10.

Ema escucha con atención toda la historia de Morgana con la boca abierta. A veces, ella también se pregunta por qué algunos estudiantes acuden a drogas o alcohol como solución a sus problemas. Bebe un poco de la limonada que hay sobre la mesa de centro y suspira. Ella y Phoenix acaban de hacer un descanso para cenar después de repasar todos los temas para examen. Han estado improvisando un diálogo en japonés durante casi media hora y ahora les cuesta volver a hablar en su idioma original. La mesa está llena de hojas debido a las numerosas veces que han repetido los kanjis. Ambos han escrito una redacción, se la han dejado leer al otro y se la han autocorregido. Ahora que la señora Green ya no tiene que volver a las clínicas porque su pie ha mejorado y a que Larry parece no tener más problemas de los habituales, Phoenix tiene mucho tiempo para sí mismo, por fin. Lo primero que harán Ema y él en cuanto acaben el examen será ir a Venice Beach y alquilar unas bicis, llevar un picnic y pasar el día allí con otros compañeros de clase. Le apetece mucho, pero no tanto como volver a ver a Edgeworth. Después de aquel día en que ambos se quedaron mirando el mar, apenas ha sabido nada de él. Sus llamadas no han servido para alcanzar su voz, y su secretaria no le ha dejado pasar a su despacho. Phoenix está preocupado, porque ve aquella noche cada vez más como una despedida. Que está ocupado, es cierto. Le ha preguntado a Lana y lo ha corroborado: está en mitad de un caso, aunque no es tan importante como para ser anunciado en los periódicos, y Phoenix tampoco quiere ser pesado. Sabe que no es ni remotamente parecido a la gente que frecuenta, que es introvertido, complicado y muy serio. Sabe que es un adicto al trabajo y que, al contrario que él, no tendrá la necesidad presurosa que lo está golpeando esos últimos días: la realidad de verlo, de hablar con él y de conocerlo más. La sensación de que ambos tienen un conector que los hace ser similares y diferentes al mismo tiempo. La sensación de quererlo no como un amigo...

—¿Phoenix? Te estoy llamando, te has ido a Babia —protesta Ema, y recoge los platos y vasos de la mesa.

Phoenix se levanta para ayudarla.

—Perdona, estaba pensando.

—¿En quién? Tenías una cara la mar de interesante. ¿Has conocido a alguien que te haya gustado? ¿Chico o chica? Ya sé que no le haces ascos a ninguno...

—¡Ema! —se rasca la nuca, todo avergonzado.

—¿Es mentira? —la joven introduce la vajilla en el lavaplatos y se vuelve hacia su amigo.

—No lo es pero... haces que suene como un vicioso y no soy así.

—Bueno, ser bisexual es tener pocos escrúpulos...

—Ahora soy asesino... —Ema le palmea la espalda.

—¿Vas a quedarte o no? Ya sabes que aquí no hay jovencitas que quieran acosarte. Yo no te encuentro nada interesante.

—¡Ey! Eso ha dolido —Phoenix la empuja, y ambos ríen en su camino hacia el recibidor, donde Ema le entrega a Phoenix su abrigo, lo despide y el joven, cargado con su mochila, se dirige hacia la estación de autobús más próxima. La temperatura ha bajado hace varios días, y Phoenix introduce las manos en los bolsillos cuando las siente frías. Su ceño se frunce al sacar un papel y se queda parado en mitad de la acera al ver sus señas: esa nota se la había entregado a Edgeworth la última vez que se vieron. Su corazón bombea salvajemente. ¿Por qué se la ha devuelto? Su mente no puede procesar nada más que "rechazo, rechazo". Phoenix dobla la nota con la visión algo borrosa. ¿Acaso Edgeworth le consideraba una molestia y por eso ahora no responde sus llamadas ni le viene a visitar al jardín? Dos semanas. Dos jodidas semanas de silencio entre ellos. Cierto es que no llegó a ser su mejor amigo, pero compartieron intimidades, preocupaciones, como si realmente se estuvieran conociendo para ser algo más... al hacer la doblez repara entonces en una caligrafía elegante y estirada. Phoenix le da la vuelta.

"Nozomi"

Una aislada, cuidada y centrada palabra en el papel que le confunde aún más. No recuerda si la nota llevaba escrito esto, aunque quizá fuera un apunte de japonés... entonces recuerda que en casa de Ema no han repasado esa palabra como algo nuevo en el temario. Es más, ni siquiera sabe qué significa. Y no es su letra. Y esa nota la tuvo Edgeworth. Y él se quedó dormido en su coche antes de marcharse. Lo que significa que fue Miles quien le puso eso. Aún con los latidos a cien, y extrañado, abre su mochila para sacar el diccionario que siempre lleva a clase y localizar la sílaba no. Allí está:

"Nozomi: deseo/anhelo/esperanza/expectativa/probabilidad/posibilidad"

Phoenix frunce el ceño, analizando ese kanji que no había visto hasta ahora, aunque reconoce ciertos radicales en él. Como toda palabra japonesa, según el kanji puede tener varios significados. Pero ¿qué quiso decir Miles con eso? ¿Y por qué eligió una palabra suelta en japonés, fuera de todo contexto con el que poder interpretarlo mejor? Comienza a chispear y se da prisa en coger el siguiente autobús que lo lleva a casa. Desde allí trata nuevamente de llamar a Miles, pero solo le salta el contestador. Cansado, Phoenix decide dejar un mensaje.

—Miles, soy Phoenix. Sé que estarás ocupado y que quizá no quieras volver a verme después de todas las molestias que causé, pero de verdad tengo que hablar contigo. Es importante. Devuélveme la llamada, por favor.


Por suerte, nada ha perturbado su mente antes del examen, salvo su constante pensamiento hacia Edgeworth. Así que Phoenix, cansado de comerse el coco, se presenta en la comisaría un jueves después de trabajar. Pregunta por Lana en varios despachos, pero ella parece haber salido de servicio. Un tipo alto y fornido lo mira con cierto interés. Lleva un chaleco gris y una perilla y tiene cierto aire de donjuán.

—¿Buscas a la inspectora?

Phoenix lo observa con indecisión. No es un poli, pero se mueve por la comisaría como si fuera su casa.

—Es un tema personal, no puede ayudarme.

—Termina su turno dentro de una hora, si te quieres quedar. Pero he de decir que yo llegué antes, así que no sé si tendrá tiempo para atenderte —Phoenix lo mira, curioso.

"¿Y este tío tan emperifollado y mandón quién será?"

—No te quitaré mucho tiempo, aunque la busco a ella, realmente es para preguntar por otra persona.

—¿Por otra persona? Quizá la conozca... —el hombre tiene una mirada intensa y por algún motivo exuda liderazgo. Phoenix duda antes de preguntar, pero tampoco es un secreto y no pierde nada por preguntar.

—Es un abogado: Miles Edgeworth.

El otro abre los ojos, sorprendido.

—Todos conocen aquí a Miles Edgeworth. ¿Eres un cliente suyo? —Phoenix duda antes de responder.

—Sí. No logro hablar con él, y había escuchado que iba a marcharse. Es un tema importante —insiste, pero la persistencia parece reflejarse en su mirada y el tipo le pide que lo siga.

—¿Eres amigo de Lana Skye? —pregunta, mientras abre un archivo y consulta unas fichas.

—Solo de su hermana Ema —Phoenix espera, y el otro parece notar su incomodidad. Le tiende la mano para presentarse.

—Disculpa, soy Diego Armando, un fiscal del distrito de San Francisco. Hace tiempo que no vengo por aquí, pero supongo que las cosas no han cambiado mucho —eleva una ficha y frunce el ceño—. ¿Qué teléfono tienes?

Phoenix le dicta el móvil donde ha estado llamando todo este tiempo y Diego lo mira, atónito.

—Ese es su móvil personal... él no suele dar a nadie su móvil personal... ¿cómo lo has conseguido?

—Me lo dio él mismo, me estuvo ayudando con unos asuntos. ¿Por qué, tiene algún otro número de contacto?

—El profesional —Diego duda durante un instante—. No puedo dártelo sin su permiso. ¿Te parece bien si le llamo yo y le digo que lo esperas aquí?

—Es posible que ya no me recuerde —pero si da su nombre, con toda seguridad, Edgeworth le mandará a paseo. Algo que le ha quedado claro es que no quiere hablar con él. ¿Podría hacerse pasar por otra persona? No sabe qué sería peor, pero si es Diego quien llama y Miles se niega a verlo, Phoenix seguiría insistiendo con Lana hasta dar con él—. Pero está bien, llame. Soy Phoenix Wright.

Diego marca el móvil desde uno de los fijos de la policía y al rato vuelve.

—Dice que se pasará por tu lugar de trabajo mañana —los ojos de Phoenix se iluminan y estrecha la mano de Diego con evidente satisfacción, tras darle las gracias.


Finaliza marzo, y algunos bonsáis ya han echado flores y cambiado de color. Phoenix alambra unas ramas mientras mira constantemente hacia la puerta. Poco después es casi la hora de cerrar y Miles no se ha pasado en toda la tarde. No recuerda haber estado tan nervioso desde que intimó con su primer chico.

Resignado, Phoenix cierra el patio y se dispone a cambiarse de ropa para cerrar cuando la puerta se abre y un conocido letrado vestido con traje magenta y abrigo negro de paño se cuela por ella. Lleva el maletín y una expresión indescifrable.

—¡Miles! —Phoenix acude a la puerta inmediatamente, dejando las llaves sobre la mesa del vigilante—. Ya creí que no vendrías.

—Wright.

Hay un incómodo silencio, espeso, que crea una tensión entre ambos. Finalmente, Miles deja el maletín en el suelo.

—Querías hablar conmigo.

Phoenix da unos pasos hacia él para darle la vuelta al cartel de abierto con el fin de evitar que nadie más entre al lugar.

—Miles, ¿estás bien? Te he llamado muchas veces, te he dejado recados en el contestador... ¿hay algún motivo por el cual quieras dejar de verme? —La pregunta, así planteada, hace a Miles vacilar. Pareciera como si quisiera decir algo y sin embargo prefiriera callar—. Estás raro. ¿Acaso pensabas marcharte sin despedirte?

—Debo pedirte perdón, Wright. Mis habilidades sociales dejan bastante que desear. Debí haberte devuelto las llamadas, pero... sentía que no era correcto hablar contigo.

Phoenix se arrima a la mesa, sin entender. Su enfado da paso a una tristeza acusada.

—¿He hecho algo mal? Dímelo por favor, me mata no saber qué te pasa.

—No, no has hecho nada. Es un tema personal, un tema mío. Yo... creo que es mejor que no vuelva a verte —dicho esto, se agacha para recoger el maletín, pero Phoenix se pone de espaldas a la puerta.

—No te dejaré salir hasta que no me expliques.

—Por favor, no hagas una escena...

—Miles —Phoenix le coge del brazo, en sus ojos una súplica callada. Inmediatamente al contacto con su brazo, Miles suelta el maletín y da un paso atrás, dejando a Wright aún más confundido—. ¿Qué ocurre? No entiendo nada...

—No soy una persona fácil de entender —Phoenix quiere verbalizar que no le extraña, porque si se guarda sus emociones y problemas y no los cuenta, es posible que no se conozca ni él mismo—, por eso te pido, si alguna vez has sentido aprecio por mí, que me olvides. Haz como si nunca me hubieras conocido.

Ahora Phoenix sí está enfadado. Que alguien no se aclare por temas diversos es una cosa, pero que le digan qué tiene que hacer es otra muy distinta. Y a él no le gusta seguir órdenes de nadie.

—¿Qué estás diciendo? ¿Hay realmente alguna razón por la que estés pidiendo algo así? ¿Cómo voy a olvidarte? No quiero olvidarte, quiero conocerte más. Quiero estar contigo, Miles. ¿Por qué no me aceptas en tu vida?

Hay una pequeña sonrisa en el rostro del abogado.

—Porque no quiero un amigo —es su sentencia final, y espera que suficientemente clara.

Phoenix se aleja para meter la mano en su mochila y sacar un papel. Un papel que Miles reconoce instantáneamente.

—Entiendo que no quieres un amigo. ¿Por qué, si no, ibas a escribir esto? —Miles recoge el papel y lo mira sin ninguna emoción—. No sabes japonés, pero elegiste muy bien esta palabra. Dime, ¿qué pensabas cuando la pusiste? ¿En cuál de los significados pensabas cuando me pusiste esto, Miles? ¿Deseo, probabilidad, esperanza, anhelo? Porque eso es lo que pone en mi diccionario de japonés.

Miles vuelve a sonreír, arruga el papel y lo arroja al suelo.

—Solo fue un error...

Phoenix se agacha, lo recoge y vuelve a tirar a Miles del brazo.

—Nadie que piense que es un error escribiría esto. Si pensaras que es un error sentir esto, jamás lo hubieras escrito. Nunca me lo hubieras entregado. ¿Qué es lo que temes, Miles, que no te corresponda o que realmente tengas alguna expectativa de mí que no podría ser capaz de cumplir? ¿Es porque no soy de tu clase social?

—¿Y de qué clase social soy yo? No digas tonterías, Wright.

—De la que no dice las cosas a la cara. Del tipo de personas a las que les está pasando algo y prefieren tragárselo en lugar de solucionarlo. De las que abandonan antes de saber si tienen posibilidades o no —Miles abre los ojos, y el agarre de Wright se esfuma—. ¿Sabes lo que creo? Que cuando escribiste esto, no querías convencerme a mí, sino a ti mismo. Sientes algo por mí y crees que no es correcto.

Miles lo mira y su respiración se torna pesada. Probablemente, debió haberlo sospechado. Wright es muy franco y demasiado directo. Sabe que no tiene escapatoria y ha de confesar. Y por primera vez en su vida se queda sin palabras.

—Protesto... esto es... protestable.

—El colmo. Reserva todo eso para el tribunal. En fin, Edgeworth, me marcho. Está claro que no voy a conseguir nada —Wright se aparta un poco para ponerse tras la mesa, se quita la ropa frente a él, sin ningún pudor, se pone su ropa de calle y agarra las llaves, mientras Edgeworth sigue congelado en el sitio. Después añade—. Sé feliz, aunque sea sin mí, solo recuerda una cosa: no voy a olvidarte.


CONTINUARÁ

¡AY! Me deshago de emoción con estos... ya estamos a un solo capítulo del final.

Reviewear es amar.


Ruk: Espero que te guste la continuación, muchas gracias por seguir la historia y tomarte un segundo para comentar.

¡Besos!