–vale, repíteme esa parte de la noche en la que te has estado dando el lote con un tío al que ni siquiera le has visto la cara – le pidió Ginny por tercera vez – o mejor, te hare una pregunta de prueba, porque tú no eres mi amiga Hermione.
La castaña se llevó las manos a la mejilla emocianada. Estaban en su piso y le acababa de contar a su amiga la velada anterior.
–fue todo tan mágico. Y me hacía sentirme tan cómoda con él… – fantaseó – quiere que nos conozcamos de verdad.
–de verdad Hermione, no sabes cuánto me alegro – le dijo abrazándola. Un pitidito les interrumpió. – debe de ser tu enamorado.
Hermione le dio con el hombro sonriente y alcanzó el móvil.
–me propone que nos veamos el fin de semana que viene – le comunicó – ¡dios mío! Una semana. Me estoy poniendo muy nerviosa. ¿y si no le gusto?
–¿quieres decir que no le va a gustar esta zona de tu cara? – dijo la pelirroja señalando los lugares donde debería estar la máscara – si… es bastante probable… – ironizó.
Hermione le dio un golpecito juguetón justo cuando Harry y Ron entraban por la chimenea.
–aquí están las pizzas – anunció Harry – y como supongo que ya le debes haber contado los detalles jugosos de tu noche a Ginny, no preguntaremos más.
–¿Qué quieres preguntar? – le dijo Ron sentándose entre las dos chicas, empujándolas en el proceso – solo tienes que verle la cara y esa sonrisa de tonta que tiene – bromeó llevándose un buen golpe de su amiga.
Durante la semana, Hermione se ponía de los nervios cada vez que entraba o salía de trabajar. No quería mirar a su alrededor, y no solo por miedo a reconocer a alguien que pudiera ser magogris, si no más por miedo a que él puediera reconocerla a ella.
Y por si fuera poco, magogris bromeaba con ella, diciéndole que la había visto.
Magogris: ¿no te has dado cuenta? He estado caminando junto a ti hasta la fuente.
Atenea: Já, ¿y cómo sabias que era yo?
Magogris: Vaya, pensé que sabias que era yo cuando te cogí y te besé, y toda esa gente se nos quedó mirando. Entonces… no me digas que no eras tú…
Atenea: ¿perdona? ¿Qué has hecho que?
Magogris: jajajajajajajajajaja
Atenea: ¿me estas tomando el pelo, no? Muy bonito…
Magogris: jajaja ¿no te habrás puesto celosa, no? Si hubiera besado a otra me habría dado cuenta al instante de que no eras tú.
Atenea: ¿ah, sí? Pareces muy seguro de ti mismo.
Magogris: ¿crees que puedo olvidar la forma en que besas? Es especial, diferente a cualquier otra.
Atenea: si ahora mismo entrara mi secretario, se preguntaría porque estoy tan roja y sonriéndole a un pequeño aparato, así que cállate ya.
Atenea: deberíamos estar trabajando.
Magogris: no puedo trabajar, tu recuerdo no me deja concentrarme.
Atenea: jajaja. Hasta luego, magogris.
Magogris: hablamos más tarde, Atenea.
Hermione sonrió una última vez a su móvil e intentó concentrarse en su trabajo, recriminándose el no poder dejar de pensar en la noche del sábado.
Aunque a duras penas, ya había llegado el viernes. Era por la tarde y Hermione estaba, como no, pegada a su móvil.
Magogris: ¿estas segura de que quieres que nos veamos mañana?
Conforme se acercaba el sábado, Draco se ponía más nervioso. Sabía que él quería conocerla, pero… ¿Cómo iba a reaccionar ella si lo reconocía? Si tenía suerte, no sabría mucho de su paso por la guerra, pero eso sería tener demasiada suerte.
Se había abierto con ella como con nadie. Por una vez lo había puesto todo de sí mismo. Si eso no era suficiente, ya nada lo seria. Solo ella tenía el poder de aceptarlo o dejarse llevar por lo mismo que el resto de la gente.
Se sobresaltó cuando escuchó el ruido de la contestación.
Atenea: yo quiero conocerte, pero solo si tú estás listo
Magogris: decías en serio lo de que no necesitabas que no fuera un chico sin defectos ni pasado ¿verdad?
Atenea: aparte de que todos tenemos defectos y pasado… y aunque me digas que fuiste un chico malo y que no me convienes.
Atenea: ¿crees que puedo resistirme a conocerte después de lo de la otra noche?
Magogris: yo desde luego no puedo resistirme. ¿Cómo nos reconoceremos, atenea?
Hermione lo pensó un momento, y su mente viajó, como siempre, a sus queridos libros.
Atenea: ¿todavía guardas tus libros de Hogwarts?
Magogris: creo que están en algún baúl ¿Por qué?
Atenea: ¿Qué te parece si llevamos el libro de nuestra asignatura favorita para reconocernos? El mío será encantamientos.
Magogris: me parece buena idea, entonces yo llevaré pociones. ¿Nos vemos a las 20:00 en "encantamiento en el tiempo"?
Hermione recordó el pequeño café-restaurante al que fue una vez con Ginny y Luna. Había elegido un bonito lugar.
Atenea: bien, allí estaré, si los nervios no me matan antes.
Aseguró, haciendo reír a su compañero de WhatsApp.
Y siguieron hablando el resto de la tarde, mientras se hacían la cena, comentando lo que iba a cenar, el momento en que se sentaron a la mesa, juntos en el móvil, pero separados en la vida, aunque quizá fuera por poco tiempo.
A la mañana siguiente, Hermione mandó una lechuza de urgencia a Ginny, que apareció por su chimenea en pocos minutos.
–¿Dónde está el incendio? – le preguntó divertida al ver el estado de su amiga.
–primero, no tengo nada, absolutamente nada que ponerme – dijo señalando el armario en el que apenas colgaban dos camisas y unos pantalones. Ginny dirigió la mirada a la enorme montaña de ropa que había sobre la cama de la ex-prefecta de griffindor – y segundo, creo que voy a vomitar.
Ginny se preocupó seriamente. Hermione se acababa de convertir en la adolescente que nunca había sido. Ella no era de las de sacar la ropa del armario y lanzarla por los aires porque no le convencía. Al parecer, este chico le gustaba de verdad, solo había que verla.
–Hermione, necesito que te relajes un poco. Apenas es medio día – le dijo acompañándola a la cocina – si ya estas así, no sobrevivirás hasta las ocho de la tarde.
La dejó en una silla y cogió lo necesario para prepararle una tila.
–pero es que no tengo nada que ponerme. Mi ropa esta anticuada, nada me queda bien. ¿Qué va a pensar de mí?
–si esa es tu preocupación, solo tenemos que salir a comprar algo con lo que te sientas cómoda – Ginny, que estaba de espaldas a su amiga preparando la infusión, se giró a mirarla – Hermione… no es diferente al sábado pasado. Solo piensa que estáis en ese mismo momento, que no ha pasado tiempo desde entonces.
–es que… estoy segura de que va a reconocerme – dijo ella aceptando la taza que le ofrecía su amiga – todo el mundo me conoce por ser la amiga de Harry y por participar en la guerra.
–¿y cuál es el problema? Ayudaste a salvar el mundo mágico – le dijo sentándose en la silla de al lado en la mesa de la cocina – estará encantado de salir con una heroína.
Poco a poco, Hermione se relajó lo suficiente. Incluso encontró entre su ropa un vestido y una chaquetita que le parecieron lo suficientemente buenos para la cita, y cuando se quiso dar cuenta, ya tenía su libro en la mano y estaba parada delante de la puerta de "encantamiento en el tiempo".
Se dijo a si misma que todo iba a estar bien. Que ya habían pasado una noche juntos y que todo fue perfecto, y que la parte superior de un rostro, y un nombre y unos apellidos no cambiaban realmente nada lo que sentía.
Abrió la puerta y entró. Se le aceleró el corazón cuando vio a un hombre rubio de pie en la barra, de espaldas a ella, junto a él, descansaba el inconfundible libro de pociones.
Respiró hondo y se acercó con decisión.
–magogris… – le llamó. Cuando el chico se giró, se le cortó la respiración y el libro resbaló de sus dedos hasta el suelo causando un ruido sordo que retumbó en el buen ambiente del local.
La castaña no podía creer lo que estaba viendo. Frente a ella, Draco Malfoy le miraba con la misma cara de perplejidad.
–¿tú eres Atenea? – se atrevió a preguntar el rubio, incapaz de pensar en nada. Solo podía ver la cara de horror que le estaba causando su presencia a la chica que tenía delante. Si ella pretendía decir algo, o le estaba faltando la respiración, no lo sabía, pero podía leer claramente en sus ojos. Esos ojos que le miraban tan distinto ahora, distintos al sábado pasado en la fiesta – puedes irte… si es lo que quieres– consiguió decir, intentando salir de su estado de Shock.
La chica no lo pensó dos veces antes de salir corriendo por la misma puerta por la que acababa de entrar.
Draco recogió el libro de ella que seguía en el suelo, y abriéndolo por la primera página, leyó claramente: Hermione Granger.
Y sintió la rabia por dentro. ¿Por qué Atenea, entre todas las mujeres, tenía que ser Hermione Granger? La chica a la que había insultado y humillado durante años, la que sabía perfectamente todo sobre su relación con Voldemort. Pero sobre todo… le enrabiaba que ella había mentido, pues al final, como a cualquier otro, sí que le importaba el pasado
¿y donde metía ahora él todo lo que sentía por Atenea?
Pues nada, ya se ha ido todo al traste… ¿era de esperar no? No es solo lo que hizo uniéndose a Voldemort, es que siempre la ha tratado mal…
Y ahora que lo saben todo, y se van a estar viendo, cuando entren o salgan del ministerio… no va a ser bonito para ninguno.
Por cierto… ya sé que no es el mejor lugar para preguntar esto, ni tiene nada que ver con el tema, pero como por aquí pasa tantísima gente… ¿alguien conoce a otro alguien que trabaje en la fe de Valencia –España– en reproducción asistida? Si es así y pudiera contactarme, estaría muy muy agradecida.
Y ahora agradecer sus comentarios a:
Parejachyca , sonrais777, , MrsDenisse, Kai Alexander Malfoy-Black , KarlaWinx, Kattypocket, Yazmin932, Khaleesi Cor Draco, Samanta-malfoy, JesSwanfoy94, artemisa2013, Alejandra Darcy , sailor mercuri o neptune , LluviaDeOro , Esmeralda Malfoy , Celevhr, Lorena, arovgo, Vigrid, Annykzhenn, DamaNegra90, Gemmeta14, Doristarazona.
Muchos besos!
