CAP 10
El polo sur se encontraba en su máximo momento de silencio; los cuerpos blancos y negros aquí y allá seguían firmes y sin moverse, mientras los gemidos ahogados de un par de hembras y algunos otros cerca de ellas eran lo único que rompía con aquel momento; todos los pingüinos según rangos se encontraban formados creando un camino y una barrera entre por donde pasarían algunos elegidos y la multitud que se había presentado para brindar sus respetos a los caídos.
Aquella procesión de aves llegaba hasta el borde de la plataforma, donde el mar negro se extendía hasta donde la vista llegaba, cual preludio de lo que estaba sucediendo ante él; solo había que ser paciente para que los pingüinos entregasen algunos tesoros preciados a él. Los pingüinos tenían la firme creencia de que habían nacido del mar y algún día, regresarían a este, que reflejaba en su superficie los ojos de los grandes espitirus sobre ellos; también, algunas ofrendas serían entregadas como deseo de un buen ultimo viaje.
Haciendo frente entre el océano y la plataforma, parados en el borde se encontraban los cuatro generales del grupo, pingüinos ya bastante grandes que fungían como los sabios a quien todos acudían; los cuatro se encontraban con las aletas a la espalda pero uno de ellos, de mirada suave volteaba a ver de vez en cuando al mas grande de ellos, que mantenía una expresión ferrea a pesar de todo.
-Como puedes ser tan firme en momentos como este…- susurró el segundo general mientras el tercero le observaba con una sonrisa suave
-Anton…- murmuró- Mathew lo hace para darte fuerza a ti…
El segundo tragó y asintió mientras las lágrimas corrían por su rostro; muy despacio, el primero extendió una aleta y apretó la de su compañero, para darle fuerza; este comenzó a temblar pero aún asi, no hizo ningún otro movimiento aparte del de cerrar los ojos.
Delante de los mas grandes, otro grupo de 10 pinguinos saludaba hacia la lejanía; Manfredi se encontraba entre ellos, sin expresión alguna sin demostrar que su cabeza estaba vuelta un enorme lio. Porqué Skipper no despertaba aún? Que demonios había ocurrido en Dinamarca que los hacia actuar como asesinos sin motivo?
En pocas horas se habían enterado de la perdida de mas soldados que desgraciadamente sus restos no llegarían nunca a su hogar; habían mandado la orden de pronta retirada pero no sabían cuantas ordenes habrían sido interceptadas y usadas para capturar al resto de los hombres en aquel país. Una y otra vez su pulso se sentía detener al imaginar lo que hubiera sido de su pequeño si no hubiese logrado escapar. O peor aún si algún depredador lo hubiese matado de camino a casa…
La culpa lo carcomía pero aún así, mostraba al mundo su mirada de hierro y su pose de soldado, logrando algunos muy imperceptibles murmullos de admiración en otros soldados.
Un poco mas allá, Johnson continuaba firme con la mirada al frente, acompañado de todos sus tenientes a cargo, siendo Kowalski el único ausente en aquella ocasión, ocupando su turno como cuidador del pingüino aún inconsciente; el hermano menor de Manfredi se permitió un segundo de verle al rostro antes de negar con suavidad. Su hermano se sentía responsable por cada una de las vidas perdidas en aquel lejano país, siempre discutían porque le decía que todos estaban bien entrenados y la muerte era consecuencia de lo que sabían hacer pero Manfredi se negaba a escuchar.
Un poco mas allá, Deb también se encontraba de pie con su propio líder y grupo, los ojos azules ahora algo rojizos por el dolor que guardaba por dentro; de pronto, una voz lastimera comenzó a dejarse oir y uno de los almirantes gritó algo a la lejanía; de inmediato todos los soldados del grupo saludaron mientras las voces de fondo comenzaban a hacerse mas claras.
Un grupo de cinco hembras iba avanzando en el camino creado, cantando lastimeramente a los espiritus por llevarse a sus hermanos en servicio mientras por detrás, cuatro jóvenes machos cargaban una cama de ramas secas, sacada de los campamentos humanos abandonados y sobre esta, una suave cobertura de piedras pulidas en la que descansaba una pequeña cajita.
La procesión continuo su rumbo hasta llegar enfrente de los lideres; los almirantes se apartaron y entonces ocurrió lo impensable; el segundo corrió hacia la cama de rocas y maderos y la abrazo llorando con fuerza. Todos estaban impactados ya que esto nunca había ocurrido; observaron al resto de generales preguntándose que pasaría a continuación pero el primero fue el que se acercó al otro y tomandole de los hombros, le apartó con suavidad.
-Se ha ido para siempre Mathew…- gimió el segundo aferrándose con fuerza al pecho del otro pingüino que comenzó a acariciar su cabeza sin decir nada
Al fin el resto de pingüinos pudo pasar y colocó con suavidad aquella cama en el borde de la plataforma de hielo, muy despacio, la empujaron hasta que esta terminó en el agua y gracias al peso de las piedras, comenzó a hundirse con lentitud
Los cuatro pingüinos mas grandes se colocaron en su lugar, el segundo con los ojos húmedos todavía y el primero habló.
-Ahora… despidamos a nuestros hermanos que no pudieron volver a casa… que los grandes espiritus del cielo les muestren el camino para llegar hasta donde nuestros ancestros nos observan en las alturas… que Takanakapsaluka y Tarqueq los protejan
El grupo de hembras que cantaban, se acercaron con varias conchas de mar con una pequeña perla al centro y las depositaron con suavidad en las negras aguas heladas, dejando que aquellas diminutas barcas fuesen llevadas por la marea hacia lo desconocido.
Horas mas tarde, todos se retiraban a sus hogares pero Deb se quedó en su lugar hasta que la sombra de otro pingüino pasó a su lado; entonces, esta comenzó a avanzar a la par sin decir una sola palabra; cuando ya las luces de las lámparas de aceite les iluminaban indicando la cercanía de las viviendas, entonces entrecerró los ojos y sonrió con languidez.
-A Skipper no le hubiera gustado estar aquí y ver llorar a todos- dijo- siempre decía que un soldado no debía de llorar a pesar de lo mucho que doliese… y lo gracioso es que él era el primero en soltar las lágrimas- rió un poco antes de callarse y dejar que el silencio les cubriese a ambos nuevamente
Suspiró y observó el cielo sobre sus cabezas
-Es bueno que Skipper no sea quien nos esté observando desde alla arriba- comentó antes de por fin, ver a su compañero- no te desanimes, pronto va a regresar a nuestro lado…
Manfredi respiró profundo y asintió antes de detenerse; apretó las aletas en su espalda y vió los ojos enormes y azules del pingüino a su lado. Lo que Skipper y su hermano tenían de diferente en el físico, lo tenían de idéntico en el color de ojos: los de ambos eran de un azul intenso y profundo como el mar, el pinguino sentía que podía pasar horas prendado de ellos sin aburrirse nunca.
Deb sonrió un poco antes de darle un beso en la mejilla al otro con suavidad.
-Gracias por preocuparte por él Manfredi- dijo el pingüino sonriendo con tristeza- apenas Skipper despierte ten por seguro que te avisaré… te mantendré informado de todo- afirmó y el otro asintió suavemente
-Mandame a Kowalski cuando llegues a casa- pidió el mas grande a lo que el otro asintió, antes de darle la espalda y emprender camino a su propio hogar- ten cuidado en el regreso Deb…
Al fin el pingüino se quedó solo y se permitió contemplar el cielo sobre su cabeza. Tan azul y tan profundo como los ojos del pingüino que amaba, solo que los ojos de los ancestros sobre ellos no brillaban como los ojos de Skipper; no, en definitiva los de su pingüino brillaban mas. Las preguntas no dejaban de aquejarlo y no encontraba un solo momento de paz; gruñó y se dio un golpe en la cabeza, cerrando los ojos y con una aleta cerrada para servir de puño, porque demonios no encontraba respuestas?
No quería atosigar al muchacho apenas despertase pero sabía que si no encontraba información pronto, Skipper sería llamado a declarar apenas pudiese pronunciar palabra, no quería someterlo tan pronto a ese tipo de trato; comenzó a caminar aparentemente sin rumbo, con la mirada perdida en la distancia, hundido en todas las preguntas que se amontonaban.
La plataforma antartica era enorme y de noche era muy fácil perderse, pero todos los pingüinos entrenados ahí, habían sido educados en el sistema de localización por la forma del terreno y los ojos de sus ancestros sobre sus cabezas… aunque todos sabían que eran estrellas, continuaban llamándolas según sus tradiciones mas antiguas; era bonito pensar de vez en cuando que sus familiares podían verles y ayudarles cuando mas apurados se encontraban.
Después de un rato, varios ruidos comenzaron a hacerse presentes y las doradas luces indicaban un asentamiento de vida en esa zona; para el ojo inexperto de un animal perdido, aquello solo los haría alejarse, pensando que se trataba de una base humana pero todo lo contrario, se trataba de la principal base madre de todas las operaciones de pingüinos del polo sur en el mundo; cada expediente, cada informe, cada reporte llegaba y se mandaba de dicho lugar, por todos los trabajadores de la zona. No cualquiera podía entrar y aún mas difícil era, poder salir.
Cuando estaba mas cerca pudo ver la reja de entrada, muy diferente de como aparentaban, el centro principal de operaciones era lo mas cercano a la máxima tecnología y modernidad que podían costearse; a él no le gustaba, prefería la tranquilidad de la pinguinera en central Park o su oficina helada en las viviendas militares pero de vez en cuando, regresaba a la base madre. Una vez cerca pudo sentir varias luces sobre su cuerpo pero no se detuvo; cerca de la entrada un par de pingüinos hicieron un saludo militar mientras el almirante levantaba su aleta y la colocaba en el enrejado que no parecía tener entrada. Algunas hebras del metal brillaron verde al hacer el reconocimiento de esta y con un chirrido, la reja alambrada se hizo a un lado, permitiéndole el paso.
Adentro todo parecía caos pero no era verdad, los pingüinos iban de aquí a allá, casi sin saludar a nadie pero un camino invisible pintado en lo profundo de sus mentes; llevaban papeles aquí y allá, mapas o hablaban entre ellos en voz baja mientras se dirigían a otra ala del edificio. Aquella era una construcción hecha durante años de duro esfuerzo entre las aves, recolectando piezas de todo el mundo y de los cargueros y campamentos humanos que iban al sur. Cuando había un humano cerca tan solo cubrían la edificación con nieve haciéndole parecer un cúmulo enorme y en el peor de los casos, dejaban inconscientes a sus visitantes, dejándoles en algún otro campamento; al fondo del terreno se encontraba un edificio mas pequeño y semi derruido, con un letrero que indicaba que aquella base había sido la primera en ser construida por los pioneros en los servicios militares de pingüinos. Ahí era donde vivían los generales del grupo.
Pero no era ahí a donde se dirigía Manfredi. El entro a la edificación y no se detuvo, ni siquiera para saludar a los demás militares que trataban de hacerlo o ver a los otros que murmuraban a sus espaldas; no detuvo su velocidad sino hasta entrar en una habitación oscura; esta era bastante apretada, no por su tamaño sino porque aquí y allá las paredes estaban cubiertas de cables y computadoras y pantallas. Era bochornoso estar ahí, a diferencia del gélido exterior aquella habitación podría pasar por una playa a mitad del verano; y un poco mas allá, pudo ver a su objetivo: un pingüino sumamente delgado y de estatura mediana, conversando en tres idiomas distintos a través de tres micrófonos mientras colocaba cables aquí y allá en un enorme tablero enfrente; el pingüino mayor se paso una aleta por el rostro a la desesperada, aquel area de trabajo estaba sucia a mas no poder, digna personificación de la casa de un delincuente juvenil sin responsabilidades.
Aquí y allá podía ver vasos y tazas regados, platos de comida, envolturas de botanas humanas, algunos huesos de pescado, cajas de videojuegos, tres televisores en canales distintos de diferentes países…
Manfredi se armó de paciencia y se acercó, antes de inclinar el asiento del aludido hacia atrás, dejando a este con una papita a medio camino y los ojos muy abiertos.
-Oyasuminasai Tensai-"buenas noches Tensai" dijo Manfredi mirándole a los ojos mientras el aludido sonreir con una gota en la nuca
-Hola jefe, que gusto verlo- saludó entrecortadamente el aludido a lo que susurró moviendo el pico de lado- Ich nenne Sie später "te llamo luego"- dijo a través de uno de los micrófonos, antes de que el pingüino de ojos castaños le soltase y el otro se diese la vuelta- y… en que puedo servirte? Hay alguna manera en que pueda agradecerte el que me hayas metido en esta lujosa habitación, alejándome de mi amado laboratorio en Nueva York?
-Si hubieras trabajado como deberías en lugar de pasártela platicando a través del radio con la cuidadora Jennifer, no te hubiera regresado- regañó entrecerrando los ojos mientras el otro se rascaba la nuca
Y es que Tensai era el mejor de los mejores en cuanto a comunicaciones pero… era socialización suya lo metía en mas problemas de los que resolvía; aún asi era un miembro valioso por lo cual lo tenía cerca en la base madre.
-Escucha, necesito comunicarme a Dinamarca- dijo secamente a lo que el otro abrió enorme los ojos y se cayó al suelo, tirando varios cds apilados en una montaña cerca
-Jefe, ahora si te hicieron mucho daño tanto golpe en batalla- dijo incorporándose- a Dinamarca! Sabe la de palabrotas que me he aguantado de traducir de esos tarados de los frailecillos?
-Lo se, pero necesito saber que sucedió allá… y ya han muerto demasiados hombres, hay que averiguar que pasó- dijo secamente
-Si… de acuerdo, me contactaré con uno de mis oídos de por alla- dijo el pingüino regresando a su asiento; Manfredi se inclino, dejando que las pantallas iluminasen con su luz su rostro, que pasó al color rojo al escuchar lo que su subordinado decía- viejo, lo que llega a hacer por amor…
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
En el iglú, Kowalski leía un libro mientras tomaba la aleta del otro pingüino, haciéndole sentir que se encontraba a su lado; a pesar de que se esforzaba con fuerza, no lograba concentrarse en la lectura, preguntándose si en algún momento el otro pingüino despertaría. Realmente se encontraba muy angustiado por él y si estuviese en su poder, haría el camino a Dinamarca y llenaría de virus las computadoras de esos daneses o algo peor.
Skipper pareció tensarse un poco y el mas alto inmediatamente bajó su libro y aferró con mas fuerza la aleta del otro; se puso de pie y se sentó a su lado antes de acariciar suavemente su mejilla.
-Skipper… tranquilo, no estas solo…
Kowalski nunca le había hablado con tanta confianza o de un modo tan cercano, pero sintió que era el momento apropiado; sonrió un poco al ver como el otro parecía haberle escuchado y ladeaba un poco la cabeza.
Un crujido afuera lo alerto y levantó la cabeza, antes de ver al hermano mayor de Skipper entrar por la puerta baja el iglú y sacudirse la nieve del regazo; el mas alto fingió que observaba el estado de salud del pingüino mas joven y el ojiazul sonrió enternecido.
-Como se encuentra?- preguntó Deb agitando un poco las plumas de su cola y alisan do las del resto de su cuerpo, antes de dirigirse a la lámpara de aceite para calentarse un poco
-Un poco mejor, sus heridas van bien- respondió Kowalski observando al otro pingüino- como estuvo el memorial?
-Triste como podrás imaginar- respondió despacio mientras sus ojos se cerraban un poco- es horrible cuando hay perdidas, no crees Kowalski?
-Tu y yo sabemos que estando en la milicia, es lo normal- suspiró el otro antes de pasar la aleta por la cabeza del mas joven- heridas, perdidas… en nuestro medio natural, la muerte es nuestra compañera, nosotros hemos logrado extender un poco mas nuestras vidas, somos afortunados- respondió automáticamente
-SI… supongo que tienes razón
Se quedaron un momento en silencio, antes de que el de apariencia femina voltease hacia el otro
-Manfredi me pidió que…
-Lo se… me retiro- dijo Kowalski dirigiéndole una ultima mirada a Skipper y le sonrió suavemente, antes de ponerse de pie y girarse hacia Deb; ambos se dieron un saludo militar, antes de que el mas saliese deslizándose por la entrada. El hermano mayor suspiró pesadamente, antes de inclinarse para levantar el libro que el científico había dejado olvidado en el suelo y lo giró para leer la portada: "Como expresarse con elocuencia". Deb rió un poco negando con la cabeza. Pobre Kowalski.
Un gemido se dejó escuchar y el otro volteó en dirección de la cama donde su hermano se había quejado; suspiró con tristeza antes de dirigirse hacia una de las paredes para colocar el libro olvidado.
-Izbe…daiah?
La voz de su hermano lo dejó en shock y lo hizo dejar caer todos los libros de un golpe; se giró con los ojos muy abiertos y logró ver a su hermano que se enderezaba muy apenas y se frotaba la cabeza adolorido; sus ojos se veían confundidos, como si estuviese desorientado del lugar donde se encontraba.
-Skipper…- murmuró el pingüino y entonces, se lanzó deslizándose afuera del iglú y logró ver a lo lejos, la espalda del otro pingüino- KOWALSKI!
El otro parpadeó donde se encontraba y se giró para ver al otro agitando su aleta.
-KOWALSKI!... SKIPPER!
No necesito decir mas. En un segundo, se había deslizado para llegar a la vivienda del otro y sin esperar invitación se introdujo detrás del otro; en el interior, Skipper volteaba a todos lados, aparentemente tratando de entender que hacia en casa. Y de repente, alguien le había abrazado con fuerza; su hermano no le soltaba y lloraba sobre él, susurrándole cosas que no entendía, mientras Kowalski le colocaba una aleta en la cabeza, riendo descontroladamente sin saber que decir.
El joven pingüino estaba de regreso en casa.
