Sei tu stupido? È lei la responsabile…

Bella, sai…

No! Non lo so, idiota…

Tranquila, bambina!

El rubio sintió pasos fuertes y el sonido de una cachetada, y al dar vuelta la esquina vio el pelo chocolate de Isabella casi correr, alejándose de un furioso y sorprendido Giovanni, quien aún se tocaba la mejilla izquierda. Scorpius habría jurado que sintió un sollozo antes que Isabella se alejara, y no sabía muy bien qué hacer. Había logrado una relación cordial con el italiano a fuerza de que éste prácticamente vivía con su mejor amigo y su novia, a pesar de ser Ravenclaw; pero de todas maneras era más cercano a Isabella que a Giovanni, y el chico lo miró furioso un par de segundos, como queriéndole decir algo de lo que se arrepintió, antes de irse en la dirección contraria a Isabella, caminando lentamente, más rojo de lo que lo había visto nunca y con los ojos brillando. Scorpius reaccionó cuando el italiano también desapareció, caminando en dirección a la torre de Astronomía.

Ya había caminado un buen par de pasillos completos cuando sintió una ligera vibración en una pared a su derecha. El Castillo estaba en completo silencio, ya que él había decidido saltarse la cena para terminar un trabajo de pociones y poder juntarse con Rose esa noche. Se acercó a la puerta y, bastándole sólo un sollozo ahogado que provenía del interior la abrió de un movimiento brusco. Vio tal desastre adentro que la propia estupefacción lo dejó plantado donde estaba.

Las mesas estaban revueltas, el pizarrón tenía una grieta que parecía haber sido producida por un choque fuerte, las sillas estabas algunas destrozadas y, en el medio del desastre, Isabella estaba abrazada a sus rodillas, con la cabeza gacha. Scorpius comprendió enseguida que los hechizos silenciadores que tuvo que poner en la habitación habían sido bastante fuertes, tanto como para que nadie hubiera acudido a semejante alboroto.

Se acercó de a poco, sabiendo que ella lo había sentido aún cuando no había levantado el rostro. Cuando estuvo a un par de metros pudo sentir un bisbiseo en italiano que se entremezclaba con respiraciones profundas, tratando de calmarse.

—¿Isabella?

—Scorpius… lo siento, yo…

—Hay que arreglar este desastre, ¿Te parece?

A pesar de su sorpresa ante la ausencia del interrogatorio, la muchacha se levantó con pesadez y comenzó a aplicar hechizos para las sillas y la pizarra. Scorpius se dedicó a las mesas, ordenándolas y poniendo las sillas arregladas en su lugar. En diez o quince minutos tenían todo ordenado, sentada ella en una mesa al lado de la puerta, y él de pie cerca. Tenía que irse si quería alcanzar a comer algo rápido e irse con Rose, pero no podía dejarla ahí…

No así.

—¿Scorpius?

—¿Sí?

—¿Me llevas a la Sala Común?

El chico la miró detenidamente, y calculó que por último podía ir por Rose a su misma Torre. Ofreciéndole un brazo a la italiana se dirigieron en silencio a las mazmorras. Scorpius no le iba a preguntar, y ella no le iba a contar… aún no. Sin embargo fue capaz de sonreírle un poco al despedirse, y él se sintió feliz de sólo verla sonreír.

—Muchas gracias. Me iré a la cama.

—Descansa, Isabella…

El chico la besó en la mejilla mientras ella daba la contraseña. Una última sonrisa, entró a la desierta Sala Común y el sollozo se le quedó atrapado en la garganta.

Cuando Scorpius llegó al Gran Comedor, aún un poco preocupado, miró directamente a la mesa de Gryffindor. Vio de inmediato el cabello pelirrojo de su novia, quien sonreía bastante mientras el italiano le contaba algo. Sin poderlo evitar, una oleada de celos lo nubló por un segundo, y luego fue otra oleada de pena. Claro, el tipo conversaba tranquilamente mientras Isabella lloraba en su cuarto, porque quizá qué le había dicho. Respiró dos veces, muy hondo para poder calmarse; hacer una escena no era lo mejor ahora, además que no era digno de él. Se sonrojó un poco por la intensidad de los sentimientos anteriores, sobre todo cuando vio a Rose reír por algo de lo que el italiano también reía. No era digno de un Malfoy, de un Slytherin reaccionar así, así es que volvió a respirar y se acercó con una pequeña sonrisa hacia su novia, ignorando de momento al italiano y besándola ligeramente en la boca.

—Hola…

—Scorpius… no viniste a cenar.

—No, estaba terminando el trabajo de pociones, y luego…

Se permitió dudar entre si mencionar o no lo que había pasado con Giovanni e Isabella cuando él salía de la biblioteca, sobre todo porque no estaba seguro de si podría mencionar el asunto sin ponerse a gritar.

—Scorpius… ¿Cómo está Bella?

Ahora sí que no estaba seguro de si podía evitar gritar. Llorando en su cuarto seguramente, o quizá durmiendo, esperaba. Bien no estaba, de eso estaba seguro… nadie quien fuera capaz de armar semejante desorden en una sala a base de magia y que llorara podía estar bien apenas… ¿Veinte minutos más tarde?

—¿Ahora te preocupas? Debiste seguirla…

—Si la seguía terminaríamos discutiendo, y no era la idea. Supongo que ya está calmada… ¿Está en su dormitorio?

—Déjala —Scorpius aferró el brazo de Giovanni, mirándolo duramente—. Con un poco de suerte estará durmiendo, o tratando de hacerlo. No necesita llorar más, Montero.

—Mira, conozco a Bella —Giovanni dirigió sus ojos verdes al rubio, con la mirada peligrosa—. Quizá lloró un poco, pero…

—Pero nada. Déjala.

El tono helado de Scorpius no dejó lugar a dudas. Giovanni pareció querer gritarle su par de cosas, sin embargo miró ligeramente a Rose quien, boquiabierta, no acababa de entender el intercambio entre su novio y su amigo. Scorpius se hizo a un lado, dejándole vía libre a Giovanni para que se retirara, y le tomó la mano a la pelirroja para también conducirla como de costumbre a un paseo antes del toque de queda —y quizá después, como varias veces ya le había pasado—. La pareja se alejó, mientras Giovanni se encaminaba a la torre de Ravenclaw, recordando claramente lo que había pasado esa tarde. Había recibido la carta de Fiorella mientras conversaba con Isabella en los jardines. La romana se había indignado, por supuesto… Fiorella y él habían tenido una historia hace un par de años, y ella insistía en que la toscana seguía prendada de él, y que si Giovanni no quería darle alas a esos sentimientos debería dejar de hablar con ella. Desde que ellos mismos habían comenzado su propia historia… bueno, Bella había tenido dos ataques de celos, que a él lo aterraban. Estaban tan bien así, eran los mejores amigos…

Sin importarle realmente si ella quería hablar con él o no, el italiano se dio la media vuelta y se dirigió a las mazmorras, pero cuando llegó se arrepintió. Isabella había perdido los estribos hace un rato, quizá hablar con ella de verdad iba a empeorar las cosas. Sin poder decidirse, volvió a la torre de Ravenclaw… no sabía qué hacer.

En otro lado del Castillo, camino al séptimo piso, Rose y Scorpius iban en silencio. Rose pensaba y pensaba en el encuentro de los dos muchachos, y al no encontrarle solución posible, decidió preguntar.

—¿Qué pasó entre Giovanni y tú? —Scorpius se detuvo, le aferró un poco más fuerte la mano y le contó todo lo que había pasado… excepto ese arranque de celos que había sufrido. Rose escuchó atentamente, incluso el final del relato…

—Y después él tan tranquilo, e Isabella llorando. No me quiso decir qué pasó, yo tampoco le pregunté, pero…

—Ella es extraña.

Rose había dicho eso sin pensar, por eso casi se arrepintió al ver el semblante de Scorpius. Casi.

—¿A qué te refieres? —Scorpius lucía curioso, pero a la defensiva.

—A que… es extraña. Mira raro, parece que pensara que Giovanni es su propiedad, apenas habla con el resto… sino que habla contigo y con él, y con los Slytherin.

—Los Slytherin son sus compañeros de casa —Repuso Scorpius, un tanto sorprendido por el tono de su novia.

—Sí, por eso… no sé. Es tan diferente a Giovanni…

No supo si fue con el tono suspiroso que lo dijo, o el semblante de su rostro… pero todos los sentimientos que lo habían embargado cuando entró al comedor volvieron, esta vez en la soledad del pasillo. Rose sintió cómo su novio de repente le apretaba la mano un poco más fuerte que lo normal, y aunque no lo entendió sí se preocupó por la tirantez de sus mejillas…

—¿Scorpius?

—Qué.

—No te metas… es un problema de ellos. Giovanni conoce a Isabella, tienen que estar solucionándolo ahora, y…

—¡No! Isabella tiene que descansar.

—Scorpius… deben solucionarlo ellos, no te metas— Rose lo miraba, sorprendida—. Además, ¿Por qué la defiendes tanto? A lo mejor ella tiene la culpa, y no Giovanni.

—No digas eso, tú no los viste…

—No, y por lo que tú viste tampoco se puede deducir mucho. A lo mejor Giovanni se aburrió de que ella anduviera encima de él todo el tiempo.

—¡No digas eso! ¡A Isabella le ha costado mucho más que a Giovanni acostumbrarse, él debería apoyarla en vez de pasarse todo el día con ustedes!

—¡No se pasa todo el día con nosotros!

—No, claro, se pasa todo el día rondándote.

Rose se quedó estática ante el tono frio de Scorpius, quien miraba para otro lado medio avergonzado, medio furioso. No había querido decir lo último, pero los celos y la rabia lo habían superado por apenas un segundo. Y es que, no sabía si era cierto o no, pero de verdad estaba harto de verlos reír… por Merlín, estaba acostumbrado a ser el único hombre fuera de su familia con el que ella se relacionara tan bien, y es que ahora ese maldito italiano…

—Vete a tu dormitorio, Scorpius… hablamos mañana.

Con una mirada indescifrable, Rose dio la media vuelta y se alejó. Scorpius sabía que la Dama Gorda estaba a la vuelta de ese corredor, y lo confirmó al sentirla dar la contraseña y el cuadro moverse. Aún furioso, ahora más que antes porque estaba furioso consigo mismo, el rubio bajó a las mazmorras y susurró la contraseña.

La noche no terminaba aún.

Sentada en una de las mesas, Isabella estaba mirando el fuego pero oculta por las sombras. De hecho, Scorpius no la vio, sino que escuchó su voz tenue tarareando algo en italiano. Por un momento estuvo tentado de pasar de largo, pero decidió ir a ver cómo estaba ella primero.

—¿Isabella?

—Scorpius —La muchacha lo miró, Scorpius no sabía si era por el reflejo de las llamas pero su rostro aún se veía raro, sin estar rojo pero sin ser su tono tostado normal—. Hola… volviste temprano.

Se puso de pie y se acercó, abrazándolo delicadamente pero con firmeza. Con agradecimiento.

—Sin ti… muchas gracias, Scorpius.

Se quedaron un rato mirando las llamas. Isabella sabía que había algo que molestaba a su compañero, podía decirlo por la manera en que sus ojos se entrecerraban o por la tensión evidente de su cuello, pero si Scorpius no quería decir nada ella no lo iba a obligar. Scorpius, mientras, se preguntaba si sería conveniente tratar el tema con su compañera, sobre todo tomando en cuenta, uno, la amistad que la unía con él, y segundo la discusión reciente.

—Isabella…

—Dime.

—¿Tú crees que Giovanni pueda sentir algo por Rose?

Se estaba comportando como un estúpido Gryffindor, preguntando así, sin más… pero no podía evitarlo. Necesitaba que alguien se lo dijera, y confiaba en Isabella… ella no se lo iba a decir a nadie, sino que sería sincera con él.

Sin embargo, a ella la había pillado por sorpresa. No, no lo había pensado, pero quizá era lo que más sentido tenía. Rose Weasley era preciosa, inteligente y bastante hábil, jugaba Quidditch y… Dio

—Es tu novia, ¿O no? Los celos matan las relaciones más rápido que cualquier cosa, Scorpius. Ten cuidado.

Como están haciendo conmigo ahora.

Porque al menos Scorpius Malfoy tenía a quién celar.

Scorpius la miró sorprendido, sobre todo cuando ella se levantó y, susurrándole "Dormi Bene", se alejó hacia su dormitorio. Se quedó mirando las llamas un momento más, plenamente confundido y disgustado, convencido que la manera Gryffindor de averiguar las cosas era demasiado tonta como para traer resultados.

Después de ese largo día, tan extraño, decidió irse a dormir. Tenía transformaciones esa mañana, con Gryffindor, y esperaba que el estar solos les permitiera arreglar las cosas.


No podía evitar estar furiosa, indignada con lo que había pasado. Pero también sorprendida. Scorpius no era así, él no tendría una escena de celos así, de la nada. Aceptaba que se llevaba bastante bien con Giovanni, y que se negaba a prejuzgar la situación, pero… ¿Era necesario que Scorpius reaccionara así?

Una buena noche de sueño, sin embargo, le había despejado las ideas. Pudo razonar claramente y, al menos, intuir la razón tras esa reacción: ella no se llevaba bien con la gente, sino con algunos pocos. Pasaba la mayor parte del tiempo con su Albus, Scorpius y sus primos, en ese orden. El único chico que no fuera su familia directa con el que se relacionaba era Scorpius y, claro, los gemelos Scamander… pero es que ellos eran su familia.

—¡Vamos, Rose, baja!

James gritaba desde la Sala Común. Sabía que se estaba tardando un poco más de lo acostumbrado en bajar a desayunar, y que James y Lily se pondrían de un humor imposible si los hacía esperar. Esos hermanos siempre la hacían reír, eran todo lo que Albus era en privado, pero en público. James había heredado la personalidad de su abuelo según murmuraba frustrada McGonagall cada vez que hacía algo, y Lily era igual de chispeante que su madre, la indiscutida princesa.

Rose atravesó con rapidez el pasillo que llevaba a la escalera, y bajó con la misma premura. La torre de Gryffindor rebosaba con la actividad de todos sus estudiantes, lo más madrugadores ya bajando a desayunar, otros terminando de vestirse en sus dormitorios.

—Hasta que al fin llegas, creí que tendría que subir a buscarte —Lily parecía frustrada, mientras James le sonreía.

—¿Y Hugo? ¿Albus?

—Bajaron. Nosotros tuvimos la decencia de esperarte.

Rose sonrió ante eso. Era tan natural sentirse como en esas tardes con sus abuelos pasadas en la Madriguera. En Hogwarts, sus primos lo hacían todo más fácil.

No tenía que pensar en el comedor, o en transformaciones, o en el rubio que convertía todos esos pensamientos en incómodos y difíciles.

Era la primera pelea. Cuando eran amigos solían discutir, pero era generalmente para molestarse el uno al otro, no por una razón real. Y es que quizá su cuento de hadas no fuera tan perfecto como ella lo creía, de verdad eran capaces de discutir. Aunque dijeran que eso fortalecía la relación y todo lo demás, el vacío que sentía en el estómago la incomodaba demasiado. Quería verlo, pedirle una explicación de su reacción, aunque ya la había entendido parcialmente necesitaba que él se lo dijera.

Llegaron al Gran Comedor cuando aún no había mucha gente. Se sentaron con Albus y Hugo, quienes conversaban sobre el último descubrimiento del tío George y planeaban pedírselo en esas vacaciones de Navidad para probarlo. Rose se sorprendió un poco de ver a Albus tan entusiasmado, y más aún cuando compartió una sonrisa cómplice con su hermano mayor, quien se unió a la conversación como si nada.

Empezaron a comer, Rose preocupada por no ver a Scorpius por ninguna parte, y en ese momento agradeció haber bajado a desayunar con su mochila; no tendría que pasar a la Torre antes de ir al salón. Giovanni también la preocupaba, el chico se despertaba temprano y no lo veía, a pesar de que Isabella estaba sentada junto a Helena Prince ya desayunando. Bueno, habían discutido, lo más probable era que siguieran enfadados.

¿Dónde estaba Scorpius?

—Buenos días.

El Ravenclaw había aparecido de la nada al lado de Lily, y es que el Gran Comedor se había ido llenando paulatinamente mientras ella pensaba, y Lily ya se estaba terminando un cuenco de yogurt con frutas. Rose tomó rápidamente un par de tostadas y se sirvió un café, conversando con Giovanni y Lily. El chico no hizo mención alguna a nada de lo acontecido el día anterior, y Rose tampoco preguntó. Era algo de ellos, de Isabella y él, ella no se iba a meter tal como le había recomendado a Scorpius que no se metiera.

A pesar de todas sus preocupaciones, se descubrió riendo junto a Lily de algo que Giovanni había dicho. Se sorprendió a sí misma, ya que cuando estaba preocupada por algo no había nada que la hiciera reír.

Pero estaba de mejor humor, al menos mejor que lo esperado.

—¿Vas a seguir comiendo, Hugo? —Albus lo miraba, francamente sorprendido.

—Tengo hambre, y ayer mi mamá me envió otro paquete.

—¿Meigas Fritas, hermano? —Rose lo miró con la ceja alzada—. ¿Sabes que están hechas de insectos?

—¿Qué? —Hugo, James y Fred quedaron estáticos, los dos últimos con una mano alargada hacia el castaño y el mismo Hugo con la Meiga Frita en la boca.

—Sí. Aguijones secos de Billywig.

Se sonrió mientras volteaba y se dirigía al aula de transformaciones. Giovanni la alcanzó, él tenía Herbología junto a los Hufflepuff en los Invernaderos.

—¿Es cierto ese detalle?

—No sé… pero quería reírme un rato.

El ojiverde le sonrió de vuelta y la observó alejarse. Por un momento, el pensamiento de que estaba de novia con Malfoy le asaltó, sorprendiéndolo. Sí, era la novia de Malfoy…


No quiso desayunar. No tenía hambre, y quería hablar bien con Rose… pero no sabía cuándo. No sabía si sería capaz de esperar hasta la noche, pero no veía otra manera. ¿Qué pasaba si ella no lo tomaba en cuenta? ¿Si seguía molesta? Se enfadaría él también, y ahí sí que iban a tener un problema… eran tan tercos que probablemente seguirían peleados el resto de la semana, y eso…

—¡Hey, Scorpius! ¿No vas a desayunar?

—No, Robert… ve tú. Nos vemos en transformaciones.

El muchacho se encogió de hombros y se retiró del dormitorio, mientras Scorpius aún pensaba en lo que había pasado. Sobre todo en poder mantener su carácter bajo control, pero…

Pero el sonido del segundero de su reloj se hizo insoportable. Pensaba y pensaba, le daba vueltas una y otra vez a esa discusión, a cómo disculparse…

Sacudió la cabeza, tratando de despejarse. Tenía que disculparse, cosa que para él no era fácil. Pero sabía que se había equivocado, que su reacción no había sido la adecuada…

Incapaz de seguir en su habitación se dirigió al salón de Transformaciones, sabiendo que era ridículamente temprano pero sin otro mejor plan. No quería aparecerse por el Comedor, porque eso le significaba enfrentar a Rose con toda su familia detrás. Quería que fuera entre ellos, solos. Aunque, claro, en Transformaciones estaría Albus, pero… era el mal menor.

No esperaba ver su cabellera roja esperándolo claramente en la puerta de Transformaciones, casi veinte minutos antes que comenzara la clase.

—¿Rose?

—Buenos días, Scorpius… no fuiste a desayunar.

—No tenía hambre.

Se acomodó a su lado, ambos mirando a la pared de enfrente, sintiendo la tensión entre el deseo de tocarse, y el miedo a la reacción.

—Scorpius… ¿Qué pasó ayer?

Temía esa pregunta como a nada, pero sabía que sería la primera cosa que Rose le preguntaría. No era normal de él actuar así, y ella lo sabía.

—No lo sé… lo dije sin pensar…

—Pero era lo que sentías.

—Quizá… pero no debí decírtelo así, Rose. Lo siento.

Ya, lo había dicho, y supo que las cosas se solucionarían cuando Rose lo miró con sus ojos risueños, brillantes. La pelirroja al fin le tomó la mano y le dio un beso en la mejilla, aún con esa sonrisa medio burlesca bailándole en los labios.

—No creí que fuera a sentirse así que tuvieras celos. Es bastante extraño, pero no me quejo.

—Rose…

El chico bajó la mirada, medio avergonzado por el tono divertido de su novia, y también frustrado de que su propia debilidad lo llevara a ello. Rose, por otro lado, se sentía bastante contrariada y, extrañamente, divertida. No quería hacerse la víctima, no quería preguntarle qué había hecho que reaccionara así… era una soberana estupidez.

—De todas maneras… ambos nos descontrolamos un poco ayer. ¿Entremos al salón?

Le tendió la mano, con otra sonrisa tranquila. Al poco rato comenzó a llegar la gente, sus compañeros tanto de Slytherin como de Gryffindor. Llegó Albus a conversar con ellos sentándose en el pupitre al lado de Rose. Conocía demasiado bien a su prima como para no decir que en el desayuno había estado extraña, pero… ahora se veía tan bien que decidió guardarse los comentarios, aunque cruzó una mirada con Scorpius quien, aún conversando, lo miró como diciendo "quiero conversar contigo". Era su mejor amigo.

Poco antes que sonara la campana que daba el inicio a clases, entró Isabella acompañada de Helena. Scorpius se disculpó con los dos Gryffindor y se acercó a ella, quien se había sentado un poco más atrás. Helena los miró y se volteó a conversar con otra compañera de Slytherin, dándoles ese espacio de privacidad.

—¿Cómo estás?

—Mejor. ¿Y tú, Scorpius? ¿Arreglaste tu problema con Rose?

—¿Cómo sabes…? —El chico la miró sorprendido, absolutamente seguro que él no lo había mencionado. Ella le sonrió amable mientras contestaba.

—Era obvio.

—Bueno… de acuerdo. Sí, lo solucionamos esta mañana.

—Me alegro mucho…

—¿Y tú?

Isabella se vio incómoda un momento, pero luego volvió a sonreír y le señaló a Scorpius la puerta del salón, la que era cerrada por una aún imponente profesora McGonagall. El chico volvió a su asiento, en parte aliviado y en parte un poco más preocupado. Le hubiera gustado que Isabella le contestara sinceramente la noche anterior, respecto a que si su mejor amigo tendría algún sentimiento por Rose. Eso no debía preocuparlo, ella lo quería a él, pero… no podía evitar pensarlo.


N/A:

Obligada a usar las divisiones que me pone ... si alguien sabe cómo las divisiones hechas en word no desaparezcan cuando publico, me diría? xD

En fin... henos aquí, el décimo capítulo y... estoy hecha un lío xD. Quiero hacer algo, pero tengo que ingeniármelas para llegar a ese algo xD, así es que en eso estoy por lo pronto. Pero, ahora, ¿Qué les pareció? ¿Muy forzado, muy tonto? xD... Sí, Scorpius no es el hombre seguro que aparenta, sobre todo porque quiere a Rose. Lo de Giovanni e Isabella es algo un poco confuso que se irá desarrollando a medida que avance la historia, ya en el próximo capítulo veremos qué pasa exactamente ahí... sí, ellos van a conversar, aunque son un par de italianos muy orgullosos xD. Lamento la poca aparición de la familia de Rose en este capítulo... también quedo debiendo un poco de Albus para el siguiente capítulo, sí, sigue siendo el mejor amigo de Scorpius, no duden de eso xD...

Ehm... eso =P... estoy en período de exámenes, así es que tengan piedad con mi tiempo u.u. Respecto a los rr! Me hacen muy felices los que llegan, así es que siéntanse con toda la confianza :D... los rr de los que están registrados trato de responderlos en el acto, pero de repente mi cabeza de pollo se vuela con otra cosa... en fin, gracias a los que escriben, las alertas, todo ^^... Miru, no me salió el link para responderte, así es que, esperando que sigas leyendo, te saludo por acá ^^...

Eso... ah! la conversación/discusión del principio... seh, sigo experimentando con el italiano xd... básicamente Isabella le recrimina que "ella" -Fiorella- es la responsable, y Giovanni le dice que ella sabe, y ella le dice que no, que no sabe... eso es ^^

Un saludo gigante, un beso aún más grande y nos estaríamos viendo, Dios mediante, dentro de poco ^^... ah, otra cosa... FELICIDADES A TODOS MIS COMPATRIOTAS CHILENOS, PORQUE SUPERAMOS LA METAAAA! Sufriendo las últimas horas, pero no me importa lo que digan, que si está arreglado, que si juegan con las emociones colectivas, que si el directorio de la Fundación se queda con parte de la plata... lo que yo veo es que Teletón, si bien no ayuda a todo el mundo, sí hace todo lo que puede, y me siento orgullosa de que la gente, las empresas, los ricos y pobres de nuestros país, ya sea por imagen o por verdadera solidaridad, destinen plata para esos niños... porque al final eso es lo que importa, que ellos se rehabiliten...

Listo, me desquité xd...

Un beso, cuídense! Nos vemos en la otra ^^... Ja-ne!