SQUALL POV

¿Cómo era posible? ¿Qué había pasando? O mejor dicho ¿Por qué no había pasado nada?

La había tenido tan cerca de mí, sus labios estaban casi encima de los míos y nuestros cuerpos prácticamente se rozaban. Pero no sentí nada. Ni la mas mínima sensación, era como si ella no hubiese estado allí o yo me encontrara a una gran distancia de su cuerpo; eso no había ocurrido algunos meses atrás. Incluso cuando la vi, no fue solo el gran dolor que paso por mi cuerpo al reconocer el gran parecido físico con Elena el que me estremeció entonces, también fue aquel extraño deseo de abrazarla incluso aunque lo único que sabia de ella era su nombre y que tenia los ojos mas profundos que alguna vez hubiese admirado. Y cuando nos encontramos en el puerto, ese día incluso en la oscuridad que abarcaba el océano podía reconocer el brillo tan puro que ya había notado en distintas ocasiones mientras ella comía en el comedor; era como si sus ojos fueran dos piedras preciosas que ella me permitía observar desde varias perspectivas aunque nunca me alcanzaba ni el tiempo ni el asombro para estudiarlas con cuidado. Y si sus ojos me invitaban a estudiar su interior, su piel me tentaban a desearla en muchas maneras; ya me había convencido que era un maldito pervertido por pensar en todo ello, pero no podía evitarlo, siempre me había parecido que su piel era lo más parecido a la sensación perfecta. Y esta noche había conseguido comprobarlo, aquel era un estremecimiento alucinante de no estar tocando nada, como si su tenue piel se deslizara por tus dedos dejando en ellos esa fragancia y sensación de la seda, la melisa y la lavanda.

Pero aun cuando había comprobado la sensación de su tacto, eso no significaba que me había hecho sentir algo que no había sentido antes. Incluso Selphie, quien era tan pegajosa, su tacto también era algo muy laxante a pesar de ser tan brusca en sus movimientos. Lo que había sentido era el tacto de una mujer, pero no de Rinoa; estaba completamente seguro de que Rinoa se sentía indiscutiblemente mucho mejor que eso pero ¿Por qué no lo había sentido esta noche?

Entonces recordé aquella tarde en que irrumpí en su habitación cuando no la vi a la hora del almuerzo. Recordaba que tan solo había sentido el impulso de enterarme si estaba bien, y así podría regresar a mi trabajo con toda tranquilidad, pero en cuanto la vi en la puerta, sabía que me iba a ser imposible retirarme del lugar. Lo cual me enojó mucho. Fue en ese momento en que me rendí ante mis emociones y me di cuenta de que la amaba, incluso con aquel pijama roído, me parecía estar viendo el ser más perfecto del universo. De mi universo por lo menos.

Entré en el carro, donde Elena me esperaba, totalmente furioso:

-dime que tu no tienes nada que ver en esto-dije en tono amenazante mientras la miraba con igual ferocidad.

-¿nada que ver con que?-me preguntó con rostro totalmente inocente, pero no sabia si creerle. Elena verdadera mente había perdido mi confianza esa noche, y probablemente lo que quedaba de mi amor por ella también.

-no te hagas la inocente-ella se estremeció ante mi voz enojada y guardo silencio por unos momentos, mientras indagaba en mi mente, seguramente.

-¿crees que yo soy la culpable de que hayas perdido el interés físico por Rinoa?

-¿Quién mas sino tú podría hacer algo como eso?-ambos fruncimos el seño lo mas que pudimos-¿Por qué lo hiciste?

-yo no he hecho nada…

-¿a no? ¿Qué otra bruja querría lastimarme tanto como lo estoy en este momento?-y entonces las lagrimas de Elena inundaron el escenario y golpearon a mi ya lesionado corazón como una bala de completo dolor.

Ella no había sido. Pude sentirlo, pude ver la honestidad de sus lágrimas y el dolor que estas mismas abarcaban mientras sus ojos se cerraban para que yo no pudiese ver sufrimiento que había vivido estos últimos cinco años. Elena nunca me lastimaría, incluso aunque yo le dijese que la odiaba con toda mi alma, incluso aunque le arrebatara a nuestra hija y la dejara sin razones para vivir. Ella nunca lo haría. Porque ella me amaba a una medida en que yo no podía entender, una medida que solo un corazón tan grande y tan cariñoso como el de ella podría sentir, pero la detestable debilidad de su alma era que solo podía amar una vez. Ella ya me había contado en varias ocasiones que había intentado rehacer su vida con muchos hombres más, pero que ninguno producía en ella la más mínima sensación de felicidad que cuando estábamos juntos y yo le creía, porque yo había vivido lo mismo hasta que Rinoa apareció en mi vida:

-Tienes razón Squall -escuché su voz tan lejana de mí, que recordé aquella soledad que había sentido cuando ella me dijo adiós-a lo mejor soy yo la culpable de este extraño fenómeno -entonces sus ojos asustados se clavaron en los míos al igual que sus manos lo hicieron en mi pecho-pero te aseguro…te juro…que jamás haría algo para separarte de Rinoa voluntariamente-empezó a separarse con delicadeza hasta situarse en la posición en la que la había encontrado cuando había entrado al carro-lo mejor será que no regresé por aquí, sabes que por mas experta que me crea en el tema, la magia siempre tendrá control sobre mí.

-Ya basta-rogué-si de verdad quieres hacerme feliz…deja de culparte por cada cosa que me ocurre, por si no lo sabes, ya no soy de los que le gustan que la gente se meta en su vida siempre-me sentí feliz de escuchar su risa de nuevo, fue un alivio.

-creí que siempre habías sido así…me considero una afortunada por haber podido entrar en tu vida…

-y con tanta facilidad-agregué.

Para cuando nos dimos cuenta ya estábamos en casa. Si bien no me gustaba vivir en el jardín, tampoco es que mi hogar fuera muy alentador en algunos casos. Comenzando, era demasiado grande, pero cuando la compré lo había hecho con la intención de crear una gran familia y escuchar los pasos de mis pequeños hijos corriendo por todo el lugar, cosa que nunca ocurriría. Luego estaba el detestable color pastel que había elegido Selphie simplemente para molestarme; el cual había intentado cambiar en varias ocasiones, pero era cuestión de horas para que mi casa regresara a su tono "natural".

Y finalmente, y lo peor de todo, eran los recuerdos.

No fue mucho, pero Elena vivió conmigo mientras estaba embarazada, entonces pensaba que mi vida no podía ser más perfecta; pero todo, una vez Elena desapareció de mi vida, sucumbió.

Ayudé a Elena a descender del auto, y en cuanto le dirigió una torturadora mirada a la morada pude ver el estremecimiento que paso por su cuerpo, seguramente ante los recuerdos…

Flash back:

-Ele…

Que helado estaba ese día. Y si lo combinabas con profundo dolor, podía llegarte incluso mas adentro de los huesos.

-ya supéralo Squall…te abandonó…como a todos nosotros…

Uno de los mayores inconvenientes de Seifer era que lograba fastidiarte incluso cuando deseaba hacerte sentir bien. Recuerdo que antes no nos llevábamos tan mal como ahora, y aunque de todas maneras nos desagradábamos, la gran diferencia es que ambos, por una maldita coincidencia, siempre nos fijábamos en el mismo objetivo

¿Una prueba?

Elena…

Fin del flash back.