Los te quiero se los lleva el viento
Ginny fue la primera en salir del shock. Bajó de la escoba y se dirigió a los vestuarios para advertir a la parejita que saliesen antes de que alguien más las pillara. Tal vez, con un poco de suerte, podría hacer ver que Ron lo imaginó.
Tocó la puerta con fuerza y entró enfurruñada, Hermione y Pansy ya se habían vestido.
—¡¿Se puede saber en qué pensabais?! —dijo conteniéndose la voz para que nadie le oyera gritar— ¡Ron os ha pillado!
Hermione se tapó la cara con su túnica, mordiéndola por la falta que había cometido. Pansy se acabó de vestir con parsimonia.
—Ya lo sé, entró silbando el muy imbécil —expresó la serpiente.
—¿Y por qué no os habéis escondido? —Ginny, molesta, le lanzó la escoba a sus pies— Todo el mundo se enterará de lo vuestro.
Parkinson bufó fastidiada por la reprimenda, sujetó la escoba con elegancia y se subió en ella.
—Sólo tienes que ser una chica lista e intentar dejar a tu hermano como un idiota —tomó a su novia por la cintura y situó el cuerpo delante suyo, de una forma que las piernas de la Gryffindor caían por un lado— Total, al ser él un Weasley no costará mucho, ¿no?
Hermione resopló y miró con amabilidad a Ginny.
—En realidad te está dando un voto de confianza, Gin.
Desaparecieron subidas a la escoba volando por el túnel en dirección a los jardines de Hogwarts, evitando que Ron y Harry las vieran. Los muchachos, minutos después de que las dos chicas se fueran, entraron a los vestuarios.
Sólo vieron a Ginny molesta golpeando un banco con fuerza.
—¿D-dónde están? —inquirió el pelirrojo abriendo todas las taquillas.
—Ron, no hay nadie —dijo Ginny dándole una colleja reprimiendo su furia— Me has asustado, lerdo.
Ron miró a Harry buscando apoyo, éste se encogió de hombros sin saber qué decir.
—¡Juro que Hermione y Parkinson estaban aquí! —gritó señalando una zona del vestuario.
—Ron...Es posible que hubiese sido tu imaginación de tanto pensar en Hermione —contestó Harry.
Ginny sonrió aliviada y su hermano se llevó las manos a la cabeza.
—No, Harry, tú también no.
—Eres un pervertido, Ronald Bilius Weasley —recriminó su hermana disimulando la risa.
—La próxima vez no os diré nada.
Ron se alejó del vestuario refunfuñando, y Harry junto con Ginny explotaron de risa por la reacción del pelirrojo. Harry se dio cuenta del pequeño detalle.
—Gin, ¿y tu escoba?
La susodicha se atragantó.
—Oh...la perdí por el camino... —explicó frotándose la melena nerviosa.
—Sabes mentir muy mal sino lo tienes planeado —afirmó Harry—. Estaban ellas dos aquí, ¿verdad?
Ginny no dijo nada.
—No sé de qué va esto, pero aun así...Yo la apoyo ¿vale? —sonrió con dulzura y cruzó la puerta preparándose para seguir el entrenamiento.
La más pequeña de los Weasley se quedó estática en el vestuario sorprendida.
—Nunca, jamás, volveré hacerlo en un sitio público —susurró Hermione agarrando con fuerza la túnica de Pansy para no caerse.
—Eso lo dices ahora —dijo la serpiente acariciando el cabello de Hermione con su nariz— Después no habrá quien te pare.
La castaña, molesta, se zafó de su agarre y cruzó los brazos.
—Te vas a caer — advirtió Pansy.
Hermione resopló en desacuerdo y la Slytherin le miró con mofa.
—Rectifico; te voy hacer caer.
Parkinson se inclinó hacia delante para atrapar impulso y la escoba aceleró con rapidez. Las nubes pasaban por al lado de ellas, huyendo de los gritos desesperados de Hermione mientras se sujetaba del cuello de Pansy. La Slytherin viró sin previo aviso y descendió sin parar, hacia el lago. Centímetros antes de llegar a la superficie acuosa, la morena frenó para seguir volando en dirección horizontal. Reía mientras escuchaba a la castaña llamarla loca en todos los tonos posibles de voz. Pasaron unos minutos y Hermione pudo tranquilizarse. Muy a su pesar, la Gryffindor abrió los ojos.
Un paisaje idílico le esperaba tras los párpados; los rayos solares reflejaban el agua del lago, que, desde esa perspectiva, las aguas negras se convertían en cristalinas. Las montañas que las rodeaban tenían un color verde amarillento, esperando con ansias el verano que se aproximaba. El sol, casi en sus últimos momentos, calentaba la corriente de aire causando una brisa suave.
Con el pie, la castaña pretendió tocar el agua.
—Te gusta, ¿verdad? —dijo Pansy notando la brisa en la cara.
Hermione intentó decirle algo, pero lo único que conseguía era que el viento se llevara las palabras. Desistió y se acurrucó en los brazos de su novia. Sonrió cuando Pansy empezó a tararear una melodía que ella no reconocía. La morena empezó a girar con sutileza, de una forma que parecía acunar a Hermione. La Slytherin besó la frente de su acompañante.
—No te duermas ahora —dijo suavemente mientras reía entre dientes. Suspiró resignada al notar como la respiración de Hermione se acompasaba. Pansy cerró un momento los ojos percibiendo todo de su alrededor y aspirando aire.
—Te quiero—susurró la morena posando su barbilla en la cabeza de la castaña sonriendo al notar como la brisa se llevaba su confesión.ç
Una figura apoyada en un árbol cerca del lago, observaba a las dos chicas volar sobre las aguas. Draco pudo distinguir perfectamente a Pansy y, sin duda alguna, ese pelo enmarañado, castaño y esa corbata de Gryffindor pertenecía a la Sangre sucia de Granger.
—¿Qué estás haciendo, Pans? —se preguntó más para él mismo que para ella— ¿No sabes lo mal que les va a sentar a tus padres o qué?
El rubio platino gruñó y se dirigió a su sala común. Allí, empezó a escribir una carta explicando lo que había visto en los jardines de Hogwarts. Después, con letra fina, escribió los nombres de los destinatarios; sus padres.
Draco llamó a su lechuza y le entregó la carta. Desde la ventana pudo ver al ave atravesar el cielo por encima de las dos chicas que aterrizaron detrás del invernadero.
Al día siguiente en el Gran Comedor, una lechuza cruzó la sala con una carta en su pico. Todos los presentes se giraron al notar que esa ave se dirigía a la mesa de Slytherin. La lechuza, con elegancia, frenó justo delante de una chica con el pelo de color azabache. Pansy abrió la carta extrañada al ver el escudo de su familia.
Leyó, una y otra vez, lo que estaba escrito en ella y su cara de extrañeza pasó a la de asombro, y, de ésta, a la de terror.
Todos se fijaron en el estado de shock de la morena. Con los ojos completamente abiertos, dejó caer la carta y se frotó la cara con sus manos temblorosas.
Se levantó de la mesa con centenares de ojos posados en ella y atravesó la gran puerta corriendo.
Durante tres días no se supo nada de ella. Hermione preguntó a Daphne sobre el estado de Pansy pero la rubia, después de preocuparse para que nadie las viera hablar, le contó que la morena se encontraba en su habitación y que apenas salía. Esta vez, Daphne estaba muy borde, muy seria, muy... Slytherin.
—¿Es por la carta? —inquirió Hermione preocupada por el estado de Pansy.
Daphne la miró con dureza y aceptó alguna idea que rondaba en su mente desde el día que Pansy se encerró en la habitación.
—No puedo decirte nada, pero te aseguro que no es bueno —concluyó la rubia—. Y te advierto que te alejes de ella todo lo que puedas.
—¡Pero ahora es cuando más me necesita!
Daphne no le dijo nada y negó con la cabeza, se disculpó la rubia mentalmente.
—Está pensando en cómo dejarte —al ver la cara de asombro de Hermione decidió continuar— Ama a Draco, y tú sólo fuiste un juego. Tenlo en cuenta, una Slytherin jamás podrá amar a alguien de un nivel tan bajo cómo tú.
Dicho eso, se giró con distinción caracterizada por los Slytherin y se marchó. Hermione tuvo que apoyarse a la pared para no desfallecer y decidió, como buena tozuda que era, no hacer caso a la rubia, seguir como si no hubiese escuchado nada y aguantar hasta que Pansy apareciera.
Qué casualidad, que al día siguiente se presentó en la clase de pociones.
Hermione sonrió y, al acabar la asignatura, se dirigió a la morena.
—Pansy, recuerda que tenemos que entregar el trabajo mañana —dijo Hermione después de esperar que los demás alumnos se alejaran.
Pansy no la miró y se dirigió al grupo de Slytherin que la esperaba en el pasillo.
—¿Pansy? —inquirió Hermione extrañada.
La otra la ignoró y la castaña recibió un choque de hombros por parte de Malfoy que en esos momentos salía de la clase.
—Aléjate, Sangre sucia, escoria como tú no nos interesa, y menos a ella —Draco hizo una mueca de asco y se alejó.
Al llegar al grupo, el rubio posó el brazo por encima de los hombros de Pansy. La otra sonrió levemente.
Hermione se quedó quieta en el pasillo, observando como los Slytherin se alejaban de ella riendo y gastando bromas crueles a los demás alumnos.
La castaña sacudió la cabeza para borrar lo que Daphne le dijo y se dispuso a seguirla, pero unas ligeras lágrimas que nacían de sus ojos se lo impidió. Vio cómo Draco besaba a Pansy enfrente de ella, apropósito, y como Parkinson se dejaba hacer, incluso sonrió después del roce. Hermione dirigió su mirada hacia Daphne, inquiriéndole, pero la joven le giró la cara sin disimulo.
La leona, prediciendo lo que iba a suceder, decidió correr sin parar, cómo había hecho en su primer año, hacia uno de los lavabos.
Cerró la puerta sin mirar siquiera si alguien se encontraba en los servicios.
¿Qué esperabas? ¿Esperabas que fuerais felices para siempre como en los cuentos? ¿Esperabas presentarte a sus padres como la novia-sangre-sucia de la perfecta Pansy Parkinson?
¿Esperabas poder ir a la playa, nadar al compás de las olas con tu arisca compañera de corazón durante todo el día para después llegar a casa exhaustas y todavía así, tener una larga e intensa noche de sexo placentero?
Esperabas demasiadas cosas, todas ellas inalcanzables para alguien de un gremio como el tuyo. Sangre sucia...
—Deja de escarmentarme ya, déjame! —gritó Hermione desesperada mientras su conciencia la castigaba con un delirio de palabras que, en realidad, llevaba repitiéndose desde el advertimiento de Daphne.
En ese momento todo lo que sentía era rabia, rabia por haberse mentido a si misma con la esperanza de que algún día ella y Pansy llegaran a ser algo más de lo que eran ahora... Rabia por no haber podido controlar sus sentimientos, lo que conllevaba a no tener capacidad de reacción. Rabia que poco después pasaría a ser tristeza, ya que la rabia es eso. Y entonces, sólo entonces, podría empezar a ver las cosas con un poco más de claridad, sintiéndose totalmente abatida, eso sí. Recapitulando cada momento, cada beso, cada caricia, cada te quiero... ordenadamente, sí, pero sin dejar de sentirse desalentada.
Evitó mirar las baldosas para ver su reflejo lloroso y poco a poco construyó de nuevo una coraza contra la Slytherin en su corazón. Meditó sobre las posibles opciones; la primera era olvidar a Pansy, la segunda, ir tras ella aun sabiendo que había sido un juego, y la tercera consistía en dejarse llevar por la ola de tristeza.
Todavía sin decidir, apoyó su espalda contra la pared, se dejó caer poco a poco y cuando sus rodillas tocaron el suelo, junto a ellas, también su corazón.
Oyó el chirriar de las bisagras de la puerta e intentó levantarse. Alzó la vista llorosa y el pequeño trozo de coraza que empezó a construir se destruyó en miles de pedazos al ver la figura imponente de Pansy enfrente suyo.
La Slytherin reprimió el gesto de sorpresa y se fue a uno de los grifos a lavarse la cara, después, ignorando la cara incrédula de Hermione, se dispuso a salir. Antes de que Pansy cruzara la puerta, notó que alguien la sujetaba de la túnica.
—Pans —susurró Hermione con la cabeza gacha— Dime que no estás con Malfoy.
La otra se zafó del agarre de un manotazo y le miró con asco.
—No me jodas, ¿creías que podríamos estar juntas? ¿qué nadie se enteraría de lo nuestro? ¡Venga ya! Ron por poco nos pilla y Drac...—Pansy se tapó la boca con rapidez.
—¿Draco? ¿Malfoy se enteró de lo nuestro? —Hermione se limpió las lágrimas al entenderlo todo— Entonces la carta... La carta era de tu familia, ¿verdad? Se han enterado por culpa de ese imbécil y no quieren que estés conmigo —afirmó.
Pansy no le respondió e intentó salir.
—Pansy, por favor, ¡explícame qué ponía en la carta!
La castaña abrazó con fuerza a Parkinson y una sonora bofetada resonó por las paredes del lavabo.
—No tengo nada que explicarle a una asquerosa Sangre sucia, y déjame en paz, amo a Draco, y tú sólo eres un obstáculo.
Pansy cerró con fuerza la puerta del lavabo. Hermione frotó con cuidado su mejilla roja y salió de allí arrastrando los pies, su orgullo y su cuerpo sin alma.
A lo lejos vio la figura de Pansy borrándose antes de alcanzar el final del pasillo. Hermione gruñó.
—¡Parkinson, a partir de ahora seré tu peor pesadilla, arruinaré todo lo que te propongas hacer, te enseñaré que conmigo no se juega!
La voz llegó a los oídos de Pansy. Ésta, antes de girarse sonrió con melancolía al percibir su apellido y recordando momentos anteriores, ¿Cuánto hará que no lo escuchaba con esa entonación?
Al darse cuenta de su cara risueña, sacudió la cabeza retornando las facciones orgullosas de un Slytherin.
No podía -se prohibía, más bien-, estar junto a Hermione; si desobedecía, su familia se encargaría de realizar lo que escribió en la carta.
Se giró y respondió con mofa, sin darse cuenta que era la misma frase que repitió en un enfrentamiento contra ella.
—Entonces demuéstramelo, Granger.
Juraron volver a ser las enemigas de cada una.
—No lo dudes —respondió Hermione alzando su barbilla con orgullo— No lo dudes...—esto último, lo repitió en un susurro al ver la sonrisa de lado de Pansy antes de irse.
Hermione tragó saliva.
¿Cómo se supone que debes fastidiar a tu peor enemiga si no puedes dejar de amarla? inquirió molesta la conciencia de Hermione. La castaña se golpeó la sien para hacerla callar.
Notas finales del capítulo:
traaanquilos, no os preocupeis, que no todo esta perdido! (eso espero) en el prox cap (11) sera mas corto pero en el capitulo 12 habra mucho mas humor y dos personas más intervendran para enamorar a Hermione (una persona que no saldrá mucho como contrincante, y la otra que se picará siempre verbalmente con Pansy xD)
Hasta el prox capi!
Kissuus!
