DISCLAIMER: Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Tite-Baka-Troll-sama Kubo, menos el fic, que fue creado por esta cabeza que pronto necesitará terapia XD.
Peleando por la vida.
Capitulo 9: Sin explicaciones.
Hinamori tenía una de sus manos sobre su vientre, mientras caminaba sujetando el brazo de su acompañante. Las clases de meditación para aprender a controlar las energías eran realmente esenciales. Ella podía notar cómo el bebé se removía en su interior, así como también sentía que sin el ejercicio que se había vuelto matutino, aquel en el que sí o sí debían mantener al hilo la energía que comenzaban a expresar por su propia cuenta.
Hitsugaya se dio cuenta del cambio de ambiente, una brisa cargada de una mezcla que no había sentido antes. Fuerte, conocida y a la vez muy nueva. Momo sonrió. Era fuerte, pero no tanto como la que ella sentía en su interior.
—Parece que Inoue-san ya dio a luz. —dijo ella, elevando la mirada al cielo. Y fue así cuando un pitido perforó su oreja, cruzando por su cabeza. El sonido no paró rápido ni pretendía parar, y el dolor de cabeza la abrumó en menos de lo que quiso esperar. Sintió náuseas y algo más cruzó sus sentidos.
—Sí —confirmó aisladamente Toshiro, habiendo sido sus pensamientos interrumpidos por la misma cosa que desequilibró a su mujer. Volteó, a la defensiva, y Hinamori apenas entonces se dio cuenta.
Imponente los pies de la capitana Soi Fong tocaron el suelo, justo frente a ellos. Entrecejo arrugado y expectante, pinta poco amistosa, comenzando a desvainar su Zampakuto. La castaña se sintió pequeña, indefensa y sumamente observada por la capitana. Tuvo ganas de salir corriendo, desviar la mirada o darse la vuelta. Ocultar lo que sobresalía de su vientre.
—Parece que al final es como lo predijo Kurotsuchi —sentenció la mujer.
El dueño de la cabellera blanca volteó la cabeza en dirección a la muchacha, que automáticamente le miró también—. Momo, ¿puedes usar shumpu? —casi fue susurro. La chica desvió por un segundo la mirada a Soi Fong, luego se dignó a contestar.
—No sé, Shiro… —confesó. Suspiró hondo, y elevó la vista tenuemente decidida—. Lo intentaré.
Él asintió, quitando a duras penas la vista de la muchacha, salió del gigai y tomó en manos a Hyorinmaru. Hinamori dio un par de pasos hacia atrás, temblorosos, desapareciendo de la vista común, llevándose el cuerpo falso.
—Ya veo cómo has cambiado en estos años, Hitsugaya —alegó Soi, con el ceño más arrugado, levantando la cabeza altanera—. Antes no habrías roto las reglas tan fácilmente.
El chico chasqueó, molesto—. Si las reglas no fueran tan idiotas nos ahorrarían un problema.
Un "hmp" por parte de la fémina, que se posicionó ante la vista del anterior capitán de la décima arrojándose sobre ella en un ataque.
..
—¡Adiós, Orihime! —de a dos enfermeras intentaban correr a la embarazada de la habitación de maternidad—. Ishida, ¡más te vale cuidar bien de ambos! —advirtió por último, recibiendo una afirmativa a regañadientes y otro reclamo por parte de las señoritas de blanco. No se debía gritar en un hospital, pero a ella le importaba un pepino.
—¿Ya te despediste? —alegó con sarcasmo Renji, su novia había estado más de media hora despidiéndose de su mejor amiga, y hasta el final anduvo gritando las buenas.
—Sí —respondió, pasando completamente por alto el tono implementado. En realidad estaba feliz de haberse encontrado otra vez con la muchacha de cabello naranja—. Orihime me dio una charla menos traumática que la de Matsumoto —rió divertida.
Él sonrió también, comenzando a caminar a su lado hacía la salida. ¿Cómo sería el momento?, ¿estaría peleando con hollows o contra la sociedad de almas?, ¿sería un manojo de nervios?
La miró de reojo, con su sonrisa de medio lado, satisfecha. Muchas veces había querido pedirle disculpas, si se ponía a pensar, pero también sabía que la morena le daría un buen golpe y le reclamaría la estupidez de la disculpa. Tenía mucho que disculpar, y también que agradecer.
Tatsuki en serio no lo había abandonado ni apartado de sus pasos incluso cuando llegaron al término en que estaban. Y estuvo por tomar su mano, o abrazarla, cualquier gesto que lo recompensara de sentirse una bestia por arrastrarla a todo en lo que estaban, pero no…
—¡Renji! —el llamado de Ichigo, a unos cuantos metros. Sin pensarlo tomó a la chica por la mano y la llevó a tirones hacía la entrada del edificio, allí estaban Ichigo y Rukia, mirando con desconfianza hacía afuera, como si fueran ladrones rodeados por la policía.
—¿Qué pasa Ichigo? —preguntó, soltando a su mujer que entendía poco y nada, llegando donde el.
El de extraña cabellera señaló a través del vidrio de la puerta, y al teniente no le bastó mirar con profundidad para descubrir al teniente de la segunda división allí. Con su cara en una mueca de disgusto, claramente esperándolos. Ambos muchachos se miraron y terminaron por salir, porque de no enfrentarlo deberían darse por vencidos.
—Ichigo…
La voz susurrante de Rukia a sus espaldas le contagió el temor que ella sentía, ahogada por el aire que comenzaba a ponerla nerviosa. Marechiyo negó de cabeza, como si sintiera pena o estuviera resignada.
—El capitán Kurotsuchi-san estaba en lo cierto. —dijo, más para si mismo que para otra persona.
Renji miró a su amiga de toda la vida, dando una orden clara en un segundo. "Llévate a Tatsuki". La morena de baja estatura asintió, en lo que se acercaba con sigilo a la otra muchacha y susurraba algo.
Una mirada de despedida y se fueron, tan rápido como podían, seguidas por una mirada cargada de desacuerdo por parte del shinigami.
—Esperen a que el capitán Kuchiki se entere de esto… —se burló Omaeda entonces.
Las miradas de Ichigo y Renji destilaron auras demoníacas. ¡Como si Byakuya no se hubiese enterado! El sólo recuerdo les trajo las suficientes ganas de hacer regresar por donde vinieron a los shinigamis de alto rango que llegaron.
..
El filo de su espada chocaba contra Suzumebachi, y su mirada se enfrentaba a la fiera que demostraba la capitana. El suelo invisible bajos sus pies. Ella observaba el objetivo del chico: atacar, ganar y escapar. Los de ella, por otro lado; atacar y encadenar para la condena…
Eso, de alguna extraña manera, le hizo llenar su cabeza de dudas. ¿Condena de qué cumplirían? Años de encierro, o la misma muerte, ¿por qué?, ¿sólo por querer proteger…?
Suzumebachi, que le escudaba en mano derecha, calmó sus fuerzas de pronto, logrando que un golpe de Toshiro bien acertado la mandase hacía atrás, para sorpresa del mismo al verla flaquear de la nada.
Todavía así, creyendo que tenía oportunidad, intentó atacar nuevamente. Pero el sonido, llegando desde abajo, de un cañón, cuyo contenido de disparo pasó por entre ambos, le hizo detenerse para observar. Era un arma más grande que la mismísima persona que la sostenía, y elevó una ceja, indagatorio.
—¿Ururu?
La mirada apaciguada y amable de la chica se fijó en él—. Kisuke-san dijo que te dirijas a la tienda de prisa, y procura que Hinamori-chan esté contigo.
No tardó en asentir y apurarse a ir en busca de su mujer. Tampoco tardó en localizar su reiatsu, más rápido quelo previsto, cosa que le hizo arrugar el ceño. Esas malditas pulseras no servían para nada, en cuanto viera a Urahara procuraría darle un muy, muy, muy fuerte golpe.
..
Ichigo se adelantó apenas un paso, intentando adelantarse para atacar, deteniéndose abruptamente, incluso mucho antes que sus Zampakutos estuviesen cerca de tocarse, ante la visión de Omaeda cayendo seminconsciente al suelo. En compañía de las atónita miradas del pelirrojo y el de cabellera naranja.
—¡Jinta! —se hizo oír Renji tras Ichigo.
—Deja de chillar, glotón… —el muchacho tiró un mechón de su flequillo largo hacía atrás, en lo arremangaba un poco más su camiseta, en su hombro—. Tienen que ir con Urahara de prisa —avisó, en lo que sujetaba su bate con el brazo que reacomodaba y volvía a acercar un golpe con el mismo en la cabeza a Omaeda.
Ichigo sintió el codazo por parte de Renji, que pronto salió con el paso apurado por el mismo camino que las chicas. El de cabello naranja elevó una ceja, volteándose donde Jinta antes de seguir al shinigami.
—¡¿Tu no estabas con Yuzu?! —indagó, alterado.
—Descuida, torpe. Es mi novia, sé que estará bien por unos segundos —carraspeó un poco antes de agregar—. No es quien está embarazada, al final…
Kurosaki arrugó el entrecejo—. Y por tu bien espero que eso no ocurra hasta dentro de veinte años —amenazó, apuntando con Zangetsu.
—¡Ya, Ichigo! —Abarai se había regresado sobre unos cuantos pasos para apurar al lento compañero de batalla—. ¡Vamos por Tatsuki y Rukia! —le apuró, dejándole como última vista su cuerpo desapareciendo por el shumpu.
—¡Espérame! —intentó gritar el muchacho, viéndose absolutamente ignorado y aprovechando para adelantarse igual.
Jinta suspiró, notando cómo el grandulón se removía en el suelo. Volvió a elevar el brazo con el bate para asestar un nuevo golpe en la cabeza.
—Olvídalo —advirtió—, hasta que Urahara no me lo diga no dejare que recuperes la conciencia —tomó asiento a su lado, en lo que los ojos del teniente estaban blancos, más perdidos que encontrados—. Eres algo distraído para ser lo que eres…
..
Hinamori sentía su respiración agitarse en demasía. La carrera sólo le provocaba otra preocupación además de mantenerse consciente y ocultar las energías sobrantes. Pero fue también en medio de la misma que sintió cómo la tomaban en brazos y la llevaban más rápido.
Apenas un movimiento en el que le sujetaron por debajo de sus piernas y sostenían su espalda.
—¿Toshiro? —primero que indagó ante la repentina acción, todavía sin elevar la vista de la impresión. Él no se tardó en responder.
—¿Quién más tonta? —sarcasmo que le hizo hacer un puchero y sorprenderse de ya estar frente a la tienda. Entonces relajó sus hombros, dejando salir un bufido ciertamente molesto.
—No… —se quejó a baja voz—. No pude traer nada de lo que conseguimos…
Hitsugaya alcanzó a elevar las cejas con incertidumbre, justo para acercarse por detrás, colocando una mano en su hombro. Olvidando por momento la idea de entrar al lugar y atentar contra la vida de Urahara.
—Ya tendremos tiempo para eso —dijo, a modo de consuelo.
Los cuatro faltantes llegaron entonces, una de ellas, apenas tocó tierra, se sentó en el suelo a intentar calmar sus nauseas y mareos. La otra simplemente se aferro a su novio para no caer. Definitivamente no terminaría de acostumbrarse a eso. Tampoco al vientre que la volteaba ante paradas repentinas…
Al contrario de Toshiro, una vez Ichigo hubo visto respirar con normalidad a Rukia, se volteó con la fiera encima hacía el sombrerero que entonces salía por la puerta de la tienda—. ¡Urahara! —gruñó—. ¡Maldito bueno para nada, estas cosas no sirven!
—Ya, Kurosaki-san… —tras su abanico, escondiéndose ligeramente tras Yoruichi, intentó dar calma a los ánimos imposibles de calmar.
Ese trío de padres le arrojarían algo, congelarían o enviarían serpientes en cuanto pudieran, lo tenía tan claro como al cielo.
—Ahora tenemos otro problema —Yoruichi dejó a la vita entera a su mejor amigo, arrugándole el cejo para dar a entender que la culpa sólo era suya, a la par cruzando los brazos y sólo a los segundos volverse a los presentes—. La Sociedad de Almas logró localizarlos a ustedes, por lo que ya no pueden ocultarse en este lugar —Renji tragó seco. Si algo pensó antes de salir fue justamente en la probabilidad de ya no poder volver a ocultarse en la tienda—. Los que no salieron no tuvieron registros, al menos.
—¿Dónde iremos ahora? —la preocupación se notaba especialmente en los ojos de Renji, que casi suplicaba que le dijeran que todo estaría bien. Y Tatsuki le tomó del brazo para calmarle las ansias. Ella estaba a sólo dos semanas de fecha, ¿cómo demonios harían para tener a su hijo sin un lugar seguro?
—No se alarmen… —indicó Kisuke, notando al Kurosaki queriendo arrojársele encima nuevamente, siendo detenido por Hitsugaya, el rubio sólo rió en voz baja antes de seguir hablando—. Tengo un conocido en el Rukongai que seguro los ayudará.
Las miradas se centraron en él como si les estuviera tomando el pelo.
—¿En el Rukongai? —repitió la Kuchiki, irónica, para después levantar la voz ciertamente frustrada—. ¡Estaremos en la boca del lobo!
Nuevamente escondió su cara tras el abanico antes de hablar, intentando quitar preocupación al asunto—. No olvidas que la boca del lobo tiene muchos habitantes, Kuchiki-san. Hinamori y tú saben ocultar su energía espiritual y la de los niños. Arisawa aprendió eso, y por más que le cueste más, falta poco para dar a luz…
La morena asintió. Ciertamente le costaba más encerrar una energía más potente de la misma, más aún cuando ella no llevaba problemas para controlar la suya. Pero bien todo se podía, por más que se cansase rápido.
Entonces todos enmudecieron y lanzaron miradas entre sí, indagatorios sobre qué hacer. Naturalmente sin tener otra alternativa.
—Olvidas una cosa —la agresión en la voz de Ichigo se había esfumado, llamando la atención de todos que rompiera el silencio—. ¿Cómo haremos cuando ellos nazcan? Tu mismo dijiste que su energía espiritual será demasiado fuerte para controlarse como si nada…
Kisuke cerró el abanico, dispuesto a hablar, y siendo vilmente interrumpido por su amiga a su lado.
—¡Eso es fácil! —la aludida llevó una mano a su bolsillo interno, del cual sacó algunas especies de piedras—. Esto los ayudara. Ingénienselas para que el niño la lleve consigo todo el tiempo y su energía será como la de un alma normal —una en cada mano de cada padre y se regresó los pasos que adelantó—. Pero todo el tiempo, si llegan a quitárselos los niños no solamente tendrán un deje alto de energía, sino que también serán descubiertos en segundos por las computadoras de Kurotsuchi. Y sólo una a cada niño, más les provocarían continua debilidad.
Ichigo fijó la mirada en la piedra en su mano, y notó rápido a lo que se refería Yoruichi. No pasó nada para que sintiera como si le estuvieran robando la energía espiritual, también cómo dentro de la roca se manifestaba una especie de huracán con la misma dentro. Un zape en la cabeza y la roca fuera de su alcance sintió a continuación.
—¿Eres idiota? —regañó la mujer felina—. Si la tienes contigo lograras lo que intentamos que ocurra con ellos.
Bueno, llevarla en una bolsa o algo, lejos del contacto con la piel. Una seña de cabeza y entonces, por última vez, bajaron al sótano. Siendo increpados por caras preocupadas debido a lo ocurrido.
—¡Hinamori! —Rangiku estrujó a la pequeña castaña en sus brazos, cosa que ella correspondió, recargando la barbilla en su hombro. Apenas se reencontraban, ya tendrían que separarse.
—¿Qué ocurrió allá arriba? —inquirió Ikkaku, cruzando sus brazos al frente e increpando con la mirada a Ichigo.
—Nos descubrieron… —bufó el mismo—. Ahora debemos irnos.
Las palabras no pasaron para nada desapercibidas por los presentes allá abajo, que ni lentos ni perezosos volvieron la cabeza hacia el muchacho.
—¿Qué? —intrigó Kira, teniendo la necesidad de volverlo a escuchar. Su mujer se adelantó a cualquier respuesta.
—¿Vendrán por nosotros también?
Urahara suspiró, demasiadas vueltas para su simple plan de bajar y enviarlos al Rukongai, carraspeó, al final había sido su culpa, ¿no?—. Ustedes despreocúpense… No los localizaron por lo que no relacionaron sus desapariciones del todo. Pero, si sus reiatsus —señaló a quienes se irían—, desaparecen en Karakura, tengan por seguro que este será el primer lugar que pisen. Si los hago irse en otro sitio, quizá se olviden de aquí por un rato.
—Eso suena a que los defiendes a ellos y no te preocupas por nosotros —reclamó Renji.
—Vamos Abarai. Es lógico que intenten buscarlos en el Rukongai, pero si ocultan bien sus reiatsus no será un problema.
Las lágrimas surcaban el rostro de Momo momentos antes de que Urahara diera el llamado de cruzar. Observaba a su mejor amiga con la mano el alto, y a la niña que apenas conocía a su lado. Las despedidas habían sido rápidas, quizá más de lo que haya querido. Sólo un adiós, y la rubia intentando calmarla.
—El porqué de las cosas es difícil de entender —Rangiku sonrió, reacomodando un mechón tras su oreja. Y no había frase más correcta para como se encontraban ahora.
Aparecieron, como era de esperarse, en el Rukongai. Tres estaban molestos, parecían parejas mudándose de un lado a otro, huyendo de las personas a las que alquilaban. ¿Cómo era posible que tengan que irse así?
Pero uno de ellos dejó la molestia para centrar su mirada, con curiosidad y sorpresa, al frente, siendo completamente ignorado por todos. En lo que Hinamori secaba sus mejillas, con Hitsugaya sobándole la espalda para tranquilizarla.
—Deben tomar las cosas más a la ligera
Alguien les dedicó habla, y para la mayoría allí les sentó demasiado conocida. Los ojos chocolate de Momo y los orbes de Rukia se centraron en el aludido, bien abiertos detonando la máxima sorpresa.
Entonces todos se contagiaron de la cara de Renji, y miraron con curiosidad y confusión a la persona que tenían enfrente. Cejas elevadas de quienes apenas caían y de la única que no lo cocía.
—¿Capitán…Kyoraku-san?
—Buenas tardes, Hinamori —saludó, asomando sus ojos bajo el enorme sombrero, con su siempre sonrisa tranquila y pinta extraña por no llevar haori o el simple traje que lo catalogaban.
Allí estaba, ante la sorpresa de todos…
Continuará…
..
Err… Odio tardarme tanto, en serio esta vez les pido disculpas.
La realidad es que mi inspiración voló como vuelan los pájaros salvajes después de que los sueltan de una jaula (?) y tuve que tomarme un respiro antes de continuar con todos los fics.
Además de que la mayoría están por terminarse, no creo volver a publicar long-fics después de este, que espero, será el último en terminar de actualizarse.
Prometo one-shot's, viñetas y demás cosas, pero en serio que no creo volver a los long-fics, la inspiración sinceramente se me nubla. Salvo que sea una idea fija como Love Of My Life o Cicatrices, no volveré a hacerlo, al menos no tan largos. xD
Gracias a quienes leyeron. No releí nada, así que sepan disculpar cualquier error de trama, narración u ortografía.
¿Me regalan un Review que me anime a seguir? C:
Bye-bye!
