Día número uno.- Eren había mandado la carta en secreto, y el informante había dicho que fue recibida por la legión. Confiaba en que se la entregarían a Levi directamente, nunca nadie abría el correo privado, después de todo.
A pesar de que era solamente su primer día oficial, ya comenzaba a sentirse cómodo. Se llevaba bien con los hermanos Portman, e incluso conoció a cinco cambiantes más, llamados Neina, Ferdinand Oldforks, Isabella Rossado, Drake Starks y David Clark. No tuvo oportunidad de interactuar mucho con ellos, más que en el desayuno. El comedor era un sitio enorme, y era solamente para la facción de los cambiantes, por lo que el servicio era casi perfecto. La comida variaba mucho día a día, y siempre le esperarían manjares de lo más sabrosos; le había asegurado Albert.
También llevaban un régimen de entrenamiento, el cual se componía de ejercicios y actividades en equipo, cuyo lugar era un estadio especialmente adaptado para entrenar titanes. Combates entre ellos mismos, estrategias abruptas en equipo, e incluso estudiaban la composición de los gigantes, tan a fondo como fuera posible, de manera que conocieran su propio cuerpo, sus propias debilidades y fortalezas, cuyos resultados serían de suma utilidad en el campo de batalla, al momento de enfrentarse a los gigantes. El soldado nunca se había sentido tan cerca de la victoria, tan seguro de que la extinción de los titanes era posible. Aquella idea ya no se encontraba subordinada a nada más, no era un sueño creado por la mente de un mocoso traumado porque se comieron a su madre, sino que era una posibilidad factible, una meta, incluso.
Sin embargo, todos aquellos sentimientos de emoción habían chocado con una enorme pared cuando su comandante se hizo presente (Que llegó tarde) para montar el resto del entrenamiento. Eren no era un profesional, sin embargo había sido un cadete entrenado por varios años, y estaba seguro de que el entrenamiento militar, ya fuera para titanes, o para humanos, no era lo que estaban haciendo.
-. ¡Albert! Estás sobreactuando el diálogo. ¡Acabas de perder a Julia! ¿No sientes el dolor? La mujer que amabas, por quien luchaste hasta tu última gota de sudor y sangre, yace muerta a tus pies. ¡No digas cosas como "Oh, no. Murió" como un maldito autómata! ¡Empezaremos la escena de nuevo!
-. ¡Esto es ridículo! ¿Por qué debo declamar algo como esto frente al supuesto "Cadáver" de mi hermano travestido!?.- El muchacho pelinegro se cruzó de brazos, mostrando su espalda al pelirrojo como una diva que se niega a llevar a cabo un papel. Azmaria estaba sentada en una silla de madera, con las piernas cruzadas y revelando lo que había bajo su falda sin ningún pudor (Esos ligueros eran nuevos). Y no prestaba la menor atención a lo que el resto hacía. Eren estaba del otro lado del improvisado "escenario", repasando los diálogos de villano que Gabrielle mismo había escrito.
-. ¡Silencio! Lo harás porque yo lo digo, y obviamente yo soy demasiado increíble para que me desobedezcas. Ahora desde el principio, y con voz más fuerte, que no te escucharán en la última fila.- Eren soltó una risa nerviosa. No se sentía particularmente incómodo, pero sí muy confundido con todo aquello. ¿Por qué estaban montando una obra de teatro en vez de entrenar? Y más aún , ¿Por qué si tenían una mujer en el equipo, ponían a Jim a representar el papel de la doncella?. El susodicho soldado se sentó en el piso, en donde había estado un buen rato mientras fingía su muerte.
-. ¡Gabrielle! ¿Por qué debo ser yo la mujer siempre?!
-. Porque es obvio quien de los dos es la mujer en nuestra relación, Jim.- Albert sonrió de medio lado, acomodándose la chaqueta y riéndose del puchero de su hermano. El castaño en el piso se quitó la peluca rubia, terriblemente revuelta y desordenada, y apuntó apresurado a la única mujer de los cinco.
-. ¿!Por qué Azmaria no hace de la mujer?! Ella realmente tiene una vagina, sabes?.-
-. En realidad tengo un pene, y es más grande que el tuyo, cielo. Si quieres que yo sea la mujer ven y chúpamela lo suficientemente bien como para hacerme considerar la opción de moverme de éste sitio sin arrancar las malditas cabezas de todos ustedes, preciosos bastardos. – Un tic en la ceja de cada hermano, y pronto estaban discutiendo entre ellos de nuevo. Eren no paraba de sorprenderse con esa mujer tan misteriosa. Tenía ese cuerpo delicado y pequeño, y esa voz dulce que parecía más un arrullo que un regaño. Su manera de hablar era un ronroneo, incluso parecía que lo hacía a propósito Sin embargo decía y hacía cosas que no hacían más que aterrar al joven Jaeger.
Eren suspiró una vez, encogiéndose ligeramente de hombros. Era la facción militar menos militar que había visto en su vida, y eso incluía a la policía militar, por lo que definitivamente estas personas habían impuesto un nuevo record.
Sin que se diera cuenta, el comandante había aparecido a su lado, y había rodeado sus hombros con un brazo, recargándose sobre él.
-. Eren ¿No quieres hacer tú el papel de Julia?-
-. No, me gusta mi papel, gracias.
El castaño se apartó un poco, observando esa mirada en los ojos del pelirrojo.
-. No entiendo porque no querrían hacer el papel de la mujer, chicos. ¿no entienden la majestuosidad, la gracia y la belleza que esconde una mujer en el teatro?!
- Lo dice quien se coge a un enano dos veces después de cada comida….- Largó sin pudor Azmaria, pero Gabrielle no la escuchó, o fingió no hacerlo, porque siguió hablando sin interrupción.
-… La belleza y delicadeza deben ser llevadas con fuerza y hostilidad contra el público, pero debe ser una hostilidad gentil, ¡Ah! no puedo describir la sensación de ser una mujer en el escenario. Yo mismo hice papeles femeninos antes de dedicarme a escribir. La belleza de crear una silueta, la proeza de poseer los dos géneros más amplios de belleza femenina y masculina en un mismo cuerpo…- Y en ese momento Eren (Y estaba seguro de que todos los otros también) bloqueó sus oídos y decidió no escucharlo. El castaño solamente necesito de una hora a solas con ese hombre para comprender que, cuando comenzaba a hablar con ese tono de voz, y hacer ademanes exagerados y dramáticos, era mejor dejar de escucharlo porque no iba a decir nada. También aprendió que era un megalómano descarado y que decía muchas idioteces. Sin embargo todos lo respetaban, incluso con todo eso. Jim le aseguró que en campo de batalla, contra los titanes; el único monstruo a la vista era Gabrielle DuLac.
-. ¿!Qué estás haciendo!?.- La vocecilla de Deak resonó en todo el sitio, y los cadetes se alarmaron, huyendo (incluido Eren, que aprendía rápido) a ocultarse tras Azmaria. El castaño no pudo evitar reírse un poco; todo el mundo le temía al doctor Yuveh a pesar de su apariencia, que, ahora que lo notaba, era mucho más delicada y aniñada que la de Levi. Era pequeño y delgado, y tenía que ponerse de puntitas aún en sus altos tacones para verse algo intimidante junto al mastodonte que parecía Gabrielle a su lado.
Y le regañaba de manera bastante seria, lo suficiente para hacer que Jim y Albert estuvieran alerta de cualquier cosa; sin embargo Gabrielle no parecía tomarlo en serio, e incluso intentaba abrazarlo y le ofrecía cosas como chocolate (Al parecer, el chocolate era la obsesión del doctor Yuveh, y no solamente porque le gustara mucho, sino que básicamente sólo se alimentaba de eso.) para que no le acusaran de perder el tiempo y no entrenar a sus cadetes. Y funcionaba, porque entre tanto abrazo y acoso de parte de Gabrielle, Deak huía abochornado con la promesa de que le haría pagar por ser un idiota. Y Gabrielle montaba dramas porque había sido rechazado.
Eren no pudo evitar recordar aquello que su comandante le contó, sobre Deak perdiendo al bebé que iban a tener. En esos momentos ambos se veían triviales, pero… ¿Cómo se sentiría Levi si perdiera al niño que llevaba dentro? ¿Cómo se sentiría él mismo? Bien, Levi, hasta el momento en el que le vio por última vez, ni siquiera había aceptado que había un bebé. Estaba seguro de que lo mejor, según el sargento, sería deshacerse de él y olvidarlo. Sin embargo, si ese bebé era el pase de entrada para que aquella enferma organización cuidase de su amante, entonces tendría que hacerlo nacer a como de lugar.
Incluso en contra de la voluntad del sargento.
La noche había sido casi imposible de superar luego de aquello, especialmente porque Levi pareció romperse por completo. Más allá del hecho de que Eren estaba vivo y que no había vuelto por él, aun conociendo su estado; Eren quería que se deshiciera de su pequeñita. El bastardo quería que se deshiciera de su nenita, que nunca la tuvieran. No sostenía que no estuviese dolido porque le habían abandonado, pero estaba más furioso porque el imbécil ponía a su bebé como precio para reunirse con él. Debió saberlo. Debió imaginar que para el mocoso las cosas eran solamente sexo. Lo supo en el momento en el que Eren se negó a responderle aquella pregunta, cuando yacían acostados durante los últimos días que se vieron. Levi quiso pensar que estaba siendo tímido, que estaba avergonzado. Pero lo cierto era que no le respondió para no ser descarado, porque de cualquier manera iba a irse poco tiempo, así que, qué mierda importaba juguetear con el cuerpo de su superior un poco más? Qué mierda iba a importar Levi luego? No querría un maldito mocoso, o mocosa; quería el cuerpo de Levi para coger y nada más.
No era capaz de entender que tan furioso estaba, ni siquiera él mismo. Estaba furioso con Eren, con Erwin por no cogérselo cuando se lo pidió, con Hanji por insistir en que debía abortar. Estaba furioso con su hija porque había llegado a arruinarle la vida; estaba matándolo y se estaba metiendo entre todo lo que le hacía medianamente feliz en ese puto mundo lleno de mierda, en donde que algo hiciera feliz a un individuo era casi imposible.
Estaba furioso porque quería odiarla, realmente quería odiarla; pero no podía forzarse a odiar a ese humanito que le crecía en el interior, a quien le había tomado un intenso cariño completamente de pronto. Sentía que le habían lavado el cerebro desde adentro. Si hablaban de tocar a su pequeña, él se enfurecía aún más, estaba dispuesto a matar por ella. Que nadie se confundiera, estuviese en el estado que estuviese, Levi seguía siendo el maldito hombre más fuerte de la humanidad, y mataría sin dudarlo a quien osara poner un dedo a su bebé.
Pero entonces pensaba de nuevo en que quería odiarla, y la odiaba por una milésima de segundo. Esa milésima bastaba para hacerle perder los estribos. Había pasado unas cuantas veces, pero luego de encontrarse con la realidad de que Eren era un hijo de perra malnacido, su furia pudo con él, y no se contuvo como debió. Sus puños arremetieron con fuerza contra su propio estómago, ahí donde sabía que estaba el bultito. Una y otra vez, incluso si se lastimaba, o si sentía ganas de detenerse por el dolor intenso. Un puñetazo tras otro, sentía el pequeño bultito moverse, defenderse, lastimarlo también. Vomitaba sangre pero no se detenía. Entonces se daba cuenta de lo que había hecho, y abrazaba su lastimado vientre, susurrándole mil y un "lo siento" mientras se echaba a llorar. No era un hombre que llorase, en absoluto. Podían lastimarlo físicamente, o quitarle a los que amaba; podían humillarlo o amenazarlo de muerte, pero el no derramaría ni una lágrima. Sin embargo lastimar a su niña era algo distinto. Y no lloraba por haberlo hecho, sino que lloraba porque quería poder odiarla como antes, pero no podía por más que se esforzaba. Había llegado a arruinarlo todo, pero la quería, quería a su niña. Quería matarla y ya, pero no era capaz de hacerlo. Sentía que se le iba la cordura a ese paso, y perder la razón le asustaba.
-. No puedes hacer esto, has visto como está!? No eres la puta jefa aquí, yo lo soy! Iré a decirle que todo era mentira, que Eren no piensa eso. Si hablas con él…
- Está obsesionado con él parásito. Si de ésta forma puedo salvar la vida de mi mejor amigo, entonces no le vamos a decir nada. Seguirá pensando eso y estará deprimido, sí, pero lo superará. Es Levi. – Hanji y Erwin discutían sobre la carta que había llegado antes, la que la castaña había ocultado de Levi.
Erwin sostenía que lo mejor era darle la carta a Levi, pues siendo el hombre maduro y centrado que conocía, seguramente les contaría lo que supiera del mensaje. Especialmente si se trataba de la posibilidad de traer a Eren de vuelta. Sin embargo Hanji aún se negaba a entregarla, para ella, lo mejor era que Levi se decidiera a deshacerse del monstruo antes de que fuera demasiado tarde, que la necesidad de ver a Eren seguramente sería mayor.
-. Si el ve a esa cosa como hijo, ni siquiera si Eren mismo se lo pidiera, se desharía de ella. Es como si me dijeras que matase a mi hija para recuperar a mi esposa. Nunca lo haría. Por más enamorado que estuviera.
- Es la opción que tengo, y es con la que me iré.
-. Y ¡qué mierda piensas hacer cuando él se niegue a sacar al parásito, y siga luchando sólo con él?- Harta de hablar, Hanji se puso en pie; se acomodó los anteojos y caminó hacia la puerta.
-. Si eso es lo que sucede, entonces voy a sacárselo por la fuerza.- fue su sentencia antes de cerrar la puerta de un golpe. Erwin suspiró.
Muy de noche, Eren solamente se volteaba en la cama, sin poder dormir. Se encontraba meditando sobre lo cómodo que se encontraba, y lo rápido que la adaptación había sido. Se encontraba pensando en Levi, en una manera de dar con él, una manera de escapar de CELICA solamente para ir con él y decirle todo lo que había escuchado. Decirle que la empresa torcida de aquella organización le ayudaría con la situación que pasaban, le ayudaría a cuidar a su futuro hijo.
Se dio otra vuelta en la cama y abrazó una almohada, cerrando los ojos e imaginando que se trataba de su amante. Se imaginó que le acariciaba y que le besaba. Que le susurraba que lo amaba, incluso si en persona nunca se hubiera atrevido. Su mano acarició la almohada, mientras que en la mente del soldado, Levi le regañaba por acariciar su vientre inflamado con tanta rudeza, le decía que podría dañar a Arsen, que fuera más amable "mocoso de mierda, no quiero que nuestro hijo nazca imbécil como tú, así que sé más cuidadoso". Sin embargo Eren sabría que en realidad Levi no quería decir eso, y se reiría. Se reiría en serio, porque estaría feliz. A pesar de la situación en la que la humanidad se encontraba; a pesar de ser un monstruo, a pesar de todo, él sería feliz.
En ese momento, Eren respiraba con un ritmo acelerado e interrumpido, como el que suele invadir a la gente cuando se ríe, pero ese no era el caso de Eren, que, en cambio, lloraba. Intentaba aguantarse el llanto y no soltarlo en absoluto. Debía ser fuerte, por todos los cielos, tenía una tarea que completar, una meta que alcanzar. Debía ser fuerte por su hijo, por su amante y por el bien de lo que iba a hacer. Sus amigos eran fuertes, eran lo suficientemente fuertes como para luchar por su cuenta; y Rivaille también lo era, pero Eren quería protegerlo, especialmente en aquel estado. Por el bien de su hijo y de su amante, de su Levi, tenía que estar de acuerdo con esa maldita organización enferma; y llevarlo hasta ella.
Después de que su hijo naciera y Levi estuviera fuera de peligro, se encargaría de ellos. Sabía que los conocidos que había tomado como compañeros ahí no estaban de acuerdo. Sabía que el comandante DuLac le ayudaría si se revelaba, que los hermanos Portman le ayudarían. Y si no, los traicionaría. ¿Lo haría? No, no era una pregunta. Lo haría.
El frío nunca le había molestado, de cualquier modo. Estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones, en las que tenía frío y estaba solo. La cama mullida y la comida a un lado eran un extra muy lindo, pero seguía sintiéndose desamparado en ese momento. La verdad es que a Levi no le gusta estar solo. No quería saberse solo durante un minuto más.
Levi era humano y necesitaba de lo humano; ni siquiera la pequeña que tenía dentro, lastimada por su culpa, podía aliviar aquella sensación de soledad. Y era aún peor, porque Levi sabía que la lastimó. Era consciente de que la había golpeado y ahora su hija estaba lastimada. Y se sentía aún más solo.
- Levi, vine a recoger la charola de comida. Pensé que comerías si te daba un poco más de tiempo, pero parece que no fue el caso. Realmente deberías comer.- El teniente más alto de la legión de reconocimiento apareció en la puerta. Tenía la barba algo pringada de agua fresca, y un vaso del mismo líquido en la mano derecha.
- Adelante, llévatela. No tengo hambre.- Mike obedeció y tomó la charola llena de comida, poniéndola en el pequeño carrito que llevaba empujando. Hizo una mueca y volteó a ver a Levi, pensándose lo que iba a decirle; no quería confundirlo o hacerle pensar que le tenía lastima.
- ¿Sabes Levi? No sé qué es lo que sucedió en los últimos días. Sé que perder a Eren es un golpe, porque era tu responsabilidad y era un buen muchacho. Pero no puedes solamente encerrarte aquí y no comer nada. Se supone que estás herido, ¿no? No comer no va a hacerle bien a tus heridas, necesitas proteínas para que tu cuerpo pueda reconstruirse por si mismo…
- Si no quiero comer es mi problema, no quiero gente detrás de mí como si fuera un mocoso.
- Te estás comportando como un mocoso. Levi, sé que eres fuerte y puedes pasar por esto solo. Pero si puedo hacer algo para hacerte sentir mejor, cualquier cosa que necesites, dímelo y haré lo que esté en mis manos para conseguirlo.
Silencio. Levi había tenido los ojos clavados en un punto aleatorio de la pared, pero súbitamente los pasó al teniente.
Se puso en pie. Caminó hacia donde Mike, pasó de él y llegó a la puerta.
Echó el cerrojo.
- Hay algo que puedes hacer Mike, algo que realmente necesito. Realmente lo necesito ahora, no quiero sentirme solo.- Y le echó los brazos al cuello tal y como antes hiciere con el comandante Erwin Smith. Pero esta vez no se encontró con el rechazo, sino con la aspereza del vello facial y con brazos fuertes en su cintura. No era lo mismo, no había el calor de antes, pero era suficiente para su mente.
El frío nunca le había molestado, de cualquier modo.
