Los pastizales del campo de entrenamiento de la División 6 se vieron sacudidos con fuerza por la potente energía que descendía desde el cielo. Uno tras otro, los rayos de kidoh que se precipitaban hacia el suelo como el más violento de los granizos fueron creando agujeros en la tierra, que se estaba salpicando de rojo.

- No pienso reducir la potencia de los ataques, así que será mejor que hagas algo con respecto a eso –dijo Kasumi, señalando con un movimiento de su cabeza a los charcos de sangre que comenzaban a inundar el piso.

Tras decir esas palabras, y luego de beber un sorbo de té de la taza de madera que sostenía con su mano izquierda, levantó su brazo derecho y, con un ademán, hizo que los rayos que caían del cielo se incrementaran.

En el epicentro de los ataques, un ensangrentado Ger era atravesado una y otra vez por las delgadas lanzas de energía espiritual, mientras sus ojos amarillentos y su cabello con tonos colorados parecían arder. El Shinigami, que estaba siendo constantemente perforado a lo largo y a lo ancho de su cuerpo, apretó con fuerza sus puños, y logró hacer que la sangre que estaba desparramada por el suelo regresara a su cuerpo, cerrando algunas de sus heridas, mientras otras nuevas seguían abriéndose por los incesantes impactos de kidoh.

- Así está mejor –comentó Kasumi, y volvió a beber otro sorbo de té, sin dejar de mover su mano derecha en dirección hacia el cielo.


09
Proyecto


- Vamos, no es como si nunca lo hubiéramos hecho –comentó un Shinigami de cabello castaño, lacio y largo.

- Es sólo que no creo que al Capitán le agrade la idea… -respondió una joven rubia, con el pelo ondulado y por los hombros- Si vuelve a darse cuenta de que--

- ¿Desde cuándo te importan tanto las reglas, Koe? –la interrumpió el muchacho, tomándola por la cintura.

- ¡Kae, basta! –dijo ella, intentando contener una sonrisa, pero no pudo evitar que el Shinigami la apurara y la hiciera caminar más rápido.

A algunos metros de distancia, en el extremo del tercer pasillo oeste de la División 6, Ger se asomó con cuidado por detrás de una columna para comprobar que sus dos compañeros estuvieran lo suficientemente lejos.

- Creo que ya podemos pasar… -susurró Ger.

- ¡Muy bien, vamos! –exclamó Kasumi, y empujó a su alumno hacia el pasillo, alarmándolo. Bastante desesperado por su imprudencia, Ger lo sujetó del brazo con fuerza y lo apuró a levantar una baldosa movible del suelo, abriendo una de las entradas a los túneles subterráneos del Seireitei.

Pocos segundos después, los dos se encontraban en las cloacas, sumergidos en la oscuridad y ocultos de la superficie.

- ¡Kasumi-san!. ¡¿Cómo puedes ser tan imprudente?!. ¡Podrían haberte visto!

- Tranquilízate un poco, Ger-kun –respondió relajadamente Kasumi, acomodándose la bolsa que llevaba atada a sus hombros-. Esos dos estaban muy ocupados en sus asuntos como para prestarnos atención.

- ¡De cualquier manera, eres imprudente!. ¡¿Y si alguien más aparecía?!. ¡¿Y si descubrían que tú estabas--

- Rastreo del águila –contestó simplemente Kasumi, haciendo que la expresión en el rostro de Ger cambiara, y que dejara de preguntarle cosas.

El Shinigami lo recordaba perfectamente: el Rastreo del águila era una técnica desarrollada por los Hitori, que consistía en manipular con el oído los espiritrones en el aire en un rango determinado, proporcional a la cantidad de energía espiritual de quien los controlara. Básicamente, con esta habilidad se podían detectar las voces y los movimientos de las personas dentro de ese rango, algo ideal para desplazarse cómodamente en terreno enemigo. Cuando Ger vivía con los Hitori, había visto a un par de sus superiores empleando esta técnica, pero nunca se le había ocurrido que Kasumi también pudiera hacerlo, aunque era algo lógico, siendo su maestro uno de los miembros más poderosos del clan.

Luego de caminar algunos metros por las cloacas, Kasumi extendió su mano derecha hacia una de las sucias paredes, y apoyó sus dedos sobre los ladrillos. Segundos después, su mano comenzó a atravesar lentamente el muro, como si el mismo fuera transparente. Entonces, el maestro de Ger cerró su puño con fuerza, y con un violento movimiento hacia abajo, hizo una apertura en el medio de la pared, como si estuviera creando un portal hacia otra dimensión.

- Es la última vez que usaré esta puerta –comentó Kasumi, terminando de hacer ese rasguido dimensional-; si la utilizo muchas veces, podría perder el control de los espiritrones, y alguien podría percibirla. Para la próxima vez tendremos que crear un portal nuevo.

La apertura que Kasumi acababa de hacer era la misma que había estado utilizando durante los últimos meses para ingresar al Seireitei. Si bien el mismo estaba protegido por un enorme muro espiritual que lo cubría en todos sus ángulos, los Hitori podían manipular los caminos entre las dimensiones, y esa habilidad les permitía entrar y salir por puertas que los Shinigami no podían controlar.

- Por cierto, Ger… -dijo Kasumi, dándole la espalda a la apertura dimensional- ¿Alguna novedad con respecto a…?

El Shinigami bajó la mirada, frunciendo las cejas en señal de dolor.

- Mi Capitán… -contestó, luego de algunos segundos-. Mi Capitán está haciendo todo lo posible para que pueda hablar con él. Pero no creo que se pueda hacer nada más. Cuando terminen de hacer… lo que sea que estuvieron haciendo con él todo este tiempo… seguramente lo condenarán a muerte.

- Ya veo… -Kasumi dio algunos pasos, llevándose una mano a la barbilla-. Ya han pasado más de dos años y medio, y lo han mantenido con vida todo este tiempo… Seguramente la gente de la División 12 quedó fascinada con este "especímen", pero es verdad, es improbable que vayan a mantenerlo con vida por mucho más tiempo. Eso sí… es una suerte que no sepan que eres igual a él.

- Lo sé… -respondió Ger, cerrando sus puños-. Tan sólo me gustaría… poder hacer algo por él…

Kasumi colocó su mano derecha sobre el hombro de Ger, en señal de apoyo. Tras esto, le dio la espalda, y atravesó la puerta dimensional, que se cerró instantes después, dejando al Shinigami solo, en medio del túnel subterráneo.


Mientras caminaba por uno de los pasillos de la División 6, muchas imágenes comenzaron a dar vueltas por la mente de Ger, como venía sucediendo cada vez que terminaba un día de entrenamiento con Kasumi. Durante los dos años y nueve meses que habían pasado desde el incidente en Hokutan, su maestro había entrado repetitivas veces de manera oculta al Seireitei para ayudar al Shinigami a mejorar sus habilidades, sabiendo que llegaría el día en que tuviera que enfrentarse a los Hitori.

La pregunta que Ger se hacía era si realmente su poder había crecido lo suficiente. Al liberar su zanpakutoh, podía sentir que su sangre corría por sus venas de una manera distinta a como lo hacía antes, pero había muchas cosas que todavía no podía controlar, y eso lo aterraba. La incertidumbre que le provocaban sus propias habilidades lo hacía dudar en su camino, y sabía que ese miedo podría terminar siendo su propio verdugo…

Sólo hizo falta un piedrazo en la nuca para hacerlo volver a la realidad.

- En otro planeta, como siempre –dijo una voz a sus espaldas.

Luego de llevarse la mano a la parte trasera de la cabeza, Ger se volteó para ver cómo un Shinigami vestido con un largo haori de color blanco se aproximaba a él. Su cabello era oscuro, corto y despeinado, y además iba mordiendo una pequeña rama con la boca. Al acercarse, levantó su mano derecha en señal de saludo.

- ¡Capitán Yuber! –exclamó Ger, algo sorprendido- ¿De dónde… saliste?

- Nunca subestimes las habilidades de tus superiores –fanfarroneó el Shinigami, mientras le pasaba por al lado-. No podía perderme la oportunidad de hacerte bajar de las nubes.

- Siempre tan oportuno… -respondió Ger, con una mueca, mientras comenzaba a caminar a su lado. Los dos continuaron su marcha en dirección al cuartel de la División.

- Vas a tener que decirle a tu maestro que tenga más cuidado –comentó Yuber, sin dejar de mascar la rama, y llevándose las manos a la parte trasera del cuello-. Si sigue usando esa…. lo que sea que utiliza para entrar y salir de aquí, alguien lo notará.

- Sí, es verdad… -contestó el Shinigami, bajando la mirada-. Lo siento.

- No lo sientas; si estoy haciendo la vista gorda es porque me lo pediste, y porque hasta ahora han sido cautelosos –respondió el Capitán-. Sabes que si algún día alguien descubre que has estado trayendo a un Hitori a escondidas al Seireitei, no podré hacer nada para ayudarte.

- Lo sé –respondió Ger, luego de algunos segundos.

Cuando Ger se había unido a la División 6, Yuber, que por ese entonces era Subcapitán, había sido la primera persona con quien había tenido una relación cercana. Eventualmente, terminó contándole toda la historia de su pasado, su relación con la familia Hitori, y las peculiaridades de su zanpakutoh y de su sangre. Así, Yuber se había convertido en la única persona en conocer los secretos de Ger, al menos hasta que sucedió el incidente de Hokutan, tras el cual el Shinigami se animó a abrirse también con Kuniko y con Gaijin.

Esa confianza que Ger tenía en Yuber era la que lo había motivado a pedirle que le permitiera utilizar el Campo de Entrenamiento de la División para mejorar sus habilidades, con la particular característica de que permitiera que su maestro, Kasumi Hitori, pudiera ayudarle. Acceder a que al Seireitei ingresara clandestinamente un miembro de uno de los clanes más perseguidos por las 13 Divisiones de Protección a lo largo de la historia de la Sociedad de las Almas era, indudablemente, un gravísimo delito, pero Ger prometió que lo manejarían de manera que nunca nadie se enterara. Más allá de todo, el hecho de que Yuber le diera el visto bueno a ese pedido –aunque no estuviera del todo de acuerdo- daba cuenta de la amistad entre ambos.

- Por cierto, Capitán… -comenzó a decir Ger, pero no tuvo que terminar la oración: ni bien había empezado a hablar, Yuber ya había sacado de uno de sus bolsillos un papel enrollado y atado con una cinta que contenía el emblema de la División 6.

- Aquí lo tienes –dijo Yuber, mientras le extendía el documento a su subordinado, que parecía asombrado-. Me costó bastante conseguirlo, pero aquí está.

- … ¡Gracias!. ¡Muchas gracias! –dijo Ger, emocionado, mientras desenrollaba el papel: efectivamente, ese documento le otorgaba el permiso que había estado esperando durante tanto tiempo.

- Eso sí, Ger… -dijo Yuber, mientras comenzaba a alejarse, dándole la espalda al Shinigami-. Si fuera tú, me daría prisa. No creo que pase mucho tiempo antes de que lo ejecuten.


- Tiene que haber un error.

- Es lo mismo que pienso yo, pero aquí están las firmas...

- ¡Es que no tiene sentido!

- ¿Por qué firmarían esta autorización?

- ¡Exacto!. ¿No se suponía que era un caso restringido?

- ¡Hasta no hablar con el Capitán, no pienso abrir la puerta!

- ¡Opino lo mismo!

Los cinco Shinigamis debatían acaloradamente, superponiéndose uno al otro al hablar. La discusión había llamado la atención del resto de los trabajadores de la Sala Principal del Instituto de Investigación y Desarrollo de la División 12, haciéndolos desviar su atención de los computadores para concentrarse en sus superiores, que cada vez elevaban más la voz, reunidos en ronda y mirando un documento.

- ¡¿Se puede saber qué les pasa?! -la gruesa voz resonó en la inmensa habitación, sobresaltando a los cinco Shinigamis e interrumpiendo su conversación-. ¡¿No puedo dejarlos a cargo de este lugar por quince minutos?!

- ¡K-Kurotsume-senpai! –exclamó una Shinigami pelirroja, contemplando al hombre que acababa de ingresar.

Kurotsume, uno de los Supervisores Generales del Instituto de I D de la División 12, era un hombre alto y robusto, con el cabello oscuro y repleto de canas, tapado por unos anteojos que llevaba en la parte superior de la cabeza. Su rostro era muy amargado, intensificado por unas cejas pobladas y una mirada antipática. Sobre el traje estándar de Shinigami llevaba un haori blanco similar al de los Capitanes, pero mucho más holgado, similar a un uniforme de laboratorio.

- ¿Qué demonios están discutiendo? –preguntó, arrebatándole a uno de los Shinigamis el papel que sostenía en sus manos, y bajándose las gafas a la altura de los ojos para poder leerlo-. Bajo la orden del Comandante General… un permiso para… con la autorización de… Esto es… ¡¿quién trajo esto?!

- Y-Yo…

Los Shinigamis que hasta hacía segundos habían estado discutiendo, giraron sus cabezas en una misma dirección, acción que también fue imitada por todos los demás trabajadores de esa habitación. En el epicentro de las miradas se erguía Ger, con los brazos detrás de su espalda, esperando pacientemente una respuesta.

- Ya veo… -comentó Kurotsume, echándole un vistazo al Shinigami, y volviendo a mirar el documento-. Muy bien, en ese caso no hay nada que hacer. Que pase.

- ¡P-pero, Kurotsume-senpai! –protestó la Shinigami pelirroja-. ¡Esta persona quiere ver al--

- ¡Creo que aprendí a leer hace muchísimo tiempo, Lilah! –gritó Kurotsume, impidiendo que su subordinada completara su oración-. ¡Este papel tiene la firma de cinco capitanes, incluyendo al de nuestra División!. ¡Así que, claramente, no hay nada que protestar!... ¡Conduzcan a este tipo a la celda del Proyecto!

Luego de algunos instantes, Lilah, la Shinigami colorada, le hizo una seña a Ger, indicándole que lo acompañara por una puerta. Detrás de ellos fueron otros dos Oficiales, mientras el resto regresaba a sus puestos de trabajo.

- ¡¡Y ustedes, será mejor que sigan con lo suyo!! –exclamó Kurotsume, haciendo que los Shinigamis sentados en los computadores volvieran a concentrarse en sus monitores.

Ger volteó un momento para ver cómo una puerta corrediza se cerraba a sus espaldas, y luego siguió caminando por un oscuro pasillo iluminado por luces azules, siguiendo a Lilah.

- Sería recomendable que no estuvieras mucho tiempo adentro –dijo la Shinigami, deteniéndose delante de una enorme puerta-. No ha visto a más personas que a nosotros en los últimos treinta y tres meses, así que podría reaccionar violentamente.

Ger se ubicó delante del umbral, y esperó a que Lilah terminara de insertar una llave rectangular en un orificio ubicado en la pared. Momentos después, una luz blanca se encendió en el medio de la puerta, que se abrió de par en par, permitiéndole la entrada al Shinigami. Después de tragar un poco de saliva, Ger ingreso a la habitación, mientras el resto de los Shinigamis lo contemplaban. Cuando el joven terminó de ingresar, Lilah hizo girar la llave, cerrando la puerta.

Las luces de la celda se encendieron lentamente, iluminando poco a poco el oscuro recinto. Se trataba de un cuarto angosto, pero bastante largo, contando sólo con una cama, una pequeña mesa y algunos dispositivos en los rincones.

A medida que la habitación se iba iluminando, Ger pudo observar, en el extremo opuesto, a un hombre vestido sólo con una hakama blanca, y con el torso desnudo, revelando muchas cicatrices en su espalda. Su cabeza estaba completamente rapada, y al girar reveló una larga marca a lo largo de la mitad izquierda de su rostro. La mirada del hombre se fue llenando de hostilidad al comprobar quién era su visitante.

- Por Dios… Ben… –susurró Ger, horrorizado.


En las profundidades subterráneas del Seireitei, las aguas de las cloacas comenzaron a agitarse, como si el viento hubiera empezado a correr por los túneles.

En el centro de la pared sobre la cual Kasumi había abierto su portal horas atrás, comenzó a dibujarse una delgada línea, a partir de la cual comenzaron a extenderse ramificaciones que se dispersaron por el muro.

De pronto, esa línea se dividió en dos, abriendo un ancho agujero en el medio del aire, y permitiendo que dos manos cubiertas por guantes negros salieran del medio de la nada.


Próximo capítulo:
Cicatrices y lágrimas