Los personajes de Yu Yu Hakusho no me pertenecen y aquí se relatan datos que no son históricos ni mucho menos, solo un simple mundo imaginario XD
Las Arenas del Tiempo
Capitulo 10
Vida o muerte
Frontera de Bengasi y Saba
Puesto Norte
Dos seres se preparaban para una confrontación inevitable, las miradas se cruzaban en busca de algún detalle importante, ambos habían entrenado juntos desde muy jóvenes, conocían perfectamente sus movimientos y estrategias, por ello esta pelea no tenia ganador seguro, pero si un destino fatídico para los dos.
- Vamos Genkai… se que puedes matar a alguien en un instante con solo esa daga.
- Y yo creía que solo usabas tus manos para asesinar, ¿porque la espada?
- Aprendí algunas cosas hace unos años y quiero enseñártelas – levanto la espada con rapidez lanzando una estocada que hubiese sido mortal si Genkai no se agachaba interponiendo la pequeña daga entre ella y el filo de la espada –
- Buenos movimientos ¡pero te hace falta mas agilidad! – empuja la espada de Toguro hacia atrás con su daga para ponerse en pie nuevamente –
- Enséñame… – vuelve a atacar pero esta vez si logro rozar una de las piernas de la comandante –
- Mucho mejor ¡Pero no es suficiente para darme muerte! – Genkai lanza su daga al suelo y después de saltar golpea las muñecas de Toguro haciéndolo soltar la espada – si me matas… que sea con tus manos.
- Como gustes, Genkai – suena sus nudillos muy seguro de cumplir con la petición de la comandante de Sahn –
La pelea ahora si era cuerpo a cuerpo, y si nos guiáramos por proporciones, la comandante de Sahn llevaba las de perder, pero Toguro no se confiaba de ello. Esa mujer era muy hábil y rápida para atacar. En pocos momentos ambos corren en dirección al contrario levantando una nube de polvo a su paso, después de escuchar algunos golpes secos y gritos se puede ver que Genkai logro darle un puñetazo en el rostro al moreno, y este también la lastimo al patear su estomago para evitar otro golpe de ella.
-Has... incrementado tus fuerzas… Toguro – lleva su mano hasta el estomago adolorido –
- Tú sigues siendo tan fuerte como lo recuerdo - escupe algo de sangre por el puñetazo en la boca que recibió –
- ¡Ataca! – la mujer se lanza nuevamente contra Toguro para darle una patada, pero este toma el pie de Genkai y la lanza al suelo con brusquedad –
- Ahora si morirás, Genkai. – el moreno aprovecha que Genkai esta aturdida en el suelo y la sujeta del cuello con ambas manos –
- Hazlo – mira muy seria a Toguro, sin una pisca de temor en sus ojos –
- ¿Acaso buscas la muerte como un modo de perdón a tu pecado? No podré perdonarte nunca… – Toguro la mira con más rencor todavía mientras imprime un poco más de presión en el cuello de Genkai –
- Quizás… sea eso. Yo… cree al monstruo que eres ahora… – mira con rabia a los ojos de Toguro –
- No sabes en verdad cuanto te odio – aprieta un poco mas el cuello de la comandante –
- ¿Tanto como llegaste a amarme?
- Aun más… – susurra y comienza a cortar la circulación de Genkai con la presión que ejercía –
- Nunca… tendré tu perdón - la mirada de Genkai se volvió triste mientras su respiración se reducía considerablemente –
- Como perdonar a la asesina de nuestro hijo – la mirada del moreno se volvió mas fría todavía mientras que su cabeza le ordenaba terminar de partir el cuello de Genkai –
- Mátame…
Toguro cerró sus ojos y decidió complacer por última vez a la que había sido el amor de su vida, la dueña de todo, la causante de su locura. Pero ahora, solo era para el una mísera mujer que le había robado su felicidad a costa de sus deseos de poder, aunque el tampoco era un ser tan inocente, su alma se fue pudriendo poco a poco con las batallas, la sangre lo llamaba a gritos y no podía controlar ese placer que sentía al ver los ojos aterrados de sus victimas y sentir por ultima vez como el aliento de vida se escapaba de sus bocas.
- ¡TOGURO! ¿DONDE ESTAS METIDO?
- Kuronue - el moreno voltea a lo lejos donde estaba el rey de Bengasi buscándolo en medio de la oscuridad – Te matare después…
Genkai solo pudo quedar estática en el suelo al ver como el asesino y despiadado de Toguro se marchaba del lugar sin mas ¿Le habría perdonado la vida? ¿Quizás no se atrevió a matarla? ¿O será que ahora era un obediente perro faldero de Kuronue? No, esa no era la respuesta correcta, Toguro nunca se dejo dominar por nadie, y esa fue una de las causas que hizo que el rey Raizen lo sacara de su ejército en el pasado, no podía obedecer a nadie y causaba muertes mas que innecesarias en el bando contrario y en el propio también.
Reino de Saba
Palacio Mariaba
Ogutro estaba mas que molesto e indignado por lo poco que logro sacarle a Kurama, prácticamente nada ¡nada de importancia para el!, seria que solo Mukuro conocía las razones de la presencia del pelirrojo en Mariaba. Pero sus más bajos y pasionales instintos no se quedarían así, tenia curiosidad de saber que se sentiría hacer suyo a Kurama, aunque realmente a quien deseaba era al rey Hiei, no negaría la sórdida curiosidad de explorar los mismos rincones tocados por el rey de Saba. Tenia que divertirse ahora que Mukuro no estaba para complacerlo, y que mejor oportunidad que esa, el chico estaba semi inconsciente por el brebaje que le obligo a tomar, y no tendria las fuerzas para negarse o evitar lo que quería Ogutro de el.
-Vamos pequeño, dame lo que tanto disfruta Hiei de ti – tomo las muñecas amarradas de Kurama subiéndolas bruscamente sobre la cabeza del mismo –
- ….. – Kurama no sabía bien lo que sucedía, su cabeza daba vueltas y su visión era casi nula, pero al sentir como una mano fría y áspera lo tocaba abrió los ojos aterrado –
- Vaya, quieres verme Kurama, pero no podrás, es secreto. Mejor te quedas tranquilo, te aseguro que lo disfrutaras – empieza a tratar de quitarle el pantalón de dormir que tenía puesto el pelirrojo –
- No… – ahora si que estaba aterrado con lo que sentía, un extraño estaba sobre el tratando de propasarse. Quería gritar pero no podía, su voz se había ido por el ardor que sentía en su garganta, y golpearlo era imposible ya que sus muñecas estaban amarradas sobre su cabeza -
Ogutro se daba toda su paciencia para desvestirlo, parecía seguro que nadie lo descubriría, y Kurama no tenia como defenderse de el, así que después de divertirse quitando la ropa estorbosa se dispuso a cumplir con sus deseos de hacer suyo a Kurama.
-Vamos… se un buen niño y déjate querer – comenzó a besar el cuello de Kurama para después ir bajando poco a poco por su torso –
Kurama trataba desesperadamente de soltar sus manos pero se sentía muy débil y sin fuerzas, las movió por todos lados hasta que sintió algo frió y metálico rozar contra sus dedos, en ese instante recordó que Hiei siempre guardaba una daga bajo la almohada, cuando estuvieron juntos esa mañana el rey de Saba no dejo el mal habito y la oculto bajo la almohada de Kurama. El pelirrojo la tomo entre sus manos anudadas y cuando Ogutro bajo la cabeza para lamer su vientre desnudo este levanto la daga con todas sus fuerzas y la clavo en la espalda del peligris.
- ¡AAAAHHH! ¡DESGRACIADO! - el peligris cayo de la cama, revolcándose en el suelo con la daga aun clavada en su espalda y sangrando –
- Lo… logre – Kurama nota con la mirada aun borrosa que el desconocido se levanta del suelo poco a poco y sale de la habitación dando tumbos entre gemidos de dolor –
- Hiei… – Kurama pierde la conciencia al mismo tiempo que su respiración se va debilitando poco a poco –
Mientras esto sucedía, Ogutro llegaba casi a rastras a la enfermería, todavía con la daga clavada en la espalda. Kurama lo había sorprendido de verdad, entro al lugar después de sacar a duras penas de un cofre metálico sus instrumentos de medicina, toma con una de sus manos la daga y la arranca con rapidez para dar un desgarrador grito de dolor.
-Tuve suerte… no toco algún órgano, pero… esto no se quedara así – se recuesta en la cama para recuperarse un poco antes de proceder a curar la herida dejada por el arma –
La mañana se asomaba nuevamente en la habitación real, Hiei dormía muy tranquilo sin siquiera saber todo lo que había ocurrido la noche anterior con Kurama. Repentinamente un grito se escucho a lo lejos y el toque obsesivo y desenfrenado de la puerta lo saco de su placido sueño.
-¿Que... demonios sucede? - Hiei se levanta todavía medio dormido y abre la puerta de su habitación para ver a una de las sirvientas llorando a mares y muy nerviosa –
- ¡MI SEÑOR! ¡VENGA RAPIDO!
- ¡Que pasa!
- ¡ES EL JOVEN KURAMA!
El solo escuchar a la sirvienta nombrarlo hizo que Hiei sintiera como si la tierra se abriera bajo sus pies. Una angustia nunca antes sentida se apodero de su mente, tan grande, que ni espero a las explicaciones de la sirvienta para salir corriendo rumbo a la habitación del pelirrojo. Al llegar algunos guardias estaban parados en la entrada junto a varias sirvientas más que estaban muy asustadas. El rey aparto a todos muy apresurado para entrar a la habitación, recorrió con la vista el lugar notando de inmediato que había sangre sobre las sabanas y en el cuerpo de Kurama, por un instante pensó que el pelirrojo estaba muerto ya que se veía muy pálido, como sin vida.
- ¡LARGO TODOS DE AQUÍ! – Hiei miro con mucha rabia a todos los presentes que se fueron de inmediato pero la sirvienta que lo había encontrado se quedo junto a él –
- ¿Está muerto mi señor? – la pobre chica lloraba desconsolada al pie de la cama –
- No… – toca el rostro frió del pelirrojo para darse cuenta que continuaba con vida –
- Pobre… toque como todas las mañanas para despertarlo... pero no abría, por eso entre – mira muy triste al rey que tomo una manta para cubrir el cuerpo desnudo y frió de Kurama –
- Llama al médico del palacio – sentencia con voz más que fría mientras desata las muñecas del chico –
- ¡Si mi señor! – la joven sale rápidamente rumbo a las barracas –
- Kurama… ¿Quién demonios te hizo esto? – Acaricia el rostro de Kurama mientras que algunas lágrimas empezaron a rodar por su rostro triste, no había llorado desde que su padre murió, pero esta vez sentía que su corazón se desmoronaba a pedazos –
Barracas
La sirvienta corrió tan rápido como podía por todo el palacio Mariaba, atravesándolo completamente hasta llegar al lugar donde dormía el médico del palacio, tocando a la puerta muy apresurada. Adentro, un Ogutro todavía adolorido por el ataque recibido dormía hasta que despertó al sentir los golpes desesperados, ya sabia la razón de esa alteración.
- Ya descubrieron el cadáver - se levanto con cuidado, mirando que su herida en la espalda ya no sangraba y estaba vendada muy fuerte. Al verificar se coloco una camisa con rapidez para después abrir la puerta –
- ¡Mi señor Ogutro venga rápido!
- ¿Que sucedió? – simula rostro de preocupación –
- El joven… Kurama, ¡Parece muerto!
- (Entonces todavía no se muere) ¡enseguida voy! – Toma sus instrumentos y sale rumbo a la habitación del pelirrojo pensado que esta vez no se le paso la mano con el brebaje que preparo –
Habitación de Kurama
Hiei esperaba sentado junto a su amado, estaba tratando de entender quien pudo hacerle semejante atrocidad a Kurama, tenia que ser alguien que lo quisiera ver muerto, pero no tuvo tiempo de seguir divagando en su mente ya que Ogutro llego al lugar junto con la sirvienta.
- ¿Mi señor Hiei que sucedió? – el peligris se acerca con rostro preocupado –
- No lo sabemos… quiero que lo revises – se aparta de la cama para darle espacio al medico –
- Pobre chico… Parece estar dopado – deja sus instrumentos en la cama y se dispone a hacer su oficio de medico de la manera mas seria y normal posible –
- ¿Que causo eso? – el rey le mira desconfiado –
- Mi señor, pudo consumir algo que lo drogo… o alguien intento envenenarlo – sentencia muy serio después de sentir el corazón de Kurama latir muy lento y pausado –
- Como a mi padre…
- Su padre murió de una enfermedad, mi señor, esto es diferente – trata de cambiar el tema para que Hiei no note similitudes en ambos casos –
- Eso todavía no lo creo, pero ahora ¿dime como podemos sacar el veneno de su organismo?
- No hay manera, se nota que han pasado muchas horas así por lo frió de su cuerpo, solo nos resta esperar a que su organismo reaccione al veneno y lo repela.
- ¿Y si no reacciona?
- Morirá – Ogutro mira a Kurama esperando que eso suceda, así se liberaría de su misterio del porque esta en Mariaba –
- Retírate – Hiei lo ve muy serio –
- Esta bien mi señor… Pero necesitare vigilar su estado.
- Yo te llamare si es necesario – Hiei acompaña hasta la puerta a Ogutro –
- Como ordene – se va algo preocupado por lo que pueda estar pensando hacer el rey de aquí en adelante – (Creo que no debí hacer eso… Mukuro no se creerá de que fue envenenado, Pero si le digo que era amante de Hiei, de seguro se olvidaría fácilmente del asunto)
Mientras, Hiei mando a poner cinco guardias de su comitiva personal a vigilar la entrada de la habitación de Kurama las 24 horas del día, no quería que nadie, absolutamente nadie entrara allí, solo el o alguna sirvienta de confianza podían hacerlo.
-Mi ángel de la noche… Matare al maldito que te hizo esto, no puedo dejar que te arrebaten de mis brazos, no ahora que supe lo que es ser amado. Kurama, no te mueras, me escuchas… ¡No te permito que mueras! – golpea la pared muy molesto y triste –
Puesto Fronterizo
Las tropas de Mukuro y Genkai estaban organizándose para el ataque que efectuarían a mitad del día, la hora mas difícil de estar en medio del desierto, las estrategias que tenían en mente les darían ventajas según ambos comandantes. Mukuro pasaba revista con sus segundos al mando para la organización pero estaba algo preocupado por la comandante de Sahn, había insistido en ser ella misma la espía para revisar las tropas enemigas por la noche, pero no regreso como tenia pensado Mukuro.
- Genkai es muy astuta como para dejarse atrapar, esto es extraño... – Mukuro meditaba la situación mientras ensillaba su caballo –
- Mi señor, ya la caballería esta lista – un soldado se le acerca –
- ¿Prepararon las armas que les indique?
- Si mi señor, solo falta que los arqueros se alisten pero se niegan a obedecer a alguien mas que no sea la comandante Genkai.
- Es más que obvio… esperaremos una hora más, si no regresa da ordenes de cambiar las tropas cuando yo lo indique.
- No será necesario, Mukuro - Genkai llega al lugar muy seria –
- Al fin llegas, tenemos menos de tres horas para terminar de organizarnos.
- Tengo algunas noticias alentadoras – la madura mujer se dirige a su tienda –
- Infórmame – Mukuro la sigue –
Luego de entrar al lugar Genkai toma algunos sorbos de agua de una vasija para refrescarse y luego colocarse su armadura de batalla tranquilamente.
-Los soldados de Kuronue se quedaron en vela toda la noche, creo que esperaban una emboscada de nuestra parte – acomoda sus espadas en su cintura –
- Deben estar algo cansados entonces.
- Si lo están, eso nos facilitara la ofensiva.
- ¿Que te sucedió en el cuello? – Mukuro nota como la madura mujer tiene algunos moretones por lo que Toguro intento la noche anterior –
- No es nada de importancia – se lleva la mano al cuello –
- ¿Cual es el flanco más desprotegido? así terminare de armar a mi caballería.
- El lado sur, ya que por lo que observe, el comandante de las tropas enemigas se encuentra del lado contrario, busca su protección personal antes que la de sus soldados.
- ¿Averiguaste quien es el comandante? Lo único que se es que nunca he podido verlo en batalla – Mukuro recuerda la emboscada en los acantilados -
- Un hombre muy peligroso… Nunca se mete a la pelea, es astuto como las serpientes, así que pensé en eliminarlo apenas podamos.
- Si podemos lo haremos, pero ahora terminemos de alistar los planes.
Reino de Bengasi
Palacio de Kuronue
El rey de este lugar estaba muy tranquilo revisando algunos asuntos internos mientras que su guardaespaldas temporal se entretenía mirando por uno de los ventanales de la gran habitación.
- Desde anoche estas algo distraído, Toguro – Kuronue levanta la mirada hacia el moreno –
- Solo son ideas suyas.
- No me engañas… vi cuando estaban por matar a un soldado en las afueras de la tienda ¿quién era?
- Nadie de importancia.
- Creo que si era de importancia para ti porque no lo mataste – el pelinegro se levanta de su silla con rostro curioso –
- No creo que le interese a quien mato o a quien dejo con vida, Kuronue.
- Es verdad… Pero se te olvida que te pago para algunos asuntos que si me interesan.
- No he sabido nada de su esclavo, mi informante tampoco tiene pistas de él.
- Se me está agotando la paciencia, Toguro. Quiero a Al-Hamra de regreso – se detiene junto al moreno –
- Yo no puedo saber exactamente a donde se fue, solo puedo indagar por lo que usted me dice – lo mira algo fastidiado –
- Busca en Saba.
- ¿En el reino enemigo?
- Si, recordé que el nació allí, seguro que paso por ese reino así sea unos días.
- No es mala idea, tomare algunos días para buscarlo en ese lugar – sale de la habitación con una sonrisa muy malévola –
- Te extraño mí Al-Hamra, como quiero volver a tenerte aquí conmigo – el pelinegro suspira mientras retoma sus labores –
Toguro salió del palacio y se encamino a una zona algo desagradable del reino de Bengasi, era un área donde pululaban vagos y malhechores, solo calañas de bajos fondos que mataban sin contemplación. Después de caminar un poco entre algunas callejuelas llega a una casa algo derruida y toca a la puerta tres veces seguidas.
- No esperaba tu visita a estas horas del día, Toguro – un joven le recibe con rostro sereno –
- Tengo cambios de planes para ti – entra a la casa y se sienta en una pequeña mesa que había –
- ¿Que sucedió?
- Adelantaremos lo del secuestro, Kuronue me pidió ir a Saba, pero en vez de ir allí nos moveremos rumbo a Sahn.
- ¿A quién secuestraremos? – el joven escuchaba todo muy atento –
- Lo sabrás al llegar el día, quiero que sea una sorpresa – sonríe –
- Me parece bien, pero tendrás que establecer un buen plan para entrar al palacio Yanen.
- Tú te encargaras de eso, conoces muy bien el lugar ¿o no?
- Si… pero hace algunos años que no voy.
- No te preocupes, no creo que las cosas cambien tanto.
- Como tú digas, Toguro.
- Muy bien, ya me retiro, este lugar me desagrada – se levanta para regresar al palacio de Kuronue –
- Estaré listo cuando me lo pidas – le abre la puerta a Toguro y ve cómo se va por la callejuela –
- Esta visita fue la más indicada ¿o no? – una sombra sale de atrás de una puerta muy sonriente –
- ¡Tenia el corazón en vilo! Que hubiese pasado si Toguro te hubiese visto – el joven se encoge de hombros preocupado –
- No sabes las ganas que tenia de destrozarlo entre mis manos Koenma, me contuve por ti.
- Sigues igual de imprudente Yusuke, los años y una esposa no te cambian – sonríe mientras se sienta junto al rey –
- Mi padre dice lo mismo… pero en fin, venir aquí fue mi mejor idea, sabía que tú me tendrías buena información y vaya que fue buena.
- Me alié con Toguro para proteger tu reino, un infiltrado siempre es bueno en casos como estos.
- ¡Pero me molesta el que no me lo dijeras antes!
- Si quieres engañar a tu enemigo, engaña primero a tus amigos.
- Vaya amigo que resultaste.
- ¿Y qué harás Yusuke?
- Nada.
- ¡Como que nada! Keiko está en peligro, y tu padre Raizen también.
- Tranquilo… quiero que entre al palacio, que se vea seguro de su plan para después matarlo con mis propias manos ¡un ataque sorpresa!
- Sabia que dirías algo así, tienes los mismos ánimos que recuerdo de niño.
- Y tu tan preocupado como lo recuerdo.
Reino de Saba
Palacio Mariaba
Las horas pasaban dolorosamente lentas para el rey, Hiei no se separaba de Kurama ni un instante, se le había olvidado el mundo entero y no le importaba en lo mas mínimo si alguien descubría lo mucho que amaba y quería a ese chico. Acariciaba sus cabellos rojizos de manera dulce mientras veía como Kurama respiraba tan pausadamente que parecía no tener vida, su rostro sin expresiones y su piel blanca le hacían ver como un cadáver tendido en la cama.
- Permiso, mi señor – un soldado asoma la cabeza por la puerta –
- Dime – levanta la mirada algo molesto por la interrupción –
- Hay una joven aquí fuera que quiere verlo.
- ¿Quién es?
- La escriba personal del señor Mukuro.
- Botan, déjala pasar – se levanta de la cama para recibirla, recordó que Kurama le había comentado que ella lo ayudo a entrar a Mariaba –
En pocos momentos una tímida joven de cabellos azules entra a la habitación de Kurama, se veía muy triste pero por respeto al rey no se acerco al pelirrojo, manteniendo una prudente distancia.
-¿Que buscas aquí? – Hiei la mira notablemente molesto –
- Mi señor… es que no podía creer lo que comentaban las sirvientas del palacio, pobre Kurama – trata de no llorar pero le es imposible –
- Tú ayudaste a Kurama ¿verdad?
- Si… Le dije a mi señor Mukuro sobre el y lo de Kuronue, pero jamás pensé que algo malo le pasaría estando aquí en Mariaba – seca sus lagrimas con sus ropas –
- ¿Que mas sabes de Kurama?
- Nada mas… solo lo que el me contó sobre su pasado.
- Kurama fue envenenado por alguien de aquí, y los guardias nunca vieron a ningún extraño anoche.
- No puede ser… envenenado. ¿Pero quien podría desear algo malo para él? nadie lo conoce los suficiente aquí, solo usted, mi señor Mukuro y yo.
- No lo sé… ¡de verdad que no lo sé! – Hiei no pudo aguantar las lágrimas nuevamente mientras se acercaba a la cama para ver a Kurama –
- (Está llorando… El rey Hiei está llorando) – Botan se quedo muy impresionada al ver como el joven rey daba riendas sueltas a sus sentimientos de dolor – No se preocupe... el es un chico fuerte, ha pasado por tantas cosas que sabrá salir de esto también – finalmente Botan se atreve a pone una mano sobre el hombro del compungido rey –
- Eso espero…
Continuara…
Creo que las cosas en vez de desenredarse con cada capitulo, se enredan mas XD, primero ¿qué sucedió con el hijo de Toguro y Genkai? ¿En verdad lo mato la comandante de Sahn? ¿Ogutro será descubierto? ¿Cómo se desarrollara la batalla por el puesto Norte de Saba? un nuevo personaje entra a escena, Koenma es pieza clave para el reino de Yusuke, sabremos un poco mas de su pasado y como termino siendo un infiltrado del enemigo, pero el asusto que más importa, ¿Kurama se recuperara? Esperen el próximo capitulo que como de costumbre muy intrigante y con muchas dudas, gracias por leer y estar al pendiente de esta edición de mi amado fic.
Próximo Capitulo:
Una batalla por la vida
