La música sonaba fuertemente por los parlantes, los jóvenes en esa enorme habitación movían sus cuerpos al ritmo de ésta, mientras que otros bebían y charlaban con sus grupos. Rin y Kohaku no eran la excepción, llevaban bailando juntos por más de media hora y extrañamente la pelinegra no se sentía para nada exhausta. Es más, con cada minutos y minutos que pasaban, sus energías aumentaban misteriosamente...
Quizás era por el grado de alcohol del vodka y las tres veces consecutiva que iba bebiendo.
—Si sigues con eso, tendré que sacarte a rastras de aquí. —Le habló Kohaku al oído. Rin encogió los hombros al sentir el cálido aliento del muchacho en su cuello, y el hormigueo que éste le provocó. — Y lamentablemente no puedo prometer ser un caballero, dado que también se me está yendo de las manos esto.—levantó su vaso para aclarar el punto.
Una sonrisa radiante se dibujó en los labios de la pelinegra y sus ojos brillaron de una extraña manera, al menos de una que Kohaku no pudo descifrar, pero sabía enormemente a qué se debía. —¡Ya, para con eso! —le dio un pequeño golpe juguetón en el estómago. —Si sigues diciéndome cosas como esas voy a empezar a pensar cosas raras de ti.
—¿Cómo qué? —preguntó. Tomó la mano con la que le había dado el golpe y acercó su cuerpo al suyo.
—Todavía no lo sé, pero dime, ¿debo leer entre líneas? ¿estás insinuándome algo? —Rin sintió como los brazos del moreno rodeaban fuertemente su cintura. —Tal vez. —contestó él posando su vista en los dulces labios de su amiga. Rin eligió ese momento para beber un trago de su bebida, y sin quitar la vista de los ojos de Kohaku se pasó la lengua por los labios lentamente. Y sólo así, el moreno sintió cómo se le cortaba la respiración.
De pronto Rin rompió en carcajadas, matando así la atmósfera de sensualidad que se había creado entre ellos. —¡Eres tan gracioso cuando te pones todo serio! —Kohaku apartó la mirada y suspiró ruidosamente. Al parecer todo indicaba que Rin estaba jugando con él solamente, y era obvio, todo parecía muy bueno para ser verdad. Se maldijo mentalmente por dejarse llegar tan abiertamente, era bastante obvio que la pelinegra no estaba coqueteando con él, sintió vergüenza de sí mismo por no haberse dado cuenta antes.
Dio un paso atrás, alejándose de ella, y se obligó a poner buena cara. Aunque lo único que deseaba en esos momentos era dar un puñetazo a cualquier pared que tuviese cerca.
Fijo su vista en Rin, quien seguía con una deslumbrante sonrisa en su bello rostro, era tan hermosa que dolía, y lastimosamente, no era suya.
Cuando abrió su boca para ofrecerle otra ronda de bebidas, el sujeto que apareció tras de Rin llamó su atención, éste le hizo un gesto de silencio con la mano y acto seguido tapó los ojos de su amiga con ambas manos, llevó su boca a la oreja de ésta y pregunto "Quién soy".
—¡Ay, no, no! —se quejó Rin. — Odio esto, jamás adivino, así se trate de Kohaku o Inuyasha.
—¿Oh, en serio? Yo diría que mi voz es inigualable, te debe ser bastante fácil reconocerme.
—No logro descifrarla bien por el volumen de la música ¡dame una pista! ¿eres de mi círculo de amigos?
—Sí.
—Amm... ¿te tengo en un estima alto por X razón?
El muchacho miró a Kohaku y se encogió de hombros, éste asintió con la cabeza.
—Eeeh... sí, mucho.
—¡¿Bankotsu?! —preguntó, sobresaltada, creyéndose triunfadora.
—¡Auch! Eso rompió mi corazón ¿en serio idolatras a ese patán?
Rin se encogió de hombros. —Es mi primo favorito.
—Creí que yo era tu primo favorito. —contestó indignado, Rin apartó rápidamente las manos de sus ojos y volteó a verlo. Rápidamente su rostro se transformó en felicidad pura y se lanzó de lleno a sus brazos. —¡Jakotsu!
Jakotsu le devolvió el gesto envolviendola cálidamente en un abrazo protector. Para luego apatarla sin previo aviso. Rin lo miró confundida —Así que... Bankotsu eh. —fingió indignación. — "Tu primo favorito."
Rin le dio un leve empujón. —Ay, ya. Sabes muy bien que tú también lo eres. El mundo no se detendrá sólo porque Rin Murakami tenga dos primos favoritos en su vida.
—Pero un sólo mejor amigo. —alardeó Kohaku, con una sonrisa arrogante.
—Lastimosamente para ti, sólo eso. —lo pico Jakotsu.
—Al menos no soy familia de sangre, así que tengo demás oportunidades. —devolvió Kohaku.
—Ya quieras tú ser parte de esta familia. Pero quédate con las ganas, que es lo único que tendrás.
Rin los miró boquiabierta de ida y vuelta. ¿En qué segundo las cosas se pusieron tensas de esa manera? ¿Y de qué iba todo ese intercambio verbal con un deje de insulto? ¡¿De qué demonios se había perdido?!
—Ya veremos. —respondió Kohaku, mirándolo de pies a cabeza.
Jakotsu dio un paso hacia él. —Con que "ya veremos", eh. —contestó en tono bajo. — Dile eso a Sesshomaru, a ver si eres tan valiente.
—No tengo porqué decirle nada a Sesshomaru.
Jakotsu resopló y negó con la cabeza, una sonrisa burlona acompañaba a ese gesto. —Eso pensé. No eres más que un cobarde que va tras de algo que jamás tendrá.
—Por lo menos no pierdo mi tiempo regodeándome en dolor por alguien que ya no ésta.
—¡Maldito hijo de perra! —se le abalanzó encima con toda la intención de propinarle un puñetazo, pero a último momento Rin se puso en frente deteniendo lo que sea que podría haber llegado a pasar.
—Basta, detenganse los dos. ¿Por qué rayos han empezado a insultarse de la nada?
Jakotsu parecía no prestar atención a su prima, y sólo miraba con ojos de odio hacia Kohaku, y una promesa de muerte en ellos. —Sí, anda —le habló finalmente. — Deja que mi prima se interponga entre nosotros y te defienda. Eso demuestra mucho más lo cobarde que eres.
—¡Jakotsu, basta! ¿Y tú Kohaku por qué le has dicho eso? No tienes derecho a decirle una cosa de esas, estuviste mal. —miró a ambos entre ida y vuelta seriamente. —¿Cuál es el problema entre ustedes?
Jakotsu por fin posó su vista en ella. Parecía a punto de matar a alguien, y Rin ya se imaginaba específicamente a quien. Rin sólo lo había visto de ese modo una sola vez en su vida, hace mucho tiempo, y tal como aquella vez, sintió su piel erizarse.
La tensión en la habitación iba en aumento con cada segundo que pasaba, tanto así que varios presentes se dieron vuelta a mirar el pequeño enfrentamiento.
—Te diré cuál es el problema prima. Tu querido "mejor amigo" aquí. —habló irónicamente. — No es más que un farsante que disfraza su amistad hacia ti cuando lo verdaderamente único que siente por ti es un enam... —¡Jakotsu! — El moreno cortó sus palabras y volteó a ver a Inuyasha, quien se acercaba junto a Aome, Sango y Miroku. Detrás de ellos aparecieron Abi y Kagura, ésta última miro preocupada y asustada hacia Kohaku.
—¿Todo bien? —preguntó el peliplata, mirando a Kohaku y al primo de su cuñada de ida y vuelta.
Jakotsu respiró profundamente, tratando de calmarse. Por último se pasó la mano por el rostro y asintió. —Sí, sólo un pequeño mal entendido sin importancia. De todos modos. —sonrió abiertamente. — He venido a pasarmela bien, ¿no es así hormiga? —tomó a Rin por la cintura y la levantó en el aire.
—¡Vamos, vamos por unas bebidas!
—¡Ya, vas a tumbarme! —se quejaba Rin.
—Ni soñando, ya verás que...
Inuyasha y los demás les siguieron los pasos en dirección a la enorme cocina.
Y sólo así, el enfrentamiento fue olvidado...
Kagura se acercó a Kohaku y lo jaló de la camisa. —¡Eres un idiota, por poco y te delatan! Si no fuera por Inuyasha estaríamos fritos, mi plan se iría al demonio y con él mi oportunidad de volver con Sesshomaru ¡y ni hablar de lo tuyo con Rin!
Kohaku se encogió de hombros. —Qué te importa cómo salga lo mío con Rin.
Kagura entrecerró sus ojos hacia él. —Idiota, si logramos que se separen es de extrema conveniencia para mí que Rin se sienta atraída por ti o cómoda contigo, ya que no intentaría nada nuevamente con Sesshomaru y no andaría detrás de él. Recuerda que esto es algo que nos tiene que beneficiar a ambos ¡Pero gracias a lo imbécil que eres casi lo echas a perder!
—Tranquila, falsa alarma, no pasó nada.
—¡¿Que no pasó nada?! Él podría estar diciéndole lo que tú sientes por ella en estos momentos ¿sabes?
Kohaku metió ambas manos en los bolsillos de sus jeans y pasó junto a Kagura en dirección a la cocina. —Él no dirá nada.
Kagura comenzó a seguirlo. —Más te vale que así sea, si algo malo sale de todo esto, te arrastro conmigo.
Y ahí estaban ellos, en aquella mediana habitación de la casa, según la decoración y los muebles, todo daba a entender que era una pequeña biblioteca. Pequeña biblioteca repleta de libros.
Y aquellas cinco personas se encontraban ahí, lanzándose miradas unos a otros, rodeados de alta tensión la cual fácilmente se podría cortar con un cuchillo. Y esperando al héroe que fuera tan valiente como para tener las primeras palabras de todo aquel embrollo.
Luego de un tiempo, aquel héroe se manifestó en forma de Bankotsu. —Así que... se conocen. —argumentó, mirando de Adler a Akane.
—Así es. —respondió Adler en tono calculador, mientras entrecerraba los ojos hacia Akane.
—Lastimosamente. —contestó la muchacha fulminando con la miraba al muchacho rubio de igual manera.
—Y fueron novios. —Concluyó Hakudoshi, quien estaba sentado junto a Bankotsu en un mediano sillón de color blanco. Adler estaba sentado a su izquierda en otro sillón de igual color, mientras que Akane se encontraba a su derecha de pie recostada en un escritorio y Aymi sentada sobre el.
—¡Lamentablemente! —contestaron ambos al unísono.
—Pero también saliste con Aymi. —Remarcó Bankotsu, pasándose de ida y vuelta el pulgar y el índice por su barbilla en gesto pensativo.
Aymi fijo su vista en Adler y torsió sus labios en gesto de puchero mientras lo miraba de costado.
Adler por su parte apretó fuertemente la mandíbula. —Sí, pero eso fue después, a demás no tenía idea de que era prima de Akane, ella jamás me habló de Aymi y jamás las había visto juntas antes.
—Y ustedes no sabían que habían salido con el mismo chico hasta que Aymi término con él. —Concluyó nuevamente Hakudoshi.
—No, ellas sí sabían. —contestó seriamente Adler, aún sin quitar su dura mirada de Akane. —Pero... dulce Aymi, mejor entretednos a todos contando la razón por la cual terminamos.
—¡Ay Adler, te juro que yo no sabía! —se quejó Aymi, aún sin dejar de hacer pucheros. — Luego lo descubrimos por que finalmente le enseñé una foto de ti y dio la casualidad de que habías salido con ella, y si no te dijimos nada es porque yo te quería de veritas, de veritas. Y no quería que tú pensaras que lo planeamos en contra de ti como venganza o algo. Además... —¡Ya callate! —la cortó Adler, exasperado de tanta habladuría sin sentido. —Esa no es la verdadera razón por la cual te TERMINÉ.
—¿Ah, no? —preguntó Aymi, extrañada.
—No querida. —sonrió malévolamente, luego se puso de pié y comenzó a rondar por la habitación cual león enjaulado, y con tono calculador en su voz, prosiguió. —Verás... un día estaba yo tan feliz y tranquilo en la paz de mi habitación. Cuando de repente... mensaje salvaje aparece. ¿Y el remitente? Se preguntarán ustedes. —Akane se removió incómoda en su lugar, apartó la mirada de Adler y se razco nerviosamente su cuello.
—Pues, déjenme decirles amigos que nada más y nada menos que nuestra queridísima Akane ... —todos fijaron tu vista en la nombrada. —¡Pero! Ahora se preguntarán qué decía dichoso mensaje. Bueno, pues... no era mucho, pero a la vez era todo. Tan sólo tres simples palabras. Tres simples palabras que lograron perturbar mi paz mental e interior, tres simples palabras que lograron romper mi corazón. —hizo una pausa dramática logrando despertar aún más la curiosidad de los expectantes.—aquellas simples palabras fueron... "Ella Está Engañandote".
Tras escuchar eso, Aymi inmediatamente se puso en pie para enfrentar a su prima. —¡No lo hiciste! —la acusó. Adler asintió rápidamente. —Sí, lo hizo. —la rubia regresó su atención a Akane. —¡¿Lo hiciste?! ¡Eres una perra!
—Ay, no es para tanto.
—Sí lo es, me hiciste terminar con él. ¡Eres una desgraciada!
—Pues te le merecías, estabas saliendo con mi ex.
—Pues cuando lo descubrimos no pareció importarte mucho.
—¡Pues ya vez que sí!
—¡¿Ah, sí?! Entonces quieres que le diga de aquella vez que...—¡SILENCIO! —ambas muchachas callaron rápidamente al escuchar la voz de Adler. —No quiero oír más escusas. Sí, Aymi. Akane te delató. Y todo resultó ser verdad, me estabas engañando con un niño rico bueno para nada, un patán que al parecer sabía que estabas conmigo pero aún así no le importó estar contigo. —Hakudoshi abrió los ojos, sorprendido. Por último apartó nerviosamente la mirada, fijando su vista en todos lados menos en Adler o Aymi.
—Y hasta el día de hoy no me puedo acordar su maldito apellido. —Adler se pasó la mano por su cabello en gesto frustrado. —Haya... Hashi... Aya.
Aymi lanzó una mirada alarmada hacia Hakudoshi y le hizo unos extraños gestos con la cabeza, lo cual no pasó desapercibido por Bankotsu, quien miró de ida y vuelta de su amigo hacia la rubia varias veces hasta que lo entendió todo.
—Tercero no sé que. Kito, Keita... mmm, ¡lo qué sea, cuando lo encuentre lo voy a colgar como a un cerdo. —apretó los puños fuertemente. Hasta que de pronto: —¡Ah, ya me acordé! Su apellido es Hayas...—en ese preciso instante Bankotsu se levantó abruptamente del sillón. —¡Aaaah, Olvidémonos de esto! Dejemos las cosas así como están, lo pasado pisado. —se acercó a Adler y le pasó el brazo por los hombros en gesto amistoso. —¡Por qué mejor no vamos por unas refrescantes bebidas y nos olvidamos de esta tontería! ¡SÍ, FIESTA! —condujo lentamente al muchacho fuera de la habitación, con una enorme sonrisa tensa en sus labios, la cual desapareció cuando al llegar a la puerta volteó a ver a Hakudoshi y Aymi, y les hizo unas señas para que desaparezcan por el momento. Luego continuó guiando a Adler por los pasillos de la mansión, en dirección a la pista de baile.
Aymi lanzó una mirada molesta a su prima. —No puedo creer que hasta la hayas dicho que era Hakudoshi.
Akane se encogió de hombros y se dispuso a mirar sus bien pintadas uñas. —Lo qué sea, son cosas del pasado. ¡A demás, aquí tienes a éste muchacho de vuelta! Debo admitir que me sorprendí mucho cuando lo vi allí abajo. No tenía idea de que éste era el amigo que Bankotsu tenía para presentarte. Al final resultó que todos nos conocíamos ¡vaya coincidencia!
Aymi asintió, algo resentida todavía. —El mundo es un lugar muy chico.
—¡Demasiado! —concordó Hakudoshi, mirando hacia ambas muchachas.
—Entonces ella dejó de llamarme... y yo dejé de buscarla. Y... sólo así... nos convertimos en desconocidos. —Kageromaru suspiró fuertemente, luego tomo un trago de su botella de cerveza. — Desconocidos con un hermoso recuerdo en común.
Miyuki asintió con entendimiento, mientras miraba el extenso paisaje que tenía enfrente suyo. Luego de ir junto a Juromaru y Kageromaru por unas bebidas, decidieron subir a la tercera planta de la mansión e instalarse en una terraza, las vistas de Japón por la noche deberían considerarse la octava maravilla del mundo.
—Pero no la olvidé, sabes... como verás, hasta el día de hoy la recuerdo.
Juromaru asintió. —Es imposible olvidar algo que en su momento te hizo muy feliz.
El silencio reinó por unos segundos, a lo lejos se podía oír la música que retumbaba de los parlantes y se sentía las vibraciones de ésta por las paredes y el suelo.
Finalmente, y luego de soltar un largo suspiro, Kageromaru se recompuso. —¡Pero bueno! —habló animadamente. — Ahora háblame de este muchacho que te trae loca, porque me imagino de que hay alguien. Una chica hermosa como tú debe tener a un chico en su vida.
Miyuki volteó a verlos, se recostó contra la barandilla de piedra y cruzó una pierna sobre la otra. —Bueno... de echo hay alguien sí. —sonrió y bajó la vista a su bebida, mientras pensaba en aquel muchacho que logró robar su corazón, pero al mismo tiempo, le entristecía sólo pensar en él.
—Interesante. —contestó Juromaru. — Por la sonrisa en tu rostro debo de suponer que es alguien muy, muy especial.
—Lo es. No hay mucho que les pueda decir sobre él; es una persona muy reservada, no es muy demostrativo tampoco, jamás suele hablar de sus sentimientos y tiene un temperamento de los mil demonios. Pero, a pesar de todo sé que soy alguien muy especial para él. Solo que en estos momentos estamos pasando por una relación algo difícil. Es algo muy complicado.
Kageromaru tomó un trago de cerveza y asintió en comprensación. —Las personas que menos demuestran son las que más sienten. Y te entiendo completamente. Todas las parejas pasan por esa etapa del distanciamiento. Sólo tienes que ser paciente e intentar sobrellevarlo.
—Lo sé. —concordó Miyuki. —Es en una etapa medio difícil, pero lograré superarla.
—Eso espero sin embargo. —dijo Juromaru.— De lo contrario, tendré que arrestar al maldito por entristecer a una belleza como tú. Sólo pide y lo haré.
Miyuki rió y negó con la cabeza. —Creo que no será necesario, pero si algún día surge la ocasión, no dudaré en llamarte.
—Ciento diez, ese es mi número. Pero no lo hagas entre las tres y las seis, ese es mi horario.
—Anotado, oficial. —de pronto Miyuki reparó en algo. — Y ustedes están aquí porque...
—Oh, Rin nos invitó. —respondió Kageromaru. — Nos conocimos cuando fuimos a inspeccionar la escuela. Ella fue muy amable y es muy dulce también.
—Sí, es encantadora y una chica muy, muy linda. —estuvo de acuerdo Juromaru.
Miyuki frunció el ceño, confundida. —¿Rin? —preguntó extrañada.
—Sí, Murakami. —asintió Kageromaru. — Si mal no recuerdo ese es su apellido.
—Creo que tiene algo con el dueño de esta fiesta. —agregó Juromaru, recordando a Sesshomaru. — Ese muchacho misterioso de cabello plateado y ojos fríos, los vimos irse juntos en un glamoroso auto cuando terminamos con la investigación.
—Ah, sí. Rin Murakami. —recordó Miyuki a la novia de Sesshomaru. Jamás habían hablado o tenido algún tipo de contacto, pero la había visto varias veces en la escuela y en otros eventos o fiestas, de igual manera Miyuki estaba casi segura de que Rin no tenía idea de su existencia.
—Sí, la bonita Rin. ¿Y tú, estás aquí por eso de los volantes o eres algún tipo de invitada especial? —le pregunto Juromaru, mientras se posicionada a su lado.
—Por lo de los volantes y también para vigilar a mi hermanastro, es un completo loco, siempre se mete en problemas y espera que lo salve. De todos modos, ni siquiera sé dónde está en estos momentos, seguramente metido en algo raro.
En eso un muchacho extraño apareció de la nada, su cabello negro estaba desparramado por toda su cabeza, el sudor cubría su remera de color celeste y parecía haber corrido una maratón. Se recostó contra la pared mientras jadeaba en busca de aire. Una vez se hubo recuperado preguntó: —¿Son ustedes los oficiales de esta fiesta?
Kageromaru y Juromaru asistieron al unísono. —Así es.
—¡Pues vengan rápido, hay un muchacho loco abajo, está en ropa interior y se subió a una mesa para dar un discurso sin sentido sobre el fin del mundo y alguna que otras tonterías sobre ecología! Creo que está drogado.
Kageromaru entrecerró los ojos y negó con la cabeza. —Estos adolecentes de hoy en día.
Juromaru frunció el entrecejo. —Eso suena muy sospechoso.
Miyuki suspiró y puso los ojos en blanco. —Adler...
—¡Y PROMETO NO VOLVER A CONTAMINAR ESTE MUNDO POR EL RESTO DE MIS DÍAS, QUE COMO PUEDEN VER, SERÁ MUY PRONTO! ¡EL FIN SE ACERCA SEÑORES, LOS EXTRATERRESTRES INVADIRÁN LA TIERRA Y POR FIN GOOGLE DOMINARÁ EL MUNDO! —Adler estaba parado sobre una mesa en la sala de estar, tenía su remera puesta en su cabeza y sus pantalones en sus hombros mientras usaba el control de la televisión como micrófono. Muchos de los presentes le tomaban fotos o lo capturaban en video.
Así lo encontraron Miyuki, Juromaru y Kageromaru. Para desgracia de Miyuki, todos en la fiesta estaban presentes al espectáculo ridículo que estaba montando su hermanastro, logró divisar entre la multitud a Sesshomaru, Inuyasha y al resto de los amigos de estos. En eso, el DJ de la fiesta le pasó un verdadero micrófono al muchacho, y Miyuki se tapó el rostro en vergüenza, ya imaginándose lo que se avecinaba.
—¡Y ahora queridos amigos, ahí les va una de mis mejores piezas! —la multitud empezó a animar y aplaudir, cuando las primeras notas de una canción comenzaron. —¡I WANT TO BREAK FREE, I WANT TO BREAK FREE, I WANT TO BREAK FREE FRON YOUR LIES YOU'RE SO SELF SATISFIED I DON'T NEED YOOOUUU!
I'VE GOT TO BREAK FREE, GOD KNOWS, GOD KNOWS I WANT TO BREAK FREEEE.
La pelipúrpura daba gracias al cielo que por lo menos su hermanastro hablaba inglés, de lo contrario ese "espectáculo" sería más humillante de lo que ya era. Por eso no le agradaba salir a fiestas con Adler, siempre terminaba haciendo el ridículo o metido en una estúpida pelea de cual ella tenía que salvarlo.
—¡Adler, baja de ahí ahora mismo! —le ordenó en tono de advertencia. —¡Voy a llamar a tu padre y le diré que has fumado marihuana!
—¡Pero si yo no he fumado nada! —se defendió el muchacho, luego continuó con la canción.
Miyuki se tapó los oídos y se alejó del lugar, en dirección a la entrada de la casa dónde estaba un poco más despejado. Adler no cantaba para nada bien, desafinaba horrible y pareciera que estuviera berrando. No entendía cómo los demás le seguían el juego y lo animaban, quizás el alcohol ya se les había subido, o probablemente no. Por muy estúpido que sonara, Adler tenía un encanto y carisma que atrapaba a todo el mundo y hacia que le siguieran la treta por muy tonta que fuera, todos se prendían a las tonterías que se le ocurría, hasta ella misma lo había echo varias veces.
En cuanto su hermanastro terminó de aullar por los altavoces, el timbre de entrada sonó. Justo en ese momento, un muchacho que iba pasando allí junto a una chica, se acercó y abrió la enorme puerta. Miyuki los reconoció como amigos de Inuyasha, pero no tenía idea de sus nombres.
En la entrada se encontraron con dos hombres vestidos de uniforme verde. Miroku los reconoció como los de La Patrulla Urbana, quienes recorrían los barrios privados de Tokio para seguridad nocturna.
—¿En qué los puedo ayudar oficiales? —les preguntó amablemente.
Un oficial chaparro, con espeso bigote y enorme barriga fue quien habló, el flacucho que lo campañaba sólo asentía a las palabras y sonreía maliciosamente. —Vinimos a interrumpir esta fiesta porque los vecinos alegaron.
Sango lanzó una mirada confusa a Miroku y encogió los hombros. —Pero si no hicimos demasiado ruido.
—No es por el ruido. —aclaró el oficial al mando. —Es que ya nadie soporta las canciones. En la última pareciera que estuviera llorando un perro moribundo.
Miyuki se tapó la boca cuando una carcajada amenazaba con escaparsele.
—¡Ay, por favor oficial! — rió nerviosamente Miroku. — No haga caso a tontas llamadas de vecinos envidiosos que no fueron invitados. Porque no mejor pasan, beben algo y se relajan un rato.
—¡Que buena idea! —concordó Sango. Luego se dirigió a los oficiales. —Vamos entren, hay suficientes bebidas y botanas si desean comer algo, no les vendría mal tomarse un descanso, se nota que han trabajado bastante por esta noche.
Ambos oficiales se observaron unos a otros, esperando para ver cuál de los dos cedería primero. Por último, el regordete asintió lentamente, viéndose algo dudoso pero no abandonando su muy trabajada postura al mando. —Esta bien. —contestó refunfuñándo. —¡Pero luego los saco a todos y termino con este calvario! —advirtió apuntando con el dedo índice.
Miroku y Sango no quitaron sus sonrisas falsas mientras conducían a ambos oficiales en busca de bebidas y aperitivos. —Por supuesto, cómo usted diga. Por aquí, por aquí por favor, sean bienvenidos.
Miyuki seguía riendo para cuando desapareciendo de su vista. Vaya amigos agradables tenía Inuyasha.
Cuando se giró para volver junto a Adler, chocó desprevenidamente con un cuerpo, segundos después sintió como algo frío se deslizaba por sus piernas.
Rin iba caminando junto a Hakudoshi y Kohaku, mientras escuchaba como sus primos discutían por a quién de los dos ella salvaría en un incendio. Tenía la intención de rellenar su vaso con más ponche y rescatar una bolsa de papas fritas que se le antojaban en ese momento.
—No te creas tan importante. —le decía Jakotsu a su hermano. —Como te ve todos los días, quizás se canse de ti y te deje quemarte en tu miseria, obviamente yo soy el favorito.
Bankotsu bufó exageradamente y soltó una carcajada. —¡Ya quisieras! A ti como no te ve casi nunca, se le va muriendo el cariño por ti lentamente, su amor por ti se consumen con las llamas que te quemarán.
Rin se giró en atención hacia ellos, pero no detuvo su andar. —¡Ya dejen de decir tonterías, a los dos los amo por igual! Y de estar en un incendio si no los puedo salvar a los dos, me quemaría con ustedes. Fin. —cuando regresó su atención al frente, una muchacha la tomó desprenvenida chocando contra ella, gracias al impacto el vaso descargable se rajó en los costados al doblarse, derramando el resto de su bebida en su remera y short.
Al levantar la mirada se encontró con una extraña muchacha de largo cabello púrpura y ojos de diferente color, uno gris y el otro azul. Rin jamás la había visto, supuso que era de otro colegio y vino con alguien más.
Miyuki observó a Rin de pies a cabeza, y tuvo que admitir que era aún más bonita de cerca. ¿Qué podría decir? No se esperaba menos de Sesshomaru. La muchacha tenía un aspecto que parecía ser encantador y dulce, como la habían descrito Kageromaru y su hermano. Sólo que en ese momento parecía ser todo lo contrario pues, la pelinegra la observaba con una mirada poco amistosa.
—Ummm... sí, lo siento. —se disculpó Miyuki, nerviosamente.—Mira el desastres que nos he echo.
Ambas tenían sus ropas mojadas, pero a Miyuki se le notaba más el ponche rojo porque el vestido que llevaba era de color blanco.
Rin bufó y se miró sus ropas, por último observó a la pelipúrpura con una mirada neutral. —Sí, lo que sea. —habló entre dientes, mientras pasaba sus manos por su remera. De los hombres que le acompañaban, Kohaku fue el primero en hablar a Miyuki. —¿Por qué no te fijas bien en dónde estás parada? —preguntó en tono áspero. —Estás metida en el medio del camino, mira un poco lo que sucede a tu alrededor ¿Eres ciega o qué demonios?
—¡Kohaku para! —lo cortó Rin. —Fue un accidente... además fue mi culpa, iba distraída y no miré mi camino.
Bankotsu se alejó rápidamente de ellos en dirección hacia alguna parte, mientras anunció: —¡Iré en busca de alguna cosa con qué limpiarte prima! —inmediatamente Jakotsu le siguió el paso. —¡No si yo lo hago primero!
—Mira muchacho, no te conozco pero si nos volvemos a cruzar no toleraré que me hables así de nuevo. —advirtió Miyuki a Kohaku, mientras lo fulminaba con la mirada.
Kohaku bufó y apartó la mirada. —Sí, como sea.
Hakudoshi se acercó a Miyuki, y la evaluó de pies a cabeza, al llegar a sus ojos, entrecerró los suyos. —¿Y esa moda qué? —preguntó, extrañado. — ¿Se te perdió un lado de tus lentes de contacto?
La pelipúrpura rió y negó con la cabeza. —No, no. Son mis ojos naturales. Lamentablemente nací con una afección llamada heterocromía. Es por genética, mi abuelo lo tiene igual. Me han echo bullying por ello toda mi vida.
—Pues yo creo que son muy bonitos. —comentó Rin, mientras tomaba asiento al pie de las escaleras, tenía la intención de quedarse ahí hasta que volvieran sus primos. —Nunca he visto nada igual, eres una chica muy interesante. Por cierto, soy Rin. Ellos son mis amigos; Kohaku y Hakudoshi. Y los que se fueron hace unos instantes son mis primos, el más alto es Jakotsu y el otro Bankotsu.
Miyuki sonrió hacia Hakudoshi y asintió hacia Kohaku, luego tomo asiento al lado de Rin y le pasó la mano en gesto de saludo. —Soy Miyuki Khang Lee, un gusto. Conozco un poco a Bankotsu, mi hermanastro Adler es muy amigo de él, están en el mismo equipo de rugby.
Rin abrió los ojos, sorprendida. —Aguarda ¿eres pariente de Adler, vives con él? Es un chico muy encantador, apenas lo conocí hoy.
La pelipúrpura resopló y asintió.—Sí, para mi gran disgusto vivimos bajo el mismo techo. Adler es un total pelmazo, y algunas veces un completo dolor de cabeza, pero es un buen chico y un gran amigo, tiene un gran corazón.
Inmediatamente la imágen de Bankotsu apareció en la mente de Rin, y eso le provocó una enorme sonrisa. —Créeme, te entiendo completamente. ¿Dices que es tu hermanastro?
—Síp, mi madre se casó con su padre hace ya seis años. Primero vivimos en Corea, luego en Estados Unidos, y finalmente aquí.
—¿Eres coreana? —preguntó Hakudoshi, por alguna razón sus ojos brillaban extrañamente.
Miyuki asintió, mientras sacaba un chicle de su diminuta cartera. —Así es, pero el padre de Adler y él son ingléses, ambos nacieron en Londres.
—Vaya familia la tuya. —comentó Kohaku.
Miyuki encogió los hombros mientras reventaba el globo que había echo con el chicle. En eso, Bankotsu y Jakotsu aparecieron, ambos traían pequeñas toallas en sus manos.
—Aquí tienes prima. —Bankotsu le pasó una toalla de color rosa, mientras que Jakotsu una violeta.—No uses la rosa Rin, éste color es más bonito.
Rin puso los ojos en blanco y tomó ambas toallas. —Dejen esta tonta disputa ya por favor. Usaré las dos para que no se peleen.
—Por mí, bien. —comentó Jakotsu, mientras le pasaba otra toalla a Miyuki. —Ten, te traje esto.
La pelipúrpura sonrió encantada. —Oh, gracias. Eres un sol.
Jakotsu apartó la mirada, algo incómodo con la sonrisa brillante de la muchacha. —No es nada. —murmuró por lo bajo.
Bankotsu miró a su hermano y a la muchacha de ida y vuelta, entrecerró sus ojos en sospecha. Algo raro sucedió ahí por unos segundos. Por último, su mirada se detuvo en Miyuki, y asintió una vez hacia ella. —Miyuki. —ella lo hizo de igual manera. —Bankotsu.
—¡Uff, pero si aquí están! Los hemos estado buscando por todas partes. —Ayame apareció junto a Koga, Inuyasha, Aome, Abi y Kagura.
—Pues por lo que se ve no han estado buscando muy bien que digamos. —se burló Hakudoshi. —No nos hemos movido de aquí.
—¡Ay, cállate! —se quejó Kagura.
Ayame le lanzó un vaso vacío que tenía en su mano. —Sí, cállate. Nada más te gusta burlarte de todos.
Rin se puso de pie una vez terminado de secarse su ropa. —¿Cuál es el problema?
—Sango sugirió jugar algo para entretenernos en esta noche —explicó Aome con una enorme sonrisa. —Prometió que sería muy interesante y divertido. Sé que será así porque es algo que nosotras preparamos.
Rin asintió entusiasmada. —¡Genial, es lo que estaba esperando. —se giró para dirigirse a Miyuki. —¿Quieres venir con nosotros?
Miyuki encogió los hombros. —Hmm, suena divertido. Sólo déjame ir en busca de Adler.
En eso el susodicho apareció de la nada. —¿Me buscabas fenómeno? —preguntó, mientras tomaba un trago de la botella de cerveza que llevaba en su mano. Por milagro del cielo, llevaba puesto sus pantalones nuevamente, pero su remera aún estaba en su cabeza.
—¡Excelente, ya estamos todos! —anunció Aome. —Ahora vámonos, los demás nos están esperando en la biblioteca de la tercera planta.
Los demás (aparte de Sango y Miroku) resultaron ser; Naraku, Kikyo, Kanna, Aymi, Akane, Sesshomaru (a quien Rin encontró algo raro que estuviese ahí), y para mala suerte de la pelinegra, Sara.
Al verla, automáticamente el estado de ánimo de Rin recayó enormemente. Ya se les fueron las ganas de participar en el juego, y se estaba planteando la idea de echarla de la fiesta... la cual desapareció tan rápido como vino. No, no, no. Claro que no. Ella no podía hacer algo como eso, esa no era su casa, ni mucho menos su fiesta, ella no podría montar un espectáculo de esos ¿qué pensarían sus amigos? Aunque si les contaba la razón, quizás ellos estuviesen de su lado, apoyándola.
«Maldita Sara». Aún tenía muy fresca la imagen de esa arpía abrazando a su novio. ¿Qué demonios había sucedido allí? Bueno, se daba una idea porque recordaba demasiado bien la caja sobre la cama de Sesshomaru, también sabía lo de su contenido. ¿Y cómo no? Ella misma había guardado todas esas cartas y demás cosas en esa caja. Sesshomaru le había dicho que se descisiera de ellas, pero a Rin le pareció un desperdicio echarlos a perder, por lo que decidió guardarlas en dicha caja. Ahora mismo se arrepentía una y mil veces de su estúpida decisión.
«Tonta Rin, tonta».
En eso escuchó que Sango la llamaba. —¡Rin, vamos siéntate! —volvió en sí y vio que todos estaban sentados formando un círculo en el suelo, a excepción de Sesshomaru, quien estaba sentado en un sillón de cuero y no le quitaba los ojos de encima.
Rin desvío su mirada de él y regresó su atención a sus amigos, quienes estaban esperando que tome asiento junto a ellos. —Ya voy, esperen, necesito ir rápidamente al baño.
Entró al pequeño baño de la biblioteca cerrando la puerta tras de sí. Se acercó al lavamanos y respiró profundamente, algo no estaba yendo bien en ella, se estaba empezando a sentir un poco rara y algo relajada a la vez. Le echó la culpa a todo el ponche que bebió, y esa lata de cerveza que se le había antojado. Ya se le había echo muy extraño beber demasiado y no sentir los efectos del alcohol, al parecer, estos ya estaban apareciéndo en su sistema.
Se miró al espejo contemplandose detenidamente, a pesar de andar de aquí para allá, de bailar durante una hora seguida, y de ese pequeño accidente con Miyuki, se veía bastante bien aún. Su maquillaje y cabello estaban intactos, sus mejillas rojas y frescas. Su ropa aún estaba algo humedad pero no se notaba gracias al color.
Luego de usar el baño, decidió regresar con sus amigos. Al encaminarse en dirección a ellos, se detuvo abruptamente junto a Sesshomaru. —¿No vas a sentarte con nosotros y participar del juego? —le preguntó. El peliplata levantó su vista hacia ella, como de costumbre su típico semblante neutral lo acompañaba. —No. Ve tú, yo no participaré en tonterías como esas.
En ese momento algo inexplicable quemó dentro de Rin, no supo cómo, pero sin pensarlo bien y sin poder evitarlo, tomó fuertemente a Sesshomaru del antebrazo y lo guió hasta el círculo, haciendo que tome asiento en el suelo junto a Abi y Miroku, mientra ella se sentaba del otro lado entre Inuyasha y Hakudoshi.
La ronda estaba formada de la siguiente manera; Sango estaba en la punta del lado izquierdo, a su derecha estaba Aome, luego Kohaku, Inuyasha, Rin, Hakudoshi, Koga, Kanna y de ahí Miroku, a la derecha de éste estaba Sesshomaru, Abi, Kagura, Ayame, Akane, Naraku, Bankotsu, Aymi, Kikyo, Adler, Sara, Jakotsu, Miyuki y cerrando la ronda, nuevamente Sango.
Sango puso una petaca de whisky enfrente suyo junto a su vasito de shot. Los demás también tenían a su lado un pequeño vasito de shot y una petaca. —Bien amigos, el juego es el siguiente. —puso una pequeña botella vacía de vidrio en medio de la ronda. —Vamos a jugar a "Yo nunca, nunca" —inmediatamente todos se miraron unos a otros, con sonrisas malévolas. Al parecer, muchos trapos serían sacados al sol esa noche. El pronóstico anunciaba una velada bastante... interesante. —Vamos a girar la botella por turnos, a quien le toque la parte de la tapa, será quien dictará la consigna. —explicó la pelinegra. —Las reglas del juego ya la saben, quien haya echo algo de lo dicho, debe beber el whisky, quien no, no lo hará. Les sugiero que sean muy sinceros con el juego, y por supuesto, vale TODO tipo de consignas. Somos adultos y estamos entre amigos, lo que pase esta noche, se quedará entre nosotros y entre estas cuatro paredes.
Aymi se mordió la uña de su pulgar, nerviosa. —Ay, no se si quiero participar en esto, he echo muchas cosas locas ¡Me expondría totalmente!
Hakudoshi miró a Bankotsu, mientras todos llenaban sus vasitos. —Algo me dice que vamos a terminar muy ebrios esta noche.
Bankotsu levantó la petaca en el aire. —Ni me lo digas, ya me veo dentro de unos minutos.
Kanna suspiro, resignada. —Algo me dice que seré la única sobria esta noche.
En eso Sango anunció: —¡Muy bien amigos, el primero en girar la botella será Hakudoshi!
—¡Yo, su majestad por supuesto! —fanfarroneó el albino, y tomó la botella haciendola girar, esta se detuvo en Adler. —Ya ves amigo, tu mandas.
Adler sonrió y lo pensó por unos segundos. Cuando por fin tuvo algo, habló. —"Yo nunca, nunca le he enviado fotos en ropa interior a alguien."
—Psss... valiendo verga de entrada, como siempre. —anunció Bankotsu. Tiró su cabeza hacia tras y vacío el contenido de su vaso.
Rin lo miró horrorizada, luego apartó la mirada y bebió disimuladamente.
Aome, Sango, Adler, Hakudoshi, Aymi, Kagura, Akane, Abi, Miroku y Sara también bebieron.
Hakudoshi silvó por lo bajo. —Chicas, de ustedes voy a pensar que esa decisión fue tomada bajo los efectos del alcohol.
—¡No, yo no estaba borracha cuando envíé esas fotos! —anunció despreocupadamente Aymi. Akane le lanzó una mirada de «¿era necesario decirlo?».
El segundo en girar la botella fue Koga, ésta fue a parar en Akane. —Mmm... veamos... ¡Ah! "Yo nunca, nunca he mirado al papá o mamá de un amigo" Y ya saben a qué me refiero.
Miradas atentas fueron intercambiadas mientras los culpables bebían. Ellos fueron; Hakudoshi, Kagura, Miroku, Rin, Miyuki, Kanna, Naraku, Abi, Aome, Sara, Kikyo, Ayame y Sango. Ésta última bebió dos veces y anunció. —¡Y es que tu padre está buenísimo Inuyasha! —Bankotsu, quien estaba por tomar distraídamente y con calma la bebida, al oír eso, inmediatamente escupió su trago, casi ahogandose en el proceso.
Inuyasha frunció el ceño y se cruzó de brazos. —El difícil olvidarse de eso si constantemente me lo repites ¡Apuesto que todas ustedes bebieron también por mi padre! ¿verdad?
—Yo no conozco a tu padre. —anunció Akane, Aymi estuvo de acuerdo con ella. —Pero si se ve como tú o tu hermano, ya me hago una idea del por qué todas bebieron.
Rin se mordió el interior de la mejilla y lanzó una mirada algo recelosa hacia Akane. ¿Acababa ella de insinuar que su novio le parecía guapo? No que no lo fuera, OBVIAMENTE lo era pero... por qué tenía ella que echarle el ojo.
Sesshomaru observó a Rin con los ojos entrecerrados. ¿Rin había bebido porque encontraba a su padre atractivo? Ella jamás le había mencionado nada parecido. Y si bebió por eso, ¿significa que Inuyasha también le parecía atractivo? Tenía sentido, su hermano al igual que él, se parecían mucho a su padre.
La siguiente en girar la botella fue Kanna. La botella giró y giró hasta que se detuvo en Hakudoshi.
El albino miró fijamente la botella que apuntaba hacia él, una sonrisa burlona cubrió su rostro. —"Yo nunca, nunca he visto porno."
Bankotsu se lanzó desprevenidamente hacia su botellita de whisky y amagó con beberse todo el contenido de una sola vez. —¡Aaaah, se crean! —dejo el envase en su lugar y se tomó lo que había en su shot, al igual que todos los presentes en la habitación.
—¡Eso es, tomen! —se regodeaba Bankotsu, mientras hablaba con voz autoritaria.—Avergüencensé de ustedes mismos.
—¡Mi turno! —anunció Miroku una vez todos rellenaron sus vasos. La botella giró unas cinco veces, el elegido fue Naraku.
—Hmmm, ok. Veamos... "Yo nunca, nunca he fumado marihuana."
Todas las miradas se cruzaron, pero aún nadie levantaba su shot para beber. Cuando ya hubo pasado un minuto y nadie hacia nada, Kohaku habló: —¡Puff! ¿Es en serio, todos bebimos hace unos minutos y ahora nadie lo hace? ¡Vamos chicos, estamos entre amigos! Se supone que todo iba a quedar aquí.
Jakotsu encogió un hombro. —Yo nunca lo he echo y creo que los demás tampoco, nadie levantó su bebida. Pero si tú lo has echo, entonces bebe, que no te dé pena ser el único entre nosotros. —terminó sus palabras con una sonrisa malévola, pero sus ojos brillaban con diversión y burla.
Kohaku apartó su mirada de él y apretó su mandíbula, molesto. Él no bebería, no le daría el gusto ni la satisfacción a ese idiota.
El juego siguió durante media hora, todos tuvieron su turno en girar la botella, pero aún faltaban algunos que todavía no habían dicho una consigna. La atmósfera era alegre y tranquila a pesar de que muchos no se llevaban muy bien, pero eso no intervino con la diversión que estaban teniendo.
—"Yo nunca, nunca... —empezó Kanna, con voz vasilante. Estaba algo nerviosa pues todos la miraban detenidamente, muy atentos a lo que estaba por decir. ¡Incluso Bankotsu y Hakudoshi tenían sus vasos ya pegados a sus labios! Eran los únicos que habían bebido en todas las rondas.
—Yo nunca... nunca me he enamorado... —Rin había levantado su bebida para tomar, creyendo que la albina ya había concluido con su consigna. La llevó a sus labios lista para saborearla, cuando Kanna siguió: —De algún profesor o profesora en la escuela.
Rin puso inmediatamente el shot en su lugar y sonrió hacia su amiga. —¡Ugh! Un segundo más que te tardabas y mentía.
—¡Pero niña! —la "regañó" Hakudoshi, dando un golpe con su palma a la alfombra roja en donde estaban todos sentados. —Tenías la oportunidad de dictar algo sucio y no la aprovechaste. — la fulminó con la mirada. —Ya verán todos cuando me toque a mí nuevamente, no se salvarán. ¡Y si no beben sabré que están mintiendo!
La botella fue girada por Sara y se detuvo apuntando hacia Akane. La morena sonrió de costado, muy segura de lo que estaba por decir. —"Yo nunca, nunca he tenido fantasías sexuales con alguien que está aquí presente."
Aymi jadeó sorprendida, luego frunció el ceño y se estiró para alcanzar a su prima y darle un golpe en el brazo. —Te has pasado.
Akane se pasó la mano por su brazo en donde la había golpeado y miró a su prima. —Ay ¿qué tiene? Si vamos a jugar a esto hagámoslo interesante. Además era mi turno, yo puedo dictar lo que quiera. —sonrió y tomó su vaso para vaciar su contenido.
Bankotsu bebió sin ninguna expresión en el rostro, probablemente estaba perdido en sus pensamientos.
Hakudoshi miró a Sara durante un minuto entero con una enorme sonrisa, luego bebió sin más. Sara lo miro de costado y se removió de su lugar, incómoda con la atención del albino. Ella también bebió.
Adler observó molesto hacia Aymi y Akane, luego apartó la mirada y resopló. No le quedó más remedio que beber.
Kohaku no podía apartar su mirada de Rin, era tan perfecta y hermosa que jamás se cansaría de mirarla. Un montón de cosas se le pasaron por la mente en ese momento. Sonrió y bebió de su trago orgullosamente. Cuando volvió su vista al frente, vio como Jakotsu bufó en su dirección para luego apartar su mirada de él negando con la cabeza y una sonrisa burlona dibujada en el rostro.
¿Cuál era su maldito problema, por qué demonios le interesaba tanto que a él le gustase Rin? Al fin y al cabo era sólo cosa suya y de nadie más, los demás no tenían por qué meter las narices en sus asuntos. Sí, puede que no tenga oportunidad con Rin, pero eso terminaría muy pronto y todos lo verían, y no iba a dejar que nada se interpusiera en su camino. Rin sería suya tarde o temprano... mejor temprano. Y cuando eso sucediese, no podría con el gozo de restregarle su victoria a Jakotsu.
Regresó su atención al juego para ver quién giró la botella. Ésta vez fue Kikyo, y tuvo que dictar la consigna Miyuki: —"Yo nunca, nunca me he acostado con ninguno de los que están presentes en esta habitación". —Y así era, al igual que Kohaku, Jakotsu, Abi y Kanna. Los demás inevitablemente tuvieron que beber.
—"Yo nunca, nunca dije te quiero sin sentirlo." —habló Rin, cuando fue su turno. Los que bebieron fueron Inuyasha, Miroku, Kohaku, Abi, Kagura, Hakudoshi y Bankotsu. Éste último al terminar de beber se limpió la boca con el brazo y miró hacia Rin, y por lo que la pelinegra pudo captar, todos los shots bebidos ya habían empezado a hacer efecto en su primo. —Menos a ti prima. —dijo el moreno con una enorme sonrisa. —A ti nunca te he mentido al decirte que te quiero, mi cariño por ti es muy sincero.
—Puede ser. —lo interrumpir Jakotsu. —Pero yo la quiero aún más.
Bankotsu se levantó abruptamente. —Eso ni pensarlo, todos saben que quiero más a Rin que cualquier otra persona en esta habitación. —Jakotsu también se levantó y se acercó a su hermano. —Eso dices tú, pero no lo demuestras, en cambio yo...
Rin suspiró fuertemente y apartó la mirada de sus primos. Ya iban a empezar con su larga e intensa disputa nuevamente.
Kohaku escuchaba atentamente la discusión entre Bankotsu y Jakotsu. Nuevamente comenzaban a pelear sobre quién quería más a Rin. «Idiotas»
pensó. «Nadie puede amar a Rin más que yo». Lanzó una mirada hacia Sesshomaru, el peliplata ni siquiera estaba mirando el especulo que estaban montando aquellos dos. «Ni siquiera ese imbécil puede amar a Rin aún más que yo. Ni siquiera la debe querer, probablemente sólo la usa porque es hermosa y hace que cualquiera se vea bien junto a ella».
Sesshomaru lanzó una mirada rápida hacia Bankotsu y su hermano. «Ineptos».
Luego miró a la pelinegra de reojo justo en el momento en que ella volteó a verlo. Rin lo miró seriamente, él la notó algo molesta ¿estaba enfadada con él? Sus sospechas fueron confirmadas cuando ella lo fulminó con la mirada y apartó su vista bruscamente.
Luego le preguntaría qué la había molestado, o quién...
—¡Ay, ya basta! —se quejó Sango entre la disputa de los hermanos.—Ya dejen ese asunto de lado y vengan a unirse a otra juego que tengo preparado, éste es aún mejor que el anterior porque Aome y yo hemos escogidos las consignas y los retos y... —pero no puedo terminar su frase porque Hakudoshi se puso en pie y levantó insistentemente su brazo. —Ammm... si me retan a sacarme la ropa ¿podría dejarme los boxers? Porque no me gustaría que mi virginal cuerpo sea visto por sus ojos pecadores. —lanzó una rápida mirada hacia Sara y sonrió. —Al menos que sea aquella belleza, ella sí puede observarme todo lo que quiera.
Sango lo miró con él ceño fruncido y la boca abierta. Ese amigo suyo no tenía remedio. Le pego con unas tarjetas que tenía en sus manos y lo empujó para que volviese a su lugar. —¡Nadie se va a desnudar, pervertido!
—¿Ah, no? —intervino Bankotsu.—El 45% de alcohol en mi sangre dice todo lo contrario.
—Tsk. —chitó Sango, y rodó los ojos. —Haz lo que quieras Bankotsu. —anunció en tono aburrido, luego regresó a su lugar a ordenar los papeles que tenía para el juego.
Bankotsu se encogió de hombro y luego decidió quitarse la remera. —Hace calor aquí.
—La verdad es que sí. —respondió Hakudoshi, luego se puso de pie y amagó con desprenderse los pantalones. Inmediatamente todos empezaron a protestar. —¿Qué, no? ¡ay, bueno, sizquense!
—Voy a abrir las ventanas para que entre un poco de aire fresco. —anunció Rin, y se dirigió hacia los ventanales. Corrió fácilmente las cortinas rojas, pero cuando quiso hacer lo mismo con la enorme ventana, ésta no cedía. Intentó nuevamente agregando más fuerza, pero no tuvo caso. Luego de varios intentos fracasados, sintió como alguien se posicionaba tras de ella, una mano fue a parar a su cintura mientras que la otra, en una traba que estaba por encima de su cabeza, luego de eso, corrió la ventana con facilidad.
Rin suspiró y se dio la vuelta, ya sabiendo a quién se iba a encontrar. Miró al peliplata fijamente a los ojos, él le devolvía la mirada de igual manera, pero Rin pude ver un atisbo de burla en sus ojos. Eso la hizo enojar un poco. —Sí, lo sé. —habló con enojo. — Soy una estúpida por no darme cuenta de lo obvio.
—Yo no he dicho tal cosa. —respondió Sesshomaru, mientras su mirada recorría detenidamente el rostro de Rin. ¿Cómo es que podría ser tan bella en físico y alma? Se preguntó.
Rin apartó la mirada, incómoda por la manera en que su novio la estaba observando. —Seguramente lo pensaste. —continuó, recelosa. —Al igual como debes pensar otras cosas más sobre mí. Pero déjame decirte algo. —volvió a mirarlo, esta vez sus ojos brillaron con ira. —No soy tan ingenua como todo el mundo piensa. Me doy cuenta de las cosas, el que no diga o haga algo al respecto no quiere decir que no estoy al tanto de todo lo que pasa alrededor.
—¿Estás intentando decirme algo? Porque si es así, déjate de rodeos y dime claramente lo que te molesta. —respondió él, con voz firme. —Yo también estoy al tanto de lo que pasa a mi alrededor y pude notar con gran facilidad que estás enojada por algo.
—Por supuesto que si estoy enojada será por algo, no como tú que vives enojado por nada.
—Hmp, con que ahora el problema soy yo. —levantó su mano y le acarició suavemente la mejilla. —Lo resolveremos más tarde, no quiero que ninguno de estos fenómenos se interponga entre nosotros.
Inmediatamente los ojos de Rin se enfocaron en Sara, curiosamente ésta los estaba observando, al igual que Kagura, Abi, Miyuki y Kohaku. Al enfocar su vista en Sara, todo el resentimiento y rencor que le guardaba se prendieron como una llama en su interior, y su enojo se multiplicó. Apartó bruscamente la mano que estaba acariciando su mejilla y se alejó de él para regresar con los demás.
—Muy bien, ahora que está todo listo les explicaré el juego. —todos prestaron atención a Sango y a la pequeña caja de color rojo que tenía en sus manos. —En esta caja tengo un par de retos, verdades y consignas que debemos decir o cumplir. Cuando comencemos a jugar se darán cuenta de cómo es la cosa, pero básicamente debemos girar la botella por turno, aquel que le toque girar la botella también dictará la consigna que están en la caja, y la persona al que la botella esté apuntando con el pico, será la desafortunada de cumplir con verdad o reto ¿Está claro?
Todos asintieron entusiasmados con la idea del juego. Cada uno estaba en su lugar respectivo a espera del que girara primero la botella, la cual fue Kikyo.
Esta giró y giró, hasta que se detuvo en Ayame.
La pelinegra sacudió un par de veces la caja, luego metió su mano y desenvolvió el papel que había tomado. —"Quítale la remera a alguien." —leyó Kikyo, Ayame se topó la cara avergonzada mientras reía.
—¡A mí, a mí! —se ofreció Hakudoshi, Sango lo fulminó con la mirada. —¡Tiene que ser a alguien que ella elija!
La pelirroja seguía riendo cuando se paró y se dirigió hacia Koga para quitarle la remera que llevaba puesto. Todos comenzaron silbar y aplaudir, mientras que ella estaba ahí, muriéndose de vergüenza.
—¡Eso es, ahora tú a ella! —grito Hakudoshi, cuando una lata vacía de cocacola pasó volando por cerca de su cabeza. Volteó a ver asustado, y se encontró con la mirada de desaprobación de Sango. —¡Y la próxima no fallaré intencionalmente! —le advirtió.
El siguiente en girar la botella fue Adler, y el desafortunado a quien le tocó fue a Inuyasha. —"¿De este grupo, a quién llevarías a una isla desierta?" —leyó Adler, luego miró al peliplata y advirtió antes de que éste hable: —Pero que no sea tu novia porque sería demasiado obvio.
Inuyasha observó atentamente a cada uno de ellos, Aome le lanzó un beso silencioso, Aymi le sonrió dulcemente, Hakudoshi se apuntaba a sí mismo para que lo eligiera, Sesshomaru le advirtió con la mirada que no lo eligiera, Kikyo le guiñó un ojo y sonrió, notó algo rara a Rin...
Luego de algunos segundos tenía su decisión. —Kikyo. —Abi y Kagura jadearon sorprendidas, Sango lo miraba boquiabierta, Aome estaba en shock no creyendo lo que acababa de escuchar. Volteó a ver a Naraku y éste miraba a Inuyasha y Kikyo de ida y vuelta.
Rin negó con la cabeza al oír la respuesta de su cuñado. «Al igual que su hermano, anda detrás de su viejo amor, luego niegan a muerte que no se parecen en nada ¿pero cómo no? Si ambos son igual de idiotas».
Al ver las miradas sorprendidas de todos, aclaró con voz aburrida: —Tendríamos mucho de qué hablar con ella, no me aburriría fácilmente, y sabe primeros auxilios por si me ahogo pescando el almuerzo.
El silencio reinó por unos segundos en la habitación, hasta que Bankotsu comenzó a "toser" y entre eso murmuró: —No aclares que oscurece.
Inuyasha entrecerró sus ojos hacia él, pero antes de nada, Miroku interfirió entre todo aquel embrollo que se había armado. —¡Ok, ok, continuemos con el juego! Mi turno se ha dicho.
Kikyo sonrió una última vez hacia en peliplata, luego regresó su atención a Miroku que estaba girando la botella, la cual se detuvo apuntando hacia Miyuki.
—Ay, no. —murmuró la chica.
—Ay, sí. —respondió Miroku con una sonrisa burlona, y desdobló el papel que había sacado. —"Del 1 al 10 qué nota le darías a... —se detuvo por unos segundos y entrecerró sus ojos. —¡Ah! Tengo que seleccionar yo la persona, ok veamos... ¡Sara! Sí, qué nota le darías a Sara en términos de belleza, simpatía e inteligencia.
Miyuki analizó atentamente a Sara, mientras iba tomando retazos y recuerdos de los momentos en que habían interactuado en el tiempo en que ésta estaba saliendo con Sesshomaru. Luego de replantearlo a fondo, tenía su respuesta. —En belleza un siete, en simpatía un cinco y en inteligencia un tres. —terminó su punto guiñando a la muchacha, mientras está la miraba boquiabierta y viéndose muy ofendida.
Se escucharon algunas risas por lo bajo, pero la que más destacó para Sara fue la de Rin. Prestó atención a la muchacha y ésta le devolvió la mirada sin dejar de sonreír burlonamente, al parecer no le importaba que ella supiera que no la toleraba. «Ok, dos pueden jugar a éste juego»
pensó, y miró a Rin de mala manera. Pero la respuesta de Rin fue todo lo contrario a lo que ella esperaba pues, no quitó su sonrisa burlona del rostro.
—Lo siento si te ofendí, Sara. —le habló Miyuki, pero era muy obvio que no lo sentía para nada, y no sólo por la sonrisa de superioridad que tenía en su rostro, sino porque Sara la conocía muy bien y sabía que la pelipúrpura jamás se disculpaba por nada que dijese o hiciera, si así lo creía justo. —Pero ese es mi punto.
La siguiente en girar la botella fue Kanna, todos estaban atentos a ver en quién se detenía, un segundo después, apuntó firmemente hacia Jakotsu.
Kanna sacó un papel, y sin más leyó: —"Dale un beso a quien quieras de los presentes"
—¿En los labios? —preguntó el muchacho.
Kanna encogió los hombros. —Bueno... aquí no especifica en dónde, pero supongo que en dónde tú elijas.
—Okey. —respondió despreocupado, y sin dudar ni un segundo se dirigió hacia Miyuki, se agachó hasta quedar a su altura y le propinó un rápido beso en sus labios.
Para cuando Miyuki reaccionó, Jakotsu ya estaba devuelta en su lugar, se lo veía tranquilo y despreocupado, como si no hubiese echo nada. Mientras que para Miyuki sus pensamientos y emociones estaban confundidos ¿en verdad había sucedido aquello o se lo había imaginado? Miró a su alrededor y vio que todos tenían puesto su atención en ella y Jakotsu. Entonces sí había sucedido aquello, Jakotsu en verdad eligió darle un beso a ella ¡y en los labios!
Se aclaró la garganta y se removió incómoda en su lugar, una vez que Koga hizo girar la botella, trató de dejar de lado lo sucedido y enfocarse en el juego.
La botella se detuvo en Abi, y Koga sacó un papel de la caja. —"¿Has besado a más de una persona en el mismo día? Si es así ¿cuantas?
Abi lo pensó por unos minutos. —Hmm... sí, creo que fueron cuatro o cinco. Yo diría que cinco ¡sí, cinco!
—Vaya, que muchos. —ironizó Bankotsu. —No se te vayan a gastar los labios "besadora".
Abi sonrió de medio lado y apartó su vista del muchacho. —No me molestes.
—Ok, ya paren todo. —interrumpió Hakudoshi. —¡Es mi turno!
La botella giró y giró, y se detuvo en Kagura. Hakudoshi sonrió como loco de manicomio mientras metía su mano en la caja y sacaba un papel para dictarle su sentencia a la pelinegra.—"¿Tendrías relaciones con alguien de este grupo?".
Kagura soltó una corta carcajada, luego asintió sin dudar. —Sí, sí. Por supuesto que sí.
Un coro de "Uuuh" invadió la habitación, acompañados de silbidos. Hakudoshi sonrió de lado. —¿Con quién? —preguntó. Kagura abrió los ojos, sorprendida por la pregunta. —¿Debo decir con quién? ¿está escrito en el papel?
El albino apartó la mirada. —Emm... er... ¡Sí! Aquí dice que lo digas, así que hazlo.
—¡No le creas nada! —interrumpió Sango, con voz enojada. — No está escrito que tienes que decirlo ¡ese enano sólo dice mentiras! —Y ¡Zas¡ le lanzó una botellita de plástico vacía, la cual le pegó en la frente.
Mientras Hakudoshi se hacia el desmayado, los demás continuaron tranquilamente con el juego, cumpliendo retos y contando verdades.
—Ok. Veamos qué te toca. —dijo Aome, cuando fue su turno de girar la botella. Kohaku estaba muy ansioso esperando por su verdad o reto. —"¿Quién de las personas de este grupo tiene el cuerpo más bonito?"
Bankotsu se ahogó con el vodka que estaba bebiendo, y comenzó a toser como loco. Cuando se recompuso dijo: —¡Fiiuu! ¡que bueno que a mí no me tocó esa!
Koga frunció el ceño hacia él. —¿Por qué, porque no hubieses podido elegir?
—No, porque me hubiese elegido a mí y ustedes estarían ofendidísimos en estos momentos. —contestó simplemente. —Es obvio que tengo mejor cuerpo que todos ustedes, perraaass. 90 60 90 ¡ni la Kylie Jenner!
—Meh, eso quisieras. —interrumpió Inuyasha, en tono aburrido. —Kohaku, por favor, ilumínanos con tu respuesta.
Kohaku observó en vano a cada chica en la habitación, todo era para crear algo de impaciencia y suspenso, pues la verdad es que ya tenía pensado desde siempre a la elegida. Su mirada volvió a vagar un rato más, hasta que sin más miramientos respondió. —Rin.
Y sólo así, un silencio sepulcral invadió la habitación. Nadie hablo, nadie chitó, nadie se movió. Pareciese que el tiempo se hubiese detenido, todos estaban en Shock, hasta la mismísima Rin. De todas maneras, Kohaku estaba muy tranquilo y decidido con su elección, no le importaba qué pensarán los demás sobre eso, al fin y al cabo, la decisión era suya, le pese a quien le pese.
Rin miró a su mejor amigo boquiabierta, no creyendo que le hubiese elegido a ella, no tenía un cuerpo bonito, ni mucho menos... de todas formas, él pensaba que sí , y no tenía la menor idea de cuánto le ayudaba a su autoestima y ánimo por esa noche. Pero así era él, siempre tenía las palabras y las acciones en los momentos más correctos sin tener idea de ello.
Se levantó abruptamente y fue decidida a abrazarlo. —¡Eres tan dulce y único! —exclamó alborotada, mientras le rodeaba con sus brazos fuertemente. Kohaku la estrechó de igual manera, encantado con la acción de Rin. —Sólo he dicho la verdad. —Por encima del hombro de la pelinegra, observó como Jakotsu los miraba con completa ira reflejada en su rostro. Él sólo le lanzó una sonrisa burlona mientras acariciaba suavemente el largo cabello de Rin, gesto que provocó que el muchacho apretara fuertemente los puños.
Pero, pero, pero...
—Suficiente. —Rin sintió como Sesshomaru la tomaba del brazo y le daba vuelta para enfrentarlo. Cuando ella se encontró con su mirada de fastidio sólo se obligó a sonreír dulcemente, pero su tono de voz sonó completamente lo contrario a eso. —No desesperes por unos de mis abrazos "Sessh" al fin y al cabo, para mi gusto creo que ya te han abrazado lo suficiente por esta noche. —lanzó una rápida mirada hacia Sara.
Él arrugó más el entrecejo en disgusto, y se inclinó para hablarle con voz firme en el oído. —Hablaremos en mi habitación. —pero Rin se zafó bruscamente de su agarre. —No lo creo, prefiero seguir con el juego. —y sin esperar su respuesta, volvió a su lugar junto a Miroku y Hakudoshi.
La siguiente vez fue Sango quien giró la botella, y a quien le tocó el reto fue curiosamente a Rin.
—Por favor que no sea algo extremo. —rezó la pelinegra, mientras esperaba que Sango leyera lo del papel. —"Nombra a la persona que más te caiga pésimo en esta habitación".
La tensión aumentó unos grados mientras todos esperaban que Rin diera su respuesta. Kikyo esperaba con ansias y regocijo oír su nombre. Kagura esperaba que no la nombrara a ella ¿ya eran amigas, no?
Sara tragó saliva, nerviosa y algo angustiada.
Miyuki se preguntaba si era posible que alguien te odiara por echar bebida en su atuendo accidentalmente, ella lo haría.
Bankotsu y Jakotsu estaban más que relajados y con enorme sonrisas en sus rostros.
Inuyasha deseaba estar en cualquier lugar menos en ese, si Rin lo nombraba, se tiraría por el balcón.
Finalmente Rin se aclaró la garganta y respondió mirando hacia Sango: —Sara.
Hakudoshi se mordió los labios y negó con la cabeza. —Uuff... no me gustaría ser tú muñeca, en éste momento.
Aome se mordió el pulgar, mientras miraba a la recientemente nombrada. —Sí... bueno... debo confesar que eso no es sorpresa para nadie ¿no?
Miyuki la miró con pena fingida. —Pobrecita de ti, cariño.
Bankotsu observó a su prima con una mirada algo ¿decepcionada? Sí, así es como se sentía. Le había dicho muchas veces a Rin que dejara aquel estúpido rencor hacia las ex's de Sesshomaru, eso sólo la hacía quedar como las otras típicas chicas que también odian a las ex's de su actual ¡y por nada!
No servía de nada que las detestara, sólo la hacía verse mal y quedar como una más del montón.
Sara sentía como cada par de ojos en la habitación se enfocaban en ella. Tenía la cabeza gacha, observando sus manos, sintió como la vergüenza la envolvió completamente y sus mejillas se tornaron de color carmín.
Los susurros no se hicieron esperar, y pronto todos estaban intercambiando palabras y risitas. Apostaría mil dólares en que ella estaba involucrada en todas esas conversaciones.
Se arriesgó a levantar la mirada hacia Rin, y curiosamente ésta la estaba observando muy seriamente, no parecía arrepentida en lo más mínimo en su decisión. Desvió su mirada hacia Sesshomaru, el peliplata tenía su vista clavada en Rin muy fijamente, una expresión molesta adornaba su hermoso rostro. Pronto pareció sentir su mirada, porque sus ojos dorados se clavaron en los suyos inmediatamente, y Sara juró ver un reflejo de bondad en ellos. ¿estaba él disculpándose por lo de Rin, o sólo era su imaginación?
No tenía una respuesta concreta para eso, lo que sí tenía era unas ganas inmensas de echarse a llorar, y antes de que no pudiese seguir conteniéndose, se levantó rápidamente y salió corriendo de la habitación, azotándo la puerta tras de sí.
—¡Uy! —exclamó Akane, mirando la enorme puerta por donde había salido Sara. — ¡Vaya temperamento el de esa niña!
Aymi asintió, mientras observaba su manicura. —Para mí vio demasiadas películas.
Bankotsu se puso en pie y resopló hacia Rin. —¡Uff, prima, uff prima! Lo que tienes de dulce lo tienes de crueldad, y eso es decir mucho. ¡Pero no tienes filtro! —sin esperar respuesta por su parte, Bankotsu salió en busca de Sara. Corrió por el largo pasillo de la mansión, hasta llegar a las escaleras y bajar rápidamente los escalones de dos en dos. Al llegar a la entrada la buscó entre la multitud que se agrupaba cerca, pero no la vio por ningún lado. Sin otra idea en mente, salió por la puerta de entrada, bajó los cuatro peldaños de piedra, cuando divisó a la pelinegra a lo lejos, ésta se alejaba caminando a paso apresurado y con una cartera colgando de su mano.
Bankotsu corrió tras ella, llamándola, pero ella no se giró en ni un momento. Ya cuando estaba cerca del enorme portón de salida, la alcanzó tomándola del brazo y la hizo voltear hacia él.
—Espera Sara, no te vayas así. La fiesta aún no termina.
Aparentemente la muchacha estaba llorando, pues, tenía manchas de rimel corrido debajo de sus ojos y a lo largo de su mejilla. —¡¿Y qué más da?! —le gritó ella, soltándose bruscamente de su agarre. —¡Todos en esta fiesta me odian, esta más que claro que no soy bienvenida aquí!
Bankotsu resopló y negó con la cabeza. —Si lo dices por mi prima y Miyuki, no les hagas caso, es sólo un tonto juego. No debes tomártelo en serio.
Sara soltó una corta risa seca, mientras sus ojos brillaban con ira. —Vamos Bankotsu, es más que obvio que Rin me detesta, no tienes por qué metirme si hasta tú sabes la realidad. —se limpió bruscamente las lágrimas que corrían por su mejilla. — ¡Pero no me importa, porque el sentimiento ahora es mutuo! yo la toleraba, sabes, pero ahora ésto cambia mi punto de vista hacia ella ¡ya no seré más la tonta Sara a la que todos pisotean, y ella lo verá! Es una maldita...
—Ok, suficiente. —la interrumpió Bankotsu, y la tomó por los hombros en un intento de calmarla. —Te recuerdo que estás hablando de mi prima, mi sangre. Sé que estuvo muy mal contigo y entiendo completamente tu enojo, pero Rin es muy especial para mí y voy a estar de su lado siempre, por lo tanto te pido que no te refieras a ella con maldiciones, por los menos no en mi presencia, ¿ok? —le aclaró suavemente, pero en tono firme. En un descuido levantó su mano y comenzó a acariciarle levemente la mejilla. Sus dedos se sentían cálidos sobre su piel fresca por las lágrimas y la suave brisa nocturna. Le apartó ligeramente algunas lágrimas, y ante tal gesto tierno, Sara no pudo contenerse más y rompió en llanto. Inconcientemente se aferró a él, rodeando su cuerpo con los brazos y pegando su frente a su ancho pecho.
—Desde que he llegado la he estado pasando horrible. —confesó entre sollozos. —No entiendo por qué todos me odian, jamás he lastimado a nadie, y aún así no les caigo bien.
Bankotsu suspiró fuertemente y la pagó más a su cuerpo mientras le acariciaba su largo y suave cabello en gesto de consuelo, cosa que hizo que la pelinegra sollozara aún más. Se sentía tan impotente, no tenía idea de qué decir o hacer para calmarla, odiaba ver a las mujeres llorar, le traían horribles recuerdos de aquella noche de su vida hacia ya cuatros años. Jamás lo superaría...
Pero aún así, dejó que Sara se desahogara de una vez. Pasado el tiempo, su llanto fue cesando lentamente, hasta que se separó de él con su maquillaje echo un lío y sus ojos rojos por las lágrimas. Aún así, Bankotsu tuvo que admitir que se veía bastante bonita. De echo, Sara era muy hermosa según su opinión.
Ella se pasó las manos por el rostro, intentando borrar los restos de maquillaje que seguramente tenía. Se sintió algo avergonzada de que él la estuviese viendo en ese estado, pero el daño ya estaba echo y no podía volver el tiempo atrás.
Apartó su vista de él y se aclaró la garganta, intentando recomponerse. —Lo siento por tu remera. —murmuró, su voz sonaba algo apagada por el llanto.
Bankotsu restregó su palma por la tela húmeda, y se encogió de hombros. —Descuida, se secará pronto, además por el color no se nota si lo has manchado.
Sara asintió lentamente. —Debo irme, no quiero estar ni un segundo más aquí.
—¿Quieres que te lleve a tu casa? Puedo pedirle el auto a mi tío y llevarte hasta allí.
—No, no te molestes. Además no voy a mi casa, caminaré por ahí hasta que amanezca.
Bankotsu abrió sus ojos, sorprendido, luego arrugó la frente. ¿aquella muchacha había enloquecido? No podría ser de otra manera si pensaba que él la dejaría andar sola por ahí hasta altas horas un sábado por la noche y con cada drogadicto suelto por las calles.
Cuando vio que ella se ponía la cartera al hombro y se giraba para caminar hacia la salida, tomó rápidamente su brazo y la detuvo. Sara miró hacia donde él la tenía sujeta, luego levantó la vista y se encontró con sus brillantes ojos azules intensos y una cálida media sonrisa. —No te dejaré ir sola por ahí en tu estado. Si quieres salir de aquí, lo harás, pero conmigo. —ella dudó durante unos segundos, no quería ser una carga para él, y lo hizo saber. Bankotsu por su parte soltó una suave risa y negó rotundamente. —Créeme que no es molestia para mí pasear junto a una hermosa chica, es más, sería un privilegio caminar a tu lado.
Y tan sólo así, Sara sintió que se derretía por dentro. Sus mejillas encendieron y apartó la mirada no queriendo qué él la descubriera, pensaría que era una tonta que se ilucionaba por cualquier cumplido que le hacían, ya bastante humillación pasó por esa noche.
Bankotsu no esperó más respuesta por parte de ella, y le tomó de la mano entrelazando sus delicados dedos con los de él mientras la guiaba fuera de la propiedad hacia la calle.
En eso, una limusina se detuvo frente a la mansión y un conductor vestido de traje, bajó rápidamente para abrirle la puerta a una hermosa jovencita de espléndido cabello blanco y maravillosos ojos lilas. Llevaba un vestido blanco a la media y sandalias bajas plateadas. Detrás de ella salió un muchacho alto, de cabello negro y ojos púrpura oscuro. Vestía camisa negra, pantalón de vestir negro y zapatillas también negras.
Ambos se quedaron viendo a la pareja que recientemente había salido de la mansión, caminando de la mano en dirección a alguna parte.
Shiori volteó a ver a su hermano, confundida. —¿Que ese no era... —Sí, Bankotsu. —completó Byakuya, igualmente confundido.— Y la que le acompañaba parecía ser Sara.
Regresaron su mirara hacia el frente por unos segundos más, viendo como se alejaban a los lejos, luego voltearon a verse nuevamente, con muecas de confución. —¡Puf! —bufó finalmente la muchacha, escandalizada. —De las cosas que nos perdemos por no venir muy seguido por aquí. De todas formas, entremos. —anunció, con una enorme sonrisa en sus brillantes labios. —¡Ya quiero ver a mis primos, te apuesto quinientos yenes a que Sesshomaru dejará que lo abraze!
—Humm, pues ve preparando tu billetera.
Pero, antes de que siguiera pasarán el portón... —¡Señorita Iryūjon! —el grito de llamado de su chofer la sobresaltó. Se giró con una tensa sonrisa en sus labios, para no decirle lo que tenía en mente en esos momentos. Rápidamente el hombre se acercó y le pasó su pequeña cartera blanca. —Se estaba yendo sin esto.
—Gracias ... puedes irte. —habló entre dientes. El chofer hizo una pequeña reverencia hacia ambos hermanos y entró en la limusina.
—No seas tan dura con él, sólo hace su trabajo.
—No soy dura, solamente le he dicho millones de veces que no me grite y que no me llame por el apellido, lleva años con papá, ya es parte de la familia.
Byakuya rensopló y la empujó. —¡Camina! —Shiori se giró y le pegó en el brazo con su cartera. —¡No me empujes!
Rin estaba mirando las luces de las casas y los edificios por el ventanal de la mansión, cuando sintió que alguien se posicionaba a su lado. Miró por el rabillo del ojo y vio a Kagura con su celular en mano. —Ten, lo dejaste en la alfombra. —le pasó el artefacto y Rin se lo guardo en los bolsillos de su short. —No tienes por qué sentirte culpable con lo de Sara, no fuiste cruel ni mucho menos. No eres la única a quien no le cae bien, Abi y yo siempre fuimos sus amigas y todavía no nos gusta ella, es detestable.
Rin soltó una risita y cerró sus ojos mientras se recostaba contra el umbral de la ventana. —Es una zorra, sólo está detrás de mi Shess. —murmuró, arrastrando las palabras, finalmente el alcohol parecía haber echo efecto. —Hace unas horas atrás la vi abrazandolo, y él también la abrazaba, estaban en su cuarto solos y a oscuras.
—¡¿Qué?! —exclamó Abi, sobresaltando a Kagura. Había llegado justamente a tiempo para escuchar lo último. La pelinegra le lanzó una rápida mirada de disgusto, luego regresó su atención a Rin. —¡¿Cómo, y no le has dicho nada?! Yo que tú la arrastraba de ese horrible cabello que tiene hasta la calle.
Rin lanzó una carcajada y se tambaleó brevemente. —¿Verdad que sí? ¡su cabello es desastroso, jamás se compararía con el de nosotras!
El rostro de Kagura se iluminó con una sonrisa malévola. —Eso es porque una muchacha de clase baja como ella, jamás se podría permitir el lujo que tenemos nosotras. Lo más cerca que puede presumir de dinero es en el colegio que asiste, pues, muchos no saben que asiste allí gracias a una beca.
Ambas rompieron en ruidosas carcajadas, llamando la atención de Kikyo, quien estaba recostada sobre un escritorio que adornada la habitación, Naraku rodeaba su cintura con un brazo, mientras que con el otro respondía un msj en su celular.
—Hmp, Kagura es una arpía. —su novio levantó ligeramente su vista hacia ella, luego siguió escribiendo. —¿Por qué lo dices, acaso no te cae bien tu prima? Son familia después de todo.
—Esa bruja no es mi familia, es una víbora que ya ha logrado capturar con su veneno a un inocente roedor.
Naraku guardó su celular, y levantó su mano para acariciarle su mejilla suavemente. —¿A qué te refieres? —Kikyo regresó su vista hacia él y sonrió levemente. —Lo sabrás muy pronto. ¿Cómo está Sara?
—Bankotsu me ha dicho que están en un café no muy lejos de aquí, tratará de convencerla para regresar nuevamente.
—Hmp, espero que lo haga. —él le sonrió y asintió, luego bajó su cabeza para darle un suave beso en su mejilla.
Rin sentía que todo daba vueltas a su alrededor, y por una extraña razón, eso sólo le provocada más risa. Cuando se recompuso un poco pregunto a Kagura. —¿Crees que deberíamos haberla lanzado al río cuando estábamos en el campamento? ¡vaya oportunidad nos perdimos!
—Quizás y con algo de suerte, se nos presente otra muy pronto.
—¡Eso espero! —de pronto aparecieron Akane y Aymi, ambas tenían una lata de cocacola en su manos. —Uff, al fin un poco de aire fresco. —murmuró Aymi, y se recostó contra el barandal de piedra en la terraza.
—Y que lo digas... —coincidió Akane. — La casa está repleta de personas, abajo no creo que quepa ni un alfiler. Pero no me importa, porque lo que llamó mi atención se encuentra justamente aquí arriba. —sonrió sensualmente, mientras miraba con ojos deseosos a algo dentro de la habitación, o mejor dicho «alguien»...
Todas siguieron su mirada, y cuando Rin se dio cuenta que se refería a Sesshomaru, algo quemó dentro de ella, y no supo por cuál motivo, porque aparte de que Akane había puesto los ojos en él, Miyuki lo tenía agarrado del brazo mientras sonreía y le hablaba casualmente. No ayudó en que el peliplata no la apartara de él, en cambio parecía no molestarle la cercanía de aquella muchacha, y sólo que quedaba allí, escuchándola atentamente. Sea lo que sea que ella le estaba diciendo, tenía su completa atención.
—¿No es guapísimo? Si el fuera mío no lo dejaría salir ni a la esquina, lo tendría encerrado en mi habitación todo el día para que no se me escape.
—¿Oh, sí? —intervino Rin, arrastrando las palabras. Era bastante obvio que estaba borracha. —Lástima por ti que es mí novio, llevamos saliendo por... —lo pensó por unos segundos, luego se encogió de hombros. —¡Assh, no importa! La cuestión es que también se lo haré saber a esa Miyuki ¡con permiso! —se encaminó decididamente en dirección hacia su novio. Por suerte los mareos habían cesado un poco, pero con el pasar de los minutos, sentía que pérdida más y más la coherencia, además se tambaleaba como un ciervo recién nacido.
Al llegar a ellos, sin previo aviso apartó bruscamente la mano de Miyuki que aún estaba aferrándose al peliplata. Esto por supuesto tomó desprevenida a la pelipúrpura y miró a Rin con el ceño fruncido. —¿Rin?
—¡La mismísima! ¿quién más? —se posicionó frente a Sesshomaru, haciéndola aún lado.
Miyuki la miró detenidamente ¿estaba borracha? Todo parecía indicar que sí. —¿Te encuentras bien?
—¡Perfectamente! —contestó orgullosa, luego se giró para enfrentar al peliplata, pero lo hizo tan rápidamente que se mareó y casi termina en el suelo de no ser porque Sesshomaru fue bastante rápido en sostenerla. Rin por supuesto encontró muy divertido esa acción y comenzó a reír, minutos después, se lanzó a abrazarlo. —¡Eres tan lindo!
Quiso besarlo, pero él la apartó para obserbarla detenidamente. Tenía las mejillas sonrosadas, la mirada perdida y sus ojos estaban brillantes. Ella le sonrió y luego soltó algunas risitas, mientras intentaba acercarse a él nuevamente, pero Sesshomaru la apartó una vez más.
La sonrisa de Rin se esfumó ante tal acto. —¿Qué sucede, no me quieres besar?
Él la tomó suavemente por los hombros, mientras la miraba con desaprobación. —Éstas borracha, te llevaré a tu casa, no quiero que andes así por ahí.
Ella nego rápidamente con la cabeza. —No, no, no. Estoy bien. Ademas, no quiero que te quedes aquí sólo con ella. —esto último lo dijo en un intento de susurro, pero Miyuki lo escuchó de todas formas.
Sesshomaru tomo aire y se recordó tener paciencia. No era la primera vez que se encontraba en esa situación con Rin. Hizo un amague de tocarle la mejilla, pero ella se alejó bruscamente y le dió un manotazo. —¡No me toques, no quisiste que te bese, entonces no me toques!
Los demas en la habitación dejaron su charla de lado y prestaron atención al escuchar la voz enojada de la pelinegra. Sesshomaru intentó agarrarla para llavarla fuera de la vista de esos metiches, pero Rin lo empujó con ambas manos esta vez. —¡Te he dicho que no!
—Rin, calmate. —le advirtió con voz firme. — Estás dando un espectaculo a Inuyasha y su sequito.
Ella lo miro boquiabierta. —Con que ahora te estoy avergonzando... ¡Bien, me voy! pero no a mi casa, me voy abajo, aún queda mucho de esta fiesta por disfrutar. —pasó junto a Miyuki, y en un arrebato descontrolado la empujó contra el peliplata. —¡Y quedate con tu nueva novia! —dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta. Miyuki quiso ir tras ella para enfrentarla por lo que había echo ¡la pondría en su lugar, nadie la empujaba! Pero antes de que siquiera pueda dar un paso, Sesshomaru la sostuvo del brazo, deteniéndola pues supuso sus intenciones.
—Délaja, solo lo empeorarás.
Caminó rápidamente tras ella, y la alcanzó antes de llegar a las escaleras. La tomó del brazo y la hizo enfrarlo. —Te he dicho que te llevaré a tu casa y eso es lo que haré, no me hagas perder mi paciencia Rin.
Rin se safó de él y li miró furiosa. —Y yo te he dicho que no y es mi última palabra. ¡Hago lo que se me dá la maldita gana, y tú no eres mi padre para impedirlo o para decirme qué hacer!
Apretó fuertemente su maldibula, intentando contenerse de lo que le quería responder, pero nada de eso valdría la pena, se recordó así mismo que Rin no estaba en sus cavales en ese momento. Además odiaba discutir con ella, no le gusta verla enojada o triste.
—Escucha Rin... —¡No, tú escucha! —lo interrumpió ella. —¡Déjame en paz, ya me has lastimado suficiente por ésta noche! Vuelve con tu novia y a mí déjame sola ¿o es que a lo mejor prefieres que vuelva Sara? —preguntó en tono áspero y con una sonrisa burlona. —¡Seguro que sí! Ya has de extrañar estar entre sus brasos.
En ese momento aparecieron repentinamente Jakotsu y Hakudoshi. Jakotsu notó la tensión entre la pareja, y se metió entre ellos, seperándolos. —¿Qué sucede prima, estás bien? ¿te ha echo algo? —Rin negó rápidamente mientras sonreía. —No, sólo quiere que me vaya a mi casa para él poder estar tranquilo con su novia ¿no es eso tierno?
Ambos muchachos lanzaron una mirada rara entre la pareja ¿que sucedió allí?
Sesshomaru no soportó mas y se dio la vuelta para ir a su habitación, no tenía caso intentar hacer razonar a Rin, y sus palabras sólo lo estaban haciendo enojar más y más. Al pasar junto a una mesita auxiliar, dio un fuerte puñetazo a un enorme florero que allí se encontraba, haciéndolo añicos al instante. A pesar de el sonido de la música, el estallido de los fragmentos de vidrio logró escucharse por todo el pasillo.
Rin dio un fuerte resoplído y puso los ojos en blanco. —Ahí va mi amado, como de costumbre rompiendo cosas.
Kagura y Abi aparecieron en ese momento. Kagura se miro a Rin y evaluó de pies a cabeza. «Perfecto, ya no esta en sus cabales». Se aclaró la garganta y se acercó a Abi para su susrrale en el oído: —Trae a Kohaku, dile que ya todo está listo.
Abi asintió y fue en busca del muchacho. Kagura se acercó a Rin con una agradable sonrisa. —Por qué no mejor vamos abajo y le damos esta fiesta el provecho que se merece.
Cuando ya todos se estaban divertido en la pista de baile, Abi regresó junto a Kohaku. Kagura se acercó a él y le dio un empujón. —¿Dónde te habías metido, animal, que no ves que es hora del plan?
—Sólo salí a tomar un poco de aire.
—¿Y te parece que es el momento para salir a tomar aire? Además, dijiste que esa maldita cosa que le pusiste en el ponche haría efecto en media hora, ya han pasado como tres y recién la muchacha está en las nubes ¡un poco más y amaneciamos aquí! —resopló, frustrada. — Como sea, no perdamos más tiempo, ve con ella, yo llamaré a Hiro.
Kohaku sonrió encantado y se dirigió en dirección a Rin, quien estaba bailando junto a un extraño muchacho. Al llegar a ella, la tomo del brazo y la hizo e frentarlo. La pelinegra no perdió el tiempo y se lanzó a sus brazos. —Kohaku... mi querido amigo... mi confidente. —arrastraba las palabras al hablar y parecía algo cansada pues, apoyó todo su peso en él. — Eres el único en quien confio ¿sabes? —se separó de él con una sonrisa, sus ojos estaban entrecerrados y su cabello algo despeinado. —Eres tan lindo, tan tierno, perfecto y único ¿cómo es que no tienes novia? —comenzó a acariciar su rostro. Kohaku sonrió victorioso, por fin tenía a Rin en sus manos. —Te estoy esperando a ti, es por eso.
La pelinegra soltó una carcajada. —¿A mí? Pero si no hay nada de especial en mí. —volvió a recostarse contrá él y cerro los ojos. —Mmm... ¿por qué todo da vueltas? Siento que estoy en una calesita.
—Tranquila, vamos, te llevaré a dónde podamos estar tranquilos.
Tomó su mano y la condujo por un pasillo de la primera planta, donde según Kagura se ospedaban los sirvientes de la mansión. Abrió la puerta de la primera habitación que encontró y entraron. El cuarto era pequeño, había una cama de dos plazas y Kohaku guió a Rin hacia ella. Ambos se sentaron enfrentándose, y el muchacho no perdió el tiempo en comenzar a acariciar Rin. —Eres muy hermosa, no tienes idea de lo loco que estoy por ti.
La pelinegra soltó una pequeña carcajada y se mordió los labios. —¡Eres tan gracioso! —Kohaku se acercó mas a ella y bajó su cabeza para comenzar a besarla en el cuello, Rin medio que lo quiso apartar, pero él la tomó de las manos y ella sólo cedió.
—Kohaku... —murmuró ella, con un dulce tono de voz que solo atrajo más a su amigo. — Esto está mal... Sessh se enojará muchísimo.
Él solo siguió deleitandose con su dulce aroma, dejando una hilera de besos todo el camino hacia su mejilla. Cuando estaba a punto de besar su dulce boca, el cuerpo de Rin cayó hacia tras en un peso muerto, Kohaku se inclinó hacia ella y sintió su suave respiración, efectivamente se había desmayado.
Rin sintió una pesada opresión en su cuerpo, su cabeza palpitaba y las náuseas invadían la boca de su estómago. No había habierto sus ojos aún pues, sentia los párpados pesados, pero podía jurar que estaba tumbada sobre una cama.
De repente, un cálido aliento acarició su mejilla y un beso fue depositado sobre su piel, luego otro en su cuello y uno más en su pecho, éstos iban acompañados de suaves caricias en su cintura y brazos.
Movió su cabeza lentamente de un lado a otro, pero aún no abrió los ojos. —¿Sessh? —murmuró por lo bajo. La persona que estaba sobre ella murmuró en acuerdo, pero no detuvo sus caricias y besos.
Cómo pudo, logró levantar sus brazos para rodearlo y pasar sus dedos por aquella maravillosa cabellera plateada. —Lo siento por haberte gritado... me siento muy mal. Ni siquiera logro recordar qué te dije, eso empeora las cosas.
Él no respondió, y ella logró vislumbrar a través de sus párpados relámpagos, al parecer una tormenta se acercaba. Volvió a caer dormida, y para cuando despertó y abrió sus ojos, se encontraba sola en la habitación. Se quitó la manta que tenía encima y se puso en pié, pero se llevó una enorme sospresa al verse vestida sólo con ropa interior. Desesperada miró hacia todos lados y halló su top y short en el suelo a unos metros de la cama. Corrió a ponerselos, y una vez lista salió de la habitación en busca de sus amigos ¿qué hacía en ese cuarto, y en qué momento había ido allí? Y la gran pregunta ¿por qué demonios estaba en ropa interior?
Al llegar al gran salón se percató que sólo quedaban un grupo de personas por aquí y por allá, y la música estaba en su volumen mas bajo.
Cuando llegó al pie de las escaleras, se encontró con Sesshomaru, quien iba bajando apresuradamente. Al verla, paró en seco, y Rin sintió que no le iba a gustar lo que tenía para decirle pues, éste la miró de pies a cabeza con un gesto de desprecio.
—¿Quieres explicarme qué demonios significa esto?
Le puso bruscamente un celular contra su pecho, Rin lo miró confundida, luego, bajó la vista hacia el teléfono, y lo que vio allí le cortó la respiración.
Era una foto de ella, esa misma noche y en esa habitación en la que acababa de despertar hace tan solo unos minutos. La foto la mostraba a ella, tumbada el la cama y en ropa interior, pero la guinda del pastel era un extraño muchacho de cabello verde, quien, no solo estaba sobre ella, si no también estaba besandola mientras sus asquerosas manos tocaban su cuerpo. Descubrió con gran humillación que no era la única foto, había una seis más del mismo tipo, sólo que en esa ocasión ella también lo tenía abrazado.
¿Cómo rayos había sucedido aquello, y en qué maldito momento? Sintió un horrible dolor en el pecho, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Levantó la mirada hacia el peliplata y su corazón se hizo añicos cuando descubrió que él la miraba con rabia y asco.
—Te juro que no tengo idea de cómo sucedió esto. —su voz sonaba devil por intentar retener su llanto. —Ni siquiera sé cómo llegué allí y porqué hicieron eso conmigo ¡Shess esto no es verdad, yo no te haría eso! —las lágrimas inundaron su vista cuando comenzaron a salir a borbotones.
El la miró con desprecio, y su voz estaba repleta de ira. —¿Estás intentando mentirme en mi cara cuando las puebras ya te delatan?
La pelinegra nego una y otra vez, mientras comenzaba a sollozar por lo bajo. —Te juro que fue contra mi voluntad. Yo jamás haría una cosa así ¡yo te amo!
Sesshomaru soltó un resoplído. —Ya no sigas humilladote más Rin, ya todo está muy claro. Vete de aquí con tu estupido amor y hasme el favor de no volver, no quiero volver a verte por aquí.
Se dio giró para volver a subir por las escaleras, pero fue detenido del brazo por Rin. —¡No, Sessh, espera! ¡tienes que creerme alguien me tendió una trampa y... —pero fue interrupida por su firme voz. —Rin, no me hagas repetir lo que te he dicho. Sólo vete de una buena vez y déjame tranquilo. —luego dijo aquella palabra que Rin tanto se temía escuchar de él desde que comenzaron a salir.
—Terminamos...
