AQUELARRE
La lechuza picoteó en el vidrio de mi ventana. La abrí, y recogí la carta.
-Aquelarre, ocho de la tarde.- sonreí al reconocer la letra de Aurora.- Ven preparada para todo.
-Siempre lo hago.- pensé en voz alta. Metí mi petaca de tabaco en el bolsillo de la túnica y revisé la habitación por si olvidaba algo.
Me gustaba salir los jueves por la noche para reunirme con el resto de profesores en Hogsmeade. En el mes escaso que llevábamos de clase, se había convertido en una tradición tan inamovible como las calabazas de Halloween, o las bromas pesadas de Peeves. Era nuestra noche loca, antes de que los que vivían lejos de Hogwarts regresaran a sus casas el fin de semana. Generalmente cenábamos algo ligero en La Tres Escobas, y terminábamos la noche en Cabeza de Puerco, o aun mejor, en el Aquelarre, un pub lo bastante iluminado como para saber con quién estabas hablando, muy cálido y donde se podía beber, fumar y quejarse de los alumnos, criticar al Ministerio o despellejar al último ligue sin que nadie se escandalizara. Aunque yo solía hablar poco, disfrutaba de la compañía, la conversación y la pipa.
-¡No aguanto más a los de 3º! Hoy le he requisado a una Ravenclaw un espejo y sombra de ojos. ¡A una Ravenclaw!- Séptima puso los ojos en blanco.- No sé quién los eligió para esa casa, en mis tiempos el Sombrero era más estricto…
-Minerva me ha dejado caer que Umbridge puede volver a entrar en mis clases- Charity parecía preocupada, y quise confortarla.- Parece que no le convenció la manera en que hablo de los muggles.
-No te preocupes. Tus alumnos te adoran, no te pondrán en evidencia. Con un poco de suerte, hasta la convences para que use un bolígrafo.- bromeé.
-¡Es que son mucho más prácticos que las plumas! No hay que cargar con los tinteros y escribes más rápido.- se defendió ella, siguiéndome la broma.
-¿Alguien conoce a ese mago del aro en la oreja? El tipo alto que va de azul… - Aurora se escondía tras su tercera cerveza de mantequilla.- Es de tu estilo, eh, Séptima, ¿no crees?
-¿Y cuál es mi estilo, si puede saberse, doña Yo-tengo-que-casar-a-alguien-antes-que-a-mis-hijas? Digo, si tienes una hipótesis sobre mis gustos en materia de hombres, te puedo poner en contacto con mi madre, ella se ha doctorado en eso. – los ojos de Séptima pasaron de su habitual celeste acuoso a un tono oscuro enfurecido, pero le dedicó una mirada evaluadora al mago. Realmente, era una figura imponente.
-Bueno, los tipos grandotes son más tranquilos, y la túnica azul indica que es una persona formal, pero lo bastante atrevido como para llevar un arete, o sea, justo lo que tú necesitas: un hombre de verdad, con un toque de fantasía. – disertó la dicharachera profesora de Astronomía.
-Aurora, desvarías. Y a mí no me gusta la fantasía: la Aritmancia es una ciencia. Me temo que se te está pegando algo de tu compañera de Departamento, Sybill mi-ojo-interior-me-habla Trelawney.
-¡No me nombres a Sybill!- intervino Rolanda Hooch, apurando de un trago su vino de elfo. - Ayer no tuvo mejor idea que empezar a lanzar hechizos aturdidores a los alumnos de primero que estaban practicando vuelo cerca de su ventana. Menos mal que ve menos que un ridgeback con conjuntivitis.
-A Dumbledore no le va a gustar eso.- Charity meneó la cabeza, preocupada.- Si Umbridge se entera, va a empezar a escarbar hasta que saque todos sus trapos sucios…
-¿Y los tiene?- no pude reprimir mi curiosidad.
-Todas los tenemos, ¿no? Claro, excepto tú, Aurora. Ya sabemos que como amantísima madre y esposa y aburrida Hufflepuff, tu vida es tan emocionante como la receta de la tarta de melaza.- Séptima seguía picada por su comentario de antes, y se lo devolvió con más acidez de la acostumbrada. Si no fuera porque empezaba a conocer la lealtad inquebrantable que unía a esas dos mujeres, a veces podría pensar que se odiaban.
Aurora alzó el mentón, fingiendo ofenderse.
-Detecto una fuerte corriente de envidia por aquí. Con lo que yo me preocupo por encontraros vuestra alma gemela… ¿Tú tampoco te vas a dejar, Willa? ¿No vas a dejar que mamá Aurora te consiga un fornido brujo que te ayude a domesticar escregutos?
-¿Estás pensando en Hagrid, querida?- intervino Charity, y yo puse cara de póquer.
-Uff, creo que una profesora suplente sin un techo donde caerse muerta no es un gran partido para nadie.- di una larga calada a mi pipa para desviar la conversación.
-Tú solo dame tiempo, cariño.- afirmó Aurora con convicción.- Insisto en que ese mago me parece muy atractivo… Rolanda, ve tú a por él.
-Uff, para nada, Aurora. Antes lo he escuchado hablar del Ministerio, y ya sabes que yo paso de política. – Aurora volvió a dirigir su atención hacia Séptima, que viéndole las intenciones, se apresuró a cambiar de tema.
-¿Por qué nunca le buscas ligue a Charity?- Séptima usó la vieja táctica de la distracción. – Seguro que ella es mejor alumna que nosotras.
-Charity no necesita mis consejos, chicas, ella se basta sola. ¿O es que no os ha contado a quién le escribe esas larguísimas cartas que echa al correo muggle?
Charity por poco se atragantó con su licor de menta, y enrojeció hasta la raíz de sus rubios cabellos.
-¿Carteándote con un muggle? Vaya, qué bien guardadito te lo tenías, Charity. – Rolanda se burló sin piedad.
-¡Es solo mi proveedor de objetos muggles! Necesito mucho material para mis clases que no puedo encontrar en Hogsmeade, y Andrew me lo consigue a buen precio.
-Andrew… vaya, vaya, nada de señor Martin, simplemente Andrew… - Aurora siguió con la broma mientras Charity empezaba a poner cara de trágame tierra.
-Pues yo que tú tendría cuidado con esas cartas. – interrumpió Irma Pince. No era de las habituales, pero esa tarde dijo que tenía ganas de despejarse y se había sumado al grupo. En ese tono susurrante que era el suyo habitual después de tantos años trabajando en la biblioteca, añadió - He oído que Umbridge va a montar un sistema de vigilancia del correo.
-¡Será para los alumnos, supongo! – no pude evitar el comentario, alterada. No era que mi correspondencia tuviera nada de especial, pero siempre me sentí muy celosa de mi intimidad.
-No podría asegurarlo. – adelantó Irma, encogiéndose de hombros.
-No creo que a Umbridge le haga muy feliz que tengas un proveedor directo de objetos muggles… seguro que estás infringiendo un montón de normativas del Estatuto Internacional del Secreto o algo así. Si ni siquiera mi Archie puede mandarles los regalos de Navidad a sus padres sin pasar por el Ministerio. – nos ilustró Aurora, cuyos suegros eran muggles.
Sofoqué una risa, pero no pude evitar sobresaltarme cuando, de repente, un pequeño mago se encaramó sobre un taburete alto y su cabeza apareció a la altura de la mesa que compartían las brujas.
-¡Filius! Me alegro de que te hayas animado a venir, hacía tiempo que no lo hacías. – Rolanda hizo una seña al camarero para que trajera alguna bebida al profesor de Encantamientos.
-Gracias, Rolanda. ¡Cuánto bueno por aquí, chicas! De verdad que la juventud sí sabe disfrutar de la noche, ¿eh, pillinas?
No puedo negar que me sentí un poco intimidada, Filius Flitwick había sido uno de mis profesores, y sabía bien que por su cercanía a Dumbledore podía tener algo que decir en mi permanencia en el colegio. Debía portarme bien, dar imagen de persona responsable, de confianza, un dechado de respetabilidad y … ¿por qué me resultaba tan difícil?
-¿Cómo llevas tus primeras semanas, Willhelmina? Espero que mis Ravenclaws no te den mucho la lata… - me sonrió ampliamente, y pensé que, al carajo, había pasado mucho tiempo desde que Filius me tuvo toda una semana sin entrenar para que aprendiera a hacer el encantamiento convocador. Podía perdonarle eso.
-Bien, Filius – me sonó raro llamarlo así. – Todavía no los conozco a todos, pero no son los peores. De hecho, creo que tienes en tu casa a algunos alumnos excepcionales.
-¿Te refieres a…?
-Luna Lovegood.
-Oh, sí ciertamente ella es excepcional, en muchos sentidos.- Filius agradeció la jarra de whisky de fuego que le trajo el camarero. – Sí, ciertamente, la palabra que define a esa chica es esa, excepcional.
-Lunática, colgada y bicho raro también suenan mucho, Filius. – apuntó Aurora- Ya sabes lo crueles que pueden ser algunos chavales. A veces parece que ella no se da cuenta, pero…
-Os aseguro que Luna se entera de todo lo que ocurre a su alrededor, solo que ella selecciona de lo que se va a preocupar: es mucho más racional de lo que aparenta. – Aseveró Séptima, que nos había contado un pequeño incidente entre la chica, dos groseros Slytherin de cuarto año, y una redoma de pus de bubotubérculo.
Decidí añadir mi punto de vista.
-Tiene un interés un poco peculiar por mi asignatura. A veces me sorprenden sus comentarios, aunque no debería extrañarme siendo hija de quién es.
-¿Conoces a Xenophilius Lovegood?- se interesó Flitwick.
-He trabajado ocasionalmente para él. Claro que ahora que he dejado de escribir, hace tiempo que no lo veo.- comenté de pasada.
-Sí, por supuesto, al venirte a vivir a Hogwarts el resto del mundo parece quedar aparte, ¿verdad? Es un mundo muy absorbente el del colegio, sí… por eso me apetecía salir hoy un rato, aprovechando que hay otra gente de guardia… ¡A ver, compañeras, ¿a quién le apetece cantar?
-Síííííííí….. – rugieron Charity y Aurora, que saltaron de sus taburetes al suelo para pedir al camarero que subiera el tono de la música.
Bebí otro trago de mi bebida y sonreí. Me preocupaba Umbridge, me preocupaba dónde trabajar cuando acabara mi contrato, incluso me preocupaba Voldemort. Pero a esas horas de la noche del jueves, no había nada mejor que hacer que cantar y bailar con un grupo de brujas achispadas. Mis amigas.
