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Capítulo IX:
"From Europe to Asia, from Asia to America"
(De Europa a Asia, de Asia a América)
Londres, Inglaterra; 1862
Después de estar en Paris, recorrer sus calles y ver el modo de vida de la gente, esperaba que estar en Londres fuera menos impactante. Bueno, se había equivocado un poco; más aún cuando en ese momento estaba esa norme exposición que parecía presumir con mucho orgullo los avances de la Revolución Industrial.
Toda la calle de Kensington estaba a reventar de gente, ansiosa de que se inaugurara oficialmente la exposición. "Internacional Exhibition" así la llamaban. Suerte para él que tenía un lugar apartado en la primera fila del escenario de la inauguración adentro del palacio donde se presentaría todo, si no, no estaba seguro de ser muy amable si la muchedumbre se le acercaba demasiado.
Cuando los aplausos empezaron a sonar, dejó de mirar a la enorme cantidad de gente detrás de él y observó hacia la plataforma principal. Un hombre alto, con cabellera negra, ojos azules oscuros y un traje muy elegante se presentó, detrás de él, varios miembros del Parlamento ingles saludaban a las personas.
- ¿Quién es el que está dando la bienvenida? - le preguntó a su acompañante. Earl Russell (1) le dio una media sonrisa orgullosa antes de responder con clara satisfacción.
- Es el Almirante Spade - respondió - Aunque prefiere evitar decir el cargo. Nuestro mejor jefe de la marina que hemos tenido.
- No creo que el omitir el cargo lo ayude a que las personas lo traten diferente, y menos cuando hace un discurso en nombre de la Reina de aquí… - contestó con monótono tono de voz. Rusell se preguntó interiormente si todos los de Prusia tenían tan seco carácter.
El joven militar finalizó su discurso con un: "¡Disfruten de la exposición!" mientras hacia una pequeña reverencia y los aplausos entusiasmados volvieron a sonar. Antes de que la gente pudiera amontonarse en la entrada, ansiosa de ver todos los nuevos dispositivos, el sonido de un crack seguido de algo golpeándose contra el suelo hizo que volvieran a mirar hacia la plataforma del escenario.
El jefe prusiano, en la primera fila para poder observar con todo con detalle, contuvo las ganas de reírse que tuvo. Sí, sí, era malo reírse cuando alguien se caía, pero era inevitable hacerlo, más cuando la persona que tuvo tal vergüenza era alguien de sus rivales políticos.
El pobre hombre, al dar un paso en falso había caído en un espacio que había entre las tablas de la plataforma hasta el suelo. En su rostro compungido se notaba las ganas de gritar que tenía, y no era para menos, su pierna ahora se encontraba en un ángulo totalmente extraño, sin duda alguna estaba rota. La gente se empezó a amontonar alrededor, curiosa por lo que pasó y aterrorizada por tal comienzo de la exposición.
Fue entonces, cuando notó que la única persona que no estaba como cordero preocupado junto al ministro era el Almirante Spade. De hecho, lucía tranquilo y escalofriantemente sereno. Spade buscó entre la muchedumbre a una persona, cuando sus ojos toparon con ésta, asintió y le dio una media sonrisa seguido de una seña con la mano que refería a todos los presentes.
¿Qué demonios?
Antes de que el líder prusiano pudiera acercársele al militar, el ambiente se sintió inmediatamente más frío. Su instinto le gritó que algo estaba ocurriendo y que tenía estar atento si no quería caer en una trampa.
Parpadeó seguidamente y de forma casi desesperada al ver como en la cálida mañana matinal donde brillaba el sol, se estaba formando una niebla que empezó a cubrir a todos. Sintió su cuerpo tambalearse y sus ojos borrosos, era una extraña sensación parecida a que su conciencia se iba durmiendo poco a poco. Fastidiado y decidido a seguir alerta hasta que lo que fuera que estaba pasando se detuviera, se mordió la lengua con tanta fuerza que el sabor de la sangre llegó a su paladar.
- ¿Qué tanto le duele, Sir? - escuchó la voz de Spade - Oh, se eso se ve realmente mal. Lo mejor será que se retire y vaya a un doctor de inmediato.
- P-pero la exposición…
- Durará varios meses más, no tiene porque afligirse - una risa confiada - Y si todo esto se trata de su obligación de estar presente en este día de inauguración, confíe en mí. Todos los presentes lo verán aquí.
Confundido tanto por lo que pasaba como por las palabras, volteó a ver a su acompañante tratando de buscar respuestas. Soltó una maldición interior al ver como Rusell parecía estar en un letargo donde captaba nada sobre su ambiente. Y carajo, la niebla se hacía cada vez más densa.
- Ya sabes que hacer, pequeño - oyó a Spade dirigirse a alguien cerca de él. Incapaz de mandar la señal a sus piernas de que se movieran y luchando contra la pérdida de conciencia, lo único que logró hacer el jefe prusiano fue mover sus ojos tratando de encontrar a la persona a quien al militar se dirigía.
- ¿Quieres que lo haga ver sólo como un pequeño tropiezo? Puede dar risa y un buen ambiente para iniciar.
Tenía que ser una broma. La voz que le respondió al General sonaba infantil. Era de un niño.
- Haz lo que desees, sólo evita causarle mucha vergüenza a nuestro ministro.
- Como lo desees, padre.
¿¡Padre?!
El líder prusiano cerró los ojos un momento, tratando de concentrar su mente y obligarla a que reaccionara. Al volverlos a abrir, lo primero que vio fue el símbolo de una pica brillar entre la niebla; luego, una jaqueca abismal que lo obligó a volver a cerrar los parpados y llevarse las manos hacía la cabeza.
Segundos después, el calor volvía resurgir, el aire creado por los movimientos de la gente se presentó de nuevo y las palabras sonaron otra vez.
- ¿Señor Bismark? - oyó la voz de Rusell hablarle - ¿Se encuentra bien?
El mencionado abrió los ojos de golpe ante la repentina desaparición del dolor, y miró a todos lados con vehemencia. Las personas se estaban riendo, felices, complacidas y empezaban a caminar hacia la entrada del palacio para comenzar con la exposición. Sin poder creerse lo que pasaba, ignoró a su acompañante y se dirigió hacia el inicio del escenario principal con un Rusell que no le quedó más de otra que seguirle apurado.
- Oh, señor. ¡Nos había causado un susto! - una dama habló - Por suerte sólo fue un pequeño tropiezo sin nada grave.
¿Sin nada grave? ¡Pero si se había roto la pierna!
Se detuvo, y sintió como su mente le jugaba una mala pasada al ver al ministro ingles que había visto hacía unos minutos tirado en el suelo sin poder moverse, ahora parado, sonriente y riéndose; su pierna en perfecto estado y en cualquier momento a punto de irse a recorrer toda la galería de artefactos exhibidos.
¿Qué estaba pasando?
Miró entre toda la multitud una y otra vez, esperando poder encontrar a alguien que estuviera igual de confundido que él.
Nadie. Todos actuaban de lo más normal como si nada hubiera pasado.
Para su suerte, fue en ese momento cuando logró identificar un destello azul provenir de una dirección, y durante unos segundos, fue capaz de volver a ver la pica reflejada en los ojos de un niño a unos metros de distancia. El infante le sonrió, se dio la vuelta y se dispuso a perderse entre la gente.
Oh no, no lo iba a dejar irse.
- ¡Señor Bismark, espere! - le gritó Rusell al ver que el jefe prusiano salía disparado hacia una dirección que no era la entrada al palacio. Suspiró, y trató de seguirle el paso lo más rápido que pudo sin ser descortés con la demás gente.
Raymond miró la escena con leve sorpresa. ¿Alguien había sido capaz de resistir la manipulación mental de su hijo? Y curiosamente no fue cualquier persona.
- ¿Sir. Spade ? Disculpe pero…
- Lo sé, tenemos que llevar al ministro al médico. Vámonos ahora.
El hombre tragó en seco, observando lo tranquilo estaba Raymond ante todo aquello. Por un lado, estaba ese extraño engaño visual que todos veían de un ministro sonriente y sano, y por otro, el verdadero ministro a nada de desmayarse del dolor en el suelo, que nadie veía.
- ¿Algún problema, cadete?
- ¡N-nada, señor! - el hombre corrió rápidamente a conseguir un carruaje para su alegoría. Raymond suspiró, luego tendría que borrarle esos recuerdos al pobre hombre, no vaya a hacer que diga algo estúpido sobre lo que pasaba.
Al detenerse para tomar aire y para volver a dar una mirada a todos lados, descubrió que el niño no estaba por ninguna parte. Tuvo ganas de golpear algo, ¡no podía ser que lo haya perdido de vista!
- Nufufu - una peculiar risa detrás de él lo hizo voltear al instante - Pero que persona más insistente, y especial, debo decir. ¿Con quién tengo el gusto de tratar?
- ¡Tú!
- Señalar a la gente de esa manera es descortés, Sir - mencionó sonriente.
Enfrente del líder prusiano, un niño de no más de 11 años lo miraba complacido. Lo primero que saltaba a la vista de su persona era el peculiar color de cabello que poseía, de un azul turquesa intenso; sus ojos eran más oscuros, de igual tono que los del Almirante Spade (una de las razones porque la que confirmó que en efecto el niño era su hijo), vestía de forma elegante y poseía un curioso peinado.
- ¿Cómo fue que hiciste aquello?
- ¿Aquello? - el niño ladeó la cabeza fingiendo ignorancia, y el hombre mayor lo miró fijamente - Oh, se refiere a lo del ministro. Si se lo digo, no me creería.
- Podría hacer un esfuerzo - respondió. Al infante pareció divertirle la respuesta y su sonrisa se ensanchó.
- ¿Y si le digo que todo es una ilusión?
El hombre parpadeó confundido.
- ¿Ilusión?
El niño asintió.
- El ministro que se ve no existe, es una ilusión que se reproduce en sus ojos, engañando a su vista. El verdadero se ha de encontrar en un carruaje en estos momentos para llegar con un doctor.
- ¿Y por qué nadie recuerda lo que en realidad pasó? - cuestionó el mayor con recelo.
- Oh, eso es una dominación mental de otro nivel. Lo único que hice fue poner a dormir a su mente para luego implantarle una serie de escenas distintas a lo que en verdad ocurrió.
Antes de que el hombre pudiera objetar, el infante habló primero.
- Usted se aseguró de no perder la conciencia, lo que me hizo imposible controlarlo. Una buena jugada la del dolor, Sir. Le aplaudo por ello.
Su parte lógica le gritaba que todo aquello era una broma pesada, pero las pruebas negaban todo. Las personas caminaban olvidando por completo el accidente más grave y seguros de que todo había sido un pequeño traspié que dio gracia. Él mismo veía aquella ilusión del ministro en perfecto estado admirando la exposición.
Sea lo que fuera, esas habilidades eran reales. Y estaban en manos de un niño que hablaba con perfecta precisión digna de un adulto de alta clase. Era como si estuviera enfrente de un…
- Dämon(2) - susurró en su lengua natal. El menor lo miró durante unos segundos asombrado, para luego soltar una pequeña risa.
- Que me digan de esa forma ya es algo normal, aunque estoy más acostumbrado a la palabra en ingles, "demon"(3) - comentó con gracia - No obstante, su pronunciación suena muy parecida, ¿no le parece?
El mayor se descolocó por la respuesta obtenida.
- ¿Sabes el idioma? - le preguntó intrigado. El infante movió la cabeza en señal de afirmación - ¿La razón de eso es…?
- Mi madre venía de Prusia, así que sé lo básico como para poder comunicarme y una que otra palabra especial.
En un acto reflejo, el hombre sonrió con sorna y estuvo a punto de reírse. Ahora fue el turno del menor de mirarlo sin entender lo que sucedía.
- Con qué mitad ingles, mitad prusiano, ¿eh? Sin duda alguna es una combinación especial. Aunque permíteme decir, que estaría más complacido si estuvieras en Prusia en lugar de aquí. Tenerte en el país sería algo interesante de ver.
- Habla como si perteneciera a Prusia - comentó, arqueando una leve ceja - Ahora que lo pienso, usted estaba con nuestro secretario de relaciones exteriores. ¿Por qué…?
La sonrisa se hizo más grande, y el mayor le dio una leve reverencia al niño.
- Otto von Bismarck (4). Un gusto, pequeño Spade.
Yokohama, Japón; 1862
La tensión se sentía en el aire, tanto que Ugetsu pensó que en cualquier momento se iba desmayar, haciendo el ridículo entre todas las tropas y despertando solo en medio de un campo recubierto de sangre.
"Al menos aléjate, por favor. Al menos aléjate un poco" pensó una y otra vez con nervios a flor de piel, y como si la otra persona pudiera leer sus pensamientos y quisiera burlarse de ellos, el hombre jaló su caballo más en medio del camino, quedando ya no a metros, si no casi a centímetros de distancia de las tropas japonesas.
Ugetsu volteó a ver a su padre con miedo latente, el hombre mayor miraba al extranjero con odio intenso y mandíbula tensa. Ya había asesinado al principal consejero de la familia Tokugawa, ¿qué lo detenía de hacer otra barbaridad semejante?
Las reglas que se imponían a los extranjeros y las preferencias que el propio gobierno tenía con ellos era una de las razones por las que Japón se encontraba con asesinatos casi a diario. Usualmente, la tradición dictaba que al ver tropas de uno de los daimyo (5) la gente tenía que hacerse a un lado para dejarlos pasar, detenerse y hacerles una reverencia, de lo contrario, los samurái sirvientes del daimyo podían matarlos si querían; los extranjeros estaban fuera de esta tradición debido al principio de "exterioridad" del acuerdo que tenían con los demás países. Algunas personas exteriores se habían aprovechado de este principio de protección que tenían queriéndose lucir enfrente de los japoneses obligándolos a abrirles paso a ellos, justo como ese hombre en esos momentos intentaba hacer.
Eran cuatro, el hombre que los lideraba con aires de prepotencia, dos adultos más y una mujer.
Una mujer.
Ugetsu cerró los ojos deseando que nada malo pasara y, que si los sucesos eran inevitables, que aunque sea dejaran a la mujer retirarse.
Los dos hombres se acercaron espoleando a sus caballos a paso veloz a su líder, Ugetsu no entendía el idioma que hablaban, pero lo reconoció como el llamado ingles. También logró entender que ambos repetían varias veces "Richardson", nombre que de seguro tenía aquella persona.
El tal Richardson pasó al lado del daimyo con altanería, alzando la cabeza y con una sonrisa arrogante. Las tropas lo miraron con rencor latente, a nada de sacar sus katanas y con el cuerpo tenso. Los demás extranjeros le siguieron el paso, pero ellos mirando cabizbajos hacia otro lado, temerosos.
Cuando el hombre movió un poco su pie, pegándole con la bota a su padre, Ugetsu supo que todo iba acabar mal.
- ¡Espera, no! - gritó, pero su voz no fue escuchada. Incluso antes de terminar, la katana de su padre ya estaba desenfundada, haciendo un corte perfecto en el abdomen al extranjero cuyos ojos se abrieron de la sorpresa y soltó un aullido de dolor.
Ahí empezó todo.
Ugetsu, estando al lado, casi fue alcanzado por una bala que le rozó la mejilla haciéndole un corte. Richardson había disparado por acto reflejo. Los demás samurái, enfurecidos con el extranjero, desenfundaron sus katanas y los dos hombres ingleses, asustados, sacaron sus pistolas para poder defenderse. En medio del caos resultante, lleno de gritos, sonidos de balas y por supuesto, el olor a sangre y cuerpos que caían al suelo, Ugetsu percibió un débil quejido femenino cerca de él. La mujer se había caído del caballo que gimoteaba cerca suyo, parte de los samurái se acercaban a ella con las katanas en posición de ataque y, en ese momento, el cuerpo del niño se movió solo.
El sonido de acero chocando contra acero hizo un eco que sobresalió de entre todo lo demás, imponiendo a todos que dejaran de hacer lo que estaban ejecutando y voltearan hacia la fuente del ruido.
Una larga katana había detenido el golpe de otras dos, interponiéndose entre el filo de las armas y la mujer, quien miraba impresionada al niño delante suyo que sostenía la espada con una precisión y fuerza digna de un experto.
- Asari Ugetsu - habló uno de los samurái - ¿Qué crees que estás haciendo?
- Evitando que se cometa una falta a nuestro código de conducta - respondió decidido - Nuestras armas no se utilizan para dañar a los inocentes, ella no ha hecho nada, es alguien inocente.
Antes de que los samurái pudieran objetar algo, los relinchos de los caballos desviaron la atención y el correr de éstos rompieron las filas de las tropas. Los hombres salieron huyendo del escenario mientras gritaban: "Now, Margaret! Let's go!" (6)
Unos segundos después, la mujer, recobrando sus fuerzas y la determinación, montó en su caballo y, urgiéndolo a correr, salió detrás de sus colegas. Pero antes de eso, miró a Ugetsu con una expresión de agradecimiento, dirigiéndole unas palabras que el niño apenas pudo escuchar y no entendió, pero recordaría en años próximos.
"Thank you, Little one. You saved my life. Please, maintain your gentle heart until the end"
- Wait! - exclamó Richardson agonizando. Varias cortes sangraban en su cuerpo y apenas si podía mantenerse en su caballo - Don't leave me, please! (7)
Cayó. Ugetsu sintió la mirada de auxilio del hombre moribundo, rogándole por su ayuda. Ojos que reflejaban terror puro ante la muerte. La punta de una katana se clavó en su mano, ocasionando que chillara por el dolor, al alzar la vista, Ugetsu vio el rostro serio de su padre que lo miraba de forma inquisidora.
Luego de aquello, iba a tener problemas.
El daimyo dio la orden de todome(8), y varios samurái se aproximaron al malherido Richardson con katanas y lanzas, atravesando su cuerpo una y otra vez, una y otra vez. Los alaridos de agonía que el hombre producía parecían alentar más a las tropas japonesas, quienes aumentaron el ritmo de acuchilladas hasta que el silencio profano el cuerpo enemigo.
Ugetsu, al igual que con varios asesinatos a extranjeros en los últimos años, se horrorizó de tal escabrosa situación y contuvo el temblor de la mano que sujetaba su katana.
Virginia, Estados Unidos; 1862
A veces era curioso ver las diferencias entre los países que una vez fueron "colonia", de los países que una vez fueron sus "colonizadores". Y es que, en términos de instituciones, Estados Unidos no podía quejarse de la herencia inglesa; de lo que sí podía quejarse, era de no seguir los pasos de Inglaterra para abolir la esclavitud (al menos, legalmente).
Esclavitud. Era una palabra curiosa, que a la mayoría de la gente de la Europa avanzada se les hacía de siglos pasados, sin saber, que no hace mucho ellos mismos tenían esclavos, y que en varios países se seguía utilizando. Uno de esos países, para bien o para mal, era Estados Unidos.
Cuando Abram Lincon subió a la presidencia, los Estados esclavistas del Sur temblaron del miedo; las ideas de Lincon podían ponerle fin a la producción que tenían a través de los esclavos, por eso, los lideres de éstos se unieron para poder separarse de la parte Norte, que prácticamente existía sin la esclavitud. Por supuesto que ningún país dejaría que una gran parte de su territorio se independizará sin dar pelea antes, y es ahí, donde se inicio una enorme guerra civil.
¿Sorpresa? Tal vez no mucha, el mundo se había convertido en diferentes campos de guerra en esos momentos. En Europa, Asia o América, lo único que había eran guerras.
Y como siempre, los que usualmente salen perdiendo, son los ciudadanos normales.
Virginia, especialmente, se había vuelto un campo no solo de guerra, sino de cadáveres. Cuando uno se asomaba al puerto, lo encontraba con restos de barcos flotando en la orilla y cuerpos que poco a poco se iban hundiendo en las profundidades oceánicas o eran devueltos a playas cercanas, y cuando se observaba los espaciosos campos antes verdes, lo que se encontraba era fuego, humo, armas rotas y montones de cadáveres de ambos bandos.
En la batalla Kernstown, 200 cadáveres se habían unido al anterior montón que ya había antes. Lo peor de todo eso, era que encontrar el cuerpo de una persona en especial era muy difícil entre todo ese campo de muerte. Peor aún, cuando sólo eres un niño con su hermano mayor que buscando, esperaba encontrar al menos alguna pertenecía de su padre.
Si le preguntaban al hermano menor, tenía que admitir que deseaba con todo su corazón que las fuerzas anti esclavitud triunfaran, una idea curiosa para alguien que si bien, no era de clase privilegiada, se encontraba alto económicamente al ser perteneciente a una familia de estadounidenses en todo derecho, y, por supuesto al no ser esclavo o tener tez oscura.
¿Por qué las personas se empeñaban tanto en diferenciarse de acuerdo al color de su piel? El color de piel simplemente, no podía influir en la persona. Él personalmente lo había confirmado.
"¡Tienes muy buena fuerza física! ¡Impresiónate! - se rió - Si yo tuviera parte de tu resistencia, podría realizar el trabajo sin tantos problemas"
Si su padre se hubiera enterado que tenía como amigo a un hijo de esclavos, estaba seguro que hubiera recibido una buena tunda. Pero, ¿cómo no hacerse amigo de él? Era alguien amable, las pláticas que tenían eran divertidas y los juegos lo eran más…
Incluso, gracias a él era que había logrado descubrir esa pequeña pasión que últimamente se había apoderado de su espíritu.
"- ¿Qué fue ese movimiento que hiciste? - le preguntó impresionado. El niño parpadeó, le dedicó una sonrisa avergonzada pero sincera y sus ojos brillaron de emoción.
- Es un golpe de box - respondió - Un deporte muy popular en el Norte. Realmente, lo único que hice fue imitar algo que había visto, no estoy seguro de que se haga de esa manera…
- ¡Lograste mover ese saco enorme de un puñetazo! ¡Por supuesto que tiene que ser de esa manera!
- ¿Verdad que es impresionante? - le contestó alegre - Sí yo puedo hacer eso, ¡imagínate lo que lograrías hacer tu que tienes mucha más fuerza!"
"Imagínate lo que lograrías hacer tú" esas palabras rondaron en su cabeza durante mucho tiempo, hasta que por fin se había decidido a tratar de practicar dicho deporte de forma autónoma. O al menos era autónoma al principio, luego, pudo practicar de alguna forma con su amigo.
"- Desde ahora en adelante, me llamaré "Fist"(9) - exclamó contento en broma.
- ¿Enserio? - logró decir entre risas - ¡Entonces yo seré…"
- ¡Hermano! ¡Creo que encontré algo! - la voz lo sacó de sus recuerdos, y no sin cierto cansancio, se dirigió hacia donde su familiar se encontraba. El adolescente lo apuró con la mirada y un ceño fruncido, no deseaba permanecer durante mucho tiempo en ese lugar y mejor acabar con todo rápido - Mamá se va a poner triste…
Dando una mirada al cielo antes de bajarla hacia la tierra llena de muerte, el niño deseó que todo eso pronto terminara. Mientras más rápido la guerra acabara, más pronto podría volver a jugar con Fist, y esta vez, sin ninguna etiqueta de "esclavo".
"¡Entonces yo seré Knuckle!"
Napoles, Italia; 1862
- ¿Qué eso no es algo injusto? - se quejó en voz alta. Los miembros más antiguos rodaron los ojos, ahí venía de nuevo el diario puchero de su nuevo integrante - ¿Por qué el jefe le presta más atención a él? Es solo un niño.
- Niño que es capaz de acabar con más oponentes que tú - se burló un adulto. El joven frunció el ceño con total desagrado y los demás miembros de echaron a reír.
- No dejan de jactarse de eso, pero yo no he visto nada. ¿Cuándo seré capaz de ver a su alteza serenísima en acción?
- Cuidado con tus palabras, cuando veas lo que es capaz de hacer la llama que tiene, verás que hacerlo enojar es un error fatal - le respondió otro hombre.
- Hablando de llamas - cambió de tema, incomodo - ¿Cuándo me darán mi anillo para poder producirlas? Me muero por ver cuál es mi clase y empezar a golpear enemigos.
- Me alegra que estés tan entusiasmado con esto, chico - ante la repentina voz, todo el mundo cayó y se puso de pie al instante. Las sombras los rodeaban y la única luz presente en esa noche era un fuego que bailaba cerca de ellos en una chimenea - Pero aún no has demostrado tu valía como para entregarte un anillo.
- P-pero jefe…
- Y envidiando a nuestro querido talento no la demostraras - siguió hablando. El jefe de la nombrada "Famiglia Morte" era un hombre corpulento con un particular sentido del humor. El hecho de que desde la formación de Italia se fueran formando con más velocidad las llamadas "familias mafiosas" le causaba cierta diversión, porque después de todo, los grupos se empezaban a dividir entre los que robaban sin importarles la autoridad y los que cobraban sumas exorbitantes por "protección". Era un campo de juego enorme que albergaba a todo el país.
El nuevo integrante chasqueó la lengua, molesto.
- ¿Qué puede hacer un niño de 9 años que no pueda hacer yo? - cuestionó irritado. El líder soltó una risotada que resonó entre las paredes de la estancia.
- ¿Qué puede hacer? - repitió la pregunta divertido - Oh, muchas cosas. En primera, poner en su lugar a gente quejumbrosa como tú.
El joven cerró los puños, frustrado.
- Aunque lo más importante no es que lo haga, si no como lo hace - sonrió, de alguna manera orgulloso de haber encontrado a tal diamante en bruto años atrás - Puede sacar una llama de última voluntad sin necesidad de un anillo.
- ¡Eso es imposible! - exclamó.
- ¿Quieres apostar?
Un silencio sepulcral se instaló. Los demás miembros esperaban que su nuevo integrante no fuera tan estúpido como para aceptar el desafío.
- P-pero, no es posible…
- Si no lo es, entonces no te molestara que lo llame ¿verdad?
Otro silencio aplastante.
- Entonces creo que lo haré, Ri-
- ¡Espere! - lo interrumpió - No es necesario, ya-
- Vaya, ¿tan fácil se rindió? - una tercera e infantil voz hizo aparición. Todas las miradas se colocaron de forma automática en los peldaños de la escalera continua, donde un niño de mirada ladina observaba con gracia la escena - Eso fue más rápido de lo que esperaba.
- ¿Esperabas tener alguna diversión con él? Lástima que no fuera así - dijo el jefe - Pero no te preocupes, muy pronto tendremos una misión. Podrás divertirte lo que quieras en ella, Ricardo.
El niño sonrió, y sus ojos parecieron brillar de entre la oscuridad.
(1) Fue el secretario de relaciones exteriores de Inglaterra en ese momento.
(2) "Demonio" en alemán.
(3) "Demonio" en ingles.
(4) Grábense este nombre porque más adelante va a ser muy sonado. Otto von Bismarck, mejor conocido como "el canciller de hierro" fue el encargado de realizar la Unificación de Alemania al mando de Prusia. La razón por la que utiliza el alemán cuando habló fue por esa, Prusia sería el pilar para la creación para la futura Alemania, por eso decidí utilizar ese idioma aunque aún no existiera propiamente Alemania en el año en el que me baso.
(5) Era el soberano feudal más poderoso desde el siglo X al siglo XIX dentro de la historia de Japón. Aquí quiero recalcar la palabra "feudal", es decir, la persona más importante en un determinado territorio en el cual regía.
(6) "¡Ahora, Margaret! ¡Vámonos!"
(7) "¡Esperen! ¡Por favor, no me dejen!"
(8) El llamado "golpe de gracia" en Japón. Ese golpe que finaliza todo, usualmente matando al contrincante.
(9) "Puño" en ingles.
¡Hola a todos! Aquí llego con una nueva actualización. Capitulo algo lento, pero créanme, que será importante para entender futuros. También, presentación y localización de otro de nuestros guardianes de la primera generación, ¿sorprendidos de donde lo puse?
La exposición de Londres, la mencionada visita de Paris de Bismark y también su estadía en Londres, al igual que el incidente que puse con Ugetsu en Japón, fueron verdad. Sí, aunque no lo crean. Sobra decir, que lo de la Guerra Civil en Estados Unidos también es parte de la historia. Enserio, que siempre que veo el siglo XIX me sorprende la enorme cantidad de guerras que hubo en todo el mundo, es impresionante.
El mensaje que le dio la mujer a Ugetsu, no lo traduje por ciertos motivos. Pero no se preocupen, más adelante pondré su significado.
Una personita me preguntó en que me basaba para hacer a los personajes de determinada nacionalidad, que le parecía encajaban bastante bien. Debo decir que me baso en muchas cosas, pero por donde empecé fueron los nombres. Por ejemplo, "Alaude" tiene una pronunciación francesa en el anime, y puede corresponder a una traducción de "alondra" del francés. "Knuckle" es del ingles, su traducción es "nudillos" por eso decidí ponerlo en un país de habla inglesa, y con Daemon… bueno, con Daemon mi cabeza explotaba entre ponerlo britanico o prusiano (alemán, by the way) y después de checar mis referencias históricas, los idiomas, su forma de vestir, su personalidad, su propio nombre y demás, decidí que en definitiva, lo pondría como mitad y mitad…¿Se fijaron en lo curioso que es la palabra "demonio" en alemán e ingles? Su única diferencia es una letra, ¿y si tratamos de juntarlas ambas, qué es lo que sale?
El siguiente capítulo va dedicado casi totalmente a un personaje en especial, para que vean que me gusta indagar en la historia y situaciones de todos.
Me despido agradeciendo por los comentarios y por leer hasta aquí, grazie!
Atte: ElenaMisaScarlet
