Los personajes no me pertenecen. Le pertenecen al gran autor, Akira Toriyama.
Capítulo 10
"Lazos sanguíneos"
El polvo tardó en dispersarse a su alrededor. De lo que antes era un colosal castillo, solo quedaban de él ruinas y escombros. La mano de Bra, temblorosa, aún seguía firmemente levantada, señalando el lugar exacto en donde había enviado el ataque. No podía moverse, a pesar de que todavía le quedaba algo de ki, la mortificación a ser consciente de la cruel acción que acababa de cometer la tenía inmovilizada hasta en los huesos. Ya había llorado lo suficiente, así que no le quedaban más lágrimas por derramar. El miedo y la tristeza invadían todo su ser, ni siquiera tenía el valor para cerciorarse si su padre se encontraba con vida debajo de esos escombros. ¿Qué debía hacer? ¿Huir? Pero, ¿cómo? De repente, recordó las palabras de Trunks…
…
—En la cápsula pequeña encontrarás todo lo que empacaste, todas tus maletas están dentro. También guardé provisiones como comida, herramientas y trajes espaciales— le explicó Trunks enseñándole el pequeño objeto—.Y, con está cápsula, tú y papá podrán viajar hacia la tierra...
…
«Creo que viajaré a la tierra sin papá» Pensó Bra con el corazón hecho pedazos.
Se abrazó a sí misma como queriéndose fundir valor, y luego, giró sobre sus talones mientras se alejaba más del castillo totalmente en ruinas. Caminó sin rumbo fijo, evitando mirar atrás, sollozando sin poder contenerse. Al sentir que ya estaba lo suficientemente lejos, sacó las dos cápsulas que había guardado en su armadura, eligiendo la larga y ancha, volviendo a guardar la otra. Soltó el poco aire que había estado conteniendo, inhalando más de ese sofocante oxigeno de aquel asqueado planeta. Apretó el botón superior de la cápsula, para después lanzarlo hacia el suelo. Un estruendo fue acompañado por un espeso humo, impidiendo ver a Bra lo que había en el contenedor. La pequeña de 10 años no tardó en asombrarse al ver lo que se hallaba frente a sus ojos. Una máquina, enorme y redonda, con el logo de "Corporación Cápsula" en uno de los costados. Bra sabía lo que era, su madre le había enseñado uno igual dos o tres veces; tal vez más. Bulma le dijo que una de esas naves había sido usada por Vegeta como un área de entrenamiento y, también, tenía otro propósito: hacer viajes a la velocidad años luz.
Su pase de salida estaba ahí, frente a ella. Sin embargo, la emoción solo la envolvió por unos cuantiosos segundos. La imagen de Vegeta la había desarmado nuevamente, haciendo que su corazón se estrujara de dolor. La tentación de ir a buscarlo la ofuscaba sin control alguno. Al fin de cuentas Vegeta era su padre. A pesar de a ver visto esa sanguinaria faceta del saiyajin, todavía lo amaba como siempre. Pese a que sentía miedo, repulsión y decepción por Vegeta; el amor puro que la pequeña Brief profesaba por él… todavía no se había extinguido del todo. Bra cerró los ojos, reuniendo el valor que requeriría para prepararse a la verdad, necesitaba saber si Vegeta aún seguía con vida. La concentración que estaba ejerciendo era deplorable, insuficiente. Todo el cuerpo le temblaba, la ansiedad era demasiada para ella. Desde que tenía memoria, siempre había hecho alarde de que era la princesa de los saiyajins, y por ese motivo debía ser valiente. Hacía unos días, pensó que era una niña aún más valiente, y que ese viaje iba a ser pan comido, pero… ¡No! No había sido preparada para esta mierda. Abrió los ojos, lamentándose una vez más, reprimiéndose en lo cobarde que era. Ahora solo la ira la poseía sin detenimiento. Volteó a ver la nave, maldiciendo una y otra vez a su hermano. ¿Por qué Trunks no había hecho uso de esa nave cuando tenía la oportunidad? De haber sido así, en esos momentos los dos ya hubieran estado en la tierra reuniendo las esferas del dragón. ¡¿Por qué mierda Mirai Trunks había estado guardando esa cápsula hasta ese momento?!
«Maldito Trunks» pensó Bra quien estaba sumamente furiosa. A la caprichosa niña no le importaba acusar a alguien más de sus recientes desgracias. Estaba tan molesta que la furia dominaba su propio juicio, nublaba sus sentidos y provocaba espasmos por todo su pequeño cuerpo. No tenía ganas de nada, aún seguía afectada mentalmente por los últimos sucesos ocurridos en la que fue testigo gracias a la crueldad de Vegeta. Tembló de solo recordarlo y las ganas de vomitar no se hicieron esperar. Experimentaba desfallecimiento, no solo físicamente sino también en lo mental. Por un momento de cavilaciones, llegó a la conclusión de que no tenía caso comer una semilla del ermitaño. Se sentía débil y adolorida, pero su estado no era nada grave; así que sería absurdo usar una de las dos que le quedaban, un completo desperdicio. Todavía le persistía algo de ki para poder escapar en la nave que Trunks le dio. Y, recordando a su hermano, no quería tener que lidiar con él; así que su scouter se mantendría apagado. Por último, tampoco consideraba entrar a esa nave, no todavía, ya que necesitaba procesar los hechos recientes. Se sentó en el suelo, levantando sus rodillas y abrazando sus piernas, muy fuertemente; necesitaba unos minutos de consolación.
(…)
Trunks no perdió la concentración. En un santiamén, ya tenía un plan de salida, aunque eso implicaría que Nappa sería conocedor de su verdadera identidad. No le quedaba otra opción, necesitaba hacerlo si quería vivir; además, la vida de Bra también dependía de él.
—¡Ey, mocoso! ¡¿Por qué mierda te quedas ahí parado?!—Los gritos de Nappa resonaron por todo el lugar—. ¡Ya hay que irnos! ¡¿Me oyes?!
Trunks inspeccionó el panorama, calculó y contó mentalmente la distancia que lo separaba de aquella pareja de demonios. Sabía perfectamente que Towa podía hacer uso de la teletransportación, así que, a Trunks, solo le quedarían unos milisegundos para poder escapar. Nervioso, pero con la mente firme, subió a la máquina del tiempo para elegir un destino cuya distancia estaba a unos millones de años luz; una latitud muy considerable si quería alejarlos definitivamente del percibimiento de su poderoso ki. El plan era atraerlos al planeta donde se encontraban los saiyajins, así, la pareja de demonios estarían remotamente lejos de la "O.I.C" y, también, de su padre y Bra. Con el destino establecido en la computadora, Trunks bajó de la nave, caminó un par de pasos y se concentró. Necesitaría de un milagro para que su plan funcionara.
Nappa estaba ajeno ante la temible situación, ni siquiera podía entender el nerviosismo que se vislumbraba en el semblante de Trunks. El gigante saiyajin chasqueó la lengua en señal de disgusto y desesperación, aguantando las ganas de querer golpear al muchacho y obligarlo a que lo sacara de ese patético e inservible planeta.
—Nappa, por favor, pon en funcionamiento la máquina.
Nappa lo miró interrogativamente, achicó los ojos como queriendo infundirle cierto recelo.
—¿Te quedarás aquí?
—No cierres la abertura—continuó diciendo Trunks, ignorando la interrogante del enorme saiyajin.
—¿Qué planeas hacer, muchacho? —gruñó Nappa, mirándolo suspicazmente.
—¡Por favor, solo haz lo que te pedí!
—Si te vas a quedar aquí, no es necesario que me retenga. ¡ME VOY! ¿OISTE? ¡ME LARGO DE ESTE PLANETA DE MIERDA!—espetó Nappa bruscamente, a la vez que ponía en funcionamiento la máquina. La verdad, no le importaba dejar ahí solo y sin salida al extraño muchacho, sin embargo, le enfurecía que éste lo ignorara tan descaradamente—. ¡Oye, estúpido, ¿me estás escuchando?!—le gritó una vez más, mientras la máquina ascendía dejando la abertura abierta.
—Mi nombre es Trunks—dijo el hibrido con calma, sin inmutarse siquiera ante la ofensa de Nappa—, y soy un saiyajin—decía al momento que se daba media vuelta, dándole la espalda ahora a un anonadado y desconcertado Nappa—, porque… ¡yo soy el hijo de Vegeta!
Y, dicho eso, el aura dorada lo envolvió por completo. Ese incremento de poder era suficiente para atraer a la pareja de demonios. Entonces, los sintió desaparecerse de donde habían estado hacía apenas unos segundos. Trunks no perdió el tiempo, extinguió su transformación de súper saiyajin, y en un abrir y cerrar de ojos, ya se encontraba dentro de la máquina del tiempo junto a un impactado Nappa. El corazón de Trunks latía incontrolablemente ante tal sensación de adrenalina. Tecleó botones y movió palancas con sus manos temblorosas, con la mentalidad de marcharse de ahí cuanto antes. Al momento en que el vidrio se deslizó hacia abajo, aparecieron ellos. Las dos siluetas lo miraron jubilosos, prestándole absoluta atención solo a él; ignorando por completo la presencia de Nappa. Towa y Miira le sonrieron siniestramente, dándole como a modo de bienvenida una poderosa ráfaga de energía que se dirigía directamente hacia la máquina del tiempo.
(…)
Vegeta surgió de los escombros completamente ileso, con simples rasgaduras en brazos y piernas teñidos de rojo; los únicos rastros de sangre que lo impregnaban en su traje de batalla eran de la reina Ditrafo. El saiyajin se levantó lentamente, quitándose sin importancia algunos restos del castillo que cayeron sobre él. Su mirada se ensombrecía cada vez que recordaba a la maldita niña atacándolo con esa técnica suya. ¿Dónde mierda había aprendido a emplearla? Y, la pregunta más importante, ¿quién se la enseñó? Las interrogantes de Vegeta no parecían tener un final, necesitaba respuestas, y la única manera de obtenerlas era encontrando a esa chiquilla. Esa maldita enana que resultó ser hija suya. ¡¿Cómo mierda pasó eso?! Comenzó a visualizar a la criatura encontrando algún parentesco con él… ¡No había ninguno! Lo más probable era que la niña se pareciese absolutamente a la madre. Vegeta trató de memorizar su vida 10 años atrás —la edad que actualmente tenía Bra—, no recordaba haberse follado a una hembra con las características de la criatura. Aunque, en aquella época, él tenía 19 años; una edad en donde la rebeldía lo había sosegado por completo, concurriendo a tabernas y burdeles desmedidamente; haciendo que un temible Freezer perdiera los estribos debido a ese indomable comportamiento. Pero aún así, ninguna hembra había sobrevivido a sus incontrolables sesiones de sexo, y por ese simple motivo no habría manera de que tuviera hijos regados por todo el maldito universo. Sin embargo, ahí estaba la pequeña Bra. La reina Ditrafo no le había mentido, Vegeta pudo leerle la mente topándose con la maldita verdad. Le asqueaba saber que él era el padre de esa débil y patética chiquilla. Ni en todos esos años le pasó por la cabeza en concebir hijos, ni siquiera le había parecido atractivo en tener un varón; de solo haberlo pensado le era realmente repugnante. Pero ahora, tenía que vivir con la aversión absoluta de que tenía una hija... una hembra para su más innoble desgracia. El deseo de matarla lo agazapó, valiéndole una mierda las advertencias de Freezer…
«—Te lo advierto, Vegeta, no los mates, aún no; tengo otros planes para con ellos. Si me desobedeces una vez más, ya sabes el precio que tendrás que pagar»
La voz de Freezer lo había atravesado por completo, como un incontrolable rayo. Chistó de repente, como queriendo aparentar que no le tenía miedo a esa lagartija. Sus manos se cerraron con fuerza, poniendo mucha presión en sus puños. Su único objetivo era encontrar a la chiquilla, sonsacarle respuestas, divertirse un rato con ella y, luego, matarle lenta y dolorosamente. Tenía la firmeza absoluta de que tal vez Freezer le perdonara la vida como lo había hecho en anteriores casos de desobediencia e insolencia. Vegeta empezó a caminar sobre los bloques de concreto, provocando sonidos de rotura y aplastamiento sobre sus pies. Sus pasos eran firmes y serenos, dando la apariencia de que no tenía ninguna prisa. Entonces, se detuvo con brusquedad, buscando algo con la velocidad de su mirada; y lo encontró. Dibujó una sonrisa sínica en su rostro que daba un aspecto endemoniado. Levantando del suelo lo que sus ojos hallaron, prosiguió en ir a buscar a la chiquilla. De pronto, se enojó; se apoderó en él un instinto homicida que disipó por completo su absoluta tranquilidad. Empezó a levitar, atravesando bajo de él el castillo hecho en ruinas, asiendo en el camino el casco negro de Bra. Vegeta retrajo los labios mientras pensaba en ella, profiriendo un feroz gruñido que nacía en el fondo de su pecho.
(…)
Bra abrió los ojos con pesadez, encontrándose con el obscuro panorama que le regalaba ese planeta. No sabía por cuánto tiempo había dormido, ni siquiera se había dado cuenta en qué momento cayó rendida al sueño. Se incorporó lentamente, volteando la mirada para toparse con la nave en donde debía huir. Suspiró cansinamente, recordando que debía buscar a su padre hasta encontrarlo; le preocupaba mucho porque existía la posibilidad de que él estuviera herido. No obstante, no tenía la intención de llevarlo con ella, solo le daría la mitad de una de las semillas del ermitaño para curar las heridas del saiyajin, para luego dejarlo y alejarse de él. Además, aún seguían las cápsulas de ataque en las cuales ellos llegaron allí, su padre podía hacer uso de ellas. Negó con la cabeza rápidamente, se odió de solo pensar en esa solución. Aún sentada en el suelo, con los ojos cerrados, levantó las rodillas y las rodeó con sus brazos. Deseaba hacerse lo más pequeñita posible. Apoyó la cabeza en las rodillas, contendiendo las irracionales lágrimas que querían salir.
—Bonito lugar para esconder el neraru.
Bra abrió los ojos de golpe. Una mezcla de miedo y alivio la envolvió desmedidamente. Pudo percibir una inminente tensión que iba creciendo en todo su cuerpo. Con lentitud levantó la mirada encontrándose con los ojos obscuros e intimidantes de su padre. Tuvo que contener un grito al ver la sanguinaria imagen que estaba frente a ella: el saiyajin llevaba arrastrando el cadáver de la reina Ditrafo que la sujetaba por el cuello; mientras que en su otra mano él retenía una pequeña y negra piedra que posiblemente se tratara del neraru. Entonces Bra comprendió las anteriores palabras de su padre. El cuerpo sin vida de la reina tenía una leve abertura en el pecho, casi a la altura del corazón; lugar donde, anteriormente, el neraru estaba muy bien custodiado. Bra se tapó la boca con ambas manos, conteniendo las nauseas. Vegeta permaneció tan absorto; no obstante, la pequeña Brief podía sentir el escrutinio de los ojos de su padre en su rostro, que leían cada estremecimiento provocado por el miedo que él le inducía. Bra igual captó su casco negro en el suelo, a un lado de donde estaba el saiyajin.
Vegeta adoptó un semblante hastío, de tan solo ver a esa chiquilla en una situación tan patética, lo enfurecía y lo asqueaba totalmente. Sus ansias de sangre no se hicieron esperar, imaginaba una y mil formas en la que podía matarla. Dejó caer el cadáver de la mujer sin remordimiento alguno, apartándolo de su camino con una sola patada. Vio a la niña que se alejaba arrastrando hacia a un lado, lejos de él, con el miedo reflejado en esos ojos azules. Vegeta rió, para después clavar la mirada hacia el raro objeto redondo que se hallaba solo a un par de metros lejos de la chiquilla. Bra siguió la trayectoria visual de su padre, en breve tuvo un escalofrío y tragó saliva. Notó su corazón detenerse, temblando sin poder evitarlo. Sus espasmos eran tan evidentes, que Vegeta se percató de ellos.
El saiyajin acortaba la poca distancia que lo separaba de Bra. Ésta continuaba arrastrándose, queriéndose alejar de su maligna presencia. De pronto, detuvo sus pasos para inspeccionarla tan profundamente, buscando algún rasgo que la emparejase con él; pero no encontró nada. Tal vez físicamente la chiquilla no se parecía en nada a su persona, pero en lo que sí se obligaba a admitir era que ella era muy poderosa. Esa última observación solo ocasionó que Vegeta se enfureciera desmedidamente, producto de una incontrolable envidia. Definitivamente la chiquilla debería morir, no quería arriesgarse que en un futuro ella lo superara en poder; ¡no debía permitirlo! Vegeta frunció el ceño, mirando alternativamente a Bra y al gran objeto redondo, llamando éste más su atención. Sus pies anduvieron hacia la nave para poder verla más de cerca.
Bra siguió la trayectoria visual de su padre, y supo lo que éste estaba pensando. ¡No! No podía permitirlo, podía presentir que su única oportunidad en salir de allí decaía a una mísera posibilidad. Sin detenerse a considerarlo, sin ni siquiera pensar en su impulsiva acción, sin tomarse un exiguo segundo en reflexionar que lo que estaba por hacer podía hasta costarle la vida corrió hacia su padre con toda la fuerza que le quedaba y comenzó a atacarle. Bra lanzaba puñetazos y patadas a diestra y siniestra, tratando de que cada uno de sus golpes dieran en lleno a Vegeta. Éste solo sonreía hacia sus adentros, esquivando cada uno de esos patéticos y lentos ataques. En ese instante, en un momento de distracción, la niña vio la oportunidad para desaparecer la nave que hacía unos segundos se encontraba en la intemperie ¿Cómo había hecho eso? Notó que con un solo toque la nave se había convertido en lo que le pareció ver una pequeña cápsula. También observó que Bra lo guardaba dentro de su armadura. No obstante, el príncipe no tenía tiempo para un juego de niños. Con una imperceptible velocidad, la pequeña Bra sintió un doloroso y fuerte aterrizaje en el suelo; El saiyajin la tenía completamente inmovilizada, con el cuerpo boca abajo, el cuello rodeado con una fuerte mano, las muñecas bien sujetas con la otra y las piernas exageradamente apretadas con las de Vegeta. Bra se mordía el labio para evitar que un grito saliera de su boca. Respiraba agitadamente, todo el peso de su padre estaba sobre ella. Y entonces, el verdadero terror comenzó. Su cuello ahora era liberado, pero a cambio de ello sus brazos estaban siendo elevados hacia arriba y empezó a sentir un fuerte tirón. El saiyajin se estaba controlando muy bien, a pesar de su furia su comportamiento era muy benevolente. Tanto que la fuerza empleada por él era un 30%. Le divertía la situación, la niña lo estaba haciendo muy bien en aguantar mucho el dolor al no emitirlo ni demostrarlo. La tortura se estaba prolongando mucho, ya era tiempo de acabar con ello. Tiró más fuerte de los brazos de la niña hasta que escuchó el hermoso ruido de los huesos rompiéndose. Eso era música para sus oídos, nunca se cansaría de escuchar ese perceptible sonido, siempre le envolvía una sensación gratificante, imposible de describir. Soltó los miembros y se puso de pie, con ese castigo la mocosa lo pensará dos veces en querer volver a escapar. Al querer dirigirse a la niña notó que el cuerpo de ella estaba inmóvil; se acercó un poco más para revisarle los signos vitales. Chasqueó la lengua en señal de disgusto al percatarse que Bra estaba inconsciente pero al menos respiraba aunque sea con dificultad, en algún momento pudo haber perdido la conciencia tal vez porque no pudo aguantar más el tormentoso dolor del castigo. Vegeta era un saiyajin de sangre fría, no sentía ningún remordimiento al ver el cuerpo casi sin vida de su pequeña hija. Simplemente se acercó a ella y le extrajo la cápsula donde vio a Bra haber metido a guardar la enorme y redonda nave. Vegeta, en cuanto tuvo la cápsula entre sus dedos, la sintió como un objeto valioso. Así que confió en su intuición y trató de hacer aparecer la nave, pero… no sabía cómo hacerlo. Intentó de todas las formas que se le ocurrían desde haciéndola rodar al piso hasta apretando muchas veces el botón superior. Su escasa paciencia se estaba agotando que hasta había considerado en despertar a la niña a golpes para obligarla a decirle el cómo podía sacar la nave de su almacenamiento. Harto de intentarlo sin tener el resultado deseado y en un momento de desesperación lanzó sin más la cápsula que impactó al suelo. El intenso humo gris fue el detonante a que el mal humor de Vegeta casi se esfumara, y lo fue más cuando comenzó desaparecer el humo dejando en su lugar la enorme y redonda nave de Corporación Cápsula.
Vegeta esbozó esa sonrisa cínica y perversa que ponía cada vez que se salía con la suya. Caminó hacia la nave yendo a la puerta. Al parecer, abrir la abertura no fue ningún problema para él. El interior de la nave espacial era demasiado amplio a lo que se imaginó. En la parte de en medio había un computador que probablemente era el mando de control. A continuación, Vegeta vio una abertura entreabierta que parecía llevar hacia una bóveda. El saiyajin fue hacia allí, hizo a un lado la pequeña puerta de metal y bajó las escaleras cuya forma eran de caracol. Al parecer, se topó con la única habitación que contaba la nave. Había una espaciosa cama, un refrigerador, un baño, algunos muebles y, para sorpresa de Vegeta, una cápsula de recuperación como los que usaba el ejercito de Freezer para curar heridas mortales. Registrando minuciosamente todo el lugar, el príncipe saiyajin no encontró contingencia alguna. Pasó una hora buscando algún tipo de manual para saber el procedimiento del mando de control, pero no logró hallar alguno. Aunque eso no le tomó mayor importancia ya que usaría a la niña como conductor de la nave. Y para ello, necesitaba curarla. Aunque eso podía esperar, él tenía otros asuntos que implicaba más su atención como mandar el Neraru a Freezer.
(…)
Sin ninguna pizca de delicadeza el cuerpo de Bra fue levantado con rudeza. Vegeta la llevó al interior de la nave donde le quitó las botas, la armadura y los guantes; al despojarla de esas prendas Vegeta halló las semillas medicinales y otra cápsula parecida al almacenamiento de la nave. Tomó esos objetos y los guardó en su armadura. Por suerte, el diario de Bulma no había salido de la bota de Bra, así que el saiyajin ignoraba de ello. Con las semillas a su poder, Vegeta consideró que era mejor meter a Bra a una cápsula que al darle una semilla. Recordó muy bien que su poder de pelea aumentó considerablemente con esa pequeña medicina milagrosa, mucho más a lo que aumentaba su poder cuando salía de uno de esos tanques curativos. Así que por precaución, no podía permitir que la mocosa fuera más poderosa que él. Vegeta compuso una mueca cuando hizo una rememorización de todo lo ocurrido a su llegada al planeta Ditrafo. Aún no procesaba que había procreado una hija. Con la ira consumiéndolo por dentro, empezó a rasgarle el traje latex a Bra hasta dejarla completamente desnuda. Vegeta notó las hematomas que adornaban el cuerpo de su hija. Algunos rasguños y heridas cicatrizadas se notaban en todo sus esplendor. Sin perder más el tiempo en contemplarla, la cargó sin tacto alguno, y la llevó a la planta baja donde estaba la cápsula de recuperación. La tendría allí dentro hasta que él viera que era suficiente para que Bra pudiera caminar al menos. Aunque a la niña no se le curaran por completo los brazos, Vegeta tenía la firmeza de sacarla de allí en cuanto ella abriera los ojos.
Con el líquido haciendo su función, el saiyajin salió de la nave de C.C. en busca de la suya. Necesitaba mandar el Neraru a Freezer antes de que éste diera la orden de mandar a un escuadrón o, peor aún, a las "Fuerzas especiales Ginyu" por el valioso metal. Le tomó media hora de vuelo en llegar a la zona exacta donde él y Bra habían aterrizado. Se dirigió a su nave, caminando con una seriedad que se marcaba en su rostro. Parecía muy concentrado, como calibrando sus propósitos. Recordaba los pasos de las instrucciones que debía seguir en cuestión al preciado metal, tenía prohibido fallar en esa importante misión. Dentro de la nave, específicamente en el compartimiento donde se metía el scouter, había un contenedor que era largo y pequeño de un color gris oscuro. El Neraru, una vez adentro del contenedor, debía estar muy bien acomodado para que se pudiera fundir con concisión. Vegeta tecleó en el panel de la computadora, programando una temperatura de 1593 °C, lo exacto para que el metal se fundiera y llegara a Freezer como un liquido diluido y sin grumos. Conectó el cable del contenedor con la computadora de la nave, suministrando energía suficiente para el largo viaje hacia la base. Desactivó los intercomunicadores, actualizó las coordenadas y cambió manual por automático para que la nave se fuera por sí sola. Lo único que le faltaba era programar el despegue. Diez segundos y contando.
(…)
Bra sentía una sensación muy reconfortante, como si estuviera en un lecho de suaves almohadas. El panorama era el cielo blanquecino y brillante, como siempre lo había visto en sus travesías aéreas; pero aquello… aquello era el lugar más hermoso en el que había estado nunca ¿Acaso estaba en el paraíso? Pero de pronto, comenzó a oír y ver burbujas que se acercaban con lentitud hacia ella; eso la desconcertó. El lugar celestial que había vislumbrado apenas unos segundos se tornaba borroso, ahora en cambio se hallaba encerrada en una especie de tanque. Sentía su cuerpo muy sumergido, notando también unos cables pegados en su piel. Abrió un poco más sus ojos acoplando su visión. ¿En dónde estaba? Trató en hacer un movimiento, sin embargo un leve dolor le impidió mover su brazo. Lo intentó una vez más, logrando llevar su mano hacia su cara, notando que tenía un artefacto que le proporcionaba oxigeno a sus pulmones. Su vista comenzó acoplarse poco a poco, echando una ojeada a sus alrededores. El miedo volvió a invadirla de nuevo, comenzando a agitarse desenfrenadamente. Entonces notó que el agua bajaba su nivel, siendo succionada por unas mangueras que se encontraban en la parte inferior del tanque. Los cables que estaban adheridos a su cuerpo se los quitó de una sola sacudida y la máscara de oxígeno la mantuvo todavía en su rostro por si acaso. Vio que el cristal que tenía enfrente se abría hacía arriba dejando una abertura donde podía salir de allí. Se quitó la máscara de oxígeno con mucho cuidado, limpiándose de paso el rostro con las manos. Estaba viva… un poco adolorida, pero viva ¿Cómo era posible? Recordó cómo su padre la había torturado de nuevo, ¡sí! le había roto los brazos y después… todo era negro; al parecer había perdido el conocimiento. Bra estaba cansada de llorar, no tenía caso lamentarse, todo estaba claro para ella. En ese instante escuchó un chasquido a unos tres metros de donde estaba ella. En una esquina, de pie y con el deseo ferviente de sangre, se hallaba el príncipe saiyajin. La pequeña Bra levantó la mirada cruzándola con la de Vegeta, y para su sorpresa no sintió nada al verlo allí; era algo extraño pero parecía que ya no tenía nada de sentimientos dentro de ella. Se sentía vacía.
Vegeta caminó hacia la niña, sin despegar los ojos con los de ella, tratando de encontrar algo de sensiblería en los zafiros, pero en cambio solo obtuvo… nada. Vegeta sintió que se miraba a sí mismo, como si estuviera en frente de un espejo. Por una extraña razón, notó una leve y molesta frivolidad en su ser.
—Vístete—escupió el saiyajin con sensatez, señalándole a una confusa Bra el monte de ropa que se hallaba doblada en una mesita—. Y hazlo rápido.
En ese instante Bra notó su desnudez cuando sintió una leve ventisca que se filtró dentro de la nave rosando así su cuerpo. Se sonrojó endemoniadamente tratando de ocultarse de la vista de su padre. Salió por completo del tanque y se dirigió rápidamente a la mesita, vistiéndose con tanta prisa ante la mirada intensa del saiyajin.
Vegeta no le quitaba la mirada de encima. Él sabía que no estaba mirando a su hija con morbo, sino más bien con una exorbitante curiosidad. Al verla, se dio cuenta que la anatomía y las facciones de la menor no eran tan diferentes a las de un saiyajin. Aunque había algunas diferencias como la falta de la cola y color del cabello, pero eso solo eran insignificantes disimilitudes. A pesar de ello, no consideraba para nada a Bra como una más de su raza. Por su honor y por su orgullo no debía aceptar a una híbrida como a uno de los suyos.
—Príncipe Vegeta.
Aquella voz se escuchó tan diferente y ajena, no la recordaba tan fría ni mucho menos distante. Se sentía tal frialdad en el aire. Vegeta volvió a clavar los ojos en los de su hija, eran tan fríos como el pedernal. Al parecer ese cambio en ella lo ponía un poco… engorroso. Notó también que Bra estaba vestida con un traje azul, unos guantes y armadura blanca; aunque por una extraña razón no se puso el par de botas que estaban a un lado de la mesita. Le restó importancia a ello y regresó su completa atención a la niña; estaba interesado en lo que ésta quería decirle.
Bra se mordió levemente el labio, necesitaba pensar muy bien lo que tenía que decir y el modo en cómo lo iba a hacer. No estaba frente a cualquier persona, eso ya había quedado muy claro para ella. Dio un profundo suspiro y mirando a la nada comenzó a hablar…
—Antes que nada le pido que me disculpe por la falta de respeto que cometí en el castillo al atacarle. En ese momento entré en pánico y pues eso provocó que actuara impulsivamente en contra de usted—Vegeta, ante esas palabras, solo arqueó la ceja y sus labios se curvearon en una línea recta optando un semblante imperturbable—. Consideró que el castigo que usted…—Bra paró en ese instante, temiendo que un sollozo se le escapara de su garganta. Tragó en seco y continuó—, supongo que me lo merecía. Así que lo estuve pensando y… puede quedarse con esta nave, yo no la quiero. Me iré por mi cuenta y le juro que no sabrá nada más de mí. Así que le pido por favor que me deje ir, príncipe Vegeta.
Bra no sabía el motivo que impulsó a su padre en meterla en el tanque de recuperación para sanar sus heridas, pero sea lo que fuera había recuperado sus fuerzas. Lo único que más deseaba era desparecer, irse lejos y no saber nada más de ese sanguinario Vegeta. No tenía que ser una genio para saber que las semillas del ermitaño, su scouter y la otra cápsula que le había dado Trunks estaban al resguardo de Vegeta; así que tuvo que considerar a, esos objetos, darlos por perdidos. Y en cuanto al diario pues… ya nada más le importaba salvo resguardarse y sobrevivir por su cuenta hasta estar junto a Trunks. Bra se puso un poco tensa cuando vio que Vegeta separaba los labios para hablar. Esos segundos se habían convertido en los más angustiantes de su vida.
—¡¿A caso me tomas por estúpido, chiquilla?! —estalló Vegeta de pura rabia, rugiendo como un desquiciado. Bra retrocedió haciendo chocar su espalda con la pared—. No te dejaré ir. Quiero que me des respuestas, ¿comprendes?
Entonces Bra entendió el motivo de Vegeta al meterla al tanque de recuperación para curarla. Aunque no sabía que respuestas podía tener ella para él, salvo tal vez el cómo había aprendido a utilizar el ataque del Big Bang. Necesitaba formular rápidamente una muy buena explicación para ello. Bra intentó aparentar serenidad, a pesar del temor que le rebosaba en esos momentos. Miró a su padre esta vez, reuniendo el suficiente valor para poder enfrentarlo cara a cara.
—No, no lo comprendo—respondió Bra con suma tranquilidad. Tenía un porte adusto y le sostenía valientemente la mirada al imperturbable saiyajin—. Aunque debo decirle que usted tenía razón respecto a Freezer. Yo no podré vencerlo.
—Qué curioso—dijo Vegeta en voz baja—. Recuerdo que tenías un plan para acabar con esa lagartija. ¿Acaso no querías… vengar a tu padre? —repuso Vegeta entre susurros, se le notaba destellos de maldad en los ojos negros.
Bra se puso rígida, pero aun así conservó la calma.
—Yo no tengo padre, príncipe Vegeta—dijo Bra lentamente.
El saiyajin, para su sorpresa y desconcierto, no encontró mentira alguna en las últimas palabras de Bra. La niña había sido firme y segura en su respuesta, que consideró el hecho de que ella no estaba al tanto de la consanguinidad que los unía. Se acercó más a su hija lo bastante para rozarla con su armadura, necesitaba leerla lo suficiente antes de pensar muy bien que debía hacer con ella. Sus opciones aumentaban cada vez que ambos conversaban.
—Respóndeme esto, chiquilla—habló Vegeta cuyas facciones comenzaron a tonarse duras y toscas. Su cola, que estaba enrollada alrededor de su cintura, estaba muy erizada—: ¿sabes quién es tu padre?
Bra nunca se esperó esa insólita pregunta, la verdad no sabía qué pensar ante esa interrogante. Lo que sí sabía era que tenía que responder rápidamente ya que impacientaría a su padre sino le respondía ahora.
—No—esa respuesta era la detonante que dio acierto a la teoría de Vegeta sobre el desconocimiento de Bra sobre el lazo sanguíneo que los unía a ambos. Sin embargo, su instinto nato le decía que no debía confiarse demasiado, cabía la posibilidad que ella lo sospechara al menos; no podía saberlo, pero lo averiguaría—. Creo que lo mejor será que nunca sepa la identidad de mi padre. No podía interesarme menos.
La frialdad de Bra era tan evidente que Vegeta ya no sentía tanta repulsión por ella.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión, chiquilla? —preguntó el saiyajin sonriente, tomando el mentón de la niña con falsa amabilidad.
«Tú lo hiciste, papá» pensó la pequeña Brief poniéndose un poco nerviosa ante la cercanía que tenía con el saiyajin. Sin más, se apresuró a responder:
—Simplemente dejó de importarme.
—El Big Bang Attack, ¿quién te enseñó a emplearlo?
Bra no había pensado una respuesta ante ello, aun sabiendo que su padre le preguntaría eso.
—Como le dije antes, había oído mucho sobre usted. Yo lo admiraba… lo admiro, así que en mis viajes obtuve información sobre su raza, sus ataques... —Bra no estaba segura que sus palabras fueran tragadas por Vegeta, así que trató en sonar convincente en su inventada historia—. Aprendo rápido. Supongo que tengo sangre guerrera.
Vegeta entornó sus ojos contemplando con mayor vehemencia a Bra. Obviamente no se había tragado ese descabellado relato. No obstante le daría una oportunidad porque la necesitaba activa y no que se la pasara retorciéndose de dolor durante el viaje que necesitaban hacer hacia otro planeta que requeriría ser purgado en un solo día. Ya lo había pensado muy bien y usaría a la chiquilla a su favor; y en cuanto viera la oportunidad, él mismo acabaría con ella.
—Es cierto—arguyó Vegeta acercando su boca a la oreja de Bra—, tienes sangre guerrera.
Bra, con la mente más confundida que antes, se giró un poco para poder ver a su padre a los ojos.
—¿Qué? —preguntó la niña Brief mirando al saiyajin con aversión.
Vegeta alargó su brazo recargándolo en la pared y mantuvo una expresión impasible.
—La reina Ditrafo me dijo algo insólito antes de morir—le dijo Vegeta entre susurros.
Bra puso mala cara al darse cuenta del poco tacto de su padre, no obstante estaba más ansiosa en saber cuales habían sido las últimas palabras de la reina fallecida.
—¿Qué te dijo? —cuestionó la niña ansiosa.
La expresión de Vegeta se animó más, alzó las cejas mientras decía en tono sobrio.
—Me dijo que eras una saiyajin.
Los ojos de Bra se abrieron inmaculadamente ante la sorpresa, ahora veía a su padre con escepticismo. Necesitaba unos minutos para procesar lo que él le acababa de decir. ¿Cómo era posible que aquella mujer supiera lo de su origen? Ahora entendía más que nada las anteriores preguntas del saiyajin. Estaba anonadada, ni siquiera sabía que decir.
—No… no puede ser—murmuró Bra negando con la cabeza, soltándose a llorar.
—¿Decepcionada? —le preguntó Vegeta sonriente al ver la expresión fantasmagórica de la niña—. Ya somos dos. Créeme que no me dio ninguna gracia enterarme que tú eres una híbrida de saiyajin.
Bra comenzó a temblar, su secreto había sido descubierto por el príncipe; aunque no todo estaba perdido. Por nada del mundo Vegeta debería saber que ella era su hija, si llegara a enterarse podía darse por muerta. Le había fallado a Trunks… lo estaba arruinando todo. Trató de detener un fuerte sollozo tapándose con ambas manos su boca. Se sentía devastada, impotente, deseando encontrar la solución perfecta para arreglar los errores que seguía cometiendo desde que había llegado a esa época. ¿Es qué acaso no podía a hacer algo bien? Bra tragó en seco para preguntar:
—¿Qué más le dijo la reina?
Vegeta desvió la mirada con mordacidad hacia las escaleras; odiaba ver a la niña en ese plan de fragilidad. Cruzó los brazos a la vez que se separaba un poco de ella.
—Solo eso—le respondió Vegeta, quien estaba más enfadado—. Ya es suficiente. Larguémonos de aquí y subamos. Necesito que eches andar esta nave. Hay un planeta cuyos habitantes esperan nuestra llegada.
—Pero… creí que…
—¿Qué te dejaría ir? —la cortó Vegeta terminando la frase por ella—. No tienes tanta suerte, chiquilla. Tú vendrás conmigo, al menos que quieras morir.
Bra negó con la cabeza frenéticamente.
—No, señor.
—Buena, niña—musitó Vegeta, su gesto se transformó centelleante de pura euforia—. Ahora vamos arriba, seguiremos allá con nuestra entretenida plática.
¡Hola! Chicos, los invito a que vayan a mi página de facebook para que vean una noticia donde menciono el porqué de mi larga tardanza en las actualizaciones. Espero de todo corazón no hacerlos esperar demasiado. En serio que lamento mucho las tardanzas y espero que cada vez que suba un nuevo capítulo éste sea de su agrado. Mil gracias por continuar conmigo, por sus mensajes, PM, sus reviews, sus follows, sus favs… en serio que estoy muy pero muy agradecida por ellos. A mi Sophie linda que es la que siempre esperó con más ansias éste capítulo… un beso, hermosa… ¡TE AMO!
Hasta la próxima, chicos…
Besos y abrazos :*
Macky Monyer
15/05/18
