Disclaimer: El único consuelo que me queda, es que hayan creado una historia muy bonita. Lo que reconozcan no tiene mi nombre plasmado.
Aclaraciones/advertencias: Post-Frozen. Espérense cualquier cosa de mí.
Indulto
Donde es una vida a cambio de otra
.
.
.
Hans se inclinó y el Obispo colocó la corona que lo hacía rey consorte de Arendelle. Se enderezó para mirar a su esposa, junto a él, vestida de manera inmaculada en la celebración de su boda y su coronación.
El velo blanco cubría su hermoso rostro, haciendo una ligera barrera entre ellos, como lo dictaba la tradición en su nuevo reino. Tras la finura de la tela blanca, encontró sus ojos azules, que le miraban brillantes, inundados en cariño y amor. Finalmente ella era su esposa. Si bien su boda parecía apresurada -no creyeron que esperar más de dos meses fuera a hacer alguna diferencia-, no les importaba, así que, en pleno mes de mayo, estaban contrayendo nupcias.
Sonrió de lado ignorando las palabras que recitaba el hombre y bajó la mirada para contemplar el vestido de novia de Elsa. Relucía como aquel hecho de hielo, aunque el material del actual era la seda, que se ajustaba a su busto por no tener mangas, y después del abdomen caía en una falda nada vaporosa. Lucía muy bella, con un toque angelical, principalmente por las flores que llevaba en sus manos, todas coloridas.
Alzó el rostro y le brindó una sonrisa a Elsa, que le obsequió una a cambio. Salió de su ensimismamiento cuando el Obispo anunció el final de la ceremonia.
Removió nuevamente, y con lentitud, el velo y colocó la palma de su mano derecha sobre la mejilla sonrojada de Elsa, luego la bajó y asió su mano izquierda, que llevó hasta sus labios para darle un casto beso, como el que compartieron cuando se les declaró marido y mujer, minutos antes de recibir su propia corona real -el orden de la ceremonia fue tal que, después de ser el príncipe consorte, necesitó ser coronado para el título que ahora portaría, rey consorte-.
Más tarde vendría el momento de compartir otra clase de besos, por ahora estaba extasiado con sólo saber que su unión era oficial.
Permanecieron en la capilla del castillo sólo unos instantes, para después salir y disfrutar un poco de tiempo a solas, mientras los invitados se preparaban para el banquete y la fiesta posteriores a la ceremonia.
Se escabulleron a una parte nada concurrida del jardín y rieron cuando se creyeron a salvo. A su alrededor se escuchaban los vítores de los habitantes ante la boda de su reina, así como el canto de algunos pajarillos que disfrutaban de la primavera.
Elsa apoyó una de sus manos sobre su pecho, justo donde se ubicaban las pocas distinciones de su pasado, y estiró su brazo para coger la corona de oro que recientemente le habían colocado.
-¿Crees que puedas soportarlo esta vez? -cuestionó ella con voz suave, girando la corona entre sus manos con lentitud. Sus ojos azules se fijaron en él, exudando diversión-. Ya no hay marcha atrás -completó, volviendo a apoyarse sobre su traje negro con detalles en rojo y azul, para devolver la corona a su lugar.
Hans envolvió sus brazos en su cintura, ocultando su rostro en su cuello, depositando un beso que la hizo estremecer.
-Esta vez es diferente -dijo en un susurro, ascendiendo hasta el oído de la rubia, soplando un mechón de cabello que las doncellas dejaron suelto al hacer el recogido-. Y lo sabes, cariño.
Elsa rió y le sintió posar sus brazos alrededor de su cuello. Él se colocó en una mejor posición, que les diera comodidad a ambos, dejando sus labios sobre la frente de ella.
-¿Crees que nos estén esperando? -preguntó Elsa en tono bajo, para no romper su momento de intimidad, mientras permanecían en la misma posición tras largos minutos.
-No lo sé, y no me importa -reveló él sonriendo de lado, cerrando sus ojos para alargar el momento junto a ella. Aunque no importaba, Elsa ahora era su esposa y tendrían todo el tiempo que les quedara de vida para estar juntos-. Tú eres la reina, tienes ciertos derechos.
-Me harás una irresponsable -bromeó ella y él abrió los ojos, cruzando su mirada con la de Elsa-. Pero tú también eres el rey.
-Claro, sólo que tú mandas, yo no -devolvió inclinándose para posar su boca sobre la de ella, comenzando a masajear sus labios con los suyos de manera lenta. Ella completa era adictiva, una vez que la había besado, no podía pasar mucho tiempo sin hacerlo, lo que había ocasionado problemas cuando estaban comprometidos. No era muy prudente que se les viera juntos a menudo, ni mucho menos adecuado que estuvieran a solas.
Pero ahora todo eso podía irse al demonio, ella era su esposa y tenía toda la libertad de besarla si así lo quería. Y por supuesto que no iba a desaprovechar la oportunidad.
Elsa tenía un leve sabor a menta achocolatada, aun cuando transcurriera una semana -su límite- sin su dulce y bebida favoritos. Su olor también era embriagante, era una fragancia con aroma jazmín y lavanda, que se desprendía de su cabello y su cuello.
Con sus dientes mordió levemente su labio inferior, ocasionando un pequeño gemido de parte de ella. Volvió a hacerlo de nuevo, queriendo escuchar el sonido otra vez. Habría profundizado el beso si supiera que en este momento tenían todo el tiempo que quisieran, pero la realidad era otra. Más adelante podrían hacer lo que desearan con calma, pero no ahora.
Sonrió al pensar lo que acontecería por la noche, haciendo que sus labios se separaran de los de Elsa.
-Te amo -susurró ella, siendo que muy pocas veces expresaba en palabras lo que sentía. Era habitual en la rubia demostrar con actos su sentir-. No lo olvides -agregó, descansando su cabeza sobre su pecho.
-No lo haré. Yo también te amo -expresó con el mismo tono bajo, acariciando con suavidad la espalda de Elsa.
Leyendo las líneas del documento, Hans recordó el año pasado, cuando todavía era rey de las Islas del Sur y llegaban a él diferentes asuntos que requerían su completa atención. Claro que ahora eran mínimos en comparación a los que tuvo antes.
Después de todo, la reina era su esposa.
Su esposa.
Era increíble lo mucho que su vida había cambiado en los últimos cinco años. Pasó de ser un príncipe a un mendigo, luego fue plebeyo antes de llegar a ser rey, dejó de serlo para volverse pareja de una reina.
Cada uno de los cambios le habían hecho crecer, si le preguntaran qué era diferente a diez años atrás, diría que todo. Ya no era ese Hans Westerguard completamente narcisista, egoísta y manipulador, era una mejor versión de tal. Un amigo, un hermano, un hijo, un esposo.
Firmó el pie del documento y sopló para que la tinta se secara. Era tiempo de avanzar y disfrutar de las nuevas experiencias que viviría a partir de ahora.
Salió de sus pensamientos cuando escuchó que la puerta del estudio se abría, dando paso a cierta rubia dueña de sus días.
-Hola -saludó ella, llegando hasta él, colocándose sobre su regazo. En la privacidad, Elsa era más expresiva que lo normal, y le gustaba ser quien pudiera disfrutarlo.
Besó el cuello de Elsa mientras ella le abrazaba. Sonrió al sentirla estremecerse.
-Hola -dijo con gracia, por la forma nada habitual en que ella lo había saludado-. ¿Estás agotada?
-Sí -respondió ella con voz resignada-. Más de lo normal, pero ya sé por qué -completó en un susurro-. Mis responsabilidades ahora son menos y no tenía verdaderos motivos para mantenerme exhausta.
Frunció el ceño y la separó de él con delicadeza, ella sonreía.
-Estoy de encargo -pronunció con lentitud, sus ojos resplandeciendo.
Se sintió sonreír como un tonto antes de inclinarse a besarla con ternura.
Y había una nueva faceta: ser padre.
Hans podía describir los últimos meses como los mejores de toda su existencia.
Si bien volver a ser rey no le agradaba, serlo al lado de Elsa disminuía su aversión por la posición. Ella era una magnífica gobernante, y estaba orgulloso de poder ser su compañero y mayor confidente.
El padre de su futuro hijo o hija.
No podía más que pensar en la etapa que entrarían en cuatro o cinco meses. Un pequeño o pequeña que pudieran tener semejanzas con la mujer que amaba, alguien a quien sostener en brazos y enseñar lo bueno de la vida, un ser al que podría amar incondicionalmente, que dependería de él y de Elsa.
La idea de ser padre le emocionaba y atemorizaba. Compartir la experiencia con ella sería espléndido, maravilloso… incomparable; mas temía que pudiera ser una mala figura para el bebé, él mismo no tuvo una muy buena conforme crecía -o muy cercana, en su defecto-, además que podían haber cosas de su pasado que se trajeran a la realidad.
Sonrió y apartó el pensamiento. Hacía algún tiempo que había decidido dejar ese tema por la paz, tenía un ser magnífico junto a él y no podía desaprovechar su tiempo pensando en lo malo, debía ver hacia el futuro, que moldearían juntos, forjando una familia.
Se colocó tras de Elsa y disfrutó de la paz que les ofrecía el bosque de Arendelle, donde habían ido a tener un picnic ellos dos solos -aunque el guardia los había acompañado por si se suscitaba algún acontecimiento; con el embarazo, tenían que tomar precauciones-. Con su mano acarició el leve bulto de su estómago, asimilando que la presencia de su bebé estaba con ellos (aunque no era como si no la sintiera en otros momentos).
Ella colocó sus manos frías sobre las de él, recostando la parte posterior de su cabeza en su pecho. Hoy era uno de esos días buenos, ya no se despertaba con malestares y estaba mucho más animada, aunque sus cambios de humor seguían siendo frecuentes, al grado que el control de sus poderes no era el mismo que antes, por lo que lo tenía extremadamente limitado -y algunas veces no le respondían-.
Estaban rodeados de árboles altos, ya no tan frondosos, porque con el mes anterior, septiembre, había llegado el otoño y poco a poco las hojas caían o dejaban de crecer, en preparación para el invierno. Entre momentos veían pasar a algunas ardillas y conejos, así como había pájaros que anunciaban su presencia en el cielo, sobrevolándoles mientras graznaban.
-Creo que es hora de irnos -anunció, entre más tarde se hiciera, más se acercaría la llegada de la lluvia, el cielo aún no se había oscurecido pero, por experiencia, sabía que era probable pronto comenzara a llover (si no era hoy, entonces en los días posteriores).
-Sí, pero hay que buscar mis zapatillas -dijo ella con voz tímida. Hans no pudo evitar reír, aunque no hubiera gracia en sus palabras. Momentos atrás, ella se había desprendido de su calzado (en protesta por lo incómodos que ahora se le hacían) y los había lanzado a lo lejos, provocando cayeran entre los arbustos.
A eso se refería con cambios de humor.
-Por favor -agregó Elsa, y él besó sus labios brevemente.
-Claro que sí, quédate aquí -pidió y caminó hasta el sitio en que vio desaparecer su calzado marrón, agazapándose para poder buscarlos con facilidad. Rápidamente cogió uno y ubicó el otro a unos cuantos metros, atrás del arbusto, muy cerca del tronco de un árbol-. ¡La próxima vez me aseguraré de ser yo quien los tome! -gritó y se levantó con las zapatillas bajas; giró y se detuvo en seco, soltando los dos calzados, que cayeron al pasto de manera insonora.
Su corazón palpitó con fuerza.
Una barba castaña ya no muy bien recortada, con más hebras blancas al igual que en la cabeza. Ojos verdes como los suyos y sonrisa puramente maníaca.
-Hugo -manifestó con un nudo en la garganta. El otro elevó aún más la comisura de su boca.
-Lamento no darte la mano, Hans -comunicó el otro con voz burlona-. Ya sabes, tengo ambas muy bien ocupadas -Hans asintió, sin ser capaz de comportarse en forma defensiva.
Hugo sostenía a Elsa con un brazo, mientras su mano apuntaba su cabeza con una pistola de tiro.
-¿Qué me dices, hermanito?, ¿te interesaría intercambiar tu lugar con el de tu linda esposa?
.
.
.
¡Hola!
Vaya, vaya, ¡alce la mano quien se esperaba esto! jejejje, soy un poco cruel xD
¿Cuánto podrán esperar para saber qué ocurrirá? Si me lo dicen lo consideraré, en verdad ;), la verdad que ya no sé ni qué decir, sólo que el próximo ya es el final, ¿alguna idea que tengan?
¡Oh!, ahora que lo recuerdo, tengo ya 2,000 palabras del OS que sigue en "UMUO", estoy pensando en concluirlo en unos moments, para subirlo, se retrasó mucho su escritura, pero no me he olvidado de ese fic xD, crucemos los dedos para que Diciembre llegue sin problemas, ¡pero rayos!, justamente este ciclo escolar tengo una de esas profesoras con las que no te quieres ni cruzar, no tengo creeencia de la cual hablarles, pero me sirven las plegarias para mí y mis compañeros T-T
Bueno, bueno, me desvié, es solo que luego les diré sobre el que sigue y mejor les dejo en ascuas *risa malvada*.
Muy bien, reviews...
F: ¡Oh, muchas gracias! La verdad es que me preocupaba exagerar demasiado la cursilería, luego me reprocho cada tontería romántica que se me llega a ocurrir :3, agradezco mucho el comentario.
e: ¡Únete al enfermizo grupo que ama el Helsa! -ejem, eso suena mal-. Allí tienes un pequeño esbozo de su unión, quizá sea en otro fic donde me anime a hacer una ceremonia en todo el sentido de la palabra. Gracias por pasar y comentar.
En fin, hasta aquí llego si quiero aprovechar para DIGNARME a responder reviews y concluir mi OS,
Nos vemos en el próximo, cuídense mucho, coman frutas y verduras -y chocolate *babas*-.
Un enorme abrazo,
HoeLittleDuck
