DISCLAIMER: NINGUN PERSONAJE DE FF ME PERTENECE, SOLO LOS HE USADO PARA CREAR UNA HISTORIA PARA TODOS. GRACIAS
AVISO: las actualizaciones serán variadas No prometo nada.
AVISO 2: LAS RESPUESTAS A SUS REVIEW LOS DEJARE EN EL SIGUIENTE CAPITULO
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CAPITULO X
Celes y Locke miraron al rey sin decir nada. Al mismo tiempo la pareja miró a la joven de finos cabellos castaños y ojos verdes con curiosidad.
- Encantada de conocerlos – dijo la chica – Soy Grace Campbell, la futura esposa de Edgar.
Edgar hizo un gesto algo incómodo con las palabras de la chica. Celes pudo percibir que a Edgar no le agradaba esa noticia del todo.
- Ehm… si igual – dijo Locke rascándose la nuca – Locke Cole a sus servicios y mi pareja Celes Chere.
- Encantada de conocerte Grace – contestó Celes sonriendo.
- Oh ¿ustedes también son parte de los salvadores? – Preguntó la chica – Sus nombres me son muy familiares.
- Fuimos parte de aquello – respondió la ex comandante – Pero solo una persona hizo la mayor parte de todo esto.
- Oh entiendo ¿Te refieres a esa chica mutante? – dijo Grace.
Aquel comentario claramente fue algo que ninguno de los tres presentes se esperaba. A Edgar le había molestado muchísimo junto con Locke. Celes fue la que pudo disimular mejor su molestia.
- ¿Dije algo falso? – continuó la chica mirando los rostros de los hombres presentes.
- Creo que le han dicho información incorrecta Grace – contestó Celes.
- ¿Entonces no es aquella chica hija de un… como era la palabra… bueno hija de una humana y un mutante?
- Se les dice Espers y no son mutantes – contestó fríamente Locke. Celes le toma la mano delicada y cuidadosamente para calmarlo.
- Los Espers son seres mágicos – le explicó Celes – seres que vivían en otro mundo. Y aquella chica que mencionas fue producto del amor de dos seres. Ella es la prueba que somos diferentes pero iguales. Sino no hubiese nacido.
- Ah… - dijo Grace – Entiendo.
- ¿Nos vamos a bailar? – dijo Locke cambiando el tema mirando a su prometida – Antes de que la música se acabe.
Celes asintió y sintió como el ladrón jalaba de ella hacia la pista de baile. Edgar entonces ya hace rato miraba la ventana del lugar viendo los jardines mientras que Grace esperaba llamar la atención del rey.
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En una sala oscura apenas iluminadas por pequeñas luces se encontraban dos hombres encapuchados.
- ¿Están listas? – preguntó uno de los hombres que era el más alto.
- Si General – contestó el segundo - las piedras están siendo ingresadas al programa para la fusión.
- Excelente – comentó el general - avísame cuando estén perfeccionadas. Quiero ser el primero en verlas. No quiero fallas cuando las presentemos a nuestro señor.
- Como ordene mi general
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Terra sentía un calor interno. Jamás había probado el vino anteriormente y no conocía sus efectos. Sabin por otro lado estaba viendo el rostro sonrojado de Terra.
- ¿Estas bien Terra? – dijo divertido Sabin.
- Tengo mucho calor – dijo algo apenada a lo que Sabin rió.
- Creo que es suficiente vino por hoy para ti – Terra asintió. - ¿Te parece que entremos? Parece que empezó el baile.
Terra asintió y se levantó junto con Sabin para devolverse al salón principal. Ella agradecía que la noche estuviera fresca, sentía mucho calor dentro de su cuerpo y la brisa la ayudaba bastante.
Ambos entraron al salón buscando a alguno de sus compañeros.
- ¡Terra, kupo! – Se escuchó gritas detrás de ellos. La chica se dio vuelta viendo correr al pequeño ser blanco. Apenas pudo saltó a los brazos de la chica. - ¡Estas muy linda!
- Muchas gracias Mog - dijo Terra sonriente acariciando al pequeño.
- Oye peludo – dice Sabin ganándose una mirada seria del moguri - ¿Los demás?
- En la pista de baile – dice simplemente- a excepción de Cyan que esta al costado hablando con políticos, a Setzer que anda ligando con mujer que pille parecida a María y Shadow que no sé dónde está pero en algún rincón creo que lo divisé.
- Ah que bien – Dijo Sabin y luego le extendió la mano a Terra- No soy muy bueno pero… ¿Me concede esta pieza hermosa señorita Terra?
Terra sonrió ante las palabras del monje, es verdad que él siempre había esquivado todo lo relacionado con la realeza, pero hasta que tuvo la edad suficiente él tuvo que seguir todos los protocolos junto con su hermano gemelo.
Ella aceptó y tomando la mano de Sabin se dirigieron al tumulto de gente mientras que Mog los miraba.
- No me gusta bailar – confesó Sabin – No me mires así – dice ante la confusa mirada de Terra – No me gusta porque soy muy torpe pero si te invité fue porque quería que tuvieras una velada completa Terra.
- Gracias Sabin – contestó Terra mientras bailaban – Muchas gracias por todo lo que has hecho por mí.
- Espero poder haber hecho este día mas especial para ti– contestó sonriendo.
- ¡Claro! – Respondió alegre – Gracias a ti tuve el valor de bajar, ¡sino seguiría arriba!
- No lo dudo – contestó divertido el príncipe - ¡Eras una bolita allá arriba!
- ¡Que malo! – contestó entre risas – Pero creo que debo de reconocer que fuiste mi héroe
- Disculpe – se escuchó una voz detrás de Terra. Ella se dio vuelta para toparse con unos claros ojos zafiro – ¿Me concede un baile?
Sabin asintió divertido y se retiró para ir junto a Mog.
- Estás muy callada Terra – dijo el hombre - ¿Ocurre algo?
- No, no – dijo apenada Terra. Su corazón estaba a mas no poder y el vino no servía para ayudarla – No pensé que te vería hoy Edgar. Te notabas muy ocupado.
- Cosas de reyes sin importancia – confesó Edgar mientras giraba con Terra en el baile – Aunque la que se veía ocupada era otra ¿Me equivoco?
- No sé a lo que te refieres – contestó Terra confundida por la extraña pregunta del rey.
- Hace mucho que bajaste al Gran Salón y recién llegas – El tono de Edgar era más serio de lo común para Terra - ¿acaso Sabin te tenía solo para él?
Terra lo miró fijamente con sus ojos levemente confundidos. ¿Qué le pasaba? Él nunca hablaba con ese tono con ella.
- Sabin solo me ayudaba Edgar – dijo extrañada.
- Oh ¿Enserio? ¿Ayudarte a beber también? – Terra sentía que eso no iba por buen camino sobre todo cuando sintió que poco a poco Edgar le apretaba más fuerte la mano.
- ¿Qué insinúas?
- Nada – dijo seriamente – Solo comentaba que se veía demasiado extraño por no decir impropio lo que Sabin quería contigo.
Terra entendió que claramente algo le pasaba al rey. Lo miró molesto mientras alejó bruscamente su cuerpo lejos de él en medio de la pista de baile.
- ¿Cómo puedes hablar así de Sabin? – Dijo Terra dolida y molesta mirándolo seriamente – ¡Es tu hermano! ¡El solo quería que tuviera un momento especial! ¡Momento que tú lo has arruinado!
- Terra yo… - respondió Edgar dándose cuenta de la situación. Claramente se había dejado llevar por sus sentimientos.
- ¡No digas más! – Sentía como sus mejillas ardían. No sabía si era por la rabia o por el vino. Quizás ambas – Voy a beber algo. Con su permiso… majestad.
Terra rápidamente hizo una reverencia y caminó rápidamente saliendo de la pista sin mirar atrás. Corrió por los pasillos del castillo. ¿Cómo podía Edgar pensar mal de Sabin? ¡El solo estaba haciendo su estadía más grata en aquella fiesta! Sin embargo no sabía por qué sus palabras la habían afectado a ese nivel.
- Yo no soy así… ¿Qué me ocurre? – Se preguntaba a si misma pensando en la reacción que acababa de tener.
De repente su cabeza empezó a darle vueltas. Nuevamente sentía que estaba en otro lugar.
- Te enseñaré a quien le perteneces – Y enseguida el niño tomó la muñeca de la peliverde y unas llamas azules rodearon el pequeño brazo. Terra sentía como todo el dolor se concentraba en su brazo. La niña lloraba. Le suplicaba que parase sin embargo el niño solo sonreía – Te dije que eres mía Terra. Esta marca la tendrás siempre que yo esté vivo
- ¡NO! – Gritó la pequeña mirando su brazo con aquella cicatriz tan irregular - ¡Por qué lo hiciste!
- Tú y yo somos uno Terra – contestó el niño sonriendo malvadamente - ... Cuando quieras acabar con tu vida de mentiras sabes cómo encontrarme – apuntando a la cicatriz del brazo de la niña.
-¡Yo nunca te necesitaré! – gritaba la niña alejándose del chico.
- Eso lo veremos mi pequeña mariposa.
Terra estaba poco a poco reapareciendo al lugar de donde había quedado. Su mano estaba sujetando su cabeza. ¿Qué había sido todo eso? ¿Por qué ese recuerdo vino a su mente? Inconscientemente se sacó el guante izquierdo para observar su cicatriz.
- ¿Por qué vino ese recuerdo ahora? – se preguntaba confundida tocándose la extraña quemadura.
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- ¿Ocurre algo Celes? – le preguntó Locke a la chica que miraba fijamente un punto en el jardín.
- ¿Eh? – Dijo saliendo de sus pensamientos – Oh no, no es nada
- ¿Estas segura?
- Si… por ahora – respondió pensando si realmente lo que ella había visto entre Edgar y Terra era verdad.
- Conozco esa mirada pequeña mentirosa – contestó Locke a lo que su prometida lo miró extrañada – ¿algo te molesta?
- Solo es una corazonada – contesto semi divertida
- ¿Corazonada? ¿Y se puede saber de qué tema?
- Sentimental – volvió a mirar los jardines
- ¿La ex general hablando de sentimientos? – Locke le sonrió - ¿Realmente es esta mi querida pareja? ¿Debo preocuparme por algo entre nosotros?
Celes se sonrojó ante las declaraciones de su querido ladrón. ¿Acaso ella era tan fría anteriormente que Locke se sorprende por algo de sentimientos?
- Eso no va al tema – se excusó sonrojada – Mi corazonada va con respecto a Edgar y Terra
- ¿El casanova con nuestra querida Terra? – Contestó confundido entre bailes para mirar a la pareja bailar algo alejados de ellos - ¿Qué corazonada puedes ver que yo no veo?
- ¿Acaso no lo ves? – Dijo Celes mirando a Terra y luego a su prometido – La mirada que tiene Terra, esa mirada dice tantas cosas
- ¿La mirada? – Locke se enfocó más en la mirada de su amiga peliverde - ¿Qué tiene esa mirada?
- Esa mirada…. – Celes empezó a sentir sus mejillas sonrojadas – Es la misma mirada que tu pones cuando me miras
Al instante la mirada de Locke se enfocó asombrado en su compañera. ¿Qué estaba insinuando? ¿Qué Terra ponía la misma mirada que él a Celes? ¿Terra amaba a Edgar?
- Es imposible que sea la misma mirada – contestó seguro – Mi mirada es de amor puro y esa – dijo apuntando a la pareja – no es una mirada de amor, yo veo todo lo contrario
Celes giró rápidamente su mirada hacia el mismo lado que Locke. Ante ellos estaba la mirada furiosa de Terra y una realmente arrepentida mirada de tristeza por parte del Rey de Fígaro.
- ¿Qué está pasando? – preguntó Celes
- No lo sé – contestó dejando de bailar – pero eso no es el amor que tu profesas amada mía.
Ambos vieron a la joven chica correr en dirección opuesta a la del rey. Sin embargo, Celes vio algo más, algo que no vio su novio.
Edgar iba a detenerla con su mano, pero se detuvo, con una mirada confundida, oscura y vacía.
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Terra tenía que salir de ahí, pero no quería ir a su habitación, necesitaba aire, mucho aire y tenía que llegar cuanto antes a la cima del castillo de Doma. Necesitaba mucho frio, su cuerpo quemaba y su cicatriz ardía como el infierno.
Esquivó como pudo a los guardias que hacían rondas por esos lados y uno que otro le pregunto qué hacía por esos lados, sin embargo, bastaba con observar sus cabellos para que los guardias la reconocieran y se fueran sin hacer preguntas.
Dolía, su pecho era lo que más dolía, tenía un dolor tan agudo y fuerte que no podía soportarlo.
- ¿Por qué me duele así? – se preguntaba Terra en la cima del castillo, donde podía ver cada una de las estrellas.
- ¿Ocurre algo señorita Terra? – dijo una voz muy cerca de ella.
Terra se asustó, no sabía quién era ni se dio cuenta que no estaba sola en ese lugar. Entre las sombras de la oscuridad aparecía la silueta de un hombre
-¿Cyan? – dijo Terra reconociendo el cuerpo del Rey.
- ¿Te asusté? – dijo sonriendo y acercándose a su lado - Lo lamento mucho, a decir verdad necesitaba un respiro.
- ¿Tú también?
- Por supuesto señorita – dijo divertido el Rey mirando el cielo – Toda esta presión de ser rey no es nada fácil de llevar….
- ¿Es muy duro ser Rey?
- Ni se lo imagina – contestó en un suspiro – Si ya pesaban mis hombros por las muertes del Rey de Doma y mis amigos, ahora es el doble, incluso el triple. Reconstruir una nación es agotador y destructivo.
- No tienes ni vida… - contestó amargamente la joven.
- Casi nunca – sus ojos se fijaron en dos estrellas muy juntas – Sin embargo vengo acá cuando necesito paz y tranquilidad. Sé que Elaine y Owain me están cuidando.
- ¿No te sientes solo? – Dijo Terra triste – Digo… estas con este gran peso pero no tienes a nadie que te ayude
- La soledad es con algo que personas como yo debemos convivir en armonía – contestó el Rey – Mi momento aún no ha llegado, sé que ellos están esperando que cumpla con las metas que tienen propuestas en mi – Cyan mira su anillo de compromiso con su esposa - No le miento que los extraño señorita Terra, extraño aquellos momentos cuando mi esposa me esperaba en casa, o cuando mi hijo me pedía entrenarlo con la espada
- ¿Por qué no vuelves a formar una familia?
Cyan miró con sorpresa el rostro de la semi Esper. Y en su mirada no había nada más que sinceridad
- No es una de mis metas señorita –contestó cortésmente – Ya tuve la oportunidad de enamorarme de mi querida Elaine y que me diera el regalo más hermoso de tener a Owain. Ellos son mi motivo para seguir luchando. Sería más triste si nunca los hubiera tenido ¿No lo cree?
- Sí, creo que tienes razón – dijo Terra con una leve confusión – Aunque no lo comprendo del todo
- Ya llegará el momento que realmente sientas algo tan fuerte como es el amor por alguien
- ¡pero yo si amo! ¡Amo a todos mis hijos en Moblitz!
- Y no lo dudo – dijo divertido – Pero recuerda que existen varios tipos de amor.
- ¿Crees que llegare a experimentarlos todos?
- Quien sabe…. – Luego tomó una pausa – Pero creo que si más lo recuerdo, aun no me dice el por qué esta acá
- Oh eso…. – Y Terra miró el cielo – Supongo que ni yo lo sé muy bien…
- Entiendo… - respondió Cyan – Bueno, la dejo pensar señorita Terra, creo que es momento de que aparezca nuevamente
- Que estés bien Cyan
- Igualmente Señorita Terra
Cyan vio la espalda de la chica que miraba a los cielos. Con algo de preocupación en su rostro decidió bajar, sin embargo, en el camino pidió a unos guardias que no la dejaran sola. Su seguridad era lo primero.
Terra estuvo muchos minutos en la soledad mirando a las estrellas, pensando. ¿Por qué ni ella misma podía saber lo que le pasaba? Intentaba racionar pero su mente estaba muy dispersa, tan dispersa como el vino en su cuerpo.
- ¡Maldición! – Exclamó molesta golpeando el piso con sus zapatos - ¡No puedo ni pensar bien por este vino!
- No culpes al vino, era de excelente calidad
Terra giró rápidamente en 360° para ver de quien era esa voz que le respondió.
- ¿Edgar?
Apoyado en una de las paredes del castillo estaba Edgar de brazos cruzados apenas iluminado por los rayos de la Luna.
- ¿Qué haces acá? ¿Me seguiste? ¿Hace cuánto llegaste? – continuó Terra con una leve molestia en su voz.
- Tranquila –contestó divertido acercándose hacia donde estaba Terra.
- ¿Estas hace mucho rato?
- Lo suficiente como para verte pensar y…. – tomo una pausa y miró el piso con culpa – para disculparme.
- Lo siento, ¿Qué dijiste? Es que hablaste muy suave y casi en un susurro
Edgar tomó mucho aire, dio un gran suspiro y se situó frente a Terra.
- Vine a disculparme – Terra lo miró extrañada – No me mires así, me haces sentir más culpable
Algo en el corazón de Terra se ablandó, ya no había dolor, las palabras de Edgar habían sanado su malestar. ¿Tan fácil era desaparecer el dolor con solo unas palabras de él? Ella lo miró directo a los ojos. Y fue el peor error que ella nunca supo que cometió.
Los ojos del rey brillaban, como finos y delicados zafiros, producto de la hermosa luz lunar. Tan trasparentes que juraría que podía verse a ella misma reflejada como un espejo. Su corazón se aceleró, ella notó el cambio de ritmo, pero no hizo nada. Lentamente la voz del rey de Fígaro disminuía, ya no era de su interés. Solamente quería seguir viendo esos ojos que llenaban su corazón de una extraña pero agradable inestabilidad.
Sus pocos pensamientos fueron interrumpidos por el perfume del rey. ¿Estaban tan cerca y recién lo sintió? No, claro que no. Era porque Edgar la tenía pegada a él, sujetando sus caderas sobre el vestido. ¿Cuándo paso eso? Terra desvió la mirada hacia el cuerpo de Edgar
- Yo… que… pero… - Las pocas y torpes palabras de Terra fueron interrumpidas por un suave y delicado movimiento.
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No sabía por qué pero la chica lo miraba tan intensamente mientras el intentaba pensar en una disculpa. ¡Pero ella no ayudaba! Terra no dejaba de mirarlo, y Dios, esa mirada era como fuego para él. Ella estaba derritiendo cada pensamiento racional en su mente. Con lo poco de cordura que le quedaba desvió su mirada de las esmeraldas a los finos delicados y rosados labios de la chica. Y su mundo se derrumbó.
Se acercó a ella tomándola de las caderas. ¿Era su imaginación o el cuerpo de la chica ardía? ¿O era el de él que se quemaba? Que más daba.
Acercó el pequeño cuerpo de ella más cerca mientras él se acercaba al rostro de ella.
- Yo… que… pero… - Terra balbuceaba palabras sin sentido.
Edgar tomó suavemente el mentón de la chica. Había notado esa mirada de confusión, sus ojos ya no eran verde intenso. Ese verde que explotaba cada célula de su cuerpo, que lo quemaba. Y él deseaba ser quemado.
Posó sus labios en los de la chica y el mero roce hizo que todo su cuerpo sintiera una corriente eléctrica que se dispersaba por todo su ser. Era una corriente de placer, pero él quería más.
Sin permiso, se abrió paso por la boca de Terra explorando cada rincón de ésta, saboreando y disfrutando la ola de placer que sentía a cada segundo.
Terra estaba inmóvil, sintió la lengua de Edgar abrirse paso más a dentro, y ella simplemente no lo detuvo. Estaba sintiendo como su cuerpo quemaba, su cuerpo pedía y quería más de esa sensación que Edgar le hacía experimentar con solo ese beso. Su mente no pensaba y su cuerpo no reaccionaba, no fue consiente como sus brazos abrazaron a Edgar detrás de su nuca intensificando el beso.
Necesitaba oxígeno, pero no quería detener esa extraña sensación que iba calentando su cuerpo. Que le pedía más. Pero su cuerpo no aguantó más y lo dejo salir.
Edgar estaba disfrutando de las miles de sensaciones que experimentaba su cuerpo. Ardía, su cuerpo estaba irritablemente molestándolo con todo ese calor que emanaba. Y supuso que su compañera también lo estaba experimentando porque su beso empezaba a incomodarle hasta que ella se separó, dejando salir el peor pecado para Edgar. Terra había gemido.
En un segundo que sucedió, Edgar pensó mil cosas, se transportó a miles de lugares, millones de pensamientos rondaron por su mente y sintió como ese gemido había despertado una excitación enorme en él. Fue hasta entonces que se dio cuenta de algo súper importante. Él estaba excitado y quería hacerlo con Terra.
Terra intentó volver a los labios del rey, pero antes de poder mirarlos sintió su caliente cuerpo ser separado bruscamente de él.
- Lo siento – Dijo Edgar tomando todo el aliento del mundo y mirando hacia otro lado. Terra lo miró confundida, sin embargo el rey esquivaba su mirada – no sé lo que paso. Realmente no lo sé.
- Edgar yo…
- ¡mierda! – Edgar interrumpió a la chica – No se lo que paso Terra, de verdad no lo sé. Yo…. Esto…. Perdóname de verdad.
Y antes de que pudiera decir algo en su defensa, el Rey de Figaro dejo sola a Terra.
FIN CAPITULO X
