Título: Él no cambia
Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…
Ranking: K+
Género: Romance/Humor/Comedia/Drama
Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.
Cantidad de palabras: 1, 621 (Incluye canción)
Disclamer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)
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La charla de los amigos
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Los rayos de la Luna iluminaban bellamente su rostro. Su tez perfectamente bronceada y esos ocres oscuros que merodeaban por sus orbes le instaron a una pequeña punzada en el pecho. InuYasha realmente era atractivo. Él era perfecto. Y no podía soportar el peso crudo sobre sus hombros de albergar tal magnitud de sentimientos por la persona a su lado.
Una de sus suaves manos se deslizó hasta las facciones rudas y algo toscas de su rostro. Por alguna razón, a Kagome le parecía verlo atormentado tras esos gestos incómodos y frases hirientes para esquivarse de su propio ser. Lo amaba, lo amaba con todo el corazón y su cuerpo le pedía tocarlo. Con la punta de los dedos, con sus manos deslizándose por su rostro, con sus brazos arropando la fuerte complexión de su cuerpo contra sí misma.
Y de un momento a otro se encontró abrazándolo impetuosamente, completamente negada a perder la oportunidad de guardar la memoria de su calidez, en su alma. Grabar a fuego el sublime calor de la paz al tocarse ambos cuerpos y tenerlo presente. Para siempre. Para el día en que él ya no este.
Sintió la tensión del cuerpo a su lado bajo su acto, el latir desbocado de su pecho y las emociones transitar con vida bajo sus venas. De nuevo, sea por la nada o el simple ir y venir de viejas memorias, el doloroso destino incierto llegó a su cuerpo como lacerante realidad.
Ya, ya no quería pensar más. Creía superado el sentimiento. Pero entonces ¿Porque? ¿Porque tenía que verlo todo bajo los matices del gris? ¿Era una masoquista? Torturarse a si misma con lúgubres pensamientos sobre sus lazos con InuYasha y llorar hasta secar su cuerpo no le parecía la mejor manera de haber llevado su vida hasta ahora. Tenía que cambiar.
Un dolor físico se extendió por su brazo. Algo la jalaba con insistencia lastimando la interconexión entre músculos donde se establecía el objeto. Los nervios tensados y la descompensación de sus músculos intervenidos le hicieron imposible mover los brazos. La intensidad de la punzada le sacó un débil gemido al momento de sentirse ser lanzada lejos, impactando con el suelo. —L-Lo siento. —Musitó débilmente un eco familiar… ¿InuYasha?
¿Porque tenía esa mirada en sus ojos? —Yo no quería...
Ah, eso. Ella lo había abrazado. Después... las marcas en sus brazos eran la causa del dolor. Él la miraba con una mezcla de miedo y angustia en sus ojos, seguramente temía su reacción. Sonrió melancólica al comprender exactamente lo que había pasado. —Es obvio que no era lo que querías... —Respondió sinceramente, sin malicia ni segundas intenciones de herir. Después de todo, era InuYasha.
—Kagome, de verdad yo... —Musitó tenuemente, con el rostro contraído por la congoja y el dolor. Y a pesar de la situación a ella le pareció terriblemente adorable. —Perdóname —Susurró con su voz, cediendo un pequeño terreno a la debilidad externa.
—InuYasha —Expresó Kagome con una sincera sonrisa y el ambarino prestó atención desconcertado. Había estado tan preocupado por su reacción que tenia algo olvidado lo del tatuaje, pero ahora... Sinceramente quería mandar al carajo cada preocupación. Sólo por su sonrisa. —Ven aquí —la pelinegra palmeó un poco el terreno a su lado. No necesitaba nada más. Quería compensarle el daño causado... El que pronto le causaría...
Aunque si fuera por ahora...—Kagome...—...Solo necesitaba estar a su lado. —Perdón —Avanzó hasta su lado, al mismo suelo donde él la había impulsado por la fuerza y se tumbó, inclinando su cuerpo para entrar en contacto. No se sentía valiente para estrecharla entre sus brazos, pero simplemente con estar a su lado, con aspirar su aroma se conformaría.
—InuYasha, deja de decirlo... No hay nada que perdonar. —Otra vez, sonriendo angelicalmente. —Hazlo, sonríe una y mil veces más mientras aún sigas a mi lado.
—Kagome... —Volvió a repetir, obteniendo la ansiada sonrisa y un leve gesto de su caridad, al acariciarle suavemente la cabeza como un pequeño niño, asustado y herido. No pudo evitar cogerlo del brazo y permanecer con él. —Me gustaría… Explicarte un poco.
—Te escucho…
"Siento que hay algo en el viento,
Parece que la tragedia está en la mano.
Y aunque quisiera estar cerca de él
No puedo quitarme este sentimiento que tengo"
—Hace un tiempo he hablado con Miroku —Tensó su cuello, obligándose mirarla a los ojos. Ella no parecía realmente afectada, lo que le animó a continuar. —Y me ha explicado... Las diferencias entre el amor y el cariño...
— ¿Así que era eso? —Musitó en un tono bajo, incluso para él. Mirando sus ojos de chocolate creyó ver una sombra negra extenderse en ellos, pero realmente no podía interpretarla. ¿Que era lo que ella entendía? Necesita explicarle... Pedirle perdón.
No lo merecía, pero quería seguir diciéndolo hasta obtenerlo. Él se había comportado como una bestia al tratarla, había sido débil y no había podido detener la naturaleza de su ser. Sí, debía herirla a propósito por su bienestar pero eso no significaba que resultara fácil, y tampoco que le alegrara hacerlo de manera inconsciente, la mayoría de las veces. Sin embargo, ahora ser sostenido por ella, le parecía un magnifico sueño del que pronto tendría que despertar.
¿Cuantas veces había hecho algo que los obligara a separarse cuando deseaba lo contrario? Sin comprenderlo, de manera automática, e insoportablemente cierta, su ser se había dedicado a rechazarla. Aún cuando supiera que sería la única persona de quien no soportaría estar lejos. ¿Desde cuando lo había hecho? Finalmente... ¿Se había dado cuenta?
"Lo peor está al doblar
¿Notará mis sentimientos hacia él?
¿Verá cuanto significa para mí?
Creo que no está destinado a ser..."
—InuYasha... no tienes porque temer —Musitó la pelinegra, tomando sus mejillas entre sus manos, ante la incredulidad de él. Con todas las fuerzas de su ser se obligó a no romper con esa voz dulce que debía dedicarle, hacerle entender que no había anda más que ella no pudiera entregarle con tal de verlo feliz.
Ahora lo sabía. Definitivamente ella había logrado comprender el por qué de la reticencia de su amado, las razones que tenía para ser tan cruelmente directo y distante. El por qué nunca había más allá de sus ojos, tras sus palabras, porque nunca llegaba a su alma su infinito amor.
InuYasha... Había comprendido el cariño y el amor. Dos sentimientos tan diferentes y conflictivamente confusos que estropeaban la mayoría de las relaciones humanas como esta. Si ahora entendía, lo más probable era que no deseaba lastimarla creando las falsas esperanzas que debían residir en su corazón. Lo veía en sus ojos. Estaba brutalmente atormentado por la idea de causarle sufrimiento y por ello se alejaba. Él deseaba aliviar su dolor confesándole la inminente verdad, no le correspondía.
Kagome sabía que le dolería, era cruelmente terrible, odiar y amar a la persona a tu lado con la misma quemante intensidad. Precipitarse en un tormentoso amor y aún así... Querer con toda el alma que esa persona siga permaneciendo a tu lado. —Lo sabía. Estabas muy asustado de corresponder mi abrazo.
"Aunque pueda intentar, no dura
¿Y podremos estar juntos al final?"
No iba a llorar esta vez. Sería feliz de al menos permanecer a su lado y poder contemplarlo durante lo que le reste de la vida; y en contra de su voluntad guardaría la esperanza de seguir esperando su amor. —Kagome, yo...
—No te asustes —Se precipitó a callarlo. Necesitaba decirlo con una sonrisa para no hacerlo infeliz. Se dedicó a contemplar sus ojos dorados, tan hermosos como miel, para sentir que la carga no sería tan pesada, ser un poco feliz. —Sé que no querías lastimarme cuando lo entendiste. —El ambarino asintió, aunque sus ojos decían claramente que no lo había captado del todo. Con el corazón en un puño la pelinegra se obligó a tomar su rostro entre sus manos con fuerza y sonreírle genuinamente. —Para mi tu también eres mi mejor amigo... Sólo, sólo por ahora... —Sus manos se movieron por si solas, buscando consolarse con un férreo abrazo. —Te quiero, pero no te amo. No tengas miedo de lastimarme...
"¿Y podremos estar juntos al final?
No, no lo creo, nunca se cumplirá"
Y lentamente, sin el poder de frenarlas, dejó una a una, las pequeñas lágrimas salir de sus ojos con cuidado de no hacerse notar. Cuál honor a su nombre, se sentía la gaviota del juego, atrapada con rejas hecha de una mezcla especial, sus sentimientos fuertemente unidos por el metal que la atrapa y soñando con dejar ir algún día sus emociones, echarlas a volar.
Podría detenerse cuando quisiera; dejar de abrazarlo y simplemente seguir, pero jamás podría escapar. Junto a InuYasha estaba su destino, aunque no lo compartieran. Y sonrió deliberadamente, entre sus manos, justo en el dedo meñique se desprendía una línea espiritual que se conectaba al meñique de él. Los unía el hilo azul, no uno rojo. Hilvanando en este lugar estaba atando su ser a la eternidad, regresando al pasado... Soñando con lo que no pudo ser la realidad.
Se sorprendió un poco cuando un fuerte brazo la tomó de la cintura, sintiendo cierta posesividad. A pesar de todo, le agradaba. La protegía demasiado a pesar de sólo quererla como a una amiga... Apretó su abrazo, acorde con los brazos que la sostuvieron con mayor fuerza, una pequeña gota cayó sobre sus cabellos pero no le apeteció moverse de su sitio. —InuYasha... creo que esta lloviendo.
—Sí, está lloviendo... —Y más pequeñas gotas cayeron sobre su cabello. Le parecía algo extraño ya que el resto de su cuerpo nunca sintió las mismas. Sin embargo permaneció quieta, con una sonrisa melancólica mientras dos soles cristalinos seguían haciendo llover.
"Pues no soy la elegida..."
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
N/Kou: No coments xD Nadie dejo review, así que no hay mucho que decir, excepto que si nuevamente no hay reviews subiré hasta la próxima semana o después, quiero tomarme unos días sin nada de letras, eso claro, si no hay reviews, igual el capítulo siguiente ya está editado. ;D Besos galletosos y caramelosos :3
Guest (Cami-chan): xD Es lo malo de no poner Nick. Auch, ¿Por qué más limones? ToT Estúpido , siempre sale con sus cosas, a mi le ha dado por no dejarme subir documentos o modificar los espacios xD Jajaja, see, Koga se queda allá, muy lejos en su cueva, si hasta Rumiko lo mandó a descansar para que no estorbara, creo que es mejor seguir su ejemplo :3 Besos galletosos y caramelosos e.e
