a su hermano mayor no parecía que le hubiera molestado. Eso lo irritaba demasiado, no lo podía evitar.
-¡Odio que me hagas hacer ese tipo de cosas extrañas, Kusomatsu! -Inconscientemente tomó y jaló con fuerza del pijama a su durmiente hermano mayor. Él no se movió…
Pensó en estrujarlo, estaba molesto. Pero en vez de eso sólo se quedó sosteniéndolo. Miraba su espalda… su nuca… su cuello… A Ichimatsu de nuevo le atacaron los nervios, pero ésta vez no se opuso contra ellos. Sentía que no tenía fuerzas…
Sólo colocó la frente en su espalda, cerrando sus ojos. No lo soltó en ningún momento.
-Maldito Karamatsu… -Se repitió sin cesar, hasta quedarse dormido.
•••
A la mañana siguiente todos flojeaban en la sala de estar. Hasta que el mayor de los Matsuno interrumpió el silencio.
-Hey, Karamatsu. - Su narcisista hermano se miraba en el espejo.
-¿Qué pasa? -
-Esta tarde quiero ir al pachinko, ¿no vienes? -
-Ah, lo siento, no tengo dinero. - Los cuatro hermanos restantes escuchaban la conversación.
-Te podría prestar un poco, con intereses bajos, ¿qué te parece? - Respondió el pícaro hermano mayor.
-Ni siquiera nuestra madre podría creerte semejante mentira, Osomatsu. -
-Jaja, ¿entonces no quieres? ¿Tienes otros planes o algo así? -
-Supongo que sí los tengo. -
-¿Y a dónde irás? -
-Cerca del río, yo… - Ichimatsu levantó la mirada, sorprendido. Sabía a qué lugar se refería. -Tengo algunos asuntos. - Dijo intentando hacerse el interesante. Aunque en realidad sólo quería ir ahí a fumar.
-Jajaja, ¿seguro que no sólo quieres ir a coquetear con algunas chicas? - Lo acusó divertido.
-Si "my charms" atraen la atención de las Karamatsu girls, deberé asumir la responsabilidad. - Objetó resplandeciendo dolorosamente a la vista.
Ichimatsu, quien estaba sentado cerca de la ventana, se puso de pie rápidamente. Se le veía alterado, todos sus hermanos se dieron cuenta de eso.
Karamatsu iría a ese detestable puente por la tarde, y eso significaba que…
-No... -
-¿Ichimatsu? – Lo llamó extrañado el primer hermano mayor. El chico necesitaba pensar rápido para que no pareciera sospechoso. E hizo la primera tontería que se le vino a la cabeza.
-Ten. - Sacó algunos billetes de su bolsillo y se los entregó a Karamatsu. - Juega por mí hoy, yo tengo algo que hacer. Si ganas te puedes quedar con la mitad. -
-¡Ohh!, are you sure, my brother? - Manifestó emocionado.
-Ah, sí. Al menos descansaremos de ustedes dos por hoy. – Sonrió maliciosamente. Sus hermanos se burlaron también. Era el Ichimatsu de siempre, aunque estuviera actuando un poco raro ahora.
Poco después los dos mayores se fueron. Jyushimatsu y Choromatsu salieron un rato después para ir a pescar y Totty salió a continuación sin decir a dónde.
Más o menos a las cuatro de la tarde, Ichimatsu se quedó solo en casa. Pensaba sobre aquella chica, cosas que no había contemplado antes.
-Karamatsu va a ese puente demasiado seguido ahora que tiene el estúpido hábito de fumar. Aunque él no se aparezca a las seis como esa mujer quiere, eso no impide que puedan encontrarse si ella va a buscarlo después. -Ichimatsu ya no estaba siendo razonable. Lo único que se le venía a la cabeza era a su hermano y a esa chica saliendo juntos.
Tenía inundada la mente de esos pensamientos irracionales. Se preguntaba qué podría hacer. -La única manera de hacer que ella pierda el interés es rechazarla directamente pero… estoy seguro que él jamás hará tal cosa. -
Entonces… un pensamiento le llegó como rayo. El joven lo meditó un par de minutos y de inmediato frunció el ceño incrédulo. Casi burlándose de sí mismo.
-No… no puedo hacerlo. Es una idiotez, jamás funcionaría… -
-Estúpido, se supone que eres idéntico a él. - Se dijo en voz alta.
-¡Maldita sea! -
•••
A las seis de la tarde en punto, la jovencita de la rosa ya estaba ahí. Usaba un ceñido vestido floreado con un abrigo afelpado color rosa pálido, y junto con su largo cabello suelto color chocolate, hacían que se viera mucho más atractiva que la última vez que estuvo ahí. Se sentía muy nerviosa.
No esperó mucho. Al otro extremo del puente lo vio venir; era él. Vestía, no como ayer, sino como el día anterior a ese, cuando le regaló la rosa. Con su chaqueta negra, pantalones azules, botas color café y lentes oscuros. La única diferencia es que ésta vez cargaba una pequeña mochila.
-Hello lady. Estoy aquí, justo como lo pediste. - A la chica le brillaron los ojos. El joven frente a ella lucía mucho más nervioso de lo normal. –Creo que está sudando. - Pero ella tomó eso como una muy buena señal.
La muchacha, visiblemente inquieta, jugaba con sus manos.
-Entonces… ¿leíste mi carta? ¡Oh! Pero qué tonta soy, por supuesto que la leíste, por eso estás aquí, jeje. – Rió encantadora, propinándose un leve golpe en la cabeza.
-Sí, aquí mismo la tengo. - Indicó señalando al bolsillo de su chaqueta.
-Estoy feliz… - La chica juntó sus manos, nerviosa. Luego se armó de valor.
-¡Por… por favor sal conmigo! - Gritó sonrojada, cerrando sus ojos. El joven junto a ella se sorprendió, pero de ninguna grata manera. Luego la miró con desdén algunos segundos.
-Lo siento, no me interesa. - Esas palabras hicieron que ella se incorporara de inmediato.
-… ¿Qué? -
-Lo que escuchaste, dije que no me interesa. - Entonces sacó de su chaqueta una maltrecha bola de papel y se la entregó en las manos. Sí, era su carta. Enseguida el joven con total indiferencia se dio la vuelta y empezó a caminar de regreso, dándole la espalda.
-¡Espera! - Gritó la herida muchacha. El chico se detuvo. -¡Dime! ¡¿Entonces por qué me regalaste una rosa ese día?! Pensé que buscabas compañía y yo… - Comenzó a sollozar. El muchacho de los lentes oscuros se dio media vuelta para observarla.
-No lo sé… me dan lástima las mujeres tan solitarias y desesperadas como tú. - Esas hirientes palabras impactaron a la jovencita más de lo que se imaginaba. Su tristeza se tornó en furia.
-¡Bien! ¡Lárgate entonces! ¡Espero no volver a verte jamás! - Seguido de eso lanzó la bola de papel directo al rostro del hostil muchacho y se fue corriendo. Algunos pasos después, se detuvo para decirle una última cosa.
-¡Te odio! ¡Ojalá te mueras solo, idiota! - Después se perdió de vista.
De inmediato el joven se quitó los lentes para el sol, revelando una mirada decaída y cansada.
-Ja, ¿te digo algo, jovencita? Es muy posible que ese deseo tuyo se haga realidad. -Pensó desairado.
Antes de llegar a casa entró a un baño público, sacó su propia ropa de la mochila que cargaba, guardó la de Karamatsu y salió siendo él mismo de nuevo.
-Maldición, Karamatsu… es tan cansado ser tú. -
•••
Cuando regresó a su hogar, ya todos estaban ahí.
-¿Ichimatsu nii-san? ¿Dónde estabas metido? - Así le dio la bienvenida el más pequeño de sus hermanos.
-Nii-san, ¿qué llevas ahí? - Preguntó Jyushimatsu.
-Ah, es la ropa de Kusomatsu. Estaba a punto de tirarla para salvarlo de su mal gusto.- Le respondió sin ninguna vergüenza y con una sonrisa maliciosa.
-¡¿Qué?! ¡Oye, dame acá! - Gritó el segundo hermano, quitándole la mochila de las manos.
-¡Je! - El cuarto hermano no se opuso a que se la arrebatase.
-Bueno, ahora que todos estamos aquí, Karamatsu y yo les tenemos una sorpresa.- Todos dirigieron su atención a Osomatsu, que sacó algunos boletos de su abrigo.
-¿Qué es eso, Osomatsu nii-san? –
-Al salir del pachinko Karamatsu y yo pasamos por el centro comercial para comprar la cena, cuando vimos que mañana van a inaugurar una pista de patinaje. -
-¡Vaya! ¿En serio? -
-Je, sí. Reservé boletos para todos. -
-Espera, ¿de dónde sacaste dinero para comprar boletos para los seis? - Preguntó Choromatsu.
-Escéptico como siempre, ¿cierto, querido hermano? Karamatsu y yo los compramos honestamente. -
-Cierto. - Añadió el segundo hermano. –Ambos ganamos en el pachinko y yo compré tres de los boletos. Por cierto… - Le entregó unos billetes a Ichimatsu, aún un poco molesto por casi haber tirado su "perfect fashion". –Aquí tienes tu parte de las ganancias. Ambos tuvimos suerte, ¿eh? Yo por ganar y tú por haber confiado en tu lucky brother. -
-Sí, supongo… - Respondió el cuarto Matsuno sin muchos ánimos.
-Entonces, ¿listos para patinar mañana? - Habló entusiasmado el mayor de los hermanos.
-Pero yo no sé patinar… -
-No te preocupes Choromatsu, yo te puedo enseñar. -
-¿Y tú desde cuándo patinas, Osomatsu nii-san? -
-Nunca he patinado, pero no ha de ser muy difícil. - El tercer hermano entrecerró los ojos. Por supuesto que no confiaba en él.
Mientras todos platicaban, Ichimatsu salió de la sala de estar. En el pasillo, Karamatsu lo siguió de cerca.
-¿A dónde vas, Ichimatsu? - El joven volteó hacia él. -¿Por qué me sigues?Fue un día muy agotador, me daré un baño y luego iré a dormir. -
-Es un poco temprano. ¿Te sientes bien? -
-Sí, sólo estoy cansado. -
-Bien, pero antes de que te vayas quiero darte algo. No lo hice allá adentro porque estoy seguro de que los demás se mofarían de ambos. -
-¿Darme… algo... ¿Hmm? ¿Y qué es? - El joven de mirada fuerte sacó algo del bolsillo de su suéter. Enseguida se lo entregó en la mano.
-Ésto… - Ichimatsu lo miró asombrado. Era un llavero con forma de gato negro.
-Podría ser un complemento para tu copia de la llave de casa. Lo vi hoy en la tienda de premios y pensé que te gustaría. Lo compré con mi parte de las ganancias, no te preocupes. ¿No te recuerda a nuestro amigo del tejado? -
-… Sí. Es… hmm… - Ichimatsu no sabía qué decir.
-Gracias a él pudimos pasar más tiempo juntos, ¿no te parece? - El hermano menor observó la cálida sonrisa del mayor. De nuevo la marea de emociones en su interior lo ahogaban dentro de su pecho.
Como Ichimatsu no decía nada, el joven de ceño fruncido se empezó a sentir incómodo.
-Emm, si no quieres aceptarlo está bien. -
-¡No! - Levantó la voz sin querer. –Digo… en realidad… me gusta... -
-¿En serio? Perfect, I'm happy! -Karamatsu sonrió con total franqueza. Ichimatsu se pasmó todavía más. Después el mayor se dio la vuelta. –Bien, good night my brother. – Luego regresó con sus otros hermanos.
•••
Ichimatsu fue el primero en acostarse. Después del baño se sentía relajado y estaba tan cansado que sólo quería cerrar los ojos y no saber nada del mundo, ni de su hermano mayor.
Sin embargo, no lo podía evitar. Tenía el llavero en sus manos y levantó un poco el brazo para verlo mejor. No tuvo idea de cuántos minutos se le quedó mirando. Era bonito, sí, pero más que eso… él se lo había regalado…
-Si le hubiera entregado la carta, probablemente sería esa chica quien recibiría éste tipo de regalos. -El joven se paralizó de forma inevitable. ¿Ahora en qué estaba pensando? No cabía duda; entre más lo razonaba, más creía que sus pensamientos eran enfermizos.
-Ahora que recuerdo… no es la primera vez que le hago esto a Karamatsu. -
En onceavo grado, los sextillizos eran conocidos por toda la facultad, precisamente por eso, por ser séxtuples. Sin embargo, sus compañeros los podían distinguir bien; sus personalidades los delataban. Especialmente a Ichimatsu, quien se convirtió en alguien más retraído que nunca.
Kusomatsu por su parte simplemente se hacía el interesante para llamar la atención.
Cierto día alguna chica de su clase le pidió al joven de ojos decaídos que le entregara una carta a su hermano Karamatsu. Y no era la primera vez que le pedían algo así.
-¿Por qué yo? – Se repitió lo mismo cada vez. –Supongo que en esa época pasaba más tiempo con él… -Recordó.
Jamás se las entregó. De hecho, las hacía pedazos a costa suya.
Incluso una vez una chica se le confesó frente a frente a su hermano mayor mientras Ichimatsu pasaba por ahí de casualidad. Al presenciar tal escena lo único que se le ocurrió hacer fue lanzarle un balón de fútbol que se encontró, directo a la cara. Cuando fue a recogerlo Karamatsu se retorcía de dolor en el suelo.
-Seguramente ya no te parece tan genial, ¿no es así? Mira cómo se retuerce como un mocoso. - Y tenía razón. Las chicas rápidamente perdían el interés en él con cada situación similar, y en todas era Ichimatsu quien se veía directamente involucrado.
-¿Cuántas veces hice algo así? No lo recuerdo... -
Karamatsu aún quiso mantener su renovada fachada de tipo genial frente a las mujeres. Después se le hizo costumbre y empezó a ser así con todo el mundo. Pero Ichimatsu lo conocía muy bien… Sabía que en fondo su hermano mayor sólo era el sujeto más inseguro y sentimental del planeta. Y también sabía… que él odiaba ser así, por lo que con el tiempo comenzó a creer en sus propias mentiras; así que actuar de esa manera se convirtió en lo habitual.
-¿Entonces crees ser genial, Kusomatsu? Mintiéndole a las personas nunca lograrás nada. Probablemente sólo yo te conozco así de bien. -Se decía en ese entonces y también en la actualidad.
–Es increíble que no me guarde rencor. Me pregunto si recordará lo mismo que yo. -
Naufragando en sus recuerdos, Ichimatsu volvió al presente…
Se le quedó mirando otra vez a su nuevo llavero. El joven sonrió con tristeza.
-Si supieras lo que te he hecho, me odiarías, estoy seguro. No importa que seas el estúpido más amable que conozca… si supieras lo que hice hoy, tú… -Se estremeció, su estómago le dolía como si lo apuñalaran sin cesar. Ya no quiso pensar en eso… ni en nada.
Puso al pequeño gato negro de plástico debajo de su almohada para que nadie lo viera. Cerró sus ojos y deseó conciliar el sueño lo más rápido posible. Estaba tan cansado…
No lo logró…
•••
Advertencia: Es muy posible que en el siguiente capítulo me odien. ToT
Muchísimas gracias por leer.
