Este es un COPY-PASTE, los personajes de SCC pertenecen a CLAMP.

Pesadilla de Verano

CAPITULO 9

Kaho llegó a casa del trabajo temprano en la tarde del viernes.

—¿Están listas para ir chicas? —nos preguntó a Tomoyo y a mí. Estábamos viendo American Pie en uno de los canales de películas en la sala de estar. O, al menos, lo habíamos estado. Tomoyo había apagado la televisión tan pronto como Kaho abrió la puerta principal. Ella no debe permitir ver películas de clasificación R (*). Ups.

—¿Ir a dónde? —pregunté.

—¿No le dijiste, Tomoyo?

Tomoyo parecía avergonzada.

—Se me olvidó. Lo siento.

Kaho sacudió la cabeza, riendo un poco.

—Está bien. Bueno, Sakura, parece que estás adentro para una divertida sorpresa hoy. Vengan. Vámonos.

Tenía que ser una dama de honor.

Esa era la "divertida sorpresa" que Kaho me soltó veinte minutos más tarde, cuando nos detuvimos frente a la tienda de novias en Oak Hill, una ciudad cerca de Hodogaya. Mi verano estaba lleno de increíbles sorpresas.

—Oh, algo como esto se vería estupendo en ti —dijo Sherri, la igual-de-Pelirroja, igual-de-alegre hermana mayor de Kaho.

Ella se había encontrado con Kaho, Tomoyo, y conmigo en la Boutique Nupcial Gwyneth esa tarde, usando una blusa roja brillante y bebiendo café de Starbucks. No perdió tiempo dándome un abrazo, diciéndome que era hermosa, e informándome que era libre de llamar a la tía Sherri cada vez que yo quisiera.

No podía decir si era un total farsante o si era sólo despistada.

Ya me disgustaba Sherri. Probablemente porque era tan parecida a Kaho. Pero ahora mismo ella estaba empeorando las cosas sosteniendo un enfermizo vestido azul de bebé, completo con mangas abullonadas y un escote alto, diciendo cómo era justo para mí.

—Si —estuvo de acuerdo Sherri con ella misma—. Esto sería excelente con tu figura. Y este tono es definitivamente un buen color para ti.

No podía dejar de pensar en lo que Harrison le diría a esta mujer si veía el horrible vestido que me estaba mostrando. A él le volaría su mierda. Tendría un aneurisma. La vista de esa cosa lo podría haber incluso matado. Sé que yo quería morir en este momento.

—Oh, Sherri, ¡guarda eso! —Se rió Kaho desde el otro lado del pequeño salón—. Sabes que Tomoyo y yo ya tenemos el vestido elegido. Sólo necesitamos obtener las medidas de Sakura.

—Bien —suspiró Sherri—. Pero Sakura todavía podría querer probarse algunos de estos, sólo por diversión.

—No, estoy bien —dije—. Realmente.

—Sakura, ven a ver el vestido que hemos elegido —dijo Tomoyo, agitándome. Dada la opción entre Tomoyo y Sherri, elegí a Tomoyo inmediatamente. Bordeé los bastidores de coloridos vestidos hasta que estaba de pie junto a ella y su madre.

—Lo siento sobre ella —murmuró Tomoyo—. Tía Sherri se emociona con facilidad.

Se aclaró la garganta.

—Así que, eso es todo. Este es el vestido. —Señaló el que Kaho estaba examinando.

Era rosa chicle, una razón inmediata para odiarlo, y largo hasta el piso. Las mangas llegaban a mitad del antebrazo y el corpiño estaba decorado con una lluvia de diminutas flores amarillas de tela y cuentas subiendo por el centro y sobre la mitad del escote de corazón.

Exactamente lo que esperarías que Kaho escogería para los vestidos de damas de honor. Y exactamente en lo que no sería atrapada ni muerta.

—Todavía necesita modificarse —dijo Kaho, como si hubiera leído mi mente—. Yo voy a tener las mangas retiradas y el dobladillo acortado sólo un poco. La boda es a principios de septiembre, por lo que todavia será prácticamente verano. Creo que se verá mucho mejor.

—¿Qué piensas? —preguntó Tomoyo.

—Precioso —refunfuñé.

—¿Alguien necesita medidas? —llamó una mujer desde la recepción justo cuando una clienta rubia salió de la tienda llevando un gran vestido de volantes envuelto en plástico.

—Por aquí. —Kaho salió de detrás de la pared de vestidos colgados.

—Una de mis damas de honor tiene que ser medida para su vestido. —Ella sonrió antes de hacerme pasar hacia el escritorio, donde la empleada esperaba.

—Esta es Sakura. Es una dama de honor para la boda Kinomoto-Mizuki. Debería tenerme en el archivo.

—Lo hago —dijo la empleada después de unos segundos—. El vestido rosa con el corpiño floreado, ¿correcto?

—Ese es.

—Estupendo. —Se giró hacia mi entonces—. Muy bien, Sakura. Soy Lexie. Sígueme atrás al probador y conseguiremos tus medidas.

Lexie era una de esas personas abrumadora bonitas. No hermosa, pero bonita. Delgadísima. Pelo negro cortado justo por debajo de la barbilla. Y caminaba como una modelo de Victoria Secret, pavoneándose por la pasarela. No podía dejar de admirarla mientras ella me llevaba al cuarto trasero de la tienda. Esta chica lo había pasado.

—Pasa por aquí —dijo, señalando a un vestidor oculto detrás de una cortina blanca.

—¿Por qué? —pregunté—. Pensé que estábamos haciendo las medidas.

—Lo estamos —respondió Lexie, recogiendo una banda de cinta métrica de una mesa cercana.

—Pero este es un vestido ceñido al cuerpo, y para obtener una medición precisa, necesitaré que te desnudes hasta tu ropa interior. A menos que estés fresca con todo el mundo viendo —añadió, señalando a la puerta mientras Sherri, Kaho, y Tomoyo entraban detrás de nosotras.

Gruñí y entré en el vestidor, Lexie en mis talones.

No es que tuviera un problema con mi cuerpo, en su mayor parte, no lo hacía, pero estas eran las últimas personas que querría viéndome en mi sostén y tanga púrpura. Probablemente estarían escandalizadas por toda la (actualmente quemada por el sol) piel.

Aunque realmente no quería que Sexy Lexie me viera prácticamente desnuda, tampoco. Podía sentir sus ojos sobre mi trasero plano, mi menos, plano estómago. La expresión satisfecha en su cara cuando me quité la camiseta me dijo exactamente lo que estaba pensando:

Soy más caliente que esta chica.

O tal vez estaba interiormente riéndose de las ampolladas quemaduras solares que cubrían la parte trasera de mi cuerpo. Eso era posible, también.

—Brazos arriba —dijo ella, desenrollando la cinta métrica.

Levanté mis brazos sobre mi cabeza e hice una mueca mientras ella envolvía la cinta métrica alrededor de mi pecho, el borde de la banda cortando dolorosamente en mi piel inflamada.

—Podrías probar un FPS(**) más alto la próxima vez —comentó Lexie, moviendo la banda hasta mi cintura, sin molestarse en ser nada gentil, a pesar de haber notado la quemadura.

—Sí, gracias —murmuré—. Agradezco el consejo. Porque no tenía idea de qué había salido mal.

Fuera de la cortina, pude escuchar a Sherri diciendo:

—Sabes, Kaho, no tenias que dejar el trabajo hoy. Yo podría haber traído las chicas aquí por mi propia cuenta.

—Lo sé —respondió Kaho—. Pero quería pasar un poco de tiempo con Sakura. Apenas nos conocemos entre nosotras, y momentos como éste son una buena forma de establecer vínculos.

A pesar de que bajó la voz hasta un susurro, aún pode oírla agregar:

—Simplemente no quiero que ella me odie como yo odiaba a Alice, ¿sabes? Recuerdo cómo es tener una madrastra horrible. No quiero que ella pase por eso.

—Oh, cariño, no te preocupes. —Se rió Sherri—. No creo que nadie podría ser tan mala como Alice. Sakura te amará. Simplemente dale algo de tiempo.

Kaho suspiró.

—Dios, eso espero.

—Listo —dijo Lexie detrás de mí, su voz lo suficientemente fuerte en mi oído para hacerme saltar—. Puedes ponerte tu ropa de nuevo ahora.

—Estupendo.

Se deslizó a través de la cortina y le dijo a Kaho que guardaría las medidas en su archivo. Los vestidos estarían listos en unas pocas semanas.

Después de ponerme mis pantalones cortos y camiseta de nuevo, me reuní con las demás en la sala principal de la boutique. Kaho me sonrió.

—Te verás tan hermosa en el vestido. No puedo esperar para verlo en ti.

Me encogí de hombros, luego dudé. Odiaba que Kaho hubiera cambiado a mi padre. Odiaba que ella estuviera tan monstruosamente feliz cuando yo no lo estaba. Pero por mucho que quería mortificarla, hacerla tan miserable como yo era, saber que ella estaba intentando tan fuerte me hizo sentir sólo un poco culpable.

Aclaré mi garganta.

—Quiero decir... gracias.

Unos minutos más tarde, en nuestro camino hacia el coche, mientras que Tomoyo balbuceaba a Sherri sobre alguna nueva película que quería ver, oí a alguien gritando mi nombre desde el otro lado del estacionamiento. Me volví y vi Harrison corriendo hacia mí, vestido con jeans pulcros y un polo verde esmeralda que hacia sus ojos resaltar, incluso desde esta distancia.

Dios, él era precioso. La población femenina estaba seriamente perdida.

—Hey, chica —dijo cuando me alcanzó.

—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté.

A mi lado, Kaho se aclaró la garganta. Sherri y Tomoyo ya estaban en el coche de Sherri (Tomoyo iba a pasar el resto de la tarde en casa de su tía), pero Kaho se había quedado atrás, esperando para ver a quién me estaba hablando, supongo. ¿Muy entrometida?

Rodé los ojos.

—Kaho, este es Harrison. Harrison, esta es Kaho, la mamá de Shaoran.

—Mucho gusto —dijo, estrechándole la mano—. Tú eres la prometida de Fujitaka, ¿verdad? Es una mujer afortunada.

—Gracias —dijo—. Yo lo creo, también. Y me alegro de ver que Sakura está haciendo amigos aquí en Hamilton.

Ella apretó mi hombro y me estremecí.

—¡Oh! Las quemaduras de sol, se me olvidó. Lo siento. Bueno, voy a dejarlos a ustedes dos solos. Fue un placer conocerte, Harrison.

Cuando estaba al otro lado del estacionamiento y en el asiento delantero de su Prius, Harrison dijo:

—Parece agradable.

—Supongo. Entonces, ¿qué estás haciendo aquí?

—Oh, yo trabajo aquí.

—¿Aquí? ¿En Gwyneth?

Él asintió.

—Sí. Era un trabajo de verano que se convirtió en trabajo de todo el año una vez que decidí tomar el año sabático.

—Oh. Genial.

—Es bueno, buena experiencia para un estudiante de moda y todas esas cosas — suspiró—. Sólo prefiero la ropa de hombres. Tú sólo puedes ver tantos vestidos al día, ¿sabes?

Asentí.

—Si... lo sé.

—Así que, ¿todavía estás viniendo a la fiesta mañana? —preguntó.

—¿Todavía va a haber alcohol allá?

—Sí.

—Entonces sí.

Él se rió y sacudió la cabeza.

—Bueno, me alegro de oírlo. Llámame y te daré la dirección, ¿bien?

—Seguro. —Miré sobre mi hombro al coche, donde podía ver a Kaho observándonos desde la ventana—. Debería irme.

—Yo también. Te veo mañana.

Me di vuelta y empecé a alejarme, pero antes de llegar demasiado lejos Harrison añadió:

—Y hey, ten cuidado con el sol. Estás empezando a parecerte a un tomate.

—Sí, soy consciente. Adiós, Harrison.

Cuando me metí en el coche, Kaho tenía esa sonrisa mostrando los dientes en su cara.

—Parece como un chico dulce —dijo—. ¿Lo conociste en el Nest la otra noche?

—Sí.

—¿Ustedes van a pasar el rato?

—Tal vez.

—Oh, eso es genial. Estoy tan feliz de que estés haciendo amigos. Estaba un poco preocupada de cómo te ajustarías. Nuevo lugar, nuevas personas. Sé que puede ser desalentador. Pero Harrison parece ser un chico agradable para ser amigos.

Dejé escapar un fuerte suspiro, haciéndole saber que la cháchara estaba haciéndose molesta.

—Él no es mi amigo —le dije rotundamente. Antes de que pudiera hacer preguntas, me incliné hacia adelante y jugué con la radio, parando en la primera estación de rock clásico que encontré y subí el volumen. Ella no lo bajó, y no insistió con el tema.

Continuara…

(*) Clasificación R: Restringido: Menores de 17 años requieren de acompañamiento de padres o tutor adulto.

(**) FPS: Factor de Protección Solar.