Capítulo IX: Rose Lo Superó

ROSALIE'S PoV

Desperté gracias a mi despertador como todas las mañanas desde que me mude a este apartamento junto con Carmen, Sue, Leah y mi 'papá' a Nueva York, aunque todavía se me hacía algo dificultoso el llamarlo de esa manera ya me estaba llegando a acostumbrar a sus abrazos llenos de cariño como si no me quisiera dejar ir y sus celos para con Emmett por ser mi novio e invitarme a salir cada viernes en la noche. Mi relación con mi padre había mejorado en exceso pues actualmente era siempre muy atento conmigo, visitábamos la tumba de mi mamá juntos cada fin de mes, me ayudaba a cuidar a mi bebita (a quien amaba como si fuera yo de bebé, al menos eso era lo que siempre emitía al notar su gran parecido a mí), me compraba con gusto todos los complementos que necesitaba en mis clase, me daba ánimos pues creía que yo sería como mi mamá al terminar mi entrenamiento en la academia, y ahora si era como un ángel de la guarda conmigo ya que no permitía que absolutamente nada me hiciera enojar o llorar pues siempre decía que ¨si yo estaba molesta, el mundo también lo estaría¨. Ese refrán me daba ganas de reír pues parecía una padre sobre protector sin embargo, me agradaba que lo fuera pues gracias a eso, yo podía sentir su amor y cuidado.

Me puse de pie estirándome con una sonrisa en mi rostro, caminé hasta la cuna de mi preciosa hija, mi papá había transferido mi cuna hasta el nuevo apartamento para que todo quedara como en nuestro hogar, y allí estaba ella abriendo sus ojitos azules de par en par mientras me sonreía con la boca abierta y extendía sus pequeños bracitos hacía mí, la cargué con timidez pues a mí siempre me parecía tan frágil y me asustaba poder romperla por mi torpeza, ella se aferró a mi colocando su cabecita en mi hombro para descansar mientras hacía esos sonidos de bebés tan adorables, en este momento eran como música para mis oídos. La bebé había crecido en estos cinco meses, su cabello era delgado y corto era de un rubio brilloso que la hacía ver como una princesa, ahora sonreía más a menudo sobre todo cuando veía a su abuelo, a su abuela, a Sue, a Emmett, a Bella y a mí, siempre quería que alguien estuviera pendiente de ella pues si nadie la veía o la entretenía de pronto se ponía a llorar y nada que no sea un abrazo la calmaba (Sue decía que en eso se parecía mucho a mí y mi papá decía lo mismo con dulzura), también le gustaba sujetar los dedos de las personas con sus pequeñas y suaves manos de bebita y a veces me parecía una niña tierna pero con una pasión por la moda, pues aunque era muy chica, Carmen siempre terminaba comprándole conjuntos de ropa cara de diseñador, así pareciéndose cada vez a una versión rubia de Suri Cruise. Caminé vistiendo mi pijama invernal constituida por unos pantalones de polar blanco, una camiseta del mismo material y color, y unas pantuflas abrigadoras, todo ese vestuario con un estampado de Hello Kitty que me hacía ver más joven, como una niña de quince años o quizá de un poco más; llegué al comedor muy elegante que había organizado Carmen, donde mi querida nana se encontraba preparando el desayuno como siempre con mi papá en la silla más grande mientras leía su periódico, al lado izquierdo de él se sentaba Carmen con su característica sonrisa y la silla de la derecha estaba reservada para mí, todo eso a las séis de la mañana pues eramos madrugadores desde que Leah entró en nuestras vidas. Puse a mi bebé en su silla de comer junto a nosotros para que no llorara, pude oler unos huevos revueltos y jugo de fresas para el desayuno.

- Buenos días, pequeña. – emitió mi papá dándome un beso en la mejilla, se levantó un rato acercándose a la bebé – Buenos días, pequeña más pequeña. – hizo lo mismo con ella y sonrió con las mejillas sonrosadas queriendo sujetar la cara de mi papá con sus manitos.

- Hola, Rose. – dijeron alegres Carmen y Sue, luego voltearon a ver a mi niña hermosa – ¡Hola, 'bebé Leah'! – expresaron con más emoción pues las dos disfrutaban pasar tiempo con ella más que nada en sus vidas, ellas desde que la conocieron le pusieron ese apelativo tan conveniente pues ella lucía como una osesna

Comprobé que el desayuno estaba exquisito y fui a cambiarme para llegar a la academia a tiempo agradeciendo a Sue, quien ahora se encontraba cargando a mi bebé. Me vestí con mis leotardos blancos, mi enterizo escarlata, mi tutu rojo con algunas transparencias, mis calentadores de piernas de color durazno claro y mis zapatillas de ballet color ciruela; peiné mi cabello en un moño simple pero apretado sin que quedara nada en mi rostro como había ordenado estrictamente mi maestra en el primer día de clases, solo me maquillé con un poco de mascara lúcuma y un brillo labial de color cereza. Me vi al espejo cuidadosamente para poder notar mi evolución durante estos cinco meses de hacer ejercicios para bajar el peso que había ganado en mi embarazo, pero no solo había mejorado en cuerpo sino también en alma, mi papá me había conseguido una psicóloga que me ayudara a superar mis malos recuerdos y hasta ahora todo iba bien pues me sentía feliz y satisfecha con mi familia, con mi nueva madurez adquirida (supongo que al pasar lo que yo tuve que experimentar, comenzabas a ver todo en perspectiva ya que ahora comprendías el dolor del mundo y lo maravilloso que es hacer feliz a los demás pues de esa manera te sentía como restaurada), finalmente, con mi vida entera.

Al salir del departamento me despedí de Carmen, Sue y de mi bebita, quien solo sonreía sin parar, entré al auto y mi papá arrancó. Así era todos los días, me dejaba en la academia, luego se iba a su trabajo y al final me recogía para llevarme a casa a almorzar y ser una madre para mi hija, pero también iba a saludar a mis entrañables amigos y fabuloso novio. Llegamos, salí del auto despidiéndome de él con la mano mientras él decía ¡Suerte! con emoción, arrancaba y yo entraba a seguir con mis estudios del bello arte llamado ballet , donde estaría hasta que cumpliera los veinticinco y pudiera ser una maestra o una profesional en la materia, siendo así contratada para estar en muchos eventos relacionados con el tema. Mi clase duraba de cinco a seis horas pues eran intensivas al estar atrasada en mi conocimiento por mis constantes faltas en la otra academia de Los Angeles, así que mi salón de baile estaba constituido por muchachos y muchachas de diecisiete y dieciocho años, era entretenido ver como su mundo solo giraba en torno a lo más nuevo en cuanto series de televisión y películas taquilleras que hubieran sido inspiradas en libros, aunque obviamente que no habían leído ni una página de los textos pero se decían ser fans de todo ello. Entré al salón donde se encontraba mi antiguo amigo, Garret, quien también atendía a la academia y compartíamos la clase pues por alguna razón desconocida tampoco había terminado los estudios en nuestra ciudad natal, era grandioso tenerlo como un compañero entrañable que inclusive llegaba a comparar con mi mejor amiga pues luego de que le explicara lo que me sucedió simplemente me ofreció su amistad sincera preocupándose por que disfrute cada segundo de nuestras salidas al Mall Centre o al salón de belleza; también en esa clase se encontraba Alistair quien siempre intentaba invitarme a salir pero yo ya me estaba hartando de decirle que no porque tenía novio y no quería nada con él, pero nada de eso lo detenía. En eso entró la Srta. Leniak al salón con su imponente bastón negro tallado a mano con figuras de plumas cayendo en toda su extensión, ella era en exceso pálida con cabello pelirrojo y ojos verdes como esmeraldas brillantes que le daban color a todo su rostro y era delgadísima como un alfiler pero con una postura digna de un militar.

- Hagan unos catorce Fouettés y después el Pas de deux, que ya se deben saber de memoria – ordenó ella poniéndonos como soldados, comencé a hacer la primera orden con mucha facilidad aunque no era como con mis otras maestras que siempre me admiraban, ella era muy diferente – y no me interesa que estén cansados porque luego practicaremos el la introducción del Lago de los Cisnes – ella simplemente era dura con todos, no tenía algún favorito ni creo que planeara tenerlo; caminó por mi lado mientras yo terminaba los fouettés – bien – pero ni ella podía dejar de reconocer que yo era la mejor en la clase, pues me esforzaba por serlo aunque eso enojara a unas cuantas niñas celosas del éxito de los demás

Al finalizar la clase, me despedí de Garrett, volví a rechazar a Alistair, me coloqué la chaqueta de polar blanco que había traído conmigo pues el frío era horrendo y abordé el auto de mi papá con tranquilidad pues siempre al terminar las clases me encontraba relajada; al llegar al apartamento almorcé con la familia y luego salí abrigada vistiendo unos jeans negros ceñidos, una camiseta hecha de líneas horizontales gruesas color durazno y blanco hecha de lana con mangas largas, unas botas cortas marrones con tacón alto y un sombrero pequeño de color negro; dejé mi cabello ondulado suelto para que me protegiera el cuello del frío al no llevar alguna bufanda. Tomé a mi bebé bien abrigada que con una prenda más ya no se podría mover con facilidad colocándole en su cochecito, salí del apartamento y vi a mi cita, Emmett luciendo muy atractivo con su saco negro, me abrazó y besó, luego saludó a mi bebé que el siempre llamaba hija aunque yo le decía que no lo hiciera. Fuimos a pasear al Central Park, que se veía tan perfecto en este invierno, caminamos de la mano pasando el tiempo en el puente cubierto por la nieve, hablábamos de lo buena madre que era, de como el se esforzaba en sus clases en Columbia, y de nuestro tema favorito: el ballet, él me contaba que extrañaba practicarlo pero con sus horarios no tenía tiempo para ello, para alegrarlo un poco me ofrecí a darle clases en las tardes de todos los viernes (su único día libre que contaba con más de dos horas). Vi a una muchacha con el cabello rojo oscuro junto a unos tres jóvenes, era Alice y estaba fumando algo de dudosa procedencia, simplemente no era un cigarrillo común.

- Mira eso. – señalé con mi dedo la dirección donde se encontraba para que mi novio pudiera darse cuenta, él volteó a verla decepcionado pues parecía una de esas chicas drogadas que salían en la televisión

- Esta arruinada, ¿cierto? – preguntó con tristeza, yo solo llegué a asentir con desdicha, pues aunque no éramos las mejores amigas igual me sentía mal de ver a la amiga de mi mejor amiga y de mi novio estar matándose de esa manera, pero con todo lo que le había hecho al pobre y desconsolado de Jasper, ya no me sorprendía lo que fuera capaz de hacer por algo de supuesta 'diversión' – Vayámonos.

Fuimos al departamento de nuestros amigos para saludarnos y ponernos al día, pero nos dimos con la sorpresa de que Bella y Edward habían salido a cenar, y Jasper había ido a visitar a sus primos que vivían muy cerca a este lugar. Mientras Emmett se fue a prepararme un café y a calentar la leche de la bebé, yo me quedé con mi hija paseándola en su cochecito que la hacía tan feliz; escuché que tocaron el timbre y rápidamente junto con el cochecito fui a abrir. Era la mamá de Alicr, la reconocía de la graduación y a parte porque era casi idéntica a ella con la excepción del cabello y el color de ojos.

- Hola, ¿está Bella, aquí? – preguntó con su acento inglés y lágrimas en los ojos, en eso vino Emmett a mi lado haciéndola pasar pues hasta en los pasillos hacía frío, se sentó en el sofá a lado de nosotros sollozando un poco – Quería saber donde estaba mi hija, la llamo pero no me responde, en la universidad me dicen que no va y no tengo idea de donde pueda estar.

- Sra. Brandon, Bella no se encuentra pero… – dijo Emmett algo decaído por verla así, simplemente me daba pena pues era una madre preocupada por su hija, no quería ni imaginarme como me sentiría si perdiera a mi pequeña Leah.

- Pero podemos decirle como está su hija, – interrumpí mientras Emmett trataba de detenerme para no hacerla sufrir más – usted necesita saber la verdad. – y era cierto, pues por más que doliera era muy necesario saber algo a no tener idea – Alice se fue con un muchacho que conoció en la universidad mayor que ella, no sabíamos nada de ella hace un mes aproximadamente hasta hoy que nosotros la vimos con ese muchacho y unos tres más, – ella se veía algo más estable que antes mientras Carl se llevaba a la bebé para que tomara su leche que ya estaba lista – creemos que estaba drogada o fumando marihuana, no se parecía estar en sus cinco sentidos.

- Gracias por decirme la verdad. – pronunció con dificultad en su voz y algo horrorizada por saber lo que le pasaba a su hija, me daba mucha pena porque no se merecía eso, recordaba que Bella una vez me dijo que ella amaba a Alice como nadie y antes siempre había querido tener una mamá como ella, yo antes había discrepado en eso porque a mí me agradaba mucho la Sra. Dwyver pero ahora veía porque lo decía, ella era tan dedicada y digna de un premio como la mejor madre; vi sacó una especie de hoja mediana de su bolso negro – si la ves por favor dale esto y dile que la extrañó mucho; gracias por tu tiempo.

Se puso de pie y salió del apartamento sin decir nada más, Emmett volvió junto a la bebé en su cochecito y con mi café en una mano algo preocupado, pero no molesto conmigo pues sabía que le había dicho eso con absolutamente nada de malicia sino con la intención de ayudarla en su búsqueda. Tomé el papel que la Sra. Brandon me había entregado y me pude dar cuenta de que era una fotografía de un joven de nuestra edad (aproximadamente, quizá un año mayor) con el color exacto de cabello de Alice y tan desordenado como el de ella como el que tenía hace unos años atrás, antes de volverlo más oscuro con el tiempo, se veía sonriente con el palacio de Buckingam de paisaje en la parte de atrás, pero fue su mismo tono de ojos lo que me permitió darme cuenta de quien realmente era. Era su padre.