Capítulo 9-10: La ciudad de la luz.

(Voz de Jacob)

"¡Hola, ya estoy en casa!" Grité entrando en la casa tras aparcar la motora.

"Buenos días." Me dijo Alex apareciendo de la nada, como de costumbre y sonriendo antes de darme un beso de bienvenida. "¿Qué tal os ha ido anoche?"

"Jo, perfecto." Le dije sonriendo. "Tendrías que ver a los nuevos, hay que ver cómo corren entre los árboles."

"¿Cuantos?" Me preguntó sonriendo.

"Tres. Pero uno fue porque se tropezó en una raíz y se calló por el terraplén hasta el agua, creo que no sabía nadar muy bien…"

"Bueno, si está bien entonces no hay problema." Afirmó sonriendo. "Hoy he hecho puré y salchichas."

"Perfecto, por cierto ¿no me falta alguien?" Pregunté.

"Está con Seth, Quil, Claire, Bella y Reneesme en la playa." Me dijo sonriendo. "Así que estate tranquilo. Seth la cuidará muy bien."

"Seth es el que me preocupa." Afirmé sentándome en una silla frente al plato que estaba puesto en la mesa. "No me acaba de gustar que se haya ido a improntar precisamente de nuestra hija."

"Bueno, Quil es un amigo tuyo, debería gustarte eso." Me dijo.

Como siempre, ella intentaba poner un punto de cordura en mis preocupaciones al igual que yo lo intentaba en las suyas.

Hombre, buena pareja buena pareja… no sé yo si hacíamos, pero seguro que nos complementábamos de maravilla. Lo mío no solo era una impronta, también estaba profundamente enamorado de ella.

Entonces la atraje hacia mí justo cuando acababa de poner un bol de puré de patata y las salchichas frente a mí para que me sirviese. La hice sentar sobre mí y entonces la besé.

"¿Y eso?" Me preguntó divertida.

"Me apeteció." Afirmé. "Te quiero tanto…"

Eso la hizo reír feliz mientras yo enterraba mi cara en su cuello besándola ahí también. Dios, daba gracias todos los días por haber podido encontrar aquel sentimiento, por haberla encontrado a ella. No sé si Bella fue tan afortunada, pero la conexión que teníamos mi Bella y yo era mucho más profunda que lo que nadie podría esperar de dos seres 'humanos', ni siquiera de lo que nosotros éramos.

No solo era la comunicación mental que teníamos, era también que nos leíamos completamente con una sola mirada, era que confiábamos el uno en el otro… era exactamente lo que ella decía, nuestras diferencias nos unían, lo que a ella le faltaba yo lo cubría con mis habilidades, lo que a mí me faltaba ella lo cubría con sus habilidades, y eso por no contar que ella parecía tener también las habilidades licántropas pero mucho menos desarrolladas que yo.

"Yo también te quiero, Jacob." Me dijo ella haciéndome parar de besarle el cuello y los hombros para que le mirase a los ojos. "Te quiero mucho…"

Mucho… Mucho no era suficiente, yo quería que me amase hasta la locura, que solo existiese yo para ella como ella para mí.

"Mucho es demasiado poco…" Le susurré antes de morderle la oreja suavemente.

"Te amo… te amo mucho…" Afirmó ella.

No podía pedirle que me dijese que me amaba hasta la locura, no quería obligarla a ello porque entonces no sería amor… sin embargo… anhelaba que me lo dijese, ella, por su propia voluntad…

"Estoy pensando… estos creo que iban a tardar un buen rato." Me dijo sonriendo. "Me pidieron permiso para que la dejase a comer con Nessy. Igual después de que comas un poco…"

"Creo que tendré que darle las gracias a Edward y Bella." Afirmé divertido. "Aunque… ¿es seguro ahora?"

"Claro que sí…" Afirmó ella sonriendo suavemente antes de inclinarse hacia mí oído para susurrar. "Ahora ni siquiera siento la necesidad ahogándome…"

A cualquier otro aquello le hubiese bajado el subidón al instante, pero a mí era todo lo contrario. Si no tenía esa necesidad significaba que aún no era su celo, con lo cual se supone que no había ovulado y por tanto no corríamos riesgos, y aún así tomábamos precauciones.

En aquel sitio no existía el tiempo, en navidades lo celebrábamos con los iconos típicos pero en la playa, y en verano el sol era tan fuerte que todos debíamos ponernos crema del sol, la libertad de no tener que escondernos allí era tal que todos vivíamos más o menos felices y los vampiros no debían preocuparse de exhibirse porque allí nadie les iba a descubrir. A esa gente estábamos ya acostumbrados a verles destellar como si tuviesen una capa de purpurina en vez de piel, y ellos debían haberse acostumbrado ya a ver a algunos de los de nuestra especie peleando en broma por ahí, siempre alejados de donde pudiésemos hacer daño.

Por otro lado, el que solo Alex, nuestra hija Sari y yo viviésemos en aquel mini-islote en el centro del pequeño lago que había en la isla tenía sus desventajas y sobre todo ventajas. Teníamos mucha privacidad, cosa que otros no tenían tantas. Lo único malo era que para ir a cualquier sitio teníamos que movernos en la motora o en el caso de Alex, a veces nadaba o caminaba bajo el agua.

Por cierto ¿había mencionado que en la isla no solo estábamos licántropos, vampiros y algún humano? También había una familia de sirenas rigurosa y había alguna que otra híbrida, o sea, que si salían fuera del agua y esperaban un poco, perdían sus colas y se transformaban en piernas. No había problemas porque aunque las chicas eran un poco… pícaras y les encantaba bromear y ser seductoras, no habíamos tenido verdaderos problemas de peleas de alguna hembra con ellas. Y también estaban lo que en general todos llamaban 'Nekos' que eran como los licántropos solo que en vez de hombre-lobo eran hombre-gato. Y algún otro hombre-lo-que-sea ya que había una chica-mariposa.

¡Ah! Y también teníamos ángeles y demonios. Solo que no eran como los pintaban o se decían por ahí. Eran hombres águila, tenían alas blancas que les crecían cuando las necesitaban o querían; y los demonios... vale, esos no sé de qué narices descendían, pero tenían alas de vampiro y una hasta cuernos. La chica era un poco rara, porque era la única que no podía ocultar su forma, según alguien nos había dicho, había tenido un problema con su mecanismo de ocultación. Lo que era a los más pequeños les daba miedo verla. Una de las demonias, Alice, que tenía el pelo rosa parecía ser antes una modelo o actriz o algo así, tenía clase y desde luego sabía tratar con la gente; y luego, la morena era un torbellino, pero tenía muy claro que para poder vivir allí tenía que convivir.

Ahora mismo teníamos 4 demonios, 7 ángeles blancos y negros (la verdad yo nunca los había sabido diferenciar sin verles las alas), una pareja de hombres-zorro y la chica mariposa, 6 licántropos macho y una hembra, 10 nekos uno de los cuales era el novio de una vampiresa joven, 5 videntes alguna de ellas ciega y dos asesinas que eran junto con mi manada y alguno de los profesores del colegio los vigilantes de la isla.

Los cazadores aparte eran los encargados de ir y venir en el helicóptero que uno había traído a traernos y llevarnos cosas perecederas.

Y luego estaban los Cullen y la gente de la escuela y unos 4 clanes que se nos habían unido poco a poco para evitar llamar la atención con un éxodo masivo.

"Jake..." Me dijo. "Estás un poco... ido."

"Pensaba en no hacerte daño." Afirmé.

"¿A estas alturas?" Afirmó ella divertida. "Hijo mío... si no me he muerto dando a luz, ni cuando nos atacó mi primo Sorien, ni aquella vez que..."

"Vale, vale." Le dije haciéndole cosquillas. "¡Ahora te vas a enterar!"

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Alex)

"A ver campeón, voy a prepararte un poco de lasaña..." Le dije a Jacob cuando acabamos. "Que hoy has estado genial."

"Nunca mejor que tú." Me dijo con voz soñadora. "Beso..."

Sonriendo le di un beso y luego otro y otro más antes de levantarme e ir a la cocina. Sin embargo allí había ya alguien.

"¿Qué pasa, Riven?" Le dije. "¿No te han enseñado a llamar a la puerta?"

"Venga, no te pongas así que estabas más sexy ahí dentro." Me dijo sonriendo con picardía.

"Riven, no te pases." Le riñó Raider. "Sentimos haber entrado sin más, pero teníamos que contarte un par de cosas."

"Claro, sentaros. Trae para aquí, Riven..." Le dije quitándole el bote de galletas que le preparaba a Sari para cuando se portaba bien. "Estas son de mi hija."

"Es que eres la mejor cocinera de la isla que nos deja colarnos en su casa." Me dijo divertido.

"Riven..." Le riñó Raider. "Perdónanos, no pretendíamos molestar."

"Está bien ¿os pongo algo?" Les pregunté. "Tengo que prepararle un montón de comida a mi marido."

"A mí que me pones." Me dijo Riven sonriendo con picardía. "Ah, que era comida... unas patatas y un poco de cerveza estaría bien."

"Para mí un poco de zumo, si tienes." Dijo Raider sonriendo con suavidad.

La verdad es que había un poco de diferencia entre ambos tipos de ángeles, unos venían de las palomas y las otras del cuervo.

"¿Naranja, piña, plátano o melocotón?" Le dije a Raider sonriendo.

"Lo que quieras." Me dijo.

"Ok." Afirmé.

Entonces cogí un poco de piña y unos trozos de coco y los metí juntos en la temomix para hacerlas zumo.

"Veo que te gusta el aparatito que te traje como regalo de presentación." Me dijo Riven sonriendo.

"Sí, es muy útil para hacerle las papillas a mi hija." Afirmé picando la carne manualmente mientras e hacía el zumo y sacando un bol con patatas fritas. "Y me encanta hacerme granizados de sangre." Añadí sacando el zumo a un vaso-tanque y lavando la cubeta antes de llenarla de hielo y ponerla a pulverizar. "Saben que te mueres de gusto." Afirmé sonriendo antes de sacar el hielo y regarlo con el zumo, moverlo y servirlo con una pajita a Raider mientras a Riven le ponía su cerveza y el cuenco con las patatas fritas. "Aquí tenéis... perdonad si hablo desde la cocina pero tengo que hacer la lasaña."

"Eso, tú a cocinar para alimentar a tu marido y tu hija." Afirmó Riven con ironía. "¿Y la temible cazadora despiadada?"

"Ha crecido." Afirmé secando un poco la cubeta y echando los trozos de carne para hacer el relleno de la lasaña. "¿Venías solo a meterte conmigo y reírte de mí, Riven?"

"Es que van a llegar más de los nuestros." Afirmó Raider.

"¿Cuántos?" Les pregunté.

"2 de los míos de Copenhague el uno metropolitano y el otro más del campo." Me dijo Raider.

"Y 4 de los míos que vienen de Nueva Cork." Afirmó Riven. "Que se han metido en líos con unos demonios y como los han matado pues..."

"Genial." Dije. "Pues nada, traeros las órdenes que tengo que firmar y ya está..." Les dije para que sacasen las órdenes. "Esto... Riven, por favor..." Le pedí. "Nos hemos quedado sin plumas."

"¿Y por qué no le mandas a este que lo haga él?" Me dijo.

"Venga, los dos..." Dije para que al instante hiciesen un "Zas" y les saliesen las potentes alas blancas en el caso de Raider y negras en Riven por lo que les arranqué un par de plumas, una a cada uno.

"Esto duele ¿sabes?" Me dijo Raider.

"Pues hasta cierto punto da gustito." Afirmó Riven con ironía. "¿Oye, si ya tienes la comida en el horno por qué no te haces uno de tus granizados? Invito yo."

"Vale..." Dije. "Pica el hielo y echa un poco de sangre, pero no te pases que no necesitamos mucho."

"¿Sale suficiente con una jeringuilla?" Me preguntó.

"Que sean cuatro." Le dije. "¡Y ten cuidado con la termomix!"

"Eh, que te la regalé yo." Me dijo. "Que sé como usarla."

"Miedo me da, que está un poco colgado..." Dijo Raider.

"Por cierto, es impresión mía o os han crecido un poco más las alas." Le pregunté yo.

"Ayer salvé la vida a una de las neko, que se había caído en el charca y no sabía nadar así que se estaba ahogando." Me dijo feliz.

"¿Y él?" Le dije.

"No le gusta decirlo..." Me susurró. "Pero el otro día ayudó con unas obras a unos jóvenes, y cuando salimos a comprar aquellos pañales para los bebés salvó a una chica que se quería suicidar y a unos niños de un incendio conmigo."

La verdad es que no me había confundido al nombrarlos a ellos dos los líderes de los de su especie. El tamaño de las alas eran distintivo del grado de poder que tenían, las suyas eran las más grandes y ellos los que más dominio tenían de sacarlas y meterlas.

"Me hacía gracia pensar en que Riven puede hacer algo bueno..." Le susurré.

"Su granizado de sangre, señorita." Me dijo él trayéndome un vaso lleno de sangre y hielo.

"Gracias, Riven." Le dije sonriendo. "Bueno... pues con esto... Ya tenemos las órdenes de entrada a la isla."

"Alex, estaba pensando que..." Dijo Jacob saliendo del cuarto y quedándose mirándonos.

"Buenas..." Le dijeron los dos chicos.

"Hola, esto... ¿qué hacéis aquí?" Dijo mirándome más a mí que a ellos.

"Hemos venido a comentarle a Alex que tenía que firmar unas órdenes para traer a gente aquí." Dijo Raider. "Ya nos ibamos."

"¿Queréis quedaros a comer y me comentáis también a mí?" Les dijo. "Si hay algo de comida extra." Añadió mirándome a mí en busca de respuesta.

"Hay lasaña de sobra." Afirmé. "Y tenemos también tenemos lechuga, podría hacer algo de ensalada para acompañar."

"Por nosotros no te preocupes." Dijo Raider.

"Venga, yo me apunto." Afirmó Riven sonriendo. "Total, me tocaba comer en el bar de Sheridan..."

"Va, Raider, quédate tú también." Le dije sonriendo. "Si aquí lo de menos es la comida... Donde comen dos comen cuatro."

"Mejor no hagas ensalada, si tienes huevos yo me pido dos." Dijo Riven sonriendo.

"A mi otro dos." Me dijo Raider.

"Vale, huevos con patatas fritas." Dije yo. "¿Jake?"

"Yo con la lasaña sobra, y como veo que es grande... la comprato."

"Otros dos." Afirmé yo.

La verdad es que ahora llevaba ya un tiempo haciendo mi trabajo en turno partido, cuando no estaba ocupándome de mi familia. Había conseguido crear un lugar donde se respirarse paz, relativa, pero paz. En mi casa las puertas estaban abiertas a cualquiera, de hecho, alguna vez se había quedado a dormir alguno de la manada, y Chika, la chica mariposa alguna vez había venido a ayudar en la casa.

Eso por no decir que Lily venía muchas veces a dormir cuando no estaba por la escuela.

La casa de la jefa era la casa de todos.