15. Abrazos - Draco/Harry

Para Harry los abrazos eran algo extraño, algo maravilloso y una de sus cosas favoritas.

Durante nueve años de su vida no recibió uno solo. Sabía qué eran, pero pensaba que no era algo que pudiera tener. Las primeras veces que recibió un abrazo se sintió incómodo. Aunque eran algo lindo, y podía percibir el calor y el cariño que estaba detrás de esa acción, él no sabía cómo responderlo, así que sólo se quedaba ahí parado, dejándose abrazar. Poco a poco se fue acostumbrando, y aprendió a darlos también.

Lo mejor, es que cada quién abrazaba de una manera diferente. Los abrazos de la señora Weasley eran como una cobija que lo envolvía, eran acogedores y cálidos; los abrazos de Hermione eran como una ola, impetuosos y cargados de cariño; los de Ginny habían sido como el fuego, quemaban y consumían, pero calentaban. Los de Ron eran muy fraternales, acompañados de palmaditas en la espalda; y los abrazos que recordaba de Sirius habían sido como abrazas un oso, cargados de promesas del hogar que nunca tuvo.

Pero sus abrazos favoritos no los conoció sino muchos años después de salir de Hogwarts, cuando ya podía considerarse un experto en el tema. Cuando abrazó por primera vez a Draco Malfoy, y el rubio respondió de la misma manera, sintió un huracán en su estómago, sintió la electricidad recorrerlo y el corazón se le aceleró a mil por hora. Los abrazos de Draco Malfoy eran magia pura. Y a partir de ahí ya no lo soltó.