Demashitaa Powerpuff girls Z no me pertenece.
...
Disculpen si encuentran algún error ortográfico.
Miyako Gotokuji escondió una sonrisa.
"Siempre es lo mismo contigo" Pensó mientras veía de reojo a su amiga de cabellera azabache, que por su mirada de profunda concentración, se notaba que se debatía mentalmente en si servirse alitas de pollo, o un corte de carne.
Al final, escogió las dos cosas.
Ambas se encontraban paseándose dentro de un restaurante Buffet, y como era habitual, Kaoru tenía su plato atascado. La gente se impresionaba al verla pasar con la montaña de comida, pero para Momoko y Miyako, eso ya era normal.
Las dos amigas tomaron asiento en la mesa donde yacía la pelirroja intentando comer un pudín de manzana; el mismo de hace media hora. Miyako ya había notado un comportamiento extraño desde que llegaron al restaurante, pero lo dejó pasar creyendo que podría ser solo su imaginación. No obstante, ahora que se ha dado cuenta de que la pelirroja no ha devorado ya su postre después de tanto tiempo, le confirmó que algo no iba bien.
Dejó de lado los cubiertos y miró directamente a la poseedora de orbes rosas.
–Momo-chan ¿Pasa algo?
Pasaron cortos segundos en los que la pelinaranja no volteó a su llamado, logrando que la rubia frunciera los labios ligeramente, preocupada. Conocía muy bien a sus mejores amigas, y aunque estas le dijeran que es un poco exagerada al preocuparse tanto por pequeños detalles, sabía que aquellos "pequeños" podrían significar algo más grande.
Esta vez la rubia cubrió una de las manos de Akatsutsumi con la suya, captando por fin su atención. La mujer, que había estado mirando distraídamente por la ventana y jugueteaba con los cubiertos, volvió la mirada hacia la ojiazul.
–¿Eh? –Balbuceó– ¿Dijiste algo?
La mujer de caireles rubios entornó suavemente la mirada, como si estuviese estudiándola, lo cual colocó a la dueña del moño un poco nerviosa. Realmente no quería preocuparlas.
Antes de que Miyako pudiera preguntar otra vez, la morena se le adelantó.
–¿Qué efs lo que ocoure contfigo?
Las dos amigas inmediatamente se volvieron hacia la azabache, que ya llevaba su plato de comida a la mitad. Momoko no tardó en colocar su mirada desaprobatoria hacia su amiga de ojos jade que le sonrió desvergonzada.
–Agh... ¡Kaoru, no hables con la boca llena! –La morena solo rio más.
–Lo siento –Tragó– Sé que lo detestas. Fue lo único que se me ocurrió para llamar tu atención. Dilo ¿Qué ocurre?
La pelirroja meneó la cabeza en negación mientras melodiosas risitas escaparon de sus labios. Las otras dos mujeres solo compartieron miradas sospechosas.
–¿De qué hablan? ¡Estoy perfecta! –Continuó riendo, pero las miradas que le lanzaban sus dos amigas hizo que aquellas replicas se apagaran poco a poco, hasta ya no quedar nada más que un suspiro cansado. La rubia le dio una de sus miradas tranquilizadoras que solo ella podía, provocándole una sensación de confianza en su interior.
–Sabes que nos preocupamos por ti.
La mujer de mirada rosa sonrió ladina. Sus amigas la conocían muy bien, y no podría ocultarles nada.
–No quería tener que decírselos, chicas. –Se alzó ligeramente de hombros intentando que las mujeres le restaran importancia al asunto, pero ellas continuaron mirándola con atención. Prosiguió. – Solo… no lo sé. Me siento un poco inquieta.
–¿Inquieta? –Esta vez fue Kaoru– ¿Cómo inquieta? ¿Por la fiesta sorpresa? Oh, vamos. Sabes que le encantará.
–No, no es eso. –Explicó– Me refiero a que... me siento nerviosa, pero no entiendo muy bien por qué. No dejo de pensar… como si algo malo fuera a ocurrir.
Miyako y Kaoru una vez más volvieron a compartir miradas desconcertadas, aunque el semblante de la rubia era más preocupado.
–…Y lo único que me viene a la cabeza es Brick, y que algo no está bien... como un presentimiento–Las caras de sus amigas se volvieron mas confusas. Momoko meneó la cabeza– Creo que solo estoy siendo algo paranoica... ¿Verdad? Quiero creer que las cosas están bien.
Para su sorpresa Kaoru fue la que de inmediato sacó su teléfono y se lo entregó a la Akatsutsumi.
–Deberías llamarlo entonces, y comprobarlo.
Le habían dicho en algún momento que azotar las puertas era una acción incorrecta, pero en estos precisos momentos no tenía el tiempo para importarle, así que con mucha prisa se adentró a su habitación y sus ojos divagaron en cada rincón del cuarto en busca de una mochila con estampados de súper héroes. Una vez que llegó a capturarla, corrió hasta ella, vació todos sus útiles escolares en el suelo y comenzó a llenarla de ropa y cosas que podrían serle útiles para su escape improvisado.
Él teléfono había sonado, distrayendo a su padre y dándole a él el valioso tiempo de escapar. La adrenalina recorría cada parte de su pequeño cuerpo, que ya ni era coherente en la elección de los objetos que introducía en la mochila. Se dirigió a toda prisa de nuevo a la puerta de su recamara y paró abruptamente ante el terrible pensamiento que llegó a su mente… ¿Por dónde rayos saldría sin ser visto por su padre? No podía bajar y salir por la puerta de entrada, o la trasera que da al jardín. Por cualquiera de las dos podría ser detectado por el pelirrojo mayor.
Se mordió el labio para reprimir un gemido asustado, e inmediatamente miró la ventana… ¿Podría salir por allí? ¿Cómo lograría caminar por el tejado? O mejor aún ¿Cómo aterrizaría sin quedar muerto o herido?
Por un corto lapso de tiempo su cabeza le recriminó el no haberse ido con sus primos, pero ya no había nada que hacer. Ellos se fueron, y esperaba que hayan salido bien las cosas para el trio, y si no, escapar juntos y cuidarse entre todos.
Dayton apretó fuertemente sus pequeños puños. El tiempo corría, estaba consciente de eso. Tenía que tener una idea inteligente para escapar YA.
El auto de Butch se detuvo en el estacionamiento del centro comercial, y antes de bajar, el azabache le lanzó una mirada a su hermano rubio, que este comprendió su significado. Ninguno lo mencionó, pero sabían que sus hijos estaba comportándose muy extraño. Todo el camino estuvo tranquilo y en silencio, cuando usualmente es difícil lograr que los niños no sacaran medio cuerpo por las ventanas.
Boomer miró un momento por el retrovisor, encontrando a su pequeña hija con la mirada perdida en alguna parte del suelo. Tiraba distraídamente de sus mechones rubios, y Boomer sabía qué hacía eso cuando estaba preocupada. El ojiazul se sintió intrigado por su actitud, no sabía si se trataba por lo de hace un momento, en el que la cargó en sus brazos para llevarla y tener una pequeña charla.
El menor recuerda perfectamente como los músculos de su hija se tensaron al momento de llevarla, y se sintió tremendamente culpable. Se preguntó en ese instante si su semblante se había convertido tan aterrador al momento de escuchar que su pequeña e inocente hija ya había dado su primer beso, pues la niña parecía tener miedo de él.
Joder ¡Es que esa noticia era terrible! ¿Miyako ya sabría sobre esto? ¡Su mujer no podía aprobar algo así! ¡De ninguna manera permitiría que ese acto sucediera otra vez mientras él viva!
–Por favor, no quiero ver esa cara –había pedido el rubio a la pequeña, con la voz firme. Kiara lo mal interpretó y se soltó a llorar como magdalena mientras se cubría el rostro con ambas manos, teniendo el pensamiento de que era tan fea, que ni su padre quería verle la cara.
Boomer se alarmó y desconcertó de inmediato. Quizá usar el tono de Brick cuando se enfada no fue una buena idea.
–Por favor, no llores. No estoy molesto contigo.
Y como si las palabras fueran mágicas, ella se detuvo. Descubrió cautelosamente su rostro para toparse con los orbes azules de su padre, que le observaban con curiosidad.
–¿No lo estás? –Se atrevió a murmurar con un hilo de voz. Recibió una sonrisa cálida de su padre y un meneo de cabeza.
–No, en absoluto – La pequeña sintió como si un gran peso se quitara de sus hombros, permitiéndole respirar con alivio– ¿Por qué te has quitado el vestido que hizo mamá para ti? ¿No te gustaba?
–¡No, no es eso! Me gustaba, mucho. Pero Dayton lo quiso para que su pa ... –Se detuvo de golpe. En la premura de corregirse y evitar crearle una errónea idea a su padre estuvo a punto de revelar más de lo que debía. Fue entonces que su cabeza echó a andar, y se detuvo a pensar si su padre aun seguiría fingiendo amarla para no hacerla sospechar.
Pero ella lo hacía. Ahora lo hacía.
No podía decir la verdad. Por si las dudas, debía protegerse. Proteger a Dayton. Proteger a los gemelos.
Por primera vez, se sentía valiente.
–¿Cómo? –El rubio preguntó dudoso, sin pasar por alto la actitud extraña de la niña.
–...Que...él... lo quiso para jugar. –Su aterciopelada voz intentó sonar segura. La curiosidad que transmitieron los ojos del adulto le hizo saber que no fue muy convincente, así que intentó desviar un poco el tema.– ¿No te gusta como me veo?
Boomer la sorprendió con una deslumbrante sonrisa.
–Te vez preciosa. –Respondió cogiendo uno de los largos mechones dorados y acomodarlo cariñosamente tras su oreja. – Siempre te vez preciosa, me atrevo a decir que más que tu madre. Pero es un secreto entre nosotros ¿Vale?
Kiara sintió una opresión en el pecho. Quería volver a llorar, pero en esta ocasión quería hacerlo por motivos diferentes. La alegría brilló en sus ojos. No pudo evitar deslizar sus labios en una boba sonrisa al tiempo que emitía una tintineante risilla. Su padre siempre sabía cuales eran las palabras correctas para hacerla sentir feliz y amada.
Quería negarse a creer que sus palabras fueran solo un acto y una mentira, porque en sus ojos azules ella veía honestidad y cariño. Pero se puso a pensar ¿Ella que podía saber? Solo era una niña de muy corta edad, un poco inocente, e ingenua. Muchas veces se lo habían dicho, así que se limitó a rodear el cuello de su padre en un abrazo, y aferrarse al deseo de que él realmente le amara y todo saliera bien.
El rubio miró ahora a los dos niños restantes, los más inquietos del mundo, ahora estaban simplemente sentados, tamborileando sus dedos en sus rodillas de forma impaciente.
Jade se dio cuenta, y codeó a su gemelo para que saliera del auto. Solo así, Kiara despegó su mirada del suelo.
–¿...Brick?
La felicidad con la que él respondería murió en su garganta. Algo no iba bien.
–¿Brick? ¿Puedes oírme?
Y fue todo lo que él necesitó.
– ¿Momoko? ¿Que te ocurre? ¿Te encuentras bien?
Brick sintió una punzada de terror en el pecho. La voz de su mujer siempre le hizo sonreír, pero la forma con la que lo había llamado no sonaba para nada agradable. Con el pasar de los años, se volvió bueno en detectar los miedos de la pelirroja en el tono de su voz. Él había conocido mucho de ella como para saber cuando se encontraba alegre, enojada, celosa, o nerviosa. Y era así como la escuchaba ahora: Nerviosa e inquieta por algo.
–¿Q-Qué? Yo estoy bien ¡Muy bien! Y... ¿Tu estás bien?
El pelirrojo frunció ligeramente el ceño. Mentía. Ella no quería preocuparlo.
–Si, lo estoy. –Contestó lo mas seguro y relajado posible– Todos estamos muy bien aquí.
El hombre pudo escuchar a través de la línea telefónica el suave suspiro de alivio que dejó ir la pelirroja.
–¿Que ocurre? Sabes que puedes decírmelo –Preguntó él con una suavidad genuina. Cortos segundos en silencio pasaron, hasta que ella volvió a hablar un poco más relajada.
–Lo prometo, estoy bien. –El timbre alegre de su voz regresó– Solo llamaba para saber como estaban ustedes. No ocurre nada.
Brick arqueó las cejas y una sexy sonrisa apareció en su rostro.
–¿Cuando vas a entender, mi pequeña elfa, que no puedes mentirme? –La diversión floreció en su mirada cuando apartó unos centímetros el teléfono de su oreja. Ella iba a explotar.
–¡¿ELFA?! –Sí. No se equivocó. Él comenzó a reír, y su risa divertida envió un agradable estremecimiento a la mujer del otro lado de la línea, contagiándola, pero intentando no demostrarlo. – ¡Eres un tonto! Deja de llamarme así.
Eso solo logró que el hombre riera un poco más alto, y Momoko al final ya no pudo contenerse más. Rompió a reír con él, porque esos apodos que en su adolescencia le molestaban ahora las tomaba como bromas.
–¿Cómo está Dayton? –Preguntó una vez que las risas disminuyeron. El pelirrojo giró la mirada, recordando a su hijo de pronto. Él niño ya no estaba más allí, y entonces otro recuerdo importante llegó a su cabeza.
–Está bien, solo que lo siento algo distante. Hay algo que le preocupa, y quería hablar de eso contigo. –Respiró profundo antes de hablar. Estaba inseguro si hacer esto, en el caso de que Momoko quisiera darle la sorpresa como la primera vez. Pero al pobre niño lo notaba nervioso, y Dayton ya le había sembrado la duda. Aquí va. – ¿Estás embarazada?
Los tres niños se paseaban de aquí y allá por todo el supermercado, como si toda la situación de "Papá-me va- a botar-a la-basura" ya no existiera. Los tres iban y venían corriendo por los pasillos, tomando objetos, y metiéndolos en el carrito que Boomer hacía andar.
No podían comer fuera y dejar a un lado a Brick y a Dayton. Así que mientras Butch encargaba cajas de Pizza para comer en casa e iba por el pastel, Boomer buscaba bebidas en el supermercado y algunas cosas que hacían falta en su hogar.
Los niños se sentían aliviados de que volverían a ver a su primo pelirrojo. Ya no se sentían amenazados por los adultos, ni percibían peligro estando entre ellos. Todo era normal, como antes. Como si nada hubiese pasado.
–Ten mas cuidado– Murmuró Jade con voz dura a su prima rubia, que casi cae al suelo por correr efusivamente entre los pasillos. La niña ojiazul hizo una mueca.
–Es este tonto pantalón ¡Está muy grande! –Se quejó, haciendo un doblez en la tela que casi cubría sus pies, de forma que esta quedara por encima de sus tobillos.
–No está grande. Tu eres enana –Comentó el gemelo menor con una pizca de burla. La rubia levantó la mirada con el entrecejo arrugado y enseñó su lengua.
–No peleen. – Advirtió Boomer al pasar a un costado. Los niños obedecieron y le siguieron hacia las cajas de pago.
Jade miró distraídamente la fila en la que se encontraban. Faltaban dos personas para que llegara su turno de pagar y por fin ir a casa. Quería llegar y ver si Dayton se encontraba bien. O mejor aun, quería llegar y encontrar por fin a su madre en casa y así sentirse más protegida de toda esa locura.
Un fuerte agarre en su mano la hizo respingar y volverse rápidamente hacia su gemelo, que se encontraba con la boca ligeramente abierta y en sus ojos se reflejaba el terror. Jade miró hacia la misma dirección donde él hacía, y su rostro se tornó igual.
Kiara no se había dado cuenta aún, hasta que una ligera mano se posó sobre su cabeza en una suave caricia. La menor, confundida, levantó la mirada para ver quien había dado aquella muestra de afecto.
La sangre se le fue al suelo.
–¡Ah! Señora Sasaki. Que coincidencia encontrarla por aquí –Boomer saludó educadamente, sin percatarse del rostro descompuesto de los tres infantes.
Aika Sasaki era una mujer que comenzaba entrar a la vejez. Poseía una cabellera castaña que dejaba visible algunos cabellos grisáceos. Sus ojos grandes y amables de color chocolate resaltaban su piel pálida y era unos pocos centímetros más baja que Boomer. Su sonrisa siempre era cálida, aunque para los niños presentes, ahora no era muy agradable.
–¡Joven Boomer! Que gusto saludarlo –Respondió con la misma amabilidad dando una breve inclinación de cabeza– Paseaba cerca de aquí y de pronto recordé que se terminó la comida de mis gatos, así que aquí estoy.
La mujer miró hacia el suelo donde permanecían los tres niños congelados de miedo. Los ojos de la mujer conectaron con los de la niña a la que aun tenía su mano sobre su cabeza, y sonrió.
–¡Kiara! Hace tiempo que no te veía. Pero mira ¡Que grande y hermosa te has convertido! –Retiró su mano de la cabellera rubia para posarla en la regordeta mejilla de la niña– ¡Eres tan adorable que me dan ganas de comerte!
Y eso fue todo. Un grito desgarrador inundó todo el supermercado, y después todo fue un estruendo.
–¿Que si estoy embarazada?
Miyako y Kaoru no querían ser unas entrometidas mientras su mejor amiga hablaba por teléfono, pero era imposible ignorarla cuando escucharon salir eso de su boca, así que miraban de reojo mientras seguían comiendo.
–Dayton está preocupado por algo. Cuando le pregunté que ocurría, me mencionó que no quiere tener un nuevo hermano. –Se explicó– Creí que le habrías dicho algo...
Momoko sacudió la cabeza para si misma... ¿De dónde habría sacado Dayton esa información?
–Momoko, perdóname si lo he arruinado, pero me gustaría saber si aquello es verdad ¿Tendremos un bebé?
Dayton bajó cautelosamente las escaleras. Incluso se había sacado los zapatos para que el ruido que emitieran sus pasos fuera mínimo. Alcanzaba a escuchar a su padre en la lejanía hablando por teléfono. Buena señal de que aun seguiría distraído y había más posibilidad de huir.
Su estómago se contrajo nervioso. Jamás en su corta vida se imaginó huyendo de casa, y no entendía muy bien la razón de por qué hacerlo se sentía muy mal, como si fuera incorrecto.
Su padre lo cocinaría y lo comería, mientras que traerían a un niño nuevo a casa, o quizá una niña, que tuviera la belleza que el no tuvo. Su madre así había querido que fueran las cosas, lo escuchó decir de su padre mientras encargaban a su hermano o hermana por teléfono ¡Era claro que tenía que huir!
Antes de continuar miró una pequeña fotografía en la pared donde yacían sus padres y él. Se miraban tan alegres, que se lamentó el no haber disfrutado más el poco tiempo que pasó con ellos. Después llegó a su mente sus tios, sus abuelos, y finalmente sus primos. Quizá ya no volvería a verlos nunca más.
Recuerdos buenos con su familia se hicieron presentes en su cabeza, como si fuese una película reproduciéndose: La vez que su tía Kuriko le horneó un pastel. Cuando su abuela paterna le contaba historias. Él compitiendo con los gemelos para ver quien se comía mas rápido su postre. Su padre y él jugando con la pelota. Su madre curando sus heridas después de haber caído de la bicicleta. Compartiendo un paraguas con Kiara mientras saltaban sobre los charcos que dejaba la lluvia. Su abuelo materno enseñándole a jugar ajedrez una tarde de invierno...
Todo era tan bueno y ahora todo lo que tenía le sería arrebatado.
Escuchó un ligero "clac" alertándolo. Ese mismo sonido que sonaban al colgar el teléfono. Sus ojos se abrieron de golpe y su corazón latió con fuerza. Se había quedado en el mismo lugar recordando escenas de su vida, olvidándose de que el tiempo que tenía para escapar era poco y por lo tanto tenía que aprovecharlo.
Demasiado tarde vino a recordarlo.
Sostuvo muy bien su mochila. El teléfono se encontraba en la sala, muy cerca de la puerta trasera y de entrada. Obviamente su padre aun seguiría por allí y no podría salir por ninguna de ellas. Pero aun tenía la opción de una puerta más, una que nadie podría usar más que él. En la cocina había una pequeña puerta para perro que nunca entendería porque estaba allí, si ni siquiera tienen un perro. Pero era su salida, solo tenía que correr hasta allá, tomar la pequeña llave de un cajón de la cocina que la abriría, y por fin abría libertad.
Se tiro al suelo y comenzó a arrastrarse para intentar llegar hacia la cocina. Los muebles tal vez podrían tapar su presencia en el suelo. Con esa esperanza continuó gateando. Casi llegaba... casi.
Hasta que un tirón, no supo si era del vestido o la mochila, pero le hizo levantarse del suelo como si no pesara nada.
Desconcertado y aun colgando en el aire, levantó la cabeza para encontrarse con unos ojos intensos, calculadores, y rubíes. Su padre lo había atrapado.
–¿A dónde crees que vas?
¡Tadah! ¡Hime está de regreso! Lo sé, lo sé... me ausenté mucho. Pero aquí estoy, entregándoles un nuevo capítulo. Sé que dije que este quizá sería el último (Cómo siempre, yo calculando mal el número de capítulos xD) Bueno, quizá si pudo ser el último pero sentí que ya me había tardado mucho, así que mejor decidí actualizarlo. (Perdón si les parece corto u,u )
Escribir ya no puedo hacerlo como antes, pero lo intento. De hecho, aun tengo una semana de vacaciones, y prometo que la inspiración ya llegó a mí 8D Así que estaré trabajando en la continuación, y los que me faltan.
Gracias a todos por haberme esperado, y ojalá no me maten por haberlo cortado aquí. Gracias a todos por sus reviews que me vuelven muy feliz y me animan a continuar escribiendo. También agradezco tanto, tanto, tanto sus Follows & Favoritos ¡Ya somos 93! ¡Les quiero!
Creo que no hay más que decir, solo que espero hayan disfrutado el capítulo ¡Oh! Y estoy estrenando portada nueva. Regalo de mi mejor amiga Nancy, que aunque ella no conozca bien a los personajes, los dibujó c:
Ahora si, creo que eso es todo. ¡Nos leemos pronto! Cuídense mucho, y que pasen un lindo día.
