Y la historia entre estas dos cabezotas continúa... Y vaya cómo continúa...
- ¿¡En qué demonios estabas pensando?! – exclamó.
- En salvarte el pellejo – contestó la forense.
- ¿Diciéndole que eras mi novia? ¿Echando a perder todo lo que había hecho?
- ¡Iba a besarte!
- ¿Y?
- ¡Qué tu no querías! – gritó Maura, enfadada, la rabia bullendo en sus ojos.
- ¡Da igual lo que quiera o no quiera, Maura! ¡Podría haber huido!
- Frost y Korsak la habrían cogido.
- O no. Eso no lo sabías. – rebatió Jane, con voz más calmada.
- Tú tampoco sabías si iba a huir, Jane. Solo trataba de ayudarte.
- Te lo agradezco pero decir que eres mi novia no lo iba a solucionar.
- ¡Iba a besarte! – repitió la forense, separando las palabras.
- ¡Ya lo sé, Maura! ¡Ya lo sé! ¿Es eso tan grave? – inquirió Jane, acercándose a ella un poco.
- ¡Sí!
- ¿Por qué si puede saberse?
- ¡Porque nadie puede besarte!
- ¿¡Qué?! – exclamó la detective, sin dar crédito a lo que acababa de oír. - ¿Acaso crees que puedes decidir sobre quien me besa y quién no?
- Pues sí – contestó Maura, rotundamente
- Pues no. No soy un objeto sobre el que puedas gobernar como te plazca, Maura Isles.
- ¿Eso crees? ¿Piensas que todo esto es porque quiero controlarte? – preguntó la forense con los ojos entrecerrados.
- ¿No es obvio?
- Pues estás muy equivocada. Pensaba que me conocías mejor.
- ¿Entonces por qué si no? Dame una explicación lógica de las tuyas – exigió la detective, abriendo los brazos.
Maura resopló, decepcionada y enfadada, y dio media vuelta para colgar su cazadora de cuero en el perchero de la entrada. Tiró el bolso en el sillón de cualquier manera, un signo más de que no estaba bien, y se descalzó, dejando los zapatos bien colocados al lado de la entrada. Sin responder todavía, se encaminó a la cocina, con la intención de hacerse una tila o algo que la calmara.
- ¡Maura! – la llamó Rizzoli a sus espaldas.
Hizo un gesto con la mano y siguió su camino, haciendo caso omiso a los gritos de la detective. Estaba a punto de llegar al pasillo que daba a su cuarto, la tetera calentándose en el fuego, cuando notó una mano cerrarse sobre su muñeca y tirar de ella. El cuerpo de la forense chocó con el de Jane, que tenía el corazón a cien por hora y la respiración acelerada.
- No huyas de mí – dijo, con la mandíbula apretada.
- No huyo – contestó la rubia, desafiante, alzando el mentón.
- Maura, no estoy para bromas – la detective tiró más de la muñeca de la forense, pegando sus cuerpos hasta que no cupo ni una mota de polvo entre ellos. - ¿Por qué si no? – repitió más calmadamente.
- ¿No es obvio? – Inquirió, con el ceño fruncido - ¿No salta a la vista?
- Maura – avisó Jane, con un tono de voz peligroso, los ojos tan oscuros que la pupila y el iris parecían uno.
- ¡Por qué no quiero que nadie más te bese!
- ¿Por qué? – preguntó la detective de nuevo, llegando a donde quería llegar.
- Porque eres mía, ¿vale? – Masculló Maura, con rabia en los ojos, mezclada con deseo. - ¿Entiendes ahora por qué no puedo dejar que nadie más te bese? ¿Por qué no puedo soportar verte con otros? Eres mía, Jane Rizzoli, lo quieras o no. – sentenció la forense.
Jane esperaba una contestación similar así que tampoco la sorprendió mucho lo que pasó a continuación. En el poco espacio que las separaba, sus ojos se encontraron de nuevo, generando en ambas una curiosa sensación de déjà-vu.
- Jane… - susurró Maura, su enfado súbitamente desaparecido, reemplazado por un fuerte e irrefrenable deseo, a pesar del cual, ahí estaba ella, tratando de decir algo que no quería ser escuchado.
- Ssshh – contestó ella, poniendo un dedo sobre los labios de la forense, impidiéndole hablar.
Rodeó con su mano suavemente la barbilla de Maura, notando su ligero estremecimiento y sin poder evitar que su boca se curvara. Acarició la comisura de los labios de la forense, enmarcados en el rojo pasión de su pintalabios, sin apartar sus ojos de los de la rubia. Se sostuvieron la mirada todo el rato, viendo reflejada en la otra sus propias reacciones: la boca seca, el corazón acelerado, la respiración temblorosa… Jane se inclinó hacia delante, despacio, sin prisa alguna, disfrutando del momento y de las sensaciones que provocaba.
Pero era Maura quien no pudo más con la tensión sexual que tiraba de ellas y terminó por recorrer el poco espacio existente entre ambas, uniendo sus labios finalmente, dejando escapar el deseo.
Sus labios se encontraron, con ansias de los otros, y se besaron con fuerza y pasión. Pronto entraron las lenguas en el juego, con lujuria ocuparon las bocas, se enzarzaron en una lucha para ver quien resultaba vencedora de ambas. Jane atrapó el labio inferior de Maura entre sus dientes y tiró de él hacia ella, arrancando una exclamación ahogada de grata sorpresa por parte de la forense, que enredó sus dedos entre los rizos morenos de la detective, notando su suavidad en sus manos. Agarró a Jane por la nuca, profundizando más aún el beso. Con varios traspiés, la detective se desembarazó de los tacones y la diferencia de altura fue menos notable.
Ambas recorrieron el poco espacio que quedaba, la espalda de Rizzoli chocando contra la pared con dureza, una exclamación ahogada muriendo en los labios de Maura. Ésta la mordió suavemente, excitándola, su cuerpo presionando el de la detective contra la pared, sus manos recorriendo cada centímetro del vestido rojo que ceñía las curvas de Jane. Cuando trató de encontrar la cremallera para quitárselo, la detective giró rápidamente, agarrando las manos de Maura y colocándolas a ambos lados de su cabeza.
- Mi turno – murmuró, separándose unos centímetros y con la voz ronca.
Teniendo el cuerpo de la forense aprisionado contra la pared, sin posibilidad de que se moviera, y las manos sujetas por las suyas, Jane no se dirigió a los labios sino al cuello que tanto había llamado su atención desde siempre, con tan buen olor, tan suave… Recorrió cada centímetro de piel con los labios, besando, chupando, mordiendo, sorbiendo... Los gemidos de Maura sonaban como música celestial para sus oídos y el hecho de que se retorciera contra su agarre lo hacía más excitante aún, una pierna enredada en la cadera de la detective.
- Jan… Ah – la voz se le cortó, un suspiro muriendo en su garganta – Jane… - masculló finalmente.
Sin darse cuenta de cómo ni cuándo, ambas fueron conscientes de que habían llegado a la habitación de Maura y se miraron fijamente durante unos segundos.
