Tal vez mamá y yo podamos retirarnos juntas a la abadía. Porque cuando Peeta descubra la verdad, me dejará inmediatamente.
– Sí. Toda. – Dijo ella ahogando un suspiro, mientras Peeta la bajaba y la volvía a poner sobre sus pies.
El arrepentimiento y los remordimientos que había sentido al matar a los tres cerdos, no fue nada comparado con el sentimiento de pérdida que pesaba sobre sus hombros al pensar que Peeta pudiese abandonarla. Nunca más volvería a sentir otra vez su palpitante virilidad dentro de ella, nunca más olería su aroma, nunca más probaría su sabor... Esa lúgubre idea hizo que le temblaran los labios y que necias lágrimas nublaran sus ojos.
El suspiro de Peeta pasó por el cabello de Katniss haciéndole cosquillas en la nuca. Ella miró a su marido.
– Eres un confuso rompecabezas, esposa. ¿Por qué tienes los hombros caídos, el ceño fruncido y tu boca está haciendo una mueca? – Le preguntó Peeta acariciando su boca.
Katniss le contestó con el primer pensamiento que le vino a la mente.
– Me temo que no estoy destinada para estar en un convento.
Si no pareciese tan abatida, Peeta habría soltado una carcajada porque Katniss nunca había dicho algo tan cierto. No entendía como funcionaba la mente de su esposa. ¿Por qué estaba pensando en conventos?
– A pesar de que me muero de curiosidad por tu comentario, este no es el momento ni el lugar para discutir eso. –Peeta le pasó los dedos por las mejillas, maravillándose una vez más por su piel tan suave. Las sedas y telas de Oriente no podían compararse con la suavidad del cuerpo de Katniss. – Seneca está con el conde.
Ella resopló y puso los ojos en blanco.
– No dejes que nuestras preocupaciones se reflejen en tu rostro, Katniss. Actúa como una buena anfitriona.
– Claro, mi señor. – Ella jugaba con su cinta del pelo mientras seguía con la mirada baja.
– Es aconsejable no dejar que ninguno de ellos conozca tus debilidades, y menos un enemigo. Confía en mí sobre esto, esposa.
Katniss frunció los labios, desanimada, preocupando a Peeta que no deseaba que su esposa se sintiese indefensa. Sus lágrimas le hacían sentirse impotente.
– ¿Crees que podría desafiar al Conde Snow a jugar al Zorro y al Ganso? – Preguntó Katniss echándose la trenza sobre el hombro. – No te inquietes. Fingiré que me divierto y sonreiré todo el rato, como hace una doncella de cabeza hueca.
Peeta reprimió una sonrisa al ver que volvía parte de su rebeldía.
– Tú te comerías todos sus gansos en dos tiradas de los dados.
– ¿Jugaremos otra vez al Zorro y al Ganso esta noche, mi señor?
– Peeta– Incapaz de resistirse, él se acercó lo suficiente como para rozar su oreja con la lengua y cuando ella gimió, le chupó el lóbulo de la oreja, susurrándole.
– Di mi nombre.
– Peeta. – Su susurro la dejó sin aliento y el rubor apareció en su rostro.
¡Por los dedos de Odin! El rubor de su rostro hizo que su polla se hinchara y su saco se apretara. Agarrándola del codo la condujo hacia las escaleras. En voz baja, le preguntó. – ¿Cómo están tus partes femeninas esta mañana, dulzura?
Katnisd lo miró a través de sus ojos medio cerrados, con una pícara sonrisa en la esquina de su boca, que envió rayos de lujuria a su agitado miembro.
– Todas mis partes femeninas están palpitando,Peeta.
¡Por el martillo de Thor!
Katniss miró hacia el bulto de sus pantalones y se pasó la lengua por el contorno de su boca mientras hablaba, lo que consiguió que Peeta se distrajera y acabara tropezando al bajar el primer escalón.
Las elevadas voces llegaron a los oídos de Peeta antes de que estuviera a mitad de la escalera.Examinando el salón divisó a un grupo de hombres que estaban con el Conde Snow.
– ¡Buscad en cada cabaña, cada choza y cada granja! – Ordenó gritando el Conde Snow, quien tenía a sus hombres saltando a causa de sus gritos y asintiendo en voz alta.
– Nuestro conde parece perturbado. – Peeta olió el suave cabello de su esposa y sonrió cuando el ya familiar olor de avellanas y agua de rosas llenó sus pulmones. Era extrañamente cálido y delicioso, y le recordó el aroma a cacao espolvoreado con avellanas tostadas que le sirvieron en la corte danesa.
– Creo que puede haber perdido una fortuna.
Su tono burlón le llamó la atención y Peeta frunció el ceño ante la sonrisa del tipo "el gato que se comió al canario", que ella mostraba.
Katniss advirtiendo que él la observaba, se enderezó y frunció los labios. Peeta sintió que una inquietud le subía por la columna, como si una araña estuviera tejiendo su tela. ¿Cuál era el juego Katniss? ¿Porque ella tenía ese aire de satisfacción, reflejado por el arco acentuado de sus cejas?
Atravesando el salón se acercaron al conde, sus guerreros,Seneca y los hermanos de Peeta.
– Lord Peeta – El Conde Snow tenía los ojos oblicuos de un armiño y la nariz, un poco grande, separaba sus iris de un color oscuro como el lecho de un río. No eran castaños, ni de color avellana, más bien eran como del color del barro.
– Snow – Peeta asintió. – Pareces molesto. ¿Algo va mal?
– Sí –Gruñó Snow – Unos ladrones han robado mis preciados cerdos castrados.
– ¿Eran muy valiosos? – Peeta no tenía ni la menor idea de lo que podía costar un cerdo capado.
– Son cerdos muy apreciados, hermano. Castrados para engordar rápidamente. – Cato consiguió aclararle las dudas con esa explicación. – La carne es muy sabrosa cuando se asa o se guisa.
– Igual que el jabalí. – La sonrisa de Finnick no se reflejaba en sus ojos azules. – ¿No es así, hermana?
– La carne de jabalí es muy sabrosa,Finnick, pero yo prefiero la carne de cerdo asada. – Respondió Katniss batiendo sus pestañas – Tal vez sus animales se han perdido, Conde Snow. Sus nuevas tierras son muy extensas. ¿No será que las pequeñas bestias están vagando por la colina?
Peeta trató de no mirar a su esposa. Nunca hubiera creído que pudiera sonreír tan falsamente, pero la realidad era que ahora lo estaba haciendo.
Los pequeños ojos del conde se estrecharon aun más.
– Mis hombres están buscando en cada choza de la aldea. Cualquier aldeano que atrapemos con la carne de los cerdos será ahorcado mañana.
– ¿Se unirá a nosotros para la comida del mediodía, mi señor? Es una comida sencilla, aves, pan y queso. – Katniss hizo señas a un ayudante de cocina. – ¿Puedo ofrecerle un cuerno de cerveza, mi señor?
Cato y Finnick miraban a Katniss como si hubiera crecido seis metros. Igual que la hubiera mirado Peeta, si este no hubiera notado un repentino brillo apareciendo en los ojos del conde. ¿Qué había dicho su esposa que había llamado tanto la atención del conde?
– Te agradezco la oferta, pero tengo que descubrir quien se ha llevado a mis cerdos. ¿Dónde está tu madre? Tengo que consultarle sobre un tema en particular. – El Conde Snow dirigió la mirada hacia el amplio arco que daba a la cocina.
A su lado, Katniss se puso rígida y sus manos se cerraron en apretados puños.
– Lady Everdeen está exhausta a causa de los preparativos de nuestros votos de anoche.
Peeta cogió una de las manos de Katniss y le pasó el pulgar por encima de los nudillos. – Es una lástima que no pudieras asistir,Snow, sin embargo, estuvimos muy felices de tener a Gale, El Heraldo, en calidad de testigo.
– El rey me necesitaba. – Comentó el Conde Snow fijando sus ojos de alimaña en Katniss. – Es la tercera vez en las últimas semanas que Lady Everdeen está en la cama. Cuando vuelva a mi castillo mandaré a mi médico para atender a Milady.
– Mi madre está cansada, Conde Snow, y usted sabe que le tiene horror a los curanderos. Por favor, no lo envíe, no sería bien recibido. Toda la diversión anterior se había evaporado del rostro de Katniss.
Las abultadas mejillas de Snow enrojecieron y se hincharon más.
– Como tu señor y tutor, yo decidiré el mejor tratamiento para tu madre.
– Tú ya no eres responsable de Lady Katniss o su madre – Señaló Peeta en voz baja y uniforme. – A pesar de apreciar tu preocupación por la salud de Lady Everdeen, ya no es tu deber cuidar de su bienestar.
La nariz larga de Mordred resopló, como si fuera un fuelle avivando una llama. Él inclinó la cabeza.
– Perdóname, Lord Peeta. Katniss y Effie han sido mi preocupación durante muchas estaciones.Effie se quedó muy abatida por la repentina muerte de Lord Everdeen. De hecho, si no fuera por la supervisión de mi administrador, Seneca, todo el castillo podría haber tenido un horrible destino con las consecuencias del pillaje de los nórdicos.
Las manos de Cato y Finnick se posaron en las empuñaduras de sus espadas por esa deliberada provocación.Peeta les envió una penetrante mirada y sacudió la cabeza casi imperceptiblemente.
– Seneca me informó que posees una notable habilidad con el arco, Lady Katniss. – La astuta mirada de Snow le causó a Peeta un hormigueo en la nuca.
Cuando el rostro de Katniss perdió todo el color y se estremeció, Peeta le pasó un brazo por la cintura y la atrajo con fuerza a su lado.
– Mi esposa es muy hábil, pero su arma es una aguja, no un arco.
Corrigió Peeta con una sonrisa en la cara. – Tu administrador ha sido muy valioso para el castillo de Arbroath, pero sus servicios ya no son necesarios. De hecho, es muy oportuna tu visita, ya que así él puede regresar a tu castillo contigo y con tus hombres.
Un pesado silencio cayó sobre el gran salón. Los gatitos atigrados que se paseaban por allí dejaron de maullar, los murmullos de la cocina se detuvieron, e incluso la respiración de los hombres pareció paralizarse.
– Cato, Finnick, por favor, proteger al conde y a sus hombres en su viaje hasta el límite de mis tierras. Finnick haz que el administrador del conde reciba una generosa suma por su devoción a mis damas.
– El Rey Máel Coluim llegará mañana a mi castillo. Él ha solicitado la presencia de tu familia, incluyendo a Lady Everdeen. – Snow se balanceó en sus botas con un pulgar enganchado en su cinturón.
– Creo que la noticia que el rey dará mañana, es muy importante para Lady Everdeen.
Nota:Hey3 ¡Nuevo capitulo!Espero que les guste tanto como a mi *¿Son muy calientes no creen?*XDD pero buaano es la chica en llamas:V y él es el panadero mas sexy de la literatura moderna así queee ...No problemXDDNox.
