Título: Problemas de adolescente

Fandom: DxD

Rated: K

Confesión… ¿de amor?

Aquel era un día sumamente importante para ella. Las chicas le habían dicho que aquel chico que tanto amaba se le iba a confesar. ¡Estaba ilusionadísima! Aquella tarde, todas las chicas ayudaron en su transformación. Ella era una chica hermosa, eso nadie lo negaba, pero luego de estar toda la tarde eligiendo el mejor maquillaje y el vestido más hermoso, aquella joven muchacha había alcanzado un nuevo nivel de hermosura.

Y ahora ahí estaba, bajo un árbol de sakura florecido, con la luna llena en lo alto y las estrellas brillando en el cielo. Nerviosa se frotaba las manos, esperando que todo saliera bien. Aquel iba a ser uno de los momentos más importantes de su vida.

Y, siendo puntual, aquel chico del que estaba enamorada hizo acto de aparición. Sonrió como tonta al verle. A sus ojos, aquel chico estaba muy guapo, bien arreglado y peinado. Se le notaba tan nervioso como ella lo estaba, pero, envalentonándose, se acercó hasta la muchacha.

Con una delicadeza que no creía posible en él, le cogió las manos, masajeándolas con dulzura.

-Esta noche tengo algo que decirte.

Evitó tartamudear, aunque su rostro aún estaba rojo. Ella, por el contrario, estaba temblando levemente, roja como un tomate.

-¿Q-qué cosa es?

Ella si tartamudeo.

Entonces, tragando saliva, y con la voz más dulce que pudo convocar, recitó un poema. Conforme avanzaba, los pelos de la muchacha se erizaban.

Tus ojos son dos luceros,

Tus mejillas dos manzanas,

Que linda ensalada de frutas,

Haríamos con mi banaba.

-…

Vale… ¡¿osea, qué?!

Los ojos de la chica abandonaron ese brillo de ilusión, volviéndose tan varios como los de la propia Ophis. Entonces alzó la mano y…

ZASCA

Un señor tortazo.

-Prueba otra vez. – ordenó con un tono tan neutro y frio que uno podía pensar que en verdad era la mismísima Ophis, pero con otra apariencia.

El muchacho, aun asombrado y dolorido por semejante hostión, asintió, volviendo a concentrarse. Volvió a coger delicadamente las manos de la muchacha, quien recobró aquel brillo de ilusión.

Quisiera ser pirata,

No por el oro ni la plata,

Sino por ese tesoro,

Que tienes entre las patas.

ZASCA

-Prueba otra vez.

Cariño, para ti el monte,

Para mí la mar,

Mira para el horizonte,

Que te voy a encular.

ZASCA

-Prueba otra vez.

Mi amor, con tantos deseos gratos,

Tantos saltos y piruetas,

Quiero acariciarte un rato,

Esas dos pedazo de tetas.

ZASCA

-Prueba otra vez.

Mi amor, sentirás olor a esencia,

Pues me acercaré con gran disimulo,

Y un poco más notarás mi presencia,

Cuando te la meta por el culo.

ZASCA

-Prueba otra vez.

Vamos nena, vámonos lejos,

Llámame romántico o ñoño,

Pero me gustaría mirarte a los ojos,

Mientras te como to el coño.

ZASCA

-Prueba otra vez.

Todas tus caricias más tiernas,

Las voy guardando en un bote,

¿Por qué no abres un poco tus piernas

Para que te meta tomo mi cipote?

ZASCA

-Prueba otra vez.

Si tienes hambre

Espero que te aproveche,

Porque entre las piernas tengo

Un biberón lleno de leche.

ZASCA

-Prueba otra vez.

Mi amor, yo tengo buenas intenciones,

Tú solo has de mover ficha,

Ponerte unos buenos tacones,

Y yo te planto toda ¡mi semillita!

Aquellas últimas palabras las dijo a prisa y corriendo, pues la muchacha ya estaba preparada para darle otro señor guantazo, pero al escuchar aquellas palabras, esta se detuvo. Ahora su rostro estaba sonrojado.

-¿Tu… semillita? Bueno… eso… eso no está… mal…

-Eso sí, ¿eh? ¡Luego la pienso empujar hasta el fondo con toda la punta de la…!

ZAAASCA

Y ahora sí, una señora hostia.

Firma

El enamorado

¡Cálico Electrónico for ever!