Lo se, no tengo perdón de nadie. Seis meses son demasiados meses como para que alguién recuerde de que iba la historia, hasta yo tuve que releerla...
Solo puedo decir que lo siento y que espero que os guste este capi, que es el último de transición hacia el capítulo que ya tenía escrito.
Muchísimas Gracias a todos por leer mi fic, incluso los que aguantáis todos los meses que tardo en volver. Y muchísimas gracias por todos los reviews. Son los que me hacen volver. Y en Especial a "pepitopulgarcito" que con su review me ha mostrado que sigue habiendo gente que entra aquí cada día valorando el humilde esfuerzo de los que escribimos sin tener ni puñetera idea de como hacerlo bien.
Espero que disfruteis del capítulo.
Nota: Casi Todos los personajes son de JK Rowling, la que todo lo crea y lo destruye. Yo no gano nada con esta publicación más que mi felicidad y la de los que al leera quedan con una sonrisa en sus labios y la necesidad de leer en sus mentes. Porque la lectura es la mejor droga jamás creada por el hombre.
Capítulo 10: Rutinas.
- Lo siento - dijo la muchacha con la mirada gacha. - Siento haber sido así de borde contigo antes, es que en mi visión...
- No tienes contármelo si no quieres, Alice.
- ¡Lo se! Se que no tengo por qué hacerlo, pero quiero. Sólo necesito que entiendas que no siempre son visiones buenas o que me pongan de buen humor, más bien casi nunca lo son. Y preguntarme nada más tenerlas, pues no siempre es buena idea - dijo sonrojándose ligeramente.
- Lo siento...
- No, Abraham, no debes, no lo sabías. - El muchacho la miró desde el suelo. ¿Quería eso decir que ella no le odiaba, que quizá podría ser su amiga? - La, bueno lo que tu sabes - corrijió al ver que algunos alumnos se acercaban ya al invernadero - se ha cumplido, casi nunca es tan inmediato.
- Aun así lo siento, Alice. Y no tienes por qué contármelo si no te sientes a gusto, lo entiendo.
- Bueno, no ha sido un gran momento, pero creo que Hermione me defendió.
- ¿Crees?
- No la vi, pero creo que fué ella...
El grupo entero de alumnos de primero estaba delante del invernadero 4, la clase de Herbología la compartían con los Ravenclaw y ya estab todo allí. Las niñas cotilleaban como mejores amigas mientras la profesora Sprout pasaba entre ellos, varita en mano, para abrir la puerta. Unos cuchicheaban mirándoles a ellos y otros miraban a lo lejos, al grupo de alumnos de séptimo dela casa Slytherin. "¿Lo saben?" se preguntó Alice, pero la profesora le sacó de sus pensamientos cuando dió paso a los alumnos y comenzó su presentación y la clase.
- Madre mía, y ahora Pociones...
- ¿Por qué no miras tu horario? No todos damos lo mismo - Respondió Neville.
- Los tres damso Pociones, Neville.
- Ahora toca Encantamientos, dos horas. - aclaró Harry.
- ¡Genial! Pero, ¿por qué dijiste antes que tocaba Pociones?... buf!
- Por verte la cara de susto, Weasley - Rió su amigo
- Merlín nos libre de Snape hasta la semana que viene...
- No habrá tanta suerte, colega. Mañana tenemos Pociones a primera.
- ¡Mierda!
Los tres amigos habían llegado a la puerta del aula de encantamientos. Aquella clase reunía a la mayoría de los estudiantes de séptimo curso así que podrían descansar y hablar de quidditch sin problema alguno. Dos horas mas tarde, los pasillos bullían de excitación. Primera tarde libre en Hogwarts, alumnos que corrían a sus salas comunes, otros a la biblioteca a realizar sus primeros deberes del curso. La mayoría salían a los jardines a disfrutar de los restos de buen tiempo del día y del curso.
Hermione entró a la biblioteca, sabía que allí nadie la molestaría. No solía haber mucha gente y sabiendo como era ella con los estudios, ni la señora Pince se acercaba a molestarla. Dejó sus cosas sobre la mesa, como hacía cada día desde primer curso: misma mesa, misma silla... Abrió los apuntes del día, hizo todas sus tareas. La gente entraba y salía de la biblioteca. Haciendo más o menos ruido según la experiencia que tuviesen en molestar a la señora Pince. Hermione había aprendido a ignorar el murmullo de voces y sillas arrastrandose y se concentraba en estudiar.
Aquel día le costó concentrarse más de lo habitual, tenía demasiadas cosas en la cabeza, al final, con su redacción de Transformaciones a mitad, desistió y cerró el libro que consultaba de un manotazo. Nadie le prestó atención, así era su vida. Las imágenes se repetían en su cabeza: Aquella niña cayendo a cámara lenta, Lupin condesando ser un licántropo, McGonagall confiándole a aquellos dos niños, Ginny invitándola a subir al carruaje..."Demasiado confiados" pensó. Pero otras imagenes le invadieron al recordar los ojos de Ginny: La mano de Ron sujetándole el brazo, sus ojos profundos como el Océano, Draco, indignado al verles, los detalles de ambos amigos con los niños la noche anterior, los músculos tensos de Ron cargándo a Abraham hasta la sala común...
- ¿Nuevo método de estudio? - Dijo Draco sonriente interrumpiendo sus pensamientos. Hermione estaba sonrojada y no sabría decir si era por lo que estaba pensando o por haber sido sorprendida ensimismada en la biblioteca. - ¿Estás bien?
- ¿Eh? Sí. Estaba pensando en como continuar la redacción, me he atascado.
- La gran Granger, ¿Atascada? En serio, Minie, ¿en que pensabas? - dijo el suspicaz al verla sonrojada.
- ¡Draco! - dijo furiosa - NO-ME-LLAMES-ASI.
- ¿Por qué te molesta tanto de repente? - Dijo él dolido.
A Hermione le encantaría saberlo, pero no le gustaba a dónde le llevaban sus razonamientos cuando lo hacía. Todo debía deberse a lo ajetreado del viaje, a los incidentes y todas las noticias de los dos primeros días.
- Lo.. lo siento, Draco. Creo que me estoy estresando demasiado para ser el primer día. - Dijo con una sonrisa forzada y esperando que el chico no le diese importancia.
- Anda, recoge eso y vamso a dar una vuelta antes de la cena. - Draco sabía que pasaba algo por la cabeza de la joven pero decidió dejarlo pasar para otro momento.
Ambos salieron a los jardines para reunirse con sus amigos. Éstos ya entraban al castillo para la cena y Hermione se dió cuenta de lo tarde que s eloe había hecho en la biblioteca. Ella cargaba todos sus libros ya que no había pasado por la sala común y todos soltaron comentarios y bromas sobre lo "dedicada" y "aplicada" que era, siempre había tomado aquellos comentarios a broma pero aquel día descubrió nuevos tonos en las voces de sus amigos, un trasfondo serio en aquellas palabras. Su cerebro le mandaba alertas sin cesar pero decidió acallarlas convenciéndose de que eran imaginaciones suyas y todo seguía como siempre. Lo cual, probablemente, no fuese mentirse demasiado.
Se separó de ellos al entrar al gran comedor, cuando ellos se dirigieron a la mesa de Slytherin. Ella caminó cabizbaja hacia su mesa y encontró sitio al final de la mesa, donde dejó caer su mochila y el resto de libros que llevaba en brazos. EN verdad empezaba a cansarse de pasear tanto libro por ahí, pero era a lo único que se podía aferrar cuando todo lo demás le fallaba.
Cuando empezó a llegar más gente sacó un grueso tomo y se escondió tras él fingiendo leer mientras observaba a todos los que entraban. Vió como Alice y Abraham entraban hablando alegremente y sintió una punzada de envidia. El gran salón estaba abarrotado y Dumbledore daba comienzo al banquete. Hermione no pudo dejar de pensar que no había visto a la pequeña Ada aparecer por allí. Se sintió mal, era cierto que la niña era insoportable pero, ¿y si le había hecho daño? Podía ir a la enfermería pero quedaría muy sospechoso aparecer por allí y preguntar sin más.
Algo desvió sus pensamientos, unos ojos intensamente azules le saludarón discretamente unos metros más allá en su propia mesa. Ginny había cruzado su mirada con ella. La pelirroja movió levemente la cabeza y Hermione se sumergió en su libro. La más joven de los Weasley volvió la mirada a sus amigas y siguió hablando animadamente con ellas pensando que quizá tenía una idea equivocada de la prefecta.
Ron y Harry habían tenido una cena animada escuchando las batallitas de Seamus aquel verano, tanto que casi les sobresaltó que desapareciese la comida de la mesa.
- ¡Aun no había acabado, tio! ¡Siempre igual!
- Ron, te has comido tres postres...
- No había acabado...¡ah! da igual, voy a llevar a los crios arriba, os veo luego. - Y sin más se levantó y fue hacia el comienzo d la mesa a recoger a los de primero
- ¿Desde cuándo se da tanta prisa?
- Ni idea, tio.
Ron llamó a los niños al orden y empezó a bromear con ellos mientras salían del comedor. Hermione cerraba la comitiva cargada hasta las cejas y asegurándose de no perder a ningún niño por el camino, sin hablar. Los libros pesaban demasiado y un flash cruzó su mente recordando la noche anterior. Se avergonzaba un poco de ser tan flojucha, recordando a los chicos subir con todo aquel peso encima. Sacó su varita y decidió imitar a Harry utilizando el conjuro levitador para subir sus cosas, sorprendiéndose de no haberlo hecho nunca antes y enfadándose consigo misma por no haberlo pensado antes que aquel bobo de Potter.
Cuando llegaron a la sala común Ron buscó la mirada de la prefecta pero, al girarse, encontró a Lavender a medio palmo de él, sonriente, con aquella sonrisa que daba mas miedo que otra cosa. Miró por encima de ella pero sólo alcanzó a ver como la castaña subía a la torre de las chicas con paso decidido. No sabía que esperaba, si en dos años solo habían cruzado insultos, pero le decepcionó que desapareciese así. Lavender ya había empezado a hablar sin parar y Ron hizo lo posible por no ser maleducado hasta que llegaron sus amigos para salvarle del mal trago. Los chicos se sentaron frente a la chimenea, en las tres mismas butacas de siempre, y estuvieron hablando y jugando al ajedrez mágico hasta tarde aquella noche.
El resto de la semana fue poco movido, tan poco que las novedades de los primeros días casi se habían borrado en la memoria. Todo volvía a ser como siempre había sido: Gryffindor contra Slytherin, clases aburridas, profesores presionando a los alumnos con los EXTASIS; Alumnos aterrados y alumnos que pasaban del tema... Incluso la primera clase de Pociones fue de lo más habitual para los de séptimo: Snape insultando a la clase y luego solo a Harry, Slytherin riendo, Draco y Hermione peloteando a Snape, Snape favoreciéndo solo a Draco, Hermione indignada, Snape metiéndose con Harry... lo habitual.
Todas las clases habían sido asfixiantes tanto en materia dada como en tareas que realizar de un día para otro, metros y metros de pergamino en redacciones, búsquedas y ejercicios, sin contar las horas de prácticas de hechizos y encantamientos. La vuelta al ritmo escolar había pillado desprevenido a la mayoría, que seguían pensando en sus vacaciones.
El Domingo por la noche la sala común de Gryffindor estaba repleta de alumnos acabando trabajos y redacciones; mapas lunares y pergaminos llenos de runas se mezclaban sobre las mesas. Mientras, Hermione Granger estaba sentada en una butaca junto al fuego disfrutando con mirada maliciosa del estrés de todos aquellos que dejaban los deberes para el último momento. "No aprenderán nunca" pensó y se levantó para irse a la cama. En cuanto subió por la escalera que conducía a las habitaciones de las chicas, toda la sala común respiró tranquila, la mayoría siguió con lo que estaba haciendo pero ahora entre comentarios y risas.
