Adultez
¡Muy buen recuerdo!, nunca podré olvidar esa charla sostenida con Albert, era muy alentador saber toda esa información que él me decía… Candy simplemente no me olvidaba.
Terminé de comer, bebí un vaso con jugo y luego pagué a la mesera el servicio prestado, me dirigí hacia el tren que ya estaba a punto de salir, solo restaban 5 minutos y con ello, la alegría de saber que pronto estaría cercano a mi destino. Antes de subir pasé por una tienda y compré algunos chocolates y dulces, para pasar un rato en mi cabina y los otros para cuando esté en casa.
Al ingresar a mi compartimento lo primero que hice fue recostarme encima de la litera, realmente estaba agotado de estar sentado y si trataba de caminar en un tren en movimiento y con el estómago lleno la cosa no iba a resultar bien; me acomodé en ella, subí las piernas y las crucé, coloqué mi cabeza encima de mis brazos cruzados y cerré los ojos, no con el afán de dormir sino de seguir pensando en uno de los pasajes más conmovedores de mi vida.
Luego de la charla sostenida con Albert tomé la decisión de volver a independizarme, ya me encontraba en mejor estado anímico y como estaba a punto de cumplir la mayoría de edad y siempre tuve la costumbre de vivir solo, le comuniqué a mi madre que era tiempo de regresar a mi antiguo apartamento; claro que al principio ella trató de convencerme en quedarme, para lo que yo fui franco y directo, le dije que no podía vivir toda mi vida bajo la sombra de ella como si fuera un niño, al final lo comprendió pero logró en el ínterin que compre un departamento a menos de 5 minutos de su casa… así fue la única manera de convencerla. Así que a partir de mi mudanza a mi nuevo departamento de soltero, me levantaba a asearme, luego a preparar el desayuno, partía al teatro, peleaba con Karen o algunas veces solo conversábamos, almorzaba con mi madre, visitaba a Susana y regresaba a mi departamento a cenar solo y a dormir, la rutina de casi todos los días de mi vida en New York.
Un día de ellos amaneció con un tono diferente, en realidad para mí era un día como cualquier otro, nunca me ha interesado la fecha de mi onomástico, es más, prefería evitarlo porque de algún modo siempre pensé que solo nací para sufrir… así que más me daba celebrarlo o no… claro que cuando estaba con mi madre tenía que disimular alegría y jolgorio, no podía decepcionarla a ella… pero ese día era crucial, era el día que se me declaraba la mayoría de edad y con ello la libertad de hacer lo que siempre quise hacer… cambiar mi nombre, ya no sería Terrence Grantchester, sería simplemente Terrence Graham.
Recuerdo como si fuera ayer lo vivido a mis 21 años recién estrenados, me levanté temprano, directamente a la ducha con agua bien caliente por el intenso frio que hacía en New York ese día… pensaba… si Candy recordaba esa fecha, me miré en el espejo y realmente vi a un hombre joven, ya no un chiquillo que estaba en el colegio, la expresión de mi rostro era más dura (producto del sufrimiento), una incipiente barba que estaba presentándose… por no haberme afeitado en dos días y el cabello corto (como siempre)…¿dónde se habría ido el Terry de Londres?...apenas recordé esa ciudad, se me vino a la mente una cosa que desde hace mucho quería hacer pero no me atrevía a hacerlo antes y sí, en ese momento justo había llegado la oportunidad y, esa oportunidad no era ni nada más ni nada menos que comunicarle al duque mi decisión de renunciar oficialmente a mi apellido y a la realeza inglesa.
Busqué encima del escritorio una hoja en blanco, pluma y tinta del cajón y me senté en la mesa buscando la forma más práctica de comunicarle mi decisión a ese señor que era mi padre… apenas recordé eso, mi pensamiento flaqueó, me di cuenta que mi padre obró mal al alejarme de mi madre y evitar demostrarme afecto durante toda mi niñez y adolescencia, pero de algún modo me dejó el camino libre para seguir con mi sueño y poder alcanzarlo… ¿qué motivaría al duque de Grantchester olvidar por un momento su orgullo y prepotencia y dejarme a mi libre albedrío?¿sería que quizás yo ya no le era importante?, o ¿quizás quiso dejarme para que yo sea feliz? No lo sabía, pero se me despertó la inquietud de querer saberlo, en eso comencé a escribir.
Estimado Duque de Grantchester:
Cómo usted se habrá dado cuenta, le estoy escribiendo en una fecha en particular que quizá para usted sea un día más en su atiborrado calendario de obligaciones protocolares. Sin embargo, déjeme refrescarle un poco la memoria que al parecer a usted le ha empezado a fallar desde hace un poco más de cuatro años para que durante todo ese tiempo no se haya manifestado en lo absoluto hacia mi persona. El día de hoy es mi onomástico número 21 y con ello proclamo mi mayoría de edad e independencia absoluta de su persona… ¡No!, no crea que estoy esperando que me felicite o me envíe un cálido abrazo, una carta o algún obsequio por ello, sino que le quisiera comunicar en esta breve misiva que he decido llamarme a partir de hoy "Terrence Graham" y ya no pertenecer a la familia Grantchester, a la que renuncié un día que acudí a su presencia para solicitarle por primera vez en mi vida ayuda para otra persona, no por mí, dejando mi orgullo de lado y usted tajantemente me rechazó… sí, ese día dejé de ser por voluntad propia su hijo.
Le agradezco el haberme criado durante todo ese tiempo, no crea que soy un ingrato y sepa que si pudiera se lo retribuiría económicamente, no podría decirle que con afecto puesto que eso de usted muy poco o casi nada he recibido. Créame que no lo juzgo por lo que pasó entre mi madre y usted porque a golpes de la experiencia en mi propio ser, sé lo que es renunciar al amor y por ello lo compadezco.
En cuanto a la sucesión en la línea jerárquica para heredar el título nobiliario, no creo que a su familia le agrade tener un bastardo como representante de los Grantchester, puesto que mi madre me ha reconocido públicamente en Américo y no creo que el escándalo sea bien visto en su círculo aristocrático.
Antes de despedirme, sólo quisiera realizarse una pequeña pregunta y no es porque realmente me interese saberlo, sino por mera curiosidad… ¿por qué no vino a obligarme a regresar con usted a Inglaterra, sabiendo que pude hacer y deshacer en cuanta empresa usted se empeñe en realizar?
Esperando el dar a bien responder mi inquietud, me despido.
Atentamente,
Terrence Graham
Terminé de escribir una carta que según yo, estaba perfecta, no había que borrar ni agregar palabras, prácticamente todo lo había dicho o al menos eso creía. Me alisté presuroso y salí a la oficina de correos para enviar la carta que había preparado con tanto arte, lamentablemente al llegar la oficina estaba cerrada debido a que la encargada se enfermó (y con ese frio quien no) y no abrirían hasta dentro de dos días, así que me dije… un par de días más que diferencia hace.
Luego de ello, me enrumbé a desayunar con mi madre la misma que me esperaba con una sonrisa y los brazos abiertos, deseándome un feliz cumpleaños y para empezar a celebrarlo había ordenado hacer un desayuno que parecía un banquete, los obsequios a un lado del cuarto comedor y como invitados de honor Robert, Karen, Susana y su madre… solo faltaba quien realmente me importaba… mi Candy.
-Hijo, que bueno que hayas llegado, realmente has demorado y ya teníamos mucho apetito – dijo mi madre acercándose a mi oído para evitar que los demás escuchen.
-Lo lamento madre, lo que sucede es que tuve que hacer algo en la mañana y de camino hice una pequeña escala – traté de excusarme, mi madre me miró con curiosidad pero no hizo ninguna pregunta adicional, prefirió seguir festejando.
-¡Terry!, ¡qué tengas un feliz cumpleaños! – me dijo Susana abriendo sus brazos mientras su silla era empujada por su enfermera hacia mí con la finalidad que me abrace.
-Gracias Susy, me alegra que hayas podido venir a saludarme a pesar del frio – en verdad me preocupaba que se exponga al frio, estaba cada día más delicada y ojerosa, su delgadez y transparencia de su piel develaba que su salud era endeble – Por favor, me agradaría mucho que te sientas como en casa.
-Para nada Terry, me alegra compartir contigo esta fecha, ya que las anteriores has evitado celebrarlas, al menos esta debe ser especial ya que cumples tu mayoría de edad – dijo eso con los ojos iluminados y llenos de emoción.
-Gracias Susy – en eso volteé la mirada hacia su madre, la misma que me miró con una sonrisa fingida porque sabíamos muy bien ambos, que solo nos tolerábamos por Susana – Sra. Marlow, es usted bienvenida en esta casa, por favor siéntase cómoda y disfrute con nosotros un agradable momento – le dije de la forma más galante posible, no podía incomodar a mi madre ni a mis invitados con actitudes inmaduras y groseras, a pesar de todo ya era un hombre y más aún, un caballero inglés.
-Muy amable Terrence – me respondió y se sentó en una silla, no volvió a dirigirme la palabra en esa velada.
-Grantchester, por favor aquí también hay otros invitados – me dijo Karen con tono de sarcasmo y mirando de reojo a Susana (ellas nunca se llevaban bien), a lo cual Robert se incomodó un poco y respondió – Favor Karen, compórtate, no estamos en el teatro…
-Favor Robert, estemos donde estemos, estamos rodeados por nuestros amigos y creo que Grantchester y su madre nos conoce demasiado para empezar con clases de etiqueta que tan mal me sientan – dijo esto con un puchero y un poco sonrosada – Que pases un feliz día Terry.
-Gracias Karen y en verdad tienes razón, estemos donde estemos siempre seremos amigos y que mejor aquí en mi casa (enfaticé "mi casa"), podamos sentirnos en más confianza, ustedes saben que a mí siempre me ha incomodado todo lo referente a la etiqueta social a pesar que he tenido que llevarla desde muy pequeño.
-Bueno, digamos que ese es el karma de ser un noble… - agregó Robert en tono de broma con un dejo de reprobación, él siempre era partidario de las buenas costumbres debido a que era de la guardia vieja.
-Por favor Robert… queremos tener una velada tranquila, no recordar ciertas etapas de mi vida que no caben en estos momentos – le dije sonriendo, pero quería dejar en claro que no quería tocar el tema de mi vínculo con la nobleza inglesa que tanto me había esmerado en ocultar y especialmente cuando noté las miradas de consternación de Karen, Susana y la Sra. Marlow.
-Lo siento Terrence, si dije algo inapropiado – lo dijo incómodo Robert.
-Para nada Robert, tú eres mi amigo y no me molesta tu comentario, lo que sucede es que no quisiera tener indigestión desde tan temprano – reí de buena gana, no quería que mi amigo se sintiera mal por mi respuesta… felizmente lo logré, Robert cambió de expresión y empezó a seguirme con la risa.
-Siéntense por favor a la mesa – sugirió mi madre y empezamos a degustar los exquisitos manjares que estaban servidos.
Una vez terminado el desayuno, mi madre sugirió abrir los obsequios, Karen me regaló una navaja de afeitar con mis iniciales, Susana me regaló un maletín de cuero negro en donde podría llevar mis apuntes, su madre una pluma, Robert un monóculo diciendo que de tanto leer sería bueno algo que me ayude a ver mejor y mi madre un suéter, una gorra y un par de guantes que hacían juego y que ella misma había confeccionado. Terminada la celebración se retiraron de la mansión y Robert me dijo que me tomase el día libre.
Cuando mi madre y yo estuvimos a solas ella me alcanzó temerosa un par de cartas, no entendí su actitud, pero al recibirlas pude saber el porqué de su estado y era que una de las cartas era dirigida por mi padre y la otra era de Albert desde el Brasil.
Abrí presurosa la de mi amigo Albert, en verdad no tenía ánimos o mejor dicho el valor para abrir la carta que después de mucho tiempo me daba noticias del gran duque.
Querido amigo:
Primero y ante todo… ¡Feliz mayoría de edad!, espero en realidad que esta carta te sea entregada en la fecha de tu onomástico, pero si no es así… lo importante es que la hayas recibido.
No sabes las maravillosas cosas que hay por aquí en el Brasil, en verdad todo Sudamérica es preciosa, tiene zonas de bosque, de desierto, de montaña, los paisajes van cambiando de lugar en lugar, las personas son muy amigables y he aprendido a hablar algo de español y portugués. Aquí en el Brasil hay unas playas exquisitas, una variedad de aves y animales en general que no te imaginas y lo mejor de todo… ¡unas bellísimas mujeres!, sabes que ya pronto se celebrará el Carnaval de Río en donde sale una multitud de personas a desfilar en las calles, me han dicho que es espectacular y por las fotografías que he visto de años anteriore me hace recordar a la popular Fiesta de Mayo que se celebraba en el Real Colegio San Pablo, ¿recordarás algo de tu vida de estudiante no es cierto?, y no me preguntes como sé lo del Carnaval, que ya es demasiado obvio que yo también estudié en ese colegio.
En verdad no me comunico con mi familia en América, solo sé que todos están bien y siguen con su rutina de siempre, al parecer mi sobrino Archivald le ha propuesto matrimonio a Annie y piensan casarse dentro de un año aproximadamente, esperando mi retorno. Candy ha intercedido ante la tía Elroy para que les otorgue su aprobación al compromiso y al parecer lo ha logrado.
Espero que la pases muy bien y ya sabes, no dejes pasar mucho el tiempo que las cosas se enfrían (si me logras entender). Cuídate y abraza a tu madre de mi parte.
Saludos,
W.A.A.
Luego de terminar de leer la carta de Albert, me sentí un momento trasladado hacia el pasado, que él haya mencionado la Fiesta de Mayo, hizo que un recuerdo muy grato regresara a mi memoria y porque no, también a mis labios… sí a ese beso robado que le di a mi pecosa. Tan embelesado estaba que empecé a sonreír con los ojos cerrados hasta que mi madre me sacó de la ensoñación cuando me preguntó tímidamente si iba a abrir la otra carta, en sus ojos pude ver un atisbo de curiosidad, de anhelo, de amor… si amor, ella aún amaba a mi padre, a pesar de todo… en eso yo era muy parecido a ella; a su solicitud abrí la carta dirigida por mi padre, la misma que había sido remitida con un poco más de dos semanas de antelación.
Querido hijo:
Te preguntarás cuál será el motivo por el que te estaré escribiendo y más aún porqué a estas alturas luego de tantos años de incomunicación entre nosotros.
Primeramente, déjame felicitarte por tu mayoría de edad, ya eres un hombre y lo he visto en los recortes de periódicos que llegan hasta aquí, créeme que tienes un séquito de seguidoras en Londres. Me alegro que hayas realizado tus sueños hijo, tal y cual yo lo hubiese deseado algún día cuando gozaba de tu juventud y aplomo, ahora el que te escribe es un hombre envejecido por las circunstancias de la vida y las decisiones equivocadas que en algún momento tuvo que tomar dejando de lado sus aspiraciones, sus sueños y su amor.
Sé que estarás pensando para que decir esto y porqué después de todo este tiempo de silencio de mi parte, lo único que puedo decirte es que te he ido siguiendo como una sombra, tratando de saber por dónde ibas y que es lo que hacías aunque fuese de lejos. No me perdono el no haberte apoyado cuando más lo necesitabas, no tengo justificación, en especial aquel día que viniste a suplicar por esa niña de cabellos rubios y ojos verdes, ¿cómo la conozco?, simplemente la conocí un día que fui a conversar al colegio para poder ubicarte y regresarte conmigo, pero ella logró convencerme de no hacerlo y te dejé la vía libre para que puedas lograr tus más grandes aspiraciones.
Me dolió mucho enterarme la decisión de comprometerte con una señorita que no era la misma que conocí aquí en Inglaterra, al parecer la olvidaste muy pronto, y no quisiera que esta apreciación de mi parte te haga sentir rencor hacia mí, sino que no comprendo cómo puedes caer en los mismos errores que yo he cometido de renunciar a lo más quieres por cuestiones de honor y obligación. Créeme hijo, que lamento en mi alma y corazón todo el daño que te causé por mi indiferencia, pero esa indiferencia fue alimentada por la soledad de no contar con tu madre a mi lado y saberla lejos, siendo tú su vivo retrato trataba de no lastimarme más con su recuerdo. Terry, no cometas los errores que yo cometí, sé que eres mucho más fuerte que yo, lo has demostrado, pero sé que esa niña que ahora ha de ser toda una mujer es para ti como Eleanor es para mí… mi luz, mi alegría, mi vida. Esto te lo tenía que decir, puesto que ya eres todo un hombre.
También me he enterado que piensas renegar de nuestro apellido, déjame decirte que eres libre de hacerlo, pero por favor recapacítalo, es lo que este pobre y miserable hombre te ha podido ofrecer durante estos años… su apellido. Hijo, sólo si tu quisieras y no es ponerte en compromiso, dame la oportunidad de reivindicarme, de demostrarte cuánto de amo, hijo quizá algún día cuando seas padre me comprendas… desde el día que te vi nacer, es más, desde antes de que nazcas ya te amaba por ser el fruto de lo más grande que he sentido por una mujer que me dio la dicha de ser padre, no sabes hijo lo que sentí al cargarte por primera vez a pesar del miedo que tenía de lastimarte, la primera vez que me cogiste el dedo con toda tu mano, cuando abriste tus ojos y los pude ver tan azules como los de tu madre y tu primera sonrisa sin ningún diente, simplemente te convertiste en la segunda razón para seguir viviendo, porque la primera era Eleanor.
Disculpa si te incomoda lo que te escribo pero es lo que siento, no debí haberte prohibido ver a tu madre pero tuve el inmenso temor que te fueras con ella dejándome completamente vacío, logrando con mi actitud que simplemente me dejaras.
Espero puedas darme tan sólo una oportunidad para mirarte antes de que la vida nos arrebate el tiempo perdido, me despido.
Tu padre que te ama,
Richard Grantchester
Luego de leer la carta de mi padre, simplemente el corazón se me paró, no sabía que pensar, que sentir, que decir, me quedé completamente anonadado… no me esperaba eso, ni en mis más remotos sueños, mi padre pidiéndome disculpas y diciéndome que me amaba y que Candy de algún modo había intercedido ante él para que yo pudiera lograr mis sueños… ¡y lo había logrado!
Por primera vez me sentí aliviado porque la oficina de correos no haya abierto ese día y no pudiera haber enviado la carta que iba dirigida al Duque; él tenía razón, no podía seguir viviendo con rencor en mi corazón.
…..
GemaGrandchester: Gracias por tus comentarios, Albert está siendo un cupido muy entrometido jejeje.
Lizzig: Si amiga, claro, desde mi óptica cuando uno es adolescente se deja llevar más por las emociones que por la cabeza, conforme uno va creciendo las cosas se revierten y llega a un equilibrio, a mi parecer creo que si se les presentaba fácil quizá su romance no durara y más aún no nos haría suspirar hasta ahora (ya sabes lo del dicho "lo que fácil se tiene, fácil se va". Terry irá madurando poco a poco, recién acaba de cumplir sus 21 años y con eso ya ha pasado la adolescencia teniendo una mayor capacidad de comprensión y tolerancia con la vida…. Espero poder lograrlo jajaja
Klaudya: Claro, Terry tenía que enterarse de algún modo y de forma indirecta cómo era que Candy también sufría para que él no se sintiera tan desolado… porque morir de amor es peor cuando no es correspondido como la pobre Gusana… en eso si me hace sentir pena por ella porque nunca pudo ser correspondida.
Mayosiete: Gracias por tu comentario, la idea se me presentó porque como dije anteriormente, Terry es tan enigmático y poco se habla de él luego de la separación por parte de las autoras, que quise darle un toquecito personal a mi personaje favorito.
Muchas gracias a todas por su apoyo y comentarios. Pronto actualizaré como lo he estado haciendo pero necesito algo más de inspiración… se vienen tiempos duros y una prueba muy penosa para Terry que cambiará su estilo de vida.
