HARRY POTTER Y LA PLANTA DE LA VIDA
Capítulo diez: No te Vayas
Comenzaba a hacerse tarde, y los chicos junto con Herb-Harriet se acercaban al lugar. Iban rápido, pero con precaución para evitar cualquier tipo de trampa que pudiese haber en el camino. Se habían saltado las clases faltantes, y tenían que andar con cuidado por si los salían a buscar.
— Mucho cuidado, ya estamos cerca — dijo Harry a los otros dos —. Herb, es mejor que permanezcas oculto, no sabemos a qué nos vamos a enfrentar y podemos necesitarte. Tengo un mal presentimiento…
— Bien amito Potter, estaré pendiente — contestó Herb-Harriet con decisión.
Ron y Harry continuaron avanzando poco a poco, hasta que entraron en el claro. Otearon hacia todas partes, pero no había señales ni de Malfoy ni de Hermione por ninguna parte.
— ¡Bien Malfoy, aquí estamos! — gritó el moreno, mientras ambos alistaban sus varitas y se cubrían las espaldas — ¡Ahora sal y da la cara!
— Je, je, je — escucharon los chicos, sin ver a nadie —. Muy bien, los felicito, esto significa que su amiguita les importa mucho más de lo que pensaba.
— ¡Sal ya Malfoy, no seas cobarde! — gritó Ron desesperado.
— ¡Ya veremos quién es el cobarde, pecoso cabeza de fósforo! — dijo la voz, para luego gritar la invocación de un hechizo — ¡EXPELLIARMUS!
Una luz rojiza salió de entre unos arbustos, y apenas les dio tiempo a los chicos de tirarse al suelo esquivándola. La luz dio en el hueco de un árbol, y algo dentro de él la reflejó, regresando hacia donde había salido, pero esta vez hizo blanco directo en los rescatadores, desarmándolos y derribándolos. Fue entonces que, del lugar del que había salido el hechizo, hizo su aparición Draco Malfoy, halando con fuerza a una Hermione atada y amordazada y trayendo consigo la planta de la vida, la cual se veía más seca que antes.
— Bien, bien — dijo Malfoy con cara de satisfacción —. Ahora que están juntitos, no creo que tengan inconveniente en obsequiarme el poder de la vida de su pequeña planta, ¿verdad?
— N-no sabemos d-de qué hablas — dijo Harry tratando de erguirse.
— ¡Vamos Potter, déjate de juegos! — le gritó el rubio, enfadándose —. Ambos sabemos muy bien que si esta planta se muere, nadie revivirá. Eso tal vez no te importe mucho, pero sé de sobra que la vida de tus amigos sí te importa. Así que, ¿con quién comienzo, con tu amiguita castaña, o con tu escudero ahí tirado?
— ¿Q-qué tal c-conmigo, ca-cabellos d-de m-muñeca? — dijo una voz a espaldas de Malfoy. Era Herb-Harriet, quien había rodeado los árboles para situarse a espaldas del rubio. Había tomado una vara seca del piso, y simulaba enarbolar una varita mágica.
— Vaya, vaya, ¿y tú quién eres dulzura? — dijo socarronamente el rubio, quitándole atención a los chicos — ¿Acaso eres un juguetito nuevo de éstos niños?
— T-tal vez — dijo Herb-Harriet sonriendo retadoramente —, p-pero a-apuesto a-a q-que n-no aguantas ju-jugar c-conmigo, be-bebito de-de papi.
— ¡A mi nadie me insulta! — dijo el rubio — ¡Ahora verás! ¡CRUCIO!
El hechizo hizo blanco directo en el cuerpo de Harriet, pero al caer hizo un gesto con la mano y las varitas de sus amos regresaron a sus dueños.
— ¡Déjala Malfoy, defiéndete! — le gritaron los chicos, pero ya Malfoy lanzaba otro hechizo sobre Harriet, arrojándola más lejos y yendo a caer muy cerca de la entrada de la guarida de Aragog. El ruido que hizo al caer despertó a los hijos de la agromántula, que cayeron sobre el cuerpo de Harriet y la arrastraron hacia su madriguera.
— ¡No, Harriet defiéndete! — gritaban los chicos, mientras veían a las arañas arrastrando el cuerpo, Hermione lo veía también llorando y tratando de zafarse de sus ataduras. Fue demasiado tarde para hacer algo, las arañas fueron muy rápidas y se llevaron el cuerpo hasta que desaparecieron entre los árboles.
— Bueno — dijo Malfoy con cara de satisfacción, mientras apuntaba a Hermione con su varita —. Creo que ahora podremnos continuar sin que nos interrumpan. Como iba diciendo, el trato es este: la vida de su amiguita de sangre-sucia, a cambio del poder de la planta.
— ¿Para qué lo quieres Malfoy? — dijo Harry —. Si querías que reviviéramos a tu madre, nos lo hubieras pedido amablemente…
— ¿Mi madre? ¡JA, JA,JA, JA, JA,! ¡No me hagan reír, niñitos tontos! ¡Es el Señor Tenebroso quien se levantará de entre los muertos! ¡Miren allá!
Los chicos voltearon hacia donde les indicaba, y vieron estupefactos lo inimaginable: Arriba de sus cabezas, colgando de una soga atada a su cintura, estaba el verdadero Malfoy, desmayado.
— ¿Quién eres tú? — atinó a decir Harry.
— ¡JA! ¿No lo has adivinado Potter? — dijo el falso Malfoy, mientras su cara se deformaba a la par de su cuerpo. El impostor había usado poción multijugos que ahora perdía sus efectos. Cuando la transformación terminó, los chicos no creían a sus ojos. Frente a ellos estaba nada menos que Barty Crouch, quien le tendiera a Harry aquella trampa durante la Copa de los Tres Magos, y lo llevara a enfrentarse con Lord Voldemort, lo que le costó la vida a Cedric Diggory.
— ¿P-pero, cómo…? — dijo Ron sorprendido — ¿No estabas encerrado en Azkaban?
— Je, je, siempre hay formas de escapar de una prisión — dijo Barty satisfecho —, sobre todo si tienes una pequeña reserva de poción multijugos para emergencias. Lo demás es fácil. Observación de tu víctima, la acechas, la capturas y listo, obtienes lo que buscas, es este caso, la manera de que mi Señor Tenebroso vuelva a vivir, y se deshaga de ti de una vez, Harry Potter.
— ¿Pero, cómo te enteraste de la planta? — preguntó Harry, aunque en realidad estaba haciendo tiempo para pensar en algo.
— Bueno, no lo supe hasta después de que me convertí en ese traidor de Malfoy — dijo Barty con furia —, lo elegí porque así podría vigilarte sin que te me acercaras demasiado, fue fácil aplicarle una maldición imperius y hacerle quedarse en el estadio, el tiempo suficiente para que nadie nos viera salir hacia el bosque prohibido, donde cómodamente pude convertirme en su doble, dejándolo aquí bien resguardadito lejos de las arañas, pues podría serme de utilidad otro día. Luego los seguí sin que me vieran, y me enteré de la existencia de ésta plantita maravillosa, con la que mi Señor regresará a la vida ¡y será para darte muerte Harry Potter!
— No podrás usarla Crouch — dijo Harry sin dejar de apuntarle —. Resulta que la chica que arrojaste a las arañas era en realidad el alma salida de la planta. Nosotros le pedimos que tomara esa forma, para evitar que cayera en manos de mortífagos como tú. Y ahora que la destruiste, nadie revivirá.
Barty desencajó el rostro en un horrible gesto de furia, y con desprecio arrojó a Hermione y la planta al suelo, y comenzó a halarse los cabellos con desesperación, maldiciendo a los chicos y a su suerte. Hizo tanto ruido, que atrajo la atención de las arañas, que comenzaron a salir a buscar alimento desde su guarida.
— ¡Ahora van a morir niños estúpidos, ya no me sirven para nada! — les gritó Crouch, apuntándoles con su varita. Los chicos se aprestaron a defenderse, pero en el instante en que Crouch iba a atacarlos, una luz clarísima salió de entre los árboles, desde donde las arañas salían, y formó una especie de domo alrededor de los chicos, quedando fuera de la vista de Crouch, quien comenzó a lanzar maldiciones al domo, pero todas se estrellaban en el domo, y lo único que provocaban era que se adelgazara un poco con cada ataque. Dentro, los chicos desataron a Hermione, y ya pensaban en cómo salir del problema, cuando vieron que en la pared interior del domo aparecía la cara de Herb, que les sonreía a pesar de que hacía gestos de dolor cuando una maldición se estrellaba por fuera.
— ¡Herb, eres tú! — gritó Hermione con alegría — ¡Ya sabía que no nos fallarías amigo!
— Sí amita Granger ¡ouch! — dijo Herb, disimulando su dolor —, ahora deben irse, yo los cubriré. Sálvense amitos, me encantó conocerlos y aprender de ustedes.
— ¿Eh, qué quieres decir Herb? — dijo Ron, queriendo no adivinar lo que esas palabras significaban.
— ¡No Herb, no lo hagas! — dijo Harry, que ya había adivinado las intenciones de su amiguito volador. De repente, se abrió un agujero en la parte alta del domo, y los chicos se sintieron succionados por él, saliendo disparados hacia el cielo, desde donde pudieron ver a Barty Crouch gritando, mientras las arañas que había molestado daban cuenta de él.
— ¡HEEERB, NO TE MUERAAAS, VIVEEEE, POR FAVOOORR! — gritaron los chicos mientras se elevaban por los aires. Cuando comenzaban a caer, sucedió algo extraordinario; Hermione se convirtió en una hermosa lechuza color castaño, Ron se vio transformado en un halcón, y Harry vio cambiado su cuerpo por el de un enorme cóndor. Éste y el halcón chillaron algo que solo la lechuza entendió, y se lanzaron en picada hasta más debajo de los árboles, mientras la lechuza emprendía el vuelo rumbo a Hogwarts. Pronto la alcanzaron sus amigos, y vio con sorpresa que Harry el cóndor llevaba cargando a Malfoy, quien seguía desmayado, mientras Ron el halcón llevaba en una garra las varitas mágicas y en la otra la maceta de la planta.
— ¡IIIIIIIAAAAAAACC! ¡IIIIAAAAACC! (¡Vayan a la torre!) — chilló el cóndor, adelantándose a sus amigos, quienes siguieron hacia Griffyndor, mientras veían al cóndor llevar a Malfoy a la torre de Slytherin. Más tarde, el cóndor se reunió con la lechuza y el halcón en la torre de Griffindor, entrando por una alta ventana descendió hasta la sala común, donde los otros lo esperaban. Ron el halcón había puesto la planta en la mesita de centro de la sala, y estaban posados en el respaldo de los sillones.
— ¡UUUUHH,UUHHUUU,UUHH! (¿Y ahora, qué hacemos?) — dijo Hermione la lechuza.
— ¡EEEEIIIII! ¡EEEIIII! (Descansemos, estoy agotado) — respondió Ron el halcón, acicalándose las plumas.
— ¡IIIAACC! ¡IIAACC! ¡IIIAACC! (De acuerdo, quedémonos aquí) — dijo Harry el cóndor, acomodándose para descansar. Los tres se quedaron dormidos, soñando con su pequeño amigo Herb.
A la mañana siguiente, los chicos se despertaron adoloridos de los brazos, no sabían que era tan cansado volar como las aves. Era temprano, estaba apenas amaneciendo, pero los despertó la incomodidad de estar dormidos en los brazos de los sillones de la sala común. Pero lo que los terminó de despertar fueron los tenues sollozos de Hermione, quien había despertado abrazada a la planta, y ahora lloraba por haberla encontrado seca, totalmente marchita. Los muchachos sólo atinaron a abrazarse a su amiga, no había palabras para consolarla, ni les importaba ya el hecho de que no podrían revivir a nadie, sólo sabían que su pequeño amigo Herb se había ido para siempre.
