Buenas madrugadas queridas(os) lectores(as) esta vez vengo a pedir unas disculpas enormes, ya que me tardé mucho esta vez, imagino que algunos pensaron que no publicaría mas pero no, no deben pensar eso ni por un instante, yo quiero terminar este fic. Los problemas siempre abundan por aquí y por allá, eso hace que me tarde en actualizar pero si voy a seguir. En verdad perdonen tanta espera.
Este capítulo me costó mucho, porque nunca estaba segura de que si el color, que si colocaba esto o lo otro, la verdad andaba muy indecisa, pero ya está. Y como dije anteriormente, yo voy a estar editándolos igual, corrigiendo, quitando cosas o agregándoles con el tiempo.
Esta historia está exclusivamente publicada por ahora en , ya que pronto si me animo la estaré publicando por Wattpad, pero obviamente con el mismo nombre de usuario que uso acá. Si lo lees en otra página es porque ha sido plagiado"
Si lo ven de pronto en Wattpad y el usuario no es el mío, entonces es plagiado.
Les recuerdo que cualquier preguntita que tengan respecto al fic, los personajes, etc, pueden hacerla, con gusto se las responderé.
Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son de la mangaka Rumiko Takahashi (¡Amo a esa mujer!) yo solo los tomo prestados para satisfacer mis deseos mas ocultos xD
"Mi chica de humo"
Capitulo 10 "Lo que esconde"
Las paredes lisas de un blanco marfil, el piso de un caro y reluciente mármol blanco, el techo del mismo color de las paredes y estaba adornado con varias lámparas redondas de una luz muy tenue, estas estaban situadas en varias partes del impresionante Penthouse. Un gran vidrio del lado derecho y 3 muebles de color marrón claro se encontraban delante de él, siendo lo que se llamaría la sala, en el medio de estos una mesa larga de vidrio y encima de ella, una balanza de adorno, todo el piso de la parte de la sala estaba tapado con una gran alfombra de color gris. En una esquina una cómoda de color negro de seis cajones, encima de esta un gran televisor de color negro y al lado un equipo de sonido.
Al lado de la sala, con dos grandes ventanas y en frente una mesa ovalada de vidrio con bordes dorados y cuatro sillas bordadas con blanco y dorado, se encontraba el comedor. La entrada a la cocina, la cual estaba detrás del comedor, consistía en una puerta mediana de madera, pegada a los extremos del marco, esta se abría de par en par. Dentro era muy espaciosa, con un mesón largo de mármol negro, gabinetes oscuros, microondas, un gran refrigerador, su respectivo horno y demás, todo de un material muy fino y cuatro sillas altas al frente del mesón. De lado izquierdo de la cocina se podía ver una puerta que daba a un pasillo, el cual daba acceso a 4 habitaciones, una de ellas era un baño.
Y por el lado derecho de la cocina, pasando por una gran puerta de madera, que se abría de par en par, quedaba una espaciosa terraza, la parte del balcón era tapada con innumerables flores, del lado derecho una piscina en forma circular, del lado izquierdo varios muebles cuadrados de color blanco y en una esquina, una parrillera.
La vista desde la terraza, era asombrosa, podía verse toda la ciudad desde allí, ya que el departamento quedaba en el último piso del edificio, que era uno de los más altos de Tokyo. El departamento tenía dos entradas, uno que era a través de un ascensor privado desde el garaje, para evitar ser visto por los demás dueños de los otros departamentos, ya que siempre querían hablar con él cuando llegaba, por lo tanto, siempre había vigilantes cuidando y la otra entrada que era una puerta blanca con dorado de doble seguro, que daba a un pasillo corto que de frente tenía otro ascensor, pero este si era público. Cabe destacar que el lujoso Penthouse, ocupaba casi todo el último piso del edificio, de no ser por la distancia que tenía la entrada con el ascensor de dominio público.
Un repique de un teléfono fijo comenzó a escucharse en una habitación a oscuras, solo podía verse una luz que provenía de una puerta medio abierta y el sonido del agua cayendo de una regadera de baño, el teléfono repicaba y repicaba pero nadie parecía atender, después de unos segundos, se oye el tono de una contestadora y una voz masculina inmediatamente se hizo escuchar:
— Estas comunicándote con Inuyasha Taisho… en este momento no te puedo atender, deja tu mensaje al oír el tono y después te devolveré la llamada.
Y al instante otra voz del mismo género comenzó a hablar:
— ¿Inuyasha? ¿Dónde demonios estas? Te he estado llamando desde anoche y tu nada que contestas. Le hablé hoy a Enyu y ella también está preocupada, dice que no fuiste a trabajar y ni le avisaste, iba a marcarle a Kikyo pero preferí hacer otro intento antes de alarmarla, voy para allá y llego en cinco minutos. ¿¡Dónde se supone andas metido hombre!? Espero que estés… Tengo que hablarte sobre ese asuntillo que me pediste… Inuyasha… por favor…
Vuelve a escucharse el tono, era el fin del mensaje.
Un hombre de cabellos plateados y de pectorales perfectos yacía totalmente desnudo, parado debajo de la regadera, mientras esta lo mojaba completamente, el adonis se veía muy apetecible recostando la frente en su brazo derecho que estaba afincado en la fría pared. Tenía sus ojos completamente cerrados, se veía bastante desanimado, luego de un momento se separó de la pared de la que estaba afincado, cerró la llave de la regadera, sacudió la cabeza y con sus manos se sacó el agua de las puntas de su cabello.
Abrió la puerta de vidrio de la ducha y tomó una toalla de color gris oscuro, se secó un poco y la amarró sobre su cintura, para luego detenerse frente al espejo rectangular que estaba arriba de una mesa blanca de bordes negros la cual contenía un lavamanos de porcelana blanco, al lado derecho de la ducha había un jacuzzi de mármol blanco, el techo era de madera con figuras ovaladas y rectangulares de color blanco perla y el piso de porcelanato igual blanco. La iluminación, igual que el resto del departamento con sus luces circulares.
El ambarino pasó un rato mirándose al espejo mientras le venía un recuerdo de la noche anterior:
El hombre desconocido que había salido detrás de ella y que por unos momentos la sacudía mientras le decía algo y ella intentaba zafarse, ahora la abrazaba acariciándole el cabello y la azabache le correspondía.
Ese recuerdo aparecía en su cabeza una y otra vez, se sentía un idiota por dejar que le afectara tanto. No pudo dormir bien esa noche, lo único que hacía era dar vueltas y vueltas en la cama, tenía 10 llamadas perdidas de Kikyo, seguro ella estaría muy molesta con el por no haberle atendido, pero en ese momento el no quería ver a nadie, ni siquiera a ella, eso le atormentaba bastante, que no quisiera ver a su futura esposa, a la mujer de su vida y todo, por culpa de otra mujer. Se sentía muy mal consigo mismo, ya comenzaba a sentir que le estaba siendo infiel, a pesar de que jamás había tocado a Kagome, que casi la besaba pero no llegó a ocurrir. Tal vez no le era infiel físicamente, pero sentía que si mentalmente, el estaba pensando en otra mujer que no era su prometida y por esa otra, el estaba así de mal, se sentía el hombre más horrible de todos y Kikyo, ella, ella era un ángel a comparación, que siempre le perdonaba los desplantes, que últimamente no pasaba tiempo con ella como antes. Definitivamente el pensaba que no se merecía una mujer como ella.
¿Porque tuvo que aparecer esa azabache en su vida? ¿Porque tuvo que topársela en su camino? ¿Porque le interesaba tanto? ¿Porque el misterio que ella emanaba la hacía tan excitante para él? ¿Por qué tenía que interesarle una mujer que por un momento casi lo besa pero luego la veía en brazos de otro? ¿Pero que le estaba pasando? Sinceramente él se estaba volviendo loco, no, ella lo volvía loco. Se repitió varias veces mentalmente que se olvidaría de ella de una vez por todas y aprovecharía que Miroku lo visitaría para decirle que dejara las cosas así. Kagome le hacía mal y eso ya no lo podía permitir.
Salió del cuarto de baño masajeándose el cuello con una mano y con la otra encendió la luz de la habitación. Era bastante grande, en el medio y con el cabecero pegado a la pared, una cama matrimonial, el colchón era bastante suave, al igual que sus acolchadas almohadas, con mantas de color azul oscuro, debajo de la cama una pequeña alfombra de color blanco. A los lados de la cama, dos mesitas de noche con tres cajones, la mesa de la izquierda tenía un reloj, una lámpara y un teléfono fijo. La del otro lado cinco libros, uno encima del otro. Al lado derecho de la cama, cerca de la mesita de noche, había un gran vidrio pero este lo cubría una cortina de color azul, también había un gran armario de color marrón oscuro de dos puertas y del lado del armario una mesa con un televisor mediano y un Blu Ray. Las paredes de la habitación eran de color rojo oscuro. Y el techo blanco con las respectivas luces de forma redonda.
El teléfono celular del ambarino que estaba en la cama comenzó a sonar, este con pesar lo tomó y atendió.
— Miroku…
— Al fin contestas… Voy rumbo al ascensor, no tardo. – dijo este colgando inmediatamente.
Inuyasha no dice nada y lanza el teléfono a la cama otra vez saliendo de la habitación dirigiéndose a la cocina, saca dos copas de vidrio y una botella de sake, luego se escucha un sonido del ascensor y se abren las puertas, haciendo Miroku su aparición, vestia una camisa blanca, un pantalón azul oscuro con una chaqueta del mismo color y su calzado de un marrón claro. El ambarino sale de la cocina aún con la toalla amarrada en su cintura, con el sake en una mano y con la otra los dos vasos de manera que no se le caigan, llegando a la sala, los coloca en la mesa de vidrio y le señala que se siente en un mueble y este lo hace, mientras él se sienta en otro.
— ¿Sake? – pregunta arqueando una ceja mientras sacaba de su chaqueta unos papeles doblados.
— Así mismo… – responde el ambarino abriendo la botella y llena las dos copas, luego tapa la botella y levanta una de las copas para ofrecérsela.
Este la toma algo desconcertado observándola por un momento y con la otra mano deja los papeles doblados en la mesa, luego le mira a él.
— Estas muy extraño, te desapareces horas y ahora me sirves sake como si nada. ¿De qué me estoy perdiendo acaso?
— Vamos a brindar nada mas…– dice Inuyasha alzando la otra copa con su mano derecha.
— ¿Brindar? – pregunta el chico sin entender muy bien lo que este le decía.
— Vamos a brindar porque ya no pienso seguir con esta absurda obsesión por Kagome… Ya lo entendí… Ya no tienes que hacerme ese favor amigo, así que… ¡Salud!
Y al decir esto, el adonis va bebiendo todo el contenido de la copa.
— ¡¿Qué?! – exclama su amigo sin poderlo creer, luego suspira y coloca la copa en la mesa de vidrio para mirarlo duramente – ¿A qué demonios estás jugando Inuyasha? Primero me pides que te averigüe sobre esta chica y… ¿De pronto te arrepientes?
— No hay nada que entender… Yo solo… lo pensé mejor y nada más… – responde alzando la botella de sake ofreciéndosela – Anda sírveme otro…
— Ok… ¿Qué pasó? Que sucedió para que ahora digas eso, a mi no me engañas, te conozco bien – señalándolo con el dedo mientras el ambarino vuelve a colocar la botella en la mesa y baja la mirada.
— Es algo sin importancia… – responde suspirando y alzando la mirada.
— ¿Entonces porque te veo tan mal? A otro perro con ese hueso… ¡Ya dime!– demanda Miroku.
— Bien… – dice cerrando los ojos y suspira, para luego volver a hablar – Anoche… fui a verla y…
— ¿Y? – pregunto su amigo cruzándose de brazos impacientándose.
— Y… la vi con su novio… ¿Ya? La vi con su novio… Estaban ahí… abrazándose y yo como tonto observando la tierna escena – respondió este de mala gana mirando a un lado mientras apretaba los puños.
— ¿Y por eso estas así? ¿Por qué viste que tiene novio? ¡Pero si tú tienes prometida!
— ¡Lo sé! Pero… No sé porque… Me sentí horrible… Me siento horrible, yo no debería estar sintiendo esto así como dices… Pero el caso es que sí me puso mal – dice levantándose mientras caminaba de un lado a otro.
— Entonces es como yo decía, si te gusta Kagome…
— ¡No!... – se detiene de golpe y vuelve a sentarse en el mismo lugar donde estaba para mirar a Miroku firmemente – Es imposible… Ella no puede gustarme…. ¡Amo a Kikyo!
— Si no te gustara no te pondría mal el saber que tiene novio, así que ya deja de querer tapar el sol con un dedo… ¡Asúmelo de una buena vez! Te gusta mucho Kagome… Puede que hasta sea algo más allá que un simple gusto. Tal vez no quisiste que pasara, porque siempre le has sido fiel a Kikyo desde hace años pero ya cambio.
Las palabras de su amigo retumbaron en sus oídos una y otra vez, no lo quería admitir pero quizás su amigo tenía razón, la fémina de alguna manera había entrado a su mente y no podía sacarla de allí y al parecer, también estaba entrando a su corazón, ya esto era más fuerte que él y si no hacía algo pronto, las cosas empeorarían.
— Miroku… ¿Entiendes entonces porque decidí dejar el tema de Kagome de lado?… Es verdad… Creo que sí me gusta algo y lo de ese hombre me puso bastante mal… – sus manos temblaban un poco mientras bajaba la cabeza y observaba el piso – pensé que solo era una simple obsesión y creí que si me decía a mi mismo que no me gustaba y terminaba de averiguar sobre ella, el interés se iría pero no… Estoy cansado… Está más que claro que entre ella y yo no puede pasar nada… Debo serle fiel a Kikyo y tengo miedo de que ya no pueda con la situación… Por eso… para que las cosas no se tornen más peligrosas tengo que dejar de verla y dejar todo con respecto a ella.
— Créeme que lo entiendo y me parece sensato y correcto lo que dices, lo mejor es que dejes las cosas hasta aquí, por el bien de todos – el chico de ojos azules se truena los dedos, toma los papeles doblados que había puesto en la mesa y se levanta.
— He… ¿Miroku? – pregunta Inuyasha alzando la mirada para levantarse igual.
— El asunto lo dejamos hasta aquí, olvídate de ella, con suerte solo la volverás a ver el día de mi boda, pero lo bueno de las bodas es que solo es un día y ya tu estas decidido ¿No?
— He… Si… – afirmo este mientras observaba los papeles que tenía su amigo en la mano.
— Bien, siendo así, ya no es necesario que te muestre estos papeles y hable al respecto, así que me voy.
Miroku sonríe y se da media vuelta para marcharse, pero Inuyasha detiene su andar.
— ¡Espera Miroku! Esos papeles… ¿Son acerca de ella?
— Sí, pero ya no tiene caso, así que…
— Muéstramelos – dice sin vacilar.
— Pero me dijiste que… – decía el chico pero Inuyasha lo interrumpe exclamando.
— ¡Sé lo que dije! Pero quiero que me los muestres…
El muchacho lo mira mal, pero no se niega, Inuyasha cruza los brazos mientras observa como su amigo desdobla los papeles para darles una ojeada rápida. Luego de esto le mira y le ofrece las cuatro hojas que tenia.
— En esas cuatro hojas hay información únicamente académica, es muy inteligente la muchacha, sus notas son excelentes y según los profesores es un amor, sé que no es lo que querías del todo, pero preferí traerte algo impreso de todas maneras.
— ¿Esto es todo lo que conseguiste de ella? – pregunta mirándole dudoso para luego observar los papeles.
— El problema es que solo se consigue eso.
— ¿Qué dices? ¿Cómo que no hay nada más que la información en la universidad? – le pregunta sin entender.
— Escúchame bien… No hay nada… Ni antecedentes penales, no hay información registrada acerca de sus estudios en jardín de niños, ni de la primaria, secundaria, nada. Tampoco hay información de sus padres, tíos, según Sango, ella vive con una abuela y un hermano… – hizo una pausa breve para evaluar la reacción del ambarino y luego prosiguió – cuando entré a la base de datos de la universidad, todo parecía ir bien pero cuando accedí a su perfil, los datos desaparecieron y apareció una ventana que decía: "No se puede acceder, inténtelo de nuevo". Te juro que lo intenté varias veces y pasaba lo mismo, entré a otro perfil a ver si era la página ¿Y qué crees? No sucedió… El perfil de esa otra persona se vio sin ningún problema, creí que el problema se había arreglado y volví a intentar con el perfil de Kagome pero volvió a pasar lo mismo… Si conseguí esas hojas, es porque la secretaria es muy amiga mía y me tiene un gran cariño, pero al principio se negó a darme información acerca de ella.
— ¿Pero qué rayos dices Miroku? – preguntaba Inuyasha sin poder creer lo que escuchaban sus oídos.
— No conseguí antecedentes de nada Inuyasha… Es como si no quisieran que se supiera de ella, que mientras menos se sepa de ella mejor, es como si de verdad no existiera, como te dije… los datos académicos, me costo que me los dieran y Sango la verdad no ayuda mucho en ese sentido, se pone algo recelosa si le hablo de su amiga – respondió guardando las manos en sus bolsillos mientras se encogía de hombros.
— Es increíble lo que me estás diciendo… ¿Cómo es posible que no se consigan datos de nada sobre ella? Eso… no es normal Miroku… – dice Inuyasha sacudiendo la cabeza a modo de negación.
— Dímelo a mí… Nada normal… No quiero pensar que estamos ante no sé… una agente secreto… Asesina serial… Que se yo… ¡Y lo peor es que es la mejor amiga de mi mujer! – exclama Miroku con cara de susto.
— ¡No te pases Miroku! Ahí sí que estas exagerando… Feh… ¿Asesina serial? ¿Agente secreto? Estas viendo muchas películas, te pasas – dijo el albino arqueando una ceja.
— Bueno uno no sabe – responde este tapándose la boca con una mano y tose un poco – pero ya hablando en serio… Es muy extraño, todo el mundo tienen datos, antecedentes de algo, sean penales o no y que de ella no se consiga nada, es muy sospechoso.
— Pues eso sí… Muy extraño… – afirma el adonis doblando los papeles.
— Pero ya no debes preocuparte e indagar mas sobre ella, ya que decidiste dejar el tema de lado, por lo tanto Inuyasha ahora lo que debes ha… – le estaba diciendo el chico de ojos azules cuando este le interrumpe.
— ¡Bueno muchas gracias por haberme ayudado Miroku amigo! – dice con una sonrisa lanzando los papeles al suelo y tomando al chico de los hombros haciendo que voltee hacia el ascensor – imagino que tienes cosas que hacer, lo sé, así que no te retardo mas.
— Pero… Inuyasha… – le iba diciendo este mientras que el ambarino le empujaba rápidamente hasta llegar frente al ascensor y oprimía el botón.
— No te preocupes que estoy bien, hasta yo tengo cosas que hacer — respondía Inuyasha mucho mas sonriente mientras las puertas del ascensor se abrían – no te olvides que eres un gran pero gran amigo, salúdame a Sango ¡Nos vemos! – termina de empujarlo dentro y se despide con la mano.
Miroku iba a exclamar algo pero las puertas del ascensor se cierran automáticamente. Inuyasha permanece unos segundos ahí parado observando las puertas del ascensor cerradas, luego voltea y mira los papeles en el suelo. Comienza a caminar hasta ellos y se agacha para recogerlos y darles otra ojeada.
Su amigo no pudo obtener información, tal vez Sango al ser su mejor amiga sabía mucho mas pero si lo que Miroku decía era verdad y Kagome ocultaba cosas de su vida de manera tan drástica, Sango no iba a echarla de cabeza. Todo era muy extraño ¿Qué clase de persona necesitaría ocultarse de esa manera?
La chica no era mala persona o eso quería creer él, pero lo que había dicho Miroku era verdad, ya no debería preocuparse si Kagome era mala o no, sí estaba haciendo algo indebido o se escondía. Ya que él había decidido olvidarse de ella y volver a su antigua y monótona vida al lado de Kikyo. Volvió a observar los papeles en sus manos por un instante, de pronto fruñe el ceño y arruga los papeles apretándolos muy fuerte dándoles forma de pelotas de papel para luego lanzarlos al cesto de basura de la cocina.
Se quedo ahí en frente del cesto con la mirada pérdida y solo articuló una sola palabra lentamente.
— Kagome…
Continuará…
Y esto es todo del tardado capítulo 10, la chica no deja de ser un completo misterio ¿No? ¿Qué será lo que hay detrás?
Muchas gracias por leer, espero no tardarme tanto en escribir el siguiente.
¡Un abrazo enorme!
