Advertencia: el capitulo puede contener referencias a la auto mutilación.
En las siguientes semanas Emma se acomodó a su rutina. Por las mañanas iba al colegio, donde pasaba la mayor parte del rato con sus amigos skaters. A veces también se les unían sus amigas. Por las tardes se la pasaba leyendo junto al arroyo (algunas veces sola y algunas veces con Killian) o en el hospital visitando a Henry. Las tardes que no iba a leer, las pasaba en su casa ayudando a sus padres en la huerta, o dando de comer a los caballos o a las ovejas.
Emma fue a su casillero a guardar un par de libros. Recién salía de la clase de ciencias. El profesor Whale les había informado sobre un trabajo práctico que tenían que hacer y les informó sobre como había armado las parejas de equipos. A ella le había tocado con Killian y se preguntó si sería casualidad o cosa del destino. Ella quería hacer todo lo posible por evitarlo y no pensar en él, más después de que sus compañeras le habían dicho que pensaban que ella gustaba de él. ¿Por qué ellas habían pensado eso? Emma no gustaba de Killian, ni era del tipo de personas que hace lo de noviazgos o tener relaciones. Pero ahora no podía seguir con su plan de evitarlo, no podía hacerlo ya que tenían que hacer el trabajo juntos.
- Hola pareja de equipo. – La saludó él parándose al lado del casillero de ella.
- Hola. – Devolvió ella el saludo, terminando de guardar sus libros.
- ¿Qué te parece si mañana después del colegio nos juntamos para decidir sobre que tema vamos a hacer nuestro trabajo? – Propuso él.
- Me parece bien. – Asistió ella cerrando su casillero.
- ¿Tu casa o la mía? – Preguntó dándole a elegir.
- La mía no por favor. – Pidió ella, después de que había tenido esa pequeña escena de colapso frente a sus padres había estado haciendo todo lo posible por evitarlos.
- De acuerdo, entonces vamos a mi casa. – Aceptó él.
- Genial. – Dijo ella a modo de agradecimiento.
Killian se despidió ya que tenía entrenamiento de fútbol, se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. Realmente ese chico tenía que aprender a no invadir el espacio personal de las personas de esa manera. Emma se apoyó contra uno de los casilleros y dio unos cuantos suspiros mientras lo observaba desaparecer de su vista. De acuerdo, tal vez sus compañeras habían estado en lo cierto y a ella le gustaba Killian. Pero el hecho de que le gustaba, no significaba que iba a dejar que pase algo entre ellos, ella no se podía permitirse eso. Agarró su morral y estuvo a punto de hacerse camino hacia su próxima clase, cuando Millah la agarró de los brazos y la empujo contra los casilleros.
- ¿Qué haces loca? – Preguntó Emma intentando liberarse del agarre de la otra.
- Te vimos recién hablando con Killian. – Dijo Millah agarrándola más fuerte para que no se suelte y señalando con su cabeza a sus amigas Zelena y Regina que estaban a su costado acompañándola. - ¿Qué crees qué estas haciendo con él? – Preguntó con bronca.
- Nada… - Comenzó a decir Emma.
- ¡Ya intentaste arruinar lo mío con Daniel! ¡¿No fue suficiente con eso que ya tenes que estar detrás de Killian?! – Exclamó Regina interrumpiéndola.
- Yo no quise arruinar lo tuyo con Daniel, ni quiero nada con Killian. – Protestó Emma.
- Más te vale, porque Killian es mío. – Advirtió Millah.
- Ahí es donde te equivocas, Killian no es tuyo, ni tampoco mío. Las personas no somos propiedades que puedan poseerse. Él es una persona libre y con quien elija estar es su problema. – Dijo Emma con calma, expresando lo que pensaba.
- Yo soy su novia. – Dijo Millah pegando una piña al casillero del enojo.
- Ex. – Retrucó Emma.
- Te quiero lejos de él y si me llego a enterar que andan juntos… - Comenzó a amenazar Millah.
- Yo no tengo que darte explicaciones, nosotras no somos amigas, ni nada. – La interrumpió Emma.
- ¡No la interrumpas! – Reaccionó Zelena chillando ofendida ante que Emma haya callado a Millah.
- Si andan juntos me encargaré de hacer todo lo que esté a mi alcance para que te expulsen de este colegio, así tus padres se arrepientan de haberte encontrado y deseen devolverte al sistema de adopciones. – Dijo Millah agarrándola de la remera y con la mirada llena de bronca.
- Relájate, si nos ves juntos es solo por temas del colegio. – Dijo Emma quitándole importancia al asunto.
- Vas a desear que Whale te haya elegido otro compañero de equipo. – Dijo Millah volviéndola a empujar contra los casilleros.
- ¿Qué se creen que están haciendo? – Preguntó Ruby interrumpiendo la situación y agarrando el brazo de Millah para sacarla de encima de Emma.
- ¿Qué les importa? – Preguntó Regina enojada ante la interrupción.
- Nos importa porque Emma es nuestra amiga. – Respondió Elsa.
- Fuera, ustedes no tienen nada que hacer acá. – Dijo Ariel.
- La próxima vez que alguna de ustedes quiera molestar a Emma sea menos cobarde y enfréntela sola, no tres contra una. – Dijo Ruby indignada ante la injusticia que sentía en esas situaciones.
- Como sea. – Dijo Millah revoleando la mirada molesta. – Recuerda lo que te dijimos si queres vivir en paz. – Advirtió a Emma.
- ¿Emma estás bien? – Preguntó Elsa preocupada luego de que Millah y sus amigas se fueron.
- Si. – Asistió Emma con la mirada perdida en el piso.
- ¿Qué querían? ¿Por qué te estaban molestando? – Pidió saber Ariel.
- Porque ellas molestan a todo el mundo, no conozco personas más molestas que ellas. – Dijo Ruby frustrada y notando que Emma no tenía la menor intención de responder esas preguntas.
- Perdón, pero necesito un momento. – Dijo Emma con la voz temblorosa.
Emma sentía que no podía respirar, estaba por tener un ataque de pánico. No podía creer lo que acaba de pasar y escuchar a sus compañeras hablar de eso lo único que hacía era ponerla peor, así que de disculpó y se fue al baño. Una vez que estuvo en el baño se dejo caer en el piso e intento calmar su respiración. Su mente se vio invadida por muchos recuerdos donde sus compañeros de colegio le habían hecho bullying, burlas, o sido agresivo con ella. Sintiendo que era algo de lo que nunca iba a poder salir, le dieron ganas de lastimarse otra vez. Estaba por sacar el compás que llevaba en su cartuchera, cuando de repente se vio rodeada por Ariel, Elsa y Ruby. Las chicas se sentaron junto a ella hasta que logró calmarse y recuperar su ritmo respiratorio normal, después le ofrecieron una botella de agua.
- ¿Estás mejor? – Preguntó Elsa.
- Si. – Respondió Emma débilmente. – Gracias. – Agradeció tímidamente.
- Para eso estamos las amigas. – Aseguró Ariel.
- ¿Amigas? – Preguntó Emma sorprendida.
- Por supuesto. – Asistió Ruby.
- Si los chicos te consideran su amiga, nosotras también. – Aseguró Elsa haciendo referencia a August, Graham y Jefferson.
- Y si ellos te consideran su amiga debe ser porque sos una buena persona, por lo cual es suficiente para nosotras. – Explicó Ruby.
- Gracias. – Agradeció Emma conmovida, ella nunca había tenido un grupo de amigas al cual pertenecer.
- Vamos, no dejes que te afecten esas tontas. – La animó Elsa ayudándola a pararse.
- Si, aparte si no nos apuramos llegaremos tarde a clase. – Agregó Ariel.
Emma sintió un gran agradecimiento ante esas chicas. Que la hayan defendido y que la hayan considerado su amiga aún cuando casi ni se conocían, significó el mundo para Emma. Así que el resto de su día escolar se dedicó a estar siempre en presencia de alguna de ellas, para poder evitar así enfrentamientos con Millah, Regina y Zelena. Por suerte el resto de su día pasó tranquilo y sin accidentes. Sin embargo cuando salió del colegio, sintió una fuerte necesidad de hablar con alguien sobre como casi había vuelto a recaer en lastimarse a ella misma. Así que fue a visitar a Henry al hospital y pasaron gran parte de la tarde leyéndole historias.
- ¿Me vas a decir por qué viniste? – Preguntó Henry.
- Para verte. – Respondió Emma.
- Sé que hay algo más que eso. – Dijo Henry mirándola intensamente a los ojos. – Tu mente parece distraída, como si estuvieras en otro lado. – Argumentó.
- Perdón, tenes razón. – Se disculpo Emma y dio un largo suspiro. – Es que hoy casi vuelvo a lastimarme. – Explicó tímidamente.
- Pero no lo hiciste. – Dijo Henry a modo de asistencia, pero con tonalidad de pregunta.
- No, no lo hice. – Dijo Emma con sinceridad.
- ¿Por qué? – Preguntó Henry con curiosidad.
- Unas amigas me interrumpieron antes que pueda hacerlo y después de que me interrumpieran decidí pensar en vos para no hacerlo. – Admitió Emma algo avergonzada.
- ¿Pensar en mi hizo que no te lastimaras? – Preguntó Henry asombrado.
- Si, la idea de venir a verte y saber que puedo hablar con vos de esto me ayudó. – Confesó Emma.
- Eso es grandioso. – Dijo Henry con una sonrisa. – Creo que sos muy fuerte para haber aguantado y no haberte lastimado. – La halagó.
- Pero tenía tantas ganas de hacerlo… - Protestó Emma y se tomó unos minutos para recomponer los pensamientos en su cabeza. – Necesitaba sentirme viva y el dolor que siento al lastimarme es lo único que lo hace. Hay veces que no siento nada, estoy como en un estado de estupidez, y cortarme me regresa a la realidad. Otras veces siento todo con demasiada intensidad que me hace colapsar y necesitar cortarme para poder sacar mi dolor hacia fuera. – Intentó explicar todo lo que sentía en esas situaciones.
- ¿No te da miedo el dolor? – Preguntó Henry con curiosidad.
- No, al contrario. El dolor es lo que me hace sentir viva, lo que me hace estar consciente de que existo. – Respondió Emma con sinceridad.
- ¿Y la sangre no te da impresión? – Quiso saber Henry.
- No, es más de lo mismo. Si me sale sangre es porque estoy viva. – Contestó Emma.
- Mis papás murieron en un accidente de auto, del cual yo fui el único sobreviviente. – Dijo Henry cambiando el tema de conversación.
- Henry no necesitas hablarme de eso si no estas listo. – Dijo Emma agarrándole las manos al ver como la mirada del niño se había llenado de lágrimas.
- Pero quiero hacerlo. – Protestó Henry. – Vos confías en mí, y yo también confió en vos. – Agregó.
- De acuerdo. – Aceptó Emma. – Pero no te presiones, yo confío en vos y sé que vas a hablar de lo que quieras hablar cuando estés listo. – Dijo dándole la posibilidad y el poder de elegir.
- El accidente sucedió cuando yo tenía siete años. – Dijo Henry volviendo la conversación hacia sus padres. – Desde entonces vivo con mi abuelo, él es lo único que tengo. – Agregó.
- ¿Y él no viene a visitarte? – Preguntó Emma sintiendo gran enojo ante esa persona que estaba dejando que Henry viva todo el proceso de internación y quimioterapia solo.
- No, él me odia. – Respondió Henry negando con la cabeza. – Él jamás aceptó la relación de mi papá con mi mamá, así que esto le vino perfecto para deshacerse de mí. – Dijo soltando un pequeño sollozo.
- ¿Sabes qué creo? – Preguntó Emma después de unos largos minutos de silencio donde solo se dedicaron a estar abrazados.
- ¿Qué? – Preguntó Henry curioso.
- Que tu abuelo es un tonto. – Respondió Emma con honestidad. – Primero, si tu papá amaba a tu mamá, tu abuelo tendría que haber aceptado su relación. – Dijo con convicción.
- Eso decía mi papá cuando yo le preguntaba porque no podía conocerlo. – Coincidió Henry.
- Tu papá era inteligente. – Dijo Emma con una pequeña sonrisa. – Y segundo, tu abuelo es un tonto por dejarte solo. Henry eres un gran chico, eres inteligente, amable, curioso y muy seguro en cuanto a lo que crees. Si alguien elije estar lejos de una persona así, entonces considero que es tonto. Nadie tan asombroso como vos se merece estar solo. – Explicó con calma, sin dejar que el enojo ante ese hombre que no conocía se apodere de ella.
- Pero estoy solo. – Dijo Henry evitando mirarla a la cara.
- Ya no, me tenes a mí. – Dijo Emma agarrándole el mentón y haciendo que sus miradas se encuentren.
- ¿De verdad? – Preguntó Henry con la mirada llena de ilusión.
- De verdad, yo te considero mi amigo y los amigos estamos siempre. – Dijo Emma con convicción y le secó las lágrimas que caían por sus mejillas.
- Siempre. – Aceptó Henry con una pequeña sonrisa y se refugió en los brazos de ella.
Henry volvió a refugiarse en los brazos de Emma, y ella lo abrazó conteniéndolo lo mejor que pudo. Emma sabía lo que era estar solo en el mundo y saber que Henry estaba pasando por eso le partía el corazón. A partir de ese día prometió que nunca lo iba a dejar solo. Ese niño se había vuelto una persona muy importante en su vida, tan importante que iba a hacer todo lo que este a su alcance para hacerlo feliz.
