Tarde un poco más esta vez. Lo que verán aquí sera un episodio de transición, en el cual hablaremos mucho de biología y genética. Espero les guste XD.


-10-

Equinoccio.


La estación cambiaría pronto. Ese fue su primer pensamiento cuando vio el amanecer. Seguido de ello, se inclinó otra vez sobre el limo de aquel sucio pantano y recogió algunas raíces. No eran la mejor comida, pero al menos no eran venenosas y podía digerirlas si se esforzaba lo suficiente.

—¿Otra vez raíces, Mori? – Fukai se le acercó cargando un saco en su espalda. Eran jóvenes aún, adultos que se habían forjado de una humilde y miserable manera. Estando siempre ocultos del mundo, vagando de aquí para allá. Ese pantano era sólo una parada pero se había convertido en más de ello, era su santuario.

—¿Pudiste encontrar algo más, hermano?

—Sólo mira este botín. – descargó el saco a la orilla de la charca. Había algunas ranas, serpientes y hongos. —Todo un festín, ¿A que sí?

—Pero claro que sí. – se apresuró a recogerlos. —Haré una sopa deliciosa con las raíces y los hongos…

—Cocinaré las ranas y las serpientes, su carne es buena para la fatiga.

—Es lo bueno del otoño, los animales comienzan a aletargarse y son fáciles de atrapar.

—Somos ninjas, hermano, claro que es fácil, el verdadero problema es que se conserven en el mismo lugar. – Fukai se rio un poco y se apresuró a meter todo en el saco. —No me había fijado que el clima comenzaba a templarse.

—He estado al pendiente de eso. – Mori sonrió.

—Creo que pasas mucho tiempo con esa lombriz.

—Es un ciempiés y Horo es mi amigo.

—Creo que le das mucha importancia, pero si tú lo dices. –llegaron a su campamento y comenzaron a preparar todo. No hacían mucho ruido excepto para indicarse el progreso de la cena. Cuando todo el ritual de preparación acabo, comieron tranquilamente. Fukai estaba serio, mientras Mori disfrutaba de la sopa.

—¿Sucede algo, hermano? – le contempló pensativo y ensimismado, a lo que el mayor le miró y asintió. —¿Tienes algo en mente?

—Estuve… haciendo reconocimiento. –la comida acabó ahí, se le había ido el apetito. —Encontré… algo que quizás no creas posible.

—¿Qué?

—Necesito mostrártelo por que no sé cómo describirlo.

—¿Es algo malo? – vio en sus facciones su preocupación acrecentada.

—No, no lo creo. Come tranquilo, mañana te lo mostraré.

—Mejor que sea ahora. – Mori dejó de lado su plato.

—¿Estás seguro? Es bastante lejos.

—¿Por eso no estuviste en todo el día?

—Sí.

—No me importa, vamos. – Fukai asintió y se apresuró a lanzar lodo a la fogata para apagarla.

—¿No te importa dejar de dormir?

—No, empiezo a emocionarme, ¿Qué tan interesante será lo que tienes para mostrarme?

—Estarás impresionado, tanto que se te caerá la mandíbula.

—¿Qué estamos esperando entonces?

Así partieron en busca de aquella proeza. Efectivamente, Fukai no había mentido. El recorrido había sido exageradamente largo, pero el final del recorrido garantizaba un buen premio. Entraron en una oscura y maloliente cueva. Mori no se veía especialmente entusiasmado de la atmosfera pérfida que les rodeaba, pero confiaba en su hermano.

Descendieron varios kilómetros y justo cuando empezaba a arrepentirse, Fukai se detuvo frente a ellos. Apuntó con su antorcha y le miró con una espléndida sonrisa. Mori parpadeó y caminó silencioso. Una vez al frente su boca se abrió hasta más no poder.

—He-Hermano Fukai… ¿Esto es… lo que creo que es?

—¿Y qué crees que es?

—¡Es imposible!

—¡Sabía que te gustaría!

Con cuidado Mori se acercó al enorme cadáver fosilizado de la lombriz de roca. Habían escuchado rumores y leído en viejos papiros familiares que ya se habían perdido, que entre los pantanos y las montañas había restos que comprobarían la existencia de las lombrices de roca, legado de toda la familia Kuroyama. Sin duda un descubrimiento impresionante y codiciado para todo cazador de fósiles, no obstante, para ellos, un regalo directo del cielo.

—Está en perfecto estado de conservación. – concluyó Mori, acercando el fuego para verlo de mejor manera.

—Lo sé. Estaba muy emocionado cuando lo encontré. – Fukai se cruzó de brazos y asintió complacido. —Con este espécimen podremos limpiar el nombre de nuestra familia y hacerles ver que realmente existieron estas criaturas y que…

—Podemos traerlas de vuelta.

—¿Eh? – el hermano mayor le miró como si le hubiese salido otra cabeza. —¿De qué hablas?

—El maestro me enseñó bien, también tuve la oportunidad de averiguar por el bajo mundo una técnica para trabajar con cuerpos y extraer su ADN. – Mori se volvió con una sonrisa aún más grande, había excitación en sus ojos. —¿Acaso no lo ves, hermano? Podemos traerlas a la vida, podemos…

—¿Clonarlas? – Fukai no se veía muy convencido. Al igual que Mori su viejo maestro también intentó enseñarle biología, pero a él no le era tan grato como a su hermano menor, por lo que prefirió no profundizar en dichos estudios. Decidió dejar la ciencia a su hermano y el arte ninja para él, no obstante aún conocía los conceptos.

—Piensas lo mismo que yo.

—Sí pero, ¿No es un cadáver muy viejo? Para estas instancias estará tan descompuesto que…

—Puedo hacerlo, sólo necesito un equipo óptimo y tiempo.

—¿De verdad lo crees?

—Estoy seguro. – Fukai sonrió ampliamente ante esa declaración.

—Si ese es el caso, hermano menor, haremos todo lo necesario. ¿Sabes algo? Se me acaba de ocurrir un plan mejor. – ellos se miraron en medio del silencio propio de la caverna. —¿Recuerdas aquella ilusión que teníamos?

—Sí.

—Empiezo a pensar que podemos hacerla realidad.

La llegada a Iwagakure había sido tranquila y sin dificultades. El equipo de rastreo estaba junto una vez más y de nuevo, eran liderados por el Uchiha, quien permanecía más tiempo en silencio y cuyo estado de ánimo era sombrío pero dócil.

Fueron guiados rápidamente con la Tsuchikage. Kurotsuchi estaba sentada detrás de un escritorio al igual que Naruto y a juzgar por su imagen, se le veía distraía mientras firmaba y releía varios documentos. El llamado a la puerta y la presencia de los ninjas la hizo detenerse, se giró a ellos y les sonrió.

—Debió ser un recorrido largo, caballeros. Siéntense. – señaló algunas sillas a su lado y los hombres asintieron. Todos, a excepción de Akamaru, el cual estaba al borde del retiro por su vejez, se sentaron en donde se les indicó.

—Naruto nos contó sobre sus especulaciones. – comenzó Sasuke. —Nos gustaría escuchar más si se ha descubierto algo.- la kage ignoró completamente la poca educación del Uchiha respecto a las jerarquías, así que cruzó sus dedos frente a su rostro y asintió.

—El Hokage los tiene al tanto, entonces. No hay mucho que decir al respecto. Estaba muy interesada en que fueran guiados al cañón una vez más, pero me gustaría que ustedes: Inuzuka Kiba y Hyuga Arashi, comprueben algunas cosas antes. De igual manera, Uchiha Sasuke, estoy interesada en que nos dé una descripción sobre las habilidades de Fukai Kuroyama, después de todo su poder ocular le permite ver más allá que los demás.

—Le haré un informe.

—Estaré ansiosa por leerlo. – carraspeó un poco. —Me gustaría que usted, Aburame-san, conviva con nuestros científicos, están intrigados en saber sobre la lombriz de roca y siendo usted un experto en insectos tal vez pueda averiguar algo.

—Lo haré con gusto, Tshikage-sama.

—Me complace mucho su cooperación. – se volteó a su asistente y se le cercó respetuoso. —Iremos ahora al centro de investigación y evidencias, quiero que ustedes estén ahí para comenzar a analizar las pruebas con sus habilidades únicas. – definitivamente pertenecer a clanes habilidosos tenía sus pros y la mujer pensaba aprovecharles al máximo.

Sasuke les miró de soslayo y los ninjas asintieron, el trabajo tendría que comenzar más rápido de lo que pensaban, pero era lo mejor, así resolverían todo rápido.

Una vez en el laboratorio de investigación fueron trasladados directamente a la dirección general.

—Caballeros, él es el profesor Saturou. -presentó la líder de Iwagakure.

—Es un honor conocerles. – se inclinó respetuosamente mientras daba una reverencia. —Uchiha-san, Hyuga-san, Inuzuka-san, Aburame-san. – No reparó en sus apellidos y todos respondieron al saludo como era apropiado. —Mi equipo y yo estábamos ansiosos por conocerlos.

—Les comenté sobre nuestras necesidades. – dijo la Tsuchikage. —Pero estoy segura, profesor, que usted podrá explicarles más a fondo.

—Por supuesto, síganme. – los hizo caminar en medio de mesas de trabajo, matraces y computadoras. Llegaron a una sala especial, en donde tenían un gran refrigerador en donde se dejaban conservar algunas muestras, en otro anaquel se hallaban frascos rellenos de formol y aldehídos.

—Esto, caballeros, es una de las piezas que recuperamos de la criatura identificada como lombriz de roca. – en un caja de cristal tenían en perfecto estado una rodaja de sustancia y masa, lo que presumiblemente era alguna parte del animal. El olfato de Kiba se sintió tremebundamente insultado al hacer un gesto desaprobatorio, olía a horrores.

—Buah, sigue siendo fétido, como recordaba. – se llevó una mano a la nariz.

—¿Usted fue capaz de olerla en vida, Inuzuka-san? – Satorou se sintió emocionado.

—Sí, lo hice. Su olor era una combinación entre un queso rancio y una plasta de tierra podrida. Despedía mucho gas de su boca cuando rugía. – miró a Shino, quien asintió atento.

—Lo poco que pude ver de esa criatura era que necesitaba un terreno repleto de tierra y roca para sobrevivir. Usaba el material como armadura y su coraza era impresionante también. El animal era gigante y salvaje, me sorprende como ese hombro logró dominarlas.

—Usó una barrera sanguínea. – explicó la Tsuchikage. —Era parte de una familia conocida como Kuroyama, una leyenda local.

—Sí, he oído sobre ellos, no lo sabía. – planteó el hombre con gafas.

—Tras inspeccionar la información y la composición de los animales nos dimos cuenta que distaban mucho de lo que pensábamos.

—¿A qué se refiere, Satorou-san? – Shino contestó.

—El ADN de estos animales tiene rasgos similares a insectos del orden de los gusanos y los quilópodos.

—¿Ciempiés? – atinó a decir Shino. El científico asintió.

—Me alegra contar con un Aburame en esta sala. – parecía extasiado. Sasuke frunció el ceño, estaba comenzando a aburrirse.

—Profesor Satorou. – intervino la Tsuchikage, quien estaba atenta a todos los gestos de sus invitados. —¿Requerirá la presencia de los cuatro en la sala?

—Me gustaría mucho tenerlos conmigo, pero por el momento y para comenzar, creo que si el señor se queda Aburame podremos salir de nuestro estancamiento.

—De acuerdo, entonces supongo que podrán retirarse por el momento a sus habitaciones. Uno de mis ninjas personales les llevará, Uchiha Sasuke, me gustaría que charláramos un poco, para repasar los hechos respecto a Fukai Kuroyama.

—Claro. – Sasuke no se molestó en ser muy formal. Dejó que su equipo se marchara y él acompañó a la Tsuchikage de regreso a su oficina.

Una vez a solas, la mujer se dejó caer sobre su escritorio con evidente cansancio y dejó que la pila de papeles, similar a la que Naruto veía todos los días, se desmoronara. Ella frunció el ceño, pero Sasuke no dijo nada al respecto.

—Sé que debes estar cansado, Uchiha, pero debemos hablar.

—¿Fuiste tú quien le dijo a Naruto sobre…?

—¿Tu hija? Sí, fui yo. – ella se apresuró a buscar entre los papeles un pergamino. Cuando lo recuperó lo extendió a Sasuke. Él lo tomó y comenzó a leerlo con tranquilidad. Se tomó varios minutos, pero al final su mirada se topó con la Tsuchikage nuevamente.

—¿Qué es esto?

—El reporte dado por mi ninja, durante esa misión. – la kunoichi se extendió sobre la silla y se cruzó de brazos. —Pienso que debe ser incompleto a comparación de lo que tú pudiste ver con tu Sharingan y Rinnegan.

—Lo está. – lo dejó sobre la mesa. —Supuse que Naruto habría compartido la información con ustedes.

—Hokage lo hizo, pero el informe que leí no se veía muy… convincente. Quien hizo el reporte fue alguien más, ¿O me equivoco? – después de una pequeña riña de miradas él asintió. No sabía quién había hecho el reporte, le había comentado a Naruto el incidente, pero no lo escribió, supuso que quizá el Hyuga o Aburame lo habían hecho en su nombre. —Eso creí. – suspiró. —Me gustaría ponerte en contexto. Esos hombres, Kuroyama Fukai y Mori son ninjas renegados de la nación de la Tierra. Nunca pertenecieron a esta aldea en realidad, pero el feudal hizo de este asunto mi problema y por eso tengo que cazarlos. Hasta el momento son los únicos sobrevivientes, o bueno, lo eran, del clan Kuroyama. Éstos tenían la capacidad de domar insectos.

—¿Cómo el Clan Aburame?

—Ellos aprenden a controlarlos y hacen un pacto simbiótico. Los Kuroyama nacían con esa habilidad. Su existencia es tan antigua como tu clan. – señaló la mujer, se sirvió un poco de sake, le ofreció en un gesto, pero Sasuke negó con la cabeza. —La verdadera fama del clan vino cuando uno de sus antepasados logró domar a las lombrices de roca. Se dice que con ayuda de esas criaturas abrieron los caminos para la colonización de la nación. Toda una proeza. –bebió otro sorbo. —Los miembros de esa familia eran adorados por las personas en gratitud por permitirles vivir mejor, así que tanta fama se les subió a la cabeza y decidieron que lo ideal era que gobernasen sobre los demás. – Sasuke alzó una ceja, por alguna razón esa historia se le hacía algo familiar. —No obstante muchas familias se opusieron a su régimen y les desterraron del país que ellos habían ayudado a crear. Se les condenó y erradicó y la nueva corona se estableció para gobernar sin ellos.

—Eso quiere decir que existe odio de por medio. – oh, sí, comprendía esos sentimientos.

—Así es. – la mujer dejó salir un suspiro con olor a sake. —Esto le incumbió al primer Tsuchikage. – planteó. —Hace muchos años hubo una purga que los exterminó por completo, dado que ellos, aún en enojados decidieron tomar el poder por su propia cuenta. Un golpe de estado que nunca resultó. Con la aniquilación del clan todos pensábamos que no quedaba nadie más que perpetuara el apellido. Pero por alguna razón, quedaron dos sobrevivientes.

—¿Me está diciendo que el hombre que derrote era uno de ellos? –la mujer asintió. —¿Qué pasó con el otro?

—Es precisamente por ello que queríamos un equipo de rastreo. ¿Hokage no te lo explicó?

—Sí me dijo algo por el estilo, pero profirió que obtendríamos más información una vez llegáramos a Iwagakure.

—Ya veo. – ella rascó detrás de su cabeza.

—Sigo sin entender, cómo lleva todo esto a Sarada.

—En un momento llegaremos a esa parte. – resopló con un poco de humor, definitivamente el alcohol le había hecho efecto. —Verás, no sabemos exactamente cómo, pero consiguieron resucitar a esas criaturas. Las lombrices de roca son animales mitológicos, en realidad nunca se comprobó su existencia y ellos vienen de la nada con un grupo completo. –se cruzó de brazos. —Analizamos los datos en conjunto. Según tu equipo habían varios hombres en la escena que para mí aldea se encuentran fuera de la lista de "Se busca".

—¿Se refiere a los hombros que atacaron al segundo grupo cuando nos separamos? – asumió que sabía esa parte.

—Sí, los maestros Miyu y Ko, así como Mokushi Nanao, quien interceptó la comunicación entre ambas aldeas y creó la misión falsa. Confirmamos sus cuerpos o lo que quedó de ellos y llegamos a la conclusión de que las pruebas eran positivas.

—¿Positivas?

—Me refiero al ADN, era idéntico. No obstante y aunque fuese muy fácil decir que ellos eran los culpables, tanto los maestros como ese individuo habían sido reportados como desaparecidos hace tiempo, mi maestro era el kage entonces, es decir, años antes de la Gran Guerra Ninja. – eso desconcertó a Sasuke. —Llegamos a la conclusión de que eran clones. Naruto debió decirte sobre el refrigerador con muestras.

—Sí, él me dijo que encontraron de Sarada y que había una posibilidad de que ella…

—Es sólo una hipótesis. – reiteró la chica. —Necesitaba hablar contigo, Uchiha. Creemos que uno de los hermanos sabe sobre clonación. Tenemos motivos para pensar que se esconde en alguna parte o que está muerto. Necesitaba que me contaras sobre tu enfrentamiento con Fukai, que me aseguraras de que él no era un clon, en el caso que hayan decidido clonarse a sí mismos.

—¿Cómo podría saber que era un clon? – reprochó.

—Hyuga-san escribió algo interesante en el reporte que Hokage me dio. Dijo que, los hombres que lucharon al lado de Fukai tenían en su interior una larva de lombriz. Después de tanto pensar, llegamos a la conclusión de que ellos podrían haber sido los clones. No tuvimos la oportunidad de ver en vivo cómo luchaban, pero la posibilidad es latente. ¿Uchiha?

Sasuke había perdido el color por completo en el rostro. Las imágenes de la destrucción del cañón con su Susanoo cruzaron su mente una y otra vez. La tortura mental regresó… pero en medio de esa batalla psicológica, una esperanza, una que lentamente nacía cuan brote de una flor.

—Ella lo tenía. – exclamó con seriedad, una gota de sudor resbaló por su sien.

—¿El qué?

—El bicho, en su interior. – especificó. La Tsuchikage asintió y respiró.

—¿Fukai? – quiso ir por ese rubro.

—No, no lo creo. – Sasuke apretujó su rostro, formando arrugas en su frente. —Recuerdo que durante nuestra batalla los hombres, esos maestros que menciona, participaron. Pude apreciar un chakra diferente en ellos, pero no les presté atención. Fukai no lo tenía. Él usaba a las lombrices como invocaciones llegándose a fundir con ella para protegerse de los ataques externos. Usó a los dos sujetos durante la batalla, les daba órdenes y ellos le hacían caso también.

—¿Podía… fundirse con el insecto?

—Sí. – Sasuke continuaba tenso. —Era una especie de simbiosis. Luchó así para protegerse de mi Sharingan.

—Eso es interesante… - la mujer se cruzó de brazos. —Además, el hecho de que pudiera controlar a los animales quiere decir que su Kekkei Genkai es real, lo cual comprueba una vez más su ascendencia.

—¿Qué con los insectos en los clones? ¿Podría decirse que… la chica que murió no era mi auténtica hija?

—No podemos asegurar que no era tu hija, Uchiha. – ella reiteró para su disgusto. —Hablemos mejor de lo que mencionó antes, ¿Invocaciones? – Sasuke se sintió frustrado de que ella se estuviera desviando del tema, pero en lugar de abogar por regresar hacia su hija, respiró y asintió.

—¿Nunca ha tratado con invocaciones? – sonó extrañado y ella hizo un mohín.

—No suelo manejarlas, pero sé lo básico, claro está.

—Si se tratara de una invocación eso podría significar que los hermanos pueden invocarlas por medio de su sangre. Las criaturas les obedecen dado el trato sanguíneo o bien, por esa habilidad familiar que menciona.

—No había pensado que así fuera. – ella se veía extrañada. —Los animales que se usan para invocación, ¿En donde habitan?

—Dimensiones y lugares lejanos. – estaba comenzando a aburrirse.

—Mmm, usar invocaciones podría ser otra manera en la que ellos luchaban.

—No obstante, ¿No sería improbable?

—¿A qué te refieres?

—Es extraño que tras tantos años de lucha y discriminación no las hubiesen usado antes. Si las lombrices de roca eran el arma perfecta de estas personas, entonces podrían haberles invocado para matar a sus enemigos. No creo que lo vea, pero es más probable que no existan en esta época.

—Vaya, planteas las cosas muy rápido, Uchiha. Supongo que tienes razón, sería demasiado raro que no las usaran anteriormente. – ella suspiró. —Sus habilidades de pelea iban muy ligadas a las básicas ninjas y el control animal, no es la gran cosa, pero si contamos con que las lombrices de roca eran enormes y muy resistentes, supongo que sí tenemos algo a qué enfrentar. – ella se mordió el labio inferior un segundo y después remató contra Sasuke. —¿Dices que necesitas de un pacto sanguíneo para llamar a las bestias?

—Sí.

—¿Qué tanta sangre se necesita?

—No mucha, es sólo un poco, con ella se establece un vínculo y se guía al animal al sitio en donde se desea invocar.

—¿No existen especies que necesiten más sangre?

—¿Por qué lo pregunta? – Sasuke alzó una ceja.

—¿Qué tal si en lugar de unas cuenta gotas necesitaras un cuerpo entero?

—Suena exagerado. – Sasuke miró el escritorio y luego a la kage. —Cuando esas cosas emergían destrozaban los cuerpos por completo, según el informe del equipo de Sarutobi Konohamaru, el hombre conocido como Fukai había matado a sus compañeros y mientras los lanzaba por un acantilado las lombrices aparecían.

—¿Cómo un animal tan grande puede aparecer a partir de una larva tan pequeña?

—Esa pregunta la podrán resolver tus especialistas. – puntualizó Sasuke. —Me interesa más hablar sobre las muestras recolectadas de mi hija.

—Hmp. – absuelta de que él no dejaría en paz el tema de Sarada, la kage suspiró y asintió. —Destruiste el laboratorio, ¿No es así? – Sasuke no respondió, pero su mirada sería era suficiente para decirlo todo. —No encontramos mucho a decir verdad.

—Me gustaría regresar al cañón.

—Lo harás, eventualmente. Queremos rastrear a Mori lo más rápido posible, pero también me gustaría verificar los datos que tenemos.

—¿Han intentado seguir los túneles?

—Muchos están destruidos y no hemos llegado muy lejos, necesitamos un equipo de rastreo.

—Entonces no perdamos más tiempo. – se levantó, actuaba tranquilo, pero lo cierto es que podía percibirse su frustración.

—¿Planteas que él está escondido en alguna parte?

—Tal vez ya esté lejos. – planteó Sasuke. —Si ese hombre está vivo entonces cabrá la posibilidad de que me diga más sobre mi hija.

—Asumo tu desesperación y la comprendo. – la mujer miró los papeles entre ellos fotografías de niños que acababan de ingresar a la academia ninja. —Si realizas el informe sobre Fukai y me lo entregas haré que un grupo selecto de mis ninjas los acompañen, también me gustaría que su integrante del clan Aburame se quede con el profesor Satorou para terminar la investigación entomológica.

—Lo tendré en unos minutos. – en realidad tenía ganas de irse sin pedir permiso, pero se abstuvo, no quería originar problemas por su desesperación, además de que supuestamente ya se había mentalizado de que la probabilidad de encontrar a su hija era tan cierta como falsa.

Pese a que había un deje de mal humor entre los integrantes de Konoha, Sasuke les ignoró olímpicamente concentrándose en sólo llegar a donde debía. Esta vez y para ahorrar energía, había decidido viajar de la forma convencional.

Tardaron, obviamente, mucho tiempo pero cuando vieron a la distancia el cañón todos se alegraron enormemente. Tal y como Sasuke imaginaba, el sitio había sido marcado y mapeado por los ninjas de la roca. Había señales por todas partes indicando que nadie debía pasar, así como cercas para proteger la zona de la fauna local.

Para cuando llegaron al centro del cañón, Kiba torció el gesto. El olor a sangre y carne pútrida se conservaba para su pesar.

—¿Qué puedes detectar? – preguntó Sasuke, el muchacho dio una calada y frunció el ceño.

—Lo mismo que la primera vez. Huele a podredumbre, pero… - Akamaru tenía la nariz pegada a la tierra. —¿Qué sucede, amigo? – el perro gruñó y caminó olfateando la zona. Podría ser un perro viejo, pero conservaba sus talentos.

—Lo que huele debe ser los túneles. – señaló Arashi. Su Byakugan estaba activado y veía con claridad.

—Ya los habíamos olido antes, no tendría por qué estar así de tenso. – opinó el ninja del clan Inuzuka mientras le acariciaba el lomo erizado.

—¿Tienen todo el registro de los túneles? – preguntó Sasuke a los ninjas de la roca que habían venido con ellos.

—Sí, pase por aquí. – señalaron una tienda en donde había un escuadrón acampando. Al verlos llegar se apresuraron a formarse y saludar con cortesía.

—Nuestra base está disponible, Uchiha-san. – dijo uno de ellos, se le notaba nervioso. Sasuke pasó por alto este gesto y se adentró, detrás de él iban Kiba y Arashi.

Había en el centro una mesa, a su alrededor unas cuantas sillas, una fogata apagada y algunos artículos de refrigeración, un pequeño laboratorio y registros en pergamino, también tenían una computadora.

—¿Tienes un mapa? – preguntó el capitán de Iwagakura, el encargado de la zona asintió.

—Aquí. – quitó de la mesa todos los papeles que carecían de importancia y plantó el mapa. Lo que ahí se veía era una complicada red de túneles, todas extendiéndose por todo el cañón. Bifurcaciones y regiones de descanso eran comunes, por lo que Sasuke analizó cuidadosamente todas las figuras.

—¿En dónde se ubicaba el laboratorio? – se apresuró a decir.

—En este punto. – señaló el ninja que había sacado el mapa. —No obstante este lugar está en ruinas, también muchos túneles han colapsado, seguimos excavando algunos. Con suerte dentro de unos días habremos explorado todo.

—No es así. – la voz de Arashi les distrajo. —Puedo ver que la red continúa en varios kilómetros fuera del perímetro del cañón. – la información lanzada les desconcertó. —Incluso la primera vez que estuvimos aquí aprecié la vasta cantidad de senderos subterráneos, pero no presté mayor atención. – Sasuke le miraba mosqueado y se apresuró a dar más información. —Mientras veníamos hacía aquí decidí ampliar mi rango de visión, al parecer hay túneles que llegan al bosque.

—Eso sí que es un problema. – Kiba se cruzó de brazos. —¿Cabrá la posibilidad de que aún queden lombrices vivas?

—¡Eso sería monstruoso! – exclamó un ninja de la roca.

—No sería tan descabellado. – afirmó Sasuke.

—¿Han hecho alguna expedición? Por lo que podemos suponer, no tenemos idea si aún perduran lombrices de roca. Si así fuera, éstas podrían estar sueltas por toda la Nación de la Tierra, incluso atravesar las fronteras. – los ninjas miraron horrorizados a Kiba.

—Sin duda un problema para la aldea de la roca. – señaló Hyuga.

—¿Por qué? – se atrevió a preguntar uno de los shinobi de la roca.

—Podría desatar ideas equivocadas sobre nosotros, imagino. – dijo el capitán enviado por la Tsuchikage. —Discutiré con nuestra líder sobre ese temor, gracias por señalarlo.

Un silencio incómodo rodeó a los hombres. Entonces y después de un carraspeó Sasuke decidió continuar.

—La Tsuchikage me informó que deseaban un equipo de rastreo para iniciar la búsqueda de Kuroyama Mori. – apuntó a sus compañeros. —Estamos a disposición, pero para rastrearlo necesitaremos pruebas de su existencia. Dado que la existencia de más lombrices parece ser también un caso apremiante nos dividiremos en dos equipos. – miró al Hyuga. —Arashi Hyuga les ayudará a hacer un rastreo más a fondo de las cavernas, puede detectar chakra a kilómetros de distancia, Akamaru les acompañará, él olerá la existencia de las lombrices y ladrará cuando las encuentre. – Kiba se agachó y le acarició la cabeza, pareció susurrarle algo en la oreja y el animal movió la cola, ladrando después. —Inuzuka Kiba se encargará junto a mí de rastrear al hombre en cuestión.

—Encontramos esto. – habiendo siete ninjas de la roca, uno de ellos tuvo el acierto de ir hacia el equipo de refrigeración y sacar un trozo de tela. —Creemos que esto es suyo, ¿Será suficiente?

—Sí. – Kiba dio un paso al frente. Lo pasó por su nariz, memorizando el rastro.

—Llévenme por favor a la caverna principal. – pidió Arashi. —¿Quiénes vendrán conmigo? – cuatro hombres se le acercaron.

—Alguien debe quedarse aquí por su necesitamos comunicarnos con la aldea. – señaló el capitán del equipo especial de la roca. Uno de ellos asintió. —Uchiha-san, yo le acompañaré al laboratorio. Es una zona de difícil acceso por las altas posibilidades de derrumbe, así que será bueno tener un usuario del Doton con ustedes. El resto de mis hombres puede hacer una búsqueda a las afueras, por si existen señales y avistamientos respecto a las criaturas.

—Está bien. – consintió Sasuke.

—Nos levaremos el mapa. – Arashi lo tomó con cuidado y lo enrolló para después depositarlo sobre su espalda. —En caso de ser necesario, contamos con radios portátiles. – señaló su oído derecho, un pequeño cable sobresalía de su piel. Los ninjas de Iwagakure se miraron entre ellos y asintieron, Konoha iba bien preparada, así que tenían la confianza de que esta vez harían más avances en la misión.

—Confiamos en ustedes, rastreadores de Konoha. – asintió el capitán.

—Pongámonos en marcha. – Sasuke dio media vuelta y avanzó hasta la salida de la tienda. Este era el momento de la verdad, su misión apenas comenzaba.

Shino suspiró mientras bebía un poco de té. Estaba emocionado, pero no tanto como el profesor Satorou.

Luego de que Sasuke decidiera partir con su equipo a la zona cero, había tenido el encargo de quedarse junto al científico de la Roca para estudiar más a fondo la fisiología de la lombriz de roca. Si bien el encuentro generacional entre sus conocimientos y la gran experiencia del entomólogo le habían brindado una experiencia de calidad, se sentía atorado.

Sus compañeros estaban en el campo de batalla haciendo el trabajo que se supone él debería estar haciendo. Mas la petición de la Tsuchikage y la orden de su capitán tenían más peso que sus deseos, cuestión que le fastidiaba un poco.

Estaba por otro lado el profesor Satorou, quien toda la noche había estado yendo de aquí para acá, revisando bases de datos, libros y registros electrónicos. Tenían una buena tecnología, pero Shino reconocía que Konoha estaba mejor preparada, era por eso que habían tardado todo un día. No obstante y ante tanto trabajo, la verdad comenzaba a esclarecerse.

—¡Esto es fascinante, Shino-san! –dijo el hombre mientras se sentaba a su lado y le daba una palmadita. —Si nuestra teoría es correcta, la lombriz de roca podría haber tenido un complejo método de reproducción y desarrollo. Además de que, su longevidad habría permitido hacer posible su persistencia. – Shino asintió.

Habían pasado toda la tarde persiguiendo hipótesis y teorías. Concluyeron con que el trozo de carne era de una lombriz de roca, las cuales al parecer eran parientes filogenéticas de los ciempiés, que alcanzaban sus colosales tamaño con un método hormonal poderoso, maduraban relativamente rápido, como todos los insectos y que era posible que aún existiera alguna por ahí en estado salvaje.

Decir esto era más fácil que averiguarlo, porque habían estado sin descanso durante horas.

—El tiempo vuela cuando te diviertes. – bromeó un poco, sí, había sido educativo, pero muy cansado.

—Satorou-sensei. – un jovencito llegó al cuarto cargando algunos pergaminos y un disco compacto. —Hokage-sama ha mandado este material que podría serle de utilidad.

—¿De qué se trata? – Satorou lo tomó y analizó. No tardó mucho en insertar el disco en la PC y desamarrar los pergaminos.

—Dijeron que información solicitada, me retiro. – hizo una reverencia y se fue sin hacer más ruido.

—¡Increíble! – exclamó el científico y Shino dio un respingo.

—¿Está todo bien?

—¡Esto es simplemente increíble! – repitió con asombro, Shino se apresuró a ir donde él. Al ver los pergaminos entendió que se trataba de un algoritmo en donde se explicaban las leyes básicas de la genética, así como se enumeraban hojas de apuntes que estaban registrados en el disco extraíble. —¿De dónde sacó Konoha toda esta información? – tal y como creían, el disco contenía un simposio de teorías, reglas y resultados acerca de la clonación, tanto humana como animal.

—Orochimaru. – atinó a decir Shino. Aquella era la información que Naruto había prometido del despiadado sannin.

—Es muy interesante. – repuso el hombre mientras leía a velocidad luz.

—Mire esto, profesor. – Shino detuvo su mirada sobre un mensaje escrito por el propio Orochimaru. En el escrito figuraba lo siguiente: Resultados de la durabilidad vital de especímenes puros contra especímenes híbridos.

—¿Durabilidad vital? – el hombre se inclinó un poco para pensar.

—Creo que se refiere a su longevidad.

—Veamos. – con el ratón de la computadora desglosó la explicación y la gráficas indicadas. Mientras más contenido leían, más parecía cambiar sus rostros.

—Si la información es correcta… entonces nos hemos equivocado. – repuso el científico y Shino asintió. —Por ejemplo, sobre la longevidad. – Satorou caminó hacia un libro de pasta gastada y vieja. —En este cuento el autor pone a las lombrices como criaturas mitológicas, casi como si no fuesen reales sino representaciones de nuestra imaginación. ¿Y qué tal si en realidad no vivían tanto? ¿Qué si la especie sí se extinguió?

—Si ese fuese el caso, ¿Cómo se explicaría que aún continuaran con vida?

—Como lo veo, Shino-san, tenemos dos opciones: O son en verdad criaturas que han sobrevivido siglos en la naturaleza y fueron domadas por esos hermanos… O estamos tratando con criaturas creadas por la mano del hombre.

—¿Clones?

—O especies transgénicas. – concluyó el científico. —No estamos seguros si el ADN de los otros animales que encontramos en su genoma sean en verdad propios, más bien podrían ser inserciones externas, como lo explica Orochimaru-sama. – la atmosfera regresaba a ser aquella cargada de incertidumbre.

—Dijo usted que en el laboratorio de aquel hombre se encontraron herramientas, posiblemente él las clonó.

—Sí, podría ser, pero lo que encontraron era muy poco para hacer dicha cosa, a no ser claro, que estemos hablando de un genio.

—Tal vez se destruyeron durante el enfrentamiento.

—Esa es otra posibilidad. – sin medir mucho su efusividad, Satorou lanzó al suelo varios libros y colocó una hoja de papel en blanco. Comenzó a dibujar un diagrama genealógico. —Podemos concluir que tanto el ciempiés como la lombriz de roca son parientes, con un margen de error claro. ¿Conoce la teoría de la selección natural?

—Sí.

—Bueno, pongámoslos de esta forma…. Para que una especia se extinga deben haber muchos factores que afecten su supervivencia, puede ser el alimento, el clima, la caza…

—¿Esos cuentos cuantos años tienen de antigüedad? – indagó Shino, tomándolo del suelo.

—Cientos, no estoy seguro.

—Bueno, ¿Qué cambió de esos años para ahora?

—Varias cosas, el clima, la depredación… ¿Sugiere que eso las eliminó?

—Puede ser, especies tan grandes suelen morir por la pérdida de alimento o cambios climáticos.

—Muy bien, digamos que así fue. – comenzó a trazar más líneas de nuevo. —Sabemos que las lombrices eran animales muy agresivos y que sólo un hombre pudo controlarlas en su época. – continuaba dibujando. —Al igual que los caracteres, las barreras sanguíneas también se heredan y éstas pueden cambiar con el paso del tiempo.

—Cierto, algunos pueden evolucionar o desaparecer. – comenzaba a comprender a donde quería llegar.

—Sí, y digo si, en realidad esta criatura fuese una original, sólo podríamos decir que para controlarlas el usuario del Kekkei Genkai tendría que tener un Dojutsu muy conservado, cuestión que aunque posible es complicada, ya que la perpetuación de la sangre ha tenido trompicones en su historia.

—Así que maneja que posiblemente estos sujetos no serían capaces de controlar a una lombriz de roca por sí solos.

—Sí, pero es sólo una suposición. – el lápiz con el que escribía se rompió y gruñó. Tomó otro. —Esto nos da una razón.

—¿Razón de qué?

—De crear una especie transgénica. – continuó uniendo conceptos en el papel. —Es decir, hacer que el clon sea manejable y más durable.

—¿Lo dice por lo que menciona Orochimaru? –Shino miró la pantalla de la computadora. En el texto, Orochimaru decía que los clones puros morían más rápido por un envejecimiento apresurado, resultado de la fragilidad genética a causa de la replicación del propio ADN, por el contrario, los especímenes híbridos duraban mayor tiempo con vida, alcanzando etapas reproductivas a edades más tardías, lo cual emulaba a la naturaleza en una proximidad más aceptable.

—Demos por hecho que ellos sí saben sobre clonación, ya que es la única forma de explicar a los humanos usados y que no se trataban de un jutsu de resurrección.

—De acuerdo… - Shino asintió, expectante.

—La clonación en sí es un proceso similar, sin importar el organismo usado, pero es todavía más sencillo que ingresar genes ajenos al genoma original. Es posible hacerlo, pero se requiere de mucho trabajo y mesura. Si se conoce bien la estructura del organismo, se podrá intervenir en partes específicas para tratarlo, según la información de Orochimaru-sama. – Shino asintió y volteó a ver sus dibujos, lentamente el entomólogo estaba haciendo un complejo, pero claro ejemplo de cómo pudieron pasar las cosas. —Está la posibilidad, de que dependiendo la conservación, el ADN puede ser inestable e inútil, ¿Qué tal si ese material genético se remplaza sabiamente?

—¿Se refiere a las partes que coinciden perfectamente con los ciempiés? – claro, todo comenzaba a tener sentido.

—Así es. – dio los últimos trazos, el concepto estaba asentado. —De forma rápida, podemos decir que no estamos tratando de criaturas ancestrales, sino descendientes obtenidos por técnicas de clonación y manipulación genética.

—¿Cómo podríamos probarlo? – planteó Shino, cruzándose los brazos.

—No podemos, a no ser que hagamos nosotros mismos el experimento, pero dado que no tenemos un protocolo, tendríamos que usar la prueba y el error; y me temo que eso llevaría demasiado tiempo.

—Comprendo. – Shino fijó su vista en los apuntes del profesor y cayó en cuenta de algo. —¿Cómo entran los clones humanos en esta ecuación?

—¿Eh? – Satorou pareció desconcertado por su pregunta.

—No sé por qué pienso que la participación de los humanos podría ser peor de lo que imaginamos. – si bien recordaba, cuando Arashi Hyuga inspeccionó los clones de Ko y Miyu, había dicho que tenían en su interior una larva de lombriz, por lo que suponía que los animales estaban ahí por alguna razón. ¿Pero una larva? Shino pensó entonces en la avispa esmeralda, un curioso insecto que cumplía su ciclo reproductivo inyectando sus larvas en el interior de otros bichos.

La larva se desarrollaba lentamente y al eclosionar, mataba a la víctima, dejándola sin fluidos en un caparazón vacío. Shino sacudió sus ideas, por muy escalofriante que sonara, podría ser aceptable.

—¿En qué piensa, Shino-san?

—En la avispa esmeralda.

¿Ampulex compressa? – el profesor torció el gesto y después fue hacia un pergamino, era una copia del reporte que Arashi había escrito. —Sea más específico. – lo abrió para leerlo.

—Durante nuestra misión de rescate Arashi Hyuga detectó en los clones humanos la presencia de larvas de insecto. Al principio no teníamos idea de cómo es que habían llegado ahí, pero tras pensarlo un poco, creó saberlo.- para entonces Satorou ya había encontrado esa parte en el escrito.

—Explique su teoría.

—¿Por qué la necesidad de clones humanos si se posible clonar lombrices de roca exitosamente?

—¿Subordinados, quizás?

—Si son subordinados, ¿Por qué implantarlos dentro? –Shino respiró antes de continuar. —No, más bien creo que los humanos no eran más que marionetas.

—¿Marionetas?

—Incubadoras. – corrigió el Aburame. —Tal y como la avispa esmeralda, las lombrices de ropa pudieron necesitar el advenimiento de un medio propicio para desarrollarse. – se mordió ligeramente el carrillo interno. —No conozco su velocidad de crecimiento, pero es posible que eso también se adaptara genéticamente. – tragó saliva. —Si no se podían criar en un laboratorio de forma natural, el medio corporal de un huésped podría ser lo ideal. Por alguna razón, las larvas se desarrollar alarmantemente rápido y… ahora que lo recuerdo. – todo comenzaba a tener sentido, Shino se sintió terriblemente por lo que Sarada y Sasuke habían tenido que vivir.

—¿Qué sucede, Shino-san?

—Antes de que Sarada… explotara, ese hombre, Fukai, liberó un sello. Automáticamente la lombriz creció y destrozó todo a su paso.

—¿Plantea que… esos hombres hacían que sus creaciones sobrevivieron en el vientre de un ser humano y por medio de un sello podían… hacerle crecer?

—Suena enfermizo. – en verdad lo era y muy terrible además.

—Dios mío. –Satorou tuvo que sentarse. —Eso explicaría los clones. Si su teoría es correcta, los parásitos necesitarían un medio óptimo para desarrollarse y no uno cualquiera, mientras mejor fuese la calidad del chakra…

—Más poderoso sería la criatura.- completó Shino.

—Creo que resolvimos el misterio. – ambos se miraron un momento.

—No, aún no. – caminó hasta la muestra de la lombriz y después a la computadora, en donde continuaba en el lector de documentos la información de Orochimaru. —Si se trata de criaturas transgénicas, ¿Dónde encuentras la complementación?

—¿Una genoteca?

—¿Y cómo obtienes los genes a guardar?

—De muestras recolectadas y seleccionadas. – complementó el científico.

—Pero no puede ser cualquiera, deben ser de un animal lo suficientemente poderoso en genotipo como para que…

—Buenos días, caballeros.- la puerta se abrió estrepitosamente. Se trataba nada más y nada menos que de la Kurotsuchi. Se le veía preocupada y con el rostro arrugado.

—¡Tsuchikage-sama! – Satorou se levantó e hizo una reverencia, Shino le imitó.

—Buenos días, Tsuchikage-sama. – se inclinó para saludar.

—¿Han resuelto algo del misterio?

—Bueno, tenemos teorías y…

—¿Tienen algo sí o no? – ella pareció desesperada.

—¿Sucede algo, señora? – Satorou se preocupó por su actitud, ella pasó su mano por su cabeza y miró a Shino.

—Necesitamos conectar con el equipo de rastreo. – pudo sentir la tensión en sus palabras. —Konoha está siendo atacada.

—¿Qué? – Shino dio un paso al frente. —¡¿Por quién?!

—Kuroyama Mori… y un ejército de monstruos.

La sentencia acababa de hacerse. Shino sintió que la mañana sería tan larga como aquella noche. Un equinoccio en su labor, lo único que atinó a hacer fue acercarse a la puerta y pensar en cómo conseguiría localizar a Sasuke y los demás.

Continuará…

Honestamente siento que este capítulo podría ser un poco tedioso, no obstante me sentí con la necesidad de explicar paso por paso cómo lograrían descubrir los planes de Mori y Fukai. Por una parte tenemos el cómo peleaban junto a las lombrices y en otro lado cómo eran tan hábiles que consiguieron clonar a los animales por su cuenta con mucha teoría en el campo de la genética.

Como vemos, el plan de Mori ya se echó a andar. Eso también es agravante.

En el próximo capítulo complementaré un poco a este y veremos un pequeño panorama de lo que está pasando en Konoha, espero les guste. Les saludo y nos leemos.

PD. Disculpen mis horrores de ortografía, dio una revisión rápida, pero honestamente no creo que haya sido la mejor. Me sentía tan ansiosa por publicar que le di a máxima velocidad.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.