Ya había entrado la noche y Arya estaba en su habitación desvistiéndose para entrar en la cama cuando la puerta se abrió de golpe.
Lo único que Arya pudo hacer fue cubrirse con la ropa que acababa de quitarse lo más rápido que pudo.
-Lo siento- dijo Gendry mirando hacia otro lado cuando logró salir del estado de shock. Definitivamente había crecido.
-¿Nadie te enseñó a llamar a la puerta?- le preguntó ella dándole la espalda para ponerse esa camisola extremadamente grande que usaba para dormir. Mejor cómoda que guapa.
-Lo siento- repitió él ahora mirándola a los ojos.
-¿Qué quieres?
-No debí hacerlo, no debí dejarte. Perdóname.
Arya le miró a los ojos, sin ningún rastro de enfado en ellos, y respiró hondo sentándose al borde de la cama.
-¿Por qué lo hiciste? Y no me vengas con lo de la servidumbre. Esta vez se sinceró o no vuelvas a hablarme.
Le estaba dando un ultimátum, aunque ni ella misma se lo creyera, y eso provocó que a Gendry se le pusiera un nudo en la garganta. Cogió la silla, la separó de la mesa y se sentó cara al respaldo, mirándola.
-Quería decidir.
-¿Decidir? ¿Decidir el qué?- preguntó ella confundida.
-Cuando llegásemos donde estaba tu hermano, yo sabía que volvería a ser herrero y tu volverías a ser Arya Stark de Invernalia. Creí que la amistad que habíamos forjado simplemente desaparecería, como si nunca hubiera pasado. Jamás dejarían a una dama andar hablando con gente como yo. Así que quise ser yo quien decidiera que se había acabado, así no dolería tanto.
-¿De verdad creías eso de mí?- le preguntó Arya aguantando las lágrimas. Ella no lloraba, y menos por un hombre.
-De ti no, de los que estuviesen a tu alrededor.
-¿De verdad creías que yo lo hubiese permitido de ser así?
-Eras una niña, poco podrías haber hecho.
Arya se levantó de la cama y antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo ya tenía la cara de él entre sus manos.
Pasó los pulgares por las marcadas ojeras de él, debido al insomnio que sus palabras le habían provocado la noche anterior.
-Yo no te hubiera abandonado- le dijo ella con la voz tan rota como aquel día en el que él rechazó ser su familia.
Gendry cerró los ojos, no era capaz de mirarla por más tiempo, se sentía demasiado culpable.
-Lo sé, y lo siento.
Arya observó el rostro de Gendry, con el cuello hacia atrás (para poder mirarla a la cara), los ojos cerrados y el ceño fruncido.
Arya acarició su frente con la yema de los dedos para intentar relajar su expresión y volvió a respirar hondo.
-Te he echado de menos- le susurró ella.
-Y yo a ti, cada día. Mi lady.
-No me llames así- le dijo ella acercando su cara a la de él. Se quedó a centímetros de sus labios y él abrió los ojos, los cuales se desviaron a los labios de ella.
Nunca antes la había visto de esta manera, como algo más que una amiga a la que podía confiarle cualquier cosa, no hasta que volvió a verla a las puertas de Invernalia. Ella era demasiado joven cuando se separaron como para verla como a una mujer.
Pero ahora sí que lo era, y era una mujer que iba a besarlo.
Gendry intentó acortar la distancia entre los dos, pero ella separó al cabeza, no dejándole alcanzar sus labios.
-Esto está mal- susurró él.
-Puede, pero me da igual- dijo Arya antes de juntar sus labios con los de él. Nunca antes había besado a nadie, nunca antes había querido hacerlo.
Ella sí que había tenido cierto enamoramiento hacia él cuando viajaban juntos, algo leve y típico de una niña, y tampoco era como si ella se hubiera dado cuenta de esto hasta tiempo después de separarse.
Pero aquí estaban.
Cuando sus labios se separaron sus frentes quedaron unidas y sus ojos permanecieron cerrados.
-No vuelvas a dejarme- le dijo ella-, no volveré a perdonarte.
-No tendrás que hacerlo- le contestó Gendry con un suspiro.
Arya acarició las mejillas de él con los pulgares y separó su frente de la de él.
-Más te vale- le dijo mirándole a los ojos-, no tendrías donde esconderte.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Astrid miraba el horizonte desde lo alto de la muralla de Invernalia, con los ojos fijos en el punto en el que Eros había desaparecido de camino al muro. Hacía dos meses que había dictado esa sentencia y solo ahora había podido sacar a Eros de su celda y mandarlo al norte.
"Adiós amigo" pensó apoyando sus manos en la muralla. "No me odies demasiado".
En el cielo pudo ver a Rhaegal, volando sobre ella, ya con su ala curada.
Miro por el otro lado de la muralla.
Más lejos podía ver la silueta de Drogon, sobrevolando el campamento de los inmaculados, seguramente con su madre sobre su lomo.
Respiró hondo y bajó a la forja.
-¿Cómo va tu misión?- le preguntó Astrid a Gendry.
-Buscando, creo tener al herrero, pero paso poco tiempo con los carpinteros.
Astrid asintió con la cabeza y vio a Arya a lo lejos, acercándose.
-Te dejo, entonces. Se acerca una compañía que seguro te resulta más grata que la mía.
Gendry le dedicó una sonrisa y volvió a su trabajo.
Los ojos de Astrid se posaron en su cuñado, sentado en su silla en una esquina del patio. Se acercó a él y se sentó sobre un bidón vacío que tenía a su lado.
-¿habéis visto que pasará cuando el Rey de la Noche llegue hasta aquí?- le preguntó y Bran asintió- ¿Podéis contármelo?
-Solo he visto destellos, el destino no está escrito… no el de esta batalla.
-De la gente a la que quiero… ¿Alguien morirá?- le preguntó y Bran volvió a asentir- ¿Sabéis quién?
-No. Solo os he visto a vos, llorando, hablando sobre la muerte con Tyrion- dijo él con rostro neutro.
-¿Falta mucho para que llegue?
-Unos tres meses, los muertos no tienen prisa.
-¿Lucharé?
-No.
-¿Jon lo hará?
-Sí.
-¿Por qué no lucharé?
-No podréis.
Astrid no logró sacarle ni una palabra más.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
-¿Qué os preocupa?- le preguntó Jon a Astrid abrazándola por la espalda, pillándola por sorpresa mientras veía la nieve caer sobre la zona en la que su hermano jugaba corriendo de un lado a otro.
-La guerra- le contestó ella apoyándose sobre su pecho y cogiendo sus manos sobre su estómago-. Solo llevamos un par de meses casados y… He estado hablando con vuestro hermano.
-¿Qué os ha dicho?
-El Rey de la Noche llegará en unos tres meses… Me ha confirmado que alguien a quien quiero va a morir y me ha dicho que yo no podré luchar… No logro entenderlo. Vos si lucharéis, lo he preguntado, y eso me aterra.
Jon la apretó un poco más contra su pecho.
-Todo saldrá bien.
Astrid cogió la mano de su esposo y tiró de él hacia la habitación que compartían, este se dejó llevar sin poner ningún impedimento.
Astrid cerró la puerta cuando los dos estuvieron dentro de la habitación y se lanzó a sus labios deshaciéndose de la capa y la armadura de Jon con movimientos ágiles… había ganado práctica.
Le empujó hasta la cama y le tiró sobre ella, sentándose a horcajadas sobre él sin perder un segundo.
Astrid tiró de su vestido hacia arriba y pronto estuvo desnuda sobre su marido (se alegró profundamente de haber escogido un vestido y no uno de sus trajes pantalón aquella mañana).
Le hizo el amor rápida y desesperadamente, le necesitaba de verdad. El miedo a perderle le había hecho desear estar lo más cerca posible de él.
Una vez acabaron ella se dejó caer sobre el pecho de su esposo y sin poder evitarlo se puso a llorar.
Jon comenzó a acariciar su espalda y besó su pelo.
-Todo saldrá bien- últimamente no le decía otra cosa a su esposa, era plenamente consciente del miedo que la invadía.
Por las noches, a pesar del cansancio, ella tenía terroríficas pesadillas de muertos acabando con todos a los que ella quería… Jon, su hermano, su reina, Tyrion, Eros, e incluso su madre, la cual ni se encontraba allí.
-No me dejes- le pidió besando su pecho.
-No lo haré.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Arya se sentó en unas cajas cerca de donde Gendry trabajaba y abrió el pergamino que tenía que leer y firmar.
No había sido buena idea.
A pesar de que el invierno había llegado, un trabajo tan físico como aquel y cerca de un horno de fundición hacía que los herreros pasasen cualquier cosa menos frío así que Gendry siempre andaba medio desnudo por la forja.
Y hoy no era diferente.
Pam. Pam. Pam.
Con cada golpe de martillo todos y cada uno de los músculos de su cuerpo se tensaban y relajaban dando un espectáculo que a muchas no les había pasado desapercibido… y a Arya tampoco.
Sus ojos eran capaces de leer poco más de tres palabras antes de volverse a posar sobre el herrero.
Cuando el pergamino estuvo a punto de resbalarse de sus dedos hasta el suelo sacudió su cabeza y miró a su alrededor.
La sangre le hirvió en las venas al ver a tres chicas, de más o menos su edad, mirando a Gendry. Una de ellas se mordía el labio y las otras dos soltaban risitas histéricas como si fuesen niñas.
Las fulminó con la mirada y le entraron ganas de golpearse, se estaba comportando como su hermana antes de salir a Desembarco del Rey, pendiente de quien miraba o dejaba de mirar a quien.
-¿Qué dice?- le preguntó Gendry curioso dejando el martillo a un lado y limpiándose las manos con un trapo.
-Pues aún no lo sé.
-Llevas leyendo más de veinte minutos, hasta yo lo hubiera acabado ya.
"Es tu culpa y la de tu cuerpo perfecto, toro idiota" le entraron ganas de decir a Arya.
-Las cuatro primeras palabras dicen "Al señor del Valle"- dijo en su lugar-. No he pasado de ahí.
-Pues deberías.
"Pues ponte la maldita camisa".
-Lo haría si no fueses tan entretenidos- no pudo evitar decir y él la miró con una ceja alzada, sin entender nada.
-No logro entender cómo puedo entretenerte mientras trabajo.
-Pues lo haces, a mí y a las tres hijas de la lechera. Una de las vacas lleva sin ser ordeñada tres semanas.
Él la siguió mirando sin entender nada.
-Sigo sin entender que culpa tengo yo de que no sepáis concentraros en vuestros trabajos.
-Olvídalo- le dijo ella negando con la cabeza y levantándose. No podía creerse que no se diera cuenta-. Me voy dentro, a ver si consigo acabar esto- le dijo alzando el pergamino mientras emprendía su camino hacia el castillo.
En el próximo capitulo: Arya y Gendry tomarán una decisión sobre su futuro.
